lunes, 15 de junio de 2015

Argentina 2 - Paraguay 2: Ni un avance ni un retroceso, todo sigue ¿Igual?; El objetivo debe ser capitalizar el muy buen primer tiempo


La Argentina de Gerardo Martino llegaba al debut por la Copa América con casi ninguna duda y demasiadas certezas. Los resultados en los amistosos previos habían sido positivos y estaba claro que la idea de juego se había asentado en el equipo. No hay demasiados misterios con Martino a esta altura de las cosas, pero nunca viene mal recordar de que se trata su interesante, audaz y vistosa propuesta futbolística: el esquema elegido por el ex entrenador de Newell's Old Boys y el Barcelona es un 4-3-3 bastante flexible que puede pasar a ser un 4-4-2 o un 4-3-1-2 según que jugadores tenga a disposición. La ley primera es que la pelota va siempre al ras del piso y que las posiciones no son fijas, sino que van rotando según las necesidades de cada momento del partido. Al ser una propuesta netamente de corte ofensivo, los laterales son más volantes que defensores y siempre se suman al ataque para llenar las bandas y permitirle a los delanteros recortar hacia el centro (con o sin pelota). No necesariamente se debe contar un delantero punta como referencia dentro del área, pero en el caso de la Argentina es imposible que esto suceda por la presencia de Agüero, Higuaín y Tevez. Por lo general, el atacante que se encuentra en el centro debe retroceder unos pasos para poder conectar con el volante que lleva la pelota y permitirle a los dos extremos hacer diagonales para recibir el pase entrelíneas. Los defensores centrales siempre se encuentran muy adelantados, jugados al mano a mano en cada ataque rival, con un mediocentro clásico - que aquí vendría a ser Mascherano o Biglia- que complete el triángulo para poder salir limpio, que es otra de las máximas del estilo Tata. Lo que resta lo conocemos todos: un arquero que es un jugador de campo más, prácticamente un líbero, y un mediocampo que privilegia el control y el toque antes que el corte y destrucción que, por alguna extraña razón, en nuestro país amamos y consideramos parte esencial del fútbol (cuando no lo es).


Primero analicemos las formaciones y los esquemas tácticos. Paraguay salió con un 4-4-2 que podía mutar en un 4-3-3 de ser necesario: Antony Silva; Cáceres, Da Silva, Aguilar, Samudio; Ortigoza, Víctor Cáceres, Richard Ortíz, Bobadilla; Roque Santa Cruz y Haedo Valdez. La intención era cerrar todos los caminos posibles con un mediocampo dedicado sobre todo a la marca y salir rápido por los costados para abastecer a los dos puntas. Haedo Valdez sería el delantero con mayor salida del área y Santa Cruz sería la verdadera referencia para los envíos. Líneas apretadas y despliegue eficiente, dos cuestiones clave para Ramón Díaz quien tenía una prueba de fuego en su debut oficial al frente del seleccionado paraguayo. La Argentina formó con un 4-3-3: Romero; Rojo, Garay, Otamendi, Roncaglia; Banega, Mascherano, Pastore; Di María, Agüero y Messi. Todo lo que explicamos en el párrafo anterior aplica para este equipo, que estaba armado claramente para tener la pelota el mayor tiempo posible y ser paciente y vertical a la hora de armar juego. La apuesta del Tata por Banega y Pastore dejaba en claro esto, siendo Mascherano el mediocentro unos pasos más atrás del dueto creativo de la Argentina. 


