sábado, 29 de noviembre de 2014

River 1 - Boca 0: Los detalles que definen un partido; Una revancha que tardó años en llegar


Boca y River llegaban al segundo choque por la Seminfinal de la Copa Sudamericana sabiendo que el rival que esperaba al ganador era Nacional de Medellín. El equipo colombiano había obtenido su pasaje jugando muy malo contra un San Pablo que fue superior en todos los pasajes de ambos partidos pero que chocó contra el arquero y contra su mala suerte. Lo ideal hubiese sido ver en la Final a esa máquina que tiene a Rogerio Ceni, a Kaká, a Luis Fabiano, a Ganso y a Alan Kardec como motor pero nos vamos a quedar con las ganas. Boca venía de un buen triunfo en la Bombonera contra Independiente por 3 a 1 pero todavía lamentándose por no haber podido marcar diferencias en ese horripilante partido de ida en el que River salió a cortar todo con patadas y a aguantar el cero en su arco - y en el que Boca no pudo ser punzante ni aprovechar las claras chances que tuvo-. Los de Gallardo habían caído con Racing pero reservado a la mayoría de sus titulares para esta gran cita y demás está decir que su motivación estaba por los aires más allá de que hace tiempo el equipo no juega nada bien.

Con la mala noticia de que Andrés Chávez llegaba justo y no podría ser parte del once inicial, Arruabarrena plantó un 4-1-3-2 para ganar la batalla del Monumental: Orión; Marín, Forlín, Cata Díaz, Colazo; Erbes; Carrizo, Gago, Meli; Calleri y Gigliotti. Un cinco metido bien entre los centrales como cobertura y salida, un creador bien adelantado, dos extremos veloces con capacidad para desbordar y/o romper hacia el centro y dos delanteros punta listos para ser abastecidos. Gallardo mandó a la cancha a su tradicional 4-3-1-2 tras el fallido experimento del partido contra Racing (que se debió a no poseer ejecutores ideales para el esquema, claro está) con una sola variante debido a la lesión de Maidana: Barovero; Mercado, Pezzella, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Rojas; Pisculichi; Mora y Teo Gutierrez. Ya hemos hablado varias veces de lo que busca el entrenador de River y es dos laterales sueltos que se sumen al ataque y que ayuden en el retroceso, dos centrales adelantados, un cinco más retrasado para aguantar el mediocampo, dos flechas por las bandas capaces de intercambiar posiciones, un enganche clásico que se hamaca de banda en banda constantemente y dos delanteros sin posición fija. 


A los pocos segundos de iniciada la primera parte, Carrizo presiónó muy bien sobre la izquierda y lanzó un centro demasiado pasado que Gigliotti conectó defectuosamente. El rebote lo tomó Rojas que demoró una eternidad en rechazar y en lugar de golpear la pelota impactó en la humanidad de Meli que iba a pelear la jugada. Penal claro para Boca y muy bien cobrado por Delfino. Una situación inimaginable hasta para el Bostero más optimista, pero que le daba a su equipo la chance de en apenas dos o tres minutos convertir el famoso gol de visitante y poder manejar el partido con tranquilidad y lucidez hasta el final. Gigliotti eligió ser el ejecutor entre los posibles y se plantó ante la pelota con demasiada frialdad. Tal vez hasta con una cara que mezclaba la superación total y el sentirse Cristiano Ronaldo. Muy agrandado, y tras quejarse de un molesto con el láser verde, tomó una carrera muy larga y avanzó casi a los saltos hacia el balón. Se frenó antes de patear y eligió lanzar con el borde interno hacia la derecha (le salió más bien al medio) y Barovero a mano cambiada determinó en ese momento que River seguía con vida. Me detuve tanto en este detalle porque fue aquí donde a mi parecer Boca perdió el partido. Pero lo que siguió no por ello dejo de ser intenso y emocionante y, durante varios tramos, muy favorable al visitante que en el primer tiempo superó a su rival.

En medio de la confusión y la euforia, Mercado y Pezzella cometieron un grave horror defensivo y dejaron solo a Barovero contra Calleri. Para suerte de ellos, tras el anticipo del delantero, el árbitro cobró una falta de índole dudosa. La cancha resbaladiza - esa obsesión de Gallardo- complicaba a los dos equipos a la hora de controlar el balón, pero esto quedaba de lado cuando uno veía el hermoso ida y vuelta que se había armado en esos primeros minutos. Ambos con mucha potencia y presionando bien arriba, intercambiando estocadas. Teo realizó una gran jugada por la derecha que fue cortada con mucha precisión por Forlín cuando Pisculichi entraba solo para convertir. Acto seguido, Colazo tuvo un muy buen remate desde lejos que se fue apenas desviado y Teo volvió a intentar por la derecha y fue rechazado por Forlín otra vez, ahora antes de poder llegar a la línea de fondo. 

