viernes, 19 de junio de 2015

Argentina 1 - Uruguay 0: Un triunfo con actitud, inteligencia y mucho juego; Un clásico que siempre es duro y deja enseñanzas




Tras el ambiguo debut contra Paraguay, la Argentina llegaba al clásico frente a Uruguay con muchas cosas que demostrar. Primero, que las críticas hacia Martino - llegaron a pedir su renuncia- habían sido excesivas. Esto solo lo podrían lograr sosteniendo la idea de juego, ya explicada en el análisis del partido contra el equipo de Ramón Díaz, y siendo mucho más inteligentes a la hora de administrar el trámite una vez conseguida la ventaja. Un planteo táctico como el de Martino exige un intensidad absoluta durante los 90' o por lo menos más de la mitad del partido. Tamaño desgaste lleva a un cansancio lógico que los jugadores deben aprender a administrar con el paso del tiempo, más allá de que todos sabemos que los plazos en nuestro fútbol suelen basarse en ese falso dios que es el resultado. Desde aquí lo criticamos al ex entrenador del Barcelona por los cambios en aquel partido y quien les escribe se permite agregar que el principal problema fue que llegaron demasiado tarde y que por ende esos nombres eran los equivocados. El Tata buscó jugar mano a mano porque sabía que lo podía ganar, algo que es muy lógico y audaz. A fin de cuentas sus jugadores generaron desde el descuento paraguayo - y ni que hablar unos minutos antes- hasta el empate, no menos de 3 situaciones netas de gol que no pudieron aprovechar prácticamente solos ante el arquero. Lo único que falta es que le pidamos a Martino que ingrese a la cancha y convierta lo que sus dirigidos malogran ante los arcos rivales. Siguiendo con la lista, la Argentina tenía otro desafío: el demostrar que era capaz de combinar juego y garra al mismo tiempo para vencer a un seleccionado que más allá de estar peor a cada año del interminable "Ciclo Tabárez", siempre lucha y consigue buenos resultados en base a un juego brusco y cortado que deriva en la búsqueda larga - por arriba preferentemente, pero de vez en cuando los de buen pie la tocan también- del/los punta/s dispuestos bien lejos del mediocampo. La ausencia de Suárez hacía de Uruguay un equipo demasiado débil, pues consideren que hasta con la estrella del Barcelona ya de por sí las cosas no pintan demasiado bien. Finalmente, era necesario dar un golpe de autoridad sobre la mesa y quedar prácticamente clasificados a la siguiente fase de la Copa América. Es sabido que hasta perdiendo este compromiso la Argentina hubiese clasificado de cualquier manera, pero había que espantar los fantasmas de la nefasta edición de 2011 en la que se decepcionó primero desde el juego y luego desde los resultados. Más allá de la necesidad de consolidar, de soldar la idea en el ADN del plantel era imperante obtener una victoria que se basase en las máximas del Tata pero que a la vez no prescindiese de una bajada al barro como se lo hizo, por ejemplo, durante todo el pasado Mundial que vió a la Argentina a tan solo un partido de una consagración histórica. 

Martino alineó un once similar al que mandó a la cancha contra Paraguay. Un 4-3-3 como siempre, pero con algunos cambios ajustados a las características de su rival: Romero; Zabaleta, Garay, Otamendi, Rojo; Biglia, Mascherano, Pastore; Messi, Agüero y Di María. Un doble cinco claro, listo para morder ante un equipo que hace de cada partido una guerra en el mediocampo. Un enganche bien definido en Pastore, suelto adelante de Biglia y Mascherano, con la obligación de mantener unido al equipo tanto en fase ofensiva como en la defensiva. Messi se podía acercarse para conformar un 4-2-2-2 muy parecido al que usa Pekerman en Colombia pero su lugar de partida era la banda derecha como lo viene siendo hace tiempo en el Barcelona y la selección. Un nueve de referencia en Agüero y Di María con órdenes de colaborar en el retroceso más que nunca, tal cual lo hacía en aquel fantástico Real Madrid campeón de la Champions League. Tabárez decidió hacer algunos movimientos en su 4-4-2 para lograr complicarle el partido en el mediocampo a su contrincante: Muslera; Pereira, Godín, Giménez, Álvaro Pereira; Álvaro Gonzalez, Arévalo Ríos, Lodeiro, Cristian Rodríguez; Rolan y Cavani. La idea era la misma de siempre: líneas apretadas y transición veloz al ataque con pelotazos al punta y al mediapunta. Pero esta vez venía reforzada por la presencia de un luchador total como Arévalo Ríos y la salida de alguien más creativo y veloz como Carlos Sánchez. 


