sábado, 15 de noviembre de 2014

Estudiantes 1 - River 0: Fin del invicto, derrota merecida; Un golpe de realidad que tardó demasiado


Desde aquel intenso 4-1 contra Independiente en el Monumental, River perdió gran parte de las cualidades que hasta ese entonces lo hacían un excelente equipo. Si bien era apresurado decir que ya estaba consolidada la idea en el plantel, los primeros pasos de Marcelo Gallardo como Director Técnico del club de sus amores habían sido muy buenos. No vamos a extendernos en las características de esa primera versión de River, pues ya hemos hablado en este blog al respecto y abundan los análisis de su estilo de juego. Pero si hay que resaltar una cuestión: la lesión de Kranevitter - de su número cinco, de ese pegamento que mantenía al equipo compacto cuando defendía y permitía que se haga largo en ataque sin caer en el desorden total- fue un golpe imposible de asimilar para un grupo que venía demostrando que sí se podía jugar bien y ganar al mismo tiempo en el fútbol argentino. Diremos que de ser un equipo que presionaba bien alto, que llenaba las bandas con jugadores merced de sus constantes rotaciones, que tenía mucha paciencia a la hora de elaborar cada ataque (sabiendo sostener el bloque hasta el momento justo, en el que cada jugador explotaba por su sector) y que mostraba una eficacia envidiable...Pasó a ser uno más del montón, con un estilo en el que sin dudas hay mucho corazón y lucha pero no demasiado de juego. Similar a Lanus o a Independiente, dos equipos tan malos como voluntariosos, que ponen jugadores arriba y corren por las bandas para iniciar un concierto de centros sin sentido esperando que una de esas acciones aisladas les de el triunfo.

El cerco mediático armado alrededor de este River venía resistiendo: sus actuaciones entre malas y regulares contra Arsenal, Lanus, Boca Juniors, Libertad de Paraguay (Copa Sudamericana), Belgrano de Córdoba, Estudiantes (por la Copa también) y Velez Sarsfield fueron elogiadas a sobremanera por nuestro "periodismo" deportivo. Por un montón de profesionales que en su mayoría no saben nombrar dos esquemas tácticos y que son incapaces de seguir la evolución de un equipo a través del tiempo. Tal vez creyeron, ansiaron, que el bajón fuese algo temporal pero ese mismo once sin Kranevitter dejó de deslumbrar aunque no de sumar/rescatar puntos. Lo que en, por ejemplo, Boca es algo malo como la actitud y el coraje en River pasó a ser lo mejor del universo. El título de La Nación Deportiva tras el partido con Velez - en el que mereció perder por dos o más goles- fue coherente con el chupamedismo hacia Gallardo y sus jugadores: "No perdió". Acompañaba la foto de Gabriel Mercado festejando el gol. 


Despejemos una cuestión más antes de sumergirnos en el análisis del partido que River perdió con Estudiantes de La Plata como local por 1-0, cortándose una muy buena racha (histórica en el club) de 31 partidos sin conocer la derrota. Derrota que debió haber llegado mucho antes de este partido pero que por la ineficacia de sus rivales, el (innegable, pero no novedoso) empuje del equipo y mucha suerte, se había postergado injustamente. Hablemos del tema de "los jugadores que faltan por convocatorias a las selecciones". Teófilo Gutierrez  y Leonel Vangioni han sido los dos llamados por los DT de sus países, pero esto no varió para nada el esquema ni la idea de juego. Es más, los dos pudieron jugar contra Boca debido a que ese partido no se suspendió a pesar de la torrencial lluvia que caía sobre el Monumental esa jornada. Nunca faltaron y River jugó bien y mal con los dos en el campo de juego. Esta seguidilla de malos rendimientos pos Independiente los tuvo dentro de los titulares así como aquel comienzo fenomenal. Y resulta muy particular que se sostenga que la idea caló en el plantel pero que se ruegue - como sucede en este momento- por que UN jugador regrese de su seleccionado para llegar al partido con Boca por la Semifinal de la Sudamericana. Evidentemente el estilo pregonado por Gallardo depende demasiado de los arrestos individuales de sus mejores intérpretes- que tampoco son muchos-, por lo que está lejos de ser algo estable y factible de ser desarrollado en el largo plazo.

