domingo, 21 de junio de 2015

Argentina 1 - Jamaica 0: Una oportunidad desperdiciada; El buen juego y la eficacia deben ir siempre de la mano



La Argentina tenía en la fecha de cierre de la fase de grupos de la Copa América 2015 una importante posibilidad. Jamaica había sido un rival duro para dos equipos en reconstrucción como Paraguay y Uruguay que, sin demasiadas estrellas - al menos del calibre de las argentinas- ni una idea de juego clara y aceitada, le habían ganado por la mínima diferencia sufriendo varios sobresaltos en el desarrollo del partido. Se esperaba que la Argentina no tuviese ninguno de esos problemas, considerando que el estilo Martino se encuentra asentado en el equipo y que la calidad individual de los jugadores invitaba a pensar que esta especie de entrenamiento con público y por puntos terminaría con conclusiones positivas. Son estos partidos en los que se debe intentar mejorar las cosas que quedaron en el tintero, ajustar las tuercas que aun están flojas de cara al inicio de las eliminaciones directas, donde se enfrentan los mejores equipos del torneo y un solo error te puede dejar afuera sin importar cuan buenos sean tus jugadores ni cuan interesante y audaz sea tu manera de jugar.

Primero vayamos al análisis del partido, para luego sacar las conclusiones finales de una presentación decepcionante de la Argentina. Martino plantó un 4-3-3 con algunos cambios que no afectaron la estrategia de juego: Romero; Rojo, Garay, Demichelis, Zabaleta; Biglia, Mascherano, Pastore; Messi, Higuaín y Di María. Habría sido bueno ver a Tevez tener sus primeros minutos como titular en el ciclo, pero la elección del Pipita parecía adecuarse a una necesidad posicional. Al fin y al cabo, el delantero del Napoli es mucho más centrodelantero que su par de la Juventus y que Sergio Agüero - dueño absoluto del puesto-. Viéndolo a fondo, está claro que el esquema en la cancha se convierte en un 4-2-1-3 o 4-2-3-1 con un doble cinco, un enganche y tres delanteros/tres mediapuntas y un delantero centro. Quien les escribe se inclina por la última opción, aunque es entendible que muchos piensen que la Argentina sale de entrada con un enganche bien definido en Pastore pues se pone bien adelante de sus dos compañeros de mediocampo. Enfrente estaba la débil Jamaica, dirigida por el muy particular Winfried Schäfer con su pragmático y contragolpeador 4-4-2 que le dió el mote de "Cenicienta" en esta Copa América: Kerr: Mariappa, Hector, Wes Morgan, Lawrence; Watson, Austin, McCleary, McAnuff; Barnes y Dawkins


El partido comenzó con la Argentina lanzada al ataque, con la lógica posesión total de la pelota y armando circuitos de juego en todos los sectores de la cancha. Jamaica se mantuvo expectante, sin presionar jamás a los jugadores rivales pero tratando de ocupar espacios mediante la acumulación de jugadores detrás del mediocampo. La presión alta de la Argentina surtía efecto y las rotaciones posicionales - ayudadas por la mirada del contrincante- hacían que el equipo tuviese mucha dinámica.

Messi habilitó a Higuaín que de cara al arco demostró el porqué de su floja temporada: tardó mucho en disparar tras un buen enganche y Mariappa lo cortó con un cierre fenomenal. La Argentina tenía la obligación de proponer, algo que se acrecentó por el hecho de que Jamaica, a contramano de sus dos encuentros previos, no hacía absolutamente nada. Los centrales estaban jugando como volantes centrales y el resto del equipo estacionado en 3/4 de cancha a la espera del hueco para convertir. 

Di María ingresó al área, fue trabado bien y el balón le quedó a Higuaín, que de nuevo desperdició una clara situación de cara al gol. Se tomó mucho tiempo para disparar y lograron desviar la trayectoria de la pelota. Los espacios aparecieron solos, más allá del amontonamiento de Jamaica cerca de su arquero. En estos buenos primeros minutos, el equipo de Martino abría la cancha, rotaba, jugaba vertical a un toque y mostraba mucha frescura. 

