Chile llegaba al partido de Semifinales contra Perú con algunas dudas en lo futbolístico pero con una baja muy importante en la línea defensiva. Tras la "investigación" que realizó la Conmebol, Gonzalo Jara fue suspendido primero por tres fechas y luego por dos y una multa económica. Podrá volver en la primera fecha de las Eliminatorias, pero ya no habría más Copa América para el aguerrido y polémico central. Jorge Sampaoli eligió retocar un poco el esquema, obligado a reforzar un poco la defensa pues no contaba con un jugador de las mismas características y prestaciones que Jara para cubrir las constantes subidas de los dos laterales. En lo que refería a lo demás, el equipo sería el de siempre lo cual garantizaba en los papeles buen fútbol. Enfrente estaba el duro, y a la vez vistoso, Perú de Ricardo Gareca quien en poco tiempo logró convertir a un equipo de viejas glorias sin motivación y nuevos talentos muy individualistas, en una roca sólida y convencida de que pueden sacar a su selección del pozo en el que cayó hace ya mucho tiempo. Con actuaciones muy buenas en un grupo realmente complicado - dominó sin problemas, con orden táctico y mucho toque y agresividad a Brasil y a Colombia y venció con justicia a la dura Venezuela- y unos Cuartos de Final de lujo contra Bolivia, nada hacía pensar que este Perú asumiría un rol de partenaire en la fría noche de Santiago. La idea era la misma de siempre: salir a presionar, ocupar bien los espacios y mantener la posesión absoluta de la pelota. Tres elementos que serían clave si es que los peruanos querían tener chances de ganar contra un Chile que ha hecho del juego al ras del piso y el ataque su esencia, más allá de los retoques que le dieron Borghi y Sampaoli a la idea instalada por Marcelo Bielsa.
Chile formó con un extraño 4-3-1-2 buscando solidez en el fondo y tratando de solucionar algunos problemas que habían sido recurrentes por el sector izquierdo: Bravo; Isla, Medel, Rojas, Albornoz; Vidal, Díaz, Aranguiz; Valdivia; Eduardo Vargas y Alexis Sánchez. Lo que buscó el entrenador argentino fue dejar fijos a los tres centrales en el fondo, soltar a Isla y lograr que Vidal cumpliese el rol de romper por el otro lado de la cancha. Perú presentó su habitual 4-4-2 sin demasiadas sorpresas: Gallese; Advíncula, Zambrano, Ascues, J.M. Vargas; Carrillo, Ballón, Lobatón, Cueva; Paolo Guerrero y Farfán. Doble cinco fijo, laterales que pasan al ataque como delanteros, dos exteriores veloces que siempre recortan hacia el centro y dos puntas temibles y en excelente nivel sueltos en el frente de ataque.
El partido inició y rápidamente quedó claro que Chile además de estar nervioso - como en todos los partidos de este torneo- también estaba incómodo e impreciso debido a lo que le planteaba su rival. Perú logró asfixiar a su rival y le llenó las bandas para evitar que pudiese salir con tranquilidad. Fue el equipo de Gareca el que se aproximó primero con un buen centro de Guerrero que Bravo controló con solidez.
Chile reaccionó y con un despliegue veloz de la mano de Alexis e Isla forzó a Ascues a tener que estirarse para salvar a su arquero. El del Queens Park Rangers jugaba como extremo, Vargas se cerraba por el medio y la estrella del Arsenal corría por el otro lado. Perú plantaba un 4-2-3-1 bastante claro con Guerrero de punta y Ballón-Lobatón para cortar el circuito de juego chileno. El partido era muy intenso en estos minutos iniciales, con los dos buscando romper líneas yendo por abajo con gran intensidad.
