La Final de la Copa América 2015 iba a ser entre los dos mejores equipos del torneo: el local Chile y el vecino Argentina. Dos equipos que comparten una idea futbolística - cada cual con sus retoques y agregados, claro- que ya fue explicada hasta el hartazgo en los diversos análisis que hemos hecho durante el desarrollo de esta competencia. Pero que también se encuentran en un momento de transición generacional, tras haber disfrutado por bastante tiempo - esto aplica sobre todo al caso argentino- de una Generación Dorada en plenitud y siendo protagonista a lo largo y ancho del mundo con sus equipos y también a nivel de selecciones. En el caso de los entrenadores, la situación era muy diferente en cada uno de los casos: Jorge Sampaoli se encontraba bordeando el tercer año de su ciclo al frente de Chile y tenía ante sí la posibilidad de coronar su gran trabajo y poder asegurarse la tranquilidad absoluta de cara a todo lo que queda de cara a Rusia 2018; Gerardo Martino había tenido en esta Copa América su debut oficial en el plano internacional con la Argentina y este encuentro decisivo apenas era el primer paso de un ciclo que tiene como objetivo primordial la clasificación al próximo mundial de la mano de una idea de juego que tuvo su primera y bastante razonable prueba en este torneo.
Tras dos semanas de insultos cruzados, donde chilenos y argentinos se tiraron por la cabeza con mucha maldad cuestiones muy dolorosas que poco tienen que ver con este hermoso deporte llamado fútbol, llegaba el choque que todos esperaban. Más allá de la irracionalidad y la idiotez del ser humano, lo que se estaba por ver en el Estadio Nacional de Santiago de Chile prometía ser histórico. Frente a la concentración argentina se vieron carteles dirigidos hacia los futbolistas - y hacia todos los que compartimos nacionalidad con ellos- referidos a la guerra de Malvinas. Horribles proclamas acerca de los muchachos que murieron cuando una sangrienta dictadura militar en decadencia los envío a pelear una guerra perdida para salvar su propio pellejo. Muchos de los que blandían y gritaban esas consignas, tenían la misma edad de quienes perdieron su vida hace más de 30 años o congelados o ahogados o destruidos por las balas de los ingleses. La misma crítica aplica para los argentinos que llegaron y se fueron del país vecino al grito de "traidores" y demás cuestiones en las que los chilenos de ayer y hoy poco tuvieron que ver. A los dos bandos de esta guerra eterna, mi humilde recomendación: lean mucho, lean acerca de lo que sucedió en aquellos años, en lugar de entregarse a las consignas simplistas y llenas de maldad que suelen blandir personas en las que solo cabe el resentimiento más puro. Como bien dijo Mascherano, un partido de fútbol es solamente eso y no una guerra o una actividad que deba mezclarse con los intereses políticos. Lamentablemente, las autoridades chilenas (políticas y del fútbol) decidieron que no era pertinente realizar un minuto de silencio por razones que todos conocemos y creemos que eran dignas de recuerdo. Esto sumado al uso patético que hizo la Presidenta Bachelet de esta Copa América - para tapar la pésima y corrupta gestión que está realizando en su segundo y ya malogrado mandadto- hacen reflexionar acerca de las razones por las que esos carteles mencionados unas líneas atrás fueron blandidos. Si los mensajes no llegan desde arriba, es muy difícil que cualquier sociedad logre cambiar.
Dicho esto, vayamos al análisis del partido. Sampaoli dispuso de su habitual 3-4-1-2 pero lo modificó de acuerdo a su "plan para enfrentar a las potencias" que se pudo ver en varios partidos durante su ciclo: Bravo; Medel, Díaz, Silva; Beausejour, Aranguiz, Vidal, Isla; Valdivia; Alexis Sánchez y Eduardo Vargas. No se resignaba ni la idea de juego ni la vocación ofensiva como en casos anteriores, pero al colocar a Díaz de central dejaba en claro que lo utilizaría como volante central en ataque cerrando un poco a los laterales/volantes para hacer que el retroceso no sea tan costoso. Martino plantó un 4-2-3-1 que buscaba pelearle el mediocampo a un rival que lo suele llenar de marcadores, en un plan muy bueno desde lo discursivo pero que fallaba en otras cuestiones que serán abordadas sobre el cierre: Romero; Zabaleta, Demichelis, Otamendi, Rojo; Mascherano, Biglia; Di María, Pastore, Messi; Agüero. Sin dejar de lado el juego de posesión ni la dinámica ni el ataque constante, Di María y Pastore deberían replegarse un poco más en la fase defensiva para no dejar solo al doble cinco en inferioridad.
