sábado, 13 de septiembre de 2014

River 2 - Tigre 0: El futuro ya llegó; El desafío será sostenerlo


Mucho se está hablando del River de Marcelo Gallardo y eso es muy bueno, ya que con un estilo al que no estamos habituados a ver en nuestro fútbol, está consiguiendo resultados. El esquema preferido e inamovible de Gallardo es un 4-3-1-2 que sale con la intención de tener la pelota, presionar constantemente en mitad de cancha, realizar la transición medio-ataque muy rápido, ser verticales a todo momento, rotar posiciones constantemente, poblar las bandas para desbordar a la defensa rival y definir con precisión las situaciones creadas. Los jugadores han entendido esta idea a la perfección y la ejecutan de manera óptima más allá de algún que otro desajuste en defensa. El movimiento que realizan es el bloque tanto cuando avanzan como al retroceder y esto puede traer problemas en la última línea, aunque es muy elogiable que elijan correr esos riesgos razonables. Siempre será bienvenido un equipo que decida atacar con mucho vértigo y orden a la vez y mejor si es con la premisa de tratar bien a la pelota - sin caer en el tiki tiki inerte, a puro pase horizontal-. Ya hay comparaciones con el Barcelona y el Bayern Munich de Pep Guardiola, algo que es también lógico por lo desbocados que somos los argentinos. Por suerte el mismo Gallardo siempre se encarga de poner paños fríos y de marcar que de a ratos el juego es muy bueno pero que hay cuestiones para corregir tras cada partido.

Tras un arranque con muchas dudas donde mereció perder contra Gimnasia de La Plata, el entrenador acomodó el mediocampo con el ingreso de Kranevitter y Rojas por los pésimos Ponzio y Ferreyra y dejó como delanteros a Mora y a Teófilo Gutierrez en lugar de los todavía verdes - pero con futuro- Boyé y Driussi que habían mostrado más ganas que otra cosa. Su andar se acomodó y hoy por hoy es el líder absoluto del torneo. Mira cómodo a quienes buscan quitarle el trono, más allá de que un tropiezo podría significar que el pelotón que espera agazapado logre acercarse demasiado. Los únicos rivales que lo pudieron complicar desde aquél mal primer paso han sido Colón de Santa Fe - que además se vio perjudicado por un grosero fallo en contra que les privó de la ventaja- y Godoy Cruz de Mendoza, ambos por la Copa Argentina. Pero lograron hacerle la vida imposible solamente en base a agruparse cerca de la propia área y trabar el desarrollo del juego. Y nobleza obliga, River siempre intentó llevar adelante su idea más allá de las dificultades que presentaron los dos muros que tenía enfrente. Fueron victorias deslucidas aunque en general merecidas, pero van a tener que aprender a jugar contra rivales que no dejen espacios pues lo que abunda en el fútbol local es esa mal llamada "táctica".

Para jugar contra Tigre en un Monumental que recordaba a las mejores épocas del club, Gallardo puso en la cancha su 4-3-1-2: Barovero; Funes Mori, Pezzella, Vangioni, Mercado; Sánchez, Kranevitter, Rojas; Pisculichi; Teo y Mora. Su rival plantó un 4-4-2 con posesión y paciencia para armar las jugadas, tal como lo disponía siempre Alegre quien había sido despedido la semana anterior por malos resultados: Javier García; Canuto, Blengio, Godoy, Cáceres; Galmarini, Azura, Peñalba, Itabel; Luna y Wilchez.


Con una cancha demasiado mojada - casi inundada- debido a una manía estúpida basada en la idea de que así "se jugará más rápido", pero en muy buen estado el partido comenzó como un ida y vuelta entretenido. Las imprecisiones fueron moneda corriente en los dos equipos pero Tigre lograba mantener todo equilibrado debido a que no salió a defenderse sino a proponer. Pisculichi era lo más claro de River con sus corridas en 3/4 de cancha que nunca terminaban bien debido al agua acumulada en todo el campo. Funes Mori no arrancó muy bien y de un horror posicional suyo que llevó peligro para Barovero, Pisculichi tomó el balón y habilitó perfecto a Boyé. Al pibe se le fue demasiado larga, nuevamente merced del agua y de que siempre parece estar varios cambios arriba que la velocidad que pide el elaborado y vertical juego de River.