Todo comenzó tal cual lo imaginábamos: el mediocampo intransitable, con la Argentina dominando pero chocando en 3/4 con la marea de piernas - bien colocadas tácticamente, claro- uruguayas. Cavani estuvo a punto de abrir el marcador con un cabezazo, pero Garay le ganó muy bien justo antes de que rematase. La idea de Uruguay era marcar en escalera y salir velozmente de contragolpe, como lo demostró esta primera jugada del partido. La cobertura de Rodríguez y González en el retroceso era muy buena y Lodeiro siempre se acoplaba perfecto a la fase defensiva, tal cual nos tiene acostumbrados en Boca Juniors. 

Pastore ya brillaba en el centro de la cancha, desprendido del dúo Biglia-Mascherano como estaba previsto. La marca quedaba para ellos, que siempre lograban salir con mucha simpleza, y el juego estaba en manos del jugador del PSG. Movilidad por todo el frente de ataque, pidiéndola siempre y tratando de habilitar a los delanteros con buenos pases filtrados. La presencia de Zabaleta y Rojo en ataque era notoria y molestaba mucho a la línea defensiva uruguaya que de la mano de dos centrales impresionantes como Godín y Giménez se mantenía en pie. 

El error de la Argentina era no poder arrastrar tanto a los defensores fuera de la cueva. La profundización solo sería posible si los huecos eran abiertos con buenas diagonales y pases punzantes. Pastore armó la primera de su equipo en 8': pausa, amaga a disparar y apertura con Di María que disparó de primera, bien cruzado, para encontrarse con un Muslera bien colocado. En el otro lado de la cancha, Mascherano seguía armando un triángulo con los centrales para salir jugando y lo hacía con mucho éxito. 

Rojo trepó muy velozmente, tocó con Di María y el del Manchester United controló pero no pudo darle con demasiada comodidad a su volea. La Argentina mostraba un óptimo funcionamiento ante un rival que no regalaba un solo metro de la cancha, lo cual engrandecía su actuación. Dinámica y presión constantes, con Pastore como el rendimiento sobresaliente de un equipo que no tenía a Messi como eje gravitatorio. Muy recostado sobre la banda, perfectamente marcado, y sin poder meterse en el circuito de juego más allá de sus tremendas apariciones esporádicas. 


Agüero luchaba como único delantero prácticamente, aunque Godín y Giménez hicieron un gran trabajo de cobertura para que el jugador del City no pudiese girar. El esquema era por sobre todas las cosas un 4-2-3-1 en estos momentos del partido, y la esencia de este dibujo es la posesión y la explosión desde la mitad hacia adelante. Uruguay no hacía pie en sus intentos de trabar el partido, algo que le había funcionado en los primeros minutos pero que ahora lo veían aguantando cada embate de la Argentina. Los laterales habían armado una autopista libre por sus bandas y Di María y Messi ya tenían un despliegue que era difícil de contener.

En casi 20', el crack del Barcelona estaba apareciendo y haciéndose importante en el armado de juego. Bien cerca de Pastore y asociándose con Di María cada vez que tuvo la oportunidad. Paciencia pura para los de Martino, con dos o tres velocidades más a la hora de buscar el pase profundo respecto del juego contra Paraguay. Messi tuvo uno de sus arranques, cedió para Pastore que la dejó correr un poco y remato bajo a las manos de Muslera. Sin ser un vendaval, la Argentina era superior con claridad y solo le faltaba exhibirlo en el marcador. 