River hacía negocio por la derecha con Rojas y Teo que se mostraban siempre y complicaban con su movilidad y piques cortos. El mediocampo era una autopista sin ningún tipo de congestión y las protestas constantes de los jugadores comenzaban a hacer más lento el partido. La presión alta de Boca era eficaz por lo que River no lograba salir jugando por abajo desde su arco ni generar un buen circuito de juego en el medio. Carrizo volvió a avanzar con mucha velocidad y yendo de izquierda a derecha remató rasante. Barovero controló pero dejó un rebote largo al que llegó Gigliotti pero en lugar de picar la pelota se la llevó puesta y todo terminó en saque de arco. El local respondió con un centro de Pisculichi rechazado por el Cata Díaz; Sánchez fue a buscar el rebote pero su disparo se fue alto pues estaba demasiado incómodo. 


Arruabarrena había acertado en su decisión de poner a Carrizo. Con él, Boca tenía un jugador más bien suelto que ayudaba a apretar arriba y que se movía en cada ataque casi como un falso 9. El problema era que sin volumen de juego en el mediocampo de parte de ninguno, iba a llegar un momento en el que los carrileros se cansasen de ir y venir casi sin restricción. El problema de Boca estaba por la derecha: Marín no hacía pie y River olió sangre y martilló hasta lograr su cometido: Vangioni ganó muy bien y le pegó muy mal a la pelota, pero para su suerte le salió un pase perfecto para Pisculichi que con un hermoso y sutil toque de zurda la colocó al palo derecho de Orión. Inatajable, con el balance corporal y el efecto ideales, un lujo absoluto para que River sin merecerlo más que Boca estuviese ya 1-0 antes de los 20'.  

La única diferencia en este momento radicaba en que Boca - que había creado más y mejores oportunidades- no había concretado ninguna y que River había encontrado un sector vulnerable y con dos o tres ataques por ese lado generó su chance y la aprovechó. El 1-2 por la derecha se convirtió en una constante y apenas un minuto después del gol, una muy buena contra de River a un toque fue cortada por Erbes cuando Teo llegaba bien perfilado. Los dos equipos se repartían la posesión y todo era demasiado parejo, aunque Boca era el que tenía la iniciativa desde el primer minuto. Los malos pases atrás a Barovero de parte de sus defensores eran un dolor de cabeza para este gran arquero que era uno de los grandes pilares - sino el único- de un equipo que no era más que su rival.

Ponzio amonestado le cometió una falta de atrás a Carrizo cuando se iba y quedaban 3 contra 3 mano a mano en el fondo. Delfino ya lo había amonestado por protestar pero eligió no sacarle una merecida tarjeta roja. Como en el partido anterior, el cinco de River seguía en juego cuando no correspondía que estuviese en la cancha. Un muy mal pelotazo de Vangioni casi desde su propia área fue la prueba de lo bien que presionaba Boca y de que a pesar de no ser eficaz, seguía dando pasos adelante con sus centrales sin miedo a un contragolpe que lo dejase K.O. 


Ponzio no tiraba un pase bien, como en todo el año, y era salvado por Teo y Rojas en un esfuerzo muy grande de ambos. Si bien el colombiano aun no tenía peso en el área, estaba con mucha movilidad en ataque - fajándose, pero bien- y colaborando mucho en la tarea defensiva. Pezzella tuvo un buen cabezazo en soledad tras un corner pero todo terminó en manos de Orión. Boca proponía e iba mientras que River ya había entrado en la fase de dar un paso atrás, cerrar el medio y esperar para salir rápido y definir la serie. La cancha se encontraba casi en silencio, en una postal que en estos partidos se hace habitual. 

Gigliotti recibió dentro del área, controló muy bien y la clavó en un ángulo. Pero todo estaba anulado y hay que decir que pésimamente. El asistente no pudo ver que el nueve de Boca estaba un metro y medio habilitado y le privó la posibilidad de una revancha tras el error inicial que lo había sacado de partido. Ponzio volvió a ser perdonado tras tomar del cuello a Calleri cuando este le había ganado la posición con holgura. Poco timing y mucha patada para el ex Zaragoza, que sin dudas dejaba todo pero la línea entre meter y pegar era ya inexistente. En los 15' finales del primer tiempo quedó claro que River solamente estaba aguantando y que no lograba lastimar con transiciones limpias y veloces. Generó el gol y luego se apagó, se convirtió de nuevo en una máquina de cometer faltas totalmente previsible y estática. Ponzio una vez más fue apercibido por Delfino, que al parecer es muy amigo del mediocampista porque si no era inexplicable lo que se estaba viendo. 

Carrizo ganó de nuevo por su costado y centró muy bien para Calleri que se elevó magistralmente. Su cabezazo se fue apenas por encima del travesaño tras un movimiento técnico excelente. Rojas sacó del partido a Gago - que venía con una molestia, casi en una pierna pero aguantando y armando juego como podía- con un patadón al tobillo que ni siquiera fue cobrado. De inmediato, Pisculichi lanzó un gran centro-pase que el Cata supo anticipar con mucha calidad. Y llegó el error de Arruabarrena, el primero realmente grave de su corta y muy buena gestión: sacó a Gago, lo cual estuvo bien pues no podía moverse, y puso a Fuenzalida. Meli quedaba como volante central, como eje creativo y el chileno y Carrizo como extremos. El problema es que esa no es la naturaleza de Meli sino de Castellani, que esperaba en el banco de suplentes por su oportunidad. 


