martes, 30 de septiembre de 2014

Barcelona 6 - Granada 0: Un resultado mentiroso, un equipo con varias falencias; La disparidad de La Liga en la que poco cambia


No hemos hablado en este blog del Barcelona de Luis Enrique. En otros espacios he comentado bastante acerca de lo que fue la transición para el club catalán tras la salida de Pep Guardiola de la dirección técnica luego de 4 años inolvidables en los que ganó practicamente todo lo que jugó a nivel nacional e internacional (con el récord absoluto del sexteto en su primera temporada al mando de un equipo que venía en picada hasta su asunción) y con el aliciente de que lo hizo jugando el fútbol más hermoso del mundo. Posesión total; rotaciones permanentes; ocupación plena del centro del campo; los centrales presionando bien arriba, el mejor Messi potenciado y lanzado al éxito por el mejor DT del mundo (su padre futbolístico, sin dudas); un trío central conformado por Xavi, Iniesta y Busquets que raspaba y distribuía a placer; muy poco juego por las bandas (solo para distraer) y casi todo con avance en bloque por el medio con la pelota dominada; una sucesión interminable de pases en cada partido (la mayoría a un toque y en velocidad); una verticalidad envidiable; y demás características que hicieron de aquel Barcelona uno de los más grandes equipos de la historia del fútbol.

El nombre ha quedado marcado a fuego sin dudas pero los años que siguieron fueron duros y nunca se logró recuperar siquiera algo cercano a la perfección en la que habían jugado durante tanto tiempo. El ciclo de Tito Vilanova - gestor junto a Pep de la leyenda- fue mucho más fundamentalista en cuanto a la posesión de la pelota. Si se quiere se podría decir que apostó mucho más al toque puro que a lo posicional y así logró obtener una Liga de punta a punta. Tuvo altibajos en las demás competencias y no logró continuidad en el juego ni un cambio significativo debido a dos cuestiones: la dura enfermedad de Tito que lo obligó a renunciar tras su primer temporada al mando del primer equipo y la caída física y mental de un grupo de jugadores que ya lo había ganado todo. Messi se la pasó hasta este año de lesión en lesión pero aún así demostró su calidad y sacó a sus compañeros de situaciones muy complicadas saltando del banco: los partidos por Champions League contra el Milan y contra el PSG son dos ejemplos claros del temor que infunde el argentino con su mera presencia. Un Barcelona que caía sin atenuantes en las dos series terminó llegando hasta las Semifinales por obra y gracia de Lionel Messi que en una pierna fue decisivo con goles y mucho empuje. Tantas salidas de Tito para seguir con su tratamiento hicieron que la alternancia con Roura se convirtiese en rutina. Los entrenamientos no eran tan duros como con Pep y los jugadores por ello estuvieron agradecidos. Pero ya se notaban signos de aburguesamiento, no había fuego en los ojos de la mayoría de ellos que ya no tenían más por ganar. Muchos ya estaban cerca del retiro o deberían comenzar a ocupar el banco de suplentes más seguido, como Xavi o Puyol por edad y Alves o Piqué por pésimo rendimiento. El 0-7 global contra el Bayern Munich en por las Semis de la UCL fue el final de una era que se sostenía solamente por las buenas memorias. El año de Martino fue similar al previo pero sin ningún título más que la Supercopa de España ganada con dos empates contra el vigoroso y enérgico Atlético de Madrid de Diego Simeone, que meses más tarde lo eliminaría en Cuartos de Final de la Champions y le ganaría La Liga en un mano a mano que se definió en la última fecha en el Camp Nou. El Tata acató desde el primer día al plantel y no pidió los refuerzos que él consideraba necesarios para renovar piernas y traer hambre de gloria. Les dio demasiado poder a los jugadores para ganárselos y eso fue lo que lo condenó. Además sus métodos no eran bien vistos desde adentro por varios de sus dirigidos - ninguno tuvo el coraje de decírselo en la cara- y la prensa se cansó de operar en su contra para que llegue quien hoy es el DT. Búsquen las desopilantes conferencias de prensa y lean las injustas e inexplicables críticas que le hacían cuando el equipo estaba jugando realmente bien aunque sin el estilo característico de La Masia, algo visto como una herejía. El intento de un mayor juego por las bandas y de armar un equipo largo con menor posesión pero con mucho más vértigo - a lo alemán, si se quiere- quedó en algunos muy buenos partidos en el comienzo del ciclo. Luego todo volvió a su lugar y el rosarino se despidió tras haber completado un decepcionante año que comenzó como un sueño y terminó como la peor de sus pesadillas. Aclaremos que le tocó asumir en el momento en el que se había tocado fondo y que institucionalmente el club terminó de auto destruirse cuando el Presidente Sandro Rosell debió renunciar por acusaciones de corrupción en - para empezar nada más- el pase de Neymar Jr.

Luis Enrique, canterano del Barcelona y por ende portador del estilo de juego que pregona el club - el famoso "ADN Barcelonístico"-, venía de un paso poco exitoso por la Roma y una reivindicación en el Celta de Vigo. Este último equipo lo recibió prácticamente condenado al descenso y terminó siendo salvado y jugando un fútbol fluido y vertical. Si hubo algo que caracterizó a este Celta fueron sus veloces transiciones y su intención de jugar siempre por abajo. Las bandas se convirtieron en un recurso constante bien aprovechado por sus delanteros de punta, con lo que se vislumbraba un cambio más que radical en la estructura del nuevo Barcelona. En los primeros amistosos y en el inicio de esta nueva temporada, se notó que el entrenador puso todas sus energías en hacer al equipo mucho más compacto de la mitad de la cancha para atrás. Llegaron para sumarse al equipo Mathieu, Rakitic, Luis Suarez y Claudio Bravo. La renovación era algo pendiente y estos nombres significaban que Puyol (terminó retirándose), Valdés, Piqué y Xavi deberían sentarse en el banco si querían seguir en el primer equipo o buscarse un nuevo destino. La continuidad de Mascherano fue un pedido explícito de Lucho cuando todo daba a pensar que el argentino había finalizado su ciclo en el club de Catalunya. Más allá de este sin dudas intenso trabajo, lo mejor del equipo sigue siendo esa delantera letal a la que dentro de poco se sumará un nueve clásico como Luis Suarez. Neymar y Messi se asocian a la perfección y es claro que la lesión en la espalda y la temporada de adaptación al fútbol español, han quedado atrás para el astro brasileño. Neymar es pura movilidad por todo el frente de ataque y sabe como acoplarse al mediocampo cuando es necesario. Además está convirtiendo un gol tras otro mostrando su interminable arsenal de recursos técnicos y deleitando a quienes tenemos el lujo de poder verlo.

Lo de Messi es un caso aparte pues tras un Mundial en el que brilló en una primera ronda simple, jugó bien en Octavos y Cuartos pero desapareció en acción contra los dos únicos rivales de total jerarquía a los que la Argentina se enfrentó (Holanda y Alemania) y en las instancias más importantes de la competencia, muchos dudaban de que alguna vez pudiese recuperar el nivel que lo llevó a la cima del mundo. Las lesiones mermaron su estilo y dejó de ser ese jugador que corría todas las pelotas con la misma tenacidad para ser un jugador más bien de momentos. Estacionado en un sector del campo de juego, deslumbraba con varias genialidades por partido pero parecía un servicio On Demand: solo a pedido y cuando fuese muy necesario. Siguió metiendo goles y dando asistencias a lo pavote, con lo que esto del "nuevo rol asistidor" cae como peso muerto. Hoy no mete tantos goles y da más asistencias. El tiempo ha pasado y sigue siendo uno de los tres mejores jugadores del mundo aunque claramente se encuentra por debajo de Cristiano Ronaldo y un poco por encima de Arjen Robben. El arranque de esta Liga 2014/15 lo encontró muy motivado, fresco y con un despliegue maravilloso ante el débil Córdoba. Convirtió dos golazos y despertó criticas en muchos resentidos por simplemente jugar y correr sin parar, algo que en el Mundial hizo durante muchos partidos y que no pudo lograr más adelante por dos cuestiones: un bajón personal en el juego y la disposición en extremo defensiva del equipo, siendo esto último uno de los causantes clave de lo primero. Tras ese comienzo prometedor, Lionel volvió a parecerse al de los recientes años pero mejorado ya que se involucra en todos los ataques, arrastra marcas constantemente, ejecuta pases deliciosos y define como los dioses cuando queda frente al arco. Pero basta de debatir sobre Messi, zanjemos el asunto diciendo que no es el mismo que hace 6 años y que esto es lógico. Que sigue siendo un enorme jugador y que por 5 años seguidos fue el indiscutible número uno. Que en estos últimos 3 años apenas ha bajado su nivel y que a pesar de todo sigue siendo el líder de su equipo y la gran preocupación de todos los que tienen que enfrentar al Barcelona o a la Selección. De las inútiles y constantes comparaciones que hace el "periodismo deportivo" argentino con Cristiano Ronaldo - como si jugasen una carrera constante donde solo podemos disfrutar de Messi y no de CR7- ya hablaremos otro día.

