miércoles, 15 de julio de 2015

Boca 1 - Sarmiento 0: Una victoria dura y necesaria para recuperar el nivel perdido; Punteros para esperar a Tevez



Boca regresaba al ruedo tras un parate que había servido para limpiar algunas malas vibras. El cierre del semestre anterior, uno que empezó como sueño y terminó como la peor pesadilla, había dejado en claro que no se podían cometer más errores. Rodolfo Arruabarrena demostró desde su asunción ser un entrenador con conceptos sólidos, un muy buen estilo de trabajo y una idea de juego de esas que honran a la pelota. La aplicación, como siempre, había tenido sus altos y sus bajos pero no había logrado mostrar su mejor imagen en los partidos decisivos frente a River Plate. Aunque parezca extraño, este ídolo del club necesita sí o sí de un triunfo resonante para mantener su puesto, ya que con mucha materia prima excelente no ha logrado que su estilo se consolide y regularice. Piensen en Gallardo, al que le pasa algo mucho peor ya que su famosa "idea" fue dejada de lado tras las primeras 7 fechas del torneo pasado y ahora juega a trabar los partidos y salir de contragolpe ¿La diferencia? Que en los choques clave contra Boca supo imponerse a través del carácter y los pudo sacar adelante tras muchos años de derrotas contra el club de la Ribera en el plano internacional. Ya sin Burdisso, Torsiglieri ni - por ahora- Daniel Osvaldo, el equipo de Vasco sumó a Fernando Tobio y a Carlos Tevez en el mercado de invierno. Claro que aquí lo que importa es el regreso de Tevez, que en su plenitud absoluta - en el pico de su carrera, que ha estado plagada de éxitos en todos los grandes equipos donde jugó- decidió dejar de lado el dinero ofrecido por clubes como el PSG, el Atlético de Madrid y la misma Juventus para vestir hasta el final de su carrera la camiseta del club de sus amores. Como leí por algún lado, es sin dudas el regreso más rutilante de los recientes años debido a algunas cuestiones: lo hace en su mejor momento, teniendo muchos años aún posibles en Europa jugando en primer nivel - no descolgado de una percha, como algunos otros- y cumpliendo una promesa que hizo apenas se fue con tan solo 20 años. Carlitos está en Boca y llevará la número 10, para jerarquizar y darle un salto de calidad no solo al club de la ribera sino también al fútbol local. Se convierte así en el jugador franquicia de nuestra liga, uno del cual todos debemos estar orgullosos. Más allá de todo esto, el Vasco utilizó el partido contra el duro Sarmiento de Junín como visitante para comenzar a diagramar lo que será el equipo con el astro en sus filas.

Arruabarrena archivó por el momento el 4-3-3 clásico y plantó un 4-3-1-2 que desde la teoría le daría más pausa a un equipo que de ratos está demasiado sobrepasado de energía: Orión; Colazo, Rolín, Cata Díaz, Peruzzi; Meli, Erbes, Perez; Lodeiro; Calleri y Palacios. Las intenciones eran claras: laterales que pasan al ataque constantemente, Erbes fijo como mediocentro, Meli y Pérez turnándose para ayudar al Pichi, Lodeiro como enganche y dos delanteros bien diferentes, un nueve punta y uno que suele abrirse seguido. Enfrente, Sergio Lippi armó un 4-5-1 más bien combativo pero que viene dando que hablar más allá de su falta de recursos, pues además de pelear también juega bastante bien de la mano de jugadores como Sánchez y Cháves: Rigamonti; Luna, Peppino, Dutari, Quiroga; López, Miloc, Núñez, Sánchez, Fornari; Chaves. Cobertura de espacios, retroceso en bloque y ataque buscando robar en el medio y disparar con sus varios rapiditos.


El partido comenzó con Sarmiento presionando bien arriba y Boca tratando de tocar hacia los costados para poder abrir a un rival que ya planteaba un choque áspero. La cancha no ayudaba demasiado, pues estaba llena de pozos y de arena, algo lamentable para la primera división del fútbol argentino pero que lamentablemente es moneda corriente hace tiempo. El primer nombre rutilante en Boca fue el de Erbes, que desde la primera pelota mostró toda su presencia y categoría en el círculo central. Los minutos iniciales pasaron con los dos equipos intercambiando ataques que no pasaron de los 3/4 de cancha.

Boca no usaba las bandas con los volantes sino con sus laterales. Al no tener exteriores naturales, Arruabarrena hizo este inteligente cambio táctico. Lodeiro como enganche formaba un rombo perfecto en el mediocampo que daba lugar a que Colazo y Peruzzi tuviesen las bandas solo para ellos. Nuñez lanzó un tiro libre bien picante y Orión respondió bien con los puños. Luego la defensa dió un paso adelante y dejó en offside a casi todos los jugadores del equipo local para así abortar este ataque.

La respuesta llegó con un buen centro de Lodeiro que Calleri - en un excelente movimiento técnico- cabeceó de emboquillada. La pelota dió en el palo y Rigamonti respiró aliviado. Rolín era otro de los que resaltaba en el equipo del Vasco Arruabarrena, pues estaba sólido en las dos áreas. Desde su flojo debut contra Independiente hace ya mucho tiempo, el central empezaba a mostrar algunas de las razones por las que Boca puso tanto empeño en comprarlo. Los desacoples eran lógicos, pues ha jugado poco con el Cata Díaz, pero los solucionaba con buenos releves y recuperaciones veloces.

Pérez conectó con Calleri dentro del área y el nueve definió a la carrera de volea. El arquero, bien posicionado, volvió a ahogarle el grito al delantero. Nuñez y Sánchez eran los que generaban peligro en Sarmiento, con mucha movilidad y atrevimiento. Pero era Boca el que se imponía en el campo de juego y se mantenía sin perder ninguna pelota en el arriesgado mano a mano que planteaba en cada retroceso. Los de Lippi mantenían la línea de cinco volantes y esperaban agazapados para dar con un contragolpe que desatase la locura.

Su plan de encimar a Lodeiro para evitar que se desprenda con facilidad, era eficiente. Rolín jugó largo con Palacios que ganó, remató mordido y vió como el balón cruzaba el área chica. Calleri la pudo rescatar y tocó corto con Pérez, pero el disparo a colocar del volante terminó en las manos de Rigamonti. La única falencia de Boca era que a veces retrocedía lento, dejando grietas para que los rapiditos del local hiciesen estragos. Para su suerte, esto no sucedió casi nunca.

Calleri habilitó a Lodeiro con un buen centro y el cabezazo el enganche salió pegado al palo más lejano del portero. Meli y el uruguayo empezaron a asociarse muy bien por la banda, ganando mucha velocidad y dinámica en zona de ataque. Sarmiento buscaba no dejarse avasallar y le ponía mucho volumen a cada ataque, más allá de no perder nunca las marcas. Lo tuvo de contragolpe, tras llevar la pelota de lado a lado con brillantez. Sánchez sacó un bombazo esquinado, Orión dió rebote largo - no podía hacer otra cosa- y Chaves definió pero en clara posición adelantada.


Sarmiento estaba muy acelerado, tratando de ganar por las bandas. Boca esperaba con tranquilidad y buscando elaborar con paciencia y progresivamente cada jugada. Pérez y Lodeiro eran claramente el eje creativo y Meli-Erbes un doble pivote clásico (uno recupera cerca de los centrales, el otro sirve como primer pase). Lodeiro habilitó largo a Calleri por el medio y el arquero ganó con lo justo ante la entrada del delantero. Los espacios eran inexistentes, pero los de azul y amarillo jamás se cansaron de atacar ni de intentar ser prolijos en el armado de cada jugada.

López encaró y abrió con Fornari quien hizo la pausa perfecta y centró para Chaves. El cabezazo de esta joven promesa salió apenas ancho, ante la cobertura de un Orión que, para variar, estaba muy sólido. Pablo Pérez clarificaba cada jugada con sus muy buenos pases y en uno de ellos armó el primer gol de Boca: a los 28' dejó solo a Palacios ante Rigamonti con un toque exquisito a espaldas del central y el lateral y el veloz juvenil definió con mucha calidad. Todo había iniciado en un corte perfecto de Erbes y una veloz cesión para Pérez, que se encargó de hacer el resto. Un 1-0 que se ajustaba al partido, pues los de Arruabarrena marcaban el ritmo y se imponían en un campo muy complicado ante un contrincante duro, bien cerrado y muy peligroso.

Tras el balde de agua fría, Sarmiento se adelantó unos pasos y empezó a presionar buscando el empate. Mucho desorden y mucha actitud, de la mano de Sánchez, Nuñez y Chaves. El primero arrancó por la banda derecha, recortó en velocidad y remató de frente al arco. Orión respondió nuevamente con un manotazo para evitar la caída de su valla. La salida de Boca seguía siendo limpia y con tranquilidad, esta vez no sucumbía ante el vértigo en el que el otro equipo quería introducirlo. Se mantenía bien adelantado pero cuidando el retroceso, que ahora no fallaba debido a la buena labor de sus volantes centrales.

Meli dejó a Pérez en una buena posición para convertir, pero el ex Newell's tardó un segundo demás y fue tapado por su marcador. Boca mostraba una cara mucho más fresca, con dinámica y rotaciones posicionales en el mediocampo. Obligando a los volantes y defensores de Sarmiento a jugar uno contra uno y así salir de la cueva. El orden no era imperante en el cuadro de Junín, que trataba de aguantar los embates y preocupar con los arrestos individuales de sus mejores jugadores.


Palacios tocó corto con Lodeiro, éste de taco cedió con Colazo y el disparo del lateral fue bloqueado. El rebote le quedó a Meli que remató con potencia pero sin demasiada dirección. El mejor momento de Boca era este sin dudas y aplastaba a un rival aturdido y cansado. Triangulaba en corto en toda la cancha, presionaba sin parar y mostraba muchas variantes en la fase ofensiva. Peruzzi recorrió y lanzó un buen centro que nadie llegó a tocar al gol.