En esta confusión, Vangioni trepó tras un cambio de frente quirúrgico de Sánchez y centró para Teo que cabeceó muy bien. Se encontró con Orión que en dos tiempos volvió a negarle el segundo grito a un River que de a poco empezaba a salir de la cueva. Una combinación veloz entre Fuenzalida y Meli terminó con un pase fenomenal de este para Gigliotti que tomó muy bien la pelota casi de palomita. Se fue por medio centímetro, besando el palo derecho cuando lo más simple era en ese movimiento dársela a Calleri que estaba prácticamente parado en la línea. Así cerró el primer tiempo, con un Boca sin muchas ideas pero mejor que un River que había tenido unos buenos primeros minutos de vértigo y toque pero que estaba demasiado cerca de Barovero hacia varios minutos. Mucho pelotazo y alguna que otra acción aislada, con Rojas y Teo como figuras. Boca, con el Cata-Forlín y Carrizo-Meli como estandartes, era un vendaval de presión que carecía de alguien que pudiese absorber la presión y ponerse el partido al hombro. Además de eficacia, estaba carente de un liderazgo sólido que suele conseguirlo en Gago - aunque más a cuentagotas y con otro estilo que el de Román, a quien se lo extraña horrores- pero esta no había sido la noche de Pintita.

El segundo tiempo encontró un cuadro similar en sus minutos iniciales. Boca presionando pero ahora ya dejando muchos más espacios. Nobleza y actitud no faltaban, pero lo que no había era una idea muy clara de como conseguir el gol más allá de las buenas jugadas entre Carrizo y Meli. Gallardo fue inteligente y logró encontrarle la vuelta a su equipo: empezó a hacer correr la pelota de lado a lado, como en esas brillantes primeras fechas, y a llenar las bandas para poder abastecer a Mora y a Teo ya más fijos en el área. Sin chances ni creadores, la elección por el vértigo por los costados - pero ordenado y paciente, no a lo Lanus como en los últimos 8 partidos- mostraba ser la correcta. Más allá de la mejora, los contraataques de River todavía no eran ni veloces ni punzantes y se diluían ante el buen retroceso del Cata y Forlín, los dos sostenes de la estructura sobre la que se apoyaban las esperanzas de Boca.

Un toque involuntario de Gigliotti sobre Barovero en un salto implicó algo así como tres minutos del portero de River en el piso. Las pelotas empezaban a volver un poco más tarde, aunque no tanto, pero todo cuando debía hacerlo el local se movía un poco más lento. Teo recibió muy bien de Piscu pero su disparo a la carrera fue más bien flojo y no llevó peligro. El colombiano tuvo otra tras un muy buen pase cruzado de Rojas: ganó la posición con elegancia y remató sin ángulo afuera. Lo siguió el ex Argentinos Juniors con otro tiro de media distancia que no llevó mucha puntería. Esto marcaba una tendencia novedosa: River se plantaba tres pasos más adelante y daba más espacios para Boca intentase alguna contra. Pero la lejanía entre el medio y el ataque era tal que no había chances de armar una jugada decente en pocos pases. Todo era demasiado pastoso, muy lento y totalmente anulable. 

Los de Gallardo habían mejorado en la posesión, las rotaciones y el traslado, pero tenían demasiada liviandad de 3/4 para adelante. No se puede hablar de exceso de confianza pues estaban muy enchufados, pero le faltaba el toque final para tirar abajo a un rival que sentía que su tren había pasado hacía rato. Sánchez ganó por la izquierda y tocó para Teo que no pudo liquidarlo milagrosamente. Marín llegó con mucha justeza y timing para robarle el gol al delantero. Delfino amonestó a Rojas por una dura patada a Carrizo, pero al ser tan permisivo con los jugadores de River había abierto de nuevo la Caja de Pandora. Muy inteligentemente el local durmió el partido, pasó a defenderse con la pelota, esa que Boca no podía reclamar porque no se le caía una idea. Si en el primer tiempo había sido mejor, ahora era una sombra de aquellos intensos minutos en los que había generado orgullo y mandado a River contra su arco en su propio estadio (y con ventaja). Bien adelantado y compacto, el equipo de Nuñez esperaba su chance y a decir verdad no le faltarían de aquí en más.