Por la Fecha 6 de la Liga BBVA de España el Barcelona se enfrentaba como local frente al Granada. Luis Enrique plantó el 4-3-3 habitual que retrotrae a los años de Guardiola, aunque solamente en la disposición de los jugadores: Claudio Bravo; Dani Alves, Mascherano, Mathieu, Adriano; Sergio Busquets, Xavi, Rakitic; Munir, Messi y Neymar. El Granada salió a la cancha con un 4-4-2 bien cerrado, armado para salir de contragolpe cuando los espacios surgiesen con la velocidad de sus dos potentes delanteros: Roberto; Nyom, Babin, Murillo, Foulquier; Fran Rico, Iturra, Javi Márquez, Héctor Yuste; Succes y El Arabi.


Los locales comenzaron teniendo la pelota, algo que se repetiría hasta el final del partido, pero no tenían profundidad. Cuando todavía estaban desperezándose, El Arabi estrelló un remate muy peligros desde el piso en el travesaño. Tras una gran corrida por la izquierda de Succes, el delantero tomó el rebote, peleó contra su marcador y estuvo a milímetros de vencer a Bravo. En apenas 9', el Granada era superior porque con sus contraataques lastimaba a una defensa que no mostraba coordinación y a un mediocampo que dejaba muchos huecos. Pero el poderío ofensivo del Barcelona es de otro planeta: en 10' Dani Alves trepó muy bien y lanzó un centro preciso para que Mathieu se la baje a Munir. El joven delantero se pasó y enganchó la pelota en la línea de manera defectuosa, terminando todo en manos de un Roberto que estaba vencido. La paciencia y el toque delicioso del mediocampo culé no lograban quebrar la estructura granítica del rival aunque por los costados el negocio parecía más interesante. Tanto Rakitic como Busquets abrieron mucho la cancha, en una característica novedosa para este equipo.

En 12' le anularon de forma dudosa un lindo gol a Messi que tras un cambio de frente preciso y un gran centro definía maravillosamente. El claro dominio del Barcelona se traducía solamente en centros constantes al área del Granada. La mano de Luis Enrique ya se empieza a ver pues el primer recurso es ir por los costados y buscar el corazón de la zona de peligro. Las combinaciones a un toque entre Messi, Neymar, Adriano, Rakitic y Dani Alves llegaban hasta 3/4 de cancha y morían en la maraña defensiva del Granada. El centrocampista croata es a mi parecer uno de los 3 mejores número cinco del mundo y el mejor refuerzo de esta Liga junto a Toni Kroos. Su clase, su manejo de los tiempos y su visión de juego son más que prodigiosas y son lo que le permite al Barcelona abrir espacios allí donde no los hay.


Hay un rasgo de los años de oro que se ha recuperado: la presión constante en 3/4 de cancha que evita las corridas largas. Guardiola ha sido un cultor de este estilo de juego pero lo que falla en el equipo es que aprieta con eficacia arriba pero no logra hacer lo mismo en retroceso. En 18' El Arabi llevó peligro nuevamente con un remate que se va bien alto. El Granada no tiene nada que perder y esperando atrás y saliendo de contra era el que tenía las situaciones más claras. Los de Luis Enrique tuvieron 4' minutos a pura velocidad en los que a puro centro quedaron a tiro de abrir el marcador. Sin explosión con la pelota dominada pero con mucho vértigo por los costados, daba la sensación de que en cualquier momento una de sus figuras convertiría en una jugada aislada. Un offside muy mal cobrado impidió que tras una salida a un toque del visitante Sucess se quedase solo contra el buen arquero Bravo. A los 22' Xavi rompió la monotonía del juego del blaugrana y disparó con potencia para encontrarse con un seguro Roberto. Una nueva variable para un equipo que se repetía en la misma fórmula y era tan largo como previsible.


Pero la solución llegó cuando las cosas peor estaban: horror defensivo de uno de los centrales que no pudo controlar bien y cedió atrás sin fuerza, algo aprovechado por Neymar que interceptó y definió con un rebote que terminó por ensuciar el gol. 1-0 solo gracias al error del rival que venía jugando con intensidad y velocidad y de a ratos había hecho temblar al Camp Nou. Los delanteros siguieron complicando a la defensa culé con sus corridas por lo que el DT decidió achicar bien arriba con los centrales casi en el mediocampo para evitar situaciones de riesgo. El partido cambió de ritmo tras el gol y el Barcelona pasó a controlar las acciones sin mayores problemas. El compromiso del Granada no decayó pero moralmente quedaron por el piso. Cerrando el primer tiempo, Sucess mandó un cabezazo demasiado cerca y desperdició lo que hubiese sido el regreso al partido para los suyos.

La tormenta perfecta tardó un minuto en desatarse: en 43' Messi reaparece en el partido y en un toqueteo con Dani y Munir, desborda con toda su calidad y centra para Rakitic que se anticipa a la perfección en el primer palo y toca al gol con la cabeza. 2-0 y partido liquidado. Pero quedaba algo más: el 3-0 llegó con un toque lujoso de Messi entrelíneas para Munir que fue trabado por Roberto y Neymar terminó clavando en un ángulo el rebote. Todo lo bueno del Granada se vió borrado por un error defensivo y una situación clara casi bajo el arco que dio paso a dos jugadas rápidas y letales del Barcelona cuando parecía que se iban al descanso solo con un gol en contra. Si Messi estuviese enchufado todo el partido, otra sería la cosa aunque en una Liga tan despareja con dos pinceladas le sobra para que su equipo no pase sobresaltos.


La segunda parte fue muy diferente y no es medida para decir que el Barcelona es un gran equipo. Con un rival destruido, decidió seguir tocando pero buscar más por el medio. Xavi ejecutó con maestría un tiro libre que Roberto pudo despejar al córner con mucho esfuerzo y Rakitic y Messi armaron una muy buena salida que terminó en un pase del 10 para Munir quien con su pierna menos hábil definió apenas afuera. Messi se mostró mucho más activo, como si las dos buenas jugadas del primer tiempo lo hubiesen revitalizado. Abriendo surcos, rematando, jugando de falso 9 tras mucho tiempo de quedarse en la banda y dando grandes pases entrelíneas. En 62' el crack argentino convirtió de cabeza su gol número 400 en toda su carrera tras un gran centro-pase de Dani Alves. Tres minutos después, Neymar hizo realidad su triplete tras una buena combinación entre Xavi y Messi y una definición maravillosa que confirma su gran año.


Nota al márgen para Xavi que le hace muy bien al equipo. Habrá que dosificarlo pues en las temporadas pasadas quedó claro que no puede jugar dos partidos por semana y mantener el nivel y el físico, pero su calidad y panorama son de lujo. El Barcelona se floreaba ante la tranquilidad y el goce de su público que veía como los minutos pasaban y el rival ya no estaba sobre el campo de juego. A los 77' Roberto le sacó a Messi y a Xavi la posibilidad de hacer el quinto con sendas tapadas. El acelerador estaba a fondo de nuevo y a los 81' Messi robó tras otra mala salida del Granada, recorrió sin problemas con la pelota pegada al pie y metió el sexto con mucha clase ante la desesperada salida de Roberto. Gol 401, 6-0 y pitazo final para un partido que se había terminado hacía ya mucho tiempo.


Hasta el minuto 35' el Granada fue levemente superior porque pudo llegar con mayor elaboración, velocidad y peligro. No convirtió el primer gol del partido por mala suerte e impericias en la definición de parte de sus dos muy buenos delanteros de punta. Forzó al Barcelona a abrir la pelota y centrar sin parar, pero el error desanudó el partido y ya nada fue lo mismo. La mejora tras la ventaja es algo positivo para Luis Enrique sin dudas pero en defensa no hubo solidez y en ataque se dejaron pasar demasiados minutos sin mostrar creatividad para quebrar la muralla del Granada. Lujo que se puede dar contra estos equipos, en La Liga más desigual del mundo, pero que contra el Real Madrid, el Aleti o el Valencia (sumen a esta lista a los rivales de la Champions League) significarían una derrota o una complicación muy grande. Neymar, Messi y Rakitic son los pilares de este nuevo proyecto y han dado el presente con creces y cada uno a su manera. De allí en adelante, hay mucho trabajo para Luis Enrique. 