Chaves peinó muy bien un centro aislado y el balón le quedó en los pies nuevamente a Sánchez. Otro bombazo, otra vez se salvó Boca, ahora con Orión vencido y la pelota saliendo pegada al palo. López siguió con el asedio final pero su buen centro con rosca fue cortado por un Peruzzi muy preciso en los relevos. El primer tiempo de Boca había sido muy bueno, una mejora muy grande con respecto a lo que había mostrado en la primera mitad de año desde, digamos, la gran victoria contra River en la Bombonera por el torneo local donde lo superó con claridad. Todo esto a pesar de una cancha deplorable y un rival muy inteligente que desde la inferioridad supo como complicar en varios tramos de los primeros 45'.


El partido se reanudó tras el descanso, con un disparo alto de Meli tras una buena jugada por el costado. Sarmiento salió a hacerse dueño de la pelota, pero no pudo nunca imponer condiciones en los dominios de Erbes. El mediocentro de Boca era un relojito, recuperando todo como un pulpo y muy bien ubicado en todas las jugadas. Sin dejar un espacio libre y siendo salida para cualquiera de sus compañeros. Sánchez llevaba peligro por el costado, apareciendo demasiado seguido sin ninguna marca.

Boca estaba definitivamente más quieto y el local, si bien tenía todas las buenas intenciones del mundo, no lograba romper con la propia mediocridad. Atacaba sin parar pero sin ningún plan más que llevarse puesto al rival a los empujones. Cacheiro ingresó por Fornari para tratar de aprovechar su velocidad en los metros finales ante un Boca un poco más disperso que en la primera mitad.

El Vasco veía como sus jugadores no estaban en buen nivel, luchando más que jugando. Pero no había nada que lo hiciese preocuparse demasiado, pues no le generaban peligro real. Ya en 22' la segunda parte era muy aburrida, con los dos equipos imprecisos y repartiéndose la pelota que pocas veces tocaba el suelo. Bentancur entró por Lodeiro y se colocó como enganche para despabilar a sus colegas. Cuevas tomó el lugar de Chaves en Sarmiento tras la lesión de este muy interesante delantero.

Los de Lippi se repetían en centros inertes que Rolín y el Cata despejaban sin mayores problemas. En lo futbolístico, lo de Boca era pobre y más allá de no sufrir demasiado tenía una ventaja muy corta y estaba expuesto a algún contragolpe letal. Lopez y Nuñez eran los abanderados del local, pero el desorden general del resto de su equipo y la buena labor del medio y defensa del contrincante liquidaron sus nobles intentos.

El club de la ribera comenzó a mejorar con el toque de Bentancur, que ya en su primera intervención dejó parado a un rival y limpió el terreno de juego con un gran cambio de frente. Tocando y desmarcádnose siempre, yendo de lado a lado en 3/4 de cancha. Palacios y Calleri lo tuvieron en dos jugadas sucesivas pero Rigamonti los pudo anticipar y así mantener con vida a su equipo.

Pavón tomó el lugar de un cansado y rendidor Palacios para refrescar el ataque y darle más piernas al retroceso. El local, empujado por su gente que no paró de cantar en todo el partido, buscaba a los pelotazos, ahora ante un Boca que estaba afirmado de cara al cierre. Muchas carencias en una formación voluntariosa pero que por cuestiones lógicas poco puede hacer si un rival como Boca está en un día al menos razonable.

Boca manejaba la pelota con inteligencia en campo rival, generando muchas faltas cerca del área. Cristaldo tomó el puesto de Pérez, que amonestado y al límite tenía que salir sí o sí. Tras varios intentos largos más de Sarmiento, el partido terminó y Boca pudo festejar que regresó a la punta y - de a ratos- a buen juego que hace varios partidos no aparecía.

En líneas generales, se puede decir que el esquema y propuesta de Arruabarrena están hechos para un jugador de la jerarquía y calidad de Carlos Tevez. Se espera mucho de Boca con la incorporación del ex Corinthians, West Ham, Manchester United, Manchester City y Juventus; es sin dudas el gran candidato a quedarse tanto con la Copa Argentina como con el torneo de Primera División. Logró llegar una vez más a lo más alto, pero tanto River como San Lorenzo, Rosario Central y Belgrano miran desde muy cerca. Este experimento de 30 equipos resultó ser parejo en los puestos de arriba y cualquiera puede situarse en el primer puesto al término de cada fecha. Las rotaciones - que a parecer de quien les escribe, fueron excesivas en el semestre previo- ya no se justifican y está claro que Arruabarrena entendió el mensaje. Un primer equipo, un nuevo esquema y una idea que sigue siendo la misma de siempre pero con algunos retoques para que Tevez se sienta cómodo y pueda darle a Boca muchas alegrías. Unas que se imagina llegarán si el funcionamiento del equipo logra aceitarse de manera definitiva y dejar atrás algunas cuestiones de la que ya no vale la pena hablar. Un triunfo que sirvió para exorcizar un par de demonios, recuperar la punta del campeonato y encarar estos seis meses con gran energía, motivación y con el Apache, claro, que eligió volver al club que tiene tatuado en su corazón en su mejor momento.

sábado, 11 de julio de 2015

River 1 - Temperley 1: Otro trago amargo tras el receso; Una producción muy pobre que deja muchas preocupaciones





Tras una caída ante Rosario Central por la Copa Argentina y un empate con sabor a poco contra Tigre en el partido que ambos debían, el River de Marcelo Gallardo necesitaba de un triunfo que lo llenase de energía y confianza de cara al choque del próximo martes contra Guaraní por las Semifinales de la Copa Libertadores de América. Con las llegadas de Alario, Bertolo, Saviola y  Lucho Gonzalez (mas el inminente desembarco de Tabaré Viudez tras finalizar la novela con Teo Gutierrez), el panorama parecía bastante claro para el entrenador del club de Nuñez. Las lesiones de Bertolo - luego de haber disputado tan solo 20' en su debut con la banda roja en ese primer partido- y de Pisculichi en el siguiente duelo por el torneo local, no habían sido las mejores señales. Ni que hablar del flojo rendimiento en la cancha, mas allá de haber contado con muchas situaciones de gol - en su mayoría producto de arrebatos individuales- y de dejar la sensación de que no hubiese estado mal un empate. Contra Tigre se mejoró un poco en la fría noche de Victoria, pero si bien creo varias situaciones de gol también sufrió y necesitó de Barovero en un trámite que se hizo demasiado vertiginoso. Esto debido al pobre control de balón de un equipo que no pudo aprovechar a Lucho González y a Javier Saviola en buena forma para sus retornos oficiales. El estilo que pregona Gallardo, seguía sin aparecer salvo en algunos tramos, luego de un semestre en el que los resultados habían sido muy buenos pero todo lo demás bastante alejado de lo que el ex enganche de River suele decir en sus conferencias de prensa, entrevistas y demás encuentros con los medios. 

Con un Monumental a ni siquiera a medio llenar, Gallardo plantó un 4-3-3 muy ofensivo desde las intenciones. Su idea era abrir a los golpes - en el buen sentido, claro- a un rival que se cierra cada vez que juega contra los equipos grandes: Chiarini; Solari, Mamanna, Funes Mori, Vega; Mayada, Kranevitter, Driussi; Boyé, Cavenaghi y Saviola. Desde el vamos parecía un 4-2-3-1 con el que armó en los dos partidos previos, con Cavenaghi como punta y Saviola como armador de juego. En el medio no habría posiciones fijas salvo la de Kranevitter y el doble cinco sería algo que nunca debía desarmarse. Del otro lado, Ricardo Rezza - viejo lobo si los hay- y su Temperley estaban listo para el desafío y para ello dispuso de un 4-4-1-1 contragolpeador y bien compacto: Crivelli; Chimino, Aguirre, Boggino, Bojanich; Esparza, Di Lorenzo, Arregui, Ledesma; Sambueza; Grbec. Ser una estructura inamovible en el retroceso y liberar a Esparza, Di Lorenzo y Grbec en cada ataque. Con esa idea, desde una inferioridad perfectamente asumida, el Gasolero buscaba dar el gran batacazo.


El partido comenzó con el equipo local presionando bien alto. La propuesta era la de siempre: jugar todo por abajo, con dinámica y vértigo, buscando armar por el mediocampo y luego abrir la cancha tras llenar las bandas con los volantes y laterales. River atacaba sin parar y Temperley esperaba para salir de contraataque. El visitante resistía los embates y estaba muy bien plantado, sin dejando demasiados espacios para que los River explote en 3/4 de cancha.

Mayada y Driussi eran los que iniciaban los embates desde el medio. Cada vez que uno pasaba al ataque, el otro se quedaba para ayudar a Kranevitter en la marca. Saviola se retrasaba unos metros quedando como mediapunta delante de Boyé y Cavenaghj y mostraba mucha movilidad y precisión para hacer bien ancho el campo de juego. River llegaba sobre todo por las bandas, con mayor número que la defensa rival, pero sin conseguir precisión de cara a Crivelli.

Cavenaghi en los primeros minutos mostraba dos velocidades menos que la del resto de sus compañeros. Temperley ya en este arranque logró asustar un par de veces con buenas corridas de un Esparza que comenzaba a calentar recién. Vega tuvo un primer acercamiento serio con un disparo que quedó en las manos del portero rival tras hacer una curva extraña. Los de Rezza buscaban siempre a espaldas de los centrales, pero por ahora tanto Vega como Solari estaban atentos para cubrir ese hueco.

Cavenaghi inició una buena contra y tocó largo con Boyé. El pibe desbordó muy bien y centró, pero el Capitán de River no estaba ni siquiera cerca del área para ese entonces. Sambueza aprovechó una desatención en el mediocampo, robó el balón y superó la línea del medio. Eran tres contra dos, pero en vez de abrir con Esparza que picaba sin marca decidió ir hacia el otro lado con Grbec. El nueve enganchó pero terminó perdiendo con un sólido Vega. 