Calleri debía bajar a buscar la pelota casi a su área, Carrizo ya no estaba tan veloz y Fuenzalida y Meli demostraban su incompatibilidad pues se chocaban en cada intento de ataque. El Cata rompió la monotonía con un gran anticipo y una apertura para Calleri. Fuenzalida picó bien y el delantero se la cedió para que centre: Meli trató de llegar pero Barovero con mucha seguridad afirmó que la persiana estaba cerrada. Tres contragolpes seguidos que River no pudo capitalizar: primero Piscu que - tras un pésimo disparo de Erbes que tras rebotar en un marcador comenzó el ataque del rival- remató muy flojo a las manos del arquero; luego Teo subió a pura velocidad por la izquierda y tras sacarse de encima a Colazo remató dentro del área muy bien para chocar contra un sólido Orión; y tercero un buen centro para Gutierrez que Colazo salvó con una estirada notable. Los espacios en el fondo y el medio que dejaba Boca lo habían convertido en la nada misma y era avasallado por un River que tenía todo bajo control. Mostraba buenas ráfagas por los costados, con algo de elaboración y se animaba a probar por el centro. 

La salida de Gago fue letal para un equipo que no podía configurar un ataque decente más allá de un par de corridas sin destino. El rival cubría todos los espacios y se mostraba muy activo, como Alí contra Foreman que lo esperó por 6 rounds contra las cuerdas recibiendo golpes hasta destruirle los brazos. Y luego lo dominó en los siguientes dos asaltos y lo tumbó sin discusión alguna. El ingreso de Chávez por Fuenzalida - que de forma injusta pagaba los platos rotos del Vasco- armó un 4-3-3 con tres puntas bien definidos. Mientras Forlín y el Cata seguían rechazando cuanto centro caía en el área, en 70' Gigliotti bajó bien a recuperar, tocó para Chávez que vio a Calleri libre. Funes Mori llegó muy bien y cortó el avance de Boca con sobriedad. 

River empezó a retroceder de a poco una vez más. Las ventanas seguían abiertas para Boca que en una de esas podía llegar a colarse dentro de la casa. La puerta estaba cerrada, pero alguna mínima chance todavía existía. El cansancio en la salida se hizo patente en el local, que tenía a sus tres mediocampistas fundidos. Aún así la pelota siguió sin dueño, pues Ponzio no daba pie con bola, Mora estaba petrificado - recibió un reto antológico de Gallardo, muy gracioso- y Teo tenía que multiplicarse por mil en una tarea no muy lúcida en ataque pero sí en lo que respecta al juego en equipo. Boca agarró por un rato la pelota al final y fue con todo lo que tenía, que no era mucho más que su historia, cosa que tampoco es despreciable. Sánchez por apurarse - tenía espacio y tiempo de sobra- dilapidó dos chances muy claras que debieron terminar el gol. Sus remates fueron extrañamente malos, producto de tanto ir y venir y de los nervios por entrar en los minutos finales. 

Solari entró por Pisculichi para armar un 4-4-2 que cerraba definitivamente el medio y cualquier posibilidad para Boca. No fue arriesgado, fue conservador, fue "a la uruguaya" lo que hizo Gallardo pero no por ello fue estúpido. Hay que saber jugar estos partidos y conocer los momentos, y evidentemente el Muñeco aprendió de su experiencia como jugador y se convirtió en un buen estratega. Arruabarrena mandó a Castellani por un Erbes liquidado, un sacrificio gigante el del Pichi pero sin juego, en una variante que llegó demasiado tarde. Sin ideas, con coraje y con el poco aire que le quedaba, Boca iba sin parar. Cavenaghi entró por Mora y demostró que de un partido a otro se puede engordar más o menos 3 o 4 kilos sin problemas. 

Tuvo el gol el Torito, pues Teo arrastró a toda la defensa y tocó para Sánchez que esta vez cedió muy bien para Cavenaghi. Su tiro no merece mayor comentario, por poco que se fue al lateral. El deseo de emular a Palermo debía esperar hasta el próximo choque internacional. El Cata seguía cortando cuanto bochazo llegase al área en una muy buena tarea, demostrando su vigencia aunque también que solo no puede. Que tanto él como Forlín necesitan de un buen mediocentro y dos laterales lúcidos para poder liberarlos y dejarlos adelantarse. Teo desvió un remate a las nubes y Sánchez trató de picarsela a Orión sin éxito, para cerrar un triunfo que para River es tan justo como inolvidable y una revancha luego de tantos años de frustración contra Boca por copas internacionales. Una felicitación de quien escribe esto, un Bostero de ley, debe ser extendida a los jugadores y a los hinchas que superen el nivel intelectual de "LE' HICIMO' EL CULO A LOS BOSTEROS".  


River supo cuando pegar y luego reguló entre meterse atrás y adelantarse en la cancha. Siempre salió muy bien de contraataque pero no pudo definir ninguna de las varias situaciones que creó. A veces se retrasó demasiado, en especial en el segundo tiempo, e hizo crecer a un Boca que estaba liquidado tras no haber podido empatar en los primeros 45'. Los espacios lo hicieron mejorar al equipo de Gallardo y ahora deberá enfrentar a un duro rival como Nacional y definir si se queda o no con el torneo local. Un poco del buen juego demostrado en las primeras fechas apareció nuevamente, pero a River todavía le falta tener más paciencia en la elaboración, volver al toque veloz y vertical y el recuperar presencia en el medio para poder cortar y salir al instante. Los jugadores estuvieron a la altura y Barovero volvió a recordarnos que merece una chance en la Selección Argentina. Los demás estuvieron muy parejitos, el peor a mi parecer fue Ponzio - no según todos los medios que le pusieron entre 9 y 10 todos-, y el mejor fue Teo Gutierrez pues demostró que más allá de las bravuconadas y la venta de humo es, como dice Román, un crack. Colaboró con el equipo en defensa, se lo puso al hombro, generó peligro en ataque, volvió locos con buenas armas a sus marcadores y redondeó una actuación que lo va a colocar en Europa. Muy posiblemente en la Premier League, donde creo que en un equipo como el Tottenham o el Sunderland va a tener un éxito gigante. 

