Desde su regreso a Primera División, Rosario Central disfruta de una saludable racha contra su eterno rival. El equipo dirigido por Miguel Ángel Russo no es ni el más eficaz ni el más vistoso del fútbol argentino, pero al menos siempre intenta jugar con la pelota al pie. La idea la tiene bien clara, pero muchas veces peca de ingenuo - como contra River en las primeras fechas, donde fue al golpe por golpe- o de ineficaz - en el baile que le pegó a San Lorenzo y que solo terminó 1 a 1- por lo que su puesto en la mitad de la tabla está más que justificado. Newell's Old Boys en cambio no logra despegarse de la sombra de aquella versión del Tata Martino que jugaba y atacaba en iguales cantidades. Hoy solamente conserva el esquema, un 4-3-3 bien marcado, pero lo único que hace es correr hacia adelante con la cabeza gacha. Apenas si abre el balón para los costados y en los momentos de desesperación - que no han faltado en estos últimos tiempos- apela al pelotazo frontal y/o al centro sin destino ni precisión al corazón del área. Su entrenador, Gustavo Raggio no ha logrado que la posesión de la pelota se traduzca en presión alta y transiciones veloces y punzantes con lo que su equipo vive en una eterna irregularidad de la que solo es rescatada por algún rapto individual de los buenos jugadores que tiene. La realidad de ambos de cara al clásico de Rosario no era la mejor, aunque la Academia jugaba en su estadio y llegaba un poco mejor en lo futbolístico y en los resultados. Con el equipo consolidado, con el impulso de estar en las Semifinales de la Copa Argentina y casi sin bajas, tenía la ventaja contra un rival que había comenzado peleando el campeonato pero que hace varias fechas ya estaba afuera de todo.
Rosario Central salió a la cancha con su clásico 4-4-2, con un doble cinco y dos volantes externos que en cada ataque son dos delanteros más y con dos referencias de ataque claras: Caranta; Ferrari, Donatti, Berra, Delgado; Encina, Neri Domínguez, Musto, Becker; Niell y Abreu. Enfrente Newell's plantó su tradicional 4-3-3 con el regreso de Ignacio Scocco que había sido guardado especialmente para este partido tras una larga recuperación de una lesión muscular. Como siempre la idea era presionar arriba pero con la pelota al pie desde el saque del arco y liberar a los laterales para que se sumen al ataque: Ustari; Díaz, Fernández, Víctor López, Casco; Orzan, Villalba, Bernardi; Tevez, Scocco y Maxi Rodríguez.
El partido comenzó con mucha intensidad. En el primer minuto, una buena subida de Becker terminó en una dura falta en el borde del área. La sociedad con Niell empezaba a mostrar resultados ya desde el vestuario casi, en un preciso 1-2 que mareó a los defensores de Newell's y provocó la amonestación de uno de sus centrales. Tras ese inicio frenético, llegó la sucesión de pelotazos frontales para ganar las espaldas de la última línea. El partido se planteó de esta manera: Central esperó en la mitad de la cancha sin presionar a Newell's cerca de su área. Los de Raggio así podían salir jugando por lo bajo pero al estar tan atrás perdían aceleración cuando conseguían llegar hasta el mediocampo. El entrenador está empecinado en mantener este sistema que ya ha probado ser lento y previsible, todos los rivales lo conocen de memoria y es por ello que no le da buenos resultados. Con Martino fue algo novedoso, pero de la mano del actual DT es solamente un plagio berreta que sirve para suplir la falta de ideas.
La presión de los locales convirtió la mitad de la cancha en campo minado para los jugadores de Newell's, que perdían la pelota demasiado rápido. Cuando esto sucedía, Becker y Niell salían como flechas por los costados dispuestos a hacer la diagonal o a habilitar a Abreu que esperaba como único punta dentro del área. Un esquema táctico simple pero eficaz debido a la apatía de un rival que no parecía estar a la altura del partido. Claro que la pelota corría por los pies de Bernardi y Orzan, pero al no poder dar dos pases seguidos todo terminaba en un mal centro despejado por ala defensa local. Una vez más Newell's estaba pasado de revoluciones ante su preocupante incapacidad para armar juego y generar peligro. El joven Tevez trataba de molestar un poco como falso 9, pero Scocco y Maxi Rodríguez brillaban por su ausencia. Y es una locura pedirle a un chico que ni tiene 19 años que se cargue a su equipo al hombro (y menos que menos en su primer clásico).
Una falta a Abreu que estuvo muy cerca de ser penal termina en un tiro libre ejecutado por Donatti. El disparo da en la barrera y Delgado toma el rebote con potencia pero su tiro rasante se va apenas ancho. Central avisaba y además sin tener la pelota era amo y señor del partido. Muy veloz por los costados y peligroso en cada contragolpe. Enfrente abundaban la lentitud y la falta de energía, todo se hacía a paso cansino. A los 24' se cumplió la lógica: centro perfecto de Ferrari y el chiquito Niell superó con mucho oficio a Fernandez para cabecear al gol. Un 1-0 merecido y también la última acción del autor del gol que ya venía arrastrando molestias desde los primeros minutos. En su lugar ingresó Valencia que con su velocidad y picardía enloquecería a medio mundo.