Los de Sampaoli no lograban salir con comodidad, la presión peruana estaba surtiendo su efecto. Los tres mediapuntas y el delantero central se desplegaban bien para ocupar los espacios cerca de los dominios de Bravo. La marca era en zona, sin cometer el error de ir al hombre, provocando así el pelotazo frontal constante. Alexis era el punto de búsqueda, jugando a espaldas de los marcadores centrales. Enfrente, Advíncula trepaba bastante menos de lo habitual, cuidando como un perro guardián su sector de la cancha.
Hasta aquí todo funcionaba a la perfección: un aplicado y sólido Perú dominaba a Chile en base a un sano equilibrio. Sano porque no resigna jamás ni un poco de su estilo tan ofensivo como vistoso. Valdivia estaba fuer a del partido, sin tocar muchas pelotas e impreciso en las pocas ocasiones de pase profundo de las que dispuso. Para colmo de males, Vidal regaló una pelota fácil, Guerrero buscó largo a Farfán y Medel tuvo que tirarse de cabeza para evitar el disparo del delantero dentro del área.
Todo era de Perú, a puro toque y ataque, una óptima presentación del equipo de Gareca que vencía en lo táctico, lo físico y lo relacionado al juego. Chile seguía sin hacerse del balón y sin encontrar espacios; y en el choque de trenes, perdía por mucho pues no era ni por asomo tan intenso como Perú. Las imprecisiones y el nerviosismo eran lo que caracterizaban a sus jugadores, con la excepción en Isla que estaba jugando un muy buen partido y siendo el único con claridad dentro del 11 trasandino.
Carrillo trepó desde el medio y dejó en ridículo a Albornoz, que era de los peores entre los suyos. La jugada terminó en tiro de esquina, pero sirve para explicar lo largo e inconexo que estaba Chile, pues un solo jugador superó al medio y la defensa solamente con una carrera larga. Guerrero presionó sobre la salida, ganó la posesión, esperó y cedió con Lobatón. El disparo del volante central salió rozando el ángulo, en otra muestra de poder de los rojiblancos.
Ballón y Lobatón eran centrales, pues hacían muy bien todos los relevos en el mediocampo. Así ninguna pieza quedaba mal engranada y la rueda giraba sin ningún problema. Los volantes chilenos estaban eliminados, borrados de la cancha por un contrincante que ya merecía la ventaja. El que Chile estuviese tan mal se debía a errores propios sin dudas, pero por sobre todas las cosas a la fenomenal labor de un Perú imparable.
Y llegó el quiebre del partido. Zambrano dejó la pierna arriba tras ganarle a Aranguiz e impactó de lleno sobre su cintura. Segunda amarilla y expulsado, con lo que el castillo comenzaba a derrumbarse. No se debate la segunda tarjeta sino la primera: en los primeros minutos del partido, Zambrano le ganó la posición a Vidal y este lo empujó, lo tomo del cuello y casi le pega una buena trompada. Todo ante los ojos de un árbitro que separó y pidió calma, algo que los dos jugadores entendieron y con un abrazo y sonrisas dieron por terminado. Luego por una falta casi inexistente, Zambrano fue amonestado y luego llegaría la expulsión a los 20' de la primera parte ¿Por qué Vidal no fue como mínimo amonestado por agarrar del cuello a un rival que no le había hecho nada? ¿Por qué Zambrano recibió una amarilla dos segundos después por una falta que no la merecía? No me gusta ser conspirativo, pero las casualidades - Guerrero dixit- han sido varias a lo largo del torneo en favor del local, algo sobre lo que ya volveremos sobre el cierre.
Ballón tuvo que bajar, Carrillo se cerró en el medio y Ramos ingresó por Cueva para rearmar la defensa. La reacción de Gareca fue muy buena, pero los espacios inevitablemente aparecieron en el mediocampo. Sin la presión total de Perú, Chile recibió una bocanada de aire importante. Valdivia tuvo dos: un rebote que se fue bastante alto tras un corner y un buen disparo que picó y salió al lado del palo tras recibir sobre el costado de parte de un apagado Alexis Sánchez.