A Boca no le queda más que ganar los dos partidos que tiene por delante y apuntar a un 2015 en el que deberá ganar algo. Tiene la Copa Libertadores, la Copa Argentina y el torneo como objetivos y muy posiblemente apunte a todos por igual. Dos años de sequía, de opacos partidos con algún que otro buen momento y rachas positivas. Con dos próceres mal echados como Román y Bianchi, sin liderazgos ni jugadores con gran jerarquía. Se espera que los jóvenes y los que llegaron hace poco puedan llegar a ser referentes, pues todos poseen condiciones. Pero la necesidad de obtener resultados comenzará a ser asfixiante - si no lo es a esta altura de las cosas- y todos estarán a prueba. Hubo actitud en los dos partidos y se jugó bien especialmente el primer tiempo en el Monumental. Los errores arbitrales fueron relativos y no tan decisivos esta vez, pues más allá de lo de Ponzio Delfino tuvo una muy buena actuación. No fue el quien pifió el penal a los 3' y decidió que Boca no pasaría a la Final. 

  




miércoles, 26 de noviembre de 2014

River 0 - Racing 1: Desastre anunciado; La idea frustrada y las malas decisiones



Tras el empate contra Olimpo de Bahía Blanca en el Monumental, donde jugó realmente mal aunque no por ello mereció perder (es decir, el resultado estuvo bien), y el desastre que hizo ante Boca en la Bombonera por la ida de la Semifinal de la Copa Sudamericana (en la que contabilizó 7 amonestados - tres de ellos debieron ser expulsados, pero Trucco decidió no hacer nada al respecto-, 27 faltas, menor posesión de balón y ningún tiro al arco), River debía enfrentar como visitante a un Racing que a comienzos del torneo parecía condenado a repetir su historia. Un arranque con ilusiones y un final a puro desencanto. Pero tras la derrota en el clásico contra Independiente, el equipo de Cocca se hizo fuerte y de la mano de unos Milito, Bou y Videla intratables comenzó a ganar para mantenerse en la zona de discusión. Tuvo algunos tropezones más, pero fue justamente la irregularidad del club de Nuñez la que lo mantuvo con vida. Y paradójicamente, el pasado domingo tenía la posibilidad de pasarlo en la tabla de posiciones y robarle el liderazgo que venía sosteniendo hacia ya 15 fechas.

Enfocado en el partido contra Boca de mañana, Gallardo concentró a algunos titulares habituales y llenó la cancha y el banco con juveniles. Algunos con rodaje desde hace tiempo y otros que recién empiezan a dar sus primeros pasos en el fútbol grande. Esto no es culpa del entrenador, claro está, sino de una dirigencia que eligió a mitad de año que todo se reduzca a "Pratto o nada" - todos sabemos como terminó eso- dejándole al Muñeco un plantel demasiado corto aunque no por ello de mala calidad. Cuando todo era color de rosas, nadie hacía foco en esta cuestión y se hablaba del mejor equipo de la Argentina. De uno que sin importar sus intérpretes tenía la idea bien clara cada vez que salía a jugar en cualquier cancha. El tiempo se encargó de comprobar la fragilidad de estos argumentos, pues tras la lesión de Kranevitter este River nunca más volvió a ser ese intenso y brillante equipo de las primeras fechas.

Diego Cocca presentó un 4-4-2 que ya casi sale de memoria: Saja; Pillud, Lollo, Sánchez, Grimi; Gastón Díaz, Videla, Aued, Centurión; Bou y Milito. Doble cinco un poco más retrasado que los dos extremos que tienen libertad para convertirse en delanteros en cada ataque siempre y cuando retrocedan para colaborar tapando las bandas. Y dos delanteros punta pero no fijos, con movilidad por todo el frente de ataque y buscando ir por el centro para que los dos carrileros no tengan obstáculos por los costados. Marcelo Gallardo, en cambio, decidió poner una mayoría de juveniles, algunos de ellos habituales titulares esta temporada y otros rescatados del exilio a donde habían sido - injustamente- enviados por el entrenador como, por ejemplo, Cirigliano. Tras el fallido experimento ante Olimpo con línea de tres hombres, River salió a mantener la punta con un 4-4-2 inédito y muy similar en cuanto a estrategia al esquema que tenía enfrente: Barovero; Mammana Pezzella, Funes Mori, Urribarri; Solari, Guido Rodríguez, Cirigliano, Osmar Ferreyra; Driussi y Boyé.