El Torito volvió a armar una buena jugada, esta vez escapando por la banda y centrando muy mal para Saviola. El defensor estuvo cerca de meterla en su propia valla, pero River seguía sin ser demasiado claro más allá de tener la pelota en un monopolio absoluto. Buscaba ser dinámico con las rotaciones posicionales en el mediocampo y la delantera, pero el error estaba en el pase o remate final. Temperley aguantaba sin ponerse nervioso y consciente de cual era su plan, en una gran ejecución retrocediendo como un bloque y marcando muy bien en zona. Jugaba mano a mano en las dos áreas y por ahora ganaba con comodidad a pesar de no dominar el trámite. 

Los mejores momentos de River se veían en los avances a un toque. Pero en la mayoría del tiempo se hizo demasiado espeso y lateralizó sin sentido la pelota por no tener soluciones ante el esquema planteado por el contrincante. Saviola dejó solo a Cavenaghi en el medio del área y Chimino con mucha velocidad logró cortarlo a tiempo, para frustrar una vez más al delantero. La primera clara de verdad llegó a los 29' con un cabezazo de Vega de pique al suelo tras un corner, pero salió demasiado alto como para llevarle trabajo a Crivelli. 

Kranevitter hizo la pausa unos minutos después y con un gran pase habilitó a Saviola, que fue bajado en el vértice del área. Funes Mori se hizo cargo del tiro libre y con un remate perfecto - con el efecto y la potencia justos e ideales- hizo que la estirada de Crivelli fuese inerte. Un golazo para un 1-0 que en general era merecido pues más allá de no ser su mejor noche, River tenía la iniciativa.


De inmediato, la presión alta de Temperley incrementó y los espacios comenzaron a aparecer aunque no en demasía. Los ataques fueron más intensos y constantes, tratando de llegar por los costados y ganando en velocidad. River estaba plantado en 3/4 de cancha y tocando hasta encontrar el lugar para filtrar un pase, pero comenzó a cometer errores básicos en las entregas que habilitaron a Sambueza y a Di Lorenzo a iniciar contragolpes tras cortar el circuito. 

Un riesgo total y basado en la propia incompetencia para leer el partido, que se materializó a los 37': un mal rechazo le quedó a Di Lorenzo que habilitó muy bien al imparable Esparza. El volante le ganó sin dramas a Mamanna y definió muy bien ante la salida de Chiarini. Un 1-1 que enmudeció al Monumental y que se encontraba justificado en los horrores del equipo de Gallardo que después de esto perdió el rumbo por completo. 

Sambueza y Esparza estaban haciendo un gran partido. Recuperando todo como dos leones y haciendo jugar a su equipo con mucha desfachatez y valentía. Un error de Solari en la puerta del área le dejó la pelota a Di Lorenzo que de nuevo conectó con Esparza. Esta vez al de Temperley la pelota le picó mal y su disparo salió demasiado alta. El mediocampo ahora empezaba a teñirse de celeste en un partido que se complicaba cada vez más para los locales.


Gallardo, como suele hacer cuando no hay juego, hizo bien ancho a los suyos. Los centros comenzaron a llover en los dominios de Crivelli pero los centrales no tuvieron ningún problema para rechazar todo casi de forma automática. Una de las grandes carencias de River hace tiempo es la de no tener un nueve de área neto con experiencia y peso, algo que por ahora no tuvieron ni Boyé, ni Simeone, ni Cavenaghi durante este ciclo. 

Saviola estaba anulado tanto por la marca rival como por el mal juego de los suyos. River siguió teniendo la pelota pero ya sin ser profundo ni llegando con peligro alguno. Buscó los costados como recurso ante su carencia en el armado, pero el éxito fue nulo. Una serie de errores inexplicables lo habían llevado a esta situación incómoda, en especial cuando - bien presionado o no- regaló contragolpes con pases displicentes que quedaron cortos en la salida. En esos casos, la capacidad de acople y de retroceso ordenado brilló por su ausencia, siendo un rival más bien conservador el que tuvo las chances más claras. 


Los 45' finales tuvieron a los de la banda presionando alto, jugados al ataque con los centrales como volantes. Buscó ser prolijo, una vez más, pero el peligro solo llegó cuando pudieron forzar a algún error esporádico a los defensores de enfrente. River iba por los costados y Temperley salía bien largo con sus jugadores ofensivos, en un trámite que para sorpresa de muchos estaba equilibrado hace rato. 

Grbec recibió un muy buen pase a espaldas de Funes Mori, pero el central corrigió con mucha velocidad y la mandó al corner. En la jugada siguiente, el Gasolero se animó a jugar a un toque y en 4 de ellos llegó al arco de Chiarini: bombazo de Di Lorenzo que no fue gol solamente porque un defensor cruzó la pierna en el momento justo. De ese mismo corner llegó el segundo gol de Temperley pero fue bien anulado por un claro offside. Más allá de esto, la balanza se inclinaba para los de Rezza que eran mucho más punzantes que un tibio River.

Gallardo expresaba su disgusto con sus caras y con las modificaciones que introdujo en tan solo 14'. Los tres cambios juntos: Martínez por Boyé, Lucho González por Solari y Alario por Cavenaghi. Los tres más flojos afuera, y nuevo esquema para romper la telaraña del rival. Un 4-4-2 con Lucho como armador al lado de Kranevitter - que al fin recibía ayuda-, el Pity como volante exterior para desbordar y Alario de punta junto a Saviola. Pero iban 20' y el más peligroso y concreto era el, en los papeles, débil Temperley.


Rezza movió las piezas, puesto por puesto para no perder el orden: Di Nenno por Ledesma y Orona por Grbec. El primero de punta solo arriba y el segundo a jugar como volante central. Recuperación y potencia ofensiva en un solo movimiento. Di Nenno recibió largo, Chiarini saltó y en el rechazo se lo llevó puesto a Mamanna. River se salvó de ese blooper, pero sus desacoples en toda la cancha eran notorios y preocupantes puesto que no es un ciclo que recién está comenzando sino uno que ha ganado cosas importantes y todo sin perder su base en este año y medio.

Di Nenno mostró sus credenciales bajando a recuperar y comenzando también muchas jugadas, dejando el espacio justo para que Esparza y Sambueza piquen a sus costados. Alario era la referencia de River pero la búsqueda en 25' era demasiado inconsistente. El partido se hizo flojo, con la pelota yendo de lado a lado sin tocar mucho el verde césped. El beneficiado era Temperley que a pesar del cansancio de sus dos figuras seguía presionando sin parar.

Lucho González pudo balancear un poco el centrocampo de su equipo, pero tampoco corresponde que él solo haga todas las jugadas sin ayuda. Saviola tocó con el Pity y este centró para Alario, que perdió con Aguirre abajo. Esparza respondió entrando al área y perdiendo por poquito con Mamanna que pudo recuperarse a tiempo tras ser inicialmente superado. 


Mayada trepó muy bien y tiró un centro horrible. Una irregularidad que ya molesta la del volante uruguayo, pues nunca termina de engranar más allá de sus cualidades técnicas y algún que otro chispazo. Gallardo veía como los suyos se repetían en pases laterales que terminaban en saques a favor del rival, síntoma de problemas posicionales bastante importantes. Orona, Di Lorenzo y Esparza siguieron anticipando en el medio, exponiendo la ingenuidad de sus colegas que con sus fallos dejaban a su formación mucho más larga de lo que ya de por sí estaba.

Había tenencia, claro, pero sin generación ni de juego ni de peligro. Crivelli miraba y Driussi desaprovechó una buena chance cara a cara con él tras recibir un pelotazo frontal. Ganó el rebote pero su disparo fue demasiado débil y mordido. El Pity logró con un pique corto dejar mal parado al celeste por primera vez y conectó con Saviola. El Conejito tocó con Alario y Bojanich logró taparlo en el momento en el que estaba por definir. Aprile entró por Di Lorenzo, para cubrir un poco más el medio y tener llegada de la mano de este volante mixto. 

Funes Mori estuvo a punto de quebrar la monotonía de River con un bombazo de media distancia. Pero Crivelli respondió como mandan los manuales, inaugurándose así el asedio final de un equipo que ganó potencia y velocidad pero siguió estando impreciso y tosco de cara al gol. Temperley esperó abroquelado y con el objetivo entre ceja y ceja, sabiendo que este era el momento para llevarse los tres puntos a casa. Gallardo mandó a liberar a los laterales y juntó mucha gente por el centro, para encontrar un poco merecido gol que le diese la victoria.


Esparza estaba destrozado, pero con sus enganches y viveza seguía complicando a una línea de fondo que jamás lo pudo controlar. Los de Rezza pudieron defenderse con la pelota y lejos de su arquero en los minutos de tiempo agregado, resistiendo los misiles que caían desde todos lados de la mano de un Aguirre infranqueable y lleno de temple. Mamanna cerró el partido con un disparo bien alto tras una serie de rebotes dentro del área. Hubieron algunos aplausos, pensando sobre todo en la Semifinal del martes que viene, pero la realidad es que River por tercer partido consecutivo tras el parate por la Copa América se llenó de dudas y ofreció un espectáculo demasiado por debajo de lo que su muy buen entrenador suele predicar. 