Newell's sintió un poco el impacto y se lanzó al ataque en una ráfaga de 4'. Scocco limpió a puro talento a 3 marcadores y entró al área por la derecha. Su disparo cruzado dejó sin respuestas a Caranta pero se estrelló contra el palo. Una jugada más tarde, Díaz pescó un rebote de un corner y el empate no llegó solo porque esta no era la tarde de su equipo. En apuros había sido mucho más concreto que cuando todo estaba igualado, pero el envalentonamiento no duró demasiado tiempo. Los de Russo se atuvieron a su libreto y así fue como llegó el segundo gol: Neri Domínguez aprovechó una pésima salida de Ustari y lo fusiló de media distancia para cerrar el trámite. Un 2-0 basado en madurez, inteligencia y actitud. La caída de Newell's se decretó tras este segundo mazazo y si sus jugadores venían dejando una imagen tibia, lo que siguió fue el hielo absoluto.
Valencia desequilibró muy bien por la derecha pero más allá de su gran movimiento técnico no cedió con velocidad para Abreu que entraba solo por el medio. Un gol más era lo que el local necesitaba para tranquilizarse definitivamente, pues nunca hay que dar por muerto al eterno rival y menos con las individualidades - aunque en bajo nivel hasta allí- que posee. Ahora Rosario Central tenía la pelota y con el tándem Musto-Domínguez presionaba ya cerca de la salida de Ustari. Raggio mandó a sus jugadores para adelante, pero terminó en lo de siempre: un equipo sin ideas lleno de intérpretes que en vez de jugar a la pelota corren para adelante y chocan con sus propias carencias colectivas. Se cerraba el telón del primer tiempo de un partido que daba la sensación de estar terminado.
El partido comenzó con mucha intensidad. En el primer minuto, una buena subida de Becker terminó en una dura falta en el borde del área. La sociedad con Niell empezaba a mostrar resultados ya desde el vestuario casi, en un preciso 1-2 que mareó a los defensores de Newell's y provocó la amonestación de uno de sus centrales. Tras ese inicio frenético, llegó la sucesión de pelotazos frontales para ganar las espaldas de la última línea. El partido se planteó de esta manera: Central esperó en la mitad de la cancha sin presionar a Newell's cerca de su área. Los de Raggio así podían salir jugando por lo bajo pero al estar tan atrás perdían aceleración cuando conseguían llegar hasta el mediocampo. El entrenador está empecinado en mantener este sistema que ya ha probado ser lento y previsible, todos los rivales lo conocen de memoria y es por ello que no le da buenos resultados. Con Martino fue algo novedoso, pero de la mano del actual DT es solamente un plagio berreta que sirve para suplir la falta de ideas.
La presión de los locales convirtió la mitad de la cancha en campo minado para los jugadores de Newell's, que perdían la pelota demasiado rápido. Cuando esto sucedía, Becker y Niell salían como flechas por los costados dispuestos a hacer la diagonal o a habilitar a Abreu que esperaba como único punta dentro del área. Un esquema táctico simple pero eficaz debido a la apatía de un rival que no parecía estar a la altura del partido. Claro que la pelota corría por los pies de Bernardi y Orzan, pero al no poder dar dos pases seguidos todo terminaba en un mal centro despejado por ala defensa local. Una vez más Newell's estaba pasado de revoluciones ante su preocupante incapacidad para armar juego y generar peligro. El joven Tevez trataba de molestar un poco como falso 9, pero Scocco y Maxi Rodríguez brillaban por su ausencia. Y es una locura pedirle a un chico que ni tiene 19 años que se cargue a su equipo al hombro (y menos que menos en su primer clásico).
Una falta a Abreu que estuvo muy cerca de ser penal termina en un tiro libre ejecutado por Donatti. El disparo da en la barrera y Delgado toma el rebote con potencia pero su tiro rasante se va apenas ancho. Central avisaba y además sin tener la pelota era amo y señor del partido. Muy veloz por los costados y peligroso en cada contragolpe. Enfrente abundaban la lentitud y la falta de energía, todo se hacía a paso cansino. A los 24' se cumplió la lógica: centro perfecto de Ferrari y el chiquito Niell superó con mucho oficio a Fernandez para cabecear al gol. Un 1-0 merecido y también la última acción del autor del gol que ya venía arrastrando molestias desde los primeros minutos. En su lugar ingresó Valencia que con su velocidad y picardía enloquecería a medio mundo.
Newell's sintió un poco el impacto y se lanzó al ataque en una ráfaga de 4'. Scocco limpió a puro talento a 3 marcadores y entró al área por la derecha. Su disparo cruzado dejó sin respuestas a Caranta pero se estrelló contra el palo. Una jugada más tarde, Díaz pescó un rebote de un corner y el empate no llegó solo porque esta no era la tarde de su equipo. En apuros había sido mucho más concreto que cuando todo estaba igualado, pero el envalentonamiento no duró demasiado tiempo. Los de Russo se atuvieron a su libreto y así fue como llegó el segundo gol: Neri Domínguez aprovechó una pésima salida de Ustari y lo fusiló de media distancia para cerrar el trámite. Un 2-0 basado en madurez, inteligencia y actitud. La caída de Newell's se decretó tras este segundo mazazo y si sus jugadores venían dejando una imagen tibia, lo que siguió fue el hielo absoluto.
