Tras una caída ante Rosario Central por la Copa Argentina y un empate con sabor a poco contra Tigre en el partido que ambos debían, el River de Marcelo Gallardo necesitaba de un triunfo que lo llenase de energía y confianza de cara al choque del próximo martes contra Guaraní por las Semifinales de la Copa Libertadores de América. Con las llegadas de Alario, Bertolo, Saviola y Lucho Gonzalez (mas el inminente desembarco de Tabaré Viudez tras finalizar la novela con Teo Gutierrez), el panorama parecía bastante claro para el entrenador del club de Nuñez. Las lesiones de Bertolo - luego de haber disputado tan solo 20' en su debut con la banda roja en ese primer partido- y de Pisculichi en el siguiente duelo por el torneo local, no habían sido las mejores señales. Ni que hablar del flojo rendimiento en la cancha, mas allá de haber contado con muchas situaciones de gol - en su mayoría producto de arrebatos individuales- y de dejar la sensación de que no hubiese estado mal un empate. Contra Tigre se mejoró un poco en la fría noche de Victoria, pero si bien creo varias situaciones de gol también sufrió y necesitó de Barovero en un trámite que se hizo demasiado vertiginoso. Esto debido al pobre control de balón de un equipo que no pudo aprovechar a Lucho González y a Javier Saviola en buena forma para sus retornos oficiales. El estilo que pregona Gallardo, seguía sin aparecer salvo en algunos tramos, luego de un semestre en el que los resultados habían sido muy buenos pero todo lo demás bastante alejado de lo que el ex enganche de River suele decir en sus conferencias de prensa, entrevistas y demás encuentros con los medios.
Con un Monumental a ni siquiera a medio llenar, Gallardo plantó un 4-3-3 muy ofensivo desde las intenciones. Su idea era abrir a los golpes - en el buen sentido, claro- a un rival que se cierra cada vez que juega contra los equipos grandes: Chiarini; Solari, Mamanna, Funes Mori, Vega; Mayada, Kranevitter, Driussi; Boyé, Cavenaghi y Saviola. Desde el vamos parecía un 4-2-3-1 con el que armó en los dos partidos previos, con Cavenaghi como punta y Saviola como armador de juego. En el medio no habría posiciones fijas salvo la de Kranevitter y el doble cinco sería algo que nunca debía desarmarse. Del otro lado, Ricardo Rezza - viejo lobo si los hay- y su Temperley estaban listo para el desafío y para ello dispuso de un 4-4-1-1 contragolpeador y bien compacto: Crivelli; Chimino, Aguirre, Boggino, Bojanich; Esparza, Di Lorenzo, Arregui, Ledesma; Sambueza; Grbec. Ser una estructura inamovible en el retroceso y liberar a Esparza, Di Lorenzo y Grbec en cada ataque. Con esa idea, desde una inferioridad perfectamente asumida, el Gasolero buscaba dar el gran batacazo.
El partido comenzó con el equipo local presionando bien alto. La propuesta era la de siempre: jugar todo por abajo, con dinámica y vértigo, buscando armar por el mediocampo y luego abrir la cancha tras llenar las bandas con los volantes y laterales. River atacaba sin parar y Temperley esperaba para salir de contraataque. El visitante resistía los embates y estaba muy bien plantado, sin dejando demasiados espacios para que los River explote en 3/4 de cancha.
Mayada y Driussi eran los que iniciaban los embates desde el medio. Cada vez que uno pasaba al ataque, el otro se quedaba para ayudar a Kranevitter en la marca. Saviola se retrasaba unos metros quedando como mediapunta delante de Boyé y Cavenaghj y mostraba mucha movilidad y precisión para hacer bien ancho el campo de juego. River llegaba sobre todo por las bandas, con mayor número que la defensa rival, pero sin conseguir precisión de cara a Crivelli.