Había paciencia también y la pelota corría con velocidad de un lado al otro. Rojo-Zabaleta y Messi-Di María eran los que rompían por las bandas e inquietaban al fondo jamaiquino. Pastore, apenas un paso atrás, como eje creativo y dueño de la pelota en un mediocampo que estaba en exceso tranquilo y confiado. Messi lanzó profundo para Di María, pasó arrastrando su marca, y el delantero del Manchester United habilitó a Higuaín por el medio. El Pipa tardó mucho en girar, pero la complicidad del aún más lento defensor le dió tiempo para colocar la pelota al palo más lejano del arquero sin problemas. Un 1-0 que se suponía abriría el grifo y que era absolutamente merecido.


Jamaica trató de sacarse la modorra con un buen pelotazo largo que Romero controló con seguridad. Messi armó un 1-2 con Pastore y lo terminaron frenando por hacer una demás dentro del área. La Argentina pisaba constantemente el cuadrado rival, generando peligro hasta cuando no se lo proponía. Su sparring estaba tirada atrás y no se movía, dejando que las trompadas entren sin oponer mayor resistencia y hasta admirando el trabajo hecho por quien estaba compitiendo enfrente. 

Messi, Pastore y Di María armaron velozmente una muy linda sociedad, que se manejó a un toque y con mucha inteligencia. Mascherano tuvo un par de errores en las primeras jugadas de exigencia: un pase muy flojo al medio que Pastore salvó justo y una pésima entrega atrás que forzó a Romero a salir como líbero y despejar con un pelotazo a la tribuna. Ya en 16', Jamaica mostraba un poco menos de respeto y motivado por algunas imprecisiones en la puntada final de la Argentina, encontraba aire en las salidas largas. Claro que esto no era un gran peligro para los de Martino, pero al tener muy poco volumen en el retroceso - un error que se sigue repitiendo- cualquier jugada aislada podía terminar mal.

El toqueteo en busca de espacios empezó a hacerse un poco previsible, debido a la excesiva lateralización y la poca inventiva de los delanteros para lanzar diagonales. El trámite era totalmente celeste y blanco, pero era imposible no notar cierta soberbia en varios jugadores del seleccionado nacional. Messi rompió por le medio y dejó solo a Di María, que fue cortado antes de poder marcar el segundo gol. 

El uso de las bandas prácticamente no existía ya, había una gran obsesión con el ingresar por el medio y buscar meterse en el arco con pelota y todo. Los jugadores argentinos comenzaron a parecerse a un grupo de autitos chocadores que no paraba de perder pelotas ante una línea defensiva que los superaba en número y volumen. Rojo lanzó una rabona que levantó un poco al público y el rebote le quedó a Zabaleta: cerca de marcar el segundo, pero uno de los centrales puso el cuerpo para evitar la caída de su arco.


Di María salió del molde y le lanzó un muy buen pase vertical a espaldas de los centrales a Higuaín. El nueve definió muy bien y con velocidad esta vez, por encima del arquero, y la pelota dió en el travesaño. En lo que a mi parecer es una señal preocupante, la Argentina comenzó a explorar el recurso del pase corto y el pelotazo largo para el delantero dentro del área. En la jugada siguiente, la cara fue la inversa: apertura con Rojo y centro para Messi que fue comido por sus numerosos marcadores. Concentrar jugadores por el medio y limpiar para el costado, un camino mucho más razonable.

Messi recortó muy bien, lanzó un centro pasado marca registrada suyo y Pastore - incómodo y sin espacios- terminó mandando la pelota afuera. Di María verticalizó con Messi pero Lawrence lo marcó muy bien y evitó que el diez del Barcelona enganchase hacia el centro. En medio de un dominio total de una Argentina a media máquina, Garay le regaló un corner muy estúpido a Jamaica. Brown presionó solo a tres jugadores rivales que no pudieron salir jugando y terminaron complicando a Romero. Centro al primer palo, peinan y el mismo Brown ingresó con un buen cabezazo que salió alto. 

