viernes, 31 de octubre de 2014

Real Madrid 3 - Barcelona 1: Una paliza sin atenuantes; La vara sigue subiendo


En un Santiago Bernabeu repleto, hermoso como siempre, el Real Madrid y el Barcelona se enfrentaban en un cotejo crucial para definir como seguirían adelante en La Liga. Un triunfo de los Culés significaba desprenderse de su eterno rival y de sus perseguidores más inmediatos, era comenzar a transitar con tranquilidad el camino que lleva hasta Abril/Mayo del próximo año. Los de Luis Enrique llegaban invictos, líderes absolutos tras obtener solo triunfos en las jornadas previas y encima sin recibir goles en contra por liga. En cambio los de Ancelotti venían con un muy buen andar en la Champions League y un irregular tranco en el torneo local. La necesidad de una victoria crecía para poder quedar a tiro del primer puesto y para dar comienzo a una nueva era en la que el juego y las victorias pudiesen ser propias. 

En el posteo anterior habíamos hablado de los cambios que los dos equipos realizaron en este corto tiempo. Sin resignar su juego paciente y por el centro, de posesión pura, el Barcelona estaba utilizando mucho más las bandas y los ataques directos. De a poco, sus mediocampistas y delanteros comenzaban a utilizar predominantemente el contragolpe, algo muy extraño en un equipo que siempre ha despreciado este recurso - erróneamente- como si fuese basura. El Real Madrid, que posee el mejor contragolpe del mundo - el más aceitado, veloz y letal sin duda alguna- había cambiado su 4-3-3 que era puro vértigo a un 4-4-2 que logró insertar en el equipo a la perfección a James Rodríguez y a Toni Kroos, que llegaron para suplir a la columna vertebral del esquema anterior que eran Ángel Di María y Xabi Alonso. Tras varias semanas y partidos de prueba, el sistema se había asentado. Con el mismo contraataque pero con mucha mayor posesión de balón, el equipo blanco aprendió que se podía demoler a los rivales de varias maneras en un mismo partido. Si no, pregúntenle a Brendan Rodgers que todavía debe estar soñando con el toque y la salida rápida del Madrid en Anfield.

Otra polémica que envolvía al clásico número uno del mundo era si el estadio debía o no aplaudir a Messi en caso de que superase el récord de Zarra de 250 goles en la LFP. Sin dudas que de suceder sería un evento digno de reconocimiento, pero esto fue utilizado por el periodismo catalán para chicanear sin sentido como siempre. La previa se calentó bastante y no faltaron los idas y vueltas de los referentes de los dos equipos. Todo estaba listo para una nueva edición del clásico que - como mínimo- dos veces por año paraliza al mundo.  

Carlo Ancelotti puso a su equipo de gala: Casillas; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; James, Modric, Kroos, Isco; Ronaldo y Benzema. Un 4-4-2 hecho para tener la pelota y para realizar transiciones muy veloces entre defensa y ataque. Paciente y contragolpeador al mismo tiempo, utilizando ambos recursos según el momento del partido. Podía pasar a ser un 4-3-3 en ataque con James desprendiéndose del mediocampo y un 4-1-3-2 en defensa con Kroos jugando de número cinco clásico bien cercano a los dos centrales. Luis Enrique paró un equipo sorpresivo: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano, Mathieu; Xavi, Busquets, Iniesta; Suarez, Messi y Neymar. Su 4-3-3 habitual pero con el rombo central conformado por la Old School de aquel brillante equipo de Pep. Digo que me sorprendió porque es sabido que este trío de lujo ya ha visto sus mejores años en lo que respecta a lo físico y porque uno de los grandes errores de los sucesores de Guardiola ha sido mantenerlos como si el tiempo no hubiese pasado. Rakitic esperaba en el banco, algo realmente extraño pues sin dudas que junto a Messi y Neymar era el motor y cerebro de este renovado Barcelona, mucho menos insistente en la posesión inocua (un virus que se instalo tras la ida de Pep) y más abocado a esperar agazapado para llegar al arco rival en cuatro o cinco toques.  


En el comienzo del partido, el Barcelona se hizo de la pelota. Si bien controló las acciones y mareó a los mediocampistas del Real Madrid con un juego de pases sublime, el primer avance serio llegó de la mano de Cristiano Ronaldo. Una buena corrida y apertura para Isco que fue cortado con lo justo por Dani Alves cuando se disponía a llegar al fondo. Velozmente Busquets se colocó detrás de Xavi e Iniesta, quedando el equipo armado en un 4-1-2-3 bien largo y directo. A los 3' Neymar puso el 1-0 con una jugada magistral. De izquierda a derecha en velocidad tras un arranque y cesión de Messi y una definición bien abajo y abierta que dejó sin respuesta a Casillas. Otro ejemplo más de la nueva modalidad de ataque del Barcelona bajo la tutela de Luis Enrique. La historia ya era conocida y todos esperaban que el visitante se convirtiese en un torbellino ante la confusión del local y concretase el K.O antes de finalizar la primera parte. Pero nada de eso sucedió.

El equipo de Ancelotti no se desesperó y de a poco comenzó a arrinconar al Barcelona con buenas asociaciones y mucha potencia. Una gran jugada de Cristiano terminó en un foul cerca del área, pero el tiro libre ejecutado por el crack luso dio en la barrera. Al instante, Modric le colocó a Benzema un exquisito pase entrelíneas. Toque ante la salida de Bravo y la pelota terminó cruzando el área chica. El Barcelona se había salvado y respondía con la dupla Alves-Messi por la derecha, el sector siempre más flojo del Madrid en defensa. Marcelo es un brillante jugador en ataque, pero en la parte defensiva depende demasiado de los centrales. Al poco tiempo, Isco lanzó un gran pase entrecortado para Carvajal que entrando al área fue detenido con precisión por Piqué. Messi era amonestado ya en 10' por su segunda falta, algo que denotaba cierta incomodidad en el argentino. Los de Luis Enrique estaban con la rodilla en la lona: brillante trepada de Marcelo y Benzema no conecta por apenas milímetros un gran centro atrás; acción seguida, Cristiano centró para el delantero francés que peinó perfecto para encontrarse con la resistencia del travesaño que le salvó el invicto a Bravo. Los blancos tenían la pelota y la manejaban con velocidad y paciencia mientras que los blaugranas ya decididamente esperaban con los centrales adelantados para salir de contragolpe. 


James comenzó a dominar el sector derecho. Una conexión óptima con Ronaldo fue salvada por el buen arquero Bravo casi con el último aliento. No había mucho más en el Barcelona que el gol de Neymar, pero por el momento le alcanzaba para ganar. Iniesta no tocaba la pelota y esto era sufrido por un equipo que depende en exceso de lo que él haga en la distribución. Y más todavía si no está Rakitic para jugar a sus espaldas y soltarlo para que juegue casi de enganche. Kroos disparó de lejos a las manos de Bravo como preludio de la primera intervención de Luis Suarez en el partido. Avanzó pero fue frenado por Marcelo con mucha autoridad. De a poco el Barcelona se hizo de nuevo dueño del partido como al comienzo. Con Busquets más adelante ahora, pegado a Iniesta, tuvo varios minutos en los que acorraló al rival contra su arquero. Y llegó el punto de quiebre: Suarez logró superar a Marcelo y le dio a Messi la posibilidad de batir el récord de Zarra. Pase al ras del piso que el argentino interceptó en el borde del área chica. Casillas se hizo gigante, como ante el Liverpool, y le sacó una pelota que habría terminado - injustamente- con un partido que era parejo. El dominio Culé siguió en estos minutos, con una tenencia de balón desesperante y mucha profundidad. Suarez parecía acomodado al partido tras esos minutos iniciales de intrascendencia y era la llave en cada contraataque. No lograba pasar la línea final del Real Madrid, pero inquietaba con su movilidad y sus mañas. 

Messi tocó en otra muy buena contra para Mathieu que fue cortado por un Carvajal brillante que ya definitivamente había cerrado su sector. El lateral es uno de los mejores jugadores de este equipo y partido a partido evoluciona de una forma notable. La mezcla perfecta entre talento, velocidad y huevos, el jugador que todos querrían tener en su equipo. Sus constantes rupturas hacia el fondo volvían locos a sus marcadores que no podían detenerlo de ninguna manera. Marcelo tomó la lanza y tras llegar a la línea final, centró para que Ronaldo defina. Piqué interpuso su mano y el árbitro cobró penal en una decisión imposible de cuestionar. El portugués ejecutó con su habitual brillantez y temple para poner el 1-1 que dejaba el resultado más cerca de lo que estaba sucediendo en el campo de juego. Lo que siguió fue todo del Real Madrid.


