Boca y River llegaban al segundo choque por la Seminfinal de la Copa Sudamericana sabiendo que el rival que esperaba al ganador era Nacional de Medellín. El equipo colombiano había obtenido su pasaje jugando muy malo contra un San Pablo que fue superior en todos los pasajes de ambos partidos pero que chocó contra el arquero y contra su mala suerte. Lo ideal hubiese sido ver en la Final a esa máquina que tiene a Rogerio Ceni, a Kaká, a Luis Fabiano, a Ganso y a Alan Kardec como motor pero nos vamos a quedar con las ganas. Boca venía de un buen triunfo en la Bombonera contra Independiente por 3 a 1 pero todavía lamentándose por no haber podido marcar diferencias en ese horripilante partido de ida en el que River salió a cortar todo con patadas y a aguantar el cero en su arco - y en el que Boca no pudo ser punzante ni aprovechar las claras chances que tuvo-. Los de Gallardo habían caído con Racing pero reservado a la mayoría de sus titulares para esta gran cita y demás está decir que su motivación estaba por los aires más allá de que hace tiempo el equipo no juega nada bien.
Con la mala noticia de que Andrés Chávez llegaba justo y no podría ser parte del once inicial, Arruabarrena plantó un 4-1-3-2 para ganar la batalla del Monumental: Orión; Marín, Forlín, Cata Díaz, Colazo; Erbes; Carrizo, Gago, Meli; Calleri y Gigliotti. Un cinco metido bien entre los centrales como cobertura y salida, un creador bien adelantado, dos extremos veloces con capacidad para desbordar y/o romper hacia el centro y dos delanteros punta listos para ser abastecidos. Gallardo mandó a la cancha a su tradicional 4-3-1-2 tras el fallido experimento del partido contra Racing (que se debió a no poseer ejecutores ideales para el esquema, claro está) con una sola variante debido a la lesión de Maidana: Barovero; Mercado, Pezzella, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Rojas; Pisculichi; Mora y Teo Gutierrez. Ya hemos hablado varias veces de lo que busca el entrenador de River y es dos laterales sueltos que se sumen al ataque y que ayuden en el retroceso, dos centrales adelantados, un cinco más retrasado para aguantar el mediocampo, dos flechas por las bandas capaces de intercambiar posiciones, un enganche clásico que se hamaca de banda en banda constantemente y dos delanteros sin posición fija.
A los pocos segundos de iniciada la primera parte, Carrizo presiónó muy bien sobre la izquierda y lanzó un centro demasiado pasado que Gigliotti conectó defectuosamente. El rebote lo tomó Rojas que demoró una eternidad en rechazar y en lugar de golpear la pelota impactó en la humanidad de Meli que iba a pelear la jugada. Penal claro para Boca y muy bien cobrado por Delfino. Una situación inimaginable hasta para el Bostero más optimista, pero que le daba a su equipo la chance de en apenas dos o tres minutos convertir el famoso gol de visitante y poder manejar el partido con tranquilidad y lucidez hasta el final. Gigliotti eligió ser el ejecutor entre los posibles y se plantó ante la pelota con demasiada frialdad. Tal vez hasta con una cara que mezclaba la superación total y el sentirse Cristiano Ronaldo. Muy agrandado, y tras quejarse de un molesto con el láser verde, tomó una carrera muy larga y avanzó casi a los saltos hacia el balón. Se frenó antes de patear y eligió lanzar con el borde interno hacia la derecha (le salió más bien al medio) y Barovero a mano cambiada determinó en ese momento que River seguía con vida. Me detuve tanto en este detalle porque fue aquí donde a mi parecer Boca perdió el partido. Pero lo que siguió no por ello dejo de ser intenso y emocionante y, durante varios tramos, muy favorable al visitante que en el primer tiempo superó a su rival.
En medio de la confusión y la euforia, Mercado y Pezzella cometieron un grave horror defensivo y dejaron solo a Barovero contra Calleri. Para suerte de ellos, tras el anticipo del delantero, el árbitro cobró una falta de índole dudosa. La cancha resbaladiza - esa obsesión de Gallardo- complicaba a los dos equipos a la hora de controlar el balón, pero esto quedaba de lado cuando uno veía el hermoso ida y vuelta que se había armado en esos primeros minutos. Ambos con mucha potencia y presionando bien arriba, intercambiando estocadas. Teo realizó una gran jugada por la derecha que fue cortada con mucha precisión por Forlín cuando Pisculichi entraba solo para convertir. Acto seguido, Colazo tuvo un muy buen remate desde lejos que se fue apenas desviado y Teo volvió a intentar por la derecha y fue rechazado por Forlín otra vez, ahora antes de poder llegar a la línea de fondo.