Hay varias cuestiones a resolver de cara a lo que se viene, que es el partido más importante de River en los últimos 20 años sin duda alguna. En líneas generales, podría decirse que lo ideal sería recuperar lo mostrado contra el Cruzeiro en el Mineirao - que fue el oportunamente mejor partido de un semestre discreto-, pero hilemos más fino. Lo que está bien es la idea de atacar constantemente y de jugar por abajo. El problema es que River se lanza demasiado seguido al pelotazo frontal y al centro como único recurso ante la falta de generación de juego. Gallardo tiene en Martínez y en Lucho González dos usinas de buen juego, con pausa y buen pie, que pueden darle forma al viejo 4-3-1-2 con el que el equipo brilló en los primeros partidos del lejano torneo pasado. Debe seguir insistiendo con llenar las bandas, pero no con el objetivo de tirar centros a la nada, sino para poder concentrar marcas allí y romper hacia el centro con mayor volumen que el adversario. Los temas del retroceso son más bien un tic nervioso de este River que Gallardo no supo ni pudo resolver por los motivos que fueren. Lo que refiere a las desatenciones en la salida puede solucionarse dándole más compañía a Kranevitter en el medio, pero el volante sigue lejos del nivel con el que maravilló en 2014. Y lo del delantero goleador es algo que se espera solucionar con un Saviola en fase de retiro y sin la explosión en los metros finales que mostró en sus años mozos. Más allá de esto, River es un equipo que tiene bastante en claro a lo que juega y que es muy peligroso para cualquiera tanto por historia como por presente. El martes, como dijo Gallardo tras el partido, se espera que de el presente para poder dar el primer paso hacia una Final soñada por todos sus hinchas. 



martes, 7 de julio de 2015

Chile 0 (4) - Argentina 0 (1): Una consagración para un gran proyecto, un primer paso para el otro; Merecida victoria, la idea ante todo




La Final de la Copa América 2015 iba a ser entre los dos mejores equipos del torneo: el local Chile y el vecino Argentina. Dos equipos que comparten una idea futbolística - cada cual con sus retoques y agregados, claro- que ya fue explicada hasta el hartazgo en los diversos análisis que hemos hecho durante el desarrollo de esta competencia. Pero que también se encuentran en un momento de transición generacional, tras haber disfrutado por bastante tiempo - esto aplica sobre todo al caso argentino- de una Generación Dorada en plenitud y siendo protagonista a lo largo y ancho del mundo con sus equipos y también a nivel de selecciones. En el caso de los entrenadores, la situación era muy diferente en cada uno de los casos: Jorge Sampaoli se encontraba bordeando el tercer año de su ciclo al frente de Chile y tenía ante sí la posibilidad de coronar su gran trabajo y poder asegurarse la tranquilidad absoluta de cara a todo lo que queda de cara a Rusia 2018; Gerardo Martino había tenido en esta Copa América su debut oficial en el plano internacional con la Argentina y este encuentro decisivo apenas era el primer paso de un ciclo que tiene como objetivo primordial la clasificación al próximo mundial de la mano de una idea de juego que tuvo su primera y bastante razonable prueba en este torneo. 

Tras dos semanas de insultos cruzados, donde chilenos y argentinos se tiraron por la cabeza con mucha maldad cuestiones muy dolorosas que poco tienen que ver con este hermoso deporte llamado fútbol, llegaba el choque que todos esperaban. Más allá de la irracionalidad y la idiotez del ser humano, lo que se estaba por ver en el Estadio Nacional de Santiago de Chile prometía ser histórico. Frente a la concentración argentina se vieron carteles dirigidos hacia los futbolistas - y hacia todos los que compartimos nacionalidad con ellos- referidos a la guerra de Malvinas. Horribles proclamas acerca de los muchachos que murieron cuando una sangrienta dictadura militar en decadencia los envío a pelear una guerra perdida para salvar su propio pellejo. Muchos de los que blandían y gritaban esas consignas, tenían la misma edad de quienes perdieron su vida hace más de 30 años o congelados o ahogados o destruidos por las balas de los ingleses. La misma crítica aplica para los argentinos que llegaron y se fueron del país vecino al grito de "traidores" y demás cuestiones en las que los chilenos de ayer y hoy poco tuvieron que ver. A los dos bandos de esta guerra eterna, mi humilde recomendación: lean mucho, lean acerca de lo que sucedió en aquellos años, en lugar de entregarse a las consignas simplistas y llenas de maldad que suelen blandir personas en las que solo cabe el resentimiento más puro. Como bien dijo Mascherano, un partido de fútbol es solamente eso y no una guerra o una actividad que deba mezclarse con los intereses políticos. Lamentablemente, las autoridades chilenas (políticas y del fútbol) decidieron que no era pertinente realizar un minuto de silencio por razones que todos conocemos y creemos que eran dignas de recuerdo. Esto sumado al uso patético que hizo la Presidenta Bachelet de esta Copa América - para tapar la pésima y corrupta gestión que está realizando en su segundo y ya malogrado mandadto- hacen reflexionar acerca de las razones por las que esos carteles mencionados unas líneas atrás fueron blandidos. Si los mensajes no llegan desde arriba, es muy difícil que cualquier sociedad logre cambiar.    

Dicho esto, vayamos al análisis del partido. Sampaoli dispuso de su habitual 3-4-1-2 pero lo modificó de acuerdo a su "plan para enfrentar a las potencias" que se pudo ver en varios partidos durante su ciclo: Bravo; Medel, Díaz, Silva; Beausejour, Aranguiz, Vidal, Isla; Valdivia; Alexis Sánchez y Eduardo Vargas. No se resignaba ni la idea de juego ni la vocación ofensiva como en casos anteriores, pero al colocar a Díaz de central dejaba en claro que lo utilizaría como volante central en ataque cerrando un poco a los laterales/volantes para hacer que el retroceso no sea tan costoso. Martino plantó un 4-2-3-1 que buscaba pelearle el mediocampo a un rival que lo suele llenar de marcadores, en un plan muy bueno desde lo discursivo pero que fallaba en otras cuestiones que serán abordadas sobre el cierre: Romero; Zabaleta, Demichelis, Otamendi, Rojo; Mascherano, Biglia; Di María, Pastore, Messi; Agüero. Sin dejar de lado el juego de posesión ni la dinámica ni el ataque constante, Di María y Pastore deberían replegarse un poco más en la fase defensiva para no dejar solo al doble cinco en inferioridad. 


El partido comenzó con la Argentina saliendo a presionar para ahogar a Chile en la salida. En la primera jugada, bien larga, del encuentro a los de Sampaoli les costó hacer pie pero pudieron salir jugando por abajo. El esquema planteado por Martino estaba hecho para presionar arriba con Agüero como faro para buscarlo tras abrir la cancha. Alexis Sánchez inició el juego para su equipo, con una buena corrida y un centro que terminó en las manos de Romero. Beausejour e Isla mostraron sus dientes, desplegándose a la perfección desde el primer ataque para respaldar a los dos delanteros en cada ataque. 

Díaz, como era de esperar, hacía de central en la fase defensiva y de volante central adelantado en la ofensiva. La Argentina mostraba buenas conexiones, todas a un toque, tratando de mover la pelota de lado a lado hasta encontrar la diagonal de Messi o Di María. Los laterales y centrales argentinos se mostraron sólidos en el mano a mano, anticipando seguido a los volantes del rival. La idea era clara: recupera y salir en fracción de segundos. Pastore la perdió en el medio, Messi corrigió y habilitó con un pase largo al Kun, que no pudo pellizcarla ante una buena salida de Bravo. 

Chile, más allá del arreglo de Díaz, no jugaba en absoluto cerrado. Apostando a la supremacía en número y físico en el mediocampo, iba al palo por palo sin traicionarse ni un poco. Beausejour e Isla eran dos lanzas imposibles de contener para los laterales del contrincante, con un equipo que armaba con inteligencia el juego: llegaba tocando por el medio, juntando mucha gente y luego explotando en 3/4. Esto hizo que los centrales nunca supiesen si salir o no a buscar al jugador, una duda que suele ser letal. 

Alexis, que estaba encendido, trepó muy bien y tras el corte de Garay la pelota le quedó a Valdivia. El enganche no eligió bien, pues estaba solo y con tiempo para acomodarse y rematar dentro del área pero eligió dar un pase al medio que Zabaleta despejó con mucho timing. El fuerte de Chile estaba por la derecha, había encontrado la grieta en el equipo argentino y la explotaba muy bien. Pisando seguido el área y manejando la transición entre defensa y ataque con fluidez y consistencia. 

Tras una mala salida de los de Martino, que empezaban a sentirse ahogados y avasallados, Vidal abrió con Alexis, que rompió líneas y lanzó un muy buen centro que Demichelis pudo rechazar a medias. El rebote le quedó de nuevo al volante de la Juventus que con una buena volea cruzada forzó a Romero a una estirada sensacional para mantener su arco en cero.

Chile dominaba con claridad, ante un rival disperso en el centro de la cancha y sin volumen para hacerle frente al bloque dinámico - estilo Rubik- dispuesto por Sampaoli. La verticalidad y la tenencia con buen manejo del balón de Chile, eran un jeroglífico para un equipo que se parecía más al del último Mundial antes que al que vimos durante toda esta Copa América. El planteo era sin dudas conservador en comparativa, pero tampoco era demasiado diferente a lo que llevó a la Argentina a bailar a Colombia y a Paraguay. Lo que fallaba: los jugadores. Lentos, sin explosión, sin viveza, sin potencia para ganar en el medio, sin realizar los relevos - todos, incluido el amado Mascherano que parece que siempre hace todo bien, algo que es mentira-. Apenas alguna buena combinación entre Messi y Di María, pero muy flojo tanto por la labor de Chile como por los propios errores. 


El partido a pesar de esto seguía abierto, estando la diferencia en el mediocampo. Chile llenaba constantemente esta zona, sin dejarla fija, usándola como despegue para llegar hasta el área de la Argentina. El gran problema con el que se encontraba el doble cinco nacional, era que no había oferta de pase cuando podían recuperar la pelota. Otamendi cumplía una labor sensacional, el único que se destacaba entre sus compañeros, anticipando y cubriendo hasta los lugares donde un central no debería ir. Con el correr de los minutos, Chile reguló un poco y la presión del visitante mejoró un poco como para llevar algo de peligro. 