El partido comenzó con la Argentina saliendo a presionar para ahogar a Chile en la salida. En la primera jugada, bien larga, del encuentro a los de Sampaoli les costó hacer pie pero pudieron salir jugando por abajo. El esquema planteado por Martino estaba hecho para presionar arriba con Agüero como faro para buscarlo tras abrir la cancha. Alexis Sánchez inició el juego para su equipo, con una buena corrida y un centro que terminó en las manos de Romero. Beausejour e Isla mostraron sus dientes, desplegándose a la perfección desde el primer ataque para respaldar a los dos delanteros en cada ataque.
Díaz, como era de esperar, hacía de central en la fase defensiva y de volante central adelantado en la ofensiva. La Argentina mostraba buenas conexiones, todas a un toque, tratando de mover la pelota de lado a lado hasta encontrar la diagonal de Messi o Di María. Los laterales y centrales argentinos se mostraron sólidos en el mano a mano, anticipando seguido a los volantes del rival. La idea era clara: recupera y salir en fracción de segundos. Pastore la perdió en el medio, Messi corrigió y habilitó con un pase largo al Kun, que no pudo pellizcarla ante una buena salida de Bravo.
Chile, más allá del arreglo de Díaz, no jugaba en absoluto cerrado. Apostando a la supremacía en número y físico en el mediocampo, iba al palo por palo sin traicionarse ni un poco. Beausejour e Isla eran dos lanzas imposibles de contener para los laterales del contrincante, con un equipo que armaba con inteligencia el juego: llegaba tocando por el medio, juntando mucha gente y luego explotando en 3/4. Esto hizo que los centrales nunca supiesen si salir o no a buscar al jugador, una duda que suele ser letal.
Alexis, que estaba encendido, trepó muy bien y tras el corte de Garay la pelota le quedó a Valdivia. El enganche no eligió bien, pues estaba solo y con tiempo para acomodarse y rematar dentro del área pero eligió dar un pase al medio que Zabaleta despejó con mucho timing. El fuerte de Chile estaba por la derecha, había encontrado la grieta en el equipo argentino y la explotaba muy bien. Pisando seguido el área y manejando la transición entre defensa y ataque con fluidez y consistencia.
Tras una mala salida de los de Martino, que empezaban a sentirse ahogados y avasallados, Vidal abrió con Alexis, que rompió líneas y lanzó un muy buen centro que Demichelis pudo rechazar a medias. El rebote le quedó de nuevo al volante de la Juventus que con una buena volea cruzada forzó a Romero a una estirada sensacional para mantener su arco en cero.
Chile dominaba con claridad, ante un rival disperso en el centro de la cancha y sin volumen para hacerle frente al bloque dinámico - estilo Rubik- dispuesto por Sampaoli. La verticalidad y la tenencia con buen manejo del balón de Chile, eran un jeroglífico para un equipo que se parecía más al del último Mundial antes que al que vimos durante toda esta Copa América. El planteo era sin dudas conservador en comparativa, pero tampoco era demasiado diferente a lo que llevó a la Argentina a bailar a Colombia y a Paraguay. Lo que fallaba: los jugadores. Lentos, sin explosión, sin viveza, sin potencia para ganar en el medio, sin realizar los relevos - todos, incluido el amado Mascherano que parece que siempre hace todo bien, algo que es mentira-. Apenas alguna buena combinación entre Messi y Di María, pero muy flojo tanto por la labor de Chile como por los propios errores.
El partido a pesar de esto seguía abierto, estando la diferencia en el mediocampo. Chile llenaba constantemente esta zona, sin dejarla fija, usándola como despegue para llegar hasta el área de la Argentina. El gran problema con el que se encontraba el doble cinco nacional, era que no había oferta de pase cuando podían recuperar la pelota. Otamendi cumplía una labor sensacional, el único que se destacaba entre sus compañeros, anticipando y cubriendo hasta los lugares donde un central no debería ir. Con el correr de los minutos, Chile reguló un poco y la presión del visitante mejoró un poco como para llevar algo de peligro.