River hacía negocio por la derecha con Rojas y Teo que se mostraban siempre y complicaban con su movilidad y piques cortos. El mediocampo era una autopista sin ningún tipo de congestión y las protestas constantes de los jugadores comenzaban a hacer más lento el partido. La presión alta de Boca era eficaz por lo que River no lograba salir jugando por abajo desde su arco ni generar un buen circuito de juego en el medio. Carrizo volvió a avanzar con mucha velocidad y yendo de izquierda a derecha remató rasante. Barovero controló pero dejó un rebote largo al que llegó Gigliotti pero en lugar de picar la pelota se la llevó puesta y todo terminó en saque de arco. El local respondió con un centro de Pisculichi rechazado por el Cata Díaz; Sánchez fue a buscar el rebote pero su disparo se fue alto pues estaba demasiado incómodo.
Arruabarrena había acertado en su decisión de poner a Carrizo. Con él, Boca tenía un jugador más bien suelto que ayudaba a apretar arriba y que se movía en cada ataque casi como un falso 9. El problema era que sin volumen de juego en el mediocampo de parte de ninguno, iba a llegar un momento en el que los carrileros se cansasen de ir y venir casi sin restricción. El problema de Boca estaba por la derecha: Marín no hacía pie y River olió sangre y martilló hasta lograr su cometido: Vangioni ganó muy bien y le pegó muy mal a la pelota, pero para su suerte le salió un pase perfecto para Pisculichi que con un hermoso y sutil toque de zurda la colocó al palo derecho de Orión. Inatajable, con el balance corporal y el efecto ideales, un lujo absoluto para que River sin merecerlo más que Boca estuviese ya 1-0 antes de los 20'.
La única diferencia en este momento radicaba en que Boca - que había creado más y mejores oportunidades- no había concretado ninguna y que River había encontrado un sector vulnerable y con dos o tres ataques por ese lado generó su chance y la aprovechó. El 1-2 por la derecha se convirtió en una constante y apenas un minuto después del gol, una muy buena contra de River a un toque fue cortada por Erbes cuando Teo llegaba bien perfilado. Los dos equipos se repartían la posesión y todo era demasiado parejo, aunque Boca era el que tenía la iniciativa desde el primer minuto. Los malos pases atrás a Barovero de parte de sus defensores eran un dolor de cabeza para este gran arquero que era uno de los grandes pilares - sino el único- de un equipo que no era más que su rival.
Ponzio amonestado le cometió una falta de atrás a Carrizo cuando se iba y quedaban 3 contra 3 mano a mano en el fondo. Delfino ya lo había amonestado por protestar pero eligió no sacarle una merecida tarjeta roja. Como en el partido anterior, el cinco de River seguía en juego cuando no correspondía que estuviese en la cancha. Un muy mal pelotazo de Vangioni casi desde su propia área fue la prueba de lo bien que presionaba Boca y de que a pesar de no ser eficaz, seguía dando pasos adelante con sus centrales sin miedo a un contragolpe que lo dejase K.O.
Ponzio no tiraba un pase bien, como en todo el año, y era salvado por Teo y Rojas en un esfuerzo muy grande de ambos. Si bien el colombiano aun no tenía peso en el área, estaba con mucha movilidad en ataque - fajándose, pero bien- y colaborando mucho en la tarea defensiva. Pezzella tuvo un buen cabezazo en soledad tras un corner pero todo terminó en manos de Orión. Boca proponía e iba mientras que River ya había entrado en la fase de dar un paso atrás, cerrar el medio y esperar para salir rápido y definir la serie. La cancha se encontraba casi en silencio, en una postal que en estos partidos se hace habitual.