Tigre buscaba tener la pelota y ser tenaz en el mediocampo para poder salir de contra. Pero más allá de sus buenas intenciones, no lograba pasar al ataque debido a un impecable Kranevitter que ya era el dueño de todo lo que pasase por el medio. La primera aproximación de River fue a los 11' con un potente disparo de Mora tras una subida eléctrica de Vangioni muy bien despejado por Javier García hacia un costado. La presión del local en la mitad era excelente pero una vez que avanzaba no podía mostrar precisión en el último pase. Muchas veces sus ataques terminaron en pelotazos sin sentido alguno. Pisculichi con su manejo y claridad y Funes Mori con sus constantes errores eran los dos extremos de un equipo que todavía trataba de acomodarse a un campo de juego más que complejo. Predominaba el juego por lo bajo en ambos lados del mostrador, pero de 3/4 de cancha en adelante el panorama estaba mucho más mojado que el césped de Monumental.

Aquí hay que resaltar la importancia de Rodrigo Mora en el retroceso, recuperando siempre la pelota en desventaja y dejando a Boyé como único punta para poder contragolpear. Mucho se lo criticó al uruguayo pero aun sin meter goles siempre muestra ser un delantero solidario y con muy buena ubicación. A los 22' minutos las nubes de empezaron a despejar: Sánchez y Mercado hicieron un 1-2 perfecto y Boyé cabeceó para hacer lucir a un García que ya era la figura de Tigre. Al no poseer buen juego asociado, River ahogó al rival y así pudo de una vez inclinar la cancha aunque sin usar bien las bandas todavía. Los espacios dejados en ataque no son aprovechados por el equipo visitante que ya era un conjunto de malas decisiones.


El trámite era muy favorable para los de Gallardo a esta altura y pudieron encontrar la tranquilidad a los 33'. Pisculichi limpió a varios marcadores, tocó para Rojas que envió un centro perfecto para Sánchez. El mediocampista se la bajó de pecho a Mora que entró como un tren y definió lejos del buen arquero de Tigre. River era mejor y los justificaba, pero el buen fútbol solo había aparecido en esta magnífica jugada. De aquí en más comenzó otro partido para el local: todos los jugadores comenzaron son su habitual ballet de rotaciones que terminó por aplastar a su digno contrincante. Las bandas se llenaron de jugadores con la banda roja y la inexistencia de posiciones fijas desarmó la pared que tímidamente había empezado a armarse enfrente. Los costados se convirtieron en autopistas en un día feriado para un equipo que ya se floreaba.

River cerró el primer tiempo llenando todos los espacios, dominando la pelota gracias a un trío central que cortó y distribuyó toda pelota que pasó por esa zona, con gran velocidad adelante y mucha eficacia para definir. Tigre había logrado incomodarlo pero una vez que se ajustaron las tuercas flojas, no hubo posibilidad alguna para los de Victoria. Casi como si Gallardo hubiese logrado que sus dirigidos ya jueguen en piloto automático.