Cristiano volvió a atacar por la derecha y su centro pasado no pudo ser capitalizado por Benzema. La sociedad CR7-James empieza a sacar sus frutos y a recordar a aquella entre el mejor del mundo y Di María las pasadas temporadas. Conexión Carvajal-Marcelo y un centro que termina cabeceado por James. Apenas afuera, besando el palo derecho de Bravo que en este primer tiempo había visto más peligro que en todos los partidos anteriores. El primer tiempo terminaba con un tramo claro de dominio para cada uno y una gran capacidad del Real Madrid para sobreponerse al golpe inicial sin renunciar a su idea de juego en ningún momento.

En la segunda mitad quedó claro que al local no le conformaba en lo absoluto el empate. El primer avance vino de la mano de Marcelo y Modric y culminó con un disparo muy malo de James Rodríguez. El ida y vuelta se armó en dos jugadas. Messi ejecutó mal un tiro libre en una buena posición y la contra del Madrid fue cortada por un sólido Mathieu que en ataque se había mostrado muy bien hasta ese momento. Alves llegó por la derecha y su centro picante fue despejado por Ramos con tranquilidad. El juego ofensivo del Barcelona ya se había hecho demasiado previsible y por ende en extremo anticipable. Todo culminaba en un centro de Alves sin mayor peligro para Casillas debido a que Pepe y Ramos eran una muralla infranqueable. 

Piqué salvó con lo justo un gran contraataque armado por James y Ronaldo. Pero no logró evitar que Pepe se eleve por encima de todos y ponga el 2-1 con un cabezazo que se asemejó a un balazo directo al corazón del equipo de Luis Enrique. Kroos volvió a demostrar su enorme pegada con ese preciso centro para que el Bernabeu estalle de alegría. El Madrid avasallaba a su rival que solo buscaba salir con Messi y que el crack en una de sus corridas aisladas de siempre le salve la ropa. Pepe se erigió como una de las figuras con un control riguroso y sin faltas del argentino que a esa altura ya había desaparecido del partido, encerrado en su enojo consigo mismo y vaya a saber uno con quien más. Mathieu tuvo el empate con un remate desde media distancia salido de otro partido que se colaba en el ángulo. Casillas volvió a ratificar su brillante momento con una volada que despertó la ovación de una afición que hasta hace 5 partidos se dividía entre los que lo silbaban y los que lo aplaudían. 



El partido se quebró en el mediocampo y esto fue lo que hizo aún más grande - si se puede- el dominio de la Casa Blanca. Ancelotti mandó a combinar el juego de posesión con el de ataque directo, pero dándole predominio al manejo paciente del balón solo hasta llegar al círculo central. De allí en adelante, explosión absoluta de la mano de un 4-2-4 bien marcado ya. En la parte baja de la cancha, Pepe seguía cortando los toqueteos entre Neymar y Messi que nunca pasaban el límite que el central portugués les marcaba. Lucho mandó a Rakitic a la cancha y quitó a un inexpresivo Xavi. Ese rombo central era sin dudas su primer gran error en esta etapa al frente del Barcelona. Y antes de que el estratega croata se pudiese acomodar siquiera, una contra maravillosa definió el partido. Ronaldo y James llegaron al área tocando en velocidad y el colombiano habilitó muy bien a Benzema, que controló sin frenar el esférico y dejó a Bravo parado con un tiro rasante cruzado. Un 3-1 merecido en una actuación apabullante del Real Madrid. 

La superioridad hace rato que era en todas las líneas. El Barcelona no presionó más bien arriba y los tres delanteros estaban completamente aislados y anulados. La diferencia en cada ataque era de 3 a 1 como mínimo y el Madrid precisaba como mucho 4 toques para llegar con peligro. El Barcelona se hundió en el juego horizontal y pesado que Luis Enrique está tratando de erradicar - Martino lo intentó y así le fue- y llegar al arco de Casillas le costaba el quíntuple que a su rival respecto del defendido por Claudio Bravo. En 67' Rakitic cruzó un remate por el área que nadie llegó a desviar, siendo la primera aproximación del visitante en mucho tiempo. Suarez centró para Neymar en su última acción pero el brasileño desvió su cabezazo. Por el uruguayo ingresó Pedro y en líneas generales se puede decir que no fue un mal partido el suyo pero que sí fue muy apresurado el ponerlo como titular pues la parte física está en el debe y es claro que no ha encontrado un lugar fijo en el equipo por el momento. 



Busquets no hacía pie y cada pelota que perdía era una situación de gol para el Madrid. Kroos conecta con Benzema y el remate del francés se va demasiado alto. La diferencia podía ser mucho mayor pero las imprecisiones en la definición y un poco de mala suerte hacían que el marcador no se moviese. La tranquilidad dentro de la intensidad era evidente en los jugadores locales y las gradas estallaban en cada jugada de su equipo. En 72' Messi giró bien y su pase para Neymar fue punzante, pero su compañero definió muy mal. La primera desatención del fondo llegaba con el partido muy avanzado, ya definido, aunque Casillas retó a la zaga por tamaño descuido demostrando que el mejor Iker está definitivamente de vuelta. Pepe y Ramos siguieron siendo un frontón ante los mil centros que Dani Alves lanzaba. James tuvo otro muy buen arranque ridiculizando a Mathieu y dándole un lindo pase a Benzema. Mascherano, de pésimo partido, cortó con el aliento final lo que era el cuarto del Real Madrid.

La diferencia física y futbolística era más que notable. Carvajal y Marcelo habían tapado a Messi y a Neymar y estaban sueltos en ataque. Generaban un bombardeo magnífico sobre los dominios de Bravo que ya no sabía que hacer para ordenar a sus defensores. Una muy buena salida de Modric, que abrió para James y el centro de este no llegó a Ronaldo gracias  Piqué fue respondida con un centrito inentendible de Messi tras haber llegado bien al fondo. Mención de honor para Rodríguez e Isco tanto en ataque como en defensa, un despliegue fenomenal digno de los mejores atletas del mundo. Y si a eso se le suma que su fútbol hizo estragos tras líneas enemigas, no se puede más que felicitarlos por su brillante actuación. Todo intento del Barcelona terminaba en un centro o un pase lateral sin precisión. Isco salió ovacionado y en su lugar ingresó Ilarramendi. 

Modric y Kroos eran los patrones del medio hacia largo rato. Dos jugadores dotados de una calidad técnica única y con un físico capaz de resistir cualquier tipo de batalla. Durante todo el partido subieron y bajaron sin cesar al mismo tiempo que ejercieron a la perfección su función de distribuidores en el comienzo de cada ataque. El ingreso de Khedira por un Benzema recontra ovacionado, vivado, aplaudido significó liberar a James de su función defensiva en los minutos finales. El 4-3-3 era claro para cerrar el partido y todos querían el gol del colombiano tras otra excelente actuación suya con la casaca blanca en un partido de gran calibre. Luis Enrique enloquecía ante cada centro sin destinatario y Ancelotti sacaba a Modric y ponía a Arbeloa en su lugar. Demás está decir que el enganche croata también se fue más que aplaudido. Una nueva contra craneada por Marcelo, Ronaldo y James terminó en un mal pase de CR7 para su nuevo socio. En el ida y vuelta, el Madrid nunca se desarmó: fue siempre un bloque sólido dentro del cual sus jugadores rotaron posiciones a placer. 


El partido se cerró con el Real Madrid tocando sin parar y haciendo delirar a los suyos que no paraban de gritar "Ole". El Barcelona miraba como la pelota iba y venía sin poder hacer más que alguna que otra falta. Messi tuvo un tiro libre para romper el famoso récord, otro más en una posición ideal. Pero su disparo se fue a las nubes, haciéndonos recordar aquel partido contra Colombia por la Copa América 2011. El 3-1 final se quedo corto y fue una fiesta del Real Madrid. Atrás quedaron las intenciones de que el Bernabeu aplaudiese a Messi, demostrando que la única manera de romper un récord no es hablando sino convirtiendo. Todos desde Luis Enrique hasta Piqué reconocieron la superioridad de su rival y dijeron que había quedado probado que existían contrincantes igual o hasta mejor de buenos que ellos. El único que desentonó fue Xavi, sosteniendo que el Madrid "solo vive de las contras" algo que es falso. La escuadra de Ancelotti demostró ser mucho más inteligente que el Barcelona, pues supo dosificar, organizar, dividir y hasta mezclar los momentos tanto de posesión como de ataque directo sin vueltas. Es una de las características centrales de este renovado Real Madrid que una vez más ha colocado la vara bien alta, superando su magistral actuación contra el Liverpool en Anfield hace una semana. Un concierto de parte de un equipo que juego tras juego se afina cada vez más. La imbatibilidad de este gran equipo empieza a hacerse patente y de a poco va grabando su nombre a fuego en la historia del fútbol. El recorrido con Ancelotti recién ha comenzado y no hay que entrar en un espiral del euforia, pero el italiano y sus jugadores han logrado mejorar en la parte del juego lo hecho la temporada pasada que en sí mismo era excelente.