La relajación de la Argentina era evidente hace varios minutos y se notaba en errores básicos en la salida y varias imprecisiones en 3/4 de cancha, como si no quisiesen jugar más el partido. Seguían moviendo la pelota, avanzaban con paciencia pero la profundidad empezaba a quedar extraviada en un festival de posesión inerte - el famoso tiki-tiki que tanto odia Pep Guardiola, si no miren como se pone cuando el Bayern lateraliza y no lanza pases largos-. En otra jugada aislada, Higuaín se vistió de asistidor y dejó solo a Messi por el costado. Control y veloz definición al segundo palo que salió apenas ancho.

Messi se comenzó a meter en el partido nuevamente, bajando a buscar la pelota e iniciando las jugadas de ataque. Se lo notó bastante enojado con el bajón en el nivel que mostraba el equipo y así los laterales volvieron a ser parte del juego en casi 36' ¿La precisión? Un poco mejor, pero bastante floja. Higuaín y Pastore se asociaron muy bien a un toque y el Pipita vió como su disparo fue tapado por su marcador. 


Una buena jugada a un pase entre Messi y Di María exhibió en lo que se había convertido la Argentina: vistosa en el juego asociado, pero poco profunda y chocando por el medio casi caprichosamente. La ejecución en pelota parada fue otro de los problemas que el equipo del Tata dejó al descubierto. Ni Messi ni Angelito pudieron lanzar buenos centros, todos se quedaron cortos y de esa manera habilitaron contragolpes con inferioridad en retroceso que no llegaron a mayores porque el contrincante fue Jamaica - pero que trajeron mucho sufrimiento contra Paraguay y Uruguay-. 

Rojo remató a quemarropa sin mucho ángulo y el balón impactó en un defensor. El rebote le quedó a Di María cara a cara con el arquero Miller, que con muchos reflejos logró sacarle un muy buen disparo desde el borde del área. En 42' la Argentina había generado una cantidad impresionante de situaciones de gol pero el partido estaba abierto debido a su ineficacia. Mascherano, para colmo, perdía pelotas en el medio que no eran para nada difíciles y dejaba mal parados a sus compañeros. 

Jamaica terminó los primeros 45' con mayor solidez en el fondo, tapando con mayor tenacidad los huecos y cortando el circuito de juego argentino en 3/4 de cancha. La Argentina tenía serias complicaciones en el área de la generación y no había ningún jugador que se cargase el equipo al hombro ni mostrase rebeldía para superar las imprecisiones. Todo esto quedaba agravado por los goles desperdiciados y un molesto desdén a la hora de jugar, como si no les importase demasiado por creerse ganadores.


El complemento vió de entrada una buena conexión entre Higuaín, Pastore y Di María que terminó en un centro que el delantero centro no pudo conectar. Al instante, Messi abrió con Rojo y el centro del lateral casi termina en la red porque un jugador rival se la llevó por delante. En ya 50' de juego la actitud parecía otra y todo estaba listo para terminar esta primera parte del torneo con una muy buena imagen. 

El Pipita tocó con Di María que recortó y sacudió el travesaño con un zurdazo tremendo. Messi tuvo a disposición un tiro libre ideal pero Miller le adivinó la intención y controló su disparo a colocar con tranquilidad. El portero jamaiquino volvió a lucirse contra Lio, esta vez con un buen manotazo tras una buena jugada previa individual del mejor jugador del mundo. Pastore fue quien probó de nuevo los reflejos de Miller, rematando abajo sin poder superar al laborioso arquero. 

Pereyra ingresó por un muy flojo Mascherano. El esquema se mantuvo, algo preocupante porque ante un rival que apenas si pasaba la mitad de la cancha alguna vez, Martino dejaba el doble cinco y no hacía ancho al equipo. Di María llegó hasta el fondo, tocó atrás con Higuaín que solo ante Miller - que ya estaba vencido- decidió darle un mal pase a Pereyra que llegaba exigido por el medio y no hubiese podido conectar ni aunque la habilitación hubiese sido excelente. 

