Ramón Díaz respiraba tranquilo de cara al choque contra Brasil. Su Paraguay había logrado hacerse fuerte ante las críticas y tener una primera fase más que razonable para llegar hasta los Cuartos de Final de la Copa América. Repasemos su recorrido: un primer partido que comenzó muy mal contra la Argentina, que bailó a su equipo durante 45', y que terminó bien tras un cambio de actitud en los jugadores y una muy buena reacción del entrenador desde el banco; la segunda presentación fue contra al débil Jamaica, que no le hizo demasiadas cosquillas pero lo complicó bastante en un partido luchado que se definió en una jugada aislada a favor de los guaraníes; y un cierre contra Uruguay en el que lograron rescatar un empate pero se vieron superados con bastante claridad por la mejor versión del equipo de Tabárez en mucho tiempo. Nada mal para un equipo que hace dos o tres años no podía ganar un partido y que penaba en todos los campos de juego donde se presentaba. El riojano logró levantarle el espíritu a los jugadores, realizó una convocatoria muy inteligente - para darle lugar a la nueva generación, eligió a los pilares de la que se está yendo- y avanzó de fase en un torneo en el que hay que jugar realmente mal y tener muy poca suerte como para quedar afuera, pues de 12 pasan 8, algo que debería reformarse hace mucho tiempo y que le quita prestigio al torneo. No se como le habría ido a esta Paraguay en un formato clásico - como el de antes- de dos zonas de cinco en el que solo pasan los dos mejores de cada una. Pero eso sería teorizar acerca de cosas que por el momento no van a suceder, así que dejémoslo para otro momento. La única verdad, es la realidad; con un estilo muy tosco, que busca destruir el juego del rival en el mediocampo con dos líneas de cuatro bien apretadas, y que usa el contragolpe de la mano de Derlis González y Benitez por las bandas como principal arma ofensiva - sumemos la pelota parada-, Paraguay ha dado sus primeros pequeños pasos hacia una necesaria refundación.
Dunga en cambio, tenía una mochila muy pesada sobre sus espaldas. En un recorrido similar al de su bastante buena primera etapa al frente de la selección mayor brasileña, había sido blanco de todo el periodismo que le achacaba que el equipo no jugase bien. Partiendo una lanza en su favor, hay que decir que el cotolengo que heredó no es gran material para trabajar. Su convocatoria para los amistosos y esta Copa América trajo muchas críticas porque era un híbrido entre algunos históricos asentados, estrellas en plena explosión e ignotos del fútbol local y demás ligas de países tan remotos como intrascendentes en lo futbolístico. Para quien les escribe, la convocatoria de jugadores como Elias, Danilo - que finalmente no estuvo por una lesión-, Firmino, Robinho, Coutinho, Douglas Costa, Miranda, Filipe Luis y un par más estuvo muy bien. Claro que luego se puede discrepar en algunos nombres, pero en líneas generales no fue mala la lista final más allá de que creo que jugadores como Hulk, Fernando, Paulinho, Oscar y Luiz Adriano deben estar siempre entre los 23 seleccionados. Con el poco tiempo que tuvo para trabajar, creo que Dunga es el último responsable de la cadena de horrores que es Brasil desde, digamos, Alemania 2006 hasta el día de hoy. Salir de aquél 7-1 como local le va a costar mucho y más todavía si no dejan trabajar al entrenador y a los jugadores en paz, más allá de que hay ciertos puntos muy preocupantes que tienen que ser atendidos con urgencia por Dunga - que hasta aquí hizo lo que pudo pero mostró nula capacidad para resolver problemas claros sobre la marcha- para evitar que el cráter se profundice aún más.
Brasil formó con su 4-2-3-1 tratando de repetir el buen partido hecho contra Venezuela: Jefferson; Dani Alves, Miranda, Thiago Silva, Filipe Luis; Fernandinho, Elias; Willian, Coutinho, Robinho; Firmino. Dek otro lado de la cancha, Paraguay plantó un 4-4-2 listo como siempre para la guerra en todos los sectores de la cancha: Villar; Valdez, Da Silva, Aguilar, Piris; Derlis González, Aranda, Víctor Cáceres, Edgar Benitez; Nelson Haedo Valdez y Roque Santa Cruz.