Pero desde enfrente llegaban señales peligrosas: gran pausa de Lodeiro, toque con Cavani a espaldas de Otamendi, centro del nueve del PSG y Rolan no la empujó por obra y gracia de un milagro. Tras ese corner, Godín cabeceó apenas ancho, dejando en el área de la Argentina un par de advertencias. Lodeiro era el conductor de un Uruguay que no estaba muerto y que en cada contragolpe generaba peligro. 

Toqueteo puro: Pastore-Di María-Messi, recorte de Lionel y pelotón para Agüero que define muy bien abajo de cabeza. Enormes reflejos de Muslera para salvar una vez más su valla merced de una ubicación perfecta. Di María y Pastore volvieron a conectarse y el volante le tiró un exquisito centro/pase a Messi que cabeceó sin marca al gol dentro del área. Pereira pudo taparlo tirándose con todo el cuerpo, pero la Argentina estaba muy cerca del primer gol. 


Pereira ganó muy bien por su costado y con un centro potente habilitó a Rolan. El cabezazo salió pegado al palo ya en 30' y era inexplicable como un equipo dominado y superado como Uruguay generaba tanto peligro en cada avance. El trámite de a poco se fue trabando una vez más, con mucho juego brusco y posicional de parte de los uruguayos y con los argentinos poniéndose nerviosos y entrando en el juego cuando lo que debían hacer era desentenderse de esa táctica. 

El dominio de los de Martino no se extinguió por estos factores, pues siguieron estacionados en 3/4 de cancha y abriendo a sus jugadores, aunque ya sin tanta precisión en la puntada final. Con pocos espacios, todo pasó a depender de la inventiva de Pastore, Messi y Di María, los tres con buen rendimiento siendo el Flaco el factor de desequilibrio de su equipo. Los dos lados estaban haciendo un gran desgaste y bien apegados a sus libretos: posesión y presión constante contra ocupación de espacios y salida veloz con un pelotazo cruzado o por las bandas. 

Messi y Pastore se unieron de nuevo y el del PSG habilitó a Rojo que no logró llegar a más allá de su buen pique por el costado. Los de Tabárez habían logrado forzar a su contrincante a lanzar varios pelotazos frontales y con sus dos centrales se hacía una panzada. Messi dejó de gravitar una vez más y todo recayó en Pastore, que seguía jugando en un altísimo nivel. El mejor intérprete de la idea del Tata siempre la pedía, iba con la pelota al pie en todas las jugadas y era el que armaba todos los ataques con muy precisas habilitaciones. 

Uruguay ganó metros sobre el cierre de la primera parte y generó algunas infracciones zonzas cerca del área de parte de los volantes y defensores argentinos. En el otro cuadrado, Agüero perdía el duelo con Godín y no lograba agarrar ninguno de los pelotazos que le caían como misiles. Los centrales argentinos respondieron muy bien a estos 5' de lanzamientos interminables al área y solo Cavani pudo tener una chance razonable con una volea que se fue apenas alta.


La segunda mitad tuvo un inicio diferente: desborde de Maxi Pereira y fenomenal tapada de Romero ante su disparo en apenas 1' de juego. Arévalo Ríos imponía sus condiciones en el mediocampo y en la Argentina comenzaban a verse señales de cansancio. Uruguay estaba claramente dos pasos adelante respecto de su posición en el primer tiempo y tenía una vocación decididamente ofensiva. 

Di María respondió con un gran centro bajo que Godín pudo cortar antes de que Agüero tocase al gol ya en 51'. Cavani recibió un envío largo y Romero salió como líbero a solucionar los problemas de un fondo que en el mano a mano no había hecho pie. Y cuando todo hacía pensar que Uruguay iba a ponerse en ventaja, el palo contra palo benefició a la Argentina: enorme jugada de Pastore, que encaró, giró y tocó abierto con Zabaleta. El lateral levantó la cabeza y le puso un gran centro al Kun que anticipó de palomita en el primer palo y puso el 1-0. La respuesta de Muslera podría haber sido mejor sin dudas, pero el nueve volvía a marcar un gol clave, demostrando que hoy por hoy su lugar en el equipo es indiscutible.   

