lunes, 29 de junio de 2015

Paraguay 1 (4) - Brasil 1 (3): Una refundación en marcha y otra que es muy necesaria; Las dos caras del fútbol en un solo partido




Ramón Díaz respiraba tranquilo de cara al choque contra Brasil. Su Paraguay había logrado hacerse fuerte ante las críticas y tener una primera fase más que razonable para llegar hasta los Cuartos de Final de la Copa América. Repasemos su recorrido: un primer partido que comenzó muy mal contra la Argentina, que bailó a su equipo durante 45', y que terminó bien tras un cambio de actitud en los jugadores y una muy buena reacción del entrenador desde el banco; la segunda presentación fue contra al débil Jamaica, que no le hizo demasiadas cosquillas pero lo complicó bastante en un partido luchado que se definió en una jugada aislada a favor de los guaraníes; y un cierre contra Uruguay en el que lograron rescatar un empate pero se vieron superados con bastante claridad por la mejor versión del equipo de Tabárez en mucho tiempo. Nada mal para un equipo que hace dos o tres años no podía ganar un partido y que penaba en todos los campos de juego donde se presentaba. El riojano logró levantarle el espíritu a los jugadores, realizó una convocatoria muy inteligente - para darle lugar a la nueva generación, eligió a los pilares de la que se está yendo- y avanzó de fase en un torneo en el que hay que jugar realmente mal y tener muy poca suerte como para quedar afuera, pues de 12 pasan 8, algo que debería reformarse hace mucho tiempo y que le quita prestigio al torneo. No se como le habría ido a esta Paraguay en un formato clásico - como el de antes- de dos zonas de cinco en el que solo pasan los dos mejores de cada una. Pero eso sería teorizar acerca de cosas que por el momento no van a suceder, así que dejémoslo para otro momento. La única verdad, es la realidad; con un estilo muy tosco, que busca destruir el juego del rival en el mediocampo con dos líneas de cuatro bien apretadas, y que usa el contragolpe de la mano de Derlis González y Benitez por las bandas como principal arma ofensiva - sumemos la pelota parada-, Paraguay ha dado sus primeros pequeños pasos hacia una necesaria refundación.
 
Dunga en cambio, tenía una mochila muy pesada sobre sus espaldas. En un recorrido similar al de su bastante buena primera etapa al frente de la selección mayor brasileña, había sido blanco de todo el periodismo que le achacaba que el equipo no jugase bien. Partiendo una lanza en su favor, hay que decir que el cotolengo que heredó no es gran material para trabajar. Su convocatoria para los amistosos y esta Copa América trajo muchas críticas porque era un híbrido entre algunos históricos asentados, estrellas en plena explosión e ignotos del fútbol local y demás ligas de países tan remotos como intrascendentes en lo futbolístico. Para quien les escribe, la convocatoria de jugadores como Elias, Danilo - que finalmente no estuvo por una lesión-, Firmino, Robinho, Coutinho, Douglas Costa, Miranda, Filipe Luis y un par más estuvo muy bien. Claro que luego se puede discrepar en algunos nombres, pero en líneas generales no fue mala la lista final más allá de que creo que jugadores como Hulk, Fernando, Paulinho, Oscar y Luiz Adriano deben estar siempre entre los 23 seleccionados. Con el poco tiempo que tuvo para trabajar, creo que Dunga es el último responsable de la cadena de horrores que es Brasil desde, digamos, Alemania 2006 hasta el día de hoy. Salir de aquél 7-1 como local le va a costar mucho y más todavía si no dejan trabajar al entrenador y a los jugadores en paz, más allá de que hay ciertos puntos muy preocupantes que tienen que ser atendidos con urgencia por Dunga - que hasta aquí hizo lo que pudo pero mostró nula capacidad para resolver problemas claros sobre la marcha- para evitar que el cráter se profundice aún más. 

Brasil formó con su 4-2-3-1 tratando de repetir el buen partido hecho contra Venezuela: Jefferson; Dani Alves, Miranda, Thiago Silva, Filipe Luis; Fernandinho, Elias; Willian, Coutinho, Robinho; Firmino. Dek otro lado de la cancha, Paraguay plantó un 4-4-2 listo como siempre para la guerra en todos los sectores de la cancha: Villar; Valdez, Da Silva, Aguilar, Piris; Derlis González, Aranda, Víctor Cáceres, Edgar Benitez; Nelson Haedo Valdez y Roque Santa Cruz.  


El partido comenzó con Brasil moviendo la pelota de lado a lado, mostrando mucha dinámica de cara al arco. Una buena conexión entre Coutinho y Robinho a un toque terminó con un remate del volante del Liverpool que Villar mandó al corner. Paraguay iniciaba replegado, buscando velocidad en la salida con sus dos extremos. Los de Dunga presionaban bien alto, con tres hombres como mínimo sobre la salida rival y un mediocampo listo para raspar aún más que el paraguayo. 

Los laterales brasileños se proyectaban constantemente en campo rival, haciendo que su equipo gane volumen en cada avance. Brasil monopolizó la pelota en estos minutos y su armado era muy paciente, esperando hasta encontrar el momento justo para buscar el pase profundo. La dinámica de sus tres mediapuntas y el intercambio constante entre Firmino y Coutinho hacía que la fase creativa de los de Dunga fuese el factor determinante de su dominio. Robinho seguía mostrando todo su talento, con muy buenos arranques y sociedades por todo el frente de ataque. 

Como contra Venezuela, los brasileños sabían como desplegarse en ataque y como plegarse en el retroceso, como un acordeón perfecto. Benitez avisó que Paraguay jugaba el partido con un desobrde y centro para Roque Santa Cruz pero el cabezazo no llevó demasiada dirección tras anticipar bien a un inseguro Jefferson. Un buen robo en el medio habilitó un contragolpe en dos pases: apertura con Derlis, carrera y centro bajo que Miranda cortó muy bien antes que Haedo Valdez pudiese rematar. 

Los de Ramón Díaz mostraban sus armas en el contraataque, con mucha velocidad y una transición eficiente y sin mucho traslado del balón. Piris se lució recuperando y pasando al ataque constantemente. Todo estaba bastante más equilibrado ahora, pero la pelota seguía en los pies de Brasil. El partido se hizo demasiado trabado en el medio y el juego por un rato quedó totalmente de lado. A los 14', la canarinha rompió el esquema con una gran jugada: Filipe entró por la izquierda, cedió para Robinho en el medio, quien hizo la pausa y habilitó muy bien a Dani Alvez por el costado. Centro de primera del jugador del Barcelona y el mismo Robinho empujó al gol entrando por el centro del área. Un verdadero golazo, un 1-0 muy bien ganado, pues Brasil era superior a un tosco y contragolpeador Paraguay.


Este golpe sirvió para sacar a los guaraníes del fondo y los espacios comenzaron a aparecer con mayor claridad a los 20' de juego. Brasil manejaba la pelota, haciéndola girar por toda la cancha en busca de una buena diagonal que definiese el trámite. Los centrales rechazaban todos los pelotazos frontales de parte de los rojiblancos y aprovechaban que las bandas eran autopistas vacías para que sus laterales trepasen y armasen sociedades con Willian y Robinho. 

Paraguay pegaba bastante en el mediocampo, superado por la velocidad de Brasil en el paso al ataque. Se mostraban demasiado inconexos, muy largos, y sin poder salir desde el fondo con comodidad. El equipo de Dunga tejía cada avance a un toque, armando triángulos y buscando con mucha profundidad desde 3/4 en adelante. Hasta aquí, era imposible negar que Brasil estaba haciendo un partido muy bueno y que mantenía el equilibrio entre defensa y ataque. 

En el minuto 34', Santa Cruz rompió por el costado y su disparo se fue un poco ancho. La primera llegada de peligro para los de Ramón servía como anticipo de un cambio radical en la dinámica del partido que estaba por llegar. En el momento en el que Paraguay dió un paso al frente, Brasil decidió cederle la pelota - y por ende la iniciativa- a un contrincante que se mostraba cada vez más voraz en el medio y con mucha explosión por los costados vía Derlis y Benitez. 

La pelota parada fue el arma elegida para tratar de lograr el empate, pero los centrales mantuvieron la ventaja supliendo las inseguridades de Jefferson en las salidas. Brasil buscó ganarlo de contraataque y si bien pudo armar algunos buenos avances, no fue para nada preciso en la puntada final. Su dominio se había extendido hasta poco más de los 35' del primer tiempo y más allá de no haber sufrido en exceso sobre el cierre, empezaba a mostrar señales muy preocupantes que ya se habían visto en el final del partido previo. El problema era que todavía quedaban 45' para definir quien sería el cuarto semifinalista de la Copa América.


La segunda mitad fue bastante aburrida en los primeros minutos, pero luego de un breve lapso Paraguay se lanzó al ataque sin restricciones. Para compensar, la idea de su entrenador fue buscar cubrir los espacios o dejando a Benitez en el medio cuando Derlis pasaba al ataque o adelantando a uno de sus laterales para formar una línea de 5. Brasil estuvo por un rato plantado en 3/4 pero sin demasiada precisión, chocando contra una dura línea defensiva que siempre lo superó en número.

Santa Cruz volvió a romper en velocidad y Dani Alves estuvo a dos milímetros de cometerle un claro penal. Derlis tomó el tiro libro y su remate potente al primer palo fue contenido por Jefferson con seguridad. Firmino respondió con una corrida por la banda, taco con Filipe Luis que limpió para Willian en el medio. El volante del Chelsea abrió con Elias y la pelota salió demasiado alta. Haedo Valdez lo tuvo con un anticipo de cabeza en el primer palo, pero por centímetros no pudo gritar el empate. 