El partido de la Argentina - y el de Paraguay también- puede dividirse en dos partes que son opuestas entre sí. El primer tiempo fue una verdadera función de lujo del equipo de Martino, tal vez el mejor partido que ha jugado en este corto ciclo. Fue una buena señal que el gran rendimiento haya llegado en el debut oficial en torneos internacionales, más allá de que en los amistosos previos había mostrado buena forma y jerarquía. Como era de esperarse, la Argentina salió a atropellar a un rival que respetó en exceso desde el primer minuto. Esto sumado a que la pelota nunca le llegaba y que los volantes y delanteros argentinos estaban encendidos, no hizo más que complicar las cosas para los dirigidos por Ramón Díaz. Pastore y Banega dieron varios pasos al frente y con esto la defensa quedó estacionada en el mediocampo tal cual pretende el entrenador. Con Mascherano acoplándose al medio, pues los avances de Paraguay eran esporádicos, las primeras situaciones comenzaron a llegar: un tiro de esquina ejecutado por Di María que casi se le mete a Silva, Luego una muy buena jugada iniciada por Banega y Messi, rotando el balón de un lado al otro hasta encontrar el remate de Mascherano que el mismo Messi terminó desviando frente a Silva, sin que sea gol por obra y gracia de un milagro. En casi 20', la Argentina tenía la posesión total de la pelota y ahogaba a Paraguay con la movilidad de su trío de ataque, dos volantes sueltos en 3/4 de cancha y los laterales - sobre todo Rojo- muy incisivos en cada subida. Una de las claves era que Messi y Di María estaban muy finos y además se buscaban constantemente. El Capitán del seleccionado se encargó de bajar para pedir la pelota e iniciar cada avance buscando al del Manchester United por el otro lado mientras Rojo cubría su posición en ataque. Otra variante era que uno de los dos recortase hacia el medio y el otro se abriese para luego buscarlo con un centro o un pase corto. Este tipo de jugadas muestra como las rotaciones posicionales son clave para mantener la agresividad, la dinámica y la eficacia en un esquema tan ofensivo como el de Martino. Agüero jugaba como punta clásico y salía constantemente del área para pivotear y que sus dos laderos pudiesen ingresar con la pelota al pie o en una diagonal buscando el pase gol. El desgaste era mayor, pero daba resultado pues de Paraguay no había noticias por el momento.


En 28', tanta presión de la Argentina surtió su efecto: un mal pase atrás de Samudio tras ganarle con el cuerpo a Messi fue aprovechado por Agüero, que con mucha velocidad y frialdad dejó atrás a Silva para luego tocar al gol. Era un 1-0 merecido por el muy buen trabajo colectivo, que tocando la media hora no se resentía ni en lo físico ni en lo futbolístico. A los 35', Messi pasó muy bien entre tres jugadores con la pelota de pie a pie - un clásico ya- y habilitó a Di María, ganándose el ex Real Madrid el premio al mejor actor del año pues no hubo ningún tipo de contacto más allá de que el árbitro compró gustoso. Un penal que estuvo muy mal cobrado pero perfectamente ejecutado por Messi, bien abajo a donde Silva no pudo llegar más allá de haberse tirado muy bien. El 2-0 tal vez era mucho, pero la superioridad de la Argentina había sido clara ante un rival más bien mezquino y demasiado respetuoso más allá de tener recursos. Las bases de este buen rendimiento eran la presión alta constante, la idea de atacar sin parar y jugar en campo paraguayo mano a mano, el juego por abajo y con paciencia, la muy buena salida de la mano de Mascherano, Banega y Pastore - con la consecuente conexión entre medio y ataque- y la potencia total de los tres delanteros, sobre todo del dúo rosarino que estaba insaciable. Las transiciones de defensa a ataque eran veloces, sin excesos en las lateralizaciones ni en el transporte del balón, y el equipo logró hacerse compacto en el retroceso y largo y asociado en la fase ofensiva.   


En la segunda mitad, el panorama cambió por completo. No porque la Argentina haya dejado de atacar ni de buscar buenas asociaciones, sino porque Paraguay salió con otra actitud y porque los de Martino comenzaron a perder el control de la pelota y del partido. De a poco, el escenario comenzó a cambiar, más allá de que Messi haya tenido tres oportunidades claras para convertir antes de que el vendaval paraguayo cayese sobre los dominios de Romero. Primero, un remate flojo tras una buena habilitación de taco de parte de Di María. Luego una combinación impecable con Pastore que lo dejó cara a cara contra Silva en un duelo que el portero comenzaba a ganar: remate bajo al primer palo y gran respuesta con los pies. Por último, una jugada individual a los tropezones que por dos o tres carambolas lo dejó ante Silva, a quien eludió pero tuvo tan poco ángulo para disparar que el balón terminó saliendo por el lateral. La Argentina seguía yendo sin parar, pero el mediocampo ya no estaba tan sólido como en la primera parte. Mascherano no recuperaba tantas pelotas y se veía superado por un rival que atacaba con cada vez más jugadores. Banega y Pastore comenzaron a quedar aislados del circuito de juego, que de ser progresivo pasó a ser uno directo en el peor de los extremos posibles. La defensa comenzó a resentirse en cuanto la atacaron por la mala labor de Roncaglia y la necesidad de los centrales - de sólida tarea en general- de salir a cubrir los huecos que se generaban en el mediocampo. La Argentina se encontraba ante el mismo dilema que en la Era Sabella: potencia total en ataque, pero con un equipo demasiado largo, inconexo y poco eficiente a la hora de convertir las situaciones que por inercia generan jugadores de la talla de Messi, Agüero, Di María, y demás. Ni que hablar de las similitudes en el aspecto defensivo, pues los espacios que quedaban entre los laterales y los centrales se convirtieron en tierra fértil para un Paraguay dispuesto a dar el batacazo. 