Estudiantes llegaba al Monumental con ganas de tomarse revancha por la doble derrota en internacional que había sufrido ante el cuadro de Gallardo. No mereció perder ninguno de los partidos y demostró mucha inteligencia para asfixiar a su rival al punto de convertirlo durante casi todo el tiempo de juego en una monótona máquina de tirar pelotazos frontales y cruzados desde cualquier parte de la cancha. La suerte, la calidad de sus mediocampistas y delanteros en un par de buenas jugadas y la lógica caída física de su contrincante tras 70/80 minutos de correr sin parar le habían dado la clasificación a River. Su entrenador Mauricio Pellegrino puso nuevamente un 4-4-2, táctica habitual hace más de medio siglo en el club de La Plata: Hilario Navarro; Aguirregaray, Schunke, Desabato, Rosales; Cerruti, Jara, Prediger, Correa; Vera y Carrillo. Lo importante de este equipo es que - guste o no- tiene las ideas bien claras: presión y retroceso en bloque, cobertura de espacios antes que tenencia de balón, contragolpe veloz de la mano de sus dos incansables y habilidosos extremos (Correa también oficia de enganche cuando el partido lo requiere) y dos nueves de área con mucha movilidad, eficacia y capacidad para recuperar el balón en la salida del contrario. River formó con un extraño 3-4-1-2 que apuntaba a no repetir los errores de la llave por la Sudamericana: ser más compactos en el mediocampo y tratar de salir con velocidad con Vangioni y Solari bien abiertos en posiciones en las que no suelen jugar. Gallardo sacrificaba un defensor en pos de ser más agresivo y no sucumbir ante la intensidad que le iba a plantear Estudiantes: Barovero; Maidana, Pezzella, Ramiro Funes Mori; Solari, Guido Rodríguez, Rojas, Vangioni; Pisculichi; Mora y Driussi. La ausencia de Teo Gutierrez obligaba al Muñeco a echar mano una vez más en el juvenil centrodelantero y la apuesta de poner tres centrales atrás era demasiado arriesgada pues se sabía que el León utiliza muy bien las bandas. Aun así se entiende que el DT buscó poner más gente en el medio para hacer que la transición entre defensa y ataque del rival no sea tan simple sino más bien congestionada e incómoda.


El visitante salió a presionar desde el primer minuto. Una muy buena jugada por la izquierda, un 1-2 comandado por Correa que termina siendo cruzado por Pezzella dentro del área. River pasó los primeros minutos sin agarrar la pelota y Estudiantes liberó a los laterales para que acompañen a los volantes externos aprovechando una cancha muy veloz debido a esa manía que tiene Gallardo de pedir que rieguen antes de cada partido. Los de la banda roja no se lograban acomodar y esto fue aprovechado a la perfección por el Pincha. Otra muy buena trepada por izquierda de Correa culminó en un centro bajo a las manos de Barovero. Cerruti entraba solo sin marca, habiéndole ganado las espaldas a los defensores. Rojas tomó la lanza y abrió para Solari en la primera acción de ataque de River, pero Navarro atrapó la pelota sin problemas tras un centro muy flojo. La respuesta fue inmediata: Cerruti recorrió muy bien la banda y tocó al medio para Vera. Barovero dio un rebote muy largo, en un error poco frecuente en él, y Vera empujó al gol sin resistencia alguna. Un 1-0 que se acomodaba a lo que estaba sucediendo en el encuentro.


Hasta allí, cada vez que River empezaba en desventaja luego salía a comerse a su rival con más ganas que claridad pero conseguía dominar el trámite al menos hasta empatar. Este no fue el caso, porque el balón seguía en los pies de los jugadores rivales y Cerruti le estaba sacando canas verdes a Vangioni por la derecha que no podía contenerlo. El único de River que buscaba mantenerse apegado a la idea de esos primeros partidos era Guido Rodríguez, que con mucha voluntad cortaba y distribuía con criterio desde el círculo central. Gallardo se volvió loco y comenzó a pedirle que abriese para Solari y Vangioni, dejando en claro que la idea futbolística hace tiempo que es lo de menos. Vera, Carrillo y Correa presionaban en 3/4 de cancha e imposibilitaban la salida cómoda de los centrales. En 14' Mora se desmarcó y disparó en el primer remate al arco de su equipo. Navarro controló sin mayores problemas y se empezó a hacer gigante con buenas salidas ante los centros que empezaron a llover sobre su área. Rojas y Vangioni pasaron a ser el motor del equipo - algo buscado por Gallardo- y por sus respectivos costados empezaron a bombardear los dominios del Pincha. 

