Tras una injusta caída contra San Lorenzo en el último minuto, habiendo jugado muy bien y dispuesto de muchas ocasiones para abrir el marcador, Boca Juniors llegaba al Superclásico con muchas urgencias. Para Rodolfo Arruabarrena era un partido bisagra, pues se estaba jugando tanto la punta del campeonato - San Lorenzo había caído con Huracán y despejado el camino- y también su permanencia en el club después de fin de año. Mucho se ha hablado de la ineficacia del entrenador de Boca en los partidos importantes, pero la realidad es que desde su llegada logró imprimirle a Boca un estilo de juego audaz, vistoso y ofensivo y darle un balance positivo en lo que refiere a victorias. Más allá de todo esto, las dos caídas en el plano internacional contra River Plate fueron las que marcaron su ciclo. Partidos en los que Boca no fue superado en lo que refiere al juego sino a la actitud y la manera de planificar el juego antes y durante de esos 135' que jugaron por Copa Sudamericana primero y por la Copa Libertadores en segundo lugar.
Para River Plate, las cosas eran distintas: tras una serie de tres empates con muy mal juego pos obtención de la Libertadores, había logrado vencer por 4 a 1 a Nueva Chicago como visitante en la fecha anterior. Los tres goles de Lucas Alario fueron lo único rescatable de una tarde en la que volvió a jugar mal y a ser superado por un rival inferior desde todo punto de vista, pero completamente ineficaz y sin ese plus individual que lo ayudase a ganar el partido. Habiendo mostrado destellos de aquel muy buen comienzo de ciclo - que en poco tiempo, tras la lesión de Kranevitter, se desinfló y convirtió a su equipo en uno luchador y ordinario-, para Gallardo también era la oportunidad de recuperar el terreno perdido en el torneo local y aspirar a llegar al sprint final con chances concretas. Una derrota significaría el adiós, sin importar que todavía debe un partido.
Los dos entrenadores tuvieron que realizar significativos cambios en sus once iniciales, pues por diversas lesiones y salidas de los clubes no pudieron contar con todos los jugadores titulares. Boca salió con esta formación: Orión; Peruzzi, Tobio, Cata Díaz, Fabián Monzón; Meli, Erbes, Gago, Bentancur; Palacios y Tevez. Un 4-4-2 que podía ser un 4-3-1-2 pero que respondía a lo que se le venía reclamando al Vasco, que era ganar la lucha en el mediocampo. Allí había sido donde River había logrado imponerse en los choques por copa y se necesitaba demostrar que dos o tres patadas no eran suficientes para amedrentar al equipo. River puso el siguiente once: Barovero; Mercado, Mammana, Balanta, Casco; Carlos Sánchez, Kranevitter, Ponzio, Gonzalo Martínez; Mora y Alario. Su habitual 4-4-2 rígido, con el debut de Milton Casco recién llegado y con apenas un par de entrenamientos con el primer equipo. La lesión de Vangioni apuró su situación así como la de Maidana el ingreso de Mammana en la zaga central. En el mediocampo y la delantera, no había modificaciones, por lo que el equipo era casi el ideal para el Muñeco.
Apenas si había comenzado el juego y sucedió algo que cambiaría la dinámica del partido: a los 30 segundos Fernando Gago sintió la rotura en la zona del talón y pidió el cambio. Se fue con lágrimas por el dolor y con el panorama bastante claro. Se había roto el tendón de aquiles y por ello Nicolás Lodeiro aceleró el calentamiento. Tevez tuvo su primera aparición con un buen centro pasado que terminó en una mala salida de Barovero, interpretada por el árbitro Herrera como infracción - algo que no se pudo ver-. El equipo de Arruabarrena se impuso desde el primer minuto, con la pelota en los pies y siendo extremadamente vertical en cada acción.
Tevez, Palacios y Meli presionaban alto para suplir la ausencia de Gago y finalmente Lodeiro pudo ingresar al campo de juego. Palacios recibió largo tras una muy buena recuperación en el mediocampo, Barovero logró ganarle como líbero pero ante la presión del delantero apenas atinó a mandarla al lateral. Meli y Erbes se juntaron para trabajar en la contención y Lodeiro y Betancurt hicieron lo propio para generar juego y asistir al doble nueve.
En River, Alario y Mora trataban por todos los medios de bajar alguno de los pelotazos que llegaban cada tantos, pero el local lucía incómodo, impreciso y muy desconectado. La presión de Boca en el medio fue al fin eficiente y el famoso doble cinco agresivo de River no tuvo efecto alguno ni con su marca ni con sus patadas. Bastó con que Tevez se plantase ante el primer patadón de Ponzio para que el en teoría aguerrido volante diese dos pasos hacia atrás y se descontrolase.
Martínez, intrascendente, perdió una pelota zonza en el medio y el pase frontal encontró a Palacios que con su velocidad se comió a Balanta y habilitó a Tevez. Con pocos espacios y nada de tiempo, Carlitos no pudo ante Barovero pero el rebote le quedó a Lodeiro que reventó el arco con un bombazo salido del alma que silenció al Monumental. Un 1-0 merecido para un Boca mucho más vistoso, agresivo - en el buen sentido, no como enfrente- y dinámico que un River aplastado por las circunstancias.