Una particularidad antes de terminar este análisis: finalmente fue Ronaldo quien rompió uno de los récords del gran Telmo Zarra, anotando en su quinceavo partido como local por liga. Messi seguramente romperá contra algún equipo del montón - de esos que sobran en la LFP- el récord del eterno jugador vasco (251 goles en 277 partidos, algo inigualable de por sí). Una recomendación desde el fondo de mi corazón: que lo aplaudan en el Camp Nou, ahí donde lo quieren o al menos eso parece. Y que por favor que en primer lugar de la interminable fila de lamebotas se coloque Xavi Hernandez.          


viernes, 24 de octubre de 2014

Real Madrid 3 - Liverpool 0: El Rey está aquí; El cambio en el mejor equipo del mundo



Tras un comienzo de temporada irregular, que mezcló grandes actuaciones con partidos realmente decepcionantes, el Real Madrid ha llegado de forma definitiva a su mejor forma. Y lo ha hecho superando el muy alto nivel que supo sostener el año pasado, agregándole a su letal contraataque un exquisito y preciso juego de posesión de balón que lo deja en el mismo plano - con sus propias características originales- de aquel Barcelona de Guardiola o a su actual Bayern Munich. Si hay que hilar bien fino, la realidad es que el equipo de Ancelotti hoy posee un estilo de juego similar al del campeón alemán pues como acabamos de decir, ha mantenido esa velocidad supersónica de la mitad hacia adelante al mismo tiempo que domina la pelota y tiene mucha paciencia a la hora de encontrar el hueco y filtrar el pase para que alguno de sus maravillosos delanteros quede de cara al gol. La salida de Ángel Di María hoy apenas si se lamenta - más allá de que sigo creyendo que en este equipo sería ideal- pues James Rodríguez ha encontrado su lugar en el esquema táctico y comienza a mostrar aquello que lo trajo a la Casa Blanca. Menos vértigo y más elaboración de juego, pero aprovechando al máximo la potencia y la velocidad de una delantera implacable cuando debe realizar ataques directos. Ancelotti no es zonzo y luego de una primera temporada muy exitosa con ese 4-3-3 que cedía la bola, esperaba y salía de contragolpe, ajustó algunas tuercas y pudo cambiar la base convirtiendo al ataque en tres o cuatro pases no en el arma principal sino en una de tantas herramientas. Así el Real Madrid dejó de ser - de a ratos- previsible y, si ya el año pasado era un gran equipo (casi imbatible en un alto nivel) hoy sin dudas que es el mejor del mundo junto al igual de poderoso, lujoso e implacable Bayern Munich.

En estos días me encontré con la opinión de un analista europeo que es bastante acertada. Lo que esta persona afirmaba era que el Barcelona de Luis Enrique se había "mourinhizado" y que el Real Madrid de Ancelotti estaba jugando con el toque y la paciencia que siempre caracterizaron al club catalán. Más allá de que esto respalda todo lo que dije arriba, pongamos paños fríos pues los culés si bien hoy día poseen un estilo mucho más directo y con menos toque en 3/4 de cancha, esto no significa que hayan dejado de lado la posesión de balón. Con conocer a sus jugadores - Iniesta, Xavi, Busquets, Rakitic, Messi, Neymar, Pedro...- alcanza para darse cuenta que suponer esto sería un absurdo. Más allá de esta pequeña disgresión que sirve como previa para el Clásico de este fin de semana, el Real Madrid tenía que jugar contra el Liverpool en el mítico Anfield Road. Si bien los rojos venían en picada desde la salida de Luis Suarez, esto no los hacía un equipo inofensivo. Irregulares en Premier y UCL pero con un plantel lleno de talento y juventud, que muy seguramente en algunos meses termine de asimilar la salida de su goleador y se acomode a la perfección.


Carlo Ancelotti plantó un 4-4-2 mentiroso que muta en un 4-2-3-1 que lastima mucho por los costados y que copa el mediocampo para monopolizar la pelota:  Casillas; Arbeloa, Pepe, Varane, Marcelo; Isco, Kroos, Modric, James; Benzema y Cristiano Ronaldo. Su colega Brendan Rodgers utiliza un 4-4-2 mucho más definido que suele ser un 4-3-3 en ataque, pero que busca controlar el medio con Gerrard y Henderson y ser dinámico por las bandas con sus dos talentosas flechas Allen y Coutinho: Mignolet; Johnson, Lovren, Skrtel, Moreno; Gerrard, Allen, Henderson, Coutinho; Sterling y Balotelli.





Bajo el rugido de su afición, el equipo local salió a presionar bien arriba al Real Madrid. La idea era no dejarlo tocar lanzando a Sterling y a Coutinho para que la salida le fuese como mínimo incómoda a los blancos. Si bien este objetivo estaba siendo logrado, la última línea del visitante estaba sólida de la mano de unos Pepe y Varane intratables. La primera jugada de gran peligro fue una conexión entre Marcelo y Ronaldo, que terminó la jugada con su tradicional remate entrando desde la izquierda hacia el centro. Mignolet controló con sobriedad pero el Madrid había avisado de contraataque. El Liverpool respondió con una buena asociación entre Balotelli y Sterling que terminó en un centro bien controlado por Casillas. El partido estaba armado y no quedaba claro que equipo se llevaría los tres puntos.

Modric y Kroos comenzaron a tener mucho más la pelota y el ritmo del partido bajó considerablemente. El Liverpool había salido con frenetismo puro y lo necesario era calmar las aguas para poder empezar a jugar bien. Los dos centrocampistas tocaban a placer y encontraron en James y Benzema dos lugares ideales para descargar en profundidad. A los 10' Casillas comenzó a tapar varias bocas con una fenomenal respuesta ante un disparo muy potente - como siempre- de Gerrard. Dos leyendas que colisionaban y el 1 del Madrid se llevaba el primer duelo. El ida y vuelta favorecía al Liverpool que complicaba con las diagonales de Coutinho, Allen y Sterling. Balotelli no estaba muy conectado con el equipo, pero seguía bien cuidado por los defensores del visitante pues dejar libre a alguien de su calidad es un grave error. En 13' Casillas volvió a responder muy bien ante un cabezazo a quemarropa tras un lanzamiento de esquina. Los rojos se acercaban pero siempre chocaban con la solidez de Iker.




Si bien el equipo local se había resignado a no tener la pelota ante la abrumadora superioridad del rival en el centro del campo, era mucho más punzante con sus ataques directos. El Madrid esperaba con paciencia y también generaba peligro con muy buenos pases filtrados y también avances en dos o tres toques, aunque con menor claridad. Pero en casi 20' el partido cambió y nunca más regresó a su estadio inicial: Isco y Arbeloa se adelantaron hasta 3/4 de cancha y rompieron la trabajada línea del medio que Rodgers colocó para tapar el tránsito. James tuvo una situación muy clara tomando un rebote por la derecha pero su remate se fue demasiado alto como para llevar algo de peligro.


Y en 22' apareció el extraterrestre, el mejor jugador del mundo. Ronaldo tocó rápido para James que hizo la pausa y ante 5 marcadores que se agolparon en la medialuna tocó por encima con una calidad de otro planeta también para que Cristiano - tras una diagonal de película- de primera coloque la pelota en el ángulo izquierdo. Un 1-0 que coronaba la mejoría del visitante tras un comienzo en el que la velocidad del rival lo había puesto con un lugar complicado. El trámite era parejo, pero se empezaba a ver quien de los dos era el mejor equipo.





La defensa del Madrid seguía siendo infranqueable en el 1 contra 1 y en materia de pases entrelíneas para el local. James tras el exquisito pase gol a Ronaldo comenzó a crecer y demostró que más allá de posicionalmente no estar tan definido, ha encontrado su lugar en esta formación. Sus trepadas por la derecha y sus enganches hacia el centro poseen la característica de ser realizados con una facilidad y agilidad pasmosa. La superioridad de los blancos ya era más que notoria y en 27' tuvieron dos chances para rematar el partido: Isco recibió por la derecha y su centro picante por lo bajo fue rechazado por Skrtel y un remate de Ronaldo que se fue apenas ancho. El local apenas si sobrevivía y el entusiasmo inicial del estadio se había convertido en una mezcla entre silencio y murmullo que intimidaba.

Además de tener el mejor contragolpe del mundo, los de Ancelotti estaban probando que también son dueños del mejor juego de posesión y posiciones. Mucho toque y muchísima paciencia, con Modric jugando prácticamente de enganche y manejando los tiempos junto a ese otro relojito llamado Toni Kroos. En 29' la pesadilla del Liverpool se hizo realidad: Ronaldo-Isco-Kroos y un centro delicioso, un pase con la mano casi, del alemán que recorrió el ancho de la cancha para caer en la cabeza de Benzema. El francés saltó con el tiempo perfecto y amortiguó la pelota para que esta entre suavemente por encima de Mignolet que solo pudo mirar. Un 2-0 que ya a esta altura se quedaba corto. Parecía otro partido, parecía que esos 10' iniciales jamás hubiesen existido.