 




  

sábado, 27 de septiembre de 2014

Boca 1 - Racing 2: 38 minutos de furia; Hay que empezar de cero


Parece un chiste, pero todo lo que Boca había mejorado y consolidado desde el primer partido de la Era Arruabarrena contra Vélez, en tan solo 38' quedó sepultado bajo una enorme caja llamada "Las Mismas Dudas de Siempre". Esta vez la actitud no pudo rescatar a un Boca que tenía frente a sí una situación inmejorable: jugaba de local contra un Racing en levantada pero aún en bajo nivel,tenía un gol de ventaja y restaban tan solo 38' de aquel partido jugado hace dos semanas que debió suspenderse cuando la Bombonera se convirtió en una pileta olímpica. Aun con un campo inundado e imposible de jugar, Boca había sido superior a Racing con sus armas habituales: presión bien alta, tenacidad en los cortes en el mediocampo y eficacia a la hora de aprovechar las situaciones generadas. El toque quedó a un lado por razones obvias, pero sorprendió que más allá de todo intentasen conectarse siempre por abajo.

Este Racing de Diego Cocca - un entrenador al que admiro mucho- había mostrado un gran nivel en la pre temporada. El regreso del ídolo Diego Milito tras un lustro en Europa donde había conseguido la gloria y el reconocimiento máximos, le había dado el espaldarazo final a un proyecto que apuntó desde el día uno al largo plazo. A tratar de consolidar una identidad de juego en Racing, algo de lo que carece hace ya demasiadas décadas. La historia reciente de los de Avellaneda es un loop eterno, una especie de "El Día de la Marmota" en versión fubolística: comienzo de la temporada con victorias en los amistosos, un muy buen plantel con incorporaciones de buen pie, un excelente debut en el torneo local y una caída pronunciada de la que se recuperan - si es que lo hacen, a veces esto falla- recién cuando ya no sirve de nada encadenar victorias. Para sorpresa de muchos, el ciclo Cocca comenzó muy bien y el bajón recién se hizo visible en la dura e inmerecida derrota por 2-1 contra Independiente en el Libertadores de América. Desde el momento en el que Milito se lesionó pocos minutos después de convertir el primer gol, toda la estructura que Cocca había armado se cayó y sus palabras previas al clásico - eso de que prefería perder el partido y pelear el campeonato- llegaron para poner en riesgo su cabeza. Una leve recuperación en juego y actitud frente a Newell's la fecha pasada en el Cilindro de Avellaneda fue la señal que el cuerpo técnico y los jugadores necesitaban para encarar estos restantes 38' con Boca de una manera mucho más fresca. Un triunfo los dejaría con 13 puntos, es decir en la lucha nuevamente. Los de Arruabarrena necesitaban urgentemente recuperar lo que habían mostrado en partidos previos y que había sido frenado por un muy buen Banfield que con toque, velocidad y presión lo devolvió a la realidad.

Boca formó con un 4-3-3 que en realidad era más parecido a un 4-4-2. El entrenador buscó no resignar la tenencia de balón y el ataque vertiginoso pero tampoco exponerse a que Racing lo atacase demasiado. La mejor solución era colocar 4 volantes y dejar que Carrizo flotase adelante y que Colazo acudiese en su ayuda de ser necesario. Por fuera de esto, regresaban a la titularidad tres piezas clave como Meli, Chávez y Colazo y en lugar del lesionado Cata Díaz jugaba Lisandro Magallán. El once de Boca: Orión; Marín, Echeverría, Magallán, Colazo; Meli, Erbes, Gago; Carrizo, Calleri y Chávez. Cocca llegaba para atacar mucho por los costados y molestar a los centrales con su mejor doble 9 posible ante la lesión de Hauche. El mensaje que bajaba era "atacar, atacar y atacar" pero con orden y criterio, nada de ir a los ponchazos. Videla debía encargarse de cortar y administrar con su enorme clase y Acuña y Oroz ser dos dagas para liberarle el camino a Milito y a Bou. El equipo de Racing, con su habitual 4-4-2: Saja; Gastón Díaz, Lollo, Cabral, Grimi; Acuña, Videla, Aued, Oroz; Milito y Bou.


Este partido de por sí era raro, pues nunca debió haberse jugado en un principio y completarlo dos semanas más tarde hace que las circunstancias, los jugadores y las tácticas varíen considerablemente. El que salió ganando con la suspensión sin dudas fue Racing, que se encaminaba a otra derrota ante un Boca que dominaba sin mayores sobresaltos y superando con poca ortodoxia, pero con mucha simpleza y solidaridad, el desastre que era el campo de juego. Cocca pudo frenar todo, rearmar el equipo - el regreso de Milito tras su recuperación era vital- y además aprovechó la buena actuación contra Newell's en la fecha anterior para motivar el triple a sus dirigidos. Y esto se notó en la cancha desde el pitazo inicial.

Los dos equipos salieron a atacarse sin cuartel, aunque Racing se mostró mucho más lúcido en este ida y vuelta. Al minuto, Milito remató de volea con una enorme calidad pero el gol fue anulado debido a que estaba apenas unos centímetros adelantado. La tendencia era clara en apenas 2': el equipo de Cocca llegaba por el medio con la pelota bajo la suela y abría rápido para Acuña y Oroz que se dedicaban a bombardear el área de Boca. Milito volvió a aparecer con una corrida por la izquierda que derivó en un centro muy picante para Bou. Fue rechazado al corner, pero la defensa de Boca se mostraba dubitativa y sin agresividad. Todo el equipo estaba parado uno o dos pasos más atrás de lo habitual. Pero el potencial de los de Arruabarrena en ataque es gigante y casi lo liquida con una contra mal ejecutada por Calleri. Si lo hubiese visto llegar solo a Chávez por el medio, era el 2-0 y se terminaba un partido que era demasiado difícil ya.


Racing demostraba que lo hecho frente a Newell's la fecha anterior no había sido un espejismo y avasallaba a un Boca frío y sin actitud que solo trataba de que los minutos pasasen para llevarse los tres puntos por la mínima. Algún que otro contragolpe, eso era lo único que mostraban los locales que sin la pelota y sin presionar (el trío central estaba muy bajo) no podía siquiera armarse. Las grietas de una línea final armada a los apurones por las lesiones tuvieron su efecto: en 5' de juego, Bou empata tras recibir un pase de pecho hermoso de parte de Milito, que pivoteó como exige el manual del 9 tras un centro de Aued. Nada que hacer para Orión y un empate que era justo. Lo que el ex Inter de Milán le da a su equipo es tranquilidad, buen juego y mucha jerarquía. Tres cosas que enfrente brillaban por su ausencia.

Boca sintió el golpe en el orgullo y encadenó dos buenas jugadas. Primero Chávez recibió por la derecha, pifió su remate y pudo recuperarse ante la pasividad de la defensa de Racing. Tomó la pelota nuevamente y termino enviando el disparo apenas ancho casi rozando el palo derecho. Luego Gago conectó con el ex Banfield que entró al área y fue tapado muy bien por Saja al no tener un buen ángulo de remate. Los de azul y amarillo intentaban tener la pelota y llegar con paciencia y explosión al arco de Saja. La eficacia en los pocos ataques era nula cuando se llegaba a posición de gol y si no todos los embates eran cortados por los centrales de Racing que parecían recuperados. En 11' de este corto primer tiempo, Chávez conectó un buen centro de Colazo pero no pudo darle colocación.


Racing era compacto y estaba con sus volantes casi en 3/4 de cancha y sus centrales en el medio. Cortaba todo intento de armar juego de parte de Boca y lo acorralaba una vez más en su propio arco. Acuña era el jugador del partido sin duda alguna, complicando a los mediocampistas y defensores rivales con su movilidad por todo el frente de ataque. Un espléndido centro cruzado suyo fue aprovechado al máximo por Bou y el partido se puso 2-1 para Racing. Muy buen gesto técnico de Bou que se sacó de encima a su marcador y la colocó allí donde Orión no podía llegar nunca. Se iba la primera parte y los jugadores de Boca no podían entender que es lo que había sucedido en estos 15'.

La segunda parte comenzó de la misma manera que había finalizado la anterior. En apenas 17', Boca pasó de tenerlo groggy a Racing con esa contra que Calleri no jugó bien a ser aplastado por un equipo que mostró un gran cambio respecto al partido anterior. Compacto en el medio, corto para defender y muy largo para atacar. Martillando por los costados sin parar, presionando bien arriba y haciendo que la pelota circule con un gran Videla manejando los tiempos. El Vasco mandó a la cancha al Burrito Martínez y sacó a un inexistente Carrizo. Quemaba las naves y dejaba en cancha a 3 delanteros natos. El control del partido no pasaba por los pies de sus jugadores que al menos mostraban ya un poco de vergüenza deportiva e iban para adelante. Gigliotti ingresó por Erbes y Fuenzalida por Marín. El entrenador planteó un 3-3-4 claro, con Meli y Gago como doble cinco y Gigliotti, Chávez, Calleri y Martínez adelante. El lateral chileno iría a la banda derecha para poder sumarse al ataque.


