Hay que comenzar este análisis diciendo que los argentinos en su mayoría saben bastante poco de fútbol. Más allá de alentar, ponerse nerviosos y putear a los jugadores si no ganan, no pueden realizar ningún tipo de análisis razonable acerca de lo que sucedió ante sus ojos en el campo de juego. Son los que no ven nada bueno cuando se pierde o empata - aún si se jugó muy bien- y que se deshacen en elogios si se gana - sea como sea, con trampa, inmerecidamente, mostrando poco y nada, etc.-. Son los que siguen hablando de Bilardo y de Italia 90', los que reivindican un fútbol que se juega sin la pelota y que apunta a juntar muchos jugadores en la mitad de la cancha, matar a patadas al rival y ver como las figuras pueden solucionar el problema de contragolpe. Creo que Bilardo tuvo la suerte de contar con el mejor Diego Armando Maradona de todos los tiempos, con el hombre en la cima de su carrera, porque si no habría sido un entrenador con logros importantes en el club de sus amores y un fracaso a nivel selección. Si miramos sus experiencias como entrenador en el exterior, veremos que no fue en absoluto un hombre venerado por quienes saben algo de este hermoso deporte ni mucho menos. Y agrego algo antes de que todos salten a mi yugular: tampoco obtuvo resultados, porque si bien el "estilo" de Bilardo siempre fue trabar, pegar, usar todas las trampas posibles (imaginen que del incidente Jara-Cavani, opinó que está genial porque es "parte del folklore"- y tirarla para adelante, después de esos dos Mundiales - y un poco antes también- no fue un técnico de esos que dejó su huella a nivel de clubes. Me dirán que con una Copa del Mundo y un sub-campeonato en hilera alcanza y sobra, pero sin desmerecerlo por completo, no fue total responsabilidad suya el haber llegado tan lejos. Los dos nombres y el apellido de quien fue la punta de lanza de ambas gestas, ya fueron mencionados unas líneas más arriba y todos los conocemos y amamos incondicionalmente.
Desde la salida de José Néstor Pekerman tras la caída por muy poco ante Alemania en su mundial, la Selección Argentina no tiene un estilo definido. Menos que menos se embarcó nuevamente en un proyecto a largo plazo, guiada por un ser nefasto como Julio Grondona que siempre comulgó con la filosofía futbolística de Bilardo al punto de tenerlo dentro de la AFA cuando hace más de 20 años que no puede lanzar siquiera un concepto razonable respecto de lo que la Argentina - o cualquier otro equipo- hace en la cancha. Con Basile hubieron ratos de buen fútbol, siendo el pico esa genial Copa América 2007 en la que Messi y Riquelme brillaron juntos, pero el ciclo terminó con malos rendimientos y un manto de sospecha que al día de hoy sigue inquietando. De los ciclos de Maradona y Batista, lo mejor es no hablar, porque el rendimiento y los resultados fueron espantosos aún contando uno con la curva ascendente de la actual generación y el otro con los resabios del plantel de Sudáfrica 2010. Convocatorias terroríficas y numerosas sin ninguna razón más que vender humo - y ganar algo de dinero valorizando a un par de ignotos-, un esquema que varió mil veces, ningún estilo de juego y la nula convicción de parte de los jugadores que tras pasar la emoción inicial de tener a Diego como DT hicieron una de las peores Eliminatorias de la historia. La contratación de Sabella tras el marcado fracaso de esta etapa a la que yo considero una sola a pesar de haber tenido dos entrenadores fue el comienzo de un camino sinuoso y complejo que terminaría - por varias cuestiones, algunas fuera de lo futbolístico- en la Final de la reciente copa mundial. De la mano de un entrenador mucho más serio, que abogó desde el día uno por el equilibrio, hubo cierta estabilidad entre el 4-4-2 y el 4-3-3. El problema que tanto acechó al ex DT de Estudiantes nunca fue resuelto y el equipo siempre dependió de lo