Uruguay se adelantó aún más y el orden desapareció: sus líneas dejaron muchas grietas y los tres sectores de la cancha dejaron de estar conectados. Con un equipo largo y anárquico, los de Tabárez se exponían a una goleada si la Argentina podía leer el partido. Para empezar, los de Martino se hicieron de la pelota nuevamente y la movieron con criterio de lado a lado, esperando el momento justo para golpear.


Lo tuvo Agüero tras un muy buen pase largo de Mascherano, pero tras entrar al área con pelota dominada eligió chocar contra su marca y regalarle el disparo a Muslera. Di María picaba solo a su lado y un pase a él habría terminado con el partido. Sánchez ingresó por un flojo Rodríguez en Uruguay para darle un poco más de marca y velocidad al mediocampo. Pastore seguía siendo el eje de su equipo, con mucho carácter y sin errar un solo pase.

Messi armó una gran jugada por la banda, cambiando el ritmo contra Pereira y luego lanzando un muy buen centro por lo bajo que Godín rechazó con mucha inteligencia. Hernández ingresó por Lodeiro, un mediapunta por el cansado enganche, para sumar más gente en ataque algó inédito en un equipo de Tabárez. El problema es que las carencias uruguayas en ataque eran casi totales, muy limitado como de costumbre pero sin un crack encendido que acompañe a Cavani en su gesta contra la defensa rival.

La Argentina se hacía fuerte en base a un muy buen circuito de juego, haciendo que Uruguay salga cada vez más del fondo. Todo por abajo, avanzando progresivamente y dejando a sus clásico oponente sin respuestas - aunque no por ello liquidado-. El partido entrando en sus 20' finales se había picado mucho en el centro, con los volantes de Uruguay pegándole a todo el que intentase pasar por allí.


Sánchez disparó muy bien de media distancia tras un pésimo despeje. Romero pudo tapar pero el rebote le quedó en los pies a Rolan, que de una manera increíble se perdió el gol abajo del arco ya en el minuto 75'. Un par de malas salidas del equipo argentino hicieron crecer al equipo de Tabarez, que se tiró de cabeza al ataque con intensidad pero sin demasiado orden. Messi tuvo una chance tras un buen enganche, pero su remate con pique previo no engañó a Muslera que contuvo sin problemas.

Martino movió el banco a tiempo esta vez: Banega entró por Pastore. La tendencia al ataque seguía viva, pero con el ingreso del mediapunta del Sevilla le sumaba marca a un mediocampo agotado tras luchar todo el partido contra un rival incansable. En el momento más álgido del partido, el Tata acertaba con el cambio, mostrando que sus reflejos están en perfectas condiciones. 

Una gran jugada por la banda asustó a la Argentina: peinó Cavani y Zabaleta se lanzó de cabeza para salvar ante Hernández antes de que este remate en posición inmejorable. Rolan y Cavani redondeaban una buena tarea, siempre tirándose atrás para armar juego y permitir que los volantes exteriores ingresasen al área. En el minuto 80', el seleccionado nacional había perdido el control del partido, ganando vértigo en exceso con una ventaja demasiado corta. Tras haber dominado durante los minutos posteriores al gol en base a una cautelosa posesión defensiva, la pelota volvía a ir de lado a lado con poco más de 10' por jugarse.

Tevez tomó el lugar de un liquidado Agüero, que tras una mala caída luego de marcar, no pudo moverse con comodidad como en el primer tiempo. Carlitos armó un 1-2 con Messi en la primera que tuvo, habilitó a Lionel que tras recortar disparó con potencia y colocación. Muslera volvió a ahogarle el grito de gol con una muy buena estirada, pero los del Tata mostraban como ante Paraguay una capacidad de desequilibrio permanente aunque también una preocupante ineficiencia. 