Ponzio vió la amarilla a los 25' y quedó claro que su estadía en el campo de juego era una cuestión de minutos. Meli llegó como extremo, bien abierto, lanzó un buen centro bajo al primer palo y Balanta salvó con lo justo. Al no poner un delantero de referencia, Arruabarrena le estaba ganando el duelo táctico a Gallardo, pues los centrales del local no se conectaban ni coordinaban para ver quien salía a marcar y quien se quedaba, generando un sinfín de espacios.
Lodeiro era la otra clave del partido, siempre suelto en 3/4 de cancha y apareciendo como receptor en cada jugada. Intercambió bandas con Palacios constantemente para sorprender a una defensa que no mostró ninguna garantía y jugó al límite. Monzón ingresó por la banda a pura velocidad pero su remate salió apenas ancho ante la mirada de Barovero. De inmediato, Mammana le regaló la pelota a Meli y el volante no pudo habilitar con precisión a un Palacios que entraba solo por el medio para empujarla.
Ponzio golpeó desde atrás y sin pelota a Erbes, en una combinación de lentitud con pésima actitud - para decirlo de alguna forma- y Herrera miró para el otro lado ante el reclamo de todo Boca. Casco realizó su primera subida con éxito tras minutos de sufrir en defensa y Orión anticipó a Alario con mucha velocidad en el área chica. Tevez buscó en la jugada siguiente a Lodeiro entrelíneas pero Mercado logró evitar una chance neta de gol con una buena barrida. Betancurt capturó el rebote pero salió demasiado alto su remate.
River buscaba ganar metros en el campo de juego, tratando de recuperar la pelota y de abrir la cancha. Pero Boca estaba muy bien plantado en el mediocampo, jugando y luchando en iguales cantidades, algo que se le reclamaba mucho al Vasco Arruabarrena. El Xeneize se impuso en todos los sectores de la cancha en el primer tiempo, reduciendo a un River habitualmente sólido y peleador a un equipo que corrió con anteojeras hacia adelante esperando empatar a los tropezones y pelotazos. Alario siguió siendo el blanco móvil de sus compañeros, hizo lo que pudo con los misiles que le picaban cerca y/o muy lejos ¿Mora? ¿Martínez? Ausentes sin aviso.
Tevez las pidió todas, bajó hasta la mitad de la cancha para pelear cada pelota y pivoteó muy bien a espaldas de los centrales para descargar y picar por el medio. Lodeiro buscó a Palacios tras recibir de Peruzzi y el disparo del joven delantero se fue por arriba del travesaño. Tras jugar una vez más regalado, por encima de las reglas que le caben a todo jugador de carne y hueso, Ponzio dejó su lugar a Lucho González. Segundo partido consecutivo que sale antes de la media hora para no ser expulsado, algo que deja varios interrogantes respecto de sus capacidades para jugar en Primera División (muy discutidas hasta que su show de patadas contra Boca por Sudamericana y Libertadores, con el aval de los árbitros, lo puso en consideración de nuevo), pero este no es el espacio para hablar de esas cuestiones irrelevantes.
River no tenía la pelota y Boca dominaba en base a su presión en todo el campo, el armado de juego con paciencia y la explosión por los costados y/o la búsqueda a espaldas de los centrales con dos laterales incisivos y los volantes y delanteros. Lodeiro marcó el ritmo, escapándose a sus marcadores y rotando de posición sin parar para aparecer por todo el frente de ataque y hacer salir a los 4 defensores. En lo defensivo también fue importante, pues el encargado de no dejar respirar a Kranevitter fue desde el momento en el que pisó la cancha.
Monzón probó en un tiro libre pero su disparo no inquietó demasiado a Barovero ya sobre el cierre del primer tiempo. Y a los 43' River pudo hilvanar una jugada: Martínez atrajo la marca por la banda, tocó con Lucho y este centró para Alario. Solo en el área chica, el ex Colón de Santa Fe perdió el duelo con Orión que mandó la pelota al córner con muchos reflejos. Los de Gallardo terminaron un poco mejor, con Mora recibiendo de Alario pero siendo anticipado por un veloz Orión. Un par de acercamientos peligrosos fueron suficientes para demostrar que el partido no estaba en absoluto terminado y que la diferencia era muy corta a pesar de la muy buena - y mejor- labor de Boca en los primeros 45' de juego.
La segunda parte comenzó con Peruzzi buscando largo a Palacios. El delantero la perdió y luego Meli logró ganarla, pero la jugada se diluyó frente al arco de Barovero. Boca siguió presionando y River saliendo a los pelotazos, tal cual en los 45' previos. De a poco, River se fue acomodando: gran jugada de Sánchez por la banda tras una pared con Martínez, centro para Alario y Orión se quedó con el duelo una vez más a puro reflejo. Ya era la segunda intervención vital del portero que de a poco iba redimiendo algunos errores recientes.