El círculo central se convirtió en un concierto de Modric, Kroos e Isco que se hacían un festín tocando de primera ante la desesperación del rival, que se convirtió en un puñado de individualidades sin orden ni contundencia. Mucha frustración de los de Rodgers ante un equipo que era una piedra en todas las líneas y que rotaba posiciones y pelota sin parar por todo el campo de juego. A los 40' Kroos lanzó un gran córner, Pepe ganó en las alturas y armó la jugada tras una buena peinada de Varane. Benzema tuvo que empujar la pelota ante un arquero que salió un segundo tarde. El 3-0 daba la medida justa de lo que estábamos viendo: una paliza fenomenal. Fútbol en estado puro.

Balotelli tomó la lanza y centró muy bien para Allen que vio como su perfecto disparo cruzado era atajado por Casillas con una elasticidad y reflejos impresionantes. Muy buen partido del arquero titular del Real Madrid que confirmaba el muy buen nivel que venía mostrando en los últimos partidos. El Liverpool cerró la primera mitad con un buen tiro de Coutinho desde media distancia que era inatajable pero terminó estrellándose contra el larguero.




El segundo tiempo, además del affaire "Pepe-Ballotelli-Cambio de casacas" que significó la salida del italiano del once, encontró a un Madrid más relajado que siguió tocando y controlando las acciones. En 52' Sterling y Moreno conectaron muy bien pero su jugada terminó en manos de Casillas. El Madrid presionaba aun más alto que lo habitual - es decir, más que en 3/4 de cancha- con Varane y Pepe decididamente plantados en la mitad. Los laterales ya prácticamente eran delanteros a esta altura de las cosas y esto se tradujo en un fuerte disparo de Ronaldo en 62' que se topó con una gran respuesta de Mignolet. Dos minutos más tarde, el arquero local repitió contra CR7 pero esta vez en un mano a mano. 

Lo mejor que mostró el Liverpool fue un doble remate primero de Allen y luego de Lallana ante un Casillas que se erigió como una de las figuras del partido. Ni de media ni de corta distancia pudieron vulnerar al arquero que empieza a dar vuelta un mal año. A los 73' James tuvo la posibilidad de anotarse en el marcador pero su remate desde lejos se fue por muy poco. Khedira ingresó por Ronaldo un poco antes para que el portugués descanse de cara al clásico con el Barcelona. Se terminaba un brillante partido del Real Madrid en el que tras un comienzo parejo había tomado la pelota y con paciencia y verticalidad destruido a un Liverpool que mostró sus armas durante el primero cuarto de hora y que pudo sentir en carne propia que ni con dos o tres armadas con poder de fuego es posible vencer a quien hace una temporada detenta en soledad el título del mejor del mundo. 





El equipo de Ancelotti sigue con su magistral camino hacia la defensa del título en la Champions League y ya pudo establecerse nuevamente en La Liga dentro del Top 4. El choque con su eterno rival servirá en caso de ganar para quedar cerca de la punta y poder administrar con más tranquilidad su andar. A comienzo de temporada tras el 2-0 al Sevilla por la Supercopa de España, dijimos que el techo iniciaba muy alto y que no le quedaba más que seguir mejorando al Madrid. Hoy ya podemos decir que esa vara fue destruida y se estableció otra mucho más alta todavía. Con cuarteto de mediocampistas afinados y en sintonía, con una defensa que se empieza a hacer invencible, con un Benzema magistral y efectivo y un Ronaldo prendido fuego que es el alma del equipo, mostrando porque es el mejor de todos hace más de 3 años, la Casa Blanca manda un mensaje muy claro. Fútbol total para nosotros, los mortales, que tenemos el privilegio de ser contemporáneos de este gran Real Madrid.










miércoles, 22 de octubre de 2014

Manchester City 4 - Tottenham Hotspur 1: El fútbol en su esencia más pura; El mejor torneo del mundo


Una de las competiciones que más me apasiona y atrae es la Premier League de Inglaterra. Salvo en la Bundesliga de Alemania- donde se desarrolla un estilo de juego similar más allá de sus particularidades locales-, no hay otro torneo local en el que se vea un fútbol jugado de manera tan intensa y precisa por parte de casi todos los equipos. Muchos lo llaman el ADN de cada país y al decir esto no se encuentran tan errados. Históricamente el fútbol inglés ha sido rápido y furioso, un concierto de ataques que se suceden uno tras otro. Es cierto que a veces varios de sus equipos no hacen más que correr hacia adelante con las orejeras puestas, pero eso es exactamente lo que - como en cualquier otra liga- marca la diferencia entre los que siempre pelean arriba y los que como máximo aspiran a llegar a terminar en mitad de tabla. Y esto no significa que no haya estilos muy diferentes aún en equipos que poseen la misma base, pues las características de los entrenadores y jugadores nunca son iguales en todas las escuadras.

Quien les escribe es un gran fanático y admirador del fútbol que despliega el Manchester City. Por sobre sus fenomenales individualidades, posee una idea que - en términos criollos- "paga la entrada". Y con creces, pues su éxito no se explica solamente en los muy buenos jugadores que conforman su plantilla. Trataré de ser más claro: cuando llegó el actual dueño del club con sus petrodólares, fueron varios los años en los que los millones y millones gastados en refuerzos como Jo, Robinho - y demás estrellas que resultaron un fiasco- no rindieron sus frutos. Entre el italiano Roberto Mancini y el chileno - y actual DT- Manuel Pellegrini han conseguido que el City nunca baje de los primeros tres puestos en el ámbito local. Si bien la Champions League es por el momento esquiva para los de Manchester los títulos obtenidos en las recientes temporadas y el que hoy por hoy su sombra cubra por completo a su eterno rival, hablan del fenomenal progreso institucional y futbolístico que se vivió en estos años. Con el correr de las temporadas, la conducción de los Citizens aprendió de sus errores e invirtió en jugadores de primer nivel como David Silva, Sergio Agüero, Yaya Touré, Joe Hart, Vincent Kompany, Jesús Navas, Edin Dzeko, Fernandinho, etc. que hace tiempo son la sólida base del equipo.

En una nueva fecha de la EPL, los dirigidos por Manuel Pellegrini oficiaban de anfitriones ante el atrevido pero irregular Tottenham Hotspur. Dirigido por el argentino Mauricio Pochettino, los Spurs tienen el sello de su entrenador: cobertura de espacios, contragolpe supersónico y buen trato al balón. Se podría decir que los estilos de ambos equipos son muy similares, con la diferencia de que uno se hace fuerte en el juego de posesión de la pelota, con mucha paciencia y circulación en velocidad - siempre mirando el arco de enfrente- y el otro en cederle el esférico al rival en varios momentos del partido para presionar con sus volantes y llegar al gol. Como pueden ver, es muy poco lo que los separa pues ambos llevan el estilo inglés en la sangre y vaya que saben como exhibirlo. Yo pensaba que iba a ver un interesante juego, pero nunca me imagine que vería uno de los mejores partidos de mi vida.

Pochettino alineó un 4-2-3-1 hecho para tapar por completo el campo desde la mitad hacia adelante con medios y delanteros habilidosos y veloces: Lloris; Dier, Kaboul, Fazio, Rose; Capoue, Mason; Lamela, Eriksen, Chadli; Soldado. En realidad, el esquema era un claro 4-2-4 con la vocación ofensiva que semejante táctica trae consigo ya desde su planteo. Pellegrini dispuso su tradicional dibujo, un 4-4-1-1 que de inmediato se convierte en un 4-3-3 o un 4-2-4 según quien sea el rival o que momento particular de un partido se esté transitando: Hart; Sagna, Kompany, Demichelis, Clichy; Lampard, Fernando, Navas, Milner; Silva; Soldado.


En los primeros minutos, se vio a dos equipos que ejercían una presión muy alta. La pelota ya era del City desde el comienzo y Lampard ejecutó el primer pase a espaldas de los centrales buscando a Agüero. Con mucho esfuerzo pudieron frenar al delantero argentino para que Lloris se quede con la pelota. La respuesta fue instantánea: Lamela tomó la lanza y dejó atrás a varios marcadores, pero no tuvo la suerte necesaria para poder superar la línea de fondo del rival. Estaba claro que se enfrentaban una vez más los defensores de la posesión total contra los de la cobertura de espacios, un duelo que marca entre que antagonismos se debate el fútbol de nuestros días.

Los Citizens dominaban las acciones y el tándem Navas-Sagna estaba muy cómodo por la derecha, que se mostraba como la mayor grieta de los Spurs. Llegaban al fondo con ese tranco largo que los caracteriza e inquietaban a Dier. El Kun estaba muy movedizo y forzaba a Fazio y a Kaboul a estar muy atentos para evitar que quede mano a mano con Lloris. Tras otro buen desmarque del atacante, Fazio debió esforzarse al máximo para cortar la jugada. En los siguientes minutos el partido entró en un frenetismo que duraría el resto del encuentro.