Ambas líneas de fondo respondieron bien a los embates, sin demasiadas fisuras. Agüero peleaba todo y contra todos arriba, pero estaba demasiado solo. Pastore no subía un poco para ayudar por el medio, pero menos lo hacían Messi y Di María que parecían desconectados de lo que sucedía debido a la poca audacia en el planteo. Todo el mediocampo argentino fue obligado a marcar, no hubo más que hacer pues si no trababan, hubiese sido cuestión de segundos para que Chile dispusiese de un vendaval de situaciones de gol. 

Otamendi volvió a ganar en la salida, hizo la pausa y abrió con Zabaleta. El lateral armó una jugada corta con Pastore y centró para el Kun. Al del Manchester City se le fue larga la pelota, pero logró recuperarla muy bien y tocar atrás de nuevo, con marca encima, para generar un tiro de esquina. Messi tomó la pelota y le puso un pase a la cabeza a su mejor amigo, que solo dentro del área chica tocó al gol para chocar contra Bravo. El milagro se había producido y la ubicación casual del portero chileno fue lo único que evitó el festejo argentino. 


Argentina tenía un poco más de color al menos y Chile esperaba en el mediocampo, marcando muy bien y jugando al contragolpe sin por ello renegar de las posesiones largas. Pero lo que predominaba era la búsqueda en corto y vertical para poder construir ataques y sorprender al rival. Di María se lanzó en soledad y tras un recorrido demasiado extenso y sin encontrar receptores, sintió el esfuerzo y debió salir de la cancha desgarrado. En su lugar entró Lavezzi y de aquí en más la idea conservadora de los primeros minutos regresó en todo su esplendor, para lamento de quienes estábamos observando el partido. 

Chile llegó dos veces seguidas: primer con una combinación entre Isla y Sánchez que terminó en un centro cortado por Otamendi; luego con un pase largo para Vargas que fue comido por Rojo y el central del Valencia que era por lejos el mejor de la albiceleste. Esto era una constante, pues los de Sampaoli siempre liberaban a dos como mínimo entre los centrales y los dos volantes de contención, haciendo que las coberturas fuesen muy complicadas. Y más aún si se sumaban Vidal, Díaz, Isla y/o Beausejour. 

Chile tenía el partido en sus manos de nuevo y marcaba el ritmo con sus ataques llenos de dinámica y toque al ras del piso. Lavezzi, en función "Sabella 2014", estaba más abocado a la marca que al ataque o a la creación, por lo que surgió la pregunta respecto de la inteligencia y/o atrevimiento en ese cambio. Del otro lado, Alexis Sánchez estaba jugando el mejor partido de su magro torneo, justo en el momento indicado: encarando, pidiéndola siempre, armando mucho juego y rompiendo líneas con gran velocidad y plasticidad. 

Medel tuvo su momento, como siempre, con una patada criminal al pecho de Messi. Fue sin intención, pero así no se pelea una pelota alta ni acá ni en Europa ni en Júpiter. Debió haberse ido expulsado, pero el permisivo árbitro decidió que una amarilla y un grito eran más que suficientes. A pesar de que los locales estaban más bien golpeadores - sin mala leche, solo por una cuestión táctica- la Argentina no encontraba salida al laberinto. Al no recuperar arriba, cedía demasiados espacios y no lograba tener tiempo para armar los contragolpes que parecían ser a lo único que se apostó desde el primer momento.


Valdivia se vistió de salvador tras un buen centro que Agüero bajó para Pastore dentro del área. Su bloqueo fue oportuno y salvó lo que en ese momento habría sido un gol inmerecido pero gol al fin. A los 38' la presión regresó paulatinamente en el equipo de Martino y Chile dió unos pasos atrás para aguantar el asedio final. La apuesta era sostener las líneas y salir largo con un pelotazo cruzado que encontrase a los de arriba. El partido se hizo frenético, con los dos lados buscando dar el golpe antes de finalizar la primera parte.

Poca tenencia, verticalidad total con transiciones en pocos pases al ataque y mucha intensidad. Messi seguía perdido en este esquema de juego, sin encontrar la pelota casi nunca pues o no se la daban o cada vez que se la entregaban era de manera deficiente. A esto hay que agregar que siempre estuvo rodeado por como mínimo 4 jugadores que no lo dejaron moverse ni medio milímetro - y aún así tuvo varios arranques y pudo ganar campo-. La dinámica de Chile era fantástica, apretando mucho en los minutos de cierre. 

El equipo dirigido por Sampaoli estaba instalado de nuevo en campo argentino, con los volantes y delanteros tocando y pasando a todo momento. El juego de rotaciones permanentes, sin posición fija, le daba resultado tanto en ataque como en defensa y solo le faltaba el gol para coronar un primer tiempo a la altura de las circunstancias. Messi pudo romper con su jaula y cuando se iba solo contra el arquero, Aranguiz lo cruzó mal abajo para que Roldán no cobre siquiera falta. 

Una por lado para ir al descanso: Vidal la sacó para Alexis, que recortó bien pero su remate fue demasiado anunciado y débil a las manos de Romero; Pastore comandó el contragolpe, enganchó con maestría dentro del área y tocó atrás para Lavezzi que entraba como una locomotora. Su bombazo fue sensacional, pero mucho mejor la respuesta de un Bravo que no se movió ni un centímetro y bloqueó el tiro con mucha solidez. 


Los segundos 45' comenzaron con Vidal recibiendo solo en el punto penal y tratando de colocar - sin éxito- un cabezazo a contrapierna de Romero. El arquero respondió con una gran lectura de la jugada y mantuvo su posición para ahogarle el grito al chileno. Argentina estaba una vez más asediada y dominada, pues la presión del rival era absoluta. Los de Martino trataban de mover la pelota, de ganar tiempo y tratar de crear espacios sin tener que desgastarse en el golpe por golpe. Pero la Roja seguía haciéndose amo y señor del partido entrando por el centro y desplegándose como un acordeón. 

Valdivia empezó a tener más la pelota y esto mejoró el circuito de juego de los suyos. La posesión era toda para Chile, que debido al buen trabajo de regulación hecho en el primer tiempo tenía mucho más resto físico que la Argentina. Cada avance empezó a hacerse más elaborado, con tenencias largas y un ataque más estructurado, en bloque, y con una apertura progresiva para evitar el contragolpe en caso de perderla. 

Las salidas desde el arco con la pelota al piso eran otro de los fuertes de Chile, que forzaba infracciones tontas en su propio campo y así en poco tiempo logró cargar de amarillas al mediocampo albiceleste. Lo tuvo Otamendi tras corner de Lavezzi, pero su cabezazo fue ancho. La pelota parada era una de las posibilidades para los de Martino, pues Chile no pudo corregir su pésima marca en todo el torneo. En base al toque corto y la búsqueda posterior en largo, los argentinos trataban de equiparar un poco un trámite complejo, algo que logró pues incomodó al contrincante lo suficiente como para que su salida ya no fuese tan limpia. 

Pastore recibió, aguantó la marca y dejó solo a Zabaleta por su banda. El centro salió por encima del travesaño, pero sacó a Bravo de la tranquilidad con la que estaba jugando tras un primer tiempo muy activo. Un par de conexiones entre el enganche del PSG y Messi levantaron a la Argentina, pero la elaboración no iba más allá de lo que pudiesen hacer arriba ellos dos y Agüero. 


Alexis conectó bien con Isla, ingresó al área y lo dejó solo a Vidal del otro lado con un gran cambio en corto. El del peinado más que extravagante tardó demasiado el acomodarse y Zabaleta se vistió de bombero una vez más. Lo que le faltaba a Chile a esta altura del partido era contundencia de cara al arco, un déficit que solo se veía en el momento más importante de todo el torneo. El Kun estaba haciendo un enorme partido, peleando contra los tres centrales del rival muy solo, presionando siempre y ayudando en la recuperación.

Chile ya no mostraba tantas piernas ni tanta dinámica - dos cosas que van de la mano- pero no paró de atacar. Con posesiones un poco más largas para que las piezas se acomoden, pero siempre con el objetivo fijo. Pastore habilitó a Agüero tras una buena corrida y el nueve, agotado, no llegó a empujarla pues el centro fue demasiado pasado. Acto seguido, los dos entrenadores movieron sus respectivos bancos: Higuaín por Agüero para ganar presencia y juego aéreo en el tramo final, pues el pelotazo largo o el centro habían sido los dos únicos recursos usados por la Argentina en una mala actuación; Matías Fernández por un Valdivia que en el segundo tiempo había tenido un buen rato al inicio pero luego se había apagado. 

Vargas bajó muy bien un pase largo y la pelota le quedó a Vidal. Demichelis debió ponerse el traje y apagar el fuego, con un corte impecable. Isla recibía siempre solo, en una coreografía que se hacía previsible pero que los jugadores argentinos no podían controlar. Messi había sido comido por sus marcadores, sin tanta movilidad como en el primer tiempo y cansado después de haber hecho todo lo posible para que alguien se la tire redonda. 


Los dos equipos se atacaban con lo que les quedaba en el tanque, siendo el local el más claro, vertiginoso y punzante. En el minuto 80' el cuadro era fácil de analizar: la pelota y los jugadores iban y venían, todos llegando hasta 3/4 de cancha y luego perdiéndola fácil ante la defensa rival. Banega ingresó por Pastore en un buen cambio, pues más contención y frescura eran necesarios así como un socio para Messi que sorpresivamente - y salvo por Pastore- no era buscado por sus compañeros. 

Alexis e Isla armaron un buen 1-2 sobre la banda pero Rojo le ganó con oficio al del Queens Park Rangers cuando buscaba desbordar. Mati Fernández aprovechó una pésima salida de la Argentina y dejó solo a Alexis, que picó a contrapierna de su marcador y quedó ante Romero. Media vuelta y volea cruzada que salió muy pegada al primer palo, salvándose los argentinos de una derrota tan merecida como inminente. Pero tras esa acción, Banega se hizo de la pelota y mejoró mucho la circulación de su equipo, levantando también el nivel y actividad de Messi. Con un Chile jugado y marcando en línea, asumiendo todos los riesgos en un acto de valentía total, las posibilidades se abrían de nuevo en los minutos finales. 