Tobio lo tuvo de cabeza en un tiro de esquina, pero su cabezazo no fue tan bueno como su salto. El central fue protagonista en la jugada siguiente, cortando un muy buen centro de Sánchez, que empezaba a ganar seguido por la banda. Casco tomó el rebote de sobrepique pero no logró darle dirección al disparo. Las espaldas de Monzón fueron por varios minutos zona franca para los jugadores de River, con el extremo uruguayo como estandarte.
De la mano de un Lucho González lúcido, River tenía sociedades, manejaba la pelota y acorralaba a Boca con intensidad. Un buen centro corto forzó a Orión a una buena salida y Lucho no pudo conectar el rebote con precisión. En esa misma jugada, el volante sintió un tirón y tuvo que salir del campo de juego, dándole otro dolor de cabeza a Gallardo. Tabaré Viudez tomó su lugar y a River le quedó solamente un cambio con mucho por jugar.
Los de Gallardo tenían aún el predominio, pero la precisión a la hora de definir no era lo suyo.Boca mantuvo las líneas unidas en el mediocampo y marcó con tenacidad, pero le costó horrores recuperar el balón en este tramo. El local aprovechaba el mayor volumen en el mediocampo y llenaba las bandas como en los mejores - breves- momentos de este ciclo. El Vasco veía como su equipo iba al límite, apostando al mano a mano riesgoso de siempre pero ahora un poco más afianzado en el retroceso que en partidos previos. Lodeiro ya no era la manija del equipo, Bentancur y Meli no ganaban en velocidad y los delanteros yacían a kilómetros del resto.
Mercado desaprovechó un buen centro de Sánchez y Boca se salvó en 18'. Tevez era la válvula de escape para los de Arruabarrena, aguantando de espaldas la pelota lejos de Orión y abriendo surcos por los costados en soledad. Una nueva pésima salida de Mammana del fondo derivó en Kranevitter salvando ante Palacios lo que era el segundo gol de un Boca que hace rato lucía cómodo en el rol de luchador.
Viudez armó una buena subida por la banda, buscó a Alario que peinó para Martínez y el Pity - en una tarde para el olvido- remató muy alto en vez de abrirla para Casco que entraba solo. Driussi tomó el lugar del ex jugador de Huracán y Chávez ingresó por Palacios para fajarse con los centrales y ganar velocidad en el ida y vuelta por la banda. Para este momento, River ya no circulaba la pelota como en el inicio del segundo tiempo. Buscó solamente por las bandas, a puro vértigo y sin pausa ni ideas. A la carga con anteojeras, sin juego ni sociedades, como en casi todo el ciclo Gallardo donde se impuso la actitud y la velocidad pero no la parte de tratar inteligentemente la pelota.
Tobio volvió a ganar en un tiro de esquina pero su cabezazo salió apenas alto ya en 29'. Sánchez estaba posicionado en el medio ahora, dejándole la banda a Viudez, y así fue como perdió peso en el partido. Su entrenador lo abrió nuevamente, pero la línea de fondo del rival se mostró muy sólida ante los embates desesperados de River. Todo llegaba al área por arriba y sin dirección. La presión de Boca volvió a ser eficiente como en la primera parte y el mediocampo se convirtió en zona de guerra: todo luchado, cero fútbol. Uno que atacaba ciego y sin freno y el otro que lo aguantaba con comodidad e intentaba robar la pelota y salir de contragolpe con sus delanteros.
Tevez siguió mostrando toda su jerarquía, generando infracciones y comiéndose a cada uno de sus marcadores con oficio absoluto. River trasladaba demasiado y buscaba siempre con pelotazos, poco fútbol salvo en esos buenos primeros minutos del segundo tiempo. Monzón fue el otro destacado en Boca durante los 90', sólido en lo defensivo, punzante en ataque y dejando el alma en cada pelota. Fuenzalida ingresó por un agotado Meli, para terminar de anular a Mora en los minutos finales. La jugada del final la tuvo River: Casco cambió de frente, Mora la bajó con un gesto técnico exquisito - lo único que hizo en todo el partido-, hizo pasar al Cata y su centro rasante cruzó toda el área bien controlado por Orión.
El partido se terminó luego de esa jugada y Boca festejó a lo grande ante su eterno rival. Logró ganarle el segundo partido del año por el torneo local y la verdad es que solamente perdió un partido contra River en todo este tramo, más allá de que todos sabemos que las llaves de las copas internacionales no premian estas cuestiones. Para Arruabarrena fue una revancha ya que logró hacer las correcciones necesarias en lo táctico y porque los cambios fueron los necesarios y en el momento justo. Armó un equipo que supo jugar y luchar en iguales cantidades y con un líder como Tevez que peleó todo y le dió otra actitud a un Boca que necesitaba de este triunfo para quedar primero y encarar seis fechas que le pueden volver a dar un título tras un par de años de sequía. El partido se siguió jugando en la semana, con declaraciones de Kranevitter, Gallardo y D'Onófrio mencionando las "copas internacionales" - después de haber pasado más de 20 años hablando de cuantos títulos de cabotaje tienen para contrarrestar el éxito internacional de Boca-, pero aclarando que ellos no están llorando pero que...Bueno, un psicólogo por ahí.







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