Boca Juniors llegaba a este verano con el deber de consolidar el estilo de juego que pretende el Vasco Arruabarrena. Algunas señales habían a aparecido a lo largo de la temporada pasada, pero la realidad es que el ex defensor de Boca agarró un equipo prendido fuego y logró terminar el año de la mejor manera posible: peleando el campeonato (cuando nadie daba dos mangos por él) y llegando a las Semifinales de la Copa Sudamericana. Me detengo en estos dos partidos, porque Boca en ambos fue superior a River pero no supo como ganarlos. Tanto en la Bombonera como en el Monumental, arrolló a los dirigidos por Gallardo a pura actitud y presión alta. El juego falló de a ratos sin dudas, más que nada por la enorme cantidad de patadas que pegaron los jugadores del rival - mandados o no por el DT, algo que nunca se sabrá-, pero más allá del chiste del penal que no se cansan de repetir los hinchas de River , hay que decir que no hubo superioridad alguna que justificase su paso a la Final que terminarían ganando de manera muy ajustada.
Boca comenzó su andar veraniego con una derrota contra Racing por 4-1 que asustó por el número pero no tanto por el juego. Hasta que fue partido - es decir, mientras Erbes y Marín estuvieron en cancha previo a sus expulsiones estúpidas- el trámite fue dominado por Boca. A un toque, presionando y cubriendo espacios con tenacidad, redujo al rival a los pelotazos para sus dos tanques de arriba. Lo demás está todo dicho, pues tras el 1-0 todo acabó: la improvisada defensa, con Bravo de central, no pudo dar seguridad y regaló el empate. Y luego las dos rojas y una lluvia de goles lógica y merecida para el actual campeón de la Argentina. Mientras se arreglaban las llegadas de Sara, Gino Peruzzi, Rolín, Marco Torsiglieri y Fabián Monzón - un hijo de la casa, siempre bienvenido- el Vasco tenía que afrontar dos Superclásicos y el partido por la clasificación a la Fase de Grupos de la Copa Libertadores contra Vélez. Mi objetivo es analizar los dos choques contra River, pero vale agregar algunas cuestiones acerca de la muy buena victoria contra Velez. Con su equipo titular, Boca afrontó el gran desafío de este comienzo de año con mucha actitud, muy buen juego y una dinámica sensacional. El golazo de Colazo (je) es solamente un capítulo dentro de un encuentro en el que se supero en todas las zonas a un rival que tendrá que hacer mucho si no quiere penar durante este largo torneo que se viene. El mediocampo fue un reloj, el trío Erbes-Meli-Gago mostró esa cara que siempre le queremos ver y la defensa respondió muy bien con Burdisso y el Cata Díaz como centrales. Nota aparte para el ex Arsenal y Galatasaray, que está volviendo al nivel que lo llevó a ser número puesto para la Selección y lo trajo hasta Boca. Carrizo la rompió y el Burrito Martínez disfrutó de una excelente noche de fútbol tras la larga recuperación pos patada de Vangioni hace dos meses. Pero antes de todo esto, Boca había chocado con River en Mar del Plata y con un equipo repleto de "suplentes" (todos titulares en mi opinión y la de muchos, que irán alternando en la triple competencia) lo había vencido con mucha claridad y dejado lleno de dudas.
Para el primer chico del verano, Boca puso un equipo pensando en Velez. Una combinación entre titulares y suplentes, con predominio de quienes no serían parte del once inicial en ese importante encuentro: Sara; Fuenzalida, Chiqui Pérez, Burdisso, Colazo; Pablo Pérez, Cubas, Cristaldo; Pavón, Gigliotti y Carrizo. Un 4-3-3 muy agresivo y que claramente podría salir siempre a la cancha. Línea de 4 con dos laterales de recorrido constante, un mediocentro clásico pegado a los centrales, dos volantes más adelantados para crear juego y llegar al arco rival - una máxima del Vasco que era necesario que apareciese de una vez-, dos extremos sueltos por el frente de ataque y un delantero referencia dentro del área. River salió a la cancha con su once titular, con el "Bayern Munich de Nuñez" (muchos lo dijeron en serio el año pasado esto, no es joda), y creyéndose ganador de antemano. El invicto de la temporada pasada (4 ganados y 4 perdidos, sin ser dominador en ninguno de ellos y teniendo demasiada suerte) era la muletilla de todos los hinchas y jugadores del club de Nuñez: Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Kranevitter, Rojas; Pisculichi; Teo y Mora. No vamos a ahondar en la táctica porque ha sido descripta aquí y en otros medios sin parar. La novedad era el retorno definitivo de Kranevitter, la usina futbolística del equipo de Gallardo en el inicio del torneo pasado y que tras su lesión lo dejó huérfano de buen juego.