Gigliotti recibió dentro del área, controló muy bien y la clavó en un ángulo. Pero todo estaba anulado y hay que decir que pésimamente. El asistente no pudo ver que el nueve de Boca estaba un metro y medio habilitado y le privó la posibilidad de una revancha tras el error inicial que lo había sacado de partido. Ponzio volvió a ser perdonado tras tomar del cuello a Calleri cuando este le había ganado la posición con holgura. Poco timing y mucha patada para el ex Zaragoza, que sin dudas dejaba todo pero la línea entre meter y pegar era ya inexistente. En los 15' finales del primer tiempo quedó claro que River solamente estaba aguantando y que no lograba lastimar con transiciones limpias y veloces. Generó el gol y luego se apagó, se convirtió de nuevo en una máquina de cometer faltas totalmente previsible y estática. Ponzio una vez más fue apercibido por Delfino, que al parecer es muy amigo del mediocampista porque si no era inexplicable lo que se estaba viendo.
Carrizo ganó de nuevo por su costado y centró muy bien para Calleri que se elevó magistralmente. Su cabezazo se fue apenas por encima del travesaño tras un movimiento técnico excelente. Rojas sacó del partido a Gago - que venía con una molestia, casi en una pierna pero aguantando y armando juego como podía- con un patadón al tobillo que ni siquiera fue cobrado. De inmediato, Pisculichi lanzó un gran centro-pase que el Cata supo anticipar con mucha calidad. Y llegó el error de Arruabarrena, el primero realmente grave de su corta y muy buena gestión: sacó a Gago, lo cual estuvo bien pues no podía moverse, y puso a Fuenzalida. Meli quedaba como volante central, como eje creativo y el chileno y Carrizo como extremos. El problema es que esa no es la naturaleza de Meli sino de Castellani, que esperaba en el banco de suplentes por su oportunidad.
En esta confusión, Vangioni trepó tras un cambio de frente quirúrgico de Sánchez y centró para Teo que cabeceó muy bien. Se encontró con Orión que en dos tiempos volvió a negarle el segundo grito a un River que de a poco empezaba a salir de la cueva. Una combinación veloz entre Fuenzalida y Meli terminó con un pase fenomenal de este para Gigliotti que tomó muy bien la pelota casi de palomita. Se fue por medio centímetro, besando el palo derecho cuando lo más simple era en ese movimiento dársela a Calleri que estaba prácticamente parado en la línea. Así cerró el primer tiempo, con un Boca sin muchas ideas pero mejor que un River que había tenido unos buenos primeros minutos de vértigo y toque pero que estaba demasiado cerca de Barovero hacia varios minutos. Mucho pelotazo y alguna que otra acción aislada, con Rojas y Teo como figuras. Boca, con el Cata-Forlín y Carrizo-Meli como estandartes, era un vendaval de presión que carecía de alguien que pudiese absorber la presión y ponerse el partido al hombro. Además de eficacia, estaba carente de un liderazgo sólido que suele conseguirlo en Gago - aunque más a cuentagotas y con otro estilo que el de Román, a quien se lo extraña horrores- pero esta no había sido la noche de Pintita.
El segundo tiempo encontró un cuadro similar en sus minutos iniciales. Boca presionando pero ahora ya dejando muchos más espacios. Nobleza y actitud no faltaban, pero lo que no había era una idea muy clara de como conseguir el gol más allá de las buenas jugadas entre Carrizo y Meli. Gallardo fue inteligente y logró encontrarle la vuelta a su equipo: empezó a hacer correr la pelota de lado a lado, como en esas brillantes primeras fechas, y a llenar las bandas para poder abastecer a Mora y a Teo ya más fijos en el área. Sin chances ni creadores, la elección por el vértigo por los costados - pero ordenado y paciente, no a lo Lanus como en los últimos 8 partidos- mostraba ser la correcta. Más allá de la mejora, los contraataques de River todavía no eran ni veloces ni punzantes y se diluían ante el buen retroceso del Cata y Forlín, los dos sostenes de la estructura sobre la que se apoyaban las esperanzas de Boca.
Un toque involuntario de Gigliotti sobre Barovero en un salto implicó algo así como tres minutos del portero de River en el piso. Las pelotas empezaban a volver un poco más tarde, aunque no tanto, pero todo cuando debía hacerlo el local se movía un poco más lento. Teo recibió muy bien de Piscu pero su disparo a la carrera fue más bien flojo y no llevó peligro. El colombiano tuvo otra tras un muy buen pase cruzado de Rojas: ganó la posición con elegancia y remató sin ángulo afuera. Lo siguió el ex Argentinos Juniors con otro tiro de media distancia que no llevó mucha puntería. Esto marcaba una tendencia novedosa: River se plantaba tres pasos más adelante y daba más espacios para Boca intentase alguna contra. Pero la lejanía entre el medio y el ataque era tal que no había chances de armar una jugada decente en pocos pases. Todo era demasiado pastoso, muy lento y totalmente anulable.