Chile mejoró con los espacios, pudiendo salir con más tranquilidad. Perú estaba tirado atrás por una decisión arbitral y ahora sufría una presión bastante desordenada y poco lucida - pero presión al fin- de parte del equipo local. Advíncula se puso el traje de Superman para salvar a su equipo tras una buena conexión entre Alexis y Vidal, justo antes del remate del jugador de la Juventus. Perú no dejaba de ir hacia adelante a pesar de todo, sin resignar su estilo pero con limitaciones lógicas.
Advíncula barrió ante Vargas luego de que este recibiese solo tras una jugada armada por Valdivia, Alexis y Vidal sobre la banda. Lo tuvo de nuevo el delantero que milita en la Premier League tras una gran comunicación entre Aranguiz y Díaz, pero no logró controlarla para poder convertir el primer gol. La respuesta de Perú fue instantánea: pase largo para Guerrero - algo que ya era una constante- que Bravo pudo desactivar corrigiendo una nueva distracción de Albornoz.
Chile estaba plantado en 3/4 de cancha, pero muy flojo en el retroceso. El sector de Albornoz era un colador, un error táctico serio de Sampaoli. Pero Chile encontró un gol en offside: centro pasado de Alexis, Aranguiz pifia y le queda a Vargas - centímetros adelantado- que la termina empujando con lo que puede. La pelota entró mansita y se decretaba el 1-0 que era inmerecido y producto solamente de haber contado con la expulsión de Zambrano que abrió el panorama para un equipo muy flojo.
Vidal lo tuvo nuevamente en el cierre tras un buen centro - la única arma de un equipo que suele construir sus jugadas con buen toque y paciencia- pero su disparo salió demasiado alto como para inquietar a Gallese.
Los segundos 45' comenzaron con un gol MAL anulado a Chile por un offside inexistente. Hubiese sido un golpe definitivo, pero el árbitro estaba compensado por su error anterior. La compensación es lamentable, pero se soluciona si uno no roba en favor de un equipo y/o comete errores estúpidos como juez.
Perú buscó salir con pelotazos largos para Guerrero, que siempre ganaba y generaba tiempo y espacio para que Advíncula y Vargas se sumasen al ataque por las bandas. Farfán estaba situado ya como pasador, delante de Guerrero. Los dirigidos por Gareca no dejaban de atacar, abriendo la cancha con mucha velocidad y generando muchas faltas cerca del área. Su gran virtud fue con uno menos poder bajarle el ritmo al partido en base a la posesión con profundidad, para así acorralar a Chile en 58'.
Vidal dejó en buena posición a Alexis, pero el delantero la perdió con mucha displicencia ante un genial Advíncula. Tras este sofocón, pareció que la justicia finalmente llegaba al Estadio Nacional: salida de Lobatón, toque con Guerrero, pasa Advíncula y tras recibir del nueve lanza un centro bien picante que Medel terminó empujando para que Carrillo no comvierta el gol. La pelota terminó en el fondo de la red, todo estaba en cero nuevamente con este 1-1 y restaba ver como saldría Chile a disputar lo que quedaba de partido con la ventaja numérica y física - el fútbol no estaba presente- de su lado.
Perú había sido superior durante todo el encuentro y Chile apenas si había logrado algo más de fluidez tras la expulsión. Pero este factor terminó siendo clave: en la jugada siguiente, Vidal le puso una pelota sensacional a Aranguiz que la pierde con bastante inocencia en la puerta del área. Juan Manuel Vargas salió bien pero Guerrero fue presionado por 4 RIVALES y el balón le quedó en los pies a Eduardo Vargas. Casi sin pensarlo, el delantero se acomodó y sacó un latigazo bombeado que superó a un flojo Gallese que no pudo leer un remate más bien evidente. Un 2-1 con poco merecimiento, apenas por correr hacia adelante con anteojeras y sin dar un pase bien.