Chadli abrió un buen surco y cedió para Mason que remató demasiado mordido como para preocupar a Hart. Pero el Tottenham se había hecho de la pelota, que dejó de ser monopolio del City y por ello el encuentro se emparejó notoriamente. Para corregir esto, Lampard se tiró hacia atrás como un clásico número 5 (hasta Fernando estaba un paso más adelante suyo), bien pegado a los centrales para no dejar huecos. Al mismo tiempo se hizo amo y señor del mediocampo local, distribuyendo el balón con todo su talento y oficio.

La primera situación de peligro la tuvo la visita, con un 1-2 fenomenal entre Lamela y Soldado. El español tocó magistralmente para Mason que fusiló a Hart solo para fomentar una respuesta fenomenal del actual arquero titular de la Selección de Inglaterra. A los pocos segundos, Eriksson tuvo una posibilidad aun más clara pero su remate se fue por encima del travesaño. Esta ráfaga tuvo su respuesta en un gran contragolpe del City, armado entre Silva y Agüero y que culminó con el argentino adelantado por apenas milímetros. Un hermoso partido donde se intercambiaban un golpe tras otro, es decir lo mejor que el fútbol le puede dar a todo aquel que se llame fanático.


En 11' Navas trepó muy bien - como de costumbre- por la derecha y su centro fue controlado con dificultad por el portero. El negocio seguía siendo ese sector y tener un wing clásico como Navas significa que todo lo que se intente por allí va a ser ganancia. Dos minutos más tarde, la explosión del Eitihad Arena: Sagna roba muy bien una pelota en 3/4 de cancha, toque a Lampard en la puerta del área, Agüero se desmarca como indica el manual y recibe el pase filtrado. Control y regate en un solo movimiento para poner la pelota en la ratonera, allí donde Lloris jamás podía llegar. 1-0 para el Manchester City cuando el partido estaba para cualquiera de los dos.

Al minuto, Fernando perdió una pelota muy fácilmente y dejó espacio suficiente para que Soldado avance hasta el área casi sin resistencia. Cesión a la izquierda para Eriksson que entró como una locomotora y puso el 1-1 con un disparo potente y esquinado. Demás está decirlo, pero si la calificación "PARTIDAZO" ya le cabía a este encuentro en los minutos iniciales ni que hablar en este tramo. Fernando tuvo al instante su chance para redimirse pero su cabezazo en soledad en cerca del área chica no tuvo puntería. A los 18' el local fue premiado con un penal fabricado enteramente por Frank Lampard. El árbitro cometió un grosero error tras una pared entre él y Milner y vio un foul al ex Chelsea que no existió. Agüero tomó la pelota con seguridad y ejecutó sin fisuras a la izquierda para poner a su equipo arriba por la mínima. Un 2-1 que no era inmerecido pero que se manchaba por el horror arbitral.


La ventaja tranquilizó al City que aumentó la posesión mientras veía como el mediocampo del Tottenham se desorganizaba en pos de ir a por el empate. Practicamente que los 3 enlaces falsos que Pochettino había colocado pasaron a ser delanteros puros conformándose claramente un 4-2-4. Fernando y Navas conectaron bien, centro atrás y el Kun encontró bien parado a Lloris con su remate seco pero demasiado centrado. La derecha seguía siendo una autopista sin ningún auto ni otro tipo de obstáculo y Fernando ya se había recuperado de su error y le había devuelto el dominio del juego a los de Pellegrini. Los Spurs seguían recuperando y saliendo de contra, pero Soldado, Lamela y Chadli no estaban tan puzantes como hasta el segundo gol en contra. Lampard salió lesionado bajo una estruendosa ovación y en su lugar entró Fernandinho para armar un doble cinco clásico con Fernando - y pararse un par de pasos más adelante en la cancha-.

Si bien el ritmo era intenso y sin tregua, en el City se empezó a ver más pausa a la hora de hacer circular la pelota. No es novedoso que manejen el ritmo del partido a su antojo, pero no deja de ser admirable que aun utilizando un juego que posee paciencia y precisión para armar cada jugada tampoco dejen de tener máxima velocidad cada vez que atacan. Y a los 31' llegó otro penal para los de Manchester, esta vez bien cobrado Agüero fue por su hat-trick pero dudó antes de patear y terminó lanzando muy al medio el tiro. Lloris volvió sobre su acción y contuvo con los pies; el rebote lo capturó el Kun y su tijera no entró vaya uno a saber por qué. El Tottenham seguía vivo, había podido levantarse antes de que la cuenta terminase.

Lo particular fue que nada cambió demasiado en esos minutos posteriores, porque Fernando encontró con un largo pelotazo al Kun que dejó en ridículo a los centrales, le sacó la cintura a otro marcador con un enganche característico suyo y definió como los dioses. Solo un gran arquero como Lloris puede sostener su arco con tan pocos goles en contra ante un equipo que lo está bombardeando: su tapada fue magnífica y se festejó como un gol. Párrafo aparte para Milner que es uno de los jugadores más incansables y polifuncionales que hay en el mundo. Recorre sin parar todo el medio y el ataque, de punta a punta mostrandose como opción de descarga y haciendo estragos por los costados y el centro.


A los 39' el visitante se acercó tibiamente con un disparo de Eriksson que Hart envió al corner con sobriedad. A partir de aquí, volvieron a lo que habían mostrado en los primeros 20': Soldado le bajó muy bien un pelotazo frontal a Eriksson que desairó a Kompany y a Clichy y cedió para Lamela que fue comido por Demichelis por no rematar con la zurda. Mason recibió el despeje y forzó a Hart a realizar su segunda gran tapada de la tarde. La defensa de los Spurs volvió a recuperar la pelota con frecuencia y la transición medio-ataque se aceitó nuevamente. Había intención y mucha velocidad, pero faltaba claridad a la hora de dar el último pase. Cerrando el primer tiempo, el Kun inició un contraataque brillante en el que arrastró rivales y dejó solo a Navas. Lloris con muchas dudas, pero con tino, terminó salvando a los suyos una vez más. Milner y Navas tuvieron dos chances más, pero sus disparos no llevaron la precisión suficiente como para definir el partido.

Las primeras acciones del segundo tiempo fueron la prueba de que Agüero no estaba para nada conforme con haber metido solamente dos goles y haber tenido otras 4 situaciones concretas todas tapadas por el arquero. Fazio y Kaboul sufrían horrores con su pique corto que los hacía retroceder al borde de cometerle falta. Navas y Sagna activaron por la derecha de nuevo y el Kun conectó incómodo para suerte de Lloris. Muy poco del Tottenham en estos primeros minutos, que mostraban la mejor versión del Manchester City que controlaba el mediocampo y rompía por los costados con las duplas Milner-Clichy y Navas-Sagna. Agüero estaba intratable, forzando el error con su mera presencia y Silva jugando como mejor le queda, en ese intermedio entre enganche y falso 9.


A los 56' Chadli tuvo una posibilidad importante pero su volea se fue muy lejos. Los Spurs volvieron al partido con una buena corrida que derivó en un centro que Lamela no pudo cabecear. Mucha más presión sobre la salida del rival y con los 4 de arriba mucho más incisivos. Pero esto no hacía que el City frenase la marcha y al instante Lloris tuvo que ponerse el traje de bombero para sacarle un buen remate de corta distancia a Navas. Fernandinho tocó entrelíneas para Silva que con una diagonal brillante quedó libre y centró para el Kun que no llegó a empujarla. Cuando todo parecía irreversible, Demichelis padeció una muy buena jugada individual de Soldado y le cometió un penal muy tonto. El español no tuvo convicción e hizo todo demasiado anunciado. Hart fue sobre su derecha y le arrancó de las manos la posibilidad de poner tablas al encuentro, algo que lo hubiese sin dudas cambiado en favor del visitante.

El City siguió moviendo el balón de lado a lado, con una fluidez de manual y con rotaciones constantes para además de tener la pelota le permitieron ocupar todo el terreno de juego. Chadli trató de revivir a su equipo con un gran centro para Soldado, que remató muy bien para solo comprobar en directo las razones por las que Hart es el mejor arquero de su país. Los celestes respondieron con un hermoso toqueteo entre Milner, Silva y Navas que terminó en un remate del primero bien contestado por Lloris. Ya entrando en la última media hora del partido, Navas aprovechó un error de cálculo de su marcador tras un pelotazo inofensivo y llegó al fondo, esperó a Agüero y cuando el argentino estaba por rematar, Fazio le cometió un claro penal. La expulsión del zaguero de los Spurs fue exagerada sin dudas y el Kun pudo cobrarse revancha y poner el 3-1 con otro gran disparo. El golpe anímico fue total esta vez y el ingreso de Jovetic por Silva definió el 4-4-2 con el que Pellegrini cerraba en partido.