Paraguay era el que estaba mejor parado ahora, en un partido frenético que de a poco pasaba a ser todo rojo y blanco. Con mucha presencia en campo rival y yendo sin parar por las bandas, los de Díaz habían logrado dar vuelta todo. Robinho lanzó muy incómodo por encima del travesaño y Dunga movió el banco rápido para darle velocidad a su equipo: afuera Willian, adentro Douglas Costa para ganar en el mano a mano. 

Da Silva lo tuvo de cabeza - cuando no- y Jefferson salvó su valla con una gran reacción. Brasil no reaccionaba y Paraguay lo avasallaba con poco más que corridas por los costados, centros y buenas jugadas de Derlis González y Edgar Benitez. Los dos exteriores estaban haciendo un partido eléctrico: sensacionales en ataque y muy aplicados y solidarios en la fase defensiva. Eran los que marcaban el ritmo en un momento en el que los de Dunga necesitaban la campana para reorganizar las ideas y tomar aire. 

Pero eso solo pasa en el boxeo, por lo que siguieron yendo por el medio y chocando contra la solidez de los centrales paraguayos. Tardelli entró por Firmino, en un cambio extraño pero que se puede explicar con la intención de abrir el campo y lanzarle centros a un jugador que sí es referencia. En la jugada siguiente, Valdez ganó con autoridad sobre el costado, tocó con Derlis y todo se fue al diablo: centro, despeje, bola que no lleva riesgo y una mano tan idiota como inexplicable de Thiago Silva. La segunda vez que lo hace en el año y que sumado a su llanto en Brasil 2014 deberían significar su eyección del primer equipo por un buen tiempo hasta que se equilibre emocionalmente. Derlis González tomó la responsabilidad y con mucha calidad puso un 1-1 lógico y merecido por como venía el partido. Lo particular es que Brasil no exhibía fisuras en el juego aéreo y Paraguay parecía empezar a frustrarse de tanto perder allí, pero un regalo logró darles un gol que posiblemente de seguir así no hubiesen encontrado más allá de merecerlo.


Bobadilla ingresó de inmediato por Haedo Valdez para darle más peso a la ofensiva. Ramón salió a ganar el partido, ni pensó en especular con ir a los penales. Brasil estaba muy expuesto, largo y en extremo espaciado, una invitación a que Paraguay lo liquide. Buscó intercambiar golpe por golpe y recuperar la pelota, pero se acordó demasiado tarde de que había que jugar para salir con una sonrisa y la clasificación. La especulación lo llevaba al borde del abismo y esto se veía en las caras de los jugadores y del cuerpo técnico. Sus rivales eran la contracara, el tiburón que olió sangre desde el minuto 30' del primer tiempo y que no se conformaba con solo haber herido de muerte a su presa. Quería destruirla por completo, sacarla del juego. 

Derlis comandó un gran contragolpe y su remate bien esquinado fue tapado por Jefferson ya sobre el minuto 80'. Coutinho respondió con una buena corrida y un remate, previo enganche, que picó ante Villar pero fue muy bien resuelto por el experimentado arquero. Dani Alves impactó muy mal un tiro libre en posición inmejorable y Ramón Díaz mandó al talentoso y prometedor Romero a la cancha por un agotado Benitez. El esquema era un claro 4-3-3 que estaba completamente lanzado a por la victoria. 

Bobadilla encaró, abrió con Derlis y este habilitó con un centro rasante a Roque Santa Cruz, que no le pudo entrar bien a la pelota. Paraguay merecía irse ganador, pues había logrado reducir a Brasil al tamaño de un grano de arena, que solo se limitaba a aguantar cerca de su arquero y a esperar que la suerte lo ayudase en los penales. Ribeiro ingresó por un Robinho intermitente en el segundo tiempo, pero lo de Dunga nunca dejó de ser conservador. Sus dirigidos siguieron chocando sin parar y Romero tuvo la última con una buena jugada y un disparo que se fue ancho para la tranquilidad de sus rivales. 


En los penales, se confirmó que las caras de susto y decepción en Dunga y los jugadores brasileños no eran casualidad. Las ejecuciones fueron flojas y los jugadores paraguayos - salvo Roque que emuló el penal de Murillo contra la Argentina- tuvieron sangre fría y calidad para convertir sus tiros desde los doce pasos. Paraguay era Semifinalista y Ramón Díaz culminaba su primera gran victoria: les había tapado la boca a quienes lo criticaron desde el primer segundo, de la mano de mucho trabajo y mucha inteligencia para leer cada uno de los partidos que jugó. Le queda la Argentina y puede soñar sin problemas con llegar a la Final de la Copa América en su primera incursión oficial como entrenador de una selección, pues en la primera fase demostró que le puede plantar cara a los de Martino. Gane o pierda, el equipo guaraní terminará con la sensación de que el primer examen fue superado. Resta ver como se desenvuelve este plantel en las eliminatorias y como el entrenador maneja la transición, pues es cierto - como para bajar un poco la espuma- que Paraguay ha ganado solo un partido en este ciclo y contra la débil Jamaica. Se puede elegir ver el vaso medio lleno como hizo Ramón y decir que pocos le pudieron ganar o entender que el formato de este torneo (que debe ser cambiado de inmediato, pues permite que casi cualquiera siga adelante) ha permitido que un equipo interesante, luchador pero aún en proceso de reconstrucción, haya llegado tan lejos. Dunga ya regresó junto a los jugadores a Brasil y dejó en claro que buscaba ganar experiencia y que lo importante es la clasificación al Mundial. Claro que esto busca esconder sus falencias desde el banco - sobre todo la poca cintura y audacia- así como que la mayoría del plantel no le rindió. De sus palabras hay algunas cuestiones valiosas, de las que me quedo con una sola: Brasil debe dejar de jugar pensando que tiene el talento absoluto y que gana con la camiseta, pues hace mucho tiempo que no posee ni una formación ni un estilo definidos. El Pentacampeón del mundo hace rato que agrupa jugadores de buen pie - y algunos de no tanto- y que se encomienda a ellos para obtener victorias que cada vez son más difíciles de conseguir y que demasiado seguido terminan siendo duras derrotas. No se si Dunga es el indicado para darle un nuevo estilo a Brasil pues el cambio brusco sufrido desde 1986 hasta aquí no se debe solamente a los directores técnicos sino a una manera de ver, administrar y analizar el fútbol que hay en Brasil, Ramón Díaz y Dunga: uno que se llenó de certezas y puede trabajar tranquilo; otro que no tiene más que dudas y que sabe que nunca será dejado en paz. Las dos caras del fútbol en un mismo partido.   






sábado, 27 de junio de 2015

Argentina 0 (5) - Colombia 0 (4): Una enorme victoria en base al buen juego; Por fin hay una idea de juego, se terminó el salir a ver que pasa



La Argentina de Gerardo Martino tenía un partido muy complicado por delante. Más allá de que Colombia estaba jugando su peor fútbol desde el comienzo del ciclo Pekerman, su idea de juego y la enorme calidad de sus jugadores lo hacían un rival de extremo peligro. No en vano este equipo fue tildado, tras sus muy buenas eliminatorias pasadas y un buen Mundial 2014, la nueva "gema" de Latinoamerica. Como toda escuadra de José Pekerman, esta versión bien fresca de la selección cafetera exhibía audacia y equilibrio en dosis similares. El equilibrio siempre fue esencial para entender al ex entrenador de la Argentina y junto a una propuesta que siempre privilegió a la pelota y al jugador, lo ha llevado a ganarse todo el prestigio que posee hoy día como entrenador. Como en su momento le pudo dar un estilo definido y vistoso a las selecciones juveniles y la mayor de la Argentina, hoy ha hecho lo mismo con el equipo nacional colombiano que posee las cosas bastante claras y que se acerca a aquellos años de oro, a mediados de los 90', cuando el mundo vió a un brillante, intenso y lujoso equipo aplastar a quien se le pusiese enfrente. Tras una floja primera fase, en la que cosechó cuatro puntos y tuvo un muy buen primer tiempo contra Brasil y nada más, Colombia llegaba a un choque trascendental sin los dos jugadores que habían solucionado los problemas generados por la falta de juego asociado y de eficiencia frente al arco rival. Con Sánchez suspendido y Valencia afuera por una rotura de ligamentos cruzados, Pekerman perdía a su eje de destrucción en el mediocampo, el responsable de que siguiesen vivos en la competencia. Del otro lado del mostrador, Martino cargaba con un muy bajo promedio de gol (4 goles sobre 23 situaciones netas generadas) y con más certezas que dudas. Quedaba por delante corregir algunas cuestiones en el retroceso, en la pelota parada y en lo referido a los caminos elegidos para buscar el arco contrario. Pero lo que más preocupaba eran las serias carencias ofensivas. La idea estaba oficialmente asentada en el grupo y la ejecución había sido muy buena durante varios tramos de la fase inicial, a pesar de que también se vieron muchos fallos en el cierre de los tres partidos donde la Argentina terminó arrinconada por rivales que habían sido inferiores durante casi todo el partido. 
El Tata Martino alineó a su once de memoria, un 4-3-3 que es extremadamente flexible: Romero; Rojo, Garay, Otamendi, Zabaleta; Pastore, Mascherano, Biglia; Di María, Agüero y Messi. El dibujo velozmente pasa a ser un 4-2-1-3 con un doble cinco para contener y un enganche flotando delante de ellos con total libertad. Tres delanteros, pero Di María con la función de acoplarse en la fase defensiva para armar una línea de cuatro en el mediocampo y posibilitar el contragolpe en pocos pases. Pekerman eligió su habitual 4-2-2-2 que en la cancha es un 4-4-2 o un 4-3-1-2 según mande la ocasión: Ospina; Arias, Zapata, Murillo, Armero; Zúñiga, Mejía; Cuadrado, James; Teo Gutierrez y Jackson Martínez. Dos volantes de marca pura con el objetivo de suplir a sus dos jugadores de lucha ausentes, Cuadrado y James bien abiertos con la responsabilidad de crear fútbol, Teo un poco más retrasado como mediapunta y Jackson - al fin- Martínez como único delantero entre los centrales argentinos. 