Los rojiblancos quedaron muy golpeados y buscaron acomodarse ante un resultado que era un delirio en sí mismo. Galllese salvó ante Vargas en el borde del área, pero esto era solo un espejismo pues Perú era muy superior. Lo que sucedía era que al estar completamente lanzado al ataque, a los de Sampaoli les alcanzaba con tirarla larga, correr sin mirar y tirar mil centros. Advíncula realizó una corrida inteligente pero Carrillo no le pudo dar potencia a su cabezazo tras recibir en buena posición.
Chile exhibía la peor cara del estilo Bielsa: desorden táctico, todos corriendo para adelante sin pensar, el centro como única arma - encima mal tirados-, mal retroceso y la nula intención de tener la pelota y armar juego con paciencia. Yotún y Pizarro entraron por Lobatón y Carrillo respectivamente y Gareca terminó de mandar toda la carne al asador en ora muestra de lucidez y valentía.
Yotún tuvo su primera intervención con un buen toque con Farfán. Centro y Pizarro ganó muy bien para que Bravo le ahogue el grito con una muy sólida respuesta. El volante creativo del Schalke 04 aparecía por todos lados y no paraba de generar peligro, en una actuación fenomenal. Vargas lo tuvo tras otra buena ación esporádica de Alexis, pero solo contra el arquero no pudo controlar la pelota, que quemaba en pies chilenos.
Sampaoli veía como su equipo tenía campo abierto para terminar el partido, pero al mismo tiempo enloquecía porque no se le caía una sola idea a sus jugadores que erraban todos los pases una vez que llegaban hasta 3/4 de cancha. Yotún envió un disparo apenas ancho tras capturar un rebote. El ritmo lo seguía marcando Perú ante una de las peores versiones que se vió de Chile en el ciclo del entrenador argentino.
Valdivia lo dejó solo a Alexis pero el remate se fue bastante alto, aún contando con buen ángulo para volver a meter un gol tras aquel solitario contra Bolivia. Tras un centro que Vargas no pudo conectar, Vidal estuvo a punto de romper el ángulo, pero la pelota salió demasiado cerca. Lo más positivo que mostraba Chile eran las asociaciones en corto que realizaban sobre todo Isla, Vidal, Valdivia y - de a ratos- Sánchez entre sí. El número 10 de la Roja manejaba los hilos hace rato y lograba el milagro: que alguien en un equipo sin brújula pudiese lanzar un pase y que la pelota llegue redonda.
Guerrero habilitó perfecto a Farfán que con un centro atrás forzó a Medel a un cruce salvador. Bravo cometió un horror en la salida, Vidal se le colgó del cuello al jugador que comenzaba el ataque y no fue ni siquiera amonestado por ello (algo que por reglamento debió haber sido así). Nada demasiado extraño y el partido siguió su rumbo. Un buen centro frontal casi lo tiene a Yotún como el dueño de todos los flashes, pero el volante no llegó a empujarla por muy poquito. Gutierrez entró por Valdivia y a Guerrero le cobraron muy mal un offside cuando se iba solo contra Bravo en el minuto 86'.
Gareca mandaba a sus jugadores adelante y estos no paraban de buscar el premio que merecìan. Los contragolpes de Chile ya no causaban tanto daño y todos pedían por el final del calvario. No pudieron marcar bien en ningún momento, ni siquiera tras la expulsión de Zambrano, en una performance defensiva bastante lamentable por donde se la mire.
Mena (que al final nunca debió haber salido) trepó perfecto por la banda, Alexis lo habilitó con un buen pase al vacío y Gallese le ganó abajo con muchos reflejos. El arquero peruano volvió a lucirse tras una gran contra armado por Alexis y Gutierrez a un toque, impidiendo que Vidal convierta el tercer gol. Los peruanos siguieron yendo y cuando parecía que les quedaba una más, el árbitro cobró una falta al revés y todo terminó. Chile estaba en la Final de su Copa América y el estadio rompió en un grito angustiante y liberador. Esta bala la habían esquivado y no precisamente por un compendio de virtudes propias.