El primer tiempo comenzó con Boca al volante y River esperando cerca de su área. Estático el equipo de Gallardo y sin demasiada reacción, demasiado apurado y sin toque, mostrando la misma versión que se vio desde la famosa Fecha 7 en adelante. Boca se mostraba sólido en defensa y presionando sobre la salida de River, algo que siempre molesta a los de la banda roja. El Vasco acertaba con su idea de llenar la cancha, de ocupar espacios y forzar a su rival a una sucesión de pelotazos sin dirección.
Un buen desborde de Teo culminó con un centro rasante para Mora. Sara llegó antes que el delantero y salvó a Boca, que se vió sorprendido en su dominio por un fulminante contragolpe. Unos minutos más tarde, Teo volvió a filtrar un buen pase, esta vez para Pisculichi, que quedó mano a mano con Sara y fue comido por el refuerzo de Boca. Pablo Pérez estaba organizando una fiesta en el mediocampo, brillante como en su mejor época en Newell's hace unos pocos años, cortando y distribuyendo sin parar. Con llegada al área y también con esa pausa que Boca hace rato necesitaba en cada avance.
Fuenzalida confirmó su levantada con una muy buena trepada por el costado, que incluyó un freno justo y un centro pasado que Carrizo rescató del otro lado del área. Toque corto para Pablo Pérez que engancha y se saca de encima a dos en una baldosa y cede para Cristaldo que entraba solo por el medio. Control y fusilamiento a la ratonera del pibe de Boca para un 1-0 merecido que dejaba en shock a un River, ya que sin jugar para nada bien había tenido la gran jugada de riesgo en el partido.
A los 20', Sánchez llegó por atrás pero su centro no fue conectado por nadie. Rojas la recuperó y tocópara Mora, que con una marca bien pegajosa, desvió su remate demasiado alto. Acto seguido, Carrizo desbordó a pura velocidad y su centro corto se vio favorecido por una mala salida de Barovero que no fue aprovechada por Gigliotti tras un buen anticipo. River no tenía mediocampo y se veía desbordado en todos los sectores del campo; Kranevitter tenía que bajar mucho para ayudar a los centrales y así no podía siquiera pensar en organizar algo de juego o al menos la salida de su equipo.
Lo tuvo Colazo tras un centro de Pablo Pérez, pero su remate se fue un poco ancho. El tándem formado por el ex Newell's y Malaga y Andrés Cubas robaba todos los balones y abría siempre para Carrizo, Pavón y Cristaldo que se colocaban en 3/4 de cancha dejando a Gigliotti como único punta. Ruptura por los costados hacia el centro, en un show de profundidad, velocidad y mucha paciencia - clave- para elaborar cada llegada. River jugaba demasiado brusco en el medio, rememorando los dos partidos por la Copa Sudamericana, y su trío no podía tomar la pelota. Desaparecidos en acción por la eficaz tarea del doble pivote de Boca.
La solución de Gallardo fueron los habituales centros y pelotazos desde la mitad de la cancha. Burdisso y Pérez se encontraban en una noche sensacional, que les estaba haciendo ganar terreno en la consideración del entrenador. Todo lo que caía sobre el área era despejado sin dificultades y con mucha concentración. Ni que hablar de los dos nueves, que no estaban presentes en la cancha hace largo rato debido a la tarea de la dupla central.
River no abría la cancha y no tenía volumen en el círculo central. La contra y el pelotazo como único recurso, como ya se dijo en el párrafo de arriba. Colazo lanzó un centro pasado que terminó en Pablo Pérez. Control, pausa y remate abajo para exigir al máximo a Barovero, que evitaba el cierre definitivo del partido. Los centrales bien adelantados, los laterales yendo y viniendo, los tres extremos presionando bien arriba y el delantero tratando de aguantar de espaldas. Cobertura total de la cancha, como los mejores equipos de Mourinho: corto en defensa y muy largo y ancho en cada ataque. El dominio de Boca se justificaba a cada minuto y River su hundía en su impotencia y las propias limitaciones.
