miércoles, 26 de noviembre de 2014

River 0 - Racing 1: Desastre anunciado; La idea frustrada y las malas decisiones



Tras el empate contra Olimpo de Bahía Blanca en el Monumental, donde jugó realmente mal aunque no por ello mereció perder (es decir, el resultado estuvo bien), y el desastre que hizo ante Boca en la Bombonera por la ida de la Semifinal de la Copa Sudamericana (en la que contabilizó 7 amonestados - tres de ellos debieron ser expulsados, pero Trucco decidió no hacer nada al respecto-, 27 faltas, menor posesión de balón y ningún tiro al arco), River debía enfrentar como visitante a un Racing que a comienzos del torneo parecía condenado a repetir su historia. Un arranque con ilusiones y un final a puro desencanto. Pero tras la derrota en el clásico contra Independiente, el equipo de Cocca se hizo fuerte y de la mano de unos Milito, Bou y Videla intratables comenzó a ganar para mantenerse en la zona de discusión. Tuvo algunos tropezones más, pero fue justamente la irregularidad del club de Nuñez la que lo mantuvo con vida. Y paradójicamente, el pasado domingo tenía la posibilidad de pasarlo en la tabla de posiciones y robarle el liderazgo que venía sosteniendo hacia ya 15 fechas.

Enfocado en el partido contra Boca de mañana, Gallardo concentró a algunos titulares habituales y llenó la cancha y el banco con juveniles. Algunos con rodaje desde hace tiempo y otros que recién empiezan a dar sus primeros pasos en el fútbol grande. Esto no es culpa del entrenador, claro está, sino de una dirigencia que eligió a mitad de año que todo se reduzca a "Pratto o nada" - todos sabemos como terminó eso- dejándole al Muñeco un plantel demasiado corto aunque no por ello de mala calidad. Cuando todo era color de rosas, nadie hacía foco en esta cuestión y se hablaba del mejor equipo de la Argentina. De uno que sin importar sus intérpretes tenía la idea bien clara cada vez que salía a jugar en cualquier cancha. El tiempo se encargó de comprobar la fragilidad de estos argumentos, pues tras la lesión de Kranevitter este River nunca más volvió a ser ese intenso y brillante equipo de las primeras fechas.

Diego Cocca presentó un 4-4-2 que ya casi sale de memoria: Saja; Pillud, Lollo, Sánchez, Grimi; Gastón Díaz, Videla, Aued, Centurión; Bou y Milito. Doble cinco un poco más retrasado que los dos extremos que tienen libertad para convertirse en delanteros en cada ataque siempre y cuando retrocedan para colaborar tapando las bandas. Y dos delanteros punta pero no fijos, con movilidad por todo el frente de ataque y buscando ir por el centro para que los dos carrileros no tengan obstáculos por los costados. Marcelo Gallardo, en cambio, decidió poner una mayoría de juveniles, algunos de ellos habituales titulares esta temporada y otros rescatados del exilio a donde habían sido - injustamente- enviados por el entrenador como, por ejemplo, Cirigliano. Tras el fallido experimento ante Olimpo con línea de tres hombres, River salió a mantener la punta con un 4-4-2 inédito y muy similar en cuanto a estrategia al esquema que tenía enfrente: Barovero; Mammana Pezzella, Funes Mori, Urribarri; Solari, Guido Rodríguez, Cirigliano, Osmar Ferreyra; Driussi y Boyé.

El partido comenzó demasiado trabado, con poca precisión y bastantes pelotazos. Racing trató de adueñarse de la pelota desde el vamos, para así en los primeros minutos aprovechar la localía y apabullar a un equipo que partía desde una supuesta inferioridad. Pero la primera fue para River, con Saja tapando muy bien una entrada de Solari. Al instante, Bou llegó hasta el área tras un veloz contragolpe y fue detenido con lo justo por Funes Mori. La intensidad iba en ascenso y un tiro libre de Ferreyra al corazón del área se encontró con una pésima salida de Saja. Driussi, solo con el arco a su disposición, devió por apenas centímetros su remate. Milito buscó levantar a su equipo con una muy buena jugada personal y fue derribado al borde del área. Aued lanzó el balón a las nubes, pero por primera vez el ritmo disminuía un poco y los dos equipos podían empezar a acomodarse dentro de la cancha. Los de Cocca siguieron presionando alto, sin ceder un centímetro, molestando los intentos de salida prolija de River y así consiguieron abrir el marcador. Díaz abrió un surco por la derecha pero su centro fue defectuoso. Por seguir la jugada pudo ganarle a su marcador el rebote y tocó al medio para Milito. Bou llegó antes pero su pifie impactó en uno de los defensores. En toda esta confusión, Milito disparó para encontrarse con una buena respuesta de Barovero. Para su mala suerte y la de River, Funes Mori - que hace rato se está mandando demasiadas cagadas- se llevó puesta la pelota y venció su propia valla. Un 1-0 para Racing que lo ponía en la punta del campeonato. No se podía hablar de merecimientos, pues en una ráfaga llena de intensidad, en un ida y vuelta tremendo cualquiera de los dos podría haberse puesto en ventaja en una de las varias situaciones de gol que tuvo.     


