El partido de ida por la primera ronda de la Copa Sudamericana había dejado sensaciones ambivalentes para el hincha de Boca. Si bien el equipo de Rodolfo Arruabarrena confirmó su levantada y su idea de juego - pelota al piso, paciencia y presión asfixiante-, en el Gigante de Arroyito se vieron dos tiempos muy diferentes. Si bien el denominador común de ambos fue el dominio de Boca, tras unos muy buenos primeros 45', el juego de Boca decayó promediando la segunda mitad y terminó acorralado por un Rosario Central que sin ideas ni juego asociado se encontró el empate en el último minuto. Por ir a los ponchazos y con una gran noche de su muy buen arquero Mauricio Caranta, el equipo de Miguel Russo se llevaba un empate valioso pero que encontraba su razón de ser en la pérdida de intensidad - y por ende de claridad en los metros finales- de este nuevo Boca.
El segundo choque por esta llave que se jugó en la La Bombonera el pasado Jueves iba a ser clave para medir en que lugar exacto se encontraba Boca. Tras la remontada en juego y actitud que comenzó con el triunfo por 3-1 contra el hasta allí puntero absoluto Velez, unos días después de la nefasta salida que la dirigencia le dio a Carlos Bianchi, todo apuntaba a que se pelearía tanto en el torneo local como en la Copa Sudamericana. Lo que le faltaba al muy buen trabajo de Arruabarrena era un partido en el que todo saliese redondo y casi no hubiese imperfecciones. Así llegaba Boca a la revancha contra Central, con una idea bien clara pero con una ejecución que si bien era positiva aun necesitaba pequeños ajustes.
El Vasco paró un 4-3-3 bien adelantado y hecho para tener la pelota y ser profundo, que de a poco empieza a salir de memoria más allá de las lógicas rotaciones que tendrá que hacer para no desgastar a sus jugadores: Orión; Marín, Cata Díaz, Echeverría, Colazo; Meli, Erbes, Gago; Chávez, Calleri, Carrizo. Russo prefirió un combativo 4-1-4-1 que al mismo tiempo había tenido pasajes de buen juego en algunos partidos del torneo local, en especial aquella función de lujo contra San Lorenzo: Caranta; Ferrari, Berra, Acevedo, Delgado; Musto; Acuña, Barrientos, Neri Domínguez, Aguirre; Abreu.
Boca no perdió tiempo y a los pocos minutos de juego ya estaba robando la pelota en la mitad de la cancha y saliendo velozmente por los costados con Colazo y Carrizo. A los 8' consiguió acercarse al arco de Caranta con un centro defectuoso y un minuto más tarde, merced de los tres volantes centrales que se comían a todo jugador rival que buscaba avanzar, forzó al buen arquero de Rosario Central a complicarse y tirar la pelota afuera. A los 11' se confirmó el monólogo del equipo local: Meli robó una pelota magistralmente y remató desde afuera del área para encontrarse con otra respuesta del portero. Con Erbes pegado al Cata Díaz, Meli y Gago marcaban también pero al tener las espaldas cubiertas podían liberarse y comenzar a armar juego. Por arriba Central estaba infranqueable, pero el bombardeo era constante. El buen juego por lo bajo de Boca, lleno de vértigo de 3/4 de cancha en adelante, y sus rotaciones comenzaron a enloquecer a la defensa de Central. Erbes tomó la lanza sobre los 20' y fue derribado por Caranta en el borde del área. Amonestación y tiro libre muy peligroso para Boca que ya merecía la ventaja. Colazo terminó rematando apenas por encima del travesaño, pero esto sirvió como preludio para lo que se vendría.
El primer gol de Boca fue una obra de arte con un moño de lujo: perfecta recuperación de Erbes por la derecha, centro de primera que Calleri baja con el pecho para que entre Chávez y defina con una magnífica volea de zurda al ángulo. 1-0 antes de la primera media hora y con el sello de Arruabarrena: un pac-man en la mitad de la cancha para recobrar la pelota, velocidad pura en la transición medio-ataque con la pelota al pie, explosión y precisión en la definición. Boca había borrado de la cancha a Rosario Central y con la ventaja en el bolsillo siguió presionando para liquidar la serie.