Los de Gallardo habían mejorado en la posesión, las rotaciones y el traslado, pero tenían demasiada liviandad de 3/4 para adelante. No se puede hablar de exceso de confianza pues estaban muy enchufados, pero le faltaba el toque final para tirar abajo a un rival que sentía que su tren había pasado hacía rato. Sánchez ganó por la izquierda y tocó para Teo que no pudo liquidarlo milagrosamente. Marín llegó con mucha justeza y timing para robarle el gol al delantero. Delfino amonestó a Rojas por una dura patada a Carrizo, pero al ser tan permisivo con los jugadores de River había abierto de nuevo la Caja de Pandora. Muy inteligentemente el local durmió el partido, pasó a defenderse con la pelota, esa que Boca no podía reclamar porque no se le caía una idea. Si en el primer tiempo había sido mejor, ahora era una sombra de aquellos intensos minutos en los que había generado orgullo y mandado a River contra su arco en su propio estadio (y con ventaja). Bien adelantado y compacto, el equipo de Nuñez esperaba su chance y a decir verdad no le faltarían de aquí en más.
Calleri debía bajar a buscar la pelota casi a su área, Carrizo ya no estaba tan veloz y Fuenzalida y Meli demostraban su incompatibilidad pues se chocaban en cada intento de ataque. El Cata rompió la monotonía con un gran anticipo y una apertura para Calleri. Fuenzalida picó bien y el delantero se la cedió para que centre: Meli trató de llegar pero Barovero con mucha seguridad afirmó que la persiana estaba cerrada. Tres contragolpes seguidos que River no pudo capitalizar: primero Piscu que - tras un pésimo disparo de Erbes que tras rebotar en un marcador comenzó el ataque del rival- remató muy flojo a las manos del arquero; luego Teo subió a pura velocidad por la izquierda y tras sacarse de encima a Colazo remató dentro del área muy bien para chocar contra un sólido Orión; y tercero un buen centro para Gutierrez que Colazo salvó con una estirada notable. Los espacios en el fondo y el medio que dejaba Boca lo habían convertido en la nada misma y era avasallado por un River que tenía todo bajo control. Mostraba buenas ráfagas por los costados, con algo de elaboración y se animaba a probar por el centro.
La salida de Gago fue letal para un equipo que no podía configurar un ataque decente más allá de un par de corridas sin destino. El rival cubría todos los espacios y se mostraba muy activo, como Alí contra Foreman que lo esperó por 6 rounds contra las cuerdas recibiendo golpes hasta destruirle los brazos. Y luego lo dominó en los siguientes dos asaltos y lo tumbó sin discusión alguna. El ingreso de Chávez por Fuenzalida - que de forma injusta pagaba los platos rotos del Vasco- armó un 4-3-3 con tres puntas bien definidos. Mientras Forlín y el Cata seguían rechazando cuanto centro caía en el área, en 70' Gigliotti bajó bien a recuperar, tocó para Chávez que vio a Calleri libre. Funes Mori llegó muy bien y cortó el avance de Boca con sobriedad.
River empezó a retroceder de a poco una vez más. Las ventanas seguían abiertas para Boca que en una de esas podía llegar a colarse dentro de la casa. La puerta estaba cerrada, pero alguna mínima chance todavía existía. El cansancio en la salida se hizo patente en el local, que tenía a sus tres mediocampistas fundidos. Aún así la pelota siguió sin dueño, pues Ponzio no daba pie con bola, Mora estaba petrificado - recibió un reto antológico de Gallardo, muy gracioso- y Teo tenía que multiplicarse por mil en una tarea no muy lúcida en ataque pero sí en lo que respecta al juego en equipo. Boca agarró por un rato la pelota al final y fue con todo lo que tenía, que no era mucho más que su historia, cosa que tampoco es despreciable. Sánchez por apurarse - tenía espacio y tiempo de sobra- dilapidó dos chances muy claras que debieron terminar el gol. Sus remates fueron extrañamente malos, producto de tanto ir y venir y de los nervios por entrar en los minutos finales.