El partido comenzó demasiado trabado, con poca precisión y bastantes pelotazos. Racing trató de adueñarse de la pelota desde el vamos, para así en los primeros minutos aprovechar la localía y apabullar a un equipo que partía desde una supuesta inferioridad. Pero la primera fue para River, con Saja tapando muy bien una entrada de Solari. Al instante, Bou llegó hasta el área tras un veloz contragolpe y fue detenido con lo justo por Funes Mori. La intensidad iba en ascenso y un tiro libre de Ferreyra al corazón del área se encontró con una pésima salida de Saja. Driussi, solo con el arco a su disposición, devió por apenas centímetros su remate. Milito buscó levantar a su equipo con una muy buena jugada personal y fue derribado al borde del área. Aued lanzó el balón a las nubes, pero por primera vez el ritmo disminuía un poco y los dos equipos podían empezar a acomodarse dentro de la cancha. Los de Cocca siguieron presionando alto, sin ceder un centímetro, molestando los intentos de salida prolija de River y así consiguieron abrir el marcador. Díaz abrió un surco por la derecha pero su centro fue defectuoso. Por seguir la jugada pudo ganarle a su marcador el rebote y tocó al medio para Milito. Bou llegó antes pero su pifie impactó en uno de los defensores. En toda esta confusión, Milito disparó para encontrarse con una buena respuesta de Barovero. Para su mala suerte y la de River, Funes Mori - que hace rato se está mandando demasiadas cagadas- se llevó puesta la pelota y venció su propia valla. Un 1-0 para Racing que lo ponía en la punta del campeonato. No se podía hablar de merecimientos, pues en una ráfaga llena de intensidad, en un ida y vuelta tremendo cualquiera de los dos podría haberse puesto en ventaja en una de las varias situaciones de gol que tuvo.     


El resultado seguía abierto en un encuentro que se había convertido rápidamente en un ida y vuelta letal. Racing presionando arriba, casi en 3/4 de cancha y abriendo para sus extremos y River esperando y buscando los huecos para filtrar el pase en velocidad. Los de Avellaneda corrían con ventaja porque molestaba arriba con Milito y Bou, era punzante con el tándem Centurión-Díaz y tenía en Videla un bastonero que no paraba de cortar los intentos de armar juego de los mediocampistas del rival. Un pelotazo frontal tomó a Funes Mori y a Pezzella muy adelantados, todo un síntoma del saludable riesgo que suele correr Gallardo siempre, y Barovero debió salir a jugar casi de líbero para evitar el segundo gol. River se encontraba en campo rival con todos sus jugadores y empujaba con muchas ganas por las bandas. El problema era que Videla impedía que las jugadas prosperasen más allá de dos o tres toques y luego lanzaba pases para las diagonales de los puntas que eran puñales. En uno de ellos, Bou picó muy bien al vacío pero su centro fue cruzado en lugar de ir al punto del penal donde Milito ya se relamía.


La gran sorpresa de la noche era que River había tenido muchas posibilidades con pelota parada, pero no había podido aprovechar ni una sola. Usando su recurso habitual - no lanzar al medio del área sino abrir para que Pezzella o FM cabeceen al medio- no podía quebrar a la defensa local. De a poco el trámite se hizo lento y desprolijo una vez más, con una sucesión de pelotazos frontales que no parecía tener fin. River no abría la cancha y esto era un pecado teniendo dos nueves de área natos. Era el ABC del esquema que estaba utilizando, era lo posible ante el poco juego que estaba creando su mediocampo. Pero los suyos seguían enfrascados en jugar a dos toques por centro, algo prácticamente imposible por el retroceso en bloque de Racing. Con la pelota los de Nuñez, pecaban por no tener una sola idea a la hora de definir. Si hay que decir que era un rasgo positivo el que a esa altura no hubiesen perdido la cabeza - ni los jugadores ni el DT- y que buscasen tocar por abajo con mucha paciencia. 

Sobre el final de la primera parte, Racing pareció despertarse y con dos buenas corridas de Díaz por la derecha logró llevar a su contrincante hacia su propia valla. Un horror defensivo casi le cuesta el segundo gol: pésima entrega atrás para Barovero en pleno retroceso y Funes Mori cortó milagrosamente ante la entrada de Bou. Sin ser claro, River no merecía perder pues no jugaba mal como en partidos anteriores. La situación le estaba pesando a muchos chicos que si bien han mostrado cosas interesantes desde sus respectivos debuts en Primera División, aún están demasiado verdes como para asumir tamaña responsabilidad. Racing ganaba con la locura de su gente y de la mano de dos jugadores que estaban intratables: Videla y Díaz. Pero los fantasmas son lo más difícil de disipar, y un solo gol de ventaja parecía demasiado poco. 