Desde el primer minuto, quedó claro que la Argentina estaba dispuesta a avasallar a su rival sin cesar. Su presión alta con los tres volantes y delanteros era toda una declaración de principios y la primera situación de peligro llegó tras un buen centro de Di María y un cabezazo de Rojo que se fue alto. Los de Martino buscaban instalarse en campo rival y tenían la pelota en este comienzo intenso. Colombia respondía con sus centrales adelantados y tratando de ocupar espacios para robar y salir por las bandas. 

Argentina llegaba bien hasta 3/4, con mucha facilidad, pero le costaba superar la numerosa línea defensiva. James y Pastore se erigieron como ejes de sus respectivos equipos, sueltos delante del área y siempre pidiéndola, aunque con mucha más injerencia y precisión el volante del PSG. Messi brillaba sacándose de encima a varios marcadores con sus veloces arranques, aprovechando que el rival marcaba no en zona sino hombre por hombre. 

El partido era de ida y vuelta, pero Colombia mostraba mucha pobreza en la fase ofensiva apenas pasando la línea de volantes de vez en cuando. La Argentina aprovechaba los espacios que iban surgiendo por el desacople táctico que ya era demasiado evidente y salía con mucha velocidad desde el mediocampo. Di María robó cerca del área y su buen remate fue contenido por Ospina en su primera intervención de una noche que parecía lo tendría ocupado. 

Colombia arriesgaba y dejaba espacios a conciencia, confiando en que la superioridad física de los volantes y centrales sería determinante. Claramente el entrenador erró con está táctica, pero el partido era intenso y muy peleado en todos los sectores de la cancha. Pekerman veía como sus jugadores se limitaban a frenar los avances argentinos con faltas bastante violentas y un juego bastante trabado para lo que estamos acostumbrados de este equipo. 

Messi se abrió camino por el medio y luego le cometieron falta (no cobrada) en el borde del área. El problema fue que Di María estaba solo y en posición óptima para rematar dentro del cuadrado, por lo que el 10 no tuvo criterio y se empecinó en llegar el y solo él sin sentido. Jackson Martínez y Teo Gutierrez estaban aislados, pero el de River ni siquiera mostraba movilidad y lanzaba toquecitos displicentes que habilitaban el contragolpe del rival y no le daban tiempo al equipo para rearmarse en defensa. 


Los de Martino salían con mucha paciencia, avanzando de a poco y sin apurarse. La jugada por lo general derivaba en la apertura de la cancha o un pase entrelíneas para que los extremos pisasen el área con pelota dominada. Di Marí ejecutó otro muy buen corner, Agüero la recibe frente al arco y lo barren muy claramente de atrás. Otra vez, el árbitro no cobró nada y todo siguió normalmente. El balón era propiedad de la albiceleste que empujaba a su contrincante hacia atrás ante la mirada de un árbitro que no cobraba ni sacaba tarjetas siquiera ante golpes directos. 

La pésima organización de Colombia era sorprendente. Di María volvió a lanzar un gran centro, Otamendi la bajó y Zuñiga llegó como salvador a evitar la entrada de Agüero. Por abajo y por arriba, los de Pekerman sufrían como nunca antes en este muy buen ciclo. Encima, las pocas veces que agarraban la pelota no sabían bien que hacer con ella, una mezcla de atacar a los tropezones y buscar ganar en base a correr con la cabeza baja a ver si pasaban la pelota y el jugador juntos.

Di María firmaba sin dudas su mejor partido del año. Claro que a veces se obsesionaba con terminar la jugada él, pero Messi, Agüero y demás hacían lo mismo. El del Manchester United fue clave porque traccionó la banda sin parar como en el Real Madrid y cubría muchos espacios en el retroceso para evitar que Colombia ganase las pelotas divididas. La Argentina dominaba sin problemas, a puro toque e intensidad, pero seguí poco fina de cara al arco algo que se viene extendiendo de manera preocupante hace tiempo.

Pekerman reaccionó bien rápido y sacó a Teo para meter a Cardona. Inexpresivo lo del delantero de River, como en casi todo el semestre menos en los dos partidos contra Cruzeiro y un rato contra Boca. Pastore encaró, ganó y centró para el Kun que definió de primera muy bien para chocarse con los pies de Ospina que milagrosamente despejó a contrapierna. El tema fue que a Messi le quedó la pelota a media altura con el arco vacío y Lio definió como debe ser, pero Ospina sacó todos sus reflejos y los puso al servicio de su equipo para mandar un balón imposible al córner. 


Colombia ganó un poco de aire con la variante de Pekerman, Cardona e Ibarbo lograron bajarle un poco el ritmo a un partido que los estaba dejando atrás y pudieron ganar posesión más allá de que nunca supieron bien que hacer con el esférico. Messi estaba jugando un enorme partido, bajado siempre a pedirla, moviéndose por todo el campo de juego y arrancando con electricidad y potencia, abriendo surcos sin parar y generando muchos agujeros en el esquema rival. 

Las parejas de centrales y volantes argentinos cerraban bien el espacio que queda siempre entre ambos y así le impedían a James y a Cuadrado gravitar en el partido. Mientras los cafeteros no paraban de pegar, Messi pasó entre cuatro hombres, tocó con Pastore, este la abrió con Di María que envió un centro bien picante para el Kun. Zapata salvó y casi termina metiéndola en contra, pero a la muy buena labor argentina solo le faltaba el gol. El promedio de goles sobre situaciones generadas seguía achicándose, aunque en este partido la culpa era toda de Ospina. 

Biglia tuvo un buen remate de frente tras un toque atrás de Agüero pero se le fue demasiado ancho el intento. Di María y Rojo armaron un muy buen tándem por su sector, dejando parados siempre a los marcadores que se turnaban para salir a ganarles la posición. Messi y Pastore armaron un 1-2, Lio habilitó a Di María y Zúñiga volvió a llegar con un corte providencial para la subsistencia de su equipo. Zapata zafó de la roja tras una clara falta a Di María cuando este se iba solo contra el arquero y los ánimos no pararon de subir casi sobre el cierre de la primera mitad.

Pastore tuvo un mano a mano que Ospina le tapó dos veces con el alma ya sobre los 44'. La presión de la Argentina fue total y no bajó hasta que el colegiado decretó el final del primer tiempo. Con intensidad, presencia y muy buen toque ahogó a Colombia desde el primer segundo y no la dejó siquiera pensar en poder dar dos pases seguidos. Y cuando tuvieron la chance, tampoco lograron hilvanar siquiera una jugada razonable para llevarle peligro a un tranquilo Romero. Con cinco claras, los de Martino no habían logrado abrir el marcador pero todo lo demás había estado - y de que manera-: presión alta, toque por abajo, fluidez, dinámica, rotaciones posicionales, uso de las bandas, laterales/volantes, buena cobertura de espacios, buen juego aéreo en ambas áreas...Solo faltaba inflar la red de una vez por todas.


Todo siguió bastante parecido en la segunda parte, con la Argentina presionando pero con una Colombia un poco más estable. La diferencia estaba en la intensidad y el juego asociado, dos puntos en los que la balanza se inclinaba a favor de los de Martino. Todo volvió a encenderse con una pirueta de Arias que evitó que el Kun Agüero recibiese de cara al arco. Otamendi cometió un error en la salida, Cuadrado le ganó la posición y tocó con James que pudo pisar el área por primera vez. Garay lo cortó con mucha sobriedad cuando buscaba recortar hacia el centro, pero las cosasestaban un  más equilibradas ahora.

Messi le tiró un muy buen pase largo a Di María que no la pudo bajar bien y fue anticipado por Ospina, en una lectura muy buena del arquero como líbero. Vió el pase antes de que sucediese y por eso logró ganar sin problemas. Arias empezaba a multiplicarse, cortando buenos centros y avances cuando parecía que los jugadores argentinos quedarían solos contra el portero. Pastore ganó muy bien sobre el costado, pero su centro no pudo ser empujado por un Agüero que no se mostraba cómodo dentro del área. 

Messi y Pastore armaron una avance en corto, el del PSG habilitó al Kun pero este no pudo controlarla y la pelota terminó en los pies de un Zapata que también empezaba a aparecer por todos lados. A pesar de esto, Colombia seguía siendo un desastre aunque ahora un poco mejor gestionado. Muy golpeadora y sin poder usar la pelota tanto por falencias propias como por el muy trabajo de presión del rival. Desconcertante ver a un equipo que hasta hace poco era el mejor del continente arrastrarse por la cancha y recurrir a un juego al límite del reglamento. 

Cardona tuvo dos buenas subidas: la primera terminó en un centro de Ibarbo bien despejado por Rojo y en la segunda logró dejar a Ibarbo en la línea de fondo otra vez, solo para que esta vez sea Zabaleta quien le ganase. El partido estaba muy picado dentro y fuera de la cancha, y la Argentina seguía siendo mejor porque jugaba y metía de la misma forma y no renunciaba jamás al ataque. Nunca un pelotazo a que se las arregle el punta, ni aunque toda la cancha estuviese tapada de camisetas amarillas.

El Kun presionó bien a Ospina tras un mal pase atrás y el arquero la pudo puntear con lo justo. La única buena jugada de Colombia la armó Jackson Martínez, que una vez que recibió una pelota decente, desparramó a su marcador, entró al área y habilitó a James. El del Real Madrid entró mal y no logró acomodarse nunca ni sacar el remate. Terminó dándosela a un incómodo Ibarbo y Garay lo cerró sin problemas. 