Ambas líneas de fondo respondieron bien a los embates, sin demasiadas fisuras. Agüero peleaba todo y contra todos arriba, pero estaba demasiado solo. Pastore no subía un poco para ayudar por el medio, pero menos lo hacían Messi y Di María que parecían desconectados de lo que sucedía debido a la poca audacia en el planteo. Todo el mediocampo argentino fue obligado a marcar, no hubo más que hacer pues si no trababan, hubiese sido cuestión de segundos para que Chile dispusiese de un vendaval de situaciones de gol.
Otamendi volvió a ganar en la salida, hizo la pausa y abrió con Zabaleta. El lateral armó una jugada corta con Pastore y centró para el Kun. Al del Manchester City se le fue larga la pelota, pero logró recuperarla muy bien y tocar atrás de nuevo, con marca encima, para generar un tiro de esquina. Messi tomó la pelota y le puso un pase a la cabeza a su mejor amigo, que solo dentro del área chica tocó al gol para chocar contra Bravo. El milagro se había producido y la ubicación casual del portero chileno fue lo único que evitó el festejo argentino.
Argentina tenía un poco más de color al menos y Chile esperaba en el mediocampo, marcando muy bien y jugando al contragolpe sin por ello renegar de las posesiones largas. Pero lo que predominaba era la búsqueda en corto y vertical para poder construir ataques y sorprender al rival. Di María se lanzó en soledad y tras un recorrido demasiado extenso y sin encontrar receptores, sintió el esfuerzo y debió salir de la cancha desgarrado. En su lugar entró Lavezzi y de aquí en más la idea conservadora de los primeros minutos regresó en todo su esplendor, para lamento de quienes estábamos observando el partido.
Chile llegó dos veces seguidas: primer con una combinación entre Isla y Sánchez que terminó en un centro cortado por Otamendi; luego con un pase largo para Vargas que fue comido por Rojo y el central del Valencia que era por lejos el mejor de la albiceleste. Esto era una constante, pues los de Sampaoli siempre liberaban a dos como mínimo entre los centrales y los dos volantes de contención, haciendo que las coberturas fuesen muy complicadas. Y más aún si se sumaban Vidal, Díaz, Isla y/o Beausejour.
Chile tenía el partido en sus manos de nuevo y marcaba el ritmo con sus ataques llenos de dinámica y toque al ras del piso. Lavezzi, en función "Sabella 2014", estaba más abocado a la marca que al ataque o a la creación, por lo que surgió la pregunta respecto de la inteligencia y/o atrevimiento en ese cambio. Del otro lado, Alexis Sánchez estaba jugando el mejor partido de su magro torneo, justo en el momento indicado: encarando, pidiéndola siempre, armando mucho juego y rompiendo líneas con gran velocidad y plasticidad.
Medel tuvo su momento, como siempre, con una patada criminal al pecho de Messi. Fue sin intención, pero así no se pelea una pelota alta ni acá ni en Europa ni en Júpiter. Debió haberse ido expulsado, pero el permisivo árbitro decidió que una amarilla y un grito eran más que suficientes. A pesar de que los locales estaban más bien golpeadores - sin mala leche, solo por una cuestión táctica- la Argentina no encontraba salida al laberinto. Al no recuperar arriba, cedía demasiados espacios y no lograba tener tiempo para armar los contragolpes que parecían ser a lo único que se apostó desde el primer momento.
Valdivia se vistió de salvador tras un buen centro que Agüero bajó para Pastore dentro del área. Su bloqueo fue oportuno y salvó lo que en ese momento habría sido un gol inmerecido pero gol al fin. A los 38' la presión regresó paulatinamente en el equipo de Martino y Chile dió unos pasos atrás para aguantar el asedio final. La apuesta era sostener las líneas y salir largo con un pelotazo cruzado que encontrase a los de arriba. El partido se hizo frenético, con los dos lados buscando dar el golpe antes de finalizar la primera parte.