La segunda mitad comenzó igual que la primera. Pura brusquedad con dos equipos tratando - sin éxito- de hacer algo de pie. Ferreyra tuvo otro tiro libre en posición inmejorable y volvió a repetir una jugada que evidentemente Racing tenía estudiada de memoria. River mandaba la pelota de lado a lado, pero ya a esta altura era demasiado previsible y carecía de todo tipo de profundidad. Gastón Díaz seguía volviendo locos a sus marcadores con sus piques al vacío, complicando en cada contragolpe. La presión de Racing ya no era tan alta, pero esperaba bien plantado en el círculo central, agazapado para salir de contraataque y liquidar el partido. 

River tuvo el empate merced de una mala salida de Saja, pero Funes Mori desvió su cabezazo dejando en claro que esta nuevamente no era su noche soñada. Gallardo movió el banco: Cavenaghi - en su regreso tras meses de inactividad pos operación del dedo gordo del pie- por Boyé para obtener más peso ofensivo (juro que no es un chiste) y Tomás Martínez por Guido Rodríguez para ganar más velocidad y creatividad. El dibujo pasaba a ser un 4-3-1-2 con Martínez de enganche. La intención era buena, lo que no quedaba en claro era por qué estos dos jugadores no habían estado en el once inicial. Especialmente Martínez que cada vez que entró en estos recientes y apáticos partidos terminó levantando al equipo y haciéndolo jugar al menos un poco. Fue el juvenil recién ingresado el que volvió a inquietar, con un remate que se desvió y estuvo a punto de descolocar a Saja. Racing estaba demasiado atrás y no jugaba para nada bien. Cirigliano, de lo más rescatable de su equipo, filtró un gran pase para Cavenaghi que no llegó por apenas centímetros. 


Centurión en 18' armó una muy buena jugada y tras su slalom buscó a Bou. Pezzella cortó bien pero el rebote largo le quedó a Milito, quien de frente al arco envió la pelota muy por arriba. La Academia tuvo un par de acercamientos más, pero comenzó a fallar en el último pase. El juego seguía abierto y a River no se lo debía dar por muerto todavía. Después de que Ferreyra - un caso inexplicable el de las razones de su estadía en el club- desperdiciase la pelota parada número mil, ingresó el chico Kaproff por Solari. Un pésimo cambio con menos de 25' por jugar. Debía meter a Vangioni o  Mercado, un poco de potencia y jerarquía por las bandas para poder abastecer a los dos nueves que tenía en cancha. Con Kaproff juntaba tres centrodelanteros y no quedaba nadie para lanzarles un centro. Un 4-1-3-3 que podía ser audaz pero que no servía por el poco concepto que se veía en el campo de juego. El hecho de que Cavenaghi estuviese tirando los centros y buscando desbordar era la prueba del error táctico del DT de River. 

Cocca sacó a un extenuado Díaz y mandó a la cancha a Acuña para refrescar piernas y empezar a cerrar el partido. Bpu realizó una de esas jugadas que levantan a un estadio entero, dejando a dos marcadores atrás con un gesto técnico impecable y su centro para Milito fue salvado por Pezzella con mucho timing. En 33' Racing lo tuvo nuevamente: gran avance de Centurión, con la pelota de pie a pie, llegando al fondo y tocando atrás. Barovero logró cachetear la pelota y Pezzella de nuevo se puso el traje de bombero. Milito hacía varios minutos que mostraba todo su oficio y experiencia, arrastrando marcas sin la pelota, aguantando el balón de espaldas a los centrales y dando una mano en la recuperación. Videla habilitó, tras otro mal tiro libre del rival, a Bou que encaró muy solo pero fue vencido por Funes Mori. Acuña en 41' estuvo cerca de marcar un gol de ensueño, pero su zapatazo se fue rozando el ángulo izquierdo. 


El ingreso de Hauche por Milito sirvió para que el Cilindro se viniese abajo para ovacionar a su ídolo. En medio del griterío de los hinchas, River empujaba con lo que tenía: nada de claridad, cero ideas pero con muchísimo corazón. Cavenaghi falló en controlar la pelota final que tuvo su equipo, redondeando un mal regreso en el que se lo vió demasiado estático, mal en lo físico y sin la jerarquía necesaria para absorber la presión y calmar las aguas. El partido terminó y tras 15 fechas la otrora "Máquina de Gallardo" abandonó el primer lugar de la tabla de posiciones.


Racing juega contra la historia sin dudas, pero depende de sí mismo. Junto a River y Lanus serán los tres equipos que definan el torneo más allá de que Independiente y Boca tengan chances matemáticas (uno nunca sabe, pero hasta ahí llegaron los dos lo cual es elogiable especialmente después del mal comienzo de temporada que tuvieron). Los de Cocca dependen de sí mismos y tendrán que domar sus nervios para encontrarse con su mejor versión. En este partido le alcanzó con Videla y Díaz y la jerarquía de Milito. Por lo demás el equipo no jugó bien y de a ratos fue superado por un River demasiado enfocado en el choque de vuelta contra Boca. Pase lo que pase allí, Gallardo deberá poner sus energías en estas dos fechas para no perder un título que tenía asegurado hasta hace pocas semanas. Su apuesta fue valiente, pero erró en los cambios y en no poner al menos un jugador que pudiese cargarse el equipo al hombro. Los juveniles dieron la cara pero en su mayoría - menos Cirigliano, Martínez y Rodríguez- se fueron aplazados. River ya no depende de sí mismo ni tampoco puede maquillar su bajón en el rendimiento colectivo e individual. Sin dudas dos realidades con las que tendrá que convivir para poder escapar por encima del laberinto. 