Messi seguía encarando, arrastrando marcas, recibiendo patadas al por mayor, recuperando pelotas, habilitando a sus compañeros...Solo le falta un poco más de ajuste en el remate al arco. Pero el Capitán del equipo estaba más que presente y todo pasaba por él. Colombia lo tuvo de nuevo con una muy buena contra: James habilitó a Jackson y el nuevo delantero del Aleti de Simeone fue cortado por un Mascherano que volvió a mostrar su timing en un partido bastante normal. 

La Argentina estaba cansada y ya no llegaba demasiado al arco rival. No dependía en exclusivo del juego asociado sino de arrestos individuales de Messi, Di María o Pastore (o en las conexiones entre ellos) que sentían el muy duro trabajo hecho en todo el partido. Cuadrado lanzó una gran pelota a espaldas de Otamendi pero el central se recuperó y ganó con autoridad ante la llegada de Martínez. 

Mascherano recuperó muy bien, cedió para Agüero y este habilitó con un pase cruzado a Messi. Murillo logró ganarle en velocidad luego de dejar que el crack argentino recibiese con comodidad, mostrando todas sus cualidades. Tevez ingresó por Agüero para darle más potencia al ataque y también para poder tener un punta que se acoplase al mediocampo en el retroceso. Jackson le dejó su lugar a Falcao, punta por punta para buscar sobre todo por arriba y para que desequilibre con su velocidad en largo.


El equipo del Tata estaba muy largo y agotado, pero no paraba de correr y de atacar. Los tres sectores del campo estaban muy separados entre sí y en 75' los de Pekerman ganaron terreno y posesión. No fue nada tremendo, pero por primera vez la tendencia cambió un poco y la Argentina retrocedió dos pasos para aguantar. Este pequeño rato mostró a una Colombia más tranquila, tratando de llegar por abajo con tres o cuatro toques, usando mejor las bandas y consiguiendo que James y Cuadrado se asocien. El espesor y la previsibilidad en el traslado argentino ayudaron bastante a esta pequeña mejoría. 

Martino vió lo que pasaba y metió a Banega en lugar de Pastore que ya no gravitaba. Creación, remate y marca en el mismo envase, uno que nunca debió salir del equipo pero al que las urgencias periodísticas y bilardísticas sacaron injustamente. Tevez juntó con Messi y este se la dió un poco corta a Banega, que dominó con calidad y sacó un disparo que pegó en ángulo y salió para tranquilidad de Ospina. 


Otamendi anticipó de volea en un muy buen córner de Di María y Ospina logro encontrarla y salvar otra vez su valla. El rebote pegó en el palo y cruzó la línea pero todo terminó en manos del arquero del Arsenal inglés. Messi tenía a todo el equipo sobre el hombro y lideraba el asalto final, haciendo que el breve descanso para Colombia se cortase en seco. Se imponía la Argentina otra vez pero el rival lo tuvo con un buen centro de James a la salida de un tiro libre peligroso, que nadie llegó a empujar por atrás. 

Mascherano remedaba unos 60' apenas razonables con una labor impresionante en los relevos y las coberturas de huecos. Un pulpo que no paró de cortar y de distribuir hacia adelante, hasta jugando por Biglia que estuvo consumido por la marca personal que le pusieron y se lo notó demasiado fastidioso todo el partido. Muriel entró por un agotado Ibarbo, de lo mejor de Colombia y Lavezzi tomó el lugar de un fusilado Di María que más ya no podía darle al equipo. Pekerman se conformaba, algo lógico tras haber sido peloteado por casi 90' y Martino iba por todo.

Un gran pase vertical de Banega para Tevez terminó en una salida desesperada de Ospina, un cruce de Zapata que tenía destino de gol en contra y una salvada del supersónico Murillo cuando Lavezzi se disponía a empujarla a medio metro del arco. Contra la línea y ante cinco rivales, Messi armó un desastre y ganó un tiro de esquina, que remató el mismo con un sobrepique de cabeza que se fue alto. Colombia terminó metida entera en su arco y rogando para que el partido terminase y llegasen los penales.

Inmerecidamente, los de Pekerman tuvieron la chance de seguir adelante en un torneo que los debió haber visto eliminados en la primera ronda. Tres muy buenos lanzamientos por lado, de parte de los mejores jugadores de cada equipo, una ventaja para la Argentina tras una tapada de Romero y un penal a las nubes y cuando parecía que nadie quería definirlo - Rojo y Biglia, lamentables en los lanzamientos-, llegó Tevez para cobrarse revancha por aquel penal contra Uruguay en 2011. Abrazo bien fuerte con Romero, carrera alocada del equipo argentino gritando el gol y un festejo muy merecido por el que se sufrió demasiado sin ningún tipo de necesidad ni sentido.


La mejor manera de resumir el partido es esta: una paliza que no tuvo goles, un rendimiento muy alto aún en el bache por cansancio, que corrigió muchas cosas y dejó otras para trabajar de cara a una Semifinal durísima contra un Paraguay que ya supo como complicarnos y que viene con el plus de haber eliminado a Brasil en un partido en el que fue superior la mayor parte del tiempo. Se corrigieron aspectos clave como la pelota parada en ataque y defensa y el retroceso del equipo, aunque quedó claro que si las piernas pesan y no se tiene la pelota, defensa, mediocampo y ataque quedan separados a kilómetros de distancia. Algo que ni siquiera Jamaica le perdonó a la Argentina en la primera fase y que Colombia de haber estado más fina y más pensante podría haber utilizado mucho mejor. El otro punto a corregir es el tema de la eficacia, pero creo que en esta ocasión es Ospina quien debe llevarse las palmas pues mala puntería de parte de los delanteros y volantes no hubo. Le guste o no a los que siempre lanzan comentarios llenos de malicia y conveniencia - disfrazada de objetividad y de conocimiento, dos cosas que en la mayoría del periodismo deportivo argentino NO existen- se jugó un muy buen partido, se dejaron atrás muchos fantasmas, y se redondeó la mejor actuación de esta Copa América y de este ciclo ante un rival de quilates como Colombia que viene haciendo muy bien las cosas hace rato y siendo puesta como ejemplo de trabajo y juego por todos los que viven rezongando. El Tata Martino hizo todo bien esta vez desde el planteo y la intención, pasando por los cambios y terminando en una emotiva arenga que dejó en claro que no había manera de que Colombia ganase el partido. Grandes actuaciones individuales de Messi, Pastore y Di María y una idea que está bien asentada y que a cada partido se aceita más. Las críticas son necesarias - yo defiendo al DT pero saben que he sido muy crítico en este torneo, si no miren los análisis previos- pero deben ser constructivas; es una locura caerle al entrenador después de haber visto durante todo el torneo a una selección que por fin encontró un estilo de juego agresivo, vistoso, inteligente y muy saludable ¿Fallas? Claro, las habrá siempre porque no existe el equipo perfecto y nunca se puede jugar de la mejor manera posible. Pero si la idea está clara y todos se identifican con ella, todo se irá puliendo con el tiempo. Martino logró que un grupo de jugadores abrace con fuerza una idea, se vea reflejado en ella y busque ejecutarla con mucho trabajo y disfrute. Se terminaron las épocas de salir a la cancha a ver que pasa y sin un plan definido más que entregarse a lo que hagan las estrellas en el contragolpe. Jugando así, la Argentina va a ganar mucho, muchísimo más de lo que pierda.   



 

 

jueves, 25 de junio de 2015

Chile 1 - Uruguay 0: Una sufrida, angustiante y merecida victoria; Algunas aclaraciones para enriquecer el debate



Chile y Uruguay fueron los dos equipos que abrieron la segunda fase de esta Copa América. El choque por los Cuartos de Final tenía un ingrediente central: la extensa e intensa rivalidad entre estos dos equipos y la paridad histórica de la celeste por sobre la roja. Esto por el lado de la historia, llena de polvo, a la que siempre recurrimos para hablar de épicas del ayer. Pero en el presente, las realidades de ambos protagonistas eran y son muy diferentes: Uruguay llegaba tras una fase de grupos irregular en la que venció a duras penas a Jamaica, perdió por poco contra la Argentina en un partido muy trabado y cerró con un empate ante Paraguay que pareció una derrota ¿Por qué? Porque el equipo de Tabárez ese día jugó su mejor partido en años y logró, con bastante poco pues su propuesta es muy pobre en sí misma, dominar a placer a un rival que si bien no es de los que está en mejor forma y se está reconstruyendo, siempre es complicado para cualquiera - si no, pregúntenle a Messi y compañía-. Con un ciclo que ya terminó hace mucho tiempo pero al que sorpresivamente la federación le sigue teniendo la vela, como no queriendo admitir que hay que renovar urgentemente todo, Uruguay era el peor rival que le podía tocar a Chile. Más allá de su flojo presente, siempre deja el alma en la cancha y con un planteo táctico aplicado y aguerrido que deja de lado la pelota y se concentra en trabar el juego en el medio - es decir que a quien les escribe no le gustó jamás ni le va a gustar- hace que jugar en su contra siempre sea en extremo molesto. Un 4-4-1-1 que presiona alto, se comprime en el medio y busca el pelotazo largo y ganar la segunda pelota con el mediapunta para abrir la cancha, buscar al punta con un pase vertical o rematar al arco. El otro recurso es la pelota parada, pues tiene muy buenos cabeceadores de la mitad hacia adelante y a los dos mejores centrales del mundo en su defensa. Eso es lo que el "Maestro" Tabárez ha dejado en todos estos años al frente de la Selección de Uruguay, cosechando un cuarto puesto en Sudáfrica 2010 con un Diego Forlán en su mejor momento y una victoria en la Copa América 2011 casi caminando y dejando en el camino al anfitrión Argentina que plagado de estrellas y con Messi no le pudo hacer ni sombra. Claro que estos hechos ya parecen milenarios cuando se mira el presente de la celeste, que tuvo un mal mundial el año pasado - en el que a pesar de jugar solo con los centrales y Suarez en una pierna, llegó hasta Octavos eliminando a Italia e Inglaterra- en el que alcanzó el peor nivel de juego posible.

