miércoles, 24 de septiembre de 2014

Boca 1 - Banfield 1: La audacia de los valientes; Un pequeño retroceso


Al Banfield de Matías Jesús Almeyda lo vengo siguiendo con entusiasmo desde el comienzo de su reciente y exitosa campaña en el Torneo Nacional B. Me encantó desde el primer partido su propuesta en extremo audaz: posesión de pelota, presión alta y voracidad absoluta en ataque. Siempre con esquemas ofensivos (en la mayoría de los partidos usaba un 4-3-3 bien vertical y muy veloz), este Banfield se reconstruyó de la mejor manera ya que en lugar de ser mezquino eligió jugar al fútbol. Los resultados obviamente que siempre son importantes, pero al día de hoy sigue siendo refrescante ver en la cancha a un equipo que busque tocar y atacar siempre, más allá de como esté el partido. Sin importar la táctica del rival, Banfield sale a jugar siempre de la misma forma. La cantidad de situaciones de gol creadas por partido es impresionante pero también lo es su poca eficacia a la hora de definir las acciones (con la salida de Chávez perdió mucho poder de gol). Es por eso que su cosecha de puntos ha sido bastante magra hasta el momento, algo que gracias al cielo no intimida ni al entrenador ni a sus jugadores que están convencidos de que solamente jugando se llegará al triunfo. Solamente River - y ahora se va sumando Boca- juega de una forma idéntica en cuanto a la idea (y distinta en lo referido a lo táctico, pero eso se debe a que ambos equipos poseen jugadores con diferentes características) en nuestro golpeado fútbol que día a día se llena de Directores Técnicos que solo quieren ganar defendiendo cerca del área y tirando centros o pelotazos. O peor: mandando a sus jugadores a correr para adelante y a tirar centros sin parar, como lo hacen Sergio Almirón en Independiente y Guillermo Barros Schelotto en Lanus. Son formas y formas de ver el fútbol, no se trata de definir cual es más o menos efectiva sino de dejar en claro que al fútbol se juega bien o mal y que ellos lo hacen mal. Pero es sabido que si bien este hermoso deporte no gira solamente alrededor de la eficacia, ésta sin dudas es un factor muy relevante si no se quiere merodear siempre por la mitad de la tabla. Ignorando a medias esta "máxima" de época, el Banfield del Pelado Almeyda siempre propone en todas las canchas y no mira frenéticamente la tabla de posiciones ni la maldita de promedios. El espectáculo siempre está garantizado con ellos y Boca debía visitarlos en el Florencio Sola para seguir confirmando su muy buen nivel y acercarse un poco más al puntero.

Arruabarrena plantó un 4-3-3 con muchos cambios respecto a la victoria contra Rosario Central por la Copa Sudamericana. Misma idea pero diferentes ejecutores, algo que contra Olimpo de Bahía Blanca no había salido tan bien pero que era necesario debido a la cantidad de partidos que el primer equipo estaba disputando: Orión: Marín, Cata Díaz, Echeverría, Insúa; Erbes, Castellani, Gago; Carrizo, Calleri y Martínez. Almeyda dispuso de su ultra ofensivo 4-2-1-3, el esquema poco habitual - para bien, claro- que usa desde la salida de Andrés Chávez: Servio; Bettini, Bianchi Arce, Noguera, Toledo; Erviti, Domingo; Juan Cazares; Bertolo, Salcedo y Noir. Una pequeña acotación al respecto: para defenderse se hace muy largo y se convierte en un 4-3-2-1 y en ataque suele ser un 4-2-3-1 - y a veces un 4-2-4- con Salcedo como única referencia y Noir y Bertolo por las bandas. 



Los de Almeyda tardaron unos pocos segundos en salir a comerse al rival, en una sana costumbre que se repite siempre sea de local o visitante. Un buen desborde de Bertolo termina en un muy mal centro, pero la primera señal ya era bien clara. Boca intentó hacerse de la pelota en los primeros minutos, buscando armar juego por abajo sin mucho éxito. Gago y Castellani eran los ejes y Erbes como siempre pegado al Cata Díaz. Calleri pivoteaba bien pero por el momento no tenía compañía para profundizar. Banfield no dejaba pensar a Boca, lo presionó en todo momento y cada vez que recuperaba la pelota llegaba al arco de Orión en cuatro o cinco toques. Mucho vértigo y casi todo de primera, algo que funcionaba pues habían reducido por completo a Boca en unos pocos minutos de juego.