Cavenaghi en los primeros minutos mostraba dos velocidades menos que la del resto de sus compañeros. Temperley ya en este arranque logró asustar un par de veces con buenas corridas de un Esparza que comenzaba a calentar recién. Vega tuvo un primer acercamiento serio con un disparo que quedó en las manos del portero rival tras hacer una curva extraña. Los de Rezza buscaban siempre a espaldas de los centrales, pero por ahora tanto Vega como Solari estaban atentos para cubrir ese hueco.
Cavenaghi inició una buena contra y tocó largo con Boyé. El pibe desbordó muy bien y centró, pero el Capitán de River no estaba ni siquiera cerca del área para ese entonces. Sambueza aprovechó una desatención en el mediocampo, robó el balón y superó la línea del medio. Eran tres contra dos, pero en vez de abrir con Esparza que picaba sin marca decidió ir hacia el otro lado con Grbec. El nueve enganchó pero terminó perdiendo con un sólido Vega.
El Torito volvió a armar una buena jugada, esta vez escapando por la banda y centrando muy mal para Saviola. El defensor estuvo cerca de meterla en su propia valla, pero River seguía sin ser demasiado claro más allá de tener la pelota en un monopolio absoluto. Buscaba ser dinámico con las rotaciones posicionales en el mediocampo y la delantera, pero el error estaba en el pase o remate final. Temperley aguantaba sin ponerse nervioso y consciente de cual era su plan, en una gran ejecución retrocediendo como un bloque y marcando muy bien en zona. Jugaba mano a mano en las dos áreas y por ahora ganaba con comodidad a pesar de no dominar el trámite.
Los mejores momentos de River se veían en los avances a un toque. Pero en la mayoría del tiempo se hizo demasiado espeso y lateralizó sin sentido la pelota por no tener soluciones ante el esquema planteado por el contrincante. Saviola dejó solo a Cavenaghi en el medio del área y Chimino con mucha velocidad logró cortarlo a tiempo, para frustrar una vez más al delantero. La primera clara de verdad llegó a los 29' con un cabezazo de Vega de pique al suelo tras un corner, pero salió demasiado alto como para llevarle trabajo a Crivelli.
Kranevitter hizo la pausa unos minutos después y con un gran pase habilitó a Saviola, que fue bajado en el vértice del área. Funes Mori se hizo cargo del tiro libre y con un remate perfecto - con el efecto y la potencia justos e ideales- hizo que la estirada de Crivelli fuese inerte. Un golazo para un 1-0 que en general era merecido pues más allá de no ser su mejor noche, River tenía la iniciativa.
De inmediato, la presión alta de Temperley incrementó y los espacios comenzaron a aparecer aunque no en demasía. Los ataques fueron más intensos y constantes, tratando de llegar por los costados y ganando en velocidad. River estaba plantado en 3/4 de cancha y tocando hasta encontrar el lugar para filtrar un pase, pero comenzó a cometer errores básicos en las entregas que habilitaron a Sambueza y a Di Lorenzo a iniciar contragolpes tras cortar el circuito.
Un riesgo total y basado en la propia incompetencia para leer el partido, que se materializó a los 37': un mal rechazo le quedó a Di Lorenzo que habilitó muy bien al imparable Esparza. El volante le ganó sin dramas a Mamanna y definió muy bien ante la salida de Chiarini. Un 1-1 que enmudeció al Monumental y que se encontraba justificado en los horrores del equipo de Gallardo que después de esto perdió el rumbo por completo.
Sambueza y Esparza estaban haciendo un gran partido. Recuperando todo como dos leones y haciendo jugar a su equipo con mucha desfachatez y valentía. Un error de Solari en la puerta del área le dejó la pelota a Di Lorenzo que de nuevo conectó con Esparza. Esta vez al de Temperley la pelota le picó mal y su disparo salió demasiado alta. El mediocampo ahora empezaba a teñirse de celeste en un partido que se complicaba cada vez más para los locales.