A pesar de todo, este no era el mejor escenario posible para un Chile que tuvo una razonable primera fase, en la que supo dejar atrás parcialmente el tema de la presión de ser local y de no haber nunca ganado una Copa América. Hace ya varios años, de la mano de Marcelo Bielsa la selección andina comenzó una largo proceso de reconstrucción que logró devolverle un estilo de juego, generar una identificación y compromiso muy fuertes en los jugadores - una generación marcada por la indisciplina y los escándalos- y hacerla una potencia dominante en Latinoamérica. Clasificó de punta a punta a Sudáfrica 2010, tuvo un muy buen Mundial, y luego tras la salida del genial entrenador argentino tuvo un período intermedio de la mano de Claudio Borghi. El proceso siguió con algunos cambios mínimos en el estilo, lógicos porque cada DT es diferente, aunque sin perder las bases: pelota al ras de piso y ataque constante, generando un desequilibrio buscado que debía ser compensado con un gran despliegue solidario de los volantes y delanteros en el retroceso. Los resultados fueron bastante parejos y lo que eyectó a Borghi de su cargo fue el plantarle la cara a varios referentes del plantel que antes de un partido muy importante frente a Colombia decidieron salir de joda y volver completamente borrachos a la concentración. Valdivia, un jóven Vidal y algunos más quedaron masticando bronca y el plantel - con mayoría de quienes están hoy- le quitó apoyo a un profesional que hizo lo correcto. Otro argentino tomó las riendas, con un tipo de juego más parecido al de Bielsa pero con algunas cosas de su antecesor y también de Pep Guardiola. Jorge Sampaoli mantuvo las riendas firmes y llevó a Chile a su segundo Mundial consecutivo el año pasado, llegando hasta Octavos de Final luego de salir segundo en un grupo complicado y de haberle plantado cara a Holanda con audacia y desfachatez. Brasil, un local lleno de angustia y jugando a los ponchazos y mal, lo eliminó por obra y gracia de varios milagros. Pinilla quedó tan mal luego de aquel disparo en el travesaño en el segundo final del partido que se lo tatuó en el rostro y Chile hizo las valijas con la frente en alto. Tips acerca de la idea de Sampaoli: pelota al piso, arquero como un jugador de campo más, paciencia en el armado, rotaciones constantes para generar dinámica - todos juegan en todos los puestos, algo muy de Bielsa-, avance progresivo en bloque, explosión en 3/4 de cancha, tres centrales y dos laterales/volantes que rompen por la banda constantemente, dos volantes de contención con juego, dos armadores y distribuidores y los delanteros con libertad posicional. Cualquiera que haya visto jugar al Barcelona y al Bayern Munich de Guardiola podrá identificar la mayoría de estos puntos. Por ende, si uno ama el fútbol de verdad, es imposible no mirar al menos con simpatía y entusiasmo al Chile de Sampaoli que ha demostrado poder ejecutar muy bien la idea que este pregona.

Chile salió con su habitual 3-5-2: Bravo; Mena, Medel, Jara; Isla, Díaz, Aránguiz, Vidal, Valdivia; Aléxis Sánchez y Vargas. Una sola aclaración y es respecto de Valdivia: el volante del Palmeiras juega adelante de la línea de volantes como enganche, es el nexo entre el mediocampo y la delantera cuando el juego pasa por el medio o debe derivar hacia los costados. Lo demás, todo lo explicado en el párrafo anterior, lo que ya vimos en casi todos los partidos de este ciclo. Uruguay salió con un 4-4-2 y con la presencia de Cavani que estuvo en duda hasta el último segundo por un problema personal: Muslera; Maxi Pereira, José María Gimenez, Godín, Fucile; Carlos Sánchez, Arévalo Ríos, Álvaro González, Cristian Rodríguez; Rolan y Cavani. Clarito sin demasiado para agregar, solo que Sánchez sería algo así como un enlace, flotando delante de los tres volantes de contención neta y tratando de molestar en ambas bandas con su habitual despliegue.

Los primeros minutos no fueron una sorpresa para nadie, pues Chile comenzó con la pelota dominada y buscando llegar con toque fluido y paciente. Un 2-5-3 en fase ofensiva que acoplaba a Mena, Isla y Aránguiz cuando había que bajar. Uruguay mantuvo su apretado 4-4-2 y trató de no quedar cerca de su arquero. Los laterales/volantes chilenos comenzaron a trepar con frecuencia y a inquietar al fondo del rival. Pero la primera chance fue para el visitante: pase cruzado para Cavani tras un buen robo e Isla cortó justo para evitar que el nueve quedase de cara al gol.

Una mala salida tras un inofensivo lateral al área comprometió a Bravo que pudo volver sobre sus pasos y taparle un remate peligroso a Rodríguez en el límite del cuadrado. Uruguay ponía a Godín en el área de enfrente en cada centro y Giménez se quedaba en la cueva para cubrir sus espaldas. Chile era el protagonista en lo referido a la tenencia de balón y la intención de atacar siempre, pero estaba demasiado nervioso, atado, y no mostraba nada de frescura ante un rival templado.

El mediocampo era una lucha abierta: Arévalo y González contra Vidal y Aránguiz. Dos duplas que no paraban de meter. La celeste estaba ayudada por la gran labor del tándem Godín-Giménez en la presión sobre el hueco que quedaba entre ellos y los dos cincos. Los de Tabárez presionaban arriba y tácticamente no tenía ninguna fisura, más allá de no querer siquiera la pelota. En este tramo, pudo imponer condiciones y llevó a Chile a revolear la pelota unas cuantas veces.

Isla tocó con Valdivia, pasó y tras recibir una gran devolución centró para Vidal. De tijera el de la Juventus la mandó demasiado alta, pero el mensaje era claro: estaban nerviosos y erráticos, pero a la primera que armaron llevaron muchísimo peligro. Sampaoli miraba como sus dirigidos no presionaban tanto, algo que llegó a pedir Valdivia a los gritos. Alexis y Vargas se paraban fuera del área para no servirles de referencia a los centrales, que siempre jugaron más cómodos con un punta entre ellos.

Vidal salió muy bien, tocó rápido con Valdivia que hizo la pausa justa, enganchó y antes de poder rematar fue cruzado por González. El fútbol de Chile crecía a cada minuto, más allá de que Uruguay no se desordenaba ni perdía la solidez en los metros finales. La cancha se hizo bien ancha pero los espacios siguieron sin aparecer por el momento. Ya en 14' podíamos decir que Valdivia había aparecido en toda su dimensión, dejando su sello en cada pelota que tocaba. Distribuyendo hacia los costados o dando un muy buen pase vertical a espaldas de los centrales. Para entender su ventaja, hay que mirar sus movimientos sin la pelota: se desmarca constantemente, mira el partido casi desde arriba, y se ubica en el mejor lugar posible para iniciar o continuar la jugada.


Pereira escapó muy bien y su centro rasante fue controlado por Bravo ante la entrada de Cavani. Mena cometía su primer error en la salida, algo que lo perseguiría hasta el final de la noche. El panorama era claro: los rojos eran dueños de la pelota, tocaban con velocidad, avanzaban con paciencia y desplegando a los laterales y delanteros, rotaba posiciones y buscaba ganar en velocidad frente al área; los celestes esperaban con presión alta, buscando anticipar y/o que el otro cometa un error, para lo que tenía listos a los carrileros.

Sánchez le ganó muy bien un rebote simple a Mena y su disparo bombeado salió cerca del palo ante la mirada de un vencido Bravo. Chile se salvaba a pesar de tener la posesión total y de no parar de atacar, pues no había generado situaciones tan claras como las de un contrincante apenas pragmático y muy mezquino. Cada oportunidad era aprovechada por los de Tabárez, que le sacaban agua a las piedras y además le complicaban el manejo de la pelota a Chile cuando había que dar la puntada final.

Lo de Chile ya era demasiado intermitente en lo que refiere a los ataques, pero cuando lograba acomodar las piezas tenía mucha fluidez y velocidad. Las pocas veces que perdía el control del esférico, sufría en un retroceso que no parece estar del todo aceitado. Vargas tocó con Isla, Valdivia la dejó correr con mucho criterio y Aranguiz remató de frente bien abajo a las manos de Muslera. La presión de los de Sampaoli creció nuevamente en 26' con un juego mucho más directo y vertical, sin tantas vueltas, entrando por los costados y recortando hacia el medio.

Plantado en 3/4 ya definitivamente, Chile tenía a Uruguay contra las cuerdas. Un gran centro pasado de Vargas para Sánchez estuvo a punto de destapar la olla de presión que era el Estadio Nacional, pero Fucile ahogó el grito con una salvada heróica. Los rojos no paraban de lanzar balones al área de Muslera por lo bajo y por lo alto, ya mereciendo la ventaja a pesar de no ser demasiado claros.


Alexis recortó hacia el medio pero su disparo se fue demasiado ancho tras realizar un par de amagos innecesarios. El partido de la estrella chilena no era el mejor, no estaba apareciendo como lo mandaba su experiencia, talento y jerarquía. Demasiado quejoso, tratando de sacar ventaja de cualquier roce o contacto, como si el fútbol no fuese un deporte en el que hay que chocar piernas todo el tiempo.

Chile pecaba por goloso ahora, daba demasiados giros en lugar de lanzar un pase profundo para alguno de sus delanteros o volantes exteriores. Vidal rompió la tendencia con una gran acción individual: recibió corto y sin tardar un segundo demás, sacó un remate tremendo que Muslera apenas pudo contener. Esta fue la alarma para los de Tabárez que salieron en los minutos finales con una labor sacrificada de los laterales y de Sánchez, que yendo de lado a lado y habilitando a sus compañeros parecía el Quijote contra los molinos de viento. Uruguay tuvo un ratito la pelota y pudo tirar algunos pasos atrás a un rival que ahora descansaba tras el gran desgaste realizado y esperaba para salir de contragolpe. Uno que nunca llegó porque el buen trabajo en el medio de los celestes desactivó esa posibilidad sobre el cierre de la primera mitad.