El ingreso de Derlis Ortíz habia sido un pleno de Ramón, que veía como su equipo empezaba a pelotear al Sub-Campeón del mundo y lo emparejaba en situaciones netas de gol. Haedo Valdez avisó con un tremendo remate desde el borde del área que Romero descolgó del ángulo con unos reflejos y presencia dignos de un arquero de primerísimo nivel. El problema fue que unos minutos más tarde, a los 14', el mismo Haedo tras recibir un buen pase de Ortigoza encontró a Romero adelantado nuevamente y la volvió a clavar en el ángulo esta vez con eficacia total. El manotazo del arquero no fue suficiente y Paraguay se ponía 1-2 en un nuevo partido que lo tenía como dominador de las acciones y con el momento en sus manos, La salida de Bobadilla y el ingreso de Edgar Benitez fue otro acierto del ex DT de River, que empezaba a vencer a Martino en el duelo táctico. La Argentina seguía corriendo riesgos y jugando un palo por palo que ya no era la mejor de las ideas a la hora de buscar un triunfo. A los 21', Pastore recibió un buen centro pasado, controló perfecto y fusiló casi desde el borde del área chica con un disparo cruzado a Silva, que con muchos reflejos pudo salvar su arco. Haedo volvió a avisar unos minutos después y Banega se encargó de comandar una contra por el medio, cedió para Messi que enganchó y disparó a colocar. Un desvió impidió que la pelota llegase a destino, siendo esta la séptima ocasión clara de gol que la Argentina desperdiciaba en el partido. 


Los cambios llegaron, pero tarde y mal: Higuaín por Agüero y Tevez por Pastore. Lo que Martino buscaba, en teoría, era reforzar el ataque retrasando a Di María, pero en un extraño movimiento dejó al extenuado rosarino por la banda y puso a Tevez como una especie de enganche pegado a Banega y Mascherano. Paraguay volvió a tocar en el minuto 70' la puerta de Romero con un gran desborde de Benitez y un centro rasante que Cáceres alcanzó a desviar pero no lo suficiente para decretar un empate que estaba al caer. La Argentina seguía siendo un equipo largo y muy desconectado, iba al intercambio de golpes pero no salía beneficiada. Sin la pelota, las viejas grietas se abrieron nuevamente demostrando que hay mucho por trabajar más allá de la muy buena propuesta. No hubo inteligencia a la hora de enfriar el partido, de defenderse con la pelota antes que apostar a jugar completamente abierto contra un rival que físicamente se mostraba superior. Las bandas fueron território de los exteriores y los laterales del equipo de Ramón Díaz, que martilló sin parar hasta el final con llegadas a dos o tres toques sin demasiadas vueltas. 


Tevez armó una gran jugada por el medio, dejando atrás a varios rivales, abrió para Di María y este centró por abajo para Messi que entraba solo como nueve. El crack del Barcelona se tiró con los pies para adelante pero no logró tocar la pelota, siendo esta una nueva chance de marcar tirada a la basura. Más allá del mal juego asociado y de las flaquezas en la fase defensiva, los de Martino eran muy peligrosos en cada contragolpe. Pero no dejaba de ser extraño que la que se replegase y jugase a la caza de los espacios fuese la Argentina y no Paraguay. Tras un corner, Rojo lo tuvo en el minuto 78' pero su remate se fue apenas alto cuando el arquero ya no podía hacer demasiado para contenerlo. Lucas Barrios había entrado un rato antes por Roque Santa Cruz, en el tercer acierto del entrenador de Paraguay. Era necesario un delantero con mayor movilidad, pues el jugador del Cruz Azul se encontraba extenuado tras un duro trabajo a espaldas de los centrales durante todo el partido. Banega le dejó su lugar a Biglia, siendo este el peor de los errores cometidos por Martino en este debut magro en la Copa América 2015. No fue lo mejor poner un volante de contención cuando ya no tenía ningún tipo de sentido esa estrategia. El equipo estaba abierto y sufría horrores con cada avance de un rival envalentonado que iba sin parar ante el panorama desconcertado que le estaban ofreciendo enfrente. La pelota seguía lejos de sus pies y tampoco realizaba buenas coberturas ni se agrupaba en el mediocampo para evitar de una manera pragmática pero eficiente un segundo gol paraguayo.