El resultado seguía abierto en un encuentro que se había convertido rápidamente en un ida y vuelta letal. Racing presionando arriba, casi en 3/4 de cancha y abriendo para sus extremos y River esperando y buscando los huecos para filtrar el pase en velocidad. Los de Avellaneda corrían con ventaja porque molestaba arriba con Milito y Bou, era punzante con el tándem Centurión-Díaz y tenía en Videla un bastonero que no paraba de cortar los intentos de armar juego de los mediocampistas del rival. Un pelotazo frontal tomó a Funes Mori y a Pezzella muy adelantados, todo un síntoma del saludable riesgo que suele correr Gallardo siempre, y Barovero debió salir a jugar casi de líbero para evitar el segundo gol. River se encontraba en campo rival con todos sus jugadores y empujaba con muchas ganas por las bandas. El problema era que Videla impedía que las jugadas prosperasen más allá de dos o tres toques y luego lanzaba pases para las diagonales de los puntas que eran puñales. En uno de ellos, Bou picó muy bien al vacío pero su centro fue cruzado en lugar de ir al punto del penal donde Milito ya se relamía.


La gran sorpresa de la noche era que River había tenido muchas posibilidades con pelota parada, pero no había podido aprovechar ni una sola. Usando su recurso habitual - no lanzar al medio del área sino abrir para que Pezzella o FM cabeceen al medio- no podía quebrar a la defensa local. De a poco el trámite se hizo lento y desprolijo una vez más, con una sucesión de pelotazos frontales que no parecía tener fin. River no abría la cancha y esto era un pecado teniendo dos nueves de área natos. Era el ABC del esquema que estaba utilizando, era lo posible ante el poco juego que estaba creando su mediocampo. Pero los suyos seguían enfrascados en jugar a dos toques por centro, algo prácticamente imposible por el retroceso en bloque de Racing. Con la pelota los de Nuñez, pecaban por no tener una sola idea a la hora de definir. Si hay que decir que era un rasgo positivo el que a esa altura no hubiesen perdido la cabeza - ni los jugadores ni el DT- y que buscasen tocar por abajo con mucha paciencia. 

Sobre el final de la primera parte, Racing pareció despertarse y con dos buenas corridas de Díaz por la derecha logró llevar a su contrincante hacia su propia valla. Un horror defensivo casi le cuesta el segundo gol: pésima entrega atrás para Barovero en pleno retroceso y Funes Mori cortó milagrosamente ante la entrada de Bou. Sin ser claro, River no merecía perder pues no jugaba mal como en partidos anteriores. La situación le estaba pesando a muchos chicos que si bien han mostrado cosas interesantes desde sus respectivos debuts en Primera División, aún están demasiado verdes como para asumir tamaña responsabilidad. Racing ganaba con la locura de su gente y de la mano de dos jugadores que estaban intratables: Videla y Díaz. Pero los fantasmas son lo más difícil de disipar, y un solo gol de ventaja parecía demasiado poco. 


La segunda mitad comenzó igual que la primera. Pura brusquedad con dos equipos tratando - sin éxito- de hacer algo de pie. Ferreyra tuvo otro tiro libre en posición inmejorable y volvió a repetir una jugada que evidentemente Racing tenía estudiada de memoria. River mandaba la pelota de lado a lado, pero ya a esta altura era demasiado previsible y carecía de todo tipo de profundidad. Gastón Díaz seguía volviendo locos a sus marcadores con sus piques al vacío, complicando en cada contragolpe. La presión de Racing ya no era tan alta, pero esperaba bien plantado en el círculo central, agazapado para salir de contraataque y liquidar el partido. 