Los restantes 45' tuvieron un ritmo similar, con Chile manejando la batuta en base a una gran presión, la posesión total del balón y una muy eficiente ocupación de los espacios en fase ofensiva. Isla era otra de las figuras del partido, enloqueciendo a sus marcadores con sus constantes trepadas y asociaciones por su costado. Díaz tuvo una posibilidad tras un buen 1-2 con Vidal, pero su disparo se fue demasiado alto.

Uurguay comenzó a ganar tiros libres cerca del área y en uno de ellos tuvo su chance de oro: alguien la bajó en el barullo y le quedó a Rolan de frente al arco. El delantero conectó con muchas dudas y sin potencia y Bravo logró reaccionar para quedarse con la pelota y la chance del partido. Chile siguió rotando posiciones a una velocidad admirable, pero Uruguay con una serie de relevos bien planeados lograba mantener la compostura. El muro era prácticamente infranqueable y obligaba a que los de Sampaoli buscasen demasiado con remates de media distancia. Los dos interiores chilenos perdían el duelo con el doble pivote uruguayo y el equilibrio era ley por el momento.

Las imprecisiones comenzaban a crecer en un equipo que estaba desgastado y necesitaba un recambio de piernas y de aire. Tener la pelota no le estaba dando resultados por ahora a Chile, que a pesar de sus propias limitaciones en 3/4 de cancha atacaba sin parar y ponía el alma en cada pelota. El esfuerzo pasó factura y Uruguay empezaba a entrar en su zona: la de esperar agazapado el error mínimo para capitalizarlo.


Hernández ingresó por un flojo Rolan para lograr esto. Cavani dió unos pasos más atrás y Abelito quedó como nueve punta. Su velocidad tenía que ser el factor desequilibrante de un partido tenso y ahora luchado en el mediocampo. Chile no era intenso pero estaba muy acelerado, sin pensar demasiado cada jugada y yendo al choque sin parar. Alexis seguía desaparecido, Vargas ni entró a la cancha y Valdivia aparecía a cuentagotas ahora.

Sánchez y el doble cinco imponían condiciones en el mediocampo, pero la chance fue de Chile: centro bien pasado de Mena y cabezazo de Vidal bien pensado pero a las manos de un ubicado correctamente Muslera. El fastidio era evidente en los jugadores locales ante un estadio que alentaba pero que comenzaba a mirar al cielo cada vez que un pase salía mal. Los de Tabárez sacaban el manual de Bilardo y Zubeldía y cortaban el juego con foules inofensivos bien lejos de su área.

Y llegó el quiebre: Jara vió a Cavani lógicamente nervioso, le pegó una cachetada y luego cuando el nueve se acercó para esperar el tiro libre LE METIO UN DEDO EN EL CULO. Cavani se dió vuelta para mirarlo bastante mal y putear a su madre y Jara cayó dos años tarde y como si le hubiesen pegado un tiro. El línea vió todo pero hizo la vista gorda y Uruguay se quedó con 10 en el momento más flojo de Chile. Una actitud deplorable del defensor chileno que terminó con el partido tal cual lo estábamos viendo hasta ese entonces.


Todo se picó en el mediocampo, con un reparto de patadas de parte de los uruguayos en busca de un poco de venganza. Chile siguió igual de impreciso y no encontraba espacios más allá de su superioridad numérica. Sampaoli movió el banco: Pinilla por un inerte Vargas y Fernández por Díaz. Un nueve punta para que Alexis vaya por los costados y un creativo con velocidad para pisar el área más seguido. Cambios ofensivos, nunca esa cautela digna de perdedor, como nos tiene muy bien acostumbrados el entrenador argentino.

Valdivia rompió por el centro, Pinilla se la rebotó muy bien y lo cruzaron al 10 con una dura patada. Ley de ventaja porque la pelota le quedó a Vidal, que no pudo darle dirección a su disparo para tranquilidad de Muslera. La posesión de Chile era por primera vez absolutamente inocua, mucha lateralización sin generar complicaciones desde lo colectivo. El desequilibrio llegaba de la mano de alguna acción individual de Valdivia, Vidal, Isla o Fernández. 

Uruguay estaba en modo de guerra, uno que conoce y ejecuta a la perfección. Salida larga de Muslera, gana la segunda pelota Rodríguez, apertura con Sánchez y un remate a colocar del jugador de River que se fue rozando el palo más lejano de Bravo. Sin nada, los de Tabárez peleaban y generaban un silencio tremendo en un estadio que estaba prendido fuego. 

Sánchez habilitó a Hernández, que ganó pero no pudo girar ante la dura marca de Aranguiz. Abel se cerraba como nueve y Sánchez y Rodríguez iban por los costados para lograr una victoria que parecía muy lejana. Rodríguez lo tuvo tras un buen quite cerca del área pero apuró su disparo y todo Chile tomó aire mientras Bravo acomodaba la pelota para sacar. Sin claridad y con sus estrellas nubladas, Chile estuvo cerca gracias a Valdivia: gran centro cerrado que recorrió toda el área chica pero que no fue empujado por nadie. 


De tanto ir, de tanto chocar - porque ya no había juego claro y fluido, las urgencias reinaban- Chile logró el desahogo merecido: centro de Mena, Muslera sale pero la deja muy corta y Valdivia con una genialidad cedió para Isla que estaba mejor posicionado para rematar. Bombazo inatajable del lateral del Queens Park Rangers y un 1-0 que sin dudas había llegado bastante más tarde de lo que todos imaginaban. En un cambio inteligente, Pizarro ingresó por un agotado Valdivia para tener la pelota hasta que el árbitro decretase el final.

Jonathan Rodríguez, promesa de Peñarol, entró por Carlos Sánchez. Tabárez lanzaba al campo todo lo que tenía y los espacios ya eran totales en su defensa y mediocampo. Los de Sampaoli comenzaron a tocar de lado a lado, pero la presión uruguaya les permitió avanzar en el campo de juego. Alexis Sánchez inventó un foul en un cruce con Fucile y logró que expulsasen injustamente al lateral uruguayo. Esto no detuvo su empuje, pero logró terminar con lo que quedaba del partido que se hizo muy desigual en los minutos de descuento. Bravo descolgó un muy buen centro pasado y así se quedó con la última oportunidad de un Uruguay que sin demasiado estuvo bastante cerca de dar el batacazo. Con Gimenez y Godín sosteniendo a su equipo contra los embates finales de Chile, llegó la tapada de Muslera ante Vidal tras una muy buena habilitación de Fernández. Fin del partido y estallido de un angustiado Estadio Nacional y de los jugadores chilenos que terminaron discutiendo antes que festejando. 


Después del partido, vertí ciertos comentarios en Twitter que generaron un par de discusiones amistosas - por suerte- y que terminaron en buenos intercambios futboleros. Lo que dije fue que Chile si bien había tenido la pelota, nunca había logrado avasallar por completo a un mucho más débil y limitado Uruguay. Cuando un equipo propone y el otro solamente espera a que pase el tiempo, es responsabilidad de quien juega bien romper con el cerrojo y encontrar un resultado que refle je su superioridad en el campo de juego. El equipo de Sampaoli fue fiel a su idea y nunca dejó de atacar. No sucumbió al pelotazo cuando las líneas parecían imposibles de superar y trató de no dejarse llevar por las presiones - lógicas - del entorno. Superó el duro examen con mucho trabajo, mucho sudor y alguna que otra lágrima, pero nunca jugó peor que los dirigidos por Tabárez. Con lo exhibido, le alcanzó para pasar un escollo muy duro pero de cara a lo que se viene tiene bastante para mejorar pues Perú es un equipo que juega muy bien y que sabe equilibrar con eficiencia defensa y ataque. Uruguay a mi parecer controló el trámite y pudo imponer condiciones en varios tramos del partido y contó con las situaciones más claras antes del gol. Las dos de Sánchez y la de Rolan no entraron porque tal vez hubo algo de justicia futbolística pero hasta la expulsión de Cavani todo era parejo en lo referido a lo táctico. En lo que refiere a la pelota, todos sabemos que no hay discusión posible: Chile ganó por robo en el mejor de los sentidos, claro. Lo de Jara fue lamentable y muy posiblemente reciba una sanción de oficio, aunque creo que las quejas de Uruguay no deberían ser demasiado exageradas porque históricamente ellos han sido cultores de algunas de las trampas desestabilizadoras que utilizó Chile en los momentos más difíciles. Dejando de lado el escándalo, alguno apuntes para Sampaoli: mejorar la fluidez en 3/4 de cancha, lograr acoplar mejor al equipo en la fase defensiva, conseguir que la presión alta de sus volantes sea más consistente y atender el sector de Mena que fue por donde Uruguay pudo entrar con facilidad. Alexis Sánchez es otro punto flojo, no ha tenido una Copa América soñada hasta aquí pero le quedan dos partidos para demostrar toda su calidad. Chile lo necesita en su máxima dimensión, no a cuentagotas y eligiendo vivir en el piso antes que deleitándonos con su velocidad, talento y recursos técnicos interminables. Sin negar que lo que voy a decir es un gran lugar común, es la mejor forma de describir lo que pasó en este partido: ganó quien salió desde el primer minuto a jugar, el que no especuló, el que lo quiso ganar hasta cuando no pudo jugar demasiado bien. A Chile y a Sampaoli, salud! 







domingo, 21 de junio de 2015

Argentina 1 - Jamaica 0: Una oportunidad desperdiciada; El buen juego y la eficacia deben ir siempre de la mano



La Argentina tenía en la fecha de cierre de la fase de grupos de la Copa América 2015 una importante posibilidad. Jamaica había sido un rival duro para dos equipos en reconstrucción como Paraguay y Uruguay que, sin demasiadas estrellas - al menos del calibre de las argentinas- ni una idea de juego clara y aceitada, le habían ganado por la mínima diferencia sufriendo varios sobresaltos en el desarrollo del partido. Se esperaba que la Argentina no tuviese ninguno de esos problemas, considerando que el estilo Martino se encuentra asentado en el equipo y que la calidad individual de los jugadores invitaba a pensar que esta especie de entrenamiento con público y por puntos terminaría con conclusiones positivas. Son estos partidos en los que se debe intentar mejorar las cosas que quedaron en el tintero, ajustar las tuercas que aun están flojas de cara al inicio de las eliminaciones directas, donde se enfrentan los mejores equipos del torneo y un solo error te puede dejar afuera sin importar cuan buenos sean tus jugadores ni cuan interesante y audaz sea tu manera de jugar.