Pérez seguía siendo amo y señor del medio, metiendo y jugando por igual ante la mirada de sus marcadores. Mora y Teo estaban desconectados, aunque el peor era el colombiano que no se sacrificaba por sus compañeros. Jugando su propio partido, ocupado de caer en offside siempre y de pegar y chicanear sin parar para vender humo. Vangioni lesionó con una brutal doble patada a Pavón y le arruinó este gran arranque que venía teniendo en la primera de su club. Vadalá ingresó en su lugar y el lateral de River milagrosamente se mantuvo dentro del campo de juego. Un penal no cobrado a Boca tras un brutal codazo de Mercado a Burdisso completó el cuadro.
Teo tuvo una clara, pero tras bajar un buen centro remató flojito a las manos de Sara. El Chiqui Pérez tuvo un buen cruce contra Mora, que tardó una eternidad en definir, y Pisculichi en perfecta posición mandó un tiro libre a las nubes. Se cerraba el primer tiempo y daba la sensación de que Boca tenía que estar arriba por más goles. De River solo se podía rescatar los dos de los primeros minutos y luego el vendaval de patadas con el que castigó a los jugadores de enfrente.
Los segundos 45' confirmaron la supremacía de Boca desde la primera jugada. Si River en la primera mitad se había mostrado agresivo en los minutos iniciales del partido, eso ya había quedado demasiado atrás. Las dos buenas tapadas de Sara parecían pertenecer a otro encuentro, no al que se estaba viendo en Mar del Plata. Lo que ofrecía el equipo de Gallardo era pesadez en movimientos y traslados y largos pelotazos, tal cual el primer tiempo.
Compacto en defensa Boca, con Pérez y Burdisso infranqueables y Fuenzalida y Colazo cerrando las bandas. Tenacidad y simpleza para no dejar un hueco, algo que Boca extrañaba desde hace mucho tiempo. El ingreso del Pity Martínez - prácticamente recién bajado del micro- por Mercado fue el intento del entrenador para recuperar algo de toque y velocidad ante un panorama más bien estático. Y esto fue un acierto sin dudas, pues en sus primeras dos jugadas el ex Huracán generó sendos tiros libres complicados y le devolvió el alma al cuerpo a sus compañeros. Pero comenzó a aflorar otro problema: la mala ejecución de las pelotas paradas, algo extraño en River pues esta fue su arma principal durante más de la mitad del año pasado.
Boca seguía tranquilo y dominando, aunque obligado a hacer más faltas en el medio. Martínez abrió la cancha y las opciones para River, por lo que Cubas se vió obligado a salir de la cueva para auxiliar a Pablo Pérez y a Cristaldo. Había que renovar la presión alta y sorpresivamente lo logró tras la expulsión del pibe Cubas por doble amarilla. Boca asimiló el golpe muy rápido y el Vasco mandó a Cristaldo como volante central para armar un 4-4-1. Pérez retomó el nivel del primer tiempo y el centro del campo en poco tiempo quedó en manos del Xeneize nuevamente.
River no se reorganizó ni aprovechó la ventaja numérica. Iban 65' y solo Martínez mostraba desfachatez y rebeldía con sus constantes subidas por la banda, que lograban preocupar por un rato a la defensa de Boca. Pisculichi envió apenas alto un tiro libre, aunque la dirección no era buena y Sara tenía todo bajo control. El Chiqui se cansó en este tramo de despejar los centros que llovían con desesperación sobre el área; la única idea de los de Gallardo era abrir la cancha y lanzar misiles sin dirección a ver si alguno de sus delanteros la podía desviar.
Cavenaghi entró por Mora en un error grosero se Gallardo, pues si bien el uruguayo no había brillado sí se había sacrificado mucho por sus compañeros. Nunca dejó de correr y de tapar espacios en el medio, algo que Teo nunca hizo a lo largo del partido (jamás lo suele hacer, pero si juega mal esto queda en evidencia con mayor claridad). La justa pero tardía expulsión de Vangioni dejó todo equilibrado en números y terminó de sentenciar las casi nulas posibilidades de River. Los de Arruabarrena se dedicaron a esperar en el medio, ocupando bien los espacios para así poder robar velozmente y salir de contragolpe.

Teo tuvo su buena acción de la noche y abrió muy bien para Cavenaghi que remató con una pasividad y debilidad notables. Sara no encontró complicaciones y se quedó con la única jugada razonable de River en todo el segundo tiempo. Burdisso lo tuvo a los 81' tras un muy buen centro de Colazo, pero su remate se fue apenas ancho. Buen partido del central que de a poco está recuperando su nivel y se planta para ser titular. Vadalá dejó su lugar a Pochettino, otra de las promesas de Boca, y comenzó el asedio final.