La Argentina no lo liquidaba y de a poco se fue enredando una vez más. Tras un arranque con toda la furia, había bajado dos cambios y ahora no por decisión propia. La fluidez estaba desaparecida sin previo aviso y el resultado seguía siendo demasiado corto pues más allá de no ser una actuación deslumbrante, con muy poco le sobraba para una goleada histórica.


Brown, solo contra el mundo, armó una linda jugada y forzó a Romero que hasta allí apenas si se había movido. El seleccionado de Martino en casi 70' mostraba un espesor preocupante y no había reacción desde el banco de suplentes. El cambio de ritmo era necesario y nadie de los que estaba en el campo de juego parecía estar en condiciones de lograrlo. Tevez ingresó por un quedado Higuaín en un cambio que no supuso un nuevo dibujo, por lo que el argumento de que Carlitos no jugó porque no es un nueve de área quedó sepultado. Los dos volantes de marca pura estaban bien firmes en la cancha ante una Jamaica que no había generado un desgaste pues nunca atacó más allá de algún pelotazo o rebote que consiguió. 

Mascherano tocó corto con Tevez y el Apache se la llevó con el taco, giró y se llevó puesto a su marcador para ganar un córner. Desequilibrio en su primera jugada, la prueba de que su ingreso se retrasó demasiado sin sentido. Di María ejecutó desde la esquina y regaló de nuevo un contraataque por dejarlo en la cabeza del primer central. El desorden táctico se hacía muy claro en las pelotas fáciles que el equipo perdía en el mediocampo tras largos períodos de toque lateral y traslado exasperante.

Jamaica tuvo en estos minutos un buen momento de presión, obligando con sus pobres recursos por los costados ya sabiendo que habían hecho un gran partido y que tal vez podían lograr la hazaña. El rival comenzó a verse obligado a salir con pelotazos a la nada porque por abajo se hizo imposible. Barnes entró por Brown en el equipo caribeño, una locura pragmática de un entrenador que hace lo que puede con lo que tiene, pero que evidentemente no sabe leer los partidos. 

Dos buenas construcciones por la banda inquietaron a Sergio Romero y arrinconaron a la Argentina de manera sorprendente. Nuevamente se pagaba el bajón futbolístico y además el no haberse tomado el partido en serio, dos cuestiones que a esta altura tras tantos años son imperdonables. Como contra Paraguay y Uruguay, perdió el control de la pelota y de las acciones y se expuso a un mano a mano frente a un rival inferior. El aliciente fue que en este caso podemos decir que Jamaica comparado con los dos contrincantes previos, es menos que un equipo amateur. 


Barnes lo tuvo con un rebote que le quedó dentro del área pero su disparo fue demasiado flojo y ancho. Un innecesario y lamentable cierre de partido, en lo que era sin dudas ya el peor tramo de la Argentina en esta Copa América. Mucho más abajo que el rendimiento contra los de Ramón Díaz, porque apenas si pudo generar peligro luego de la ráfaga inicial y mostró señales indignas de la calidad individual de todos sus jugadores: sin agresividad, sin transiciones, sin presión alta, sin dinámica, sin fluidez y SIN REBELDÍA. 

Martino decidió complicar más las cosas con la entrada de Lamela por un Di María agotado, habiendo sido sin dudas el mejor del equipo. La idea era recuperar la pelota...Cuando se la tenía desde el primer minuto. Mascherano habilitó a Tevez que se la llevó por delante y no pudo cerrar una presentación agria de la Argentina. Lejos estaba de terminar el calvario: la salida se hizo lenta a niveles inimaginables y los de Schäfer presionaron hasta donde pudieron. Un centro de Taylor no fue conectado milagrosamente por uno de los dos delanteros; McCleary pasó entre Zabaleta y Micho sin problemas y tocó al medio sin encontrar a ningún compañero. 