Poca tenencia, verticalidad total con transiciones en pocos pases al ataque y mucha intensidad. Messi seguía perdido en este esquema de juego, sin encontrar la pelota casi nunca pues o no se la daban o cada vez que se la entregaban era de manera deficiente. A esto hay que agregar que siempre estuvo rodeado por como mínimo 4 jugadores que no lo dejaron moverse ni medio milímetro - y aún así tuvo varios arranques y pudo ganar campo-. La dinámica de Chile era fantástica, apretando mucho en los minutos de cierre.
El equipo dirigido por Sampaoli estaba instalado de nuevo en campo argentino, con los volantes y delanteros tocando y pasando a todo momento. El juego de rotaciones permanentes, sin posición fija, le daba resultado tanto en ataque como en defensa y solo le faltaba el gol para coronar un primer tiempo a la altura de las circunstancias. Messi pudo romper con su jaula y cuando se iba solo contra el arquero, Aranguiz lo cruzó mal abajo para que Roldán no cobre siquiera falta.
Una por lado para ir al descanso: Vidal la sacó para Alexis, que recortó bien pero su remate fue demasiado anunciado y débil a las manos de Romero; Pastore comandó el contragolpe, enganchó con maestría dentro del área y tocó atrás para Lavezzi que entraba como una locomotora. Su bombazo fue sensacional, pero mucho mejor la respuesta de un Bravo que no se movió ni un centímetro y bloqueó el tiro con mucha solidez.
Los segundos 45' comenzaron con Vidal recibiendo solo en el punto penal y tratando de colocar - sin éxito- un cabezazo a contrapierna de Romero. El arquero respondió con una gran lectura de la jugada y mantuvo su posición para ahogarle el grito al chileno. Argentina estaba una vez más asediada y dominada, pues la presión del rival era absoluta. Los de Martino trataban de mover la pelota, de ganar tiempo y tratar de crear espacios sin tener que desgastarse en el golpe por golpe. Pero la Roja seguía haciéndose amo y señor del partido entrando por el centro y desplegándose como un acordeón.
Valdivia empezó a tener más la pelota y esto mejoró el circuito de juego de los suyos. La posesión era toda para Chile, que debido al buen trabajo de regulación hecho en el primer tiempo tenía mucho más resto físico que la Argentina. Cada avance empezó a hacerse más elaborado, con tenencias largas y un ataque más estructurado, en bloque, y con una apertura progresiva para evitar el contragolpe en caso de perderla.
Las salidas desde el arco con la pelota al piso eran otro de los fuertes de Chile, que forzaba infracciones tontas en su propio campo y así en poco tiempo logró cargar de amarillas al mediocampo albiceleste. Lo tuvo Otamendi tras corner de Lavezzi, pero su cabezazo fue ancho. La pelota parada era una de las posibilidades para los de Martino, pues Chile no pudo corregir su pésima marca en todo el torneo. En base al toque corto y la búsqueda posterior en largo, los argentinos trataban de equiparar un poco un trámite complejo, algo que logró pues incomodó al contrincante lo suficiente como para que su salida ya no fuese tan limpia.
Pastore recibió, aguantó la marca y dejó solo a Zabaleta por su banda. El centro salió por encima del travesaño, pero sacó a Bravo de la tranquilidad con la que estaba jugando tras un primer tiempo muy activo. Un par de conexiones entre el enganche del PSG y Messi levantaron a la Argentina, pero la elaboración no iba más allá de lo que pudiesen hacer arriba ellos dos y Agüero.
Alexis conectó bien con Isla, ingresó al área y lo dejó solo a Vidal del otro lado con un gran cambio en corto. El del peinado más que extravagante tardó demasiado el acomodarse y Zabaleta se vistió de bombero una vez más. Lo que le faltaba a Chile a esta altura del partido era contundencia de cara al arco, un déficit que solo se veía en el momento más importante de todo el torneo. El Kun estaba haciendo un enorme partido, peleando contra los tres centrales del rival muy solo, presionando siempre y ayudando en la recuperación.