Solari entró por Pisculichi para armar un 4-4-2 que cerraba definitivamente el medio y cualquier posibilidad para Boca. No fue arriesgado, fue conservador, fue "a la uruguaya" lo que hizo Gallardo pero no por ello fue estúpido. Hay que saber jugar estos partidos y conocer los momentos, y evidentemente el Muñeco aprendió de su experiencia como jugador y se convirtió en un buen estratega. Arruabarrena mandó a Castellani por un Erbes liquidado, un sacrificio gigante el del Pichi pero sin juego, en una variante que llegó demasiado tarde. Sin ideas, con coraje y con el poco aire que le quedaba, Boca iba sin parar. Cavenaghi entró por Mora y demostró que de un partido a otro se puede engordar más o menos 3 o 4 kilos sin problemas.
Tuvo el gol el Torito, pues Teo arrastró a toda la defensa y tocó para Sánchez que esta vez cedió muy bien para Cavenaghi. Su tiro no merece mayor comentario, por poco que se fue al lateral. El deseo de emular a Palermo debía esperar hasta el próximo choque internacional. El Cata seguía cortando cuanto bochazo llegase al área en una muy buena tarea, demostrando su vigencia aunque también que solo no puede. Que tanto él como Forlín necesitan de un buen mediocentro y dos laterales lúcidos para poder liberarlos y dejarlos adelantarse. Teo desvió un remate a las nubes y Sánchez trató de picarsela a Orión sin éxito, para cerrar un triunfo que para River es tan justo como inolvidable y una revancha luego de tantos años de frustración contra Boca por copas internacionales. Una felicitación de quien escribe esto, un Bostero de ley, debe ser extendida a los jugadores y a los hinchas que superen el nivel intelectual de "LE' HICIMO' EL CULO A LOS BOSTEROS".
River supo cuando pegar y luego reguló entre meterse atrás y adelantarse en la cancha. Siempre salió muy bien de contraataque pero no pudo definir ninguna de las varias situaciones que creó. A veces se retrasó demasiado, en especial en el segundo tiempo, e hizo crecer a un Boca que estaba liquidado tras no haber podido empatar en los primeros 45'. Los espacios lo hicieron mejorar al equipo de Gallardo y ahora deberá enfrentar a un duro rival como Nacional y definir si se queda o no con el torneo local. Un poco del buen juego demostrado en las primeras fechas apareció nuevamente, pero a River todavía le falta tener más paciencia en la elaboración, volver al toque veloz y vertical y el recuperar presencia en el medio para poder cortar y salir al instante. Los jugadores estuvieron a la altura y Barovero volvió a recordarnos que merece una chance en la Selección Argentina. Los demás estuvieron muy parejitos, el peor a mi parecer fue Ponzio - no según todos los medios que le pusieron entre 9 y 10 todos-, y el mejor fue Teo Gutierrez pues demostró que más allá de las bravuconadas y la venta de humo es, como dice Román, un crack. Colaboró con el equipo en defensa, se lo puso al hombro, generó peligro en ataque, volvió locos con buenas armas a sus marcadores y redondeó una actuación que lo va a colocar en Europa. Muy posiblemente en la Premier League, donde creo que en un equipo como el Tottenham o el Sunderland va a tener un éxito gigante.
A Boca no le queda más que ganar los dos partidos que tiene por delante y apuntar a un 2015 en el que deberá ganar algo. Tiene la Copa Libertadores, la Copa Argentina y el torneo como objetivos y muy posiblemente apunte a todos por igual. Dos años de sequía, de opacos partidos con algún que otro buen momento y rachas positivas. Con dos próceres mal echados como Román y Bianchi, sin liderazgos ni jugadores con gran jerarquía. Se espera que los jóvenes y los que llegaron hace poco puedan llegar a ser referentes, pues todos poseen condiciones. Pero la necesidad de obtener resultados comenzará a ser asfixiante - si no lo es a esta altura de las cosas- y todos estarán a prueba. Hubo actitud en los dos partidos y se jugó bien especialmente el primer tiempo en el Monumental. Los errores arbitrales fueron relativos y no tan decisivos esta vez, pues más allá de lo de Ponzio Delfino tuvo una muy buena actuación. No fue el quien pifió el penal a los 3' y decidió que Boca no pasaría a la Final.






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