El ida y vuelta se armó nuevamente, todo pasó a ser un intercambio de contraataques que generó mayor brusquedad en el mediocampo. Pocas ideas de parte de ambos y demasiado vértigo, pero Racing contaba con la ventaja y la administraba muy bien. Los dominios de Saja se convirtieron en zona franca de pelotazos y centros sin precisión pero que gracias a un pequeño lapsus de inseguridad en la salida del arquero llevaron algo de peligro. Boca inclinaba la cancha y la gente se partía la garganta alentando, pero a lo máximo que se llegaba era a una corrida por el costado y un centro forzado. Cocca cerró la persiana sacando a Milito y a Bou y poniendo en su lugar a Voboril y a Lollo. Gago intentaba meter la pelota siempre dentro del área: cortaba y tiraba el pelotazo que no era aprovechado por sus compañeros, todos absorbidos por la defensa rival. Acuña comando una última gran contra para Racing en la que hizo la pausa entrando al área y cedió para Acevedo, que controló sin marca encima y remató bien al palo del arquero. Orión respondió magistralmente, a puro reflejo una vez más. Le quedó una a Echeverría con Saja descolocado tras una mala salida, pero el remate no tuvo convicción y se fue muy por arriba.


Una derrota dura para Boca en un interesante partido que mostró muchísimo en tan solo 38' y que puso a Racing nuevamente en el mapa. Los de Arruabarrena se despiden de la lucha por el campeonato y urge que se ponga el foco en la Copa Sudamericana y en consolidar la idea de juego. Desde la gran victoria contra Rosario Central, el nivel ha ido disminuyendo y eso es una señal preocupante. Los jugadores de Boca pensaron que entreteniendo la pelota harían pasar el tiempo y que Racing mucho no haría por llevarse los tres puntos. Se puede decir que el partido que comenzó hace dos semanas nunca debería haberse jugado y si aplazado para que se jugasen los 90' de corrido. Pero esa no fue la causa de la derrota sino más bien un mal planeamiento táctico del partido y la liviandad de los once que salieron a la cancha. Cocca tomó aire por primera vez tras la caída frente a Independiente y encadenó dos muy buenos partidos que servirán como semilla para conseguir su gran objetivo: que Racing juegue muy bien y que tenga un estilo propio nuevamente. A Arruabarrena no le queda otra opción que trabajar mucho con esta nueva defensa y volver a contagiar a los jugadores para que se convenzan de que pueden volver a ser ese muy buen equipo que eran hace apenas dos semanas. Si contra Banfield se había sufrido un pequeño retroceso, este duro golpe de realidad obliga a empezar desde cero. Sí, una vez más...    




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Boca 1 - Banfield 1: La audacia de los valientes; Un pequeño retroceso


Al Banfield de Matías Jesús Almeyda lo vengo siguiendo con entusiasmo desde el comienzo de su reciente y exitosa campaña en el Torneo Nacional B. Me encantó desde el primer partido su propuesta en extremo audaz: posesión de pelota, presión alta y voracidad absoluta en ataque. Siempre con esquemas ofensivos (en la mayoría de los partidos usaba un 4-3-3 bien vertical y muy veloz), este Banfield se reconstruyó de la mejor manera ya que en lugar de ser mezquino eligió jugar al fútbol. Los resultados obviamente que siempre son importantes, pero al día de hoy sigue siendo refrescante ver en la cancha a un equipo que busque tocar y atacar siempre, más allá de como esté el partido. Sin importar la táctica del rival, Banfield sale a jugar siempre de la misma forma. La cantidad de situaciones de gol creadas por partido es impresionante pero también lo es su poca eficacia a la hora de definir las acciones (con la salida de Chávez perdió mucho poder de gol). Es por eso que su cosecha de puntos ha sido bastante magra hasta el momento, algo que gracias al cielo no intimida ni al entrenador ni a sus jugadores que están convencidos de que solamente jugando se llegará al triunfo. Solamente River - y ahora se va sumando Boca- juega de una forma idéntica en cuanto a la idea (y distinta en lo referido a lo táctico, pero eso se debe a que ambos equipos poseen jugadores con diferentes características) en nuestro golpeado fútbol que día a día se llena de Directores Técnicos que solo quieren ganar defendiendo cerca del área y tirando centros o pelotazos. O peor: mandando a sus jugadores a correr para adelante y a tirar centros sin parar, como lo hacen Sergio Almirón en Independiente y Guillermo Barros Schelotto en Lanus. Son formas y formas de ver el fútbol, no se trata de definir cual es más o menos efectiva sino de dejar en claro que al fútbol se juega bien o mal y que ellos lo hacen mal. Pero es sabido que si bien este hermoso deporte no gira solamente alrededor de la eficacia, ésta sin dudas es un factor muy relevante si no se quiere merodear siempre por la mitad de la tabla. Ignorando a medias esta "máxima" de época, el Banfield del Pelado Almeyda siempre propone en todas las canchas y no mira frenéticamente la tabla de posiciones ni la maldita de promedios. El espectáculo siempre está garantizado con ellos y Boca debía visitarlos en el Florencio Sola para seguir confirmando su muy buen nivel y acercarse un poco más al puntero.

Arruabarrena plantó un 4-3-3 con muchos cambios respecto a la victoria contra Rosario Central por la Copa Sudamericana. Misma idea pero diferentes ejecutores, algo que contra Olimpo de Bahía Blanca no había salido tan bien pero que era necesario debido a la cantidad de partidos que el primer equipo estaba disputando: Orión: Marín, Cata Díaz, Echeverría, Insúa; Erbes, Castellani, Gago; Carrizo, Calleri y Martínez. Almeyda dispuso de su ultra ofensivo 4-2-1-3, el esquema poco habitual - para bien, claro- que usa desde la salida de Andrés Chávez: Servio; Bettini, Bianchi Arce, Noguera, Toledo; Erviti, Domingo; Juan Cazares; Bertolo, Salcedo y Noir. Una pequeña acotación al respecto: para defenderse se hace muy largo y se convierte en un 4-3-2-1 y en ataque suele ser un 4-2-3-1 - y a veces un 4-2-4- con Salcedo como única referencia y Noir y Bertolo por las bandas. 



Los de Almeyda tardaron unos pocos segundos en salir a comerse al rival, en una sana costumbre que se repite siempre sea de local o visitante. Un buen desborde de Bertolo termina en un muy mal centro, pero la primera señal ya era bien clara. Boca intentó hacerse de la pelota en los primeros minutos, buscando armar juego por abajo sin mucho éxito. Gago y Castellani eran los ejes y Erbes como siempre pegado al Cata Díaz. Calleri pivoteaba bien pero por el momento no tenía compañía para profundizar. Banfield no dejaba pensar a Boca, lo presionó en todo momento y cada vez que recuperaba la pelota llegaba al arco de Orión en cuatro o cinco toques. Mucho vértigo y casi todo de primera, algo que funcionaba pues habían reducido por completo a Boca en unos pocos minutos de juego.

El Cata Díaz respondía bien casi como último hombre y por el momento los locales insinuaban más de lo que lastimaban, más allá de tener el partido controlado. Boca no hacía pie y tembló cuando Erviti y Cazares armaron una gran jugada que terminó en un remate demasiado alto de Salcedo, quien había recibido solo en el medio del área. Erviti y Cazares jugaban bien adelante y el equipo en ataque quedaba armado en un 4-2-4 que abrumaba al peor Boca de la era Arruabarrena. Una mala salida sobre los 10' hizo que Salcedo quedase en posición de gol, pero dudó demasiado y Erbes y Díaz solucionaron el entuerto. No había nada rescatable en Boca más allá del muy buen rendimiento del Cata que se erigía como el salvador. Una buena contra armada entre Gago y Castellani terminó en un centro picante que Calleri no conectó por muy poco. A los de Almeyda les llegan poco y les meten mucho goles y esto estuvo a punto de repetirse en esta acción aislada de Boca.