El partido comenzó con Brasil moviendo la pelota de lado a lado, mostrando mucha dinámica de cara al arco. Una buena conexión entre Coutinho y Robinho a un toque terminó con un remate del volante del Liverpool que Villar mandó al corner. Paraguay iniciaba replegado, buscando velocidad en la salida con sus dos extremos. Los de Dunga presionaban bien alto, con tres hombres como mínimo sobre la salida rival y un mediocampo listo para raspar aún más que el paraguayo.
Los laterales brasileños se proyectaban constantemente en campo rival, haciendo que su equipo gane volumen en cada avance. Brasil monopolizó la pelota en estos minutos y su armado era muy paciente, esperando hasta encontrar el momento justo para buscar el pase profundo. La dinámica de sus tres mediapuntas y el intercambio constante entre Firmino y Coutinho hacía que la fase creativa de los de Dunga fuese el factor determinante de su dominio. Robinho seguía mostrando todo su talento, con muy buenos arranques y sociedades por todo el frente de ataque.
Como contra Venezuela, los brasileños sabían como desplegarse en ataque y como plegarse en el retroceso, como un acordeón perfecto. Benitez avisó que Paraguay jugaba el partido con un desobrde y centro para Roque Santa Cruz pero el cabezazo no llevó demasiada dirección tras anticipar bien a un inseguro Jefferson. Un buen robo en el medio habilitó un contragolpe en dos pases: apertura con Derlis, carrera y centro bajo que Miranda cortó muy bien antes que Haedo Valdez pudiese rematar.
Los de Ramón Díaz mostraban sus armas en el contraataque, con mucha velocidad y una transición eficiente y sin mucho traslado del balón. Piris se lució recuperando y pasando al ataque constantemente. Todo estaba bastante más equilibrado ahora, pero la pelota seguía en los pies de Brasil. El partido se hizo demasiado trabado en el medio y el juego por un rato quedó totalmente de lado. A los 14', la canarinha rompió el esquema con una gran jugada: Filipe entró por la izquierda, cedió para Robinho en el medio, quien hizo la pausa y habilitó muy bien a Dani Alvez por el costado. Centro de primera del jugador del Barcelona y el mismo Robinho empujó al gol entrando por el centro del área. Un verdadero golazo, un 1-0 muy bien ganado, pues Brasil era superior a un tosco y contragolpeador Paraguay.
Este golpe sirvió para sacar a los guaraníes del fondo y los espacios comenzaron a aparecer con mayor claridad a los 20' de juego. Brasil manejaba la pelota, haciéndola girar por toda la cancha en busca de una buena diagonal que definiese el trámite. Los centrales rechazaban todos los pelotazos frontales de parte de los rojiblancos y aprovechaban que las bandas eran autopistas vacías para que sus laterales trepasen y armasen sociedades con Willian y Robinho.
Paraguay pegaba bastante en el mediocampo, superado por la velocidad de Brasil en el paso al ataque. Se mostraban demasiado inconexos, muy largos, y sin poder salir desde el fondo con comodidad. El equipo de Dunga tejía cada avance a un toque, armando triángulos y buscando con mucha profundidad desde 3/4 en adelante. Hasta aquí, era imposible negar que Brasil estaba haciendo un partido muy bueno y que mantenía el equilibrio entre defensa y ataque.
En el minuto 34', Santa Cruz rompió por el costado y su disparo se fue un poco ancho. La primera llegada de peligro para los de Ramón servía como anticipo de un cambio radical en la dinámica del partido que estaba por llegar. En el momento en el que Paraguay dió un paso al frente, Brasil decidió cederle la pelota - y por ende la iniciativa- a un contrincante que se mostraba cada vez más voraz en el medio y con mucha explosión por los costados vía Derlis y Benitez.