Calleri hacía que la última línea de los rosarinos no pudiese estabilizarse tras el tremendo golpe que fue el gol. Con su movilidad y su potencia arrastraba marcas y abría surcos para que Carrizo y Chávez pudiesen llegar hasta el fondo. La expulsión de Acevedo por doble amarilla - dos faltas idénticas- complicó todo aún más para un Central que no podía agarrar la pelota y que si la tenía en los pies la perdía a los pocos metros. El 4-5-1 que Boca armaba en retroceso - Calleri quedaba solo como referencia- hacía que un equipo largo en ataque se convirtiese en un muro de contención perfecto cuando había que defender. Abreu debió como mínimo haber sido amonestado sobre el final del PT pero se salvó por el nombre. El nerviosimo de los muchachos de Russo era imposible de esconder y mostraba la impotencia que les generaba el estar siendo superados en todas las líneas. Más allá de algunos pelotazos bien cubiertos por el Cata y Echeverría - en gran nivel ambos, complemento perfecto entre sí- no habían podido siquiera acercarse a los dominios de Orión. Una genial doble tapada de Caranta, la figura del visitante, ante Chávez sirvió como bajada de telón de la mejor actuación colectiva de Boca desde la llegada de su nuevo entrenador. Sin fisuras, tocando por abajo, con paciencia para armar la jugada, presionando en el mediocampo, atacando y defendiendo en bloque y siendo punzantes de 3/4 de cancha en adelante.
El desgaste realizado en la primera parte no hizo que Boca disminuyese la intensidad. Apenas comenzado el segundo tiempo, Meli desvió por arriba un remate y a los 3' Caranta le volvió a ganar el duelo a Chávez. Central salió con mayor decisión y aprovechó el lógico descanso que se tomó Boca en los primeros minutos. Barrientos lo tuvo dentro del área pero Orión respondió a la altura de las circunstancias y evitó el empate. El ingreso de Becker le dio piernas a los de Russo que comenzaron a controlar un poco más la pelota y a acercarse con mayor peligro. Carrizo no gravitaba ya y dejaba un hueco en el regreso que era aprovechado por el rival para lastimar. El Vasco corrigió rápido y mandó a la cancha al recuperado Emiliano Insúa por el ex Rosario Central, que desde la salida de Bianchi está más abocado a la parte defensiva que a la ofensiva y por ende menos eléctrico arriba. Colazo pasó a ocupar el lugar de Carrizo y todo se rearmó casi automáticamente.
Colazo llegó hasta el borde del área, cedió atrás para Gago - el eje de este equipo hace varios partidos ya- que hizo la pausa, vio a Chávez picar al vacío por la izquierda y le colocó un centro-pase magistral. El ex Banfield se lanzó de palomita y cruzó la pelota ante la desesperada salida de Caranta que ya nada podía hacer. 2-0 y partido definido cuando parecía que Central podía llegar a plantarle cara a Boca una vez más. La pelota volvió a ser de Boca que de la mano de Gago, Meli y Erbes recuperaba y distribuía con mucho lujo y criterio. Meli y Erbes forman un doble cinco que deja a Gago casi como enganche para que pudiese dar ese pase "a lo Riquelme" - sí, digámoslo sin miedo- que tanto necesitan los delanteros. El número cinco de la Selección Argentina ha regresado a su mejor nivel y partido a partido entrega un show de pelotas recuperadas y pases cruzados y entrelíneas que deleitan a todo fanático del fútbol. El no ser el único mediocampista central lo ha liberado y gracias a ello podemos disfrutar de un Gago que no se lo veía tan bien en lo físico y lo futbolístico desde su exitoso paso por la Roma.
Un exhausto Calleri salió para dejarle su lugar a Gigliotti que, más allá de sus innecesarias declaraciones de entre semana, viene en remontada hace ya varios partidos. Es un buen recambio pues fresco sirve para el contragolpe, aunque no caben dudas que el titular debe ser el joven delantero que a base de esfuerzo, talento y goles se ha ganado el puesto y a la hinchada de Boca. En 31', Gago ejecutó un gran tiro libre que solo no fue gol por la muy buena noche de Caranta. Unos minutos después el ex Boca volvió a sacarle el tercero a los locales, ahora contra Colazo que no pudo vencerlo tras un buen pase de Erbes. El chileno Fuenzalida, otro de los que trajo Bianchi, ingresó a los 35' y no tardó nada en recibir un pase fenomenal de Gago- que recibió, giró y tocó en un solo movimiento, a espaldas de los centrales y puntear al gol. 3-0 y la fiesta era completa, La Bombonera cantaba y saltaba ilusionada como hacía tanto tiempo que no se la veía.