En el minuto 44', en una jugada básica, Paraguay lo empató merecidamente: centro frontal de Ortigoza, Da Silva la bajó muy bien y Barrios remató de primera bien contra el palo derecho. Romero no pudo hacer nada y comenzaron a reinar una vez más las cabezas gachas y los brazos en jarra en el seleccionado argentino. Un 2-2 que ponía justicia al partido, uno que había mostrado a dos equipos con dos versiones muy diferentes en cada tiempo. Como para seguir sumando a la esquizofrenia que ya parece ley, la Argentina tuvo la chance de ganarlo en la jugada del final: gran centro de Di María para Tevez y el delantero de la Juventus cabeceó realmente mal en una posición inmejorable. El pitazo final dió lugar al festejo de los paraguayos y a la desazón de los argentinos, que una vez más firmaron un debut ambivalente y flojo en una competencia internacional. 


Martino tiene mucho para trabajar sin duda alguna, pero también hay que reconocer que el ciclo recién comienza y que su propuesta es muy interesante. En el primer tiempo se vió un sano equilibrio combinado con posesión y voracidad en cada jugada. Rotaciones, transiciones óptimas, dinámica, juego por abajo, paciencia para generar los huecos, buenas subidas de los laterales, salida limpia y coordinación entre los tres sectores del campo de juego. El problema llegó cuando el equipo perdió la pelota, pues el mediocampo desapareció y la defensa demostró estar demasiado verde todavía. Las situaciones de gol siguieron llegando - sería raro que esto no sucediese- pero todas las virtudes de los 45' previos se perdieron en algún agujero negro. Paraguay vió que era posible empatarlo y hasta ganarlo y salió a jugar sin ataduras y con mucha intensidad. Los centrales tuvieron que salir a cubrir espacios y los laterales y el mediocentro jamás se cerraron para evitar una catástrofe. El eje creativo del medio perdió peso y los cambios fueron malos y en un momento en el que el estado de situación era irreversible. No se entendió que quiso hacer con un Higuaín fuera de forma ni poniendo a Tevez como volante, pero lo menos explicable fue el ingreso de Biglia cuando no faltaba nada para que termine el partido. Martino se dió cuenta muy tarde de que el palo por palo no le convenía y tal vez en frío se haya dado cuenta de su error. Los conceptos arrojados por el Tata en la conferencia de prensa posterior fueron muy buenos y su autocrítica muy dura y sincera. Los jugadores con Messi a la cabeza hicieron lo mismo, pero rescatando la muy buena labor de la primera parte. Con buen tino, todos acordaron en que la base está allí y que no se deben cometer más errores. No porque la Argentina tenga su clasificación en riesgo (no entra solamente quien pierde mínimo dos partidos y es difícil que eso suceda) sino porque para lograr asentar la idea de Martino definitivamente hay que lograr corregir errores y fantasmas que están presentes desde la salida de Pekerman pos Mundial 2006. El foco debe estar puesto en la fase defensiva - el retroceso fue lo peor del partido- y en la eficacia a la hora de concretar el sinfín de ocasiones que los delanteros y volantes generan solamente parándose en el campo de juego. Hay que darle tiempo al entrenador y a los jugadores, el exitismo y el conservadurismo no nos deben ganar, no hay que ceder ante viejas "glorias" como Verón que ya piden meter ocho defensores cuando se va ganando. Me gusta que esta Argentina juegue con fuego, pero para poder salir ileso hay que saber hacerlo con inteligencia y mente fría. Que Uruguay y Jamaica sirvan para mejorar todo esto, pues la Argentina no es el único grande de Sudamérica que ha comenzado con dudas. Es más, es el que por lo exhibido puede rescatar muchas cosas positivas más allá de que el resultado no haya sido el esperado. 



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