La pelota parada fue el arma elegida para tratar de lograr el empate, pero los centrales mantuvieron la ventaja supliendo las inseguridades de Jefferson en las salidas. Brasil buscó ganarlo de contraataque y si bien pudo armar algunos buenos avances, no fue para nada preciso en la puntada final. Su dominio se había extendido hasta poco más de los 35' del primer tiempo y más allá de no haber sufrido en exceso sobre el cierre, empezaba a mostrar señales muy preocupantes que ya se habían visto en el final del partido previo. El problema era que todavía quedaban 45' para definir quien sería el cuarto semifinalista de la Copa América.
La segunda mitad fue bastante aburrida en los primeros minutos, pero luego de un breve lapso Paraguay se lanzó al ataque sin restricciones. Para compensar, la idea de su entrenador fue buscar cubrir los espacios o dejando a Benitez en el medio cuando Derlis pasaba al ataque o adelantando a uno de sus laterales para formar una línea de 5. Brasil estuvo por un rato plantado en 3/4 pero sin demasiada precisión, chocando contra una dura línea defensiva que siempre lo superó en número.
Santa Cruz volvió a romper en velocidad y Dani Alves estuvo a dos milímetros de cometerle un claro penal. Derlis tomó el tiro libro y su remate potente al primer palo fue contenido por Jefferson con seguridad. Firmino respondió con una corrida por la banda, taco con Filipe Luis que limpió para Willian en el medio. El volante del Chelsea abrió con Elias y la pelota salió demasiado alta. Haedo Valdez lo tuvo con un anticipo de cabeza en el primer palo, pero por centímetros no pudo gritar el empate.
Paraguay era el que estaba mejor parado ahora, en un partido frenético que de a poco pasaba a ser todo rojo y blanco. Con mucha presencia en campo rival y yendo sin parar por las bandas, los de Díaz habían logrado dar vuelta todo. Robinho lanzó muy incómodo por encima del travesaño y Dunga movió el banco rápido para darle velocidad a su equipo: afuera Willian, adentro Douglas Costa para ganar en el mano a mano.
Da Silva lo tuvo de cabeza - cuando no- y Jefferson salvó su valla con una gran reacción. Brasil no reaccionaba y Paraguay lo avasallaba con poco más que corridas por los costados, centros y buenas jugadas de Derlis González y Edgar Benitez. Los dos exteriores estaban haciendo un partido eléctrico: sensacionales en ataque y muy aplicados y solidarios en la fase defensiva. Eran los que marcaban el ritmo en un momento en el que los de Dunga necesitaban la campana para reorganizar las ideas y tomar aire.
Pero eso solo pasa en el boxeo, por lo que siguieron yendo por el medio y chocando contra la solidez de los centrales paraguayos. Tardelli entró por Firmino, en un cambio extraño pero que se puede explicar con la intención de abrir el campo y lanzarle centros a un jugador que sí es referencia. En la jugada siguiente, Valdez ganó con autoridad sobre el costado, tocó con Derlis y todo se fue al diablo: centro, despeje, bola que no lleva riesgo y una mano tan idiota como inexplicable de Thiago Silva. La segunda vez que lo hace en el año y que sumado a su llanto en Brasil 2014 deberían significar su eyección del primer equipo por un buen tiempo hasta que se equilibre emocionalmente. Derlis González tomó la responsabilidad y con mucha calidad puso un 1-1 lógico y merecido por como venía el partido. Lo particular es que Brasil no exhibía fisuras en el juego aéreo y Paraguay parecía empezar a frustrarse de tanto perder allí, pero un regalo logró darles un gol que posiblemente de seguir así no hubiesen encontrado más allá de merecerlo.
Bobadilla ingresó de inmediato por Haedo Valdez para darle más peso a la ofensiva. Ramón salió a ganar el partido, ni pensó en especular con ir a los penales. Brasil estaba muy expuesto, largo y en extremo espaciado, una invitación a que Paraguay lo liquide. Buscó intercambiar golpe por golpe y recuperar la pelota, pero se acordó demasiado tarde de que había que jugar para salir con una sonrisa y la clasificación. La especulación lo llevaba al borde del abismo y esto se veía en las caras de los jugadores y del cuerpo técnico. Sus rivales eran la contracara, el tiburón que olió sangre desde el minuto 30' del primer tiempo y que no se conformaba con solo haber herido de muerte a su presa. Quería destruirla por completo, sacarla del juego.