El Cata Díaz respondía bien casi como último hombre y por el momento los locales insinuaban más de lo que lastimaban, más allá de tener el partido controlado. Boca no hacía pie y tembló cuando Erviti y Cazares armaron una gran jugada que terminó en un remate demasiado alto de Salcedo, quien había recibido solo en el medio del área. Erviti y Cazares jugaban bien adelante y el equipo en ataque quedaba armado en un 4-2-4 que abrumaba al peor Boca de la era Arruabarrena. Una mala salida sobre los 10' hizo que Salcedo quedase en posición de gol, pero dudó demasiado y Erbes y Díaz solucionaron el entuerto. No había nada rescatable en Boca más allá del muy buen rendimiento del Cata que se erigía como el salvador. Una buena contra armada entre Gago y Castellani terminó en un centro picante que Calleri no conectó por muy poco. A los de Almeyda les llegan poco y les meten mucho goles y esto estuvo a punto de repetirse en esta acción aislada de Boca.



La pequeña primavera se extendió para los de azul y amarillo con una enorme jugada de Castellani a puro talento y velocidad. Carrizo quedó solo ante un Servio descolocado por el centro atrás pero pifió. El ida y vuelta se armó, con los locales yendo mucho por la izquierda (Insúa era lo peor de Boca, aun falto de ritmo) y el equipo visitante esperando para salir de contragolpe. No le quedaba otra opción, ya que era imposible tener la pelota. Tras un tiro de esquina y un par de rebotes, Noir fusiló a Orión que contuvo con solidez pero dejándole el rebote a Bianchi Arce. Por suerte para él, el defensor tardó una eternidad y cedió para Bertolo que la colgó de las nubes. Boca seguía a salvo por la ineficacia de un Banfield que merecía estar como mínimo un gol arriba.

A los 17' volvió a avisar Boca: Martínez abrió un surco a puro vértigo y dejó solo a Calleri, que controló y remató para encontrarse con el pecho de Servio. El buen achique del arquero y el que la pelota le haya quedado atrás le jugaron en contra al joven 9 de Boca que sin poder dominar se mostraba peligroso en las pocas que generaba de contra. Erviti se hizo amo y señor del juego de Banfield que a pesar de no ser preciso en los metros finales, tocaba y acorralaba a su rival con una muy solidaria cobertura de espacios. El resultado era que Castellani y Martínez estuviese mucho más preocupados por cubrir el sector de Insúa que por atacar. A los 25' Boca pudo recuperar la pelota por un rato y así logró llegar con mayor continuidad hasta la línea final. El local bajó lógicamente el ritmo para renovar aire y piernas pero nunca dejó de atacar y de jugar un fútbol rápido y vistoso.



Castellani y Gago cortaban, tocaban, habilitaban y hasta remataban al arco con peligro. Eran los ejes de Boca que buscaba no irse al entretiempo en desventaja. A los 28' Carrizo colocó un muy buen centro que no fue aprovechado por Calleri que - molestado por Martínez- cabeceó a las manos de Servio. La respuesta fue instantánea: Noir colocó un centro rasante a la carrera que recorrió toda el área chica y no fue conectado milagrosamente por Salcedo, que no estaba teniendo una buena tarde. Y llegó el tsunami: la triple tapada de Orión contra Cazares, Bertolo y Erviti - los 3 en posición de fusilamiento- a puro reflejo y agilidad fue maravillosa. Las dudas de la defensa de Boca revivían viejos fantasmas y Banfield las aprovechaba para apabullar nuevamente. Se confirmó en este último cuarto de hora de la primera parte el dominio absoluto de un gran equipo que peca por se poco eficaz. En 36 Bianchi Arce cabeceó muy bien un centro preciso pero el balón se fue besando el palo derecho. La suerte también era uno de los factores que sostenían a Boca dentro del partido.

El 1-2 a Insúa se hizo una constante y fue lo que desequilibró a la defensa visitante. Un gran primer tiempo de Banfield que nunca dejó de buscar con presión, órden táctico y mucha velocidad. Sin miedo a quedar descubierto, sin miedo a perder. Boca había mostrado algunos minutos de buen juego, pero más que nada se sostuvo gracias a Orión, a un alto Cata Díaz y a la mezcla de imprecisión y mala suerte de los rivales cuando tuvieron situaciones de gol.