Chile ya no mostraba tantas piernas ni tanta dinámica - dos cosas que van de la mano- pero no paró de atacar. Con posesiones un poco más largas para que las piezas se acomoden, pero siempre con el objetivo fijo. Pastore habilitó a Agüero tras una buena corrida y el nueve, agotado, no llegó a empujarla pues el centro fue demasiado pasado. Acto seguido, los dos entrenadores movieron sus respectivos bancos: Higuaín por Agüero para ganar presencia y juego aéreo en el tramo final, pues el pelotazo largo o el centro habían sido los dos únicos recursos usados por la Argentina en una mala actuación; Matías Fernández por un Valdivia que en el segundo tiempo había tenido un buen rato al inicio pero luego se había apagado.
Vargas bajó muy bien un pase largo y la pelota le quedó a Vidal. Demichelis debió ponerse el traje y apagar el fuego, con un corte impecable. Isla recibía siempre solo, en una coreografía que se hacía previsible pero que los jugadores argentinos no podían controlar. Messi había sido comido por sus marcadores, sin tanta movilidad como en el primer tiempo y cansado después de haber hecho todo lo posible para que alguien se la tire redonda.
Los dos equipos se atacaban con lo que les quedaba en el tanque, siendo el local el más claro, vertiginoso y punzante. En el minuto 80' el cuadro era fácil de analizar: la pelota y los jugadores iban y venían, todos llegando hasta 3/4 de cancha y luego perdiéndola fácil ante la defensa rival. Banega ingresó por Pastore en un buen cambio, pues más contención y frescura eran necesarios así como un socio para Messi que sorpresivamente - y salvo por Pastore- no era buscado por sus compañeros.
Alexis e Isla armaron un buen 1-2 sobre la banda pero Rojo le ganó con oficio al del Queens Park Rangers cuando buscaba desbordar. Mati Fernández aprovechó una pésima salida de la Argentina y dejó solo a Alexis, que picó a contrapierna de su marcador y quedó ante Romero. Media vuelta y volea cruzada que salió muy pegada al primer palo, salvándose los argentinos de una derrota tan merecida como inminente. Pero tras esa acción, Banega se hizo de la pelota y mejoró mucho la circulación de su equipo, levantando también el nivel y actividad de Messi. Con un Chile jugado y marcando en línea, asumiendo todos los riesgos en un acto de valentía total, las posibilidades se abrían de nuevo en los minutos finales.
A los 89', Rojo fue tomado con claridad dentro del área y Roldán miró para otro lado para alegría de los miles de chilenos presentes en las tribunas y de los que estaban en el verde césped. Y tras un intercambio de golpes que no parecía terminar en nada para ninguno de los dos, Messi armó un contragolpe fenomenal: dejó atrás a tres marcadores por primera vez, hizo la pausa en un microsegundo y abrió con Lavezzi. De primera el delantero la cruzó para Higuaín que salió muy tarde - más allá de que la pelota fue un poquito larga- y le empujó pero contra el lado externo de la red. El Estadio Nacional quedó paralizado y de a poco se fue recuperando, pues estaba claro que se habían salvado por obra y gracia de un milagro.
El Primer Tiempo Suplementario fue todo de Chile. Con un 4-4-2 y el ingreso de Henríquez por Vargas para sumar más peso al ataque y cuidar el retroceso, no dejó espacios y se plantó en campo rival sin problemas. La Argentina buscó aguantar y tratar de salir con los extremos, pero sucumbió ante la presión total de los de Sampaoli que no le permitieron salir del área siquiera. Lo tuvo Henríquez tras una buena pared con Díaz, pero su disparo dentro del área salió bastante alto. Vidal estaba jugando de nueve, buscando la heróica en esos momentos en los que el corazón juega cuando las piernas ya no responden.
Una gran salida larga de Bravo expuso a Mascherano, que se pasó en el anticipo, y dejó solo a Alexis contra un poco de pasto y Romero. Zabaleta comenzó la carrera a tiempo y en un esfuerzo monumental logró llegar a molestar al delantero justo cuando estaba por rematar y su disparo salió medio centímetro arriba del travesaño. Los dos equipos buscaban ganarlo a su manera, pero el resto físico era apenas superior en los locales contra dos acalambrados en la Argentina y todos los demás apenas cubriendo espacios.