Toda Jamaica, en una escena surrealista, estaba en campo argentino. Los de Martino seguían tirados atrás y mostrando señales de cansancio, algo que tampoco se entendió demasiado pues no había sido un partido de alta exigencia. Con todos los jugadores rechazando centros sin parar, las imágenes de todos los ciclos pos Pekerman regresaron como fantasmas para acechar a un grupo de jugadores que rogaba para que el pitazo final llegase. En un delirante y muy desilusionante final de partido, la poderosa Argentina terminó tirada contra su arquero por la presión de JAMAICA que no lo empató por su gran - y lógica- pobreza en lo referido a recursos para dar el batacazo. Uno que no estuvo tan lejos como todos podíamos suponerlo antes de que el partido comenzase. 


La Argentina logró cerrar como puntero de su grupo, pero apenas si dejó buenas sensaciones. Es claro que hay una idea de juego basada en la posesión, la paciencia, las rotaciones y la presión muy alta. El ataque no se negocia y menos que menos el buen juego con el balón siempre al ras del piso, algo que se agradece tras tantos años sin un estilo definido y rezándole a que alguna de nuestras estrellas - especialmente Lio Messi- se encienda. El problema es que la parte defensiva sigue siendo un dolor de cabeza y se agrava cuando el equipo pierde la pelota, porque siempre queda mano a mano contra rivales que saben como abrir la cancha y desplegar a sus extremos. También hemos visto complicaciones a la hora de encontrar profundidad, con largos tramos de posesión sin romper las líneas. Ni que hablar de la cantidad de veces que se buscó ir por el medio contra rivales que justamente concentraron su marca en el callejón central del campo de juego. La pelota parada es otro punto en contra: los centros mal tirados siempre dejaron expuesto a volantes muy adelantados y a una línea defensiva sin nadie que les cubra el espacio entre ellos y los jugadores del medio. Las situaciones de gol sobraron, pero eso también pasaba en el ciclo de Sabella sin importar el rendimiento general. El contragolpe no es un arma que se utilice con inteligencia - teniendo más de medio equipo hecho para ejecutarlo con eficacia- y de a ratos el dominio se hace pesado, sin ritmo alguno y por ende previsible. Errores que se repitieron en los tres partidos y que estuvieron muy cerca de salir bastante más caros que lo que terminaron siendo. }


Párrafo aparte para la actitud de los jugadores, que más allá de los errores jugaron a media máquina y caminando todo el partido. Lo peor es que luego arguyeron que el cansancio había sido un factor relevante, cuando no hicieron desgaste alguno y tuvieron la pelota girando por toda la cancha durante los 90'. Si no los motiva jugar con la camiseta de la selección, lo mejor que se puede hacer es dejarle el lugar al que quiera hacerlo en serio. Si me dicen que venimos de ganar un Mundial y que esta generación vive de éxito en éxito, entendería que bajen el ritmo. Pero considerando que hace más de 10 años vienen fracasando sin parar, como mucho llegando hasta las puertas alguna vez, es inaudito que hagan estos papelones. Sin haber ganado nada, sonreímos socarronamente y nos creemos los mejores del mundo - algo que no somos ni en el truchísimo "Ranking FIFA", así que imaginen-, algo que sin dudas irrita y mucho. Pero al fin y al cabo, estos jugadores no nacieron en Marte sino en la Argentina y esa soberbia es característica nuestra. 

El resumen de esta victoria patética tiene dos caras: por un lado, la de Di María con el casette diciendo que "Jamaica complicó a Uruguay y a Paraguay" y que "todos los rivales son difíciles" y que "esperemos que la mala suerte termine y los goles entren en el partido que viene". Y por el otro, la de Lionel Messi - que no puede ser foco de ningún reproche exagerado, pues se entregó al máximo e hizo lo que pudo con un equipo apático y aburrido- aceptando las fotos con los jugadores jamaiquinos, cambiando la camiseta y yéndose rápidamente de la cancha sin saludar a sus compañeros ni a nadie. Cara de orto y mucha bronca, dos cosas que necesita la Argentina para levantar esta Copa América. Porque sobrando al rival, por más pequeño y limitado que este sea, no se llega a ninguna parte. 




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