Valencia desequilibró muy bien por la derecha pero más allá de su gran movimiento técnico no cedió con velocidad para Abreu que entraba solo por el medio. Un gol más era lo que el local necesitaba para tranquilizarse definitivamente, pues nunca hay que dar por muerto al eterno rival y menos con las individualidades - aunque en bajo nivel hasta allí- que posee. Ahora Rosario Central tenía la pelota y con el tándem Musto-Domínguez presionaba ya cerca de la salida de Ustari. Raggio mandó a sus jugadores para adelante, pero terminó en lo de siempre: un equipo sin ideas lleno de intérpretes que en vez de jugar a la pelota corren para adelante y chocan con sus propias carencias colectivas. Se cerraba el telón del primer tiempo de un partido que daba la sensación de estar terminado.
En el inicio de la segunda mitad, Scocco se armó dos posibilidades que terminaron en remates débiles que ni inquietaron a Caranta. Central estaba más desordenado pero lo de Newell's era tan malo que no lograba aprovechar algunos huecos que aparecían en el mediocampo. Los tres delanteros no tenían peso y la pelota ya no era completamente suya. En DT mandó a la cancha a Figueroa por Díaz y a Fydrizsewski por Tevez para ganar un poco de juego aéreo. El esquema quedaba en una especie de 3-4-3 pensado para bombardear de centros los dominios de Caranta. Pero el que en 6' tuvo otra vez la posibilidad de meter un gol fue Central, con Valencia que no pudo terminar bien un prometedor ataque. Unos minutos después el ecuatoriano volvió a desviar un remate y el partido se hizo de ida y vuelta. Uno tranquilo y saliendo de contra y el otro yendo sin pensar y dejando todos los espacios para que la goleada sea histórica.
Russo sacó a un lesionado Abreu y puso a Barrientos, con lo que el esquema pasó a ser un 4-5-1 demasiado conservador teniendo en cuenta que su equipo dominaba a placer y que iban apenas 15'. Al poco tiempo Becker filtró un exquisito pase para el recién ingresado que le pegó tan mal que envió la pelota al lateral. Era el tercero, pero terminó siendo una salida para Newell's que seguía en primera marcha, sin reacción alguna y apenas con un Scocco tibio y fuera de forma que al menos algo trataba de hacer. Como si esto fuese poco, llegó el blooper del papelito o machete: Raggio mandó a uno de los suplentes a darle un papel a Ustari en vez de darle una indicación a cualquiera de sus demás jugadores. La confusión del arquero fue tal que ante un mal pase de López (presionado por Valencia) despejó el balón que impactó en el delantero de Central. Por suerte para él se fue bien alto, porque de haber entrada hubiese sido la frutilla del postre.
Aguirre ingresó por la Joya Becker de enorme partido y así el entrenador flexibilizó un poco el rígido esquema que había dejado con la salida de Abreu. Scocco tuvo una chance más pero en el mano a mano fue cubierto muy bien por Caranta. Su pedido de penal fue exagerado - no había sido falta- y un gesto inapropiado al línea determinó su expulsión. Su vuelta al club de sus amores hasta el momento es la pesadilla que nunca se había imaginado. Sus compañeros entraron en un ataque de desesperación y comenzaron a castigar con patadas muy violentas todo jugador rival que pasase cerca. En 83' Leandro Figueroa entró por Villalba para recorrer la banda y tratar de lanzarle centros a...nadie. Porque el delantero de referencia ya no estaba más, algo de lo que Raggio debería haberse percatado pues le pagan por ello.
Ya sobre el cierre del partido, entre Neri, Valencia y Encina armaron un ataque directo de manual. Tres toques para que Valencia deje en ridículo a su marcador y ceda para el Sapito que desvió el remate porque venía casi cayéndose. Impecable jugada de unos jugadores que estaban muy sueltos y tranquilos. Otro blooper de Ustari y López dejó a Valencia solo contra el arquero pero en vez de controlar y definir, cabeceó muy apurado y salvó al ex arquero de Boca. Leandro Figueroa coronó unos 7' infernales con una patada desde atrás que lo dejó fuera del partido.
Las tribunas del Gigante de Arroyito deliraban y tras el pitazo final los jugadores se sumaron a la fiesta. Rosario Central demostró que sabe y que tiene con que jugar un clásico. Buen juego, inteligencia, oficio y mucho corazón para demoler a un Newell's que hace tiempo se arrastra por todas las canchas y que necesita de una vez por todas entender que ya no es más aquel buen campeón de Martino. Que hoy es un equipo del montón y que si no cambia a tiempo tendrá problemas en el corto plazo. Hay una cosa que sí es clara en este momento para ellos: sin juego, sin ideas y sin actitud, es imposible mejorar.





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