La pequeña primavera se extendió para los de azul y amarillo con una enorme jugada de Castellani a puro talento y velocidad. Carrizo quedó solo ante un Servio descolocado por el centro atrás pero pifió. El ida y vuelta se armó, con los locales yendo mucho por la izquierda (Insúa era lo peor de Boca, aun falto de ritmo) y el equipo visitante esperando para salir de contragolpe. No le quedaba otra opción, ya que era imposible tener la pelota. Tras un tiro de esquina y un par de rebotes, Noir fusiló a Orión que contuvo con solidez pero dejándole el rebote a Bianchi Arce. Por suerte para él, el defensor tardó una eternidad y cedió para Bertolo que la colgó de las nubes. Boca seguía a salvo por la ineficacia de un Banfield que merecía estar como mínimo un gol arriba.

A los 17' volvió a avisar Boca: Martínez abrió un surco a puro vértigo y dejó solo a Calleri, que controló y remató para encontrarse con el pecho de Servio. El buen achique del arquero y el que la pelota le haya quedado atrás le jugaron en contra al joven 9 de Boca que sin poder dominar se mostraba peligroso en las pocas que generaba de contra. Erviti se hizo amo y señor del juego de Banfield que a pesar de no ser preciso en los metros finales, tocaba y acorralaba a su rival con una muy solidaria cobertura de espacios. El resultado era que Castellani y Martínez estuviese mucho más preocupados por cubrir el sector de Insúa que por atacar. A los 25' Boca pudo recuperar la pelota por un rato y así logró llegar con mayor continuidad hasta la línea final. El local bajó lógicamente el ritmo para renovar aire y piernas pero nunca dejó de atacar y de jugar un fútbol rápido y vistoso.



Castellani y Gago cortaban, tocaban, habilitaban y hasta remataban al arco con peligro. Eran los ejes de Boca que buscaba no irse al entretiempo en desventaja. A los 28' Carrizo colocó un muy buen centro que no fue aprovechado por Calleri que - molestado por Martínez- cabeceó a las manos de Servio. La respuesta fue instantánea: Noir colocó un centro rasante a la carrera que recorrió toda el área chica y no fue conectado milagrosamente por Salcedo, que no estaba teniendo una buena tarde. Y llegó el tsunami: la triple tapada de Orión contra Cazares, Bertolo y Erviti - los 3 en posición de fusilamiento- a puro reflejo y agilidad fue maravillosa. Las dudas de la defensa de Boca revivían viejos fantasmas y Banfield las aprovechaba para apabullar nuevamente. Se confirmó en este último cuarto de hora de la primera parte el dominio absoluto de un gran equipo que peca por se poco eficaz. En 36 Bianchi Arce cabeceó muy bien un centro preciso pero el balón se fue besando el palo derecho. La suerte también era uno de los factores que sostenían a Boca dentro del partido.

El 1-2 a Insúa se hizo una constante y fue lo que desequilibró a la defensa visitante. Un gran primer tiempo de Banfield que nunca dejó de buscar con presión, órden táctico y mucha velocidad. Sin miedo a quedar descubierto, sin miedo a perder. Boca había mostrado algunos minutos de buen juego, pero más que nada se sostuvo gracias a Orión, a un alto Cata Díaz y a la mezcla de imprecisión y mala suerte de los rivales cuando tuvieron situaciones de gol.



Para el segundo tiempo, se confirmó lo peor: la lesión del Cata Díaz que con un esguince en la rodilla se perderá varios partidos incluido el clásico con River. Forlín ingresó en su lugar, también regresando tras una lesión que lo alejó varias semanas de las canchas. Banfield tuvo un bajón importante en su intensidad y eso afectó su estilo de juego, que no dejó de ser ofensivo pero se tornó impreciso y sucio en el mediocampo. Sin buenas asociaciones, todo se redujo a un momento de inspiración de Erviti o Cazares. Boca olió sangre y fue: pudo hacerse de la pelota y empezó a inclinar la cancha considerablemente. Los roles parecían invertirse y ahora el que se agolpaba cerca de su arco era el local. En 10' Gago remató con gran calidad por encima de Servio que pudo sacar la pelota con una estirada de lujo. Junto a Castellani, el 5 comandaba los embates de un equipo que parecía más confiado en este nuevo escenario. Un remate de Noir por encima se convirtió en la enésima situación desperdiciada por un Banfield que ya no podía darse el lujo de errar tanto y empezaba a escuchar murmullos en las tribunas.

Chávez ingresó por un poco incisivo Martínez y se ganó la ovación de quienes hasta hace pocos meses festejaban sus goles. A los 15' Erviti lanzó un centro que Noguera tomó mordido y por ende habilitó la muy buena respuesta de Orión. Y a los 21' se cumplió la famosa "Ley del ex": en la primera que tuvo, Chavez forzó con el cuerpo el error de su marcador, encaró a Servió y lo fusiló con un remate perfecto al palo derecho. 1-0 con el bombazo de Chavez, que en 7' probó que más allá del cansancio jamás debe salir del equipo titular. Premio para un Boca que había mejorado, aunque tal vez excesivo, y castigo para un Banfield que sufría eso de "los goles que uno no hace...". Gago y Castellani enfriaron el partido, jugando muy sabiamente con la desesperación del rival. Los dirigidos por Almeyda pasaron de un sólido e inteligente equipo a un manojo de nervios irreconocible. Sin ideas y consumidos por el tiki tiki inerte, pero sí con muchos jugadores ofensivos en la cancha. Como para dejar en claro que no se iban a rendir así nomas.


Bertolo mandó a las nubes una volea y Carrizo cedió su lugar a Colazo. El Vasco leyó bien el partido pues colocó al recién ingresado en el lugar de Insúa y adelantó a este al mediocampo. Así cerró un sector con serios déficits y no expuso al defensor que estaba amonestado. Salcedo lo tuvo de tiro libre pero se encontró con ese muro llamado Orión que estaba teniendo uno de sus mejores partidos en mucho tiempo. A los 40' el arquero de Boca volvió a ganarle el duelo al centro delantero de Banfield, en un mano a mano muy bien tapado tras un centro frontal. Orión, Gago, Castellani y Chavez eran lo único bueno de Boca que se llevaba tres puntos de oro sin mucho merecimiento. Pero por suerte el fútbol hizo justicia y a los 45', a los ponchazos porque otra cosa ya no podía hacer, llegó el empate: Toledo armó una muy buena subida y ante la tardía salida de Echeverría habilita a la perfección a Terzaghi que definió al primer palo con potencia. Orión achicó bien y dejó solamente un lugar por donde entrarle, prácticamente imposible, entonces el mérito del delantero de Banfield es mucho mayor.


El empate le quedó bien a un partido en el que Banfield fue superior en líneas generales pero que en el segundo tiempo se vió superado nítidamente por un Boca que venía en ascenso y se encontró con un rival que lo presionó sin cesar y nunca lo dejó jugar salvo algunos tramos del partido. Si a esto se le suma que además lo peloteó durante gran parte del encuentro y que hizo figura a su arquero, es lógico afirmar que una victoria de un deslucido Boca habría sido muy injusta. Arruabarrena deberá seguir con el buen trabajo y lograr que la idea se inserte en el equipo más allá de los nombres (algo que, por ejemplo, consiguió Gallardo en River). Por el momento está claro que Chávez, Colazo y Meli deben jugar siempre de entrada, al menos hasta que se logre una continuidad en el estilo que pregona el Vasco. Una victoria contra Racing en los 30' restantes del partido suspendido lluvia la fecha pasada, lo dejaría en el pelotón de los de arriba y dentro de poco se viene un Superclásico muy interesante que definirá la suerte de un torneo que apenas lleva 10 fechas pero tiene un claro dominador. Banfield logró sumar nuevamente tras una serie de derrotas inmerecidas, casi todas debido a errores individuales que arruinaron el buen rendimiento general, pero derrotas al fin. Es bueno que Almeyda siempre haga jugar a sus dirigidos siempre igual - "golpe por golpe" como bien dijo Orión pos partido- sin importar el lugar en la tabla o el rival. Con tipos como él, como Arruabarrena y como Gallardo podemos quedarnos tranquilos pues todavía hay entrenadores que privilegian el juego por sobre el resultado. Esos que ante cualquier tropezón no se achican y se convierten en amarretes sino que, por el contrario, eligen redoblar la apuesta.
  
  

sábado, 20 de septiembre de 2014

Boca 3 - Rosario Central 0: Rápido, furioso y lujoso; La consolidación de una idea


El partido de ida por la primera ronda de la Copa Sudamericana había dejado sensaciones ambivalentes para el hincha de Boca. Si bien el equipo de Rodolfo Arruabarrena confirmó su levantada y su idea de juego - pelota al piso, paciencia y presión asfixiante-, en el Gigante de Arroyito se vieron dos tiempos muy diferentes. Si bien el denominador común de ambos fue el dominio de Boca, tras unos muy buenos primeros 45', el juego de Boca decayó promediando la segunda mitad y terminó acorralado por un Rosario Central que sin ideas ni juego asociado se encontró el empate en el último minuto. Por ir a los ponchazos y con una gran noche de su muy buen arquero Mauricio Caranta, el equipo de Miguel Russo se llevaba un empate valioso pero que encontraba su razón de ser en la pérdida de intensidad - y por ende de claridad en los metros finales- de este nuevo Boca.