que hiciesen Messi, Agüero e Higuaín arriba con un fenomenal Di María como ladero desde el mediocampo. La "manta corta", esa analogía tan gastada, fue el símbolo de una etapa que en los resultados trajo una clasificación sin mayores problemas a un mundial en el que se llegó hasta el último partido tras haber sufrido en todos los partidos previos. Pero se valoró la llegada, que no estuvo exenta de un conservadurismo total pues la lesión de Di María hizo que el equipo terminase jugando con un 4-4-1-1 bien apretado en el que sobraba la lucha y faltaba el buen juego asociado. Armando guerras en todos los partidos, hasta contra un rival paupérrimo como Irán que si no fuese por Messi y Romero le habría sacado como mínimo un punto, se estuvo a puertas del objetivo. El ciclo Sabella estaba más que terminado, los agradecimientos se hicieron y se eligió a Gerardo Martino para comandar esta nueva era. El Tata llegaba tras un paso más bien normal - ni genial ni pésimo- por un Barcelona que recién este año terminó su caída pos Guardiola y pudo reacomodarse ganando todo de la mano de una nueva generación y solo un poco de la vieja guardia que tuvo Martino en su estadía. Grondona había aceptado a regañadientes, porque nadie más que él odiaba la visión a largo plazo y la idea agresiva y vistosa del ex entrenador de aquel Newell's que le devolvió aire al fútbol argentino.
La primera gran prueba de la selección de Martino era esta Copa América y a decir verdad no le ha ido nada mal. Sin dudas que hubieron mejores y peores partidos, pero en ninguno de ellos fue superado por su rival y de a poco fue corrigiendo ciertos vicios que eran continuidad del ciclo anterior. Claro que con la nueva propuesta, se generan otros problemas, pero ninguno de ellos ha demostrado ser en exceso determinante para inclinar la balanza en contra de la Argentina. Muchos todavía dicen que no hemos jugado con "rivales de fuste", más allá de que se le ganó un amistoso muy bien a una Alemania llena de titulares meses después de aquel partido fatal y que se dejó atrás a dos rivales duros en el contexto Sudamericano como Uruguay y Colombia ¿O ya no son más elogiables el "trabajo de grupo y seriedad" del Maestro Tabárez como lo era cuando ganaba todo entre 2010 y 2011 y que era puesto como ejemplo ante el desorden argentino? ¿O la Colombia de la que todos decían hace menos de un mes que era uno de los 3 mejores equipos del mundo ya no lo es más, y apenas es un puñado de talentos dispersos en la cancha con un entrenador que no le encuentra la vuelta? Habría que revisar un poco la manera que tenemos como comunicadores y analistas de calificar a ciertas actuaciones individuales y colectivas en el fútbol, pues los vientos suelen cambiar bastante rápido y uno suele quedar preso de sus palabras si es que no las supo elegir con sabiduría y sentido común. La idea del Tata Martino, que ya hemos tratado en profundidad, bien merece un breve repaso antes del análisis del partido: la pelota al ras del piso siempre; presión alta con los centrales adelantados y los laterales llegando como volantes ofensivos; rotaciones posicionales en el mediocampo y delantera para generar dinámica en la circulación de la pelota; armado de cada ataque con paciencia hasta encontrar el lugar para buscar la diagonal del compañero con un pase al espacio vacío; avance progresivo del equipo hasta 3/4 de cancha y explosión de allí en adelante por las bandas o el centro del área; triangulaciones en corto en todo el campo de juego; ataque constante, nunca aguantar y salir de contragolpe por decisión propia; marcaje en zona, no al hombre, buscando ocupar los espacios inteligentemente. Se le pueden sumar algunas cuestiones más, pero todo equipo de Martino tiene la pelota, juega por abajo, busca ser protagonista todo el partido y nunca va a ser mezquino ni proponer un estilo destructivo.