Para el segundo tiempo, se confirmó lo peor: la lesión del Cata Díaz que con un esguince en la rodilla se perderá varios partidos incluido el clásico con River. Forlín ingresó en su lugar, también regresando tras una lesión que lo alejó varias semanas de las canchas. Banfield tuvo un bajón importante en su intensidad y eso afectó su estilo de juego, que no dejó de ser ofensivo pero se tornó impreciso y sucio en el mediocampo. Sin buenas asociaciones, todo se redujo a un momento de inspiración de Erviti o Cazares. Boca olió sangre y fue: pudo hacerse de la pelota y empezó a inclinar la cancha considerablemente. Los roles parecían invertirse y ahora el que se agolpaba cerca de su arco era el local. En 10' Gago remató con gran calidad por encima de Servio que pudo sacar la pelota con una estirada de lujo. Junto a Castellani, el 5 comandaba los embates de un equipo que parecía más confiado en este nuevo escenario. Un remate de Noir por encima se convirtió en la enésima situación desperdiciada por un Banfield que ya no podía darse el lujo de errar tanto y empezaba a escuchar murmullos en las tribunas.

Chávez ingresó por un poco incisivo Martínez y se ganó la ovación de quienes hasta hace pocos meses festejaban sus goles. A los 15' Erviti lanzó un centro que Noguera tomó mordido y por ende habilitó la muy buena respuesta de Orión. Y a los 21' se cumplió la famosa "Ley del ex": en la primera que tuvo, Chavez forzó con el cuerpo el error de su marcador, encaró a Servió y lo fusiló con un remate perfecto al palo derecho. 1-0 con el bombazo de Chavez, que en 7' probó que más allá del cansancio jamás debe salir del equipo titular. Premio para un Boca que había mejorado, aunque tal vez excesivo, y castigo para un Banfield que sufría eso de "los goles que uno no hace...". Gago y Castellani enfriaron el partido, jugando muy sabiamente con la desesperación del rival. Los dirigidos por Almeyda pasaron de un sólido e inteligente equipo a un manojo de nervios irreconocible. Sin ideas y consumidos por el tiki tiki inerte, pero sí con muchos jugadores ofensivos en la cancha. Como para dejar en claro que no se iban a rendir así nomas.


Bertolo mandó a las nubes una volea y Carrizo cedió su lugar a Colazo. El Vasco leyó bien el partido pues colocó al recién ingresado en el lugar de Insúa y adelantó a este al mediocampo. Así cerró un sector con serios déficits y no expuso al defensor que estaba amonestado. Salcedo lo tuvo de tiro libre pero se encontró con ese muro llamado Orión que estaba teniendo uno de sus mejores partidos en mucho tiempo. A los 40' el arquero de Boca volvió a ganarle el duelo al centro delantero de Banfield, en un mano a mano muy bien tapado tras un centro frontal. Orión, Gago, Castellani y Chavez eran lo único bueno de Boca que se llevaba tres puntos de oro sin mucho merecimiento. Pero por suerte el fútbol hizo justicia y a los 45', a los ponchazos porque otra cosa ya no podía hacer, llegó el empate: Toledo armó una muy buena subida y ante la tardía salida de Echeverría habilita a la perfección a Terzaghi que definió al primer palo con potencia. Orión achicó bien y dejó solamente un lugar por donde entrarle, prácticamente imposible, entonces el mérito del delantero de Banfield es mucho mayor.


El empate le quedó bien a un partido en el que Banfield fue superior en líneas generales pero que en el segundo tiempo se vió superado nítidamente por un Boca que venía en ascenso y se encontró con un rival que lo presionó sin cesar y nunca lo dejó jugar salvo algunos tramos del partido. Si a esto se le suma que además lo peloteó durante gran parte del encuentro y que hizo figura a su arquero, es lógico afirmar que una victoria de un deslucido Boca habría sido muy injusta. Arruabarrena deberá seguir con el buen trabajo y lograr que la idea se inserte en el equipo más allá de los nombres (algo que, por ejemplo, consiguió Gallardo en River). Por el momento está claro que Chávez, Colazo y Meli deben jugar siempre de entrada, al menos hasta que se logre una continuidad en el estilo que pregona el Vasco. Una victoria contra Racing en los 30' restantes del partido suspendido lluvia la fecha pasada, lo dejaría en el pelotón de los de arriba y dentro de poco se viene un Superclásico muy interesante que definirá la suerte de un torneo que apenas lleva 10 fechas pero tiene un claro dominador. Banfield logró sumar nuevamente tras una serie de derrotas inmerecidas, casi todas debido a errores individuales que arruinaron el buen rendimiento general, pero derrotas al fin. Es bueno que Almeyda siempre haga jugar a sus dirigidos siempre igual - "golpe por golpe" como bien dijo Orión pos partido- sin importar el lugar en la tabla o el rival. Con tipos como él, como Arruabarrena y como Gallardo podemos quedarnos tranquilos pues todavía hay entrenadores que privilegian el juego por sobre el resultado. Esos que ante cualquier tropezón no se achican y se convierten en amarretes sino que, por el contrario, eligen redoblar la apuesta.
  
  

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