El segundo choque por esta llave que se jugó en la La Bombonera el pasado Jueves iba a ser clave para medir en que lugar exacto se encontraba Boca. Tras la remontada en juego y actitud que comenzó con el triunfo por 3-1 contra el hasta allí puntero absoluto Velez, unos días después de la nefasta salida que la dirigencia le dio a Carlos Bianchi, todo apuntaba a que se pelearía tanto en el torneo local como en la Copa Sudamericana. Lo que le faltaba al muy buen trabajo de Arruabarrena era un partido en el que todo saliese redondo y casi no hubiese imperfecciones. Así llegaba Boca a la revancha contra Central, con una idea bien clara pero con una ejecución que si bien era positiva aun necesitaba pequeños ajustes.

El Vasco paró un 4-3-3 bien adelantado y hecho para tener la pelota y ser profundo, que de a poco empieza a salir de memoria más allá de las lógicas rotaciones que tendrá que hacer para no desgastar a sus jugadores: Orión; Marín, Cata Díaz, Echeverría, Colazo; Meli, Erbes, Gago; Chávez, Calleri, Carrizo. Russo prefirió un combativo 4-1-4-1 que al mismo tiempo había tenido pasajes de buen juego en algunos partidos del torneo local, en especial aquella función de lujo contra San Lorenzo: Caranta; Ferrari, Berra, Acevedo, Delgado; Musto; Acuña, Barrientos, Neri Domínguez, Aguirre; Abreu.


Boca no perdió tiempo y a los pocos minutos de juego ya estaba robando la pelota en la mitad de la cancha y saliendo velozmente por los costados con Colazo y Carrizo. A los 8' consiguió acercarse al arco de Caranta con un centro defectuoso y un minuto más tarde, merced de los tres volantes centrales que se comían a todo jugador rival que buscaba avanzar, forzó al buen arquero de Rosario Central a complicarse y tirar la pelota afuera. A los 11' se confirmó el monólogo del equipo local: Meli robó una pelota magistralmente y remató desde afuera del área para encontrarse con otra respuesta del portero. Con Erbes pegado al Cata Díaz, Meli y Gago marcaban también pero al tener las espaldas cubiertas podían liberarse y comenzar a armar juego. Por arriba Central estaba infranqueable, pero el bombardeo era constante. El buen juego por lo bajo de Boca, lleno de vértigo de 3/4 de cancha en adelante, y sus rotaciones comenzaron a enloquecer a la defensa de Central. Erbes tomó la lanza sobre los 20' y fue derribado por Caranta en el borde del área. Amonestación y tiro libre muy peligroso para Boca que ya merecía la ventaja. Colazo terminó rematando apenas por encima del travesaño, pero esto sirvió como preludio para lo que se vendría.

El primer gol de Boca fue una obra de arte con un moño de lujo: perfecta recuperación de Erbes por la derecha, centro de primera que Calleri baja con el pecho para que entre Chávez y defina con una magnífica volea de zurda al ángulo. 1-0 antes de la primera media hora y con el sello de Arruabarrena: un pac-man en la mitad de la cancha para recobrar la pelota, velocidad pura en la transición medio-ataque con la pelota al pie, explosión y precisión en la definición. Boca había borrado de la cancha a Rosario Central y con la ventaja en el bolsillo siguió presionando para liquidar la serie.


Calleri hacía que la última línea de los rosarinos no pudiese estabilizarse tras el tremendo golpe que fue el gol. Con su movilidad y su potencia arrastraba marcas y abría surcos para que Carrizo y Chávez pudiesen llegar hasta el fondo. La expulsión de Acevedo por doble amarilla - dos faltas idénticas- complicó todo aún más para un Central que no podía agarrar la pelota y que si la tenía en los pies la perdía a los pocos metros. El 4-5-1 que Boca armaba en retroceso - Calleri quedaba solo como referencia- hacía que un equipo largo en ataque se convirtiese en un muro de contención perfecto cuando había que defender. Abreu debió como mínimo haber sido amonestado sobre el final del PT pero se salvó por el nombre. El nerviosimo de los muchachos de Russo era imposible de esconder y mostraba la impotencia que les generaba el estar siendo superados en todas las líneas. Más allá de algunos pelotazos bien cubiertos por el Cata y Echeverría - en gran nivel ambos, complemento perfecto entre sí- no habían podido siquiera acercarse a los dominios de Orión. Una genial doble tapada de Caranta, la figura del visitante, ante Chávez sirvió como bajada de telón de la mejor actuación colectiva de Boca desde la llegada de su nuevo entrenador. Sin fisuras, tocando por abajo, con paciencia para armar la jugada, presionando en el mediocampo, atacando y defendiendo en bloque y siendo punzantes de 3/4 de cancha en adelante.

El desgaste realizado en la primera parte no hizo que Boca disminuyese la intensidad. Apenas comenzado el segundo tiempo, Meli desvió por arriba un remate y a los 3' Caranta le volvió a ganar el duelo a Chávez. Central salió con mayor decisión y aprovechó el lógico descanso que se tomó Boca en los primeros minutos. Barrientos lo tuvo dentro del área pero Orión respondió a la altura de las circunstancias y evitó el empate. El ingreso de Becker le dio piernas a los de Russo que comenzaron a controlar un poco más la pelota y a acercarse con mayor peligro. Carrizo no gravitaba ya y dejaba un hueco en el regreso que era aprovechado por el rival para lastimar. El Vasco corrigió rápido y mandó a la cancha al recuperado Emiliano Insúa por el ex Rosario Central, que desde la salida de Bianchi está más abocado a la parte defensiva que a la ofensiva y por ende menos eléctrico arriba. Colazo pasó a ocupar el lugar de Carrizo y todo se rearmó casi automáticamente.


Colazo llegó hasta el borde del área, cedió atrás para Gago - el eje de este equipo hace varios partidos ya- que hizo la pausa, vio a Chávez picar al vacío por la izquierda y le colocó un centro-pase magistral. El ex Banfield se lanzó de palomita y cruzó la pelota ante la desesperada salida de Caranta que ya nada podía hacer. 2-0 y partido definido cuando parecía que Central podía llegar a plantarle cara a Boca una vez más. La pelota volvió a ser de Boca que de la mano de Gago, Meli y Erbes recuperaba y distribuía con mucho lujo y criterio. Meli y Erbes forman un doble cinco que deja a Gago casi como enganche para que pudiese dar ese pase "a lo Riquelme" - sí, digámoslo sin miedo- que tanto necesitan los delanteros. El número cinco de la Selección Argentina ha regresado a su mejor nivel y partido a partido entrega un show de pelotas recuperadas y pases cruzados y entrelíneas que deleitan a todo fanático del fútbol. El no ser el único mediocampista central lo ha liberado y gracias a ello podemos disfrutar de un Gago que no se lo veía tan bien en lo físico y lo futbolístico desde su exitoso paso por la Roma.


Un exhausto Calleri salió para dejarle su lugar a Gigliotti que, más allá de sus innecesarias declaraciones de entre semana, viene en remontada hace ya varios partidos. Es un buen recambio pues fresco sirve para el contragolpe, aunque no caben dudas que el titular debe ser el joven delantero que a base de esfuerzo, talento y goles se ha ganado el puesto y a la hinchada de Boca. En 31', Gago ejecutó un gran tiro libre que solo no fue gol por la muy buena noche de Caranta. Unos minutos después el ex Boca volvió a sacarle el tercero a los locales, ahora contra Colazo que no pudo vencerlo tras un buen pase de Erbes. El chileno Fuenzalida, otro de los que trajo Bianchi, ingresó a los 35' y no tardó nada en recibir un pase fenomenal de Gago- que recibió, giró y tocó en un solo movimiento, a espaldas de los centrales y puntear al gol. 3-0 y la fiesta era completa, La Bombonera cantaba y saltaba ilusionada como hacía tanto tiempo que no se la veía.