A los 89', Rojo fue tomado con claridad dentro del área y Roldán miró para otro lado para alegría de los miles de chilenos presentes en las tribunas y de los que estaban en el verde césped. Y tras un intercambio de golpes que no parecía terminar en nada para ninguno de los dos, Messi armó un contragolpe fenomenal: dejó atrás a tres marcadores por primera vez, hizo la pausa en un microsegundo y abrió con Lavezzi. De primera el delantero la cruzó para Higuaín que salió muy tarde - más allá de que la pelota fue un poquito larga- y le empujó pero contra el lado externo de la red. El Estadio Nacional quedó paralizado y de a poco se fue recuperando, pues estaba claro que se habían salvado por obra y gracia de un milagro. 


El Primer Tiempo Suplementario fue todo de Chile. Con un 4-4-2 y el ingreso de Henríquez por Vargas para sumar más peso al ataque y cuidar el retroceso, no dejó espacios y se plantó en campo rival sin problemas. La Argentina buscó aguantar y tratar de salir con los extremos, pero sucumbió ante la presión total de los de Sampaoli que no le permitieron salir del área siquiera. Lo tuvo Henríquez tras una buena pared con Díaz, pero su disparo dentro del área salió bastante alto. Vidal estaba jugando de nueve, buscando la heróica en esos momentos en los que el corazón juega cuando las piernas ya no responden. 

Una gran salida larga de Bravo expuso a Mascherano, que se pasó en el anticipo, y dejó solo a Alexis contra un poco de pasto y Romero. Zabaleta comenzó la carrera a tiempo y en un esfuerzo monumental logró llegar a molestar al delantero justo cuando estaba por rematar y su disparo salió medio centímetro arriba del travesaño. Los dos equipos buscaban ganarlo a su manera, pero el resto físico era apenas superior en los locales contra dos acalambrados en la Argentina y todos los demás apenas cubriendo espacios. 

El Segundo Tiempo Suplementario fue un show de corridas en solitario y patadas, sin articulación de parte de ninguno de los dos. Sin dinámica ni otro plan que encontrar un gol que termine con el suplicio. Los de Martino tuvieron la última tras un remate alto de Fernández en la jugada previa que salió demasiado alto. Banega lanzó un centro frontal y el rebote le quedó a Higuaín, pero su volea fue bloqueada por uno de los defensores con todo el cuerpo para terminar saliendo por la línea de fondo. Había un tiro de esquina más, pero Roldán decidió dar por terminada la faena y mandar todo a los penales.


Como contra Colombia los penales habían hecho justicia, es opinión de quien les escribe que aquí también. Podemos sumarle factores como que del lado chileno había confianza y del lado argentino mucha presión y angustia, pero tras los dos primeros lanzamientos no hubo más discusión al respecto. Higuaín coronó su pésima noche y su floja Copa América mandando a las nubes un penal no tan complicado en cuanto al lugar - el el segundo nomás- y Banega sucumbió ante un escenario que desde el 2-1 para Chile era más que obvio. Fácil y anunciado al palo donde patean los diestros, mansita para que Bravo contenga. La Panenka de Aléxis Sánchez y su festejo más bien fotogénico - me hizo acordar al de Cristiano Ronaldo en la Final contra el Aleti de Madrid- le dieron a Chile su primera Copa América tras haber quedado en la puerta varias veces. El Estadio Nacional, los jugadores y cuerpo técnico, la Presidenta repentinamente amante del fútbol y todos los chilenos estallaron en un solo grito que no paró hasta altas horas de la madrugada y que debe seguir en estos momentos. 

Los dos entrenadores declararon cosas más bien extrañas y bastante desviadas de la realidad. Sampaoli dijo que habían estado mejor en los pocos momentos en los que el partido había sido un poco más balanceado y que habían tenido todas las situaciones claras. Martino que su equipo había merecido ganar, pues había sido superior a su rival en todo el partido. Los dos no acertaron, tal vez manejados por emociones contrapuestas con objetivos claramente diferentes. Chile jugó el mejor partido de su Copa América, apareció en plenitud - excepto en la eficacia- cuando más se lo necesitaba y supo adaptar su clásico esquema para enfrentar a equipos grandes y con mucho peso futbolístico e histórico sin resignar ni un poco su idea de juego. Creo que en esta Final se vió todo lo que es Sampaoli y lo que ha logrado en sus casi tres años al frente de la selección chilena de fútbol. En una lógica y gran decisión, su contrato acaba de ser extendido hasta el Mundial de Rusia 2018 (inclusive, claro) y de poder realizar una gran labor tanto allí como en la Copa Confederaciones creo que habrá realizado un ciclo más que sensacional. 


La Argentina perdió su segunda definición consecutiva y se marchó llena de dolor. Pero está claro que el cierre para una generación llena de talento y entrega no fue del todo oscuro. Una final del mundo y una de américa en poquito más de un año sería digna de aplauso en cualquier país masomenos razonable. Pero en uno como el nuestro en el que lo único que se hace es destruir después de un derrota en vez de aprender de ella, esto es una herejía ¿Como nosotros, que en el fútbol mayor no ganamos nada hace 22 años vamos a perder? ¿Como es posible? Es sabido que si la de Higuaín ingresaba, el Tata Martino habría sido llamado un "genio táctico absoluto" y que Messi habría sido encumbrado como "mil veces más que Maradona". Pero como esto no sucedió, se empezó a pedir la renuncia del entrenador y comenzó a correr el rumor de que el mejor jugador del mundo podría tomarse un descanso del seleccionado nacional, algo que de corazón creo que nos merecemos pues somos lo peor que hay. Los periodistas (o algo así) que hasta hace unos días decían que se había llegado a la Final solo por Messi - una mentira que deja en evidencia su operación contra Martino y su poco conocimiento en la materia de la que viven generosamente-, empezaron a gritar por TV que estaban hartos del astro del Barcelona. Cero capacidad de análisis, ningún tipo de reflexión acerca de lo que se había visto en la cancha y ni que hablar de la coherencia, pues el esquema y táctica que usó la Argentina en la final fue el que todos exigían tras el empate con Paraguay en la primera fecha. Todo girando asquerosamente alrededor del resultado, con honrosas excepciones claro pero siendo estas solamente eso: una gota de agua en el desierto. Mi recomendación es la de siempre, en la victoria y en la derrota: no miren más, ni se les ocurra festejar los goles o si se gana, vayan a ver los compilados de Italia 90'. 

Sin dudas que fue el peor partido de la Copa América para la Argentina, pues dejó de lado la excelente idea que había ejecutado a lo largo del torneo para optar por un esquema más luchador y conservador a la vez. Suelo defender a Martino - y lo seguiré haciendo- pero es una locura que haya dicho que fue un mérito haber anulado ofensivamente a Chile porque "era el equipo más goleador del torneo". Sin desmerecer a los andinos, creo que hay un abismo en lo que refiere a historia pasada y presente así como en materia prima, por lo que esas palabras estuvieron fuera de lugar. A admitir que se jugó mal y que el rival fue superior y listo. No hay mucho más drama que hacer, piensen que Sampaoli recién consigue su primer éxito tras haber madurado y trabajado arduamente por un par de años. Nada se consigue por arte de magia: si hoy mismo viniesen Guardiola o Löw a dirigir a la Argentina, tardarían meses, años, en implantar un sistema de juego y lograr que el proyecto sea integral y a largo plazo. La idea de Martino ha prendido en el grupo y el entrenador siempre dijo que esto era solamente la piedra basal. Haber comenzado con un segundo puesto no es algo malo en absoluto, por más que nos moleste haber quedado en las puertas otra vez. Paciencia, trabajo y apoyo nuestro. Tres cosas que necesita Gerardo Martino para comenzar con la transición generacional, pues esta convocatoria apenas si mechó alguno de los nombres que vamos a comenzar a ver más seguido con la celeste y blanca. Soñar con esto es imposible, pues como ya se dijo no sabemos tomar nada positivo de una o varias derrotas, solo queremos resultados a corto plazo y mediante alguna especie de magia negra que nos evite consecuencias a la larga. Elegimos seguir sin querer aprender, leyendo notas en los grandes medios de "especialistas" y demás que poco honor le hacen al mote, cargando sobre los jugadores - y Messi sobre todo- nuestras propias frustraciones bajo lemas burdos y falsos como "el pueblo necesita una alegría, la estamos pasando mal" o el clásico "estos millonarios de mierda" (como si no fuese su profesión, como si no viviesen todo el día entrenando como mulas desde que tienen capacidad de razonamiento) y demás cuestiones que lamentablemente son parte del argentino promedio que se sienta a mirar un partido de fútbol. Para mayores referencias al respecto, los invito a leer o releer el párrafo inicial del análisis previo a este que habla un poco más en profundidad del tema. 

Alemania salió tercera en su Mundial allá por 2006 y de la mano del sucesor de Jürgen Klinsmann, comenzó un camino que terminó con la consagración en Brasil 2014. En el medio no hubo ningún éxito, sí varias frustraciones, pero siempre se tuvo una certeza: junto a España, la selección de Joachim Löw fue en todo ese tramo la que mejor jugó indiscutiblemente en todo el mundo. Sus hinchas no pidieron la cabeza de nadie a pesar de la Final perdida en la Euro 2008, el Tercer Puesto en Sudáfrica 2010 y la Semifinal perdida en la Euro 2012. Todos sabían que el equipo jugaba exquisitamente y que el cambio de estilo comenzado por quien hoy maravilla con otro proyecto a largo plazo en la selección de Estados Unidos y su mano derecha, iban a ser beneficiosos para un equipo que había tocado fondo poco tiempo atrás en la Eurocopa 2004 (busquen, fue más que un desastre). Hoy por hoy, Alemania a pesar de un arranque irregular en las Eliminatorias - que ya corrigió- y algunas caídas en amistosos, sigue siendo el mejor de todos. Sin dudas que las diferencias entre los países del mundo se encuentran en los factores políticos y los índices económicos. Pero a mi parecer, lo más importante es el grado de desarrollo de cada sociedad. Y en ese aspecto, es muy claro que estamos a años luz de poder salir del pozo.    