La mejoría de River con la pelota era notoria, aunque tampoco para festejar demasiado. Seguía incómodo ante un contrincante que sabía presionarlo desde la posesión y también desde la no tenencia de pelota. El medio y el ataque estaban a años luz de distancia y la defensa estaba aún más lejos, casi como exiliada. Estudiantes cumplía con lo prometido y era compacto a la hora de retroceder y bien largo y ancho en ataque. Los extremos llegaban con demasiada facilidad al área y sus dos delanteros se cansaban de tirar diagonales. Un buen centro en ya 20' no pudo ser conectado por Vera y Correa, cuyo equipo merodeaba el segundo gol. El acierto de Pellegrino era muy claro: tapando a Vangioni, expuso la poca creatividad de un River que sin su lateral carece de volumen ofensivo. Sin embargo el empate estuvo a tiro para el local: Prediger salió mal y Driussi en posición de gol lanzó su remate desviado. 

Cada vez que un jugador de River recibía la pelota, como mínimo dos de Estudiantes lo estaban marcando. Cerruti no para de ir y venir por su costado, clave para tapar y generar espacios al mismo tiempo. Esta vez el Pincha no bajaba en bloque sino que cubría el campo rotando a sus jugadores en una interesante forma de defender. Otra de River: Driussi rompió por el medio con mucha potencia, tocó para Mora y el disparo del chileno se fue demasiado ancho. Vangioni entraba solo a su lado, por lo que su reproche retumbó por todo el Monumental. Esa tremenda presencia ofensiva con la que River llenaba las bandas y avasallaba a sus contrincantes a puro toque e intensidad ya no existen más, algo que se notaba en el desarrollo de este partido muy claramente. 


Prediger, amo y señor del mediocampo, filtró muy bien un pase para Vera cuyo centro encontró otra floja respuesta de Barovero. Por suerte para él, Pezzella estaba atento para despejar al tiro de esquina. A la salida de un tiro libre, Vera ganó en soledad dentro del área pero su cabezazo careció de potencia como para complicar al arquero de River. Las pocas ideas de los de Gallardo se veían compensadas (a medias) por su intensidad, sobre todo por Rojas y Vangioni que como delanteros ya trataban de que la pelota entrase de cualquier manera. Más allá de un buen salto de Pezzella que terminó en un saque de arco, los de Gallardo no se acercaron con real peligro al área de Navarro. Era muy particular ver como Vangioni siempre picaba solo pero nadie se animaba a hacer un cambio de frente, a limpiar un poco el juego en vez de hacerlo más y más desprolijo.      

La última de River en el primer tiempo fue un muy buen tiro libre de Pisculichi que cayó en el techo del arco. Su presión no surtía efecto pues tanto Navarro como la defensa rival estaban en una noche muy sólida. Solari y Rodríguez ya estaban jugando decididamente mal, haciendo que las triangulaciones en la salida fuesen muy fáciles para los centrocampistas de Estudiantes. El medio si hasta aquí era apenas regular, en ese momento era la peor pesadilla para el joven entrenador de River Plate.

La segunda parte comenzó de la misma manera. Esta vez Estudiantes supo regular el aire y no se quedó por lo que River siguió sin encontrar la manera de salir de su telaraña. Carrillo iba a todas y forzaba el error o el pelotazo frontal constantemente. A veces los partidos de fútbol los gana el que sabe hacer equivocar más veces al rival y aquí estábamos ante un claro ejemplo de como eso se puede conseguir. River tiraba centros sin parar, pero no podía evitar ser una maraña de nervios. Pasado de revoluciones - no cansado, como muchos dicen para tratar de justificar- sin una pizca de pausa y sin nadie que intente pensar un poco. Germán Re ingresó por un extenuado Cerruti para empezar a cerrar el mediocampo, ya esperando a que un contragolpe le de la posibilidad de liquidar el partido. 

La entrada de Tomás Martínez por Rojas fue acertada, menos velocidad y más cabeza para poder ordenar un poco el caos que era River en el mediocampo. En lugar de aprovechar que sus mediocampistas comenzaban a recuperar la pelota con mayor frecuencia, el equipo de Nuñez siguió abocado a abrir la pelota y lanzar centros de dudosa peligrosidad. Los pocos que podían significar una chance de gol, eran repelidos con aplomo por los defensores que estaban en una gran noche. Pellegrino terminó de darle forma a su estrategia para el último cuarto de hora con el cambio de Auzqui por Vera. Puesto por puesto, pero con una necesaria renovación de aire y piernas para resistir el vendaval que se vendría. Carrillo lo tuvo con el pie y con la cabeza, pero el primer intento fue cortado por su marcador y el segundo se fue apenas ancho. 