Todos estos elementos que forman parte de "la idea de juego" de la actual Selección Argentina fueron ejecutados con mayor y menor éxito por el elenco estable que Martino viene convocando desde el primer amistoso. Pero lo relevante es que nunca se dejó de intentar jugar así, se abrazó el estilo, el entrenador logró convencer a los jugadores al punto de que ni en en los momentos de mayor "riesgo" (digamos, los cierres contra Paraguay y Uruguay) renunciaron a él y buscaron seguir convirtiendo goles en vez de replegarse y pegar patadas en el mediocampo. Claro que hubieron cuestiones que no anduvieron del todo bien, que fueron marcadas por todos - inclusive por quien les escribe- pero de a poco las fichas se fueron acomodando y en los dos partidos vitales del campeonato se apabulló al rival. Vayamos a lo sucedido en la segunda Semifinal de la Copa América Chile 2015:
Martino fue con la formación de siempre tras el gran partido contra Colombia: Romero; Rojo, Demichelis, Otamendi, Zabaleta; Mascherano, Biglia; Pastore; Di María, Agüero, Messi. Un solo cambio en su flexible 4-2-1-3, que era el de Demichelis por un Garay enfermo. Ramón Díaz puso un once listo para luchar pero que, según sus palabras, saldría a atacar desde el primer minuto: Villar; Bruno Valdez, Da Silva, Aguilar, Piris; Derlis Gonzalez, Víctor Cáceres, Ortíz, Edgar Benitez; Haedo Valdez; Roque Santa Cruz. Un clásico 4-4-1-1 que necesitaría una actuación mucho mejor que la realizada ante Brasil - que no había sido para nada mala en general- si quería tener chances de llegar a una Final histórica.
Paraguay salió a presionar ante una Argentina que comenzó tocando con libertad y sin mayores problemas a pesar de la presencia rival en su campo. Los espacios estaban bien marcados, esta vez el equipo de Ramón salía pensando que podía proponer de igual a igual, envalentonado por el cierre del partido contra Brasil y aquel lejano empate contra los de Martino en la primera fecha. Las primeras salidas argentinas fueron mediante contragolpes bien organizados, con pocos toques y desplegando a los laterales.
Biglia lanzó la primera habilitación de la noche para Agüero que no logró ganarle a Da Silva por muy poco. La salida de los albicelestes era larga, buscando a Messi o a Di María, no confundir esto con un pelotazo a la nada porque era más bien todo lo contrario. Sin tanto toque hacia los costados y más directo, el equipo argentino empezaba a imponer condiciones. Pastore se asoció con Di María, este tocó al medio con Biglia y el volante con tiempo terminó regalando la pelota en la puerta del área.
Messi fue anticipado en el medio en una salida trunca, centro para Haedo Valdez que se la bajó muy bien a Roque pero el remate del nueve se fue un poco ancho. En ese movimiento, se vió que Demichelis se estaba acomodando todavía pues no se coordinó bien con Otamendi y dejaron un espacio que pudo haber sido letal. Las imprecisiones en el mediocampo comenzaron a llegar, merced de que sus volantes centrales estaban realmente flojos a la hora de distribuir el balón.
Biglia se redimió con un buen pase para Zabaleta que entró como una tromba y centró atrás para que Pastore termine rematando incómodo a las manos de Villar. Paraguay quería mostrar que no era menos y desplegaba a los exteriores como delanteros por los costados y cerraba a los dos nueves. Cuando el partido tenía síntomas de enredadera en el mediocampo, llegó el grito al cielo: gran centro de Messi a la salida de un tiro libre, Rojo pellizca la segunda pelota tras la lucha aérea y de media vuelta la clava abajo bien lejos de las manos de Villar. Un 1-0 hecho en la ley de los paraguayos, aprovechando un recurso no tan usado por el equipo en este torneo.
Benitez buscó reaccionar con una corrida pero Zabaleta lo cubrió con mucha autoridad y tranquilidad. Ramón mandó a armar un 4-2-4 sin dudas audaz pero que no se acomodaba a lo que estaba pasando en la cancha. La línea defensiva de la Argentina siguió bien plantada ante los embates - que no eran más que corridas individuales hacia adelante- y la el mal pulso del ex entrenador de River quedó expuesto.