  

viernes, 3 de julio de 2015

Chile 2 - Perú 1: Mucho sufrimiento y muy poco fútbol; Una final soñada, al borde de cortar una sequía histórica



Chile llegaba al partido de Semifinales contra Perú con algunas dudas en lo futbolístico pero con una baja muy importante en la línea defensiva. Tras la "investigación" que realizó la Conmebol, Gonzalo Jara fue suspendido primero por tres fechas y luego por dos y una multa económica. Podrá volver en la primera fecha de las Eliminatorias, pero ya no habría más Copa América para el aguerrido y polémico central. Jorge Sampaoli eligió retocar un poco el esquema, obligado a reforzar un poco la defensa pues no contaba con un jugador de las mismas características y prestaciones que Jara para cubrir las constantes subidas de los dos laterales. En lo que refería a lo demás, el equipo sería el de siempre lo cual garantizaba en los papeles buen fútbol. Enfrente estaba el duro, y a la vez vistoso, Perú de Ricardo Gareca quien en poco tiempo logró convertir a un equipo de viejas glorias sin motivación y nuevos talentos muy individualistas, en una roca sólida y convencida de que pueden sacar a su selección del pozo en el que cayó hace ya mucho tiempo. Con actuaciones muy buenas en un grupo realmente complicado - dominó sin problemas, con orden táctico y mucho toque y agresividad a Brasil y a Colombia y venció con justicia a la dura Venezuela- y unos Cuartos de Final de lujo contra Bolivia, nada hacía pensar que este Perú asumiría un rol de partenaire en la fría noche de Santiago. La idea era la misma de siempre: salir a presionar, ocupar bien los espacios y mantener la posesión absoluta de la pelota. Tres elementos que serían clave si es que los peruanos querían tener chances de ganar contra un Chile que ha hecho del juego al ras del piso y el ataque su esencia, más allá de los retoques que le dieron Borghi y Sampaoli a la idea instalada por Marcelo Bielsa.

Chile formó con un extraño 4-3-1-2 buscando solidez en el fondo y tratando de solucionar algunos problemas que habían sido recurrentes por el sector izquierdo: Bravo; Isla, Medel, Rojas, Albornoz; Vidal, Díaz, Aranguiz; Valdivia; Eduardo Vargas y Alexis Sánchez. Lo que buscó el entrenador argentino fue dejar fijos a los tres centrales en el fondo, soltar a Isla y lograr que Vidal cumpliese el rol de romper por el otro lado de la cancha. Perú presentó su habitual 4-4-2 sin demasiadas sorpresas: Gallese; Advíncula, Zambrano, Ascues,  J.M. Vargas; Carrillo, Ballón, Lobatón, Cueva; Paolo Guerrero y Farfán. Doble cinco fijo, laterales que pasan al ataque como delanteros, dos exteriores veloces que siempre recortan hacia el centro y dos puntas temibles y en excelente nivel sueltos en el frente de ataque.


El partido inició y rápidamente quedó claro que Chile además de estar nervioso - como en todos los partidos de este torneo- también estaba incómodo e impreciso debido a lo que le planteaba su rival. Perú logró asfixiar a su rival y le llenó las bandas para evitar que pudiese salir con tranquilidad. Fue el equipo de Gareca el que se aproximó primero con un buen centro de Guerrero que Bravo controló con solidez.

Chile reaccionó y con un despliegue veloz de la mano de Alexis e Isla forzó a Ascues a tener que estirarse para salvar a su arquero. El del Queens Park Rangers jugaba como extremo, Vargas se cerraba por el medio y la estrella del Arsenal corría por el otro lado. Perú plantaba un 4-2-3-1 bastante claro con Guerrero de punta y Ballón-Lobatón para cortar el circuito de juego chileno. El partido era muy intenso en estos minutos iniciales, con los dos buscando romper líneas yendo por abajo con gran intensidad.

Los de Sampaoli no lograban salir con comodidad, la presión peruana estaba surtiendo su efecto. Los tres mediapuntas y el delantero central se desplegaban bien para ocupar los espacios cerca de los dominios de Bravo. La marca era en zona, sin cometer el error de ir al hombre, provocando así el pelotazo frontal constante. Alexis era el punto de búsqueda, jugando a espaldas de los marcadores centrales. Enfrente, Advíncula trepaba bastante menos de lo habitual, cuidando como un perro guardián su sector de la cancha.

Hasta aquí todo funcionaba a la perfección: un aplicado y sólido Perú dominaba a Chile en base a un sano equilibrio. Sano porque no resigna jamás ni un poco de su estilo tan ofensivo como vistoso. Valdivia estaba fuer a del partido, sin tocar muchas pelotas e impreciso en las pocas ocasiones de pase profundo de las que dispuso. Para colmo de males, Vidal regaló una pelota fácil, Guerrero buscó largo a Farfán y Medel tuvo que tirarse de cabeza para evitar el disparo del delantero dentro del área.


Todo era de Perú, a puro toque y ataque, una óptima presentación del equipo de Gareca que vencía en lo táctico, lo físico y lo relacionado al juego. Chile seguía sin hacerse del balón y sin encontrar espacios; y en el choque de trenes, perdía por mucho pues no era ni por asomo tan intenso como Perú. Las imprecisiones y el nerviosismo eran lo que caracterizaban a sus jugadores, con la excepción en Isla que estaba jugando un muy buen partido y siendo el único con claridad dentro del 11 trasandino.

Carrillo trepó desde el medio y dejó en ridículo a Albornoz, que era de los peores entre los suyos. La jugada terminó en tiro de esquina, pero sirve para explicar lo largo e inconexo que estaba Chile, pues un solo jugador superó al medio y la defensa solamente con una carrera larga. Guerrero presionó sobre la salida, ganó la posesión, esperó y cedió con Lobatón. El disparo del volante central salió rozando el ángulo, en otra muestra de poder de los rojiblancos.

Ballón y Lobatón eran centrales, pues hacían muy bien todos los relevos en el mediocampo. Así ninguna pieza quedaba mal engranada y la rueda giraba sin ningún problema. Los volantes chilenos estaban eliminados, borrados de la cancha por un contrincante que ya merecía la ventaja. El que Chile estuviese tan mal se debía a errores propios sin dudas, pero por sobre todas las cosas a la fenomenal labor de un Perú imparable.

Y llegó el quiebre del partido. Zambrano dejó la pierna arriba tras ganarle a Aranguiz e impactó de lleno sobre su cintura. Segunda amarilla y expulsado, con lo que el castillo comenzaba a derrumbarse. No se debate la segunda tarjeta sino la primera: en los primeros minutos del partido, Zambrano le ganó la posición a Vidal y este lo empujó, lo tomo del cuello y casi le pega una buena trompada. Todo ante los ojos de un árbitro que separó y pidió calma, algo que los dos jugadores entendieron y con un abrazo y sonrisas dieron por terminado. Luego por una falta casi inexistente, Zambrano fue amonestado y luego llegaría la expulsión a los 20' de la primera parte ¿Por qué Vidal no fue como mínimo amonestado por agarrar del cuello a un rival que no le había hecho nada? ¿Por qué Zambrano recibió una amarilla dos segundos después por una falta que no la merecía? No me gusta ser conspirativo, pero las casualidades - Guerrero dixit- han sido varias a lo largo del torneo en favor del local, algo sobre lo que ya volveremos sobre el cierre.


Ballón tuvo que bajar, Carrillo se cerró en el medio y Ramos ingresó por Cueva para rearmar la defensa. La reacción de Gareca fue muy buena, pero los espacios inevitablemente aparecieron en el mediocampo. Sin la presión total de Perú, Chile recibió una bocanada de aire importante. Valdivia tuvo dos: un rebote que se fue bastante alto tras un corner y un buen disparo que picó y salió al lado del palo tras recibir sobre el costado de parte de un apagado Alexis Sánchez.

Chile mejoró con los espacios, pudiendo salir con más tranquilidad. Perú estaba tirado atrás por una decisión arbitral y ahora sufría una presión bastante desordenada y poco lucida - pero presión al fin- de parte del equipo local. Advíncula se puso el traje de Superman para salvar a su equipo tras una buena conexión entre Alexis y Vidal, justo antes del remate del jugador de la Juventus. Perú no dejaba de ir hacia adelante a pesar de todo, sin resignar su estilo pero con limitaciones lógicas.

Advíncula barrió ante Vargas luego de que este recibiese solo tras una jugada armada por Valdivia, Alexis y Vidal sobre la banda. Lo tuvo de nuevo el delantero que milita en la Premier League tras una gran comunicación entre Aranguiz y Díaz, pero no logró controlarla para poder convertir el primer gol. La respuesta de Perú fue instantánea: pase largo para Guerrero - algo que ya era una constante- que Bravo pudo desactivar corrigiendo una nueva distracción de Albornoz.


Chile estaba plantado en 3/4 de cancha, pero muy flojo en el retroceso. El sector de Albornoz era un colador, un error táctico serio de Sampaoli. Pero Chile encontró un gol en offside: centro pasado de Alexis, Aranguiz pifia y le queda a Vargas - centímetros adelantado- que la termina empujando con lo que puede. La pelota entró mansita y se decretaba el 1-0 que era inmerecido y producto solamente de haber contado con la expulsión de Zambrano que abrió el panorama para un equipo muy flojo.