Tras varios minutos de tranquilidad, Agüero terminó de firmar su muy buena temporada picando al vacío tras un pase maravilloso entrecortado. Elude al recién ingresado Verthogen y deja a Lloris parado por cuarta vez con otro tiro inalcanzable. Un 4-1 inexpugnable que podía parecer exagerado, pero que bien podría haber sido mucho más amplio pues el arquero visitante se quedó con infinidad de posibilidades creadas por los Citizens. La intensidad no disminuyó y la pelota fue de lado a lado hasta el final, casi como en un partido de tenis. El ingreso de Yaya Touré en mucho mejor forma que hace unas semanas y con mucha participación tanto en el quite como en la generación de juego, fueron tal vez la mejor noticia para el equipo vencedor. A los 87' Milner rompió por el medio y reventó el palo derecho de Lloris, en lo que hubiese sido un premio merecido pues en este equipo es el primer trabajador. Con Touré, Navas y Milner, el local no dejó de apretar hasta el minuto final y se fue envuelto en un aplauso interminable. Se terminaba un excelente partido que si bien tuvo varios errores defensivos en ambos equipos, fue uno de los más entretenidos que se hayan visto en mucho tiempo. Los dos - con sus estilos tan similares como diferentes- intercambiando golpes sin parar, dejando de lado el resultado y entregándose a lo imprevisto sin miedo alguno. El Tottenham se encuentra en medio de un bajón tras un gran comienzo, pero muy posiblemente pueda superarlo pues posee un entrenador audaz y capaz y un plantel que está lleno de estrellas y ha entendido su idea de juego. El Manchester City ha regresado a su mejor forma - las irregularidades en Europa son parte de su ADN, no asustarse con esto- y se perfila como el único perseguidor del Chelsea de aquí hasta el final de la temporada. Será sin dudas otra Premier muy larga y en extremo entretenida. Otro año más para disfrutar del mejor torneo del mundo.



       

lunes, 20 de octubre de 2014

Rosario Central 2- Newell's 0: Una racha positiva interminable; Madurez y actitud para jugar un clásico


Desde su regreso a Primera División, Rosario Central disfruta de una saludable racha contra su eterno rival. El equipo dirigido por Miguel Ángel Russo no es ni el más eficaz ni el más vistoso del fútbol argentino, pero al menos siempre intenta jugar con la pelota al pie. La idea la tiene bien clara, pero muchas veces peca de ingenuo - como contra River en las primeras fechas, donde fue al golpe por golpe- o de ineficaz - en el baile que le pegó a San Lorenzo y que solo terminó 1 a 1- por lo que su puesto en la mitad de la tabla está más que justificado. Newell's Old Boys en cambio no logra despegarse de la sombra de aquella versión del Tata Martino que jugaba y atacaba en iguales cantidades. Hoy solamente conserva el esquema, un 4-3-3 bien marcado, pero lo único que hace es correr hacia adelante con la cabeza gacha. Apenas si abre el balón para los costados y en los momentos de desesperación - que no han faltado en estos últimos tiempos- apela al pelotazo frontal y/o al centro sin destino ni precisión al corazón del área. Su entrenador, Gustavo Raggio no ha logrado que la posesión de la pelota se traduzca en presión alta y transiciones veloces y punzantes con lo que su equipo vive en una eterna irregularidad de la que solo es rescatada por algún rapto individual de los buenos jugadores que tiene. La realidad de ambos de cara al clásico de Rosario no era la mejor, aunque la Academia jugaba en su estadio y llegaba un poco mejor en lo futbolístico y en los resultados. Con el equipo consolidado, con el impulso de estar en las Semifinales de la Copa Argentina y casi sin bajas, tenía la ventaja contra un rival que había comenzado peleando el campeonato pero que hace varias fechas ya estaba afuera de todo.

Rosario Central salió a la cancha con su clásico 4-4-2, con un doble cinco y dos volantes externos que en cada ataque son dos delanteros más y con dos referencias de ataque claras: Caranta; Ferrari, Donatti, Berra, Delgado; Encina, Neri Domínguez, Musto, Becker; Niell y Abreu. Enfrente Newell's plantó su tradicional 4-3-3 con el regreso de Ignacio Scocco que había sido guardado especialmente para este partido tras una larga recuperación de una lesión muscular. Como siempre la idea era presionar arriba pero con la pelota al pie desde el saque del arco y liberar a los laterales para que se sumen al ataque: Ustari; Díaz, Fernández, Víctor López, Casco; Orzan, Villalba, Bernardi; Tevez, Scocco y Maxi Rodríguez.


El partido comenzó con mucha intensidad. En el primer minuto, una buena subida de Becker terminó en una dura falta en el borde del área. La sociedad con Niell empezaba a mostrar resultados ya desde el vestuario casi, en un preciso 1-2 que mareó a los defensores de Newell's y provocó la amonestación de uno de sus centrales. Tras ese inicio frenético, llegó la sucesión de pelotazos frontales para ganar las espaldas de la última línea. El partido se planteó de esta manera: Central esperó en la mitad de la cancha sin presionar a Newell's cerca de su área. Los de Raggio así podían salir jugando por lo bajo pero al estar tan atrás perdían aceleración cuando conseguían llegar hasta el mediocampo. El entrenador está empecinado en mantener este sistema que ya ha probado ser lento y previsible, todos los rivales lo conocen de memoria y es por ello que no le da buenos resultados. Con Martino fue algo novedoso, pero de la mano del actual DT es solamente un plagio berreta que sirve para suplir la falta de ideas.

La presión de los locales convirtió la mitad de la cancha en campo minado para los jugadores de Newell's, que perdían la pelota demasiado rápido. Cuando esto sucedía, Becker y Niell salían como flechas por los costados dispuestos a hacer la diagonal o a habilitar a Abreu que esperaba como único punta dentro del área. Un esquema táctico simple pero eficaz debido a la apatía de un rival que no parecía estar a la altura del partido. Claro que la pelota corría por los pies de Bernardi y Orzan, pero al no poder dar dos pases seguidos todo terminaba en un mal centro despejado por ala defensa local. Una vez más Newell's estaba pasado de revoluciones ante su preocupante incapacidad para armar juego y generar peligro. El joven Tevez trataba de molestar un poco como falso 9, pero Scocco y Maxi Rodríguez brillaban por su ausencia. Y es una locura pedirle a un chico que ni tiene 19 años que se cargue a su equipo al hombro (y menos que menos en su primer clásico).


Una falta a Abreu que estuvo muy cerca de ser penal termina en un tiro libre ejecutado por Donatti. El disparo da en la barrera y Delgado toma el rebote con potencia pero su tiro rasante se va apenas ancho. Central avisaba y además sin tener la pelota era amo y señor del partido. Muy veloz por los costados y peligroso en cada contragolpe. Enfrente abundaban la lentitud y la falta de energía, todo se hacía a paso cansino. A los 24' se cumplió la lógica: centro perfecto de Ferrari y el chiquito Niell superó con mucho oficio a Fernandez para cabecear al gol. Un 1-0 merecido y también la última acción del autor del gol que ya venía arrastrando molestias desde los primeros minutos. En su lugar ingresó Valencia que con su velocidad y picardía enloquecería a medio mundo.

Newell's sintió un poco el impacto y se lanzó al ataque en una ráfaga de 4'. Scocco limpió a puro talento a 3 marcadores y entró al área por la derecha. Su disparo cruzado dejó sin respuestas a Caranta pero se estrelló contra el palo. Una jugada más tarde, Díaz pescó un rebote de un corner y el empate no llegó solo porque esta no era la tarde de su equipo. En apuros había sido mucho más concreto que cuando todo estaba igualado, pero el envalentonamiento no duró demasiado tiempo. Los de Russo se atuvieron a su libreto y así fue como llegó el segundo gol: Neri Domínguez aprovechó una pésima salida de Ustari y lo fusiló de media distancia para cerrar el trámite. Un 2-0 basado en madurez, inteligencia y actitud. La caída de Newell's se decretó tras este segundo mazazo y si sus jugadores venían dejando una imagen tibia, lo que siguió fue el hielo absoluto.

Valencia desequilibró muy bien por la derecha pero más allá de su gran movimiento técnico no cedió con velocidad para Abreu que entraba solo por el medio. Un gol más era lo que el local necesitaba para tranquilizarse definitivamente, pues nunca hay que dar por muerto al eterno rival y menos con las individualidades - aunque en bajo nivel hasta allí- que posee. Ahora Rosario Central tenía la pelota y con el tándem Musto-Domínguez presionaba ya cerca de la salida de Ustari. Raggio mandó a sus jugadores para adelante, pero terminó en lo de siempre: un equipo sin ideas lleno de intérpretes que en vez de jugar a la pelota corren para adelante y chocan con sus propias carencias colectivas. Se cerraba el telón del primer tiempo de un partido que daba la sensación de estar terminado.