Primero vayamos al análisis del partido, para luego sacar las conclusiones finales de una presentación decepcionante de la Argentina. Martino plantó un 4-3-3 con algunos cambios que no afectaron la estrategia de juego: Romero; Rojo, Garay, Demichelis, Zabaleta; Biglia, Mascherano, Pastore; Messi, Higuaín y Di María. Habría sido bueno ver a Tevez tener sus primeros minutos como titular en el ciclo, pero la elección del Pipita parecía adecuarse a una necesidad posicional. Al fin y al cabo, el delantero del Napoli es mucho más centrodelantero que su par de la Juventus y que Sergio Agüero - dueño absoluto del puesto-. Viéndolo a fondo, está claro que el esquema en la cancha se convierte en un 4-2-1-3 o 4-2-3-1 con un doble cinco, un enganche y tres delanteros/tres mediapuntas y un delantero centro. Quien les escribe se inclina por la última opción, aunque es entendible que muchos piensen que la Argentina sale de entrada con un enganche bien definido en Pastore pues se pone bien adelante de sus dos compañeros de mediocampo. Enfrente estaba la débil Jamaica, dirigida por el muy particular Winfried Schäfer con su pragmático y contragolpeador 4-4-2 que le dió el mote de "Cenicienta" en esta Copa América: Kerr: Mariappa, Hector, Wes Morgan, Lawrence; Watson, Austin, McCleary, McAnuff; Barnes y Dawkins


El partido comenzó con la Argentina lanzada al ataque, con la lógica posesión total de la pelota y armando circuitos de juego en todos los sectores de la cancha. Jamaica se mantuvo expectante, sin presionar jamás a los jugadores rivales pero tratando de ocupar espacios mediante la acumulación de jugadores detrás del mediocampo. La presión alta de la Argentina surtía efecto y las rotaciones posicionales - ayudadas por la mirada del contrincante- hacían que el equipo tuviese mucha dinámica.

Messi habilitó a Higuaín que de cara al arco demostró el porqué de su floja temporada: tardó mucho en disparar tras un buen enganche y Mariappa lo cortó con un cierre fenomenal. La Argentina tenía la obligación de proponer, algo que se acrecentó por el hecho de que Jamaica, a contramano de sus dos encuentros previos, no hacía absolutamente nada. Los centrales estaban jugando como volantes centrales y el resto del equipo estacionado en 3/4 de cancha a la espera del hueco para convertir. 

Di María ingresó al área, fue trabado bien y el balón le quedó a Higuaín, que de nuevo desperdició una clara situación de cara al gol. Se tomó mucho tiempo para disparar y lograron desviar la trayectoria de la pelota. Los espacios aparecieron solos, más allá del amontonamiento de Jamaica cerca de su arquero. En estos buenos primeros minutos, el equipo de Martino abría la cancha, rotaba, jugaba vertical a un toque y mostraba mucha frescura. 

Había paciencia también y la pelota corría con velocidad de un lado al otro. Rojo-Zabaleta y Messi-Di María eran los que rompían por las bandas e inquietaban al fondo jamaiquino. Pastore, apenas un paso atrás, como eje creativo y dueño de la pelota en un mediocampo que estaba en exceso tranquilo y confiado. Messi lanzó profundo para Di María, pasó arrastrando su marca, y el delantero del Manchester United habilitó a Higuaín por el medio. El Pipa tardó mucho en girar, pero la complicidad del aún más lento defensor le dió tiempo para colocar la pelota al palo más lejano del arquero sin problemas. Un 1-0 que se suponía abriría el grifo y que era absolutamente merecido.


Jamaica trató de sacarse la modorra con un buen pelotazo largo que Romero controló con seguridad. Messi armó un 1-2 con Pastore y lo terminaron frenando por hacer una demás dentro del área. La Argentina pisaba constantemente el cuadrado rival, generando peligro hasta cuando no se lo proponía. Su sparring estaba tirada atrás y no se movía, dejando que las trompadas entren sin oponer mayor resistencia y hasta admirando el trabajo hecho por quien estaba compitiendo enfrente. 

Messi, Pastore y Di María armaron velozmente una muy linda sociedad, que se manejó a un toque y con mucha inteligencia. Mascherano tuvo un par de errores en las primeras jugadas de exigencia: un pase muy flojo al medio que Pastore salvó justo y una pésima entrega atrás que forzó a Romero a salir como líbero y despejar con un pelotazo a la tribuna. Ya en 16', Jamaica mostraba un poco menos de respeto y motivado por algunas imprecisiones en la puntada final de la Argentina, encontraba aire en las salidas largas. Claro que esto no era un gran peligro para los de Martino, pero al tener muy poco volumen en el retroceso - un error que se sigue repitiendo- cualquier jugada aislada podía terminar mal.

El toqueteo en busca de espacios empezó a hacerse un poco previsible, debido a la excesiva lateralización y la poca inventiva de los delanteros para lanzar diagonales. El trámite era totalmente celeste y blanco, pero era imposible no notar cierta soberbia en varios jugadores del seleccionado nacional. Messi rompió por le medio y dejó solo a Di María, que fue cortado antes de poder marcar el segundo gol. 

El uso de las bandas prácticamente no existía ya, había una gran obsesión con el ingresar por el medio y buscar meterse en el arco con pelota y todo. Los jugadores argentinos comenzaron a parecerse a un grupo de autitos chocadores que no paraba de perder pelotas ante una línea defensiva que los superaba en número y volumen. Rojo lanzó una rabona que levantó un poco al público y el rebote le quedó a Zabaleta: cerca de marcar el segundo, pero uno de los centrales puso el cuerpo para evitar la caída de su arco.


Di María salió del molde y le lanzó un muy buen pase vertical a espaldas de los centrales a Higuaín. El nueve definió muy bien y con velocidad esta vez, por encima del arquero, y la pelota dió en el travesaño. En lo que a mi parecer es una señal preocupante, la Argentina comenzó a explorar el recurso del pase corto y el pelotazo largo para el delantero dentro del área. En la jugada siguiente, la cara fue la inversa: apertura con Rojo y centro para Messi que fue comido por sus numerosos marcadores. Concentrar jugadores por el medio y limpiar para el costado, un camino mucho más razonable.

Messi recortó muy bien, lanzó un centro pasado marca registrada suyo y Pastore - incómodo y sin espacios- terminó mandando la pelota afuera. Di María verticalizó con Messi pero Lawrence lo marcó muy bien y evitó que el diez del Barcelona enganchase hacia el centro. En medio de un dominio total de una Argentina a media máquina, Garay le regaló un corner muy estúpido a Jamaica. Brown presionó solo a tres jugadores rivales que no pudieron salir jugando y terminaron complicando a Romero. Centro al primer palo, peinan y el mismo Brown ingresó con un buen cabezazo que salió alto. 

La relajación de la Argentina era evidente hace varios minutos y se notaba en errores básicos en la salida y varias imprecisiones en 3/4 de cancha, como si no quisiesen jugar más el partido. Seguían moviendo la pelota, avanzaban con paciencia pero la profundidad empezaba a quedar extraviada en un festival de posesión inerte - el famoso tiki-tiki que tanto odia Pep Guardiola, si no miren como se pone cuando el Bayern lateraliza y no lanza pases largos-. En otra jugada aislada, Higuaín se vistió de asistidor y dejó solo a Messi por el costado. Control y veloz definición al segundo palo que salió apenas ancho.

Messi se comenzó a meter en el partido nuevamente, bajando a buscar la pelota e iniciando las jugadas de ataque. Se lo notó bastante enojado con el bajón en el nivel que mostraba el equipo y así los laterales volvieron a ser parte del juego en casi 36' ¿La precisión? Un poco mejor, pero bastante floja. Higuaín y Pastore se asociaron muy bien a un toque y el Pipita vió como su disparo fue tapado por su marcador. 


Una buena jugada a un pase entre Messi y Di María exhibió en lo que se había convertido la Argentina: vistosa en el juego asociado, pero poco profunda y chocando por el medio casi caprichosamente. La ejecución en pelota parada fue otro de los problemas que el equipo del Tata dejó al descubierto. Ni Messi ni Angelito pudieron lanzar buenos centros, todos se quedaron cortos y de esa manera habilitaron contragolpes con inferioridad en retroceso que no llegaron a mayores porque el contrincante fue Jamaica - pero que trajeron mucho sufrimiento contra Paraguay y Uruguay-. 

Rojo remató a quemarropa sin mucho ángulo y el balón impactó en un defensor. El rebote le quedó a Di María cara a cara con el arquero Miller, que con muchos reflejos logró sacarle un muy buen disparo desde el borde del área. En 42' la Argentina había generado una cantidad impresionante de situaciones de gol pero el partido estaba abierto debido a su ineficacia. Mascherano, para colmo, perdía pelotas en el medio que no eran para nada difíciles y dejaba mal parados a sus compañeros. 