El Segundo Tiempo Suplementario fue un show de corridas en solitario y patadas, sin articulación de parte de ninguno de los dos. Sin dinámica ni otro plan que encontrar un gol que termine con el suplicio. Los de Martino tuvieron la última tras un remate alto de Fernández en la jugada previa que salió demasiado alto. Banega lanzó un centro frontal y el rebote le quedó a Higuaín, pero su volea fue bloqueada por uno de los defensores con todo el cuerpo para terminar saliendo por la línea de fondo. Había un tiro de esquina más, pero Roldán decidió dar por terminada la faena y mandar todo a los penales.
Como contra Colombia los penales habían hecho justicia, es opinión de quien les escribe que aquí también. Podemos sumarle factores como que del lado chileno había confianza y del lado argentino mucha presión y angustia, pero tras los dos primeros lanzamientos no hubo más discusión al respecto. Higuaín coronó su pésima noche y su floja Copa América mandando a las nubes un penal no tan complicado en cuanto al lugar - el el segundo nomás- y Banega sucumbió ante un escenario que desde el 2-1 para Chile era más que obvio. Fácil y anunciado al palo donde patean los diestros, mansita para que Bravo contenga. La Panenka de Aléxis Sánchez y su festejo más bien fotogénico - me hizo acordar al de Cristiano Ronaldo en la Final contra el Aleti de Madrid- le dieron a Chile su primera Copa América tras haber quedado en la puerta varias veces. El Estadio Nacional, los jugadores y cuerpo técnico, la Presidenta repentinamente amante del fútbol y todos los chilenos estallaron en un solo grito que no paró hasta altas horas de la madrugada y que debe seguir en estos momentos.
Los dos entrenadores declararon cosas más bien extrañas y bastante desviadas de la realidad. Sampaoli dijo que habían estado mejor en los pocos momentos en los que el partido había sido un poco más balanceado y que habían tenido todas las situaciones claras. Martino que su equipo había merecido ganar, pues había sido superior a su rival en todo el partido. Los dos no acertaron, tal vez manejados por emociones contrapuestas con objetivos claramente diferentes. Chile jugó el mejor partido de su Copa América, apareció en plenitud - excepto en la eficacia- cuando más se lo necesitaba y supo adaptar su clásico esquema para enfrentar a equipos grandes y con mucho peso futbolístico e histórico sin resignar ni un poco su idea de juego. Creo que en esta Final se vió todo lo que es Sampaoli y lo que ha logrado en sus casi tres años al frente de la selección chilena de fútbol. En una lógica y gran decisión, su contrato acaba de ser extendido hasta el Mundial de Rusia 2018 (inclusive, claro) y de poder realizar una gran labor tanto allí como en la Copa Confederaciones creo que habrá realizado un ciclo más que sensacional.
La Argentina perdió su segunda definición consecutiva y se marchó llena de dolor. Pero está claro que el cierre para una generación llena de talento y entrega no fue del todo oscuro. Una final del mundo y una de américa en poquito más de un año sería digna de aplauso en cualquier país masomenos razonable. Pero en uno como el nuestro en el que lo único que se hace es destruir después de un derrota en vez de aprender de ella, esto es una herejía ¿Como nosotros, que en el fútbol mayor no ganamos nada hace 22 años vamos a perder? ¿Como es posible? Es sabido que si la de Higuaín ingresaba, el Tata Martino habría sido llamado un "genio táctico absoluto" y que Messi habría sido encumbrado como "mil veces más que Maradona". Pero como esto no sucedió, se empezó a pedir la renuncia del entrenador y comenzó a correr el rumor de que el mejor jugador del mundo podría tomarse un descanso del seleccionado nacional, algo que de corazón creo que nos merecemos pues somos lo peor que hay. Los periodistas (o algo así) que hasta hace unos días decían que se había llegado a la Final solo por Messi - una mentira que deja en evidencia su operación contra Martino y su poco conocimiento en la materia de la que viven generosamente-, empezaron a gritar por TV que estaban hartos del astro del Barcelona. Cero capacidad de análisis, ningún tipo de reflexión acerca de lo que se había visto en la cancha y ni que hablar de la coherencia, pues el esquema y táctica que usó la Argentina en la final fue el que todos exigían tras el empate con Paraguay en la primera fecha. Todo girando asquerosamente alrededor del resultado, con honrosas excepciones claro pero siendo estas solamente eso: una gota de agua en el desierto. Mi recomendación es la de siempre, en la victoria y en la derrota: no miren más, ni se les ocurra festejar los goles o si se gana, vayan a ver los compilados de Italia 90'.