Carrizo comandó una fenomenal contra, cedió para Colazo y este tras recorrer con la pelota al pie abrió para Cristaldo. Control y un disparo que se fue silbando cerca del palo ante la mirada de Barovero. A los pocos segundos, Carrizo volvió a iniciar un ataque fulminante: salida de atrás con un caño magistral y luego encaró hasta el borde del área rival. Tocó para Cristaldo pero el joven mediapunta se la terminó llevando puesta y perdiéndose la posibilidad de convertir su segundo gol. Para resaltar lo del ex Rosario Central, que día a día demuestra que Bianchi acertó al traerlo al club. Muy bien en defensa y en ataque, veloz y luchador, talento puro por las bandas y con gran recorte hacia el medio.
Pochettino estuvo cerca de marcar luego de recibir un pase preciso de Colazo, pero inexplicablemente el partido seguía tan solo 1 a 0 a favor de un Boca en extremo superior. El pésimo disparo de Funes Mori desde afuera del área fue el preludio para la expulsión de Maidana, previo codazo criminal a Gigliotti, que cerró el partido. Boca terminó tocando sin parar y haciendo correr a los jugadores de su eterno rival detrás de la pelota. La mala racha se cortaba y de la mejor manera posible. Ganando y gustando, sin dejar ninguna duda.
Si este primer duelo había dejado muy buenas sensaciones para Boca y varios dolores de cabeza para River, era claro que nadie se esperaba lo que iba a suceder tan solo unos días más tarde. La revancha era en Mendoza y Boca llegaba con los ánimos bien arriba tras haber vencido con mucha claridad y buen juego a Velez y obtenido un lugar en la Fase de Grupos de la Copa Libertadores. Con el panorama abierto y sin nubarrones a la vista, el Vasco vivió una de las semanas más tranquilas desde su llegada al club. River había mostrado otra cara con un triunfo contundente ante Independiente por 4-0, que valía mucho más allá de que el rival es de los equipos que peor juega en el país y de los que no había dado señales de vida durante los partidos de verano. De nuevo los titulares de River, el famoso "equipo de memoria", contra un mix entre titulares, suplentes y recién llegados que ponía Arruabarrena.
Boca salía así: Sara; Fuenzalida, Cata Díaz, Torsiglieri, Monzón; Pablo Pérez, Gago, Cristaldo; Palacios, Gigliotti y Chávez. Un 4-3-3 con el debut de Torsiglieri como segundo central y con un mediocampo y una delantera que tranquilamente podrían salir al campo de juego en cualquier partido de los que se vendrán en el año. River apenas si tenía un cambio en su once habitual: Barovero; Mercado, Funes Mori, Maidana, Vangioni; Mayada, Kranevitter, Rojas; Pisculichi; Teo y Mora.
De entrada Boca se impuso en actitud, presionando bien arriba aunque sin monopolizar la pelota. En los primeros minutos de juego, el esférico no tuvo un dueño fijo, armándose así un duelo de ida y vuelta. Los centrales de River estaban de nuevo incómodos y obligados a salir con largos pelotazos para sus delanteros. No pasó mucho tiempo para que quedase en evidencia que el mediocampo de los dirigidos por Gallardo no tenía ni volúmen ni quite, un déficit preocupante en este inicio de temporada. Con Kranevitter muy solo y lejos de su mejor nivel y con sus dos laderos de ocasión sin un segundo de pausa. El nerviosismo era lo que reinaba en el trío central de los de Nuñez y la estructura general del esquema del Muñeco se veía así resentida. Mención especial para Mayada, un talentoso y rápido volante al que el entrenador aún no le ha encontrado posición fija.
Boca se hacía corto en el retroceso y muy largo en cada ataque, en un sistema repetido y muy aceitado. Dueño del centrocampo y con presencia muy fuerte en 3/4 de cancha, con Gago muy activo y la dupla Pérez-Cristaldo apenas delante suyo armando juego y llegando al área con pelota dominada. Fuenzalida tuvo la primera tras una interesante jugada, forzando a Barovero con un buen disparo cruzado. River respondió con un tiro de media distancia de Maidana que Sara mandó al córner con mucha seguridad. Funes Mori tuvo su chance unos segundos después y recibió la ayuda del arquero, pues tocó un disparo que se iba bastante ancho.