Jamaica terminó los primeros 45' con mayor solidez en el fondo, tapando con mayor tenacidad los huecos y cortando el circuito de juego argentino en 3/4 de cancha. La Argentina tenía serias complicaciones en el área de la generación y no había ningún jugador que se cargase el equipo al hombro ni mostrase rebeldía para superar las imprecisiones. Todo esto quedaba agravado por los goles desperdiciados y un molesto desdén a la hora de jugar, como si no les importase demasiado por creerse ganadores.


El complemento vió de entrada una buena conexión entre Higuaín, Pastore y Di María que terminó en un centro que el delantero centro no pudo conectar. Al instante, Messi abrió con Rojo y el centro del lateral casi termina en la red porque un jugador rival se la llevó por delante. En ya 50' de juego la actitud parecía otra y todo estaba listo para terminar esta primera parte del torneo con una muy buena imagen. 

El Pipita tocó con Di María que recortó y sacudió el travesaño con un zurdazo tremendo. Messi tuvo a disposición un tiro libre ideal pero Miller le adivinó la intención y controló su disparo a colocar con tranquilidad. El portero jamaiquino volvió a lucirse contra Lio, esta vez con un buen manotazo tras una buena jugada previa individual del mejor jugador del mundo. Pastore fue quien probó de nuevo los reflejos de Miller, rematando abajo sin poder superar al laborioso arquero. 

Pereyra ingresó por un muy flojo Mascherano. El esquema se mantuvo, algo preocupante porque ante un rival que apenas si pasaba la mitad de la cancha alguna vez, Martino dejaba el doble cinco y no hacía ancho al equipo. Di María llegó hasta el fondo, tocó atrás con Higuaín que solo ante Miller - que ya estaba vencido- decidió darle un mal pase a Pereyra que llegaba exigido por el medio y no hubiese podido conectar ni aunque la habilitación hubiese sido excelente. 

La Argentina no lo liquidaba y de a poco se fue enredando una vez más. Tras un arranque con toda la furia, había bajado dos cambios y ahora no por decisión propia. La fluidez estaba desaparecida sin previo aviso y el resultado seguía siendo demasiado corto pues más allá de no ser una actuación deslumbrante, con muy poco le sobraba para una goleada histórica.


Brown, solo contra el mundo, armó una linda jugada y forzó a Romero que hasta allí apenas si se había movido. El seleccionado de Martino en casi 70' mostraba un espesor preocupante y no había reacción desde el banco de suplentes. El cambio de ritmo era necesario y nadie de los que estaba en el campo de juego parecía estar en condiciones de lograrlo. Tevez ingresó por un quedado Higuaín en un cambio que no supuso un nuevo dibujo, por lo que el argumento de que Carlitos no jugó porque no es un nueve de área quedó sepultado. Los dos volantes de marca pura estaban bien firmes en la cancha ante una Jamaica que no había generado un desgaste pues nunca atacó más allá de algún pelotazo o rebote que consiguió. 

Mascherano tocó corto con Tevez y el Apache se la llevó con el taco, giró y se llevó puesto a su marcador para ganar un córner. Desequilibrio en su primera jugada, la prueba de que su ingreso se retrasó demasiado sin sentido. Di María ejecutó desde la esquina y regaló de nuevo un contraataque por dejarlo en la cabeza del primer central. El desorden táctico se hacía muy claro en las pelotas fáciles que el equipo perdía en el mediocampo tras largos períodos de toque lateral y traslado exasperante.

Jamaica tuvo en estos minutos un buen momento de presión, obligando con sus pobres recursos por los costados ya sabiendo que habían hecho un gran partido y que tal vez podían lograr la hazaña. El rival comenzó a verse obligado a salir con pelotazos a la nada porque por abajo se hizo imposible. Barnes entró por Brown en el equipo caribeño, una locura pragmática de un entrenador que hace lo que puede con lo que tiene, pero que evidentemente no sabe leer los partidos. 

Dos buenas construcciones por la banda inquietaron a Sergio Romero y arrinconaron a la Argentina de manera sorprendente. Nuevamente se pagaba el bajón futbolístico y además el no haberse tomado el partido en serio, dos cuestiones que a esta altura tras tantos años son imperdonables. Como contra Paraguay y Uruguay, perdió el control de la pelota y de las acciones y se expuso a un mano a mano frente a un rival inferior. El aliciente fue que en este caso podemos decir que Jamaica comparado con los dos contrincantes previos, es menos que un equipo amateur. 


Barnes lo tuvo con un rebote que le quedó dentro del área pero su disparo fue demasiado flojo y ancho. Un innecesario y lamentable cierre de partido, en lo que era sin dudas ya el peor tramo de la Argentina en esta Copa América. Mucho más abajo que el rendimiento contra los de Ramón Díaz, porque apenas si pudo generar peligro luego de la ráfaga inicial y mostró señales indignas de la calidad individual de todos sus jugadores: sin agresividad, sin transiciones, sin presión alta, sin dinámica, sin fluidez y SIN REBELDÍA. 

Martino decidió complicar más las cosas con la entrada de Lamela por un Di María agotado, habiendo sido sin dudas el mejor del equipo. La idea era recuperar la pelota...Cuando se la tenía desde el primer minuto. Mascherano habilitó a Tevez que se la llevó por delante y no pudo cerrar una presentación agria de la Argentina. Lejos estaba de terminar el calvario: la salida se hizo lenta a niveles inimaginables y los de Schäfer presionaron hasta donde pudieron. Un centro de Taylor no fue conectado milagrosamente por uno de los dos delanteros; McCleary pasó entre Zabaleta y Micho sin problemas y tocó al medio sin encontrar a ningún compañero. 

Toda Jamaica, en una escena surrealista, estaba en campo argentino. Los de Martino seguían tirados atrás y mostrando señales de cansancio, algo que tampoco se entendió demasiado pues no había sido un partido de alta exigencia. Con todos los jugadores rechazando centros sin parar, las imágenes de todos los ciclos pos Pekerman regresaron como fantasmas para acechar a un grupo de jugadores que rogaba para que el pitazo final llegase. En un delirante y muy desilusionante final de partido, la poderosa Argentina terminó tirada contra su arquero por la presión de JAMAICA que no lo empató por su gran - y lógica- pobreza en lo referido a recursos para dar el batacazo. Uno que no estuvo tan lejos como todos podíamos suponerlo antes de que el partido comenzase. 


La Argentina logró cerrar como puntero de su grupo, pero apenas si dejó buenas sensaciones. Es claro que hay una idea de juego basada en la posesión, la paciencia, las rotaciones y la presión muy alta. El ataque no se negocia y menos que menos el buen juego con el balón siempre al ras del piso, algo que se agradece tras tantos años sin un estilo definido y rezándole a que alguna de nuestras estrellas - especialmente Lio Messi- se encienda. El problema es que la parte defensiva sigue siendo un dolor de cabeza y se agrava cuando el equipo pierde la pelota, porque siempre queda mano a mano contra rivales que saben como abrir la cancha y desplegar a sus extremos. También hemos visto complicaciones a la hora de encontrar profundidad, con largos tramos de posesión sin romper las líneas. Ni que hablar de la cantidad de veces que se buscó ir por el medio contra rivales que justamente concentraron su marca en el callejón central del campo de juego. La pelota parada es otro punto en contra: los centros mal tirados siempre dejaron expuesto a volantes muy adelantados y a una línea defensiva sin nadie que les cubra el espacio entre ellos y los jugadores del medio. Las situaciones de gol sobraron, pero eso también pasaba en el ciclo de Sabella sin importar el rendimiento general. El contragolpe no es un arma que se utilice con inteligencia - teniendo más de medio equipo hecho para ejecutarlo con eficacia- y de a ratos el dominio se hace pesado, sin ritmo alguno y por ende previsible. Errores que se repitieron en los tres partidos y que estuvieron muy cerca de salir bastante más caros que lo que terminaron siendo. }


Párrafo aparte para la actitud de los jugadores, que más allá de los errores jugaron a media máquina y caminando todo el partido. Lo peor es que luego arguyeron que el cansancio había sido un factor relevante, cuando no hicieron desgaste alguno y tuvieron la pelota girando por toda la cancha durante los 90'. Si no los motiva jugar con la camiseta de la selección, lo mejor que se puede hacer es dejarle el lugar al que quiera hacerlo en serio. Si me dicen que venimos de ganar un Mundial y que esta generación vive de éxito en éxito, entendería que bajen el ritmo. Pero considerando que hace más de 10 años vienen fracasando sin parar, como mucho llegando hasta las puertas alguna vez, es inaudito que hagan estos papelones. Sin haber ganado nada, sonreímos socarronamente y nos creemos los mejores del mundo - algo que no somos ni en el truchísimo "Ranking FIFA", así que imaginen-, algo que sin dudas irrita y mucho. Pero al fin y al cabo, estos jugadores no nacieron en Marte sino en la Argentina y esa soberbia es característica nuestra. 

El resumen de esta victoria patética tiene dos caras: por un lado, la de Di María con el casette diciendo que "Jamaica complicó a Uruguay y a Paraguay" y que "todos los rivales son difíciles" y que "esperemos que la mala suerte termine y los goles entren en el partido que viene". Y por el otro, la de Lionel Messi - que no puede ser foco de ningún reproche exagerado, pues se entregó al máximo e hizo lo que pudo con un equipo apático y aburrido- aceptando las fotos con los jugadores jamaiquinos, cambiando la camiseta y yéndose rápidamente de la cancha sin saludar a sus compañeros ni a nadie. Cara de orto y mucha bronca, dos cosas que necesita la Argentina para levantar esta Copa América. Porque sobrando al rival, por más pequeño y limitado que este sea, no se llega a ninguna parte.