Derlis comandó un gran contragolpe y su remate bien esquinado fue tapado por Jefferson ya sobre el minuto 80'. Coutinho respondió con una buena corrida y un remate, previo enganche, que picó ante Villar pero fue muy bien resuelto por el experimentado arquero. Dani Alves impactó muy mal un tiro libre en posición inmejorable y Ramón Díaz mandó al talentoso y prometedor Romero a la cancha por un agotado Benitez. El esquema era un claro 4-3-3 que estaba completamente lanzado a por la victoria.
Bobadilla encaró, abrió con Derlis y este habilitó con un centro rasante a Roque Santa Cruz, que no le pudo entrar bien a la pelota. Paraguay merecía irse ganador, pues había logrado reducir a Brasil al tamaño de un grano de arena, que solo se limitaba a aguantar cerca de su arquero y a esperar que la suerte lo ayudase en los penales. Ribeiro ingresó por un Robinho intermitente en el segundo tiempo, pero lo de Dunga nunca dejó de ser conservador. Sus dirigidos siguieron chocando sin parar y Romero tuvo la última con una buena jugada y un disparo que se fue ancho para la tranquilidad de sus rivales.
En los penales, se confirmó que las caras de susto y decepción en Dunga y los jugadores brasileños no eran casualidad. Las ejecuciones fueron flojas y los jugadores paraguayos - salvo Roque que emuló el penal de Murillo contra la Argentina- tuvieron sangre fría y calidad para convertir sus tiros desde los doce pasos. Paraguay era Semifinalista y Ramón Díaz culminaba su primera gran victoria: les había tapado la boca a quienes lo criticaron desde el primer segundo, de la mano de mucho trabajo y mucha inteligencia para leer cada uno de los partidos que jugó. Le queda la Argentina y puede soñar sin problemas con llegar a la Final de la Copa América en su primera incursión oficial como entrenador de una selección, pues en la primera fase demostró que le puede plantar cara a los de Martino. Gane o pierda, el equipo guaraní terminará con la sensación de que el primer examen fue superado. Resta ver como se desenvuelve este plantel en las eliminatorias y como el entrenador maneja la transición, pues es cierto - como para bajar un poco la espuma- que Paraguay ha ganado solo un partido en este ciclo y contra la débil Jamaica. Se puede elegir ver el vaso medio lleno como hizo Ramón y decir que pocos le pudieron ganar o entender que el formato de este torneo (que debe ser cambiado de inmediato, pues permite que casi cualquiera siga adelante) ha permitido que un equipo interesante, luchador pero aún en proceso de reconstrucción, haya llegado tan lejos. Dunga ya regresó junto a los jugadores a Brasil y dejó en claro que buscaba ganar experiencia y que lo importante es la clasificación al Mundial. Claro que esto busca esconder sus falencias desde el banco - sobre todo la poca cintura y audacia- así como que la mayoría del plantel no le rindió. De sus palabras hay algunas cuestiones valiosas, de las que me quedo con una sola: Brasil debe dejar de jugar pensando que tiene el talento absoluto y que gana con la camiseta, pues hace mucho tiempo que no posee ni una formación ni un estilo definidos. El Pentacampeón del mundo hace rato que agrupa jugadores de buen pie - y algunos de no tanto- y que se encomienda a ellos para obtener victorias que cada vez son más difíciles de conseguir y que demasiado seguido terminan siendo duras derrotas. No se si Dunga es el indicado para darle un nuevo estilo a Brasil pues el cambio brusco sufrido desde 1986 hasta aquí no se debe solamente a los directores técnicos sino a una manera de ver, administrar y analizar el fútbol que hay en Brasil, Ramón Díaz y Dunga: uno que se llenó de certezas y puede trabajar tranquilo; otro que no tiene más que dudas y que sabe que nunca será dejado en paz. Las dos caras del fútbol en un mismo partido.






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