Monzón comenzó a trepar a pura velocidad y lanzó un centro rasante para Palacios, que no llegó a conectar ante la buena salida con los pies de Barovero. Luego de que Maidana salvase un error cuando el delantero llegaba solo por el medio, Vangioni volvió a incurrir en el juego brusco por encima del límite. Un patadón a Palacios - reemplazo de quien él lesionó el Super pasado- que no los sacó de la cancha milagrosamente y le valió una tarjeta amarilla que lo dejó atado el resto del primer tiempo.
Torsiglieri lo tuvo con un buen centro frontal, pero pifió su cabezazo y Funes Mori la mandó al córner casi sin quererlo. Boca merodeaba un gol que llegó a los 14' tras un horror defensivo: pésimo pase atrás de RFM para Maidana que se resbaló tras dudar un segundo, algo que Cristaldo aprovechó al máximo. Robo y corrida por el medio con definición de lujo ante una salida inerte de Barovero. Al ángulo y un golazo para el 1-0 que dejaba a todos los jugadores del rival mirando al piso. A puro juego y actitud, Boca tenía nuevamente de la mano de esta joyita de inferiores la deseada ventaja.
Y a los 21' el partido empezó a terminarse. Once contra once y en cancha seca, sin triple torneo ni nada que se le parezca, sin convocatorias a las selecciones y sin lesiones. Chávez toma un buen cambio de frente, hace la pausa necesaria y de revés lanza un gran pase profundo para Palacios. El delantero recibe sin marca y recorre con tranquilidad para tocar por abajo de Barovero con la tranquilidad y el aplomo de un delantero de un millón de partidos. Un 2-0 muy justo que desquició definitivamente a River.
Funes Mori forzó a Sara con un sablazo interesante tras un centro pasado. River dejó su posición apática y retrasada y los espacios comenzaron a florecer por todos lados. Del mediocampo ni hablar, zona liberada para que Gago y compañía se hagan una panzada. De los delanteros y el enganche no había noticias, comidos por los centrales y Gago que se acoplaba muy bien como mediocentro clásico en la parte defensiva. Muy buena labor de los laterales en el ida y vuelta, sin dejar huecos y llevando siempre peligro al arco de Barovero.
A los 30' otra pésima salida de River, permitió a Palacios colocarle un pase milimétrico a Chávez. Control y corrida del Comandante, calcando el gol de quien le dió el pase, y una definición de lujo ante el achique del arquero. Un 3-0 categórico que desató la fiesta en la tribuna de Boca. Las caras de los jugadores de River daban a entender que bien no sabían que tren les había pasado por encima. Mayada pudo descontar luego de una buena subida de Vangioni, pero puso el pie en una posición muy particular y la terminó rechazando.
Pérez tocó al vacío para Fuenzalida que trató de picarla sin éxito ante Barovero. Boca se floreaba y el Vasco le pedía a sus jugadores que fuesen a buscar más goles. Mayada dió la nota nuevamente, haciéndose expulsar tontamente por dos patadas desde atrás. Panorama más que oscuro y lamentable para Gallardo, cuya cara lo decía todo. Teo desvió un remate demasiado alto y dejó en claro que no estaba presente en la cancha. Nada que decir otra vez, del colombiano más allá de que su equipo entró de lleno en el juego que le propuso Boca y nunca supo como salir del laberinto.
Los cambios de cara al segundo tiempo fueron la puesta en acción de la expresión de Gallardo. Pezzella y Balanta por Maidana y Vangioni. Rehizo la defensa y metió a Sánchez por Mora para armar un 4-4-1-1 que debía contener los daños y evitar una paliza histórica en los números. Boca bajó un poco el rítmo, algo lógico, y se entretuvo por un rato largo con la pelota bajo la suela. Avanzando en bloque y liberando a los extremos y laterales en 3/4 de cancha. El ánimo de River no era el mejor y las patadas comenzaron a escalar en cantidad y violencia.
Chávez y Cristaldo armaron una gran pared en 55' pero el delantero terminó lanzando un centro-tiro al arco que se cerró demasiado. Sánchez, un minuto más tarde, se fue expulsado por insultar al árbitro tras haber jugado solo 11'. Papelón del uruguayo que dejaba a sus compañeros con 9 en el momento en el que todos deben dar la cara. El ataque de histeria de River era total, superado en todas las áreas y con un abultado marcador en contra.