Sin dudas que fue el peor partido de la Copa América para la Argentina, pues dejó de lado la excelente idea que había ejecutado a lo largo del torneo para optar por un esquema más luchador y conservador a la vez. Suelo defender a Martino - y lo seguiré haciendo- pero es una locura que haya dicho que fue un mérito haber anulado ofensivamente a Chile porque "era el equipo más goleador del torneo". Sin desmerecer a los andinos, creo que hay un abismo en lo que refiere a historia pasada y presente así como en materia prima, por lo que esas palabras estuvieron fuera de lugar. A admitir que se jugó mal y que el rival fue superior y listo. No hay mucho más drama que hacer, piensen que Sampaoli recién consigue su primer éxito tras haber madurado y trabajado arduamente por un par de años. Nada se consigue por arte de magia: si hoy mismo viniesen Guardiola o Löw a dirigir a la Argentina, tardarían meses, años, en implantar un sistema de juego y lograr que el proyecto sea integral y a largo plazo. La idea de Martino ha prendido en el grupo y el entrenador siempre dijo que esto era solamente la piedra basal. Haber comenzado con un segundo puesto no es algo malo en absoluto, por más que nos moleste haber quedado en las puertas otra vez. Paciencia, trabajo y apoyo nuestro. Tres cosas que necesita Gerardo Martino para comenzar con la transición generacional, pues esta convocatoria apenas si mechó alguno de los nombres que vamos a comenzar a ver más seguido con la celeste y blanca. Soñar con esto es imposible, pues como ya se dijo no sabemos tomar nada positivo de una o varias derrotas, solo queremos resultados a corto plazo y mediante alguna especie de magia negra que nos evite consecuencias a la larga. Elegimos seguir sin querer aprender, leyendo notas en los grandes medios de "especialistas" y demás que poco honor le hacen al mote, cargando sobre los jugadores - y Messi sobre todo- nuestras propias frustraciones bajo lemas burdos y falsos como "el pueblo necesita una alegría, la estamos pasando mal" o el clásico "estos millonarios de mierda" (como si no fuese su profesión, como si no viviesen todo el día entrenando como mulas desde que tienen capacidad de razonamiento) y demás cuestiones que lamentablemente son parte del argentino promedio que se sienta a mirar un partido de fútbol. Para mayores referencias al respecto, los invito a leer o releer el párrafo inicial del análisis previo a este que habla un poco más en profundidad del tema.
Alemania salió tercera en su Mundial allá por 2006 y de la mano del sucesor de Jürgen Klinsmann, comenzó un camino que terminó con la consagración en Brasil 2014. En el medio no hubo ningún éxito, sí varias frustraciones, pero siempre se tuvo una certeza: junto a España, la selección de Joachim Löw fue en todo ese tramo la que mejor jugó indiscutiblemente en todo el mundo. Sus hinchas no pidieron la cabeza de nadie a pesar de la Final perdida en la Euro 2008, el Tercer Puesto en Sudáfrica 2010 y la Semifinal perdida en la Euro 2012. Todos sabían que el equipo jugaba exquisitamente y que el cambio de estilo comenzado por quien hoy maravilla con otro proyecto a largo plazo en la selección de Estados Unidos y su mano derecha, iban a ser beneficiosos para un equipo que había tocado fondo poco tiempo atrás en la Eurocopa 2004 (busquen, fue más que un desastre). Hoy por hoy, Alemania a pesar de un arranque irregular en las Eliminatorias - que ya corrigió- y algunas caídas en amistosos, sigue siendo el mejor de todos. Sin dudas que las diferencias entre los países del mundo se encuentran en los factores políticos y los índices económicos. Pero a mi parecer, lo más importante es el grado de desarrollo de cada sociedad. Y en ese aspecto, es muy claro que estamos a años luz de poder salir del pozo.











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