Agüero ganó muy bien arriba, Messi encaró y cuando todos pensamos que la había perdido por tardar un segundo más, hizo la pausa de nuevo y dejó un tendal de marcadores en el piso. Toque hacia adelante con Pastore y remate del enganche que Villar pudo controlar por estar bien sobre el primer palo. Lo de los guaraníes era pésimo, porque trataban de atropellar a un contrincante que estaba sólido en el medio y la defensa y que estaba esperando que haga justamente eso. Para colmo, Derlis González salió lesionado en una jugada donde Di María le trabó la pelota sin tocarlo. Bobadilla entró en su lugar, pero el eje creativo - el distinto- de Paraguay había durado muy poco en la cancha.
Valdez trató de ganar por enésima vez de guapo y chocó de nuevo contra un defensor, esta vez con Rojo que ni se inmutó ante la presión. Una buena salida del fondo, con paciencia y por abajo como quiere el Tata, terminó en un golazo: Zabaleta ganó metros, tocó con Messi que recorrió hasta que Pastore llegase por el medio y cedió con el Flaco que de primera y cruzado dejó sin respuestas a Villar. Un 2-0 lógico y que ya empezaba a quedarse corto, una fiesta de una Argentina que había manejado con mucha inteligencia un partido complicado. Al muy buen juego se le sumaba nuevamente la eficacia, algo que se le venía achacando al equipo y que aparecía en el momento justo.
Los de Martino siguieron ahogando a un rival que encima se quedó sin otro pilar: afuera desgarrado Roque Santa Cruz y adentro Lucas Barrios, que sorpresivamente no vió tantos minutos esta Copa América habiendo sido siempre decisivo. La sociedad Messi-Pastore brilaba, deleitando a todo el que ame el fútbol con su infinita variedad de recursos para juntarse y romper caderas al por mayor. Biglia siguió errático, ahora con un mal pase, que Rojo logró solucionar con un corte ante Barrios.
Argentina presionaba muy arriba cada vez que perdía la pelota y el marcaje en zona era tan eficiente que no tardaba casi nada en recuperarla y volver a la fase ofensiva. A puro toque arrinconaba a un rival que solo atinó a tirar pelotazos desde el fondo hasta el cierre del primer tiempo. La dinámica fue otro punto clave, porque Messi y Pastore al flotar en 3/4 de cancha sin posición fija aparecieron siempre por todos lados y enloquecieron a los defensores y volantes rivales.
Agüero cumplía también una gran tarea, saliendo del área para ayudar en la recuperación y jugando entre los centrales para que los demás hagan bien ancho el campo de juego. Un robo suyo derivó en otra jugada clara: Pastore y Messi hicieron un 1-2 supersónico y Lio no pudo llegar a la muy buena habilitación en una baldosa lanzada por su par creativo.
Gran partido, enorme, de Lionel Messi en este primer tiempo. Encarando sin parar, corriendo todas las pelotas, dejando rivales en el camino como si fuesen conos y enlazando siempre con Pastore y Di María. De tiro libre lo tuvo tras recibir una muy dura falta, previo toqueteo magistral del equipo, y su disparo preciso pasó muy cerca del ángulo. El Tata sonreía porque su equipo era puro toque, intensidad, presión y ataque; una versión fenomenal de esta nueva Argentina que - SI- mostraba alguna que otra falla en el retroceso pero era mínima y bien solventada por una marca en zona eficaz.
De tanto ir con la cabeza agachada y sin muchas ideas, Paraguay se encontró con una oportunidad. En el único error serio de la Argentina, descontó y recuperó el alma por unos minutos: Valdez ganó arriba en una mala salida, muy previsible, desde el fondo y le quedó a Barrios que casi sin pensarlo siquiera giró y liquidó con un bombazo esquinado a un Romero que nada podía hacer ante lo mal que marcaron sus compañeros. Un 2-1 extraño, porque a pesar de haber quemado las naves hace rato, los de Díaz no mostraban nada que los hiciese merecedores de un gol siquiera.