En el inicio de la segunda mitad, Scocco se armó dos posibilidades que terminaron en remates débiles que ni inquietaron a Caranta. Central estaba más desordenado pero lo de Newell's era tan malo que no lograba aprovechar algunos huecos que aparecían en el mediocampo. Los tres delanteros no tenían peso y la pelota ya no era completamente suya. En DT mandó a la cancha a Figueroa por Díaz y a Fydrizsewski por Tevez para ganar un poco de juego aéreo. El esquema quedaba en una especie de 3-4-3 pensado para bombardear de centros los dominios de Caranta. Pero el que en 6' tuvo otra vez la posibilidad de meter un gol fue Central, con Valencia que no pudo terminar bien un prometedor ataque. Unos minutos después el ecuatoriano volvió a desviar un remate y el partido se hizo de ida y vuelta. Uno tranquilo y saliendo de contra y el otro yendo sin pensar y dejando todos los espacios para que la goleada sea histórica. 

Russo sacó a un lesionado Abreu y puso a Barrientos, con lo que el esquema pasó a ser un 4-5-1 demasiado conservador teniendo en cuenta que su equipo dominaba a placer y que iban apenas 15'. Al poco tiempo Becker filtró un exquisito pase para el recién ingresado que le pegó tan mal que envió la pelota al lateral. Era el tercero, pero terminó siendo una salida para Newell's que seguía en primera marcha, sin reacción alguna y apenas con un Scocco tibio y fuera de forma que al menos algo trataba de hacer. Como si esto fuese poco, llegó el blooper del papelito o machete: Raggio mandó a uno de los suplentes a darle un papel a Ustari en vez de darle una indicación a cualquiera de sus demás jugadores. La confusión del arquero fue tal que ante un mal pase de López (presionado por Valencia) despejó el balón que impactó en el delantero de Central. Por suerte para él se fue bien alto, porque de haber entrada hubiese sido la frutilla del postre.


Aguirre ingresó por la Joya Becker de enorme partido y así el entrenador flexibilizó un poco el rígido esquema que había dejado con la salida de Abreu. Scocco tuvo una chance más pero en el mano a mano fue cubierto muy bien por Caranta. Su pedido de penal fue exagerado - no había sido falta- y un gesto inapropiado al línea determinó su expulsión. Su vuelta al club de sus amores hasta el momento es la pesadilla que nunca se había imaginado. Sus compañeros entraron en un ataque de desesperación y comenzaron a castigar con patadas muy violentas todo jugador rival que pasase cerca. En 83' Leandro Figueroa entró por Villalba para recorrer la banda y tratar de lanzarle centros a...nadie. Porque el delantero de referencia ya no estaba más, algo de lo que Raggio debería haberse percatado pues le pagan por ello.


Ya sobre el cierre del partido, entre Neri, Valencia y Encina armaron un ataque directo de manual. Tres toques para que Valencia deje en ridículo a su marcador y ceda para el Sapito que desvió el remate porque venía casi cayéndose. Impecable jugada de unos jugadores que estaban muy sueltos y tranquilos. Otro blooper de Ustari y López dejó a Valencia solo contra el arquero pero en vez de controlar y definir, cabeceó muy apurado y salvó al ex arquero de Boca. Leandro Figueroa coronó unos 7' infernales con una patada desde atrás que lo dejó fuera del partido. 

Las tribunas del Gigante de Arroyito deliraban y tras el pitazo final los jugadores se sumaron a la fiesta. Rosario Central demostró que sabe y que tiene con que jugar un clásico. Buen juego, inteligencia, oficio y mucho corazón para demoler a un Newell's que hace tiempo se arrastra por todas las canchas y que necesita de una vez por todas entender que ya no es más aquel buen campeón de Martino. Que hoy es un equipo del montón y que si no cambia a tiempo tendrá problemas en el corto plazo. Hay una cosa que sí es clara en este momento para ellos: sin juego, sin ideas y sin actitud, es imposible mejorar.







lunes, 13 de octubre de 2014

España 4 - Luxemburgo 0: El camino de la reconstrucción


Yo me cuento dentro de los que disfrutamos mucho desde 2008 hasta la Copa Mundial Brasil 2014 del excelente juego de España. Si bien no era el más eficaz estadísticamente en cuanto a goles convertidos (fue uno de los campeones del mundo con promedio de gol más bajo de toda la historia) era innegable que la cima del mundo tenía dueño. Su fútbol desde aquella Eurocopa 2008 se basó en varios pilares: paciencia en la elaboración, todo el juego por abajo - a un toque en mayoría de casos-, presión bien alta de parte de los centrales, un trío en el medio que cortaba y distribuía a placer, el avance progresivo y en bloque por el centro del campo, rotaciones posicionales permanentes, poco uso de las bandas y gran inteligencia para sacarle jugo a las situaciones concretas que creaba. Con el correr de los años, los demás equipos aprendieron a jugarle a la Roja. Le taparon el medio y aprovecharon que Xavi no era el mismo que hace unos años, con lo que el juego de los de Del Bosque terminó siendo de posesión total pero inocua como bien se pudo ver en los dos primeros partidos de la cita mundialista. Un equipo que abría el balón pero no presionaba arriba y que cada vez que atacaba se hacía tan largo que dejaba un sinfín de espacios que fueron muy bien aprovechados por dos rivales como Holanda y Chile, hechos para esperar y salir de contragolpe. Pero por sobre esta cuestión táctica, lo que se vio fue a un equipo sin alma, muy cansado y sin hambre de gloria. Ganar todo es hermoso, pero también es nocivo cuando se sostiene a la misma base por demasiado tiempo. Si no, miren lo que pasó con el Barcelona tras la salida de Pep Guardiola.

Esta caída no es inusual - ni mucho menos una tragedia- y le sucedió a todo equipo que alguna vez tuvo el privilegio de tocar el cielo con las manos. Alemania apareció siempre en estos cinco años como un candidato al trono con un estilo similar pero con el clásico vértigo y juego físico característicos de su rica historia incorporados. No fueron pocos quienes tras el traspaso de la corona este año sostuvieron que el seleccionado de Löw es la mejor España pero con 20 centímetros más de largo en ataque, visión que no es en absoluto desacertada. Tras una Copa del Mundo decepcionante donde no pasaron la primera ronda, fue una decisión muy correcta el mantener en su puesto a Vicente Del Bosque. La transición estaba en pleno proceso y el experimentado entrenador no podía dejar fuera de la copa a todos los jugadores que le habían dado a España sus mejores 5 años futbolísticamente hablando. Contra Australia en el cierre del grupo, se vio un esbozo de lo que sería el nuevo ciclo: todo alrededor de Iniesta y con mucha juventud en la defensa y el ataque. Esa despedida fue un 3-0 lleno de buen juego y contundencia que por la soltura nos dejó pensando "que hubiera pasado si contra Holanda cuando iban 1-0 arriba, Silva hubiese podido meter ese mano a mano...".

Esta clasificación para la Eurocopa 2016 iba a servir como el momento ideal para una suave transición generacional. Ya sin Xavi Hernandez ni Xabi Alonso (dos piezas clave del reinado), ambos retirados del seleccionado, y con Casillas muy cuestionado por su bajo nivel en su club durante la pasada temporada - que se hizo extensivo al Mundial- todo sería cuestión de tiempo. El problema fue que tras un comienzo con el pie derecho llegó una muy dura derrota contra Eslovaquia, un rival inferior que aprovechó dos groseros errores del portero del Real Madrid para llevarse un sorpresivo 2-1 que lo puso en la cima del grupo. En tan solo dos partidos, el plan cambiaba por completo: el nuevo esquema y la rotación del arquero deberían acelerarse para asegurar la continuidad del proyecto y no ser consumidos por los malos resultados. Así llegaba el choque contra el débil Luxemburgo, urgido por obtener una victoria clara con buen juego para acallar las críticas que caían de todos los flancos.

Luxemburgo, el anfitrión, formó con: Joubert; Chanot, Janisch, Jans, Philipps; Gerson, Martins, Mutsch, Holter, Da Mota; Bensi. Un 4-5-1 listo para ir a la guerra, para resistir el lógico bombardeo de parte de una potencia como España. Con un mediocampo joven y veloz, pero diseñado para tapar la subida de los laterales y los extremos antes que para intentar lastimar al último campeón de la Eurocopa. España salió a la cancha con un 4-3-1-2 - que de entrada se convirtió en un claro 4-3-3-  dinámico y explosivo por los costados y con la novedad de que David De Gea - en una rotación previamente anunciada-, el muy buen portero del Manchester United ocuparía el arco: De Gea; Carvajal, Piqué, Bartra, Jordi Alba; Busquets, Koke, Iniesta; Silva; Alcácer y Diego Costa.