Vangioni, lo más razonable en un opaco River, seguía siendo el único que tomaba la lanza y se iba al ataque con más vergüenza deportiva que otra cosa. Y si a esto le sumamos que sus intentos se resumían en centros al corazón del área, el resultado final terminó siendo la previsibilidad absoluta. Por más que abrumase y se parase en 3/4 de cancha, la falta de ideas y de sorpresa hacía que el fondo visitante jugase con tranquilidad y en piloto automático. El lógico ida y vuelta se armó y varios en el estadio comenzaron a perder la paciencia con algunos jugadores, en especial con Solari que no daba pie con bola. Gallardo volvió a quemar las naves por enésima vez en este torneo: Boyé por Pezzella y lo bajó a Vangioni para armar un 3-3-1-3 ya usado ante Arsenal, Lanus, Boca y Velez cuando las papas quemaban y el juego ni asomaba. Tres nueves de área que no saben como complementarse y por ende se chocan y molestan en cada jugada. Ese fue el plan maestro de Gallardo a quien muchos apresuradamente compararon con Guardiola o Mourinho (algo de lo que él siempre se cagó de risa, nobleza obliga).

A los 35' River se salvó milagrosamente: Correa armó una muy buena jugada por su costado, Barovero respondió muy bien al remate y el rebote fue salvado por Vangioni abajo del arco. El contragolpe culminó en un remate flojo de Martínez a las manos de Barovero, algo que no fue su culpa pues era lo único que podía hacer ante el desastre que eran sus compañeros de ataque en cuanto a organización. Acto seguido Boyé tuvo una muy clara pero volvió a adelantar la pelota - ya le pasó varias veces al pibe- demasiado y Prediger se lo comió vivo. Había sido muy vistosa la jugada, sacándose de encima a 3 en una baldosa pero se nota que le falta todavía. Una mala salida de Navarro en 39' salvada por Desabato cuando entraba Mora para convertir, sirvió para darle suspenso a un partido que parecía definido hace rato. River solo dependía de algún arresto individual y de su habitual suerte, dos cuestiones que no debían ser descuidadas ni por un segundo.


Mientras Prediger seguía robando balones en el medio, Pisculichi disparaba desde muy lejos - y muy mal- en un claro signo de impotencia por no poder entrarle al muy buen planteo defensivo de Estudiantes. Carrillo ganó con mucha viveza una pelota mal jugada por Sánchez y cedió para Auzqui que fusiló a Barovero. El arquero tuvo la suerte de que la pelota impactó en su pie izquierdo y salió al córner, evitando así un segundo gol que hubiese sido merecido. Correa, la figura de la cancha, estaba agotado y Goñi entró en su lugar para que el 4-5-1 quede bien marcado. Estudiantes tuvo dos contras más pero no pudo liquidar a un equipo que seguía vivo por los errores arbitrales de Laverni. Mal expulsado Prediger y una falta muy clara al borde del área de River que no fue cobrada. Más allá de esto, el partido terminó y River perdió el invicto de 31 partidos que ostentaba desde el choque con Godoy Cruz la temporada pasada. 



La labor de los jugadores de Estudiantes fue tan grande como el Monumental y el planteo de Pellegrino fue muy inteligente. Sin refugiarse atrás, supo como presionar alto al comienzo, pegar velozmente y luego esperar en la mitad para dar el golpe definitivo. La tarea de Correa, Cerruti, Carrillo y Vera fue maravillosa. Prediger fue otra de las figuras por establecer una muralla en el medio y tocar la pelota con claridad y calidad. La defensa e Hilario Navarro tuvieron una estupenda actuación. Enfrente, el panorama fue el inverso: todas las malas señales que River venía mostrando desde ese exagerado 4-1 contra Independiente, finalmente se tradujeron en una derrota que llegó con el torneo demasiado avanzado. Ahora habrá un poco más de suspenso en la definición, pero sus inmediatos perseguidores - con estilos similares a esta versión desarreglada, despintada, de River- (menos Boca y Racing que hacen sus deberes) no aprovechan las chances y siguen por detrás del equipo de Gallardo. Habrá que ver como asimila el golpe de cara a los choques contra Boca Juniors por la Copa Sudamericana, pero primero debe enfrentar a Olimpo para retomar la senda del triunfo y - ojalá- la del buen juego. Una que perdió entre tanto elogio falopa, entre tanto ego. La famosa "capacidad" de Gallardo está a prueba en esta recta final donde puede llevarse todo así como quedarse con las manos vacías. Todos los elogios de las primeras fechas, deben ser revalidados y con suma urgencia.

  


    

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