Gallardo, como suele hacer cuando no hay juego, hizo bien ancho a los suyos. Los centros comenzaron a llover en los dominios de Crivelli pero los centrales no tuvieron ningún problema para rechazar todo casi de forma automática. Una de las grandes carencias de River hace tiempo es la de no tener un nueve de área neto con experiencia y peso, algo que por ahora no tuvieron ni Boyé, ni Simeone, ni Cavenaghi durante este ciclo.
Saviola estaba anulado tanto por la marca rival como por el mal juego de los suyos. River siguió teniendo la pelota pero ya sin ser profundo ni llegando con peligro alguno. Buscó los costados como recurso ante su carencia en el armado, pero el éxito fue nulo. Una serie de errores inexplicables lo habían llevado a esta situación incómoda, en especial cuando - bien presionado o no- regaló contragolpes con pases displicentes que quedaron cortos en la salida. En esos casos, la capacidad de acople y de retroceso ordenado brilló por su ausencia, siendo un rival más bien conservador el que tuvo las chances más claras.
Los 45' finales tuvieron a los de la banda presionando alto, jugados al ataque con los centrales como volantes. Buscó ser prolijo, una vez más, pero el peligro solo llegó cuando pudieron forzar a algún error esporádico a los defensores de enfrente. River iba por los costados y Temperley salía bien largo con sus jugadores ofensivos, en un trámite que para sorpresa de muchos estaba equilibrado hace rato.
Grbec recibió un muy buen pase a espaldas de Funes Mori, pero el central corrigió con mucha velocidad y la mandó al corner. En la jugada siguiente, el Gasolero se animó a jugar a un toque y en 4 de ellos llegó al arco de Chiarini: bombazo de Di Lorenzo que no fue gol solamente porque un defensor cruzó la pierna en el momento justo. De ese mismo corner llegó el segundo gol de Temperley pero fue bien anulado por un claro offside. Más allá de esto, la balanza se inclinaba para los de Rezza que eran mucho más punzantes que un tibio River.
Gallardo expresaba su disgusto con sus caras y con las modificaciones que introdujo en tan solo 14'. Los tres cambios juntos: Martínez por Boyé, Lucho González por Solari y Alario por Cavenaghi. Los tres más flojos afuera, y nuevo esquema para romper la telaraña del rival. Un 4-4-2 con Lucho como armador al lado de Kranevitter - que al fin recibía ayuda-, el Pity como volante exterior para desbordar y Alario de punta junto a Saviola. Pero iban 20' y el más peligroso y concreto era el, en los papeles, débil Temperley.
Rezza movió las piezas, puesto por puesto para no perder el orden: Di Nenno por Ledesma y Orona por Grbec. El primero de punta solo arriba y el segundo a jugar como volante central. Recuperación y potencia ofensiva en un solo movimiento. Di Nenno recibió largo, Chiarini saltó y en el rechazo se lo llevó puesto a Mamanna. River se salvó de ese blooper, pero sus desacoples en toda la cancha eran notorios y preocupantes puesto que no es un ciclo que recién está comenzando sino uno que ha ganado cosas importantes y todo sin perder su base en este año y medio.
Di Nenno mostró sus credenciales bajando a recuperar y comenzando también muchas jugadas, dejando el espacio justo para que Esparza y Sambueza piquen a sus costados. Alario era la referencia de River pero la búsqueda en 25' era demasiado inconsistente. El partido se hizo flojo, con la pelota yendo de lado a lado sin tocar mucho el verde césped. El beneficiado era Temperley que a pesar del cansancio de sus dos figuras seguía presionando sin parar.
Lucho González pudo balancear un poco el centrocampo de su equipo, pero tampoco corresponde que él solo haga todas las jugadas sin ayuda. Saviola tocó con el Pity y este centró para Alario, que perdió con Aguirre abajo. Esparza respondió entrando al área y perdiendo por poquito con Mamanna que pudo recuperarse a tiempo tras ser inicialmente superado.