Boca ya está en los Octavos de Final de la Copa Sudamericana y espera por su contrincante. Frente a Rosario Central dio el paso definitivo hacia la consolidación de la idea que pregona el Vasco Arruabarrena. A los jugadores se los nota cómodos y muy sueltos, cada uno en su posición natural y con mucha motivación para afrontar no ya cada partido sino cada pelota. La llegada de Echeverría fue un bálsamo para la defensa de Boca que se veía desbordada por todos lados debido a que el Cata Díaz no podía cubrir todos los espacios. Ahora de 6, el Cata puede cubrir cuando es necesario e imponerse cerca del círculo central pues sabe que sus espaldas están cerradas. Colazo es un pleno del DT que ha mostrado gran versatilidad para jugar de lateral y también para poder ocupar un puesto en el mediocampo de ser necesario. Con su constante ida y vuelta, sobrecarga las bandas y cierra su sector sin ningún problema. Erbes está jugando posicionalmente como lo hace Xabi Alonso, es decir bien pegado al segundo central para cortar y salir jugando con sus dos laderos, Gago y Meli. Caso aparte el de estos dos grandes jugadores, que son el motor de un auto de lujo que está corriendo sus primeros kilómetros. Ambos recuperan en defensa y en ataque, utilizan su visión de juego para habilitar a cuanto compañero quiera convertir un gol y además siempre llevan peligro al arco contrario con su remate de media distancia. Los tres medios son al mismo tiempo los obreros y la joya de la corona de Boca. El liderazgo de Gago ya es bien marcado, pero no hay una dependencia excesiva hacia lo que salga de sus pies y su cabeza porque todas las demás piezas encajan y funcionan a la perfección. Existe una sana independencia - ergo, no todo recae sobre sus espaldas como sucedió desde su regreso hasta la salida de Bianchi- del 5 de Boca y eso le permite sumarle al circuito toda su calidad y su gran toque. Esto le quita presión y lo deja jugar tan suelto al punto de estar mostrando el nivel que lo llevó hace unos años a ser uno de los mejores número cinco del mundo. Arruabarrena ha recuperado al mejor Fernando Gago y eso debe quedar anotado en su CV pues le ha hecho un enorme favor no solo a Boca sino también al fútbol. Calleri y Chávez están en un gran nivel y se mueven por todo el frente de ataque, destartalando a todas las defensas que se cruzan en su camino. Chocan, aguantan la pelota, avanzan por los costados y meten goles. Ah y como si esto no fuese suficiente también se complementan a la perfección, como se vio en el primer gol. Carrizo ha bajado un poco su nivel pero solamente porque debe sacrificarse en pos de un retroceso generoso y sólido. Ya no es el centro del ataque del equipo, como solía serlo en los pocos partidos que jugó bajo la tutela de Bianchi, algo que a mi parecer es positivo. El Pachi es inamovible por el momento en una formación que ya empieza a salir de memoria por su gran aporte en metros recorridos y creación de espacios.
Boca tiene un estilo muy similar al de River pero con una mejor defensa y un retroceso mucho más ordenado: presión en la mitad, velocidad en las transiciones, defensa y ataque en conjunto, rotaciones permanentes en 3/4 de cancha, toque por abajo rápido, preciso y vertical (afuera el toqueteo sin sentido ni profundidad), paciencia para desarmar al rival, uso de las bandas limitado a lo necesario, explosión en 3/4 de cancha (es decir, no el vértigo insano en todo momento) y mucha eficacia. Como se puede visualizar, Boca en poco tiempo se ha colocado a la altura del muy buen River de Gallardo y el choque que se viene en el Monumental promete ser un muy hermoso espectáculo. En apenas un mes un viaje supersónico de la crisis total al fútbol rápido, furioso y lujoso.







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