Lógicamente, los minutos de cierre vieron a una Argentina más replegada por este golpe: Valdez apuró una definición tras una buena jugada por el medio y Bobadilla recibió muy bien de Benitez, enganchó perfecto haciendo pasar a su marcador y su remate se fue altísimo cuando tenía opciones de centro. Fueron 3' de furia en los que algunos fantasmas volvieron y la selección no se pudo acomodar tras haber recibido un golpe que si bien no había sido de K.O lo había hecho apoyar la rodilla en la lona por un rato. La solución residía en no repetir lo del inicio del torneo, había que salir a liquidar el partido desde el saque del medio.
Y vaya si eso sucedió, porque apenas pasados unos minutos de iniciada la segunda mitad, Biglia salió jugando, tocó corto con Messi y Lio se la dejó a Mascherano. El mediocentro argentino habilitó a Pastore que hizo la pausa mientras Di María picaba a toda velocidad y lo dejó solo al del Manchester United para que defina todo. Enorme toque cruzado del número 7 de la Argentina ante Villar y un 3-1 que desató la locura y enterró a los fantasmas para siempre. Un verdadero golazo, otro más, con el sello del Tata Martino pues nuevamente nació desde la salida con la pelota al ras del piso desde la propia área.
Pero esto no estaba terminado: una enorme jugada de Messi encortada, dejando atrás a como mínimo 4 marcadores con un solo movimiento y una habilitación exquisita para Pastore. El Flaco no pudo doblegar a Villar pero Di María entró por el medio y empujó la pelota al fondo de la red. Un 4-1 tremendo, doblete para un jugador que venía siendo criticado pero que nunca había jugado mal ni mucho menos. La Argentina tuvo el mérito de no abandonar la idea, de seguir jugando igual que en el primer tiempo, tocando y atacando sin cesar para aplastar a un Paraguay que ya quería irse al hotel.
Con el toque y el vértigo como ejes centrales, la Argentina siguió abriendo grietas en el fondo paraguayo. Los laterales estaban perdidos y los centrales no podían cubrir a todos sus compañeros. El armado de cada jugada era veloz y a un toque, con los laterales ya instalados como delanteros prácticamente. En una gran jugada de lado a lado, Di María habilitó desde la banda a Pastore que no llegó a empujarla de milagro.
Paraguay empezó a pegar mucho en el medio, como símbolo de su impotencia ante un vendaval que con su toque fluido y constante no lo dejaba armar ni un solo contragolpe. No era un equipo que gozaba con malicia a un rival caído, sino uno comprometido que seguía jugando como si el partido estuviese cero a cero. Mucho habían hablado desde el lado paraguayo y desde afuera acerca del primer choque que terminó 2 a 2, mucho...
También era un festival de lujos, pero lo remarcable era la inteligencia para manejar la pelota y abrir una innumerable cantidad de espacios - que se sumaban a los que ya existían por el horror táctico planteado por Ramón Díaz- que destruían aún más a Paraguay. Enorme partido de Javier Pastore, el que mejor interpreta la idea de Martino, como siempre fenomenal con la pelota pero además muy aplicado en la marca y llegando siempre por el centro sin pelota como un delantero punta más. Comenzando cada jugada, siendo el líder del equipo junto al mejor jugador del mundo en un romance que va a ser muy largo y muy beneficioso para la Argentina.
Paraguay corría literalmente atrás de la pelota, no hacía nada más. Los de Martino trasladaban rápido y rompían por los costados con Di María y los dos laterales. El gol del contrincante había sido una casualidad, una bomba de humo que se dispersó muy rápido por la excelente labor de los argentinos. Messi encaró ante tres y pasó sin problemas, hizo un 1-2 con Pastore pero el balón le quedó un poco atrás. Se las ingenió para acomodarse y rematar muy bien, pero Villar le ahogó el grito y Da Silva la mandó a la estratósfera como pudo.