Mayada trepó muy bien y tiró un centro horrible. Una irregularidad que ya molesta la del volante uruguayo, pues nunca termina de engranar más allá de sus cualidades técnicas y algún que otro chispazo. Gallardo veía como los suyos se repetían en pases laterales que terminaban en saques a favor del rival, síntoma de problemas posicionales bastante importantes. Orona, Di Lorenzo y Esparza siguieron anticipando en el medio, exponiendo la ingenuidad de sus colegas que con sus fallos dejaban a su formación mucho más larga de lo que ya de por sí estaba.
Había tenencia, claro, pero sin generación ni de juego ni de peligro. Crivelli miraba y Driussi desaprovechó una buena chance cara a cara con él tras recibir un pelotazo frontal. Ganó el rebote pero su disparo fue demasiado débil y mordido. El Pity logró con un pique corto dejar mal parado al celeste por primera vez y conectó con Saviola. El Conejito tocó con Alario y Bojanich logró taparlo en el momento en el que estaba por definir. Aprile entró por Di Lorenzo, para cubrir un poco más el medio y tener llegada de la mano de este volante mixto.
Funes Mori estuvo a punto de quebrar la monotonía de River con un bombazo de media distancia. Pero Crivelli respondió como mandan los manuales, inaugurándose así el asedio final de un equipo que ganó potencia y velocidad pero siguió estando impreciso y tosco de cara al gol. Temperley esperó abroquelado y con el objetivo entre ceja y ceja, sabiendo que este era el momento para llevarse los tres puntos a casa. Gallardo mandó a liberar a los laterales y juntó mucha gente por el centro, para encontrar un poco merecido gol que le diese la victoria.
Esparza estaba destrozado, pero con sus enganches y viveza seguía complicando a una línea de fondo que jamás lo pudo controlar. Los de Rezza pudieron defenderse con la pelota y lejos de su arquero en los minutos de tiempo agregado, resistiendo los misiles que caían desde todos lados de la mano de un Aguirre infranqueable y lleno de temple. Mamanna cerró el partido con un disparo bien alto tras una serie de rebotes dentro del área. Hubieron algunos aplausos, pensando sobre todo en la Semifinal del martes que viene, pero la realidad es que River por tercer partido consecutivo tras el parate por la Copa América se llenó de dudas y ofreció un espectáculo demasiado por debajo de lo que su muy buen entrenador suele predicar.
Hay varias cuestiones a resolver de cara a lo que se viene, que es el partido más importante de River en los últimos 20 años sin duda alguna. En líneas generales, podría decirse que lo ideal sería recuperar lo mostrado contra el Cruzeiro en el Mineirao - que fue el oportunamente mejor partido de un semestre discreto-, pero hilemos más fino. Lo que está bien es la idea de atacar constantemente y de jugar por abajo. El problema es que River se lanza demasiado seguido al pelotazo frontal y al centro como único recurso ante la falta de generación de juego. Gallardo tiene en Martínez y en Lucho González dos usinas de buen juego, con pausa y buen pie, que pueden darle forma al viejo 4-3-1-2 con el que el equipo brilló en los primeros partidos del lejano torneo pasado. Debe seguir insistiendo con llenar las bandas, pero no con el objetivo de tirar centros a la nada, sino para poder concentrar marcas allí y romper hacia el centro con mayor volumen que el adversario. Los temas del retroceso son más bien un tic nervioso de este River que Gallardo no supo ni pudo resolver por los motivos que fueren. Lo que refiere a las desatenciones en la salida puede solucionarse dándole más compañía a Kranevitter en el medio, pero el volante sigue lejos del nivel con el que maravilló en 2014. Y lo del delantero goleador es algo que se espera solucionar con un Saviola en fase de retiro y sin la explosión en los metros finales que mostró en sus años mozos. Más allá de esto, River es un equipo que tiene bastante en claro a lo que juega y que es muy peligroso para cualquiera tanto por historia como por presente. El martes, como dijo Gallardo tras el partido, se espera que de el presente para poder dar el primer paso hacia una Final soñada por todos sus hinchas.










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