Vidal lo tuvo nuevamente en el cierre tras un buen centro - la única arma de un equipo que suele construir sus jugadas con buen toque y paciencia- pero su disparo salió demasiado alto como para inquietar a Gallese.


Los segundos 45' comenzaron con un gol MAL anulado a Chile por un offside inexistente. Hubiese sido un golpe definitivo, pero el árbitro estaba compensado por su error anterior. La compensación es lamentable, pero se soluciona si uno no roba en favor de un equipo y/o comete errores estúpidos como juez.

Perú buscó salir con pelotazos largos para Guerrero, que siempre ganaba y generaba tiempo y espacio para que Advíncula y Vargas se sumasen al ataque por las bandas. Farfán estaba situado ya como pasador, delante de Guerrero. Los dirigidos por Gareca no dejaban de atacar, abriendo la cancha con mucha velocidad y generando muchas faltas cerca del área. Su gran virtud fue con uno menos poder bajarle el ritmo al partido en base a la posesión con profundidad, para así acorralar a Chile en 58'.

Vidal dejó en buena posición a Alexis, pero el delantero la perdió con mucha displicencia ante un genial Advíncula. Tras este sofocón, pareció que la justicia finalmente llegaba al Estadio Nacional: salida de Lobatón, toque con Guerrero, pasa Advíncula y tras recibir del nueve lanza un centro bien picante que Medel terminó empujando para que Carrillo no comvierta el gol. La pelota terminó en el fondo de la red, todo estaba en cero nuevamente con este 1-1 y restaba ver como saldría Chile a disputar lo que quedaba de partido con la ventaja numérica y física - el fútbol no estaba presente- de su lado. 

Perú había sido superior durante todo el encuentro y Chile apenas si había logrado algo más de fluidez tras la expulsión. Pero este factor terminó siendo clave: en la jugada siguiente, Vidal le puso una pelota sensacional a Aranguiz que la pierde con bastante inocencia en la puerta del área. Juan Manuel Vargas salió bien pero Guerrero fue presionado por 4 RIVALES y el balón le quedó en los pies a Eduardo Vargas. Casi sin pensarlo, el delantero se acomodó y sacó un latigazo bombeado que superó a un flojo Gallese que no pudo leer un remate más bien evidente. Un 2-1 con poco merecimiento, apenas por correr hacia adelante con anteojeras y sin dar un pase bien.


Los rojiblancos quedaron muy golpeados y buscaron acomodarse ante un resultado que era un delirio en sí mismo. Galllese salvó ante Vargas en el borde del área, pero esto era solo un espejismo pues Perú era muy superior. Lo que sucedía era que al estar completamente lanzado al ataque, a los de Sampaoli les alcanzaba con tirarla larga, correr sin mirar y tirar mil centros. Advíncula realizó una corrida inteligente pero Carrillo no le pudo dar potencia a su cabezazo tras recibir en buena posición. 

Chile exhibía la peor cara del estilo Bielsa: desorden táctico, todos corriendo para adelante sin pensar, el centro como única arma - encima mal tirados-, mal retroceso y la nula intención de tener la pelota y armar juego con paciencia. Yotún y Pizarro entraron por Lobatón y Carrillo respectivamente y Gareca terminó de mandar toda la carne al asador en ora muestra de lucidez y valentía. 

Yotún tuvo su primera intervención con un buen toque con Farfán. Centro y Pizarro ganó muy bien para que Bravo le ahogue el grito con una muy sólida respuesta. El volante creativo del Schalke 04 aparecía por todos lados y no paraba de generar peligro, en una actuación fenomenal. Vargas lo tuvo tras otra buena ación esporádica de Alexis, pero solo contra el arquero no pudo controlar la pelota, que quemaba en pies chilenos. 

Sampaoli veía como su equipo tenía campo abierto para terminar el partido, pero al mismo tiempo enloquecía porque no se le caía una sola idea a sus jugadores que erraban todos los pases una vez que llegaban hasta 3/4 de cancha. Yotún envió un disparo apenas ancho tras capturar un rebote. El ritmo lo seguía marcando Perú ante una de las peores versiones que se vió de Chile en el ciclo del entrenador argentino. 


Valdivia lo dejó solo a Alexis pero el remate se fue bastante alto, aún contando con buen ángulo para volver a meter un gol tras aquel solitario contra Bolivia. Tras un centro que Vargas no pudo conectar, Vidal estuvo a punto de romper el ángulo, pero la pelota salió demasiado cerca. Lo más positivo que mostraba Chile eran las asociaciones en corto que realizaban sobre todo Isla, Vidal, Valdivia y - de a ratos- Sánchez entre sí. El número 10 de la Roja manejaba los hilos hace rato y lograba el milagro: que alguien en un equipo sin brújula pudiese lanzar un pase y que la pelota llegue redonda. 

Guerrero habilitó perfecto a Farfán que con un centro atrás forzó a Medel a un cruce salvador. Bravo cometió un horror en la salida, Vidal se le colgó del cuello al jugador que comenzaba el ataque y no fue ni siquiera amonestado por ello (algo que por reglamento debió haber sido así). Nada demasiado extraño y el partido siguió su rumbo. Un buen centro frontal casi lo tiene a Yotún como el dueño de todos los flashes, pero el volante no llegó a empujarla por muy poquito. Gutierrez entró por Valdivia y a Guerrero le cobraron muy mal un offside cuando se iba solo contra Bravo en el minuto 86'. 

Gareca mandaba a sus jugadores adelante y estos no paraban de buscar el premio que merecìan. Los contragolpes de Chile ya no causaban tanto daño y todos pedían por el final del calvario. No pudieron marcar bien en ningún momento, ni siquiera tras la expulsión de Zambrano, en una performance defensiva bastante lamentable por donde se la mire. 

Mena (que al final nunca debió haber salido) trepó perfecto por la banda, Alexis lo habilitó con un buen pase al vacío y Gallese le ganó abajo con muchos reflejos. El arquero peruano volvió a lucirse tras una gran contra armado por Alexis y Gutierrez a un toque, impidiendo que Vidal convierta el tercer gol. Los peruanos siguieron yendo y cuando parecía que les quedaba una más, el árbitro cobró una falta al revés y todo terminó. Chile estaba en la Final de su Copa América y el estadio rompió en un grito angustiante y liberador. Esta bala la habían esquivado y no precisamente por un compendio de virtudes propias.


De Perú se pueden decir muchas cosas y son todas positivas. Es un equipo que de la mano de Ricardo Gareca logró recuperar la confianza, la solidez, la vocación ofensiva y el buen fútbol. No exageramos si decimos que este Perú fue el equipo más equilibrado de la Copa América 2015; uno que nunca dejó de buscar el ataque pero que jamás descuidó la fase ofensiva, con un sistema de relevos y un repliegue fenomenales. La pelota siempre rodando por el verde césped, el pase largo por arriba solo en casos de necesidad absoluta - como este partido, tras quedarse con uno menos- y una mezcla generacional realizaba con maestría por Gareca y su cuerpo técnico. Juan Manuel Vargas, Pizarro, Guerrero y Farfán pudieron ser motivados nuevamente y han comenzado de la mejor manera posible este nuevo ciclo. Los que están apareciendo, también han dejado su huella: Carrillo, Reyna, Yotún, Cueva. La idea del ex DT de Velez Sarsfield y el Palmeiras ha calado hondo y en muy poco tiempo Perú ha recuperado su esencia histórica. Habrá que ver como le va en las Eliminatorias, donde el trabajo debe extenderse más allá de la emoción y el corto plazo de dos semanas de competencia. El haber obtenido el tercer puesto contra Paraguay - el cual será analizado aquí- en una performance igual de magistral como la realizada ante Chile, es un gran primer paso para un entrenador que apunta a llevar a esta selección a una Copa del mundo nuevamente. 

En el lado de Chile, lo primero que hay es alegría por haber logrado el objetivo planteado desde el primer día. Más allá de que los árbitros han sido en exceso localistas y no han dudado en mirar para otro lado en algunas situaciones de relevancia, está claro que Chile ha jugado muy bien. No hay sido la máquina que todos preveían, sufrió mucho en todos los partidos y nunca pudo sacarse de encima los nervios por jugar en casa. En estos días, han apuntado hacia la prensa de su país porque ha habido demasiado elogios para la Argentina de Martino y poco acerca de ellos, algo que me parece bastante idiota desde cualquier punto de vista. La prensa no suele ganar los partidos, esos se ganan en la cancha y los jugadores de Chile (así como su entrenador) parecen más preocupados por generar un clima de guerra antes que por salir a jugar. La idea de este discípulo de Bielsa y de Guardiola es una que honra el fútbol, pero hay ciertas cuestiones que se arrastran desde el inicio de su ciclo con la Roja que no han sido resueltas. La más grave: la cobertura de espacios en retroceso. Hay momentos en los que el mediocampo desaparece y deja muchos espacios, haciendo que los laterales y centrales pierdan todo tipo de referencia y se desordenen por salir a cubrir los huecos. Tuvo muy buenos partidos donde el juego fue vertical, progresivo y fluido y otros en los que solucionó el problema a los tropezones y sin mucha claridad. A lo que nunca renunció fue a intentar jugar y a atacar, pero a veces con eso no alcanza para salir victorioso. Será una prueba de fuego lo que se viene dentro de unas horas, un partido contra uno de los 3 mejores equipos del mundo, que llega encendido y con una propuesta de posesión y ataque constante. Muy posiblemente Sampaoli sobreviva aún cayendo, creo que merece seguir por una eternidad en Chile, pero eso sería ya pretender tener la bola de cristal. Ojalá se vea un muy buen partido de fútbol y que el clima en el estadio sea de fiesta, porque al fin y alñ cabo de eso se trata este hermoso deporte. Con dos equipos que tratan con pasión y amor a la pelota, no se puede pretender que todo se reduzca a un concierto de patadas. Haya paz y a disfrutar de uno de esos días que quedan en la historia.