Pastore y Messi volvieron a armar juego a un toque, ahora sumando a Di María por la banda izquierda. Ingresaron al área dejando muñecos atrás y Lio fue derribado con una dura falta no cobrada. No importó demasiado, estuvo mal Ricci pero mostró algo de piedad para los paraguayos en un partido en el que nada se le escapó de las manos y cobró bien para los dos lados. Banega ingresó por Pastore, para empezar a cuidar a los hombres clave de cara a la gran Final.
La presión era incesante, así como la intención de atacar y el orden táctico. Una paliza en todo sentido de parte de Martino y sus jugadores, que convirtieron a un Paraguay aguerrido y desfachatado en un equipito inofensivo. Bobadilla remató ancho tras un pase de Piris y Gago ingresó por Mascherano, haciendo su debut en esta Copa América tras un muy buen primer cuatrimestre con Boca y ya recuperado de una molestia.
Con la Argentina tocando y tocando, sin mucho apuro ya, el quinto gol terminó llegando. Otro golazo con la pelota siempre al pie: Gago encaró, hizo la pausa, tocó corto con Messi y arrastró la marca por el medio. El 10 abrió con Di María y este le puso un centro/pase sensacional al Kun Agüero que se anticipó arriba y la clavo en el ángulo con un gran cabezazo. Todo esto para decretar un 5-1 que ya era indescriptible, una lección de fútbol.
Higuaín entró por el Kun y metió el sexto gol: jugada a un toque entrando al área entre Messi y Banega, el del Sevilla lo deja solo a su amigo que es trabado por mil piernas. La pelota sale del embrollo y el Pipita de primera, como buen nueve, de primera coloca la pelota arriba lejos del arquero. El 6-1 y la goleada histórica que había llegado, esa que todos pedían desde el primer partido, para felicidad de un gran equipo.
La Argentina cerró la paliza a puro toque, mientras quienes atacaban hasta hace poco desde el micrófono y desde los medios gráficos comenzaban a hacerse los boludos. A decir que ellos siempre gustaron del estilo, pero que hay que marcar las cosas malas porque si no bla, bla, bla bla, bla. La Argentina de Gerardo Martino jugó otro muy buen partido, el mejor sin dudas de este ciclo, y en una etapa decisiva. La segunda final en poco más de un año para este plantel, con un estilo y una autoridad completamente inversas a las del Mundial 2014. Vertical, dinámica en el toque, con rotaciones en el trío de ataque, flexible en el esquema táctico, muy veloz en sus movimientos ofensivos y defensivos, solidaria para marcar con tenacidad e inteligencia, con transiciones ideales y con rendimientos verdaderamente altos de Messi, Di María, Pastore y Agüero que son sin duda alguna los pilares futbolísticos del proyecto de Martino.
Muchos siguieron diciendo que no les gusta como juega este equipo y que tampoco les gusta el entrenador. Están en todo su derecho de que eso así sea, no se trata de juzgar los gustos futbolísticos de cada uno. Lo que molesta es el ensañamiento que hay para con el Tata y lo que tiene proyectado para la selección mayor y las juveniles. Hace poco pedíamos un DT serio que trajese una idea vistosa, un proyecto integral a largo plazo y un estilo que convenciese a los jugadores. Queda claro que hemos encontrado a la persona que reúne estos tres atributos y por suerte ha logrado insertar sus pensamientos e intenciones en el plantel en muy poco tiempo. Pero nada parece conformar al fanático argentino, nada parece gustarle, porque si se juega mal y a los pelotazos como con Sabella también se criticaba al equipo y se pedía...lo que estamos viendo hoy en cada partido. Hay que disfrutar muchachos y dejar de lado esta idea de que cada uno de nosotros tiene la verdad universal. Como bien dijo Martino, al que insólitamente le preguntaron por el gol de Paraguay (!!!!!), esta Final no es más que el comienzo. Y lo que se viene, créanme, va a ser sensacional porque no hay nada más lindo que una idea de juego que honra al fútbol y un equipo dispuesto a abrazarla para nunca dejarla ir.










No hay comentarios:
Publicar un comentario