River tuvo el empate merced de una mala salida de Saja, pero Funes Mori desvió su cabezazo dejando en claro que esta nuevamente no era su noche soñada. Gallardo movió el banco: Cavenaghi - en su regreso tras meses de inactividad pos operación del dedo gordo del pie- por Boyé para obtener más peso ofensivo (juro que no es un chiste) y Tomás Martínez por Guido Rodríguez para ganar más velocidad y creatividad. El dibujo pasaba a ser un 4-3-1-2 con Martínez de enganche. La intención era buena, lo que no quedaba en claro era por qué estos dos jugadores no habían estado en el once inicial. Especialmente Martínez que cada vez que entró en estos recientes y apáticos partidos terminó levantando al equipo y haciéndolo jugar al menos un poco. Fue el juvenil recién ingresado el que volvió a inquietar, con un remate que se desvió y estuvo a punto de descolocar a Saja. Racing estaba demasiado atrás y no jugaba para nada bien. Cirigliano, de lo más rescatable de su equipo, filtró un gran pase para Cavenaghi que no llegó por apenas centímetros. 


Centurión en 18' armó una muy buena jugada y tras su slalom buscó a Bou. Pezzella cortó bien pero el rebote largo le quedó a Milito, quien de frente al arco envió la pelota muy por arriba. La Academia tuvo un par de acercamientos más, pero comenzó a fallar en el último pase. El juego seguía abierto y a River no se lo debía dar por muerto todavía. Después de que Ferreyra - un caso inexplicable el de las razones de su estadía en el club- desperdiciase la pelota parada número mil, ingresó el chico Kaproff por Solari. Un pésimo cambio con menos de 25' por jugar. Debía meter a Vangioni o  Mercado, un poco de potencia y jerarquía por las bandas para poder abastecer a los dos nueves que tenía en cancha. Con Kaproff juntaba tres centrodelanteros y no quedaba nadie para lanzarles un centro. Un 4-1-3-3 que podía ser audaz pero que no servía por el poco concepto que se veía en el campo de juego. El hecho de que Cavenaghi estuviese tirando los centros y buscando desbordar era la prueba del error táctico del DT de River. 

Cocca sacó a un extenuado Díaz y mandó a la cancha a Acuña para refrescar piernas y empezar a cerrar el partido. Bpu realizó una de esas jugadas que levantan a un estadio entero, dejando a dos marcadores atrás con un gesto técnico impecable y su centro para Milito fue salvado por Pezzella con mucho timing. En 33' Racing lo tuvo nuevamente: gran avance de Centurión, con la pelota de pie a pie, llegando al fondo y tocando atrás. Barovero logró cachetear la pelota y Pezzella de nuevo se puso el traje de bombero. Milito hacía varios minutos que mostraba todo su oficio y experiencia, arrastrando marcas sin la pelota, aguantando el balón de espaldas a los centrales y dando una mano en la recuperación. Videla habilitó, tras otro mal tiro libre del rival, a Bou que encaró muy solo pero fue vencido por Funes Mori. Acuña en 41' estuvo cerca de marcar un gol de ensueño, pero su zapatazo se fue rozando el ángulo izquierdo. 


El ingreso de Hauche por Milito sirvió para que el Cilindro se viniese abajo para ovacionar a su ídolo. En medio del griterío de los hinchas, River empujaba con lo que tenía: nada de claridad, cero ideas pero con muchísimo corazón. Cavenaghi falló en controlar la pelota final que tuvo su equipo, redondeando un mal regreso en el que se lo vió demasiado estático, mal en lo físico y sin la jerarquía necesaria para absorber la presión y calmar las aguas. El partido terminó y tras 15 fechas la otrora "Máquina de Gallardo" abandonó el primer lugar de la tabla de posiciones.


Racing juega contra la historia sin dudas, pero depende de sí mismo. Junto a River y Lanus serán los tres equipos que definan el torneo más allá de que Independiente y Boca tengan chances matemáticas (uno nunca sabe, pero hasta ahí llegaron los dos lo cual es elogiable especialmente después del mal comienzo de temporada que tuvieron). Los de Cocca dependen de sí mismos y tendrán que domar sus nervios para encontrarse con su mejor versión. En este partido le alcanzó con Videla y Díaz y la jerarquía de Milito. Por lo demás el equipo no jugó bien y de a ratos fue superado por un River demasiado enfocado en el choque de vuelta contra Boca. Pase lo que pase allí, Gallardo deberá poner sus energías en estas dos fechas para no perder un título que tenía asegurado hasta hace pocas semanas. Su apuesta fue valiente, pero erró en los cambios y en no poner al menos un jugador que pudiese cargarse el equipo al hombro. Los juveniles dieron la cara pero en su mayoría - menos Cirigliano, Martínez y Rodríguez- se fueron aplazados. River ya no depende de sí mismo ni tampoco puede maquillar su bajón en el rendimiento colectivo e individual. Sin dudas dos realidades con las que tendrá que convivir para poder escapar por encima del laberinto. 



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