Boca ya está en los Octavos de Final de la Copa Sudamericana y espera por su contrincante. Frente a Rosario Central dio el paso definitivo hacia la consolidación de la idea que pregona el Vasco Arruabarrena. A los jugadores se los nota cómodos y muy sueltos, cada uno en su posición natural y con mucha motivación para afrontar no ya cada partido sino cada pelota. La llegada de Echeverría fue un bálsamo para la defensa de Boca que se veía desbordada por todos lados debido a que el Cata Díaz no podía cubrir todos los espacios. Ahora de 6, el Cata puede cubrir cuando es necesario e imponerse cerca del círculo central pues sabe que sus espaldas están cerradas. Colazo es un pleno del DT que ha mostrado gran versatilidad para jugar de lateral y también para poder ocupar un puesto en el mediocampo de ser necesario. Con su constante ida y vuelta, sobrecarga las bandas y cierra su sector sin ningún problema. Erbes está jugando posicionalmente como lo hace Xabi Alonso, es decir bien pegado al segundo central para cortar y salir jugando con sus dos laderos, Gago y Meli. Caso aparte el de estos dos grandes jugadores, que son el motor de un auto de lujo que está corriendo sus primeros kilómetros. Ambos recuperan en defensa y en ataque, utilizan su visión de juego para habilitar a cuanto compañero quiera convertir un gol y además siempre llevan peligro al arco contrario con su remate de media distancia. Los tres medios son al mismo tiempo los obreros y la joya de la corona de Boca. El liderazgo de Gago ya es bien marcado, pero no hay una dependencia excesiva hacia lo que salga de sus pies y su cabeza porque todas las demás piezas encajan y funcionan a la perfección. Existe una sana independencia - ergo, no todo recae sobre sus espaldas como sucedió desde su regreso hasta la salida de Bianchi- del 5 de Boca y eso le permite sumarle al circuito toda su calidad y su gran toque. Esto le quita presión y lo deja jugar tan suelto al punto de estar mostrando el nivel que lo llevó hace unos años a ser uno de los mejores número cinco del mundo. Arruabarrena ha recuperado al mejor Fernando Gago y eso debe quedar anotado en su CV pues le ha hecho un enorme favor no solo a Boca sino también al fútbol. Calleri y Chávez están en un gran nivel y se mueven por todo el frente de ataque, destartalando a todas las defensas que se cruzan en su camino. Chocan, aguantan la pelota, avanzan por los costados y meten goles. Ah y como si esto no fuese suficiente también se complementan a la perfección, como se vio en el primer gol. Carrizo ha bajado un poco su nivel pero solamente porque debe sacrificarse en pos de un retroceso generoso y sólido. Ya no es el centro del ataque del equipo, como solía serlo en los pocos partidos que jugó bajo la tutela de Bianchi, algo que a mi parecer es positivo. El Pachi es inamovible por el momento en una formación que ya empieza a salir de memoria por su gran aporte en metros recorridos y creación de espacios.


Boca tiene un estilo muy similar al de River pero con una mejor defensa y un retroceso mucho más ordenado: presión en la mitad, velocidad en las transiciones, defensa y ataque en conjunto, rotaciones permanentes en 3/4 de cancha, toque por abajo rápido, preciso y vertical (afuera el toqueteo sin sentido ni profundidad), paciencia para desarmar al rival, uso de las bandas limitado a lo necesario, explosión en 3/4 de cancha (es decir, no el vértigo insano en todo momento) y mucha eficacia. Como se puede visualizar, Boca en poco tiempo se ha colocado a la altura del muy buen River de Gallardo y el choque que se viene en el Monumental promete ser un muy hermoso espectáculo. En apenas un mes un viaje supersónico de la crisis total al fútbol rápido, furioso y lujoso.

martes, 16 de septiembre de 2014

Real Madrid 1 - Atlético de Madrid 2: La justicia y la suerte no aparecen; Errores que cuestan muy caro


Tras haber comenzado esta nueva temporada con un título bajo el brazo por lado, el Real Madrid de Carlo Ancelotti y el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone chocaban por la tercera fecha de La Liga. El antecedente más cercano databa de hace prácticamente un mes cuando los Colchoneros empataron en el partido de ida por la Supercopa de España jugado en el Santiago Bernabeu y luego vencieron por la mínima - y con sorpresivos pasajes de buen juego- en el encuentro de vuelta en el Vicente Calderón para alzarse con este importante trofeo. Vale decir que ambos equipos no llegaban de la mejor manera a este choque - en especial el equipo Blanco, con una tibia victoria ante el Córdoba y una humillante derrota ante la Real Sociedad por 4-2 tras ir 2-0 arriba- y que necesitaban de una urgente victoria para comenzar a callar las críticas que día a día se hacían más fuertes. El Bernabeu esperaba ansioso por ver la resurrección de el mítico equipo que había traído La Décima a casa tras años de espera pero que no había logrado conseguir un buen funcionamiento después de la muy contundente victoria contra el Sevilla por la Supercopa de Europa. Pero enfrente estaba un entrenador que ya se ha acostumbrado a ganarles y que más allá de los bruscos cambios que sufrió su plantel, demostró que sin importar las formas su Aleti seguirá siendo como mínimo competitivo en esta 2014/15.

Ancelotti plantó nuevamente un 4-3-3 aunque en versión menos vertiginosa que la del año pasado, más que nada debido a las salidas de Xabi Alonso y Di María. Estos dos grandes jugadores eran piezas centrales de aquel gran equipo, uno por su capacidad para contener a cualquier mediocampo rival y distribuir la pelota con sabiduría y precisión y el otro por su electricidad, por su ida y vuelta constante que lo hacían esencial en ataque y en defensa por igual. El once del Real Madrid fue el siguiente: Casillas; Coentrao, Pepe, Ramos, Arbeloa; James, Kroos, Modric; Ronaldo, Benzema, Bale. Simeone tuvo que ver el partido desde un palco por su suspensión tras agredir al cuarto árbitro en la Final de la Supercopa y el Mono Burgos se hizo cargo de impartir las indicaciones desde el corralito. El clásico 4-4-2 del Aleti fue este: Moya; Juanfran, Miranda, Godín, Siqueira; García, Gabi, Tiago, Koke; Mandzukic, Jimenez. Como de costumbre, el local salía a atacar desde el primer minuto mientras que su contrincante esperaría apretando las dos líneas de cuatro hasta poder dar el golpe y luego definirlo con un contragolpe. Sí, aunque no lo crean no hay nada sofisticado en la "idea de juego" de Simeone que básicamente es defenderse tenazmente con nueve jugadores en el propio campo, preparar perfecto la pelota parada para desequilibrar desde allí y si no tratar de embocarla en alguna corrida con la última línea rival descolocada.


Desde el comienzo del partido, el Aleti marcó con mucha intensidad en 3/4 de cancha. Con marca personal contuvo a Bale y a James para que no comenzasen a lastimar por las bandas. Si bien el Real Madrid tenía la pelota en su poder, no conseguía ningún tipo de precisión en los metros finales. El pelotazo se convirtió en el frustrante recurso final ante la solidez del mediocampo rojiblanco y sus propias limitaciones para crear juego asociado. De a poco el partido se fue armando favorablemente para los locales que ganaron por completo la mitad de la cancha y empujaron mucho más atrás de lo habitual a los entrenados por Simeone. Y en el mejor momento, cuando parecía que el gol estaba al caer, llegó el primero para los visitantes. El cabezazo de Tiago que le ganó a más de 3 marcadores en el primer palo tras un corner cerrado, fue un baldazo de agua fría para un equipo que estaba dominando y para un estadio que ya se relamía imaginando como festejar el gol.

El aluvión de los de Ancelotti no frenó sino que se intensificó y por primera vez fue concreto en lo referido a llegadas. Primero a los 13', Ronaldo mandó por arriba un buen remate tras sacarse de encima a dos rivales. Un minuto más tarde, Bale subió a pura velocidad y lanzó un centro para James que definió de sobrepique apenas alto. El crack de portugal, el mejor del mundo junto a Messi, comenzó a jugar de falso 9 dejando las bandas para Bale y James. Los 4 defensores del Aleti entraron en el embudo al que inevitablemente te lleva un jugador de tanta calidad, que no paraba de moverse por todo el frente de ataque. Quien comenzó la remontada futbolística fue él, el único y verdadero líder del Real Madrid. En 20', Pepe cabeceó en posición de gol pero Moya respondió acomodándose bien para no pasar sobresaltos.

El Atlético no la pasaba para nada bien y para colmo de males no conseguía ni que Koke ni Raúl García pudiesen no ya tomar la pelota y tratar de equilibrar la posesión sino siquiera cortar algún embate de los que se sucedían con el correr de los minutos. El riesgo de ir a un partido a "ver que pasa" y aun encontrando un gol no cambiar el esquema y salir a atacar, es demasiado alto y solamente un DT mitad inconsciente y mitad anti-fútbol puede pensar que es sano correrlo. En un par de minutos, Moya demuestra que fue un fichaje más que acertado: gran tapada a Bale a los 20' en un tiro libre que lo sorprendió y luego contuvo con seguridad el peligroso centro que salió del rebote.