El Pity Martínez entro por un inerte Pisculichi. El Vasco movió el banco también: Betancur por Cristaldo y Vadalá por Palacios. Pibe por pibe, puesto por puesto, para seguir atacando sin parar. Fuenzalida volvió a desbordar y su centro encontró muy bien a Pablo Pérez que de atropellada obligó a Barovero a estirarse para evitar el cuarto. Castellani ingresó por Chávez y quedó armado el 4-3-1-2 para tener más la pelota y quedarse bien cerca del área de la Banda Roja.
Martínez era lo mejorcito de River otra vez, tratando de iniciar ataques al menos. Sin ningún socio, todas sus buenas intenciones nunca pudieron pasar a mayores. Teo se hizo expulsar a los 72', como queriendo salir de la cancha, con una patada infantíl e innecesaria de atrás a Gago. River quedaba con 8 jugadores y Gallardo le daba la espalda a su nueve cuando este entraba al banco de suplentes. Calleri entró por Gigliotti, que nunca pudo sobresalir ni con dos jugadores más ni con la defensa en una pésima noche.
En 81', el Cata habilitó a Calleri con un pelotazo frontal que el ex All Boys no pudo controlar. Vadalá se mandó un pique fenomenal para salvar la pelota y cedió casi de primera para el delantero, que con un disparo de lujo puso el balón bien lejos de Barovero. Un 4-0 que tardó el llegar pero que se ajustaba a lo que era el partido. Tremendo golpe futbolístico para comenzar a revertir la mala racha del año pasado de la mejor manera. Un baile por donde se lo mirase.
Tan solo dos minutos más tarde, Pérez avanzó por el medio y puso un freno que hizo pasar a varios. Toque para Calleri, centro preciso y golazo de cabeza de Betancur. 5-0 y la cortina se cerraba, en un resultado histórico pues nunca hubo tanta diferencia entre Boca y River desde que comenzaron a jugar el uno contra el otro. Una paliza que terminaba de consolidar todas las insinuaciones de la temporada pasada y que corregía los pocos - pero importantes- errores que el Vasco aún no había podido sacar del medio.
Betancur tuvo el sexto tras amagar a Barovero en una baldosa, pero un defensor llegó con lo justo para rozarla y evitar otro gol más. Calleri recibió una patada en el tobillo con mucha mala leche y detonó la bronca de Arruabarrena y la cara de "yo no fui" de Gallardo. Hay que resaltar esto, porque es el cuarto choque consecutivo en el que el entrenador de River no se hace cargo de la violencia de su equipo ni de las lesiones que generan. Que se exprese con claridad o quedará claro que es parte de su estrategia para frenar a Boca (algo que yo creo cierto).
Final del partido y final de la pre temporada. Todo está dicho en los largos análisis que anteceden esta breve conclusión, pero es bueno que Boca haya logrado cimentar la idea de Arruabarrena. Ahora habrá que seguir trabajando de cara al torneo, la Libertadores y la Copa Argentina, algo que se hará con muy buen ánimo y con la llegada de un enganche maravilloso como Nicolás Lodeiro. Un plantel que es el mejor del país y que con estos rendimientos le da al Vasco la chance de armar como mínimo tres equipos titulares diferentes. Un comienzo de año que de afuera nadie imaginaba, pero que deja a Boca muy bien parado y a River en la cornisa. Gallardo tendrá que despejar interrogantes de cara al choque con San Lorenzo por la Recopa y tratar de borrar la cara de confianza y superación de la mayoría de sus jugadores. Ya de por sí, no es que el año pasado hayan ganado los tres torneos que jugaron arrasando y tocando como el Bayern Munich. Ganaron uno con lo justo, otro lo regalaron tras 14 fechas como líder absoluto y el tercero lo pasaron con más penas que gloria. La confianza en exceso jamás es buena compañera.
















Muy bueno. La verdad que cambio rotundamente el panorama para Boca y River en una semana, ese ese el arma de doble filo que representan estos partidos de verano.
ResponderEliminarGracias Martín por pasarte y por comentar! Un lujo, viejo. Totalmente de acuerdo, son lo que marca como comienza la temporada. No se les da relevancia, pero son el termómetro inicial de todo nuevo ciclo. Miremos lo que le pasó a Bianchi, que de entrada quedó condicionado por los malos resultados del verano en este tercer ciclo. Doble filo puro, como bien decís.
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