El mensaje fue claro desde el primer segundo del partido. España saldría a liquidar el pleito bien rápido, presionando arriba como en sus mejores años. En 3' Silva lanzó un gran pase para Costa que controló muy bien pero fue tapado por el arquero. La posesión era toda de España y ese porcentaje se mantendría durante todo el encuentro. Luxemburgo esperaba hasta con su delantero punta cerca de su área y sufría ante un rival que con dos o tres toques veloces llegaba hasta 3/4 de cancha con facilidad. El recurso que se hizo patente fue el pase cruzado o entrelineas buscando la diagonal de los dos delanteros. Silva recorría la banda o se colocaba como enganche según lo mandase cada ataque. Iniesta, Koke y Busquets controlaban el mediocampo pero no podían imprimirle a su equipo la aceleración necesaria para abrir el marcador. El problema estaba en el muro de contención que el local había colocado para resguardar su meta.

En 8' Carvajal rompió la última línea y llegó al fondo. Su centro no encontró a un activo Costa por muy pocos centímetros. Tres minutos después, Koke metió de nuevo en el área un rebote tras un tiro de esquina despejado y encontró a Costa. El delantero del Chelsea cabeceó perfecto pero se encontró de nuevo con un muy sólido Joubert. Todo de España, que ya merecía el primer gol merced de un dominio total con mayor profundidad a medida que pasaban los minutos. A los 15' Iniesta demostró todo su talento dejando rivales atrás, descargando para Alcacer que pivoteó a la perfección y dejó al del Barcelona en posición de remate. Se fue demasiado alto pero los ataques eran constantes y cada vez más peligrosos. Un disparo de Costa con destino de gol se desvió en un defensor y por eso aterrizó en las manos del arquero luxemburgués. La primera aproximación de los locales llegó a los 16' con un pésimo pase filtrado que De Gea acompañó hasta que se fue de la cancha. 

De inmediato, Costa desbordó tras una habilitación de Silva y centró para Alcacer que no llegó a empujarla por muy poco. Una muy buena jugada, una más, en este corto pero avasallante tramo del partido. Ya pasando los 20', Piqué lanzó un pelotazo frontal brillante que Costa bajó con categoría, para luego hacer el 1-2 con Alcacer y elevar el remate. El primer gol con la Roja estaba cerca para el jugador del Chelsea, pero el nerviosismo lo perjudicaba aún en un muy buen partido personal. Del Bosque no estaba conforme, pues su equipo había logrado romper la pared sin mayores problemas pero no podía vencer a Joubert para encontrar la tranquilidad necesaria. Joubert seguía frustrando a Costa, pues en 24' le desvió un muy buen remate esquinado desde el borde del área. Pero un esquema tan conservador y amarrete como el de Luxemburgo nunca dura demasiado tiempo si enfrente hay un equipo que busca jugar bien: Silva tomó un rebote tras otro pelotazo y se despachó con un maravilloso zurdazo al ángulo que el buen arquero no pudo siquiera rozar. Un 1-0 lógico y que por el desarrollo del partido quedaba corto.


El lanzamiento frontal para que los dos nueves aguantasen y abriesen para el mediocampista que ingresaba por el costado funcionaba deliciosamente ante una formación que solo buscaba no recibir una goleada histórica. Tras otro fallido remate de Costa, llegó el primer contragolpe de Luxemburgo. Bensi manejó con muy bien los hilos y terminó rematando débil tras haberse sacado de encima a los dos centrales. De Gea dijo presente y se abrazó al balón con amor y tranquilidad. Y en 31' llegó el gran momento: un más que fenomenal pase a espaldas de los centrales dejó a Costa solo ante un vencido Joubert. La definición fue de las peores de su excelente y corta carrera. Si no se fue al lateral fue por obra de un milagro, lo que demuestra que lo psicológico es clave para hasta el mejor de los profesionales.


En 34' Silva envió el enésimo pelotazo, Costa peinó muy bien y Alcacer entró como una tromba para errar su tiro. Muy cerca del palo izquierdo y todos en el banco visitante se agarraban la cabeza pues la superioridad no se reflejaba en el resultado. El partido se había hecho de ida y vuelta con un Luxemburgo que se animaba a soltar a sus volantes. Se había adelantado unos pasos en la cancha y llegaba seguido por los costados, aunque los centros eran controlados por los defensores. Así fue como De Gea tuvo que utilizar al máximo sus reflejos para salvar su valla tras un centro que casi se le cuela por la espalda. Una respuesta impecable en el peor momento de España. Y cuando el murmullo que llegaba desde su país zumbaba en los oídos de todo el equipo, Alcacer recibió un gran centro de Silva y definió dentro del área para poner el 2-0. Inatajable disparo del delantero del Valencia que desataba la locura del relator español, que gritaba como si hubiesen ganado el Mundial. Se iba un primer tiempo satisfactorio pero que había tenido un punto negativo: esos minutos de paridad tras el primer gol que se extendieron hasta el final de los primeros 45', una brecha inaceptable en una selección de semejante nivel.

El segundo tiempo comenzó muy tranquilo para España. Busquets en cada ataque suele convertirse en un central más, con lo que suelta a Carvajal y a Jordi Alba que pasan a ser prácticamente dos delanteros. Costa volvió a ceder para Alcacer que no logró definir, confirmando que había hecho todo bien menos la parte de inflar la red. Iniesta rompió la monotonía inicial y dejó atrás a varios rivales por el centro para rematar apenas desviado. A los 52' Luxemburgo tuvo una ráfaga que culminó con uno de sus delanteros anticipando un buen córner en el primer palo, pero sin la suerte necesaria para descontar. España estaba quieta, con la pelota pero sin aceleración. Buscaba con algunos pelotazos pero eran esporádicos y nos recordaban a la versión anémica mostrada en Brasil. Con transiciones demasiado lentas entre medio y ataque e Iniesta y Busquets demasiado retrasados (ergo, a Silva la pelota no le llegaba), los rojos dejaban que el débil rival se animase a torearlo.    


No había presión alta y en retroceso el equipo se hacía demasiado largo. Pero todo esto se vio tapado por el gol de Diego Costa. A los 68' controló un rebote tras una jugada preparada que no funcionó y perforó la red ante la desesperación de sus marcadores. El maleficio se rompía de una vez por todas y en su séptimo partido con la camiseta española, el delantero nacido en Brasil lograba convertir. Además estaba haciendo un muy buen partido, por lo que el premio era más que merecido. Un 3-0 que dejaba el resultado un poco más cerca de la realidad, aunque no por ello el juego se terminó allí.

Del Bosque movió el banco en el momento justo y revivió a su equipo. Iniesta y Silva afuera, Pedro y Bernat adentro con lo que clausuraba las bandas y ganaba mucho volumen en ataque. En 76' Bensi llevó peligro nuevamente hacia los dominios de De Gea con un desborde y un remate al primer palo que fue desviado con solidez por el arquero. En el corner que prosiguió, llegó el grave error de los centrales visitantes que en un mal movimiento dejaron solo a Bensi una vez más. El cabezazo en soledad se fue demasiado alto para su suerte. El último cambio fue el de Rodrigo por Costa, con lo que el doble nueve quedaba íntegramente conformado por el Valencia. Este joven y talentoso jugador empieza a dar sus primeros pasos con la casaca de su país y además de un muy buen presente posee un futuro que augura muchas alegrías para España. Sobre el final del encuentro, Holter tuvo el gol del honor en sus pies pero su disparo con potencia y buena colocación se topó con De Gea. El cierre de la goleada vino de la mano de Bernat, que tras una contra a pura velocidad de Rodrigo tocó al gol con mucha calidad ante la salida de Joubert. 4-0 y la mueca de los jugadores era de satisfacción pues se iban con una buena diferencia que más adelante seguramente va a ser valiosa en un grupo complicado. Alcacer tuvo una posibilidad más en un gran pique al vacío, pero su disparo se fue ancho. Pitazo final y desahogo para una España que necesitaba ganar de esta manera.


Si bien el partido tuvo momentos en los que España entró en una meseta y permitió que Luxemburgo se animase a recorrer las bandas con mayor frecuencia que la habitual, el 4-0 le queda bien al encuentro. Hasta podríamos decir que dos o tres goles más a favor de los españoles no habrían estado para nada mal. Lo que Del Bosque se puede llevar como positivo es el dinamismo y verticalidad en el toque, la presión alta y el gran porcentaje de creación de situaciones de gol. En la parte para trabajar tendrá que anotar ese bajón que contra equipos de jerarquía siempre cuesta muy caro. De Gea respondió muy bien las veces que fue exigido y lo mejor que puede hacer el DT es dejarlo como titular hasta que las aguas bajen y el tema Casillas salga del foco mediático. También es un triunfo para el entrenador el gol de Diego Costa y el que haya jugado por fin un muy buen partido. La confianza es clave y muy seguramente el delantero ahora pueda soltarse por completo. Los cambios fueron todos muy buenos y es una alegría que los jóvenes rindan bien y demuestren que pueden ser los artífices de una nueva Edad de Oro. Examen aprobado para una España que recién comienza su largo camino hacia la reconstrucción.