A los 25' llegó la calma: Cristiano arrancó y fue derribado dentro del área de forma clara. La ejecución del penal fue perfecta y el partido se ponía 1-1. Premio merecido para el único jugador que desde el minuto uno buscó ganar y que ante la adversidad se hizo más grande. La cancha estaba completamente inclinada y los centros y pases cruzados llovían sobre los dominios de Moya. El Aleti trataba de marcar en el medio y de correr todas las pelotas, pero sus medios no estaban en el mejor de sus días. La presión apenas perdía la pelota de parte del local era total y ni los 10 jugadores del rival amontonados podían contener los ataques que se generaban de forma automática ante cada recuperación de balón. Ronaldo tomó la posta nuevamente a los 32' y remató rasante pero un poco ancho. A los pocos segundos, conectó con Benzema que fue comido por Moya tras realizar un control defectuoso. El mejor Cristiano Ronaldo no estaba siendo aprovechado por un equipo que era muy superior pero que no podía demostrarlo en el resultado. Y ya todos conocemos el dicho acerca de los merecimientos en el fútbol.


Los pelotazos sin sentido ni destino se multiplicaban del lado del Aleti. Benzema entró por la izquierda cuando moría el primer tiempo y tras limpiar a algunos defensores remató a la carrera. No fue gol por centímetros, pero el temible 9 francés empezaba a jugar mejor. Quedaba tiempo para una más: Modric mostró toda su calidad para habilitar a Ronaldo que tras bajarla, ganó por la derecha y lanzó un centro perfecto para Karim. El frentazo fue muy bueno pero Moya mandaba un mensaje muy claro con otra brillante tapada. Por el momento, la persiana estaba cerrada.

Para la segunda mitad, sorprendió que no ingresase Arda Turán que a esa altura de las cosas era el único que podía darle velocidad y toque a un equipo ya hasta sin su tracción habitual. Todo siguió igual, con el Aleti aguantando y el Real presionando sin cuartel. La perlita fue verlo a Mandzukic en posición casi de libero, toda una muestra de las intenciones de los dirigidos por Simeone. En defensa la Casa Blanca tenía en Pepe una certeza absoluta, pues el portugués se adelantaba muy bien y cortaba todo intento por arriba y los pocos por abajo del Atlético. Hace tiempo que es un Top 3 a nivel mundial en su posición y no se puede concebir un equipo sin un caudillo como Pepe.

El momento clave del partido llegó a los 60': salió Gabi y entró de una vez por todas Arda Turán. Simeone se dio cuenta del error que había cometido al no ponerlo de entrada y por suerte no esperó hasta los minutos finales para darle pelota - je- a este maravilloso jugador. Moyá seguía respondiendo bien y de a poco el trámite dejó de ser tan claro y favorable para el Real Madrid. El ingreso de Griezmann por el insulso Jimenez a los 64' fue otro punto de inflexión ya que el medio y el ataque del Aleti se renovaron por completo. Enfrente ingresó Chicharito Hernández por Benzema más que nada para cambiar el aire, algo que le terminó jugando en contra a los de Ancelotti. Sin un nueve de referencia como el francés, los Blancos perdieron la brújula. Isco ingresó por Bale, que ya no influía, en un buen movimiento del italiano que buscaba que su equipo llegase al arco rival construyendo juego y no lanzando centros de manera frenética.


En 72', la estructura del Real Madrid tembló como un boxeador que no cae pero que apoya la rodilla tras un golpe contundente. Griezmann y Turán tocaron perfecto en una baldosa y el turco sacó a pasear a Arbeloa para luego rematar ante un vencido Casillas que vio como el balón rozaba el palo derecho de su portería. Los dos reemplazos habían cambiado definitivamente la cara de un muy opaco Aleti que ahora iba por los premios sin ningún tipo de ataduras. Tardó solo 5' desde ese primer acercamiento Turán para marcar el que sería el 2-1 final. Tras un desborde, el enganche recibió y en un movimiento se acomodó y colocó el balón en la "ratonera". Allí abajo, en la red del costado, donde los arqueros no pueden llegar nunca. El marcador no era justo pero si se podía tibiamente justificar en la leve mejoría de los del Cholo que cuando se liberaron de las tácticas amarretas de su entrenador lograron mostrar una mucho mejor versión. La telaraña se convirtió en la trampa mortal del Real, que nunca se pudo recuperar de aquella primera trompada que casi lo deja K.O. El Aleti terminó tocando ante la desesperación local y armando muy bien el juego, algo que casi capitaliza Griezmann tras ganarle la espalda a Pepe dentro del área. Su disparo se fue desviado porque no tenía tanto ángulo, pero más allá de no haber podido convertir este joven delantero se retiró sabiendo que partido a partido deja en claro que es inamovible en este nuevo Atlético de Madrid.


Se puede seguir hablando de Di María y de Xabi Alonso, pero hay que aceptar que ya no forman parte de este plantel gracias al desastre que es la gestión de Florentino Pérez. Kroos va a ser a la postre quien tome el lugar de Xabi, solo le hace falta la parte defensiva pues la calidad, la elegancia y la visión de juego son más que perfectas en él. James deberá demostrar que no sirve solamente para vender camisetas y hacer algo más que correr ya que si bien se elogia que se entregue al máximo, aún no ha demostrado que puede vestir la gloriosa camiseta blanca. Necesita aparecer en los partidos importantes y muy seguramente lo termine haciendo. Alternar con Di María le habría hecho muy bien, así como el jugar a su lado para poder aprender algunas cosas centrales del esquema y del equipo. Más allá de todo lo que me gusta en lo técnico el colombiano, creo que el Presidente se apresuró demasiado en comprarlo, todo en su afán de armar otro "Equipo de las Estrellas" - y ya sabemos como terminó aquella estrambótica experiencia-. Otro punto flojísimo es la pelota detenido: el pánico a esta acción es algo que se lo deben 100% a Simeone y que se traduce en llenar el área de jugadores que terminan tapando al arquero e impidiéndole que se imponga. Casillas está en un momento particular pero no se lo puede culpar de los dos goles recibidos en este nuevo Derby Madrileño. Los pitidos de una parte del estadio son más que nada políticos y por suerte fueron respondidos por los verdaderos hinchas que lo ovacionaron en cada intervención - lo mismo pasó hoy en la victoria contra el Basel por la Primera Ronda de la UCL donde en el primer remate le convirtieron pero luego tuvo dos tapadas fenomenales-. Navas, como ya dijimos en otro análisis, merece su oportunidad y seguramente la tendrá. Pero no hay que cargar las tintas solamente sobre uno de los mayores ídolos del Real Madrid que le ha dado al club tantos títulos, tantas alegrías y lo ha sostenido en sus peores momentos. Porque es fácil criticar en la abundancia, pero lo más difícil es dar apoyo cuando las cosas no van tan bien. Con Ronaldo como la piedra angular, hay que empezar a construir de cero. Como si toda la reciente gloria no hubiese existido. Darle rodaje a Kroos en el mediocampo y pegarlo a Modric para que el croata lo libere de la función creativa. No renegar de un crack como Khedira también será importante para que la temporada pasada se repita. Explorar la alternativa de Navas y tratar de explicarle a James que debe llenar las botas de un jugador cuyo nombre está marcado a fuego en la historia del club. La defensa es siempre corregible - son todos de lo mejor en sus puestos- y no vendría mal probar a canteranos como Nacho. Bale y Benzema deben tener toda la confianza pues siempre retribuyen con sangre, sudor y golazos. Y lo de Chicharito es algo que no merece ningún tipo de comentario. Es la mejor plantilla del mundo junto a la del Bayern Munich, es cuestión de tiempo y trabajo dos cosas que Ancelotti sabe manejar a la perfección.    

Por aquí hay que empezar a desandar el camino de este nuevo Real Madrid que, más allá de los nombres rimbombantes y de enorme calidad - me niego a meterme en la pavada de los millones contra la "humildad" de los otros clubes- que posee y que han llegado, es un nuevo equipo que deberá ajustar las tuercas que se aflojaron con la salida de dos de sus piezas más importantes. Es simplista el argumento que dice que se debería ganar todo caminando con excelentes jugadores en todas las líneas. Una cosa es un jugador y otra es un equipo. Ancelotti está peleando por encontrar el mejor funcionamiento y algo de eso se vio hasta el ingreso de Turán en esta derrota. Sin suerte y con algunos errores, pero 11 jugadores acoplados y con una idea clara de juego. El Aleti es una moneda echada al aire que siempre parece caer del lado correcto, pero de a poco esa suerte se irá apagando. Y el fútbol hará justicia y castigará a los Simeone, a los que siempre hacen lo posible por no jugarlo.