A los 83', Hernández recibió un buen pase por la banda, ingresó al área y remató cruzado a colocar. La pelota salió apenas desviada ante la mirada de un Romero que ya no podía hacer nada. Más allá de este sobresalto, el ingreso de Tevez como delantero centro le cambió la cara al equipo y le permitió capear el asedio final con la pelota nuevamente en sus pies. Pero el partido no estaba terminado: gran contragolpe iniciado por Rolan, que pifia pero le queda a Cavani que se la devuelve a un toque; centro y Zabaleta de nuevo vestido de salvador, ahora frente a González, que estaba listo para empujarla. 

Uruguay apretaba otra vez, mostrando una capacidad atlética y de lucha impresionantes. Rojo salvó en la línea lo que era el empate, que por inercia parecía estar demasiado cerca. Y Martino volvió a acertar: Pereyra por un cansado Di María - tras haber hecho un fenomenal trabajo en el ida y vuelta- para armar un 4-4-2 bien cerrado y terminar por enterrar las chances de su rival. El partido no bajó el ritmo por esto, más bien todo lo contrario: gran pelotazo de Sánchez para Hernández, este se la bajó a Cavani que le devolvió el favor con un gran centro atrás para que defina. Romero con una tapada providencial, de arquero de equipo grande, sacó el remate al tiro de esquina para sellar una victoria ganada con juego y mucho sudor. 

La Argentina resistió hasta el final sin la pelota y sufriendo demasiado contra un voluntarioso oponente. Los 70' previos de muy buen juego y control casi total de las acciones no parecieron desmoralizar a un Uruguay que siempre pelea. La labor de Cavani, Hernández, Sánchez y Rolan en la segunda parte le dieron vida hasta el pitazo final. Sin más recursos que un contragolpe eléctrico, los de Tabárez llevaron a un equipo superior hacia un lugar muy incómodo durante los 15' finales. El toqueteo del final de la Argentina fue la forma más inteligente de cerrar un partido que exigió mucha concentración y ponerse el overol para aguantar la tormenta.


La victoria contra Uruguay significó un paso adelante para la Argentina. Tras las dudas dejadas en el segundo tiempo contra Paraguay, logró quedarse con los 3 puntos en un partido mucho más complicado. Uruguay nunca dejó de pelear, trabando el mediocampo y haciendo del contraataque un arma muy poderosa. El equipo de Martino mostró una vez más muy buen juego y una potencia ofensiva abrumadora, pero le sumó más control en el mediocampo y un manejo más inteligente de los momentos complicados, sobre todo cuando el rival lo asedió sobre el cierre buscando un empate milagroso. Los dos entrenadores hicieron bien los cambios, pero la idea de Martino y la calidad individual de su plantel hicieron la diferencia en un duelo que sin importar como vengan los dos, siempre es en extremo parejo y molesto. Una prueba de carácter, como muchos periodistas dijeron en los días posteriores, pero sin abandonar la matriz de juego que ha respetado y aplicado desde el inicio de este nuevo ciclo. Contra Jamaica se espera un partido más simple, pero no por ello hay que descuidarlo. Es necesario recolectar los tres puntos para apuntar a un primer puesto, considerando la parada brava que tiene Paraguay contra Uruguay en la última fecha. Finalizar con buenas sensaciones, para encarar unos Cuartos de Final que pueden venir con alguna que otra sorpresa, considerando lo pareja que viene siendo esta nueva edición de la Copa América. Punto a favor para Gerardo Martino, que demostró tener razón cuando dijo que el camino a seguir era el mostrado en el primer tiempo contra Paraguay. Corrigió sus errores, hizo bien los cambios y demostró mucha muñeca para manejar los desequilibrios lógicos de un equipo descompensado por las diferencias entre defensa y ataque y sobrevivió a la prueba más dura que le tocó desde que asumió como seleccionador. Seguro que ahora quienes pedían su dimisión, lo están proponiendo para presidir la Argentina, la AFA y la FIFA al mismo tiempo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario