Chile y Uruguay fueron los dos equipos que abrieron la segunda fase de esta Copa América. El choque por los Cuartos de Final tenía un ingrediente central: la extensa e intensa rivalidad entre estos dos equipos y la paridad histórica de la celeste por sobre la roja. Esto por el lado de la historia, llena de polvo, a la que siempre recurrimos para hablar de épicas del ayer. Pero en el presente, las realidades de ambos protagonistas eran y son muy diferentes: Uruguay llegaba tras una fase de grupos irregular en la que venció a duras penas a Jamaica, perdió por poco contra la Argentina en un partido muy trabado y cerró con un empate ante Paraguay que pareció una derrota ¿Por qué? Porque el equipo de Tabárez ese día jugó su mejor partido en años y logró, con bastante poco pues su propuesta es muy pobre en sí misma, dominar a placer a un rival que si bien no es de los que está en mejor forma y se está reconstruyendo, siempre es complicado para cualquiera - si no, pregúntenle a Messi y compañía-. Con un ciclo que ya terminó hace mucho tiempo pero al que sorpresivamente la federación le sigue teniendo la vela, como no queriendo admitir que hay que renovar urgentemente todo, Uruguay era el peor rival que le podía tocar a Chile. Más allá de su flojo presente, siempre deja el alma en la cancha y con un planteo táctico aplicado y aguerrido que deja de lado la pelota y se concentra en trabar el juego en el medio - es decir que a quien les escribe no le gustó jamás ni le va a gustar- hace que jugar en su contra siempre sea en extremo molesto. Un 4-4-1-1 que presiona alto, se comprime en el medio y busca el pelotazo largo y ganar la segunda pelota con el mediapunta para abrir la cancha, buscar al punta con un pase vertical o rematar al arco. El otro recurso es la pelota parada, pues tiene muy buenos cabeceadores de la mitad hacia adelante y a los dos mejores centrales del mundo en su defensa. Eso es lo que el "Maestro" Tabárez ha dejado en todos estos años al frente de la Selección de Uruguay, cosechando un cuarto puesto en Sudáfrica 2010 con un Diego Forlán en su mejor momento y una victoria en la Copa América 2011 casi caminando y dejando en el camino al anfitrión Argentina que plagado de estrellas y con Messi no le pudo hacer ni sombra. Claro que estos hechos ya parecen milenarios cuando se mira el presente de la celeste, que tuvo un mal mundial el año pasado - en el que a pesar de jugar solo con los centrales y Suarez en una pierna, llegó hasta Octavos eliminando a Italia e Inglaterra- en el que alcanzó el peor nivel de juego posible.
A pesar de todo, este no era el mejor escenario posible para un Chile que tuvo una razonable primera fase, en la que supo dejar atrás parcialmente el tema de la presión de ser local y de no haber nunca ganado una Copa América. Hace ya varios años, de la mano de Marcelo Bielsa la selección andina comenzó una largo proceso de reconstrucción que logró devolverle un estilo de juego, generar una identificación y compromiso muy fuertes en los jugadores - una generación marcada por la indisciplina y los escándalos- y hacerla una potencia dominante en Latinoamérica. Clasificó de punta a punta a Sudáfrica 2010, tuvo un muy buen Mundial, y luego tras la salida del genial entrenador argentino tuvo un período intermedio de la mano de Claudio Borghi. El proceso siguió con algunos cambios mínimos en el estilo, lógicos porque cada DT es diferente, aunque sin perder las bases: pelota al ras de piso y ataque constante, generando un desequilibrio buscado que debía ser compensado con un gran despliegue solidario de los volantes y delanteros en el retroceso. Los resultados fueron bastante parejos y lo que eyectó a Borghi de su cargo fue el plantarle la cara a varios referentes del plantel que antes de un partido muy importante frente a Colombia decidieron salir de joda y volver completamente borrachos a la concentración. Valdivia, un jóven Vidal y algunos más quedaron masticando bronca y el plantel - con mayoría de quienes están hoy- le quitó apoyo a un profesional que hizo lo correcto. Otro argentino tomó las riendas, con un tipo de juego más parecido al de Bielsa pero con algunas cosas de su antecesor y también de Pep Guardiola. Jorge Sampaoli mantuvo las riendas firmes y llevó a Chile a su segundo Mundial consecutivo el año pasado, llegando hasta Octavos de Final luego de salir segundo en un grupo complicado y de haberle plantado cara a Holanda con audacia y desfachatez. Brasil, un local lleno de angustia y jugando a los ponchazos y mal, lo eliminó por obra y gracia de varios milagros. Pinilla quedó tan mal luego de aquel disparo en el travesaño en el segundo final del partido que se lo tatuó en el rostro y Chile hizo las valijas con la frente en alto. Tips acerca de la idea de Sampaoli: pelota al piso, arquero como un jugador de campo más, paciencia en el armado, rotaciones constantes para generar dinámica - todos juegan en todos los puestos, algo muy de Bielsa-, avance progresivo en bloque, explosión en 3/4 de cancha, tres centrales y dos laterales/volantes que rompen por la banda constantemente, dos volantes de contención con juego, dos armadores y distribuidores y los delanteros con libertad posicional. Cualquiera que haya visto jugar al Barcelona y al Bayern Munich de Guardiola podrá identificar la mayoría de estos puntos. Por ende, si uno ama el fútbol de verdad, es imposible no mirar al menos con simpatía y entusiasmo al Chile de Sampaoli que ha demostrado poder ejecutar muy bien la idea que este pregona.
Chile salió con su habitual 3-5-2: Bravo; Mena, Medel, Jara; Isla, Díaz, Aránguiz, Vidal, Valdivia; Aléxis Sánchez y Vargas. Una sola aclaración y es respecto de Valdivia: el volante del Palmeiras juega adelante de la línea de volantes como enganche, es el nexo entre el mediocampo y la delantera cuando el juego pasa por el medio o debe derivar hacia los costados. Lo demás, todo lo explicado en el párrafo anterior, lo que ya vimos en casi todos los partidos de este ciclo. Uruguay salió con un 4-4-2 y con la presencia de Cavani que estuvo en duda hasta el último segundo por un problema personal: Muslera; Maxi Pereira, José María Gimenez, Godín, Fucile; Carlos Sánchez, Arévalo Ríos, Álvaro González, Cristian Rodríguez; Rolan y Cavani. Clarito sin demasiado para agregar, solo que Sánchez sería algo así como un enlace, flotando delante de los tres volantes de contención neta y tratando de molestar en ambas bandas con su habitual despliegue.
Una mala salida tras un inofensivo lateral al área comprometió a Bravo que pudo volver sobre sus pasos y taparle un remate peligroso a Rodríguez en el límite del cuadrado. Uruguay ponía a Godín en el área de enfrente en cada centro y Giménez se quedaba en la cueva para cubrir sus espaldas. Chile era el protagonista en lo referido a la tenencia de balón y la intención de atacar siempre, pero estaba demasiado nervioso, atado, y no mostraba nada de frescura ante un rival templado.
El mediocampo era una lucha abierta: Arévalo y González contra Vidal y Aránguiz. Dos duplas que no paraban de meter. La celeste estaba ayudada por la gran labor del tándem Godín-Giménez en la presión sobre el hueco que quedaba entre ellos y los dos cincos. Los de Tabárez presionaban arriba y tácticamente no tenía ninguna fisura, más allá de no querer siquiera la pelota. En este tramo, pudo imponer condiciones y llevó a Chile a revolear la pelota unas cuantas veces.
Isla tocó con Valdivia, pasó y tras recibir una gran devolución centró para Vidal. De tijera el de la Juventus la mandó demasiado alta, pero el mensaje era claro: estaban nerviosos y erráticos, pero a la primera que armaron llevaron muchísimo peligro. Sampaoli miraba como sus dirigidos no presionaban tanto, algo que llegó a pedir Valdivia a los gritos. Alexis y Vargas se paraban fuera del área para no servirles de referencia a los centrales, que siempre jugaron más cómodos con un punta entre ellos.
Vidal salió muy bien, tocó rápido con Valdivia que hizo la pausa justa, enganchó y antes de poder rematar fue cruzado por González. El fútbol de Chile crecía a cada minuto, más allá de que Uruguay no se desordenaba ni perdía la solidez en los metros finales. La cancha se hizo bien ancha pero los espacios siguieron sin aparecer por el momento. Ya en 14' podíamos decir que Valdivia había aparecido en toda su dimensión, dejando su sello en cada pelota que tocaba. Distribuyendo hacia los costados o dando un muy buen pase vertical a espaldas de los centrales. Para entender su ventaja, hay que mirar sus movimientos sin la pelota: se desmarca constantemente, mira el partido casi desde arriba, y se ubica en el mejor lugar posible para iniciar o continuar la jugada.
Pereira escapó muy bien y su centro rasante fue controlado por Bravo ante la entrada de Cavani. Mena cometía su primer error en la salida, algo que lo perseguiría hasta el final de la noche. El panorama era claro: los rojos eran dueños de la pelota, tocaban con velocidad, avanzaban con paciencia y desplegando a los laterales y delanteros, rotaba posiciones y buscaba ganar en velocidad frente al área; los celestes esperaban con presión alta, buscando anticipar y/o que el otro cometa un error, para lo que tenía listos a los carrileros.
Sánchez le ganó muy bien un rebote simple a Mena y su disparo bombeado salió cerca del palo ante la mirada de un vencido Bravo. Chile se salvaba a pesar de tener la posesión total y de no parar de atacar, pues no había generado situaciones tan claras como las de un contrincante apenas pragmático y muy mezquino. Cada oportunidad era aprovechada por los de Tabárez, que le sacaban agua a las piedras y además le complicaban el manejo de la pelota a Chile cuando había que dar la puntada final.
Lo de Chile ya era demasiado intermitente en lo que refiere a los ataques, pero cuando lograba acomodar las piezas tenía mucha fluidez y velocidad. Las pocas veces que perdía el control del esférico, sufría en un retroceso que no parece estar del todo aceitado. Vargas tocó con Isla, Valdivia la dejó correr con mucho criterio y Aranguiz remató de frente bien abajo a las manos de Muslera. La presión de los de Sampaoli creció nuevamente en 26' con un juego mucho más directo y vertical, sin tantas vueltas, entrando por los costados y recortando hacia el medio.
Plantado en 3/4 ya definitivamente, Chile tenía a Uruguay contra las cuerdas. Un gran centro pasado de Vargas para Sánchez estuvo a punto de destapar la olla de presión que era el Estadio Nacional, pero Fucile ahogó el grito con una salvada heróica. Los rojos no paraban de lanzar balones al área de Muslera por lo bajo y por lo alto, ya mereciendo la ventaja a pesar de no ser demasiado claros.
Alexis recortó hacia el medio pero su disparo se fue demasiado ancho tras realizar un par de amagos innecesarios. El partido de la estrella chilena no era el mejor, no estaba apareciendo como lo mandaba su experiencia, talento y jerarquía. Demasiado quejoso, tratando de sacar ventaja de cualquier roce o contacto, como si el fútbol no fuese un deporte en el que hay que chocar piernas todo el tiempo.
Chile pecaba por goloso ahora, daba demasiados giros en lugar de lanzar un pase profundo para alguno de sus delanteros o volantes exteriores. Vidal rompió la tendencia con una gran acción individual: recibió corto y sin tardar un segundo demás, sacó un remate tremendo que Muslera apenas pudo contener. Esta fue la alarma para los de Tabárez que salieron en los minutos finales con una labor sacrificada de los laterales y de Sánchez, que yendo de lado a lado y habilitando a sus compañeros parecía el Quijote contra los molinos de viento. Uruguay tuvo un ratito la pelota y pudo tirar algunos pasos atrás a un rival que ahora descansaba tras el gran desgaste realizado y esperaba para salir de contragolpe. Uno que nunca llegó porque el buen trabajo en el medio de los celestes desactivó esa posibilidad sobre el cierre de la primera mitad.
Los restantes 45' tuvieron un ritmo similar, con Chile manejando la batuta en base a una gran presión, la posesión total del balón y una muy eficiente ocupación de los espacios en fase ofensiva. Isla era otra de las figuras del partido, enloqueciendo a sus marcadores con sus constantes trepadas y asociaciones por su costado. Díaz tuvo una posibilidad tras un buen 1-2 con Vidal, pero su disparo se fue demasiado alto.
Uurguay comenzó a ganar tiros libres cerca del área y en uno de ellos tuvo su chance de oro: alguien la bajó en el barullo y le quedó a Rolan de frente al arco. El delantero conectó con muchas dudas y sin potencia y Bravo logró reaccionar para quedarse con la pelota y la chance del partido. Chile siguió rotando posiciones a una velocidad admirable, pero Uruguay con una serie de relevos bien planeados lograba mantener la compostura. El muro era prácticamente infranqueable y obligaba a que los de Sampaoli buscasen demasiado con remates de media distancia. Los dos interiores chilenos perdían el duelo con el doble pivote uruguayo y el equilibrio era ley por el momento.
Las imprecisiones comenzaban a crecer en un equipo que estaba desgastado y necesitaba un recambio de piernas y de aire. Tener la pelota no le estaba dando resultados por ahora a Chile, que a pesar de sus propias limitaciones en 3/4 de cancha atacaba sin parar y ponía el alma en cada pelota. El esfuerzo pasó factura y Uruguay empezaba a entrar en su zona: la de esperar agazapado el error mínimo para capitalizarlo.
Hernández ingresó por un flojo Rolan para lograr esto. Cavani dió unos pasos más atrás y Abelito quedó como nueve punta. Su velocidad tenía que ser el factor desequilibrante de un partido tenso y ahora luchado en el mediocampo. Chile no era intenso pero estaba muy acelerado, sin pensar demasiado cada jugada y yendo al choque sin parar. Alexis seguía desaparecido, Vargas ni entró a la cancha y Valdivia aparecía a cuentagotas ahora.
Sánchez y el doble cinco imponían condiciones en el mediocampo, pero la chance fue de Chile: centro bien pasado de Mena y cabezazo de Vidal bien pensado pero a las manos de un ubicado correctamente Muslera. El fastidio era evidente en los jugadores locales ante un estadio que alentaba pero que comenzaba a mirar al cielo cada vez que un pase salía mal. Los de Tabárez sacaban el manual de Bilardo y Zubeldía y cortaban el juego con foules inofensivos bien lejos de su área.
Y llegó el quiebre: Jara vió a Cavani lógicamente nervioso, le pegó una cachetada y luego cuando el nueve se acercó para esperar el tiro libre LE METIO UN DEDO EN EL CULO. Cavani se dió vuelta para mirarlo bastante mal y putear a su madre y Jara cayó dos años tarde y como si le hubiesen pegado un tiro. El línea vió todo pero hizo la vista gorda y Uruguay se quedó con 10 en el momento más flojo de Chile. Una actitud deplorable del defensor chileno que terminó con el partido tal cual lo estábamos viendo hasta ese entonces.
Todo se picó en el mediocampo, con un reparto de patadas de parte de los uruguayos en busca de un poco de venganza. Chile siguió igual de impreciso y no encontraba espacios más allá de su superioridad numérica. Sampaoli movió el banco: Pinilla por un inerte Vargas y Fernández por Díaz. Un nueve punta para que Alexis vaya por los costados y un creativo con velocidad para pisar el área más seguido. Cambios ofensivos, nunca esa cautela digna de perdedor, como nos tiene muy bien acostumbrados el entrenador argentino.
Valdivia rompió por el centro, Pinilla se la rebotó muy bien y lo cruzaron al 10 con una dura patada. Ley de ventaja porque la pelota le quedó a Vidal, que no pudo darle dirección a su disparo para tranquilidad de Muslera. La posesión de Chile era por primera vez absolutamente inocua, mucha lateralización sin generar complicaciones desde lo colectivo. El desequilibrio llegaba de la mano de alguna acción individual de Valdivia, Vidal, Isla o Fernández.
Uruguay estaba en modo de guerra, uno que conoce y ejecuta a la perfección. Salida larga de Muslera, gana la segunda pelota Rodríguez, apertura con Sánchez y un remate a colocar del jugador de River que se fue rozando el palo más lejano de Bravo. Sin nada, los de Tabárez peleaban y generaban un silencio tremendo en un estadio que estaba prendido fuego.
Sánchez habilitó a Hernández, que ganó pero no pudo girar ante la dura marca de Aranguiz. Abel se cerraba como nueve y Sánchez y Rodríguez iban por los costados para lograr una victoria que parecía muy lejana. Rodríguez lo tuvo tras un buen quite cerca del área pero apuró su disparo y todo Chile tomó aire mientras Bravo acomodaba la pelota para sacar. Sin claridad y con sus estrellas nubladas, Chile estuvo cerca gracias a Valdivia: gran centro cerrado que recorrió toda el área chica pero que no fue empujado por nadie.
De tanto ir, de tanto chocar - porque ya no había juego claro y fluido, las urgencias reinaban- Chile logró el desahogo merecido: centro de Mena, Muslera sale pero la deja muy corta y Valdivia con una genialidad cedió para Isla que estaba mejor posicionado para rematar. Bombazo inatajable del lateral del Queens Park Rangers y un 1-0 que sin dudas había llegado bastante más tarde de lo que todos imaginaban. En un cambio inteligente, Pizarro ingresó por un agotado Valdivia para tener la pelota hasta que el árbitro decretase el final.
Jonathan Rodríguez, promesa de Peñarol, entró por Carlos Sánchez. Tabárez lanzaba al campo todo lo que tenía y los espacios ya eran totales en su defensa y mediocampo. Los de Sampaoli comenzaron a tocar de lado a lado, pero la presión uruguaya les permitió avanzar en el campo de juego. Alexis Sánchez inventó un foul en un cruce con Fucile y logró que expulsasen injustamente al lateral uruguayo. Esto no detuvo su empuje, pero logró terminar con lo que quedaba del partido que se hizo muy desigual en los minutos de descuento. Bravo descolgó un muy buen centro pasado y así se quedó con la última oportunidad de un Uruguay que sin demasiado estuvo bastante cerca de dar el batacazo. Con Gimenez y Godín sosteniendo a su equipo contra los embates finales de Chile, llegó la tapada de Muslera ante Vidal tras una muy buena habilitación de Fernández. Fin del partido y estallido de un angustiado Estadio Nacional y de los jugadores chilenos que terminaron discutiendo antes que festejando.
Después del partido, vertí ciertos comentarios en Twitter que generaron un par de discusiones amistosas - por suerte- y que terminaron en buenos intercambios futboleros. Lo que dije fue que Chile si bien había tenido la pelota, nunca había logrado avasallar por completo a un mucho más débil y limitado Uruguay. Cuando un equipo propone y el otro solamente espera a que pase el tiempo, es responsabilidad de quien juega bien romper con el cerrojo y encontrar un resultado que refle je su superioridad en el campo de juego. El equipo de Sampaoli fue fiel a su idea y nunca dejó de atacar. No sucumbió al pelotazo cuando las líneas parecían imposibles de superar y trató de no dejarse llevar por las presiones - lógicas - del entorno. Superó el duro examen con mucho trabajo, mucho sudor y alguna que otra lágrima, pero nunca jugó peor que los dirigidos por Tabárez. Con lo exhibido, le alcanzó para pasar un escollo muy duro pero de cara a lo que se viene tiene bastante para mejorar pues Perú es un equipo que juega muy bien y que sabe equilibrar con eficiencia defensa y ataque. Uruguay a mi parecer controló el trámite y pudo imponer condiciones en varios tramos del partido y contó con las situaciones más claras antes del gol. Las dos de Sánchez y la de Rolan no entraron porque tal vez hubo algo de justicia futbolística pero hasta la expulsión de Cavani todo era parejo en lo referido a lo táctico. En lo que refiere a la pelota, todos sabemos que no hay discusión posible: Chile ganó por robo en el mejor de los sentidos, claro. Lo de Jara fue lamentable y muy posiblemente reciba una sanción de oficio, aunque creo que las quejas de Uruguay no deberían ser demasiado exageradas porque históricamente ellos han sido cultores de algunas de las trampas desestabilizadoras que utilizó Chile en los momentos más difíciles. Dejando de lado el escándalo, alguno apuntes para Sampaoli: mejorar la fluidez en 3/4 de cancha, lograr acoplar mejor al equipo en la fase defensiva, conseguir que la presión alta de sus volantes sea más consistente y atender el sector de Mena que fue por donde Uruguay pudo entrar con facilidad. Alexis Sánchez es otro punto flojo, no ha tenido una Copa América soñada hasta aquí pero le quedan dos partidos para demostrar toda su calidad. Chile lo necesita en su máxima dimensión, no a cuentagotas y eligiendo vivir en el piso antes que deleitándonos con su velocidad, talento y recursos técnicos interminables. Sin negar que lo que voy a decir es un gran lugar común, es la mejor forma de describir lo que pasó en este partido: ganó quien salió desde el primer minuto a jugar, el que no especuló, el que lo quiso ganar hasta cuando no pudo jugar demasiado bien. A Chile y a Sampaoli, salud!
No hay comentarios:
Publicar un comentario