De Perú se pueden decir muchas cosas y son todas positivas. Es un equipo que de la mano de Ricardo Gareca logró recuperar la confianza, la solidez, la vocación ofensiva y el buen fútbol. No exageramos si decimos que este Perú fue el equipo más equilibrado de la Copa América 2015; uno que nunca dejó de buscar el ataque pero que jamás descuidó la fase ofensiva, con un sistema de relevos y un repliegue fenomenales. La pelota siempre rodando por el verde césped, el pase largo por arriba solo en casos de necesidad absoluta - como este partido, tras quedarse con uno menos- y una mezcla generacional realizaba con maestría por Gareca y su cuerpo técnico. Juan Manuel Vargas, Pizarro, Guerrero y Farfán pudieron ser motivados nuevamente y han comenzado de la mejor manera posible este nuevo ciclo. Los que están apareciendo, también han dejado su huella: Carrillo, Reyna, Yotún, Cueva. La idea del ex DT de Velez Sarsfield y el Palmeiras ha calado hondo y en muy poco tiempo Perú ha recuperado su esencia histórica. Habrá que ver como le va en las Eliminatorias, donde el trabajo debe extenderse más allá de la emoción y el corto plazo de dos semanas de competencia. El haber obtenido el tercer puesto contra Paraguay - el cual será analizado aquí- en una performance igual de magistral como la realizada ante Chile, es un gran primer paso para un entrenador que apunta a llevar a esta selección a una Copa del mundo nuevamente.
En el lado de Chile, lo primero que hay es alegría por haber logrado el objetivo planteado desde el primer día. Más allá de que los árbitros han sido en exceso localistas y no han dudado en mirar para otro lado en algunas situaciones de relevancia, está claro que Chile ha jugado muy bien. No hay sido la máquina que todos preveían, sufrió mucho en todos los partidos y nunca pudo sacarse de encima los nervios por jugar en casa. En estos días, han apuntado hacia la prensa de su país porque ha habido demasiado elogios para la Argentina de Martino y poco acerca de ellos, algo que me parece bastante idiota desde cualquier punto de vista. La prensa no suele ganar los partidos, esos se ganan en la cancha y los jugadores de Chile (así como su entrenador) parecen más preocupados por generar un clima de guerra antes que por salir a jugar. La idea de este discípulo de Bielsa y de Guardiola es una que honra el fútbol, pero hay ciertas cuestiones que se arrastran desde el inicio de su ciclo con la Roja que no han sido resueltas. La más grave: la cobertura de espacios en retroceso. Hay momentos en los que el mediocampo desaparece y deja muchos espacios, haciendo que los laterales y centrales pierdan todo tipo de referencia y se desordenen por salir a cubrir los huecos. Tuvo muy buenos partidos donde el juego fue vertical, progresivo y fluido y otros en los que solucionó el problema a los tropezones y sin mucha claridad. A lo que nunca renunció fue a intentar jugar y a atacar, pero a veces con eso no alcanza para salir victorioso. Será una prueba de fuego lo que se viene dentro de unas horas, un partido contra uno de los 3 mejores equipos del mundo, que llega encendido y con una propuesta de posesión y ataque constante. Muy posiblemente Sampaoli sobreviva aún cayendo, creo que merece seguir por una eternidad en Chile, pero eso sería ya pretender tener la bola de cristal. Ojalá se vea un muy buen partido de fútbol y que el clima en el estadio sea de fiesta, porque al fin y alñ cabo de eso se trata este hermoso deporte. Con dos equipos que tratan con pasión y amor a la pelota, no se puede pretender que todo se reduzca a un concierto de patadas. Haya paz y a disfrutar de uno de esos días que quedan en la historia.









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