Para el Segundo Tiempo, Solari ingresó por el cansado Mercado - llegó justo- y nada cambió sino que se hizo aun peor para Tigre. River tocaba a placer, ya sin ninguna atadura y definitivamente mucho mejor que en esa fatídica primera media hora de juego. Pisculichi picó al vacío y cedió para Mora que controló magistralmente y puso el 2-0 que cerró el partido. Función de lujo para el local y Gallardo pidió bajar la intensidad pero no largar la pelota, es decir defenderse con la posesión. Tigre intentó algo con Itabel pero Pezzella demostró todo su oficio y solidez en cada cruce. La pelota circulaba por toda la cancha, con mucha paciencia y un poco menos de intensidad pero sin perder la agresividad ni el dominio. El área de Javier García pasó a ser víctima de un bombardeo de centros que vislumbraban el tercer gol, que si no llegó fue por la enorme labor del portero de Tigre. Un cabezazo a quemarropa de Mora lo hizo protagonista de nuevo, con unos reflejos impecables. Mientras tanto, Kranevitter se ganaba una ovación cada vez que tocaba la pelota. Control, quite y visión perfectas para el futuro número 5 de la Selección Argentina.


El Muñeco movió el banco para cuidar a algunos jugadores y nada cambió. La pelota en los pies de su equipo y varios contraataques que terminaron en remates desviados. Itabel llegó a posición de gol a los 27' pero su intento se fue lejos. Muy tibio lo de Tigre que desde el primer gol no pudo jugarle de igual a igual a River. El recién ingresado Vitti aprovechó para sacarle la modorra a la visita que el medio de River se desarmó con el ingreso de Ponzio. Trató de romper por el medio y llevó algo de peligro para el arco de Barovero, espectador de lujo hasta allí. Párrafo aparte para Ponzio, que no tiene nivel para jugar en Primera División o ya de por sí en el fútbol profesional. Con él se repitió el escenario de la 1ª Fecha: River no tuvo ni volumen ni recuperación en la mitad y así abrió un surco para que los volantes de enfrente avanzasen sin resistencia. La distancia defensa-medio y medio-ataque se hizo imposible de cubrir y los espacios fueron aprovechados.

Un disparo de Driussi fue bien controlado por García que seguía trabajando más allá de la mejoría de sus compañeros. El partido se hizo de ida y vuelta de nuevo debido a la inexplicable entrada de Ponzio que al parecer es el conejillo de indias de Gallardo para decir "yo recuperé a este tipo". Mi humilde consejo es que con Mora y Sanchez ya debería ser más que suficiente. La puerta de salida para el alguna vez 5 de la Argentina está marcada hace largo rato. A los 37' Mora definió muy bien por encima del 1 de Tigre pero el tiro fue despejado en la línea por un defensor en un esfuerzo de película. Mora corría sin parar y unos minutos después habilitó de taco a Sanchez que con un buen tiro no pudo doblegar a García que merece atajar en un mucho mejor equipo. Galmarini, de pésima tarde como siempre, terminó expulsado por un patadón infantil y salió del estadio bañado en silbidos por su muy mal pasado vistiendo la Banda Roja. Driussi tuvo una más que no pudo definir bien y este brillante River terminó tocando como una sinfonía perfecta.


Gallardo sabe que su equipo es el mejor del país y que pregona un estilo que reivindica el buen fútbol, que es el único que debería existir. Pero también conoce la dureza de nuestro fútbol y de como un mal resultado podría desencadenar una crisis de confianza tanto interna como externa. Por eso maneja los elogios con mucha calma y es muy sabio a la hora de corregir los errores - algo que se nota de partido a partido-. También es importante el trabajo que hace con el plantel para que no se suban a la ola triunfalista, un flagelo que es moneda corriente cuando las cosas van bien. Contra Tigre, River comenzó muy desprolijo pero jamás renunció a su idea. Esa es la base por la que debe comenzarse siempre y el correr de los tres torneos que disputa el conjunto de Nuñez va a ser el que termine de asentar un estilo que devuelve a River a su ADN futbolístico. No sirven de nada las comparaciones, pero para sumarme al debate de si este equipo es mejor que el de Ramón digo que sin duda alguna lo es. Aquel River jugaba muy mal, tuvo pocos momentos de fútbol razonable y ganaba porque iba a los ponchazos pero sin parar. Y por la irregularidad de sus rivales que le allanó el camino para vencer. Esto que vemos ahora, es otra cosa. De pie señores...  

   
  

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