martes, 18 de noviembre de 2014

Manchester City 2 - Queens Park Rangers 2: Las dos caras de un equipo irregular; El salto de calidad sigue demasiado lejos


Ustedes ya saben que el Manchester City en cuanto a idea futbolística es uno de los equipos que más me gusta y emociona - en general, debo admitir que amo la Premier League por su vértigo absoluto algo que incluye a la mayoría de sus equipos-. Creo que es la combinación casi perfecta entre el toque y el vértigo en 3/4 de cancha, algo que también se puede ver en dos enormes equipos como el Real Madrid y el Bayern Munich. Estos últimos hoy por hoy son los mejores del mundo y lamentablemente para quienes admiramos el fútbol que pregona Manuel Pellegrini y que ejecutan sus jugadores a cada semana, el Manchester City muy lejos está de esas alturas. Hasta el momento ha logrado imponerse en la Premier League - aunque no sin pasar sobresaltos- pero tiene una cuenta pendiente con Europa que a cada temporada se va haciendo más complicada de manejar.

Muchos se sorprenderán si les digo que Pellegrini enfrenta un posible despido a fin de año, pero esto empieza a cobrar su lógica cuando se ve que con uno de los mejores planteles del mundo su equipo se encuentra en este momento sumido en una irregularidad absoluta que lo hace brillar en un partido y al otro jugar realmente mal. Muchas veces, es más casi siempre, sus figuras salen al rescate en especial Sergio Agüero que está teniendo un inicio de la 14/15 soñado. Hay ciertos vicios que se arrastran desde la "Era Mancini", más que nada el amesetamiento en el que se entra en determinado momento del partido, y algunos nuevos sumados por el actual entrenador, como la tendencia automática a tirarse atrás en partidos con ventaja mínima y complicados y una sorprendente pesadez en el traslado del balón en muchos momentos del partido. Como ya explicamos, tanto la Champions League como la Europa League - el consuelo- han sido esquivas desde que comenzó esta racha ganadora armada con los infalibles - y dudosos siempre- petrodólares y consolidada con talento y trabajo. 

El partido de la fecha pasada con el Queens Park Rangers de visitante fue un claro ejemplo de como este equipo se autodestruye constantemente. Todas las virtudes y todos los errores fueron aflorando durante otro intenso partido de la Premier League. Manuel Pellegrini se enfrenta a la necesidad de mejorar el andar del City, pero muy posiblemente no tenga demasiado tiempo para lograr una transformación radical. No es tanto lo que le piden: solamente imitar la temporada pasada, en la que se pasó la fase de grupos de la UCL - algo hoy posible pero bastante complicado de lograr- y repetir el título en el ámbito local, cuestión bastante más difícil pues el Chelsea de Mourinho ha terminado con su temporada de adaptación y está imparable en todos los aspectos del juego. 

El Queens Park Rangers de ese viejo zorro - y fenomenal entrenador- llamado Harry Redknapp es un equipo muy audaz. Me gusta mucho su desfachatez, su siempre noble intención de salir a intercambiar golpes sin especular, sin importar quien sea el rival. Siempre va al ataque y busca jugar por abajo sin siquiera pensar en el pelotazo como recurso principal - y eso que tiene varios rapiditos que lo aprovecharían- o en avanzar a puro barullo pero sin ideas. Su valentía no ha sido premiada con una buena posición en la tabla, pero sin dudas que es para aplaudir lo que en poco tiempo ha logrado este joven y electrizante equipo. El Loftus Road esperaba por su once inicial: Green; Isla, Dunne, Caulker, Suk-Young; Vargas, Henry, Sandro, Fer; Zamora y Austin. Un 4-4-2 que suele desprender a Vargas y a Isla por la derecha generando estragos por la velocidad y la habilidad de los dos chilenos y que tiene en Sandro un mediocentro magnífico. Adelante están Zamora y Austin,, dos delanteros letales, que saben complementarse muy bien y que molestan constantemente con sus incesantes desmarques. Manuel Pellegrini dispuso de una formación con varios cambios debido a algunas lesiones y a que buscaba usar este partido para darle rodaje a habituales suplentes ante lo que se viene en estas semanas: Hart; Sagna, Demichelis, Mangala, Clichy; Fernando, Fernandinho; Navas, Yaya Touré, Nasri; Agüero. Un 4-2-3-1 que tiene el clásico doble pivot que corta y distribuye bien adelante, dos extremos tradicionales en Navas y Nasri, un enganche en Touré que se posiciona un poco más atrás que sus compañeros del medio y un único punta en el Kun Agüero. Una salvedad: el argentino en realidad con este esquema no es referencia de área como lo es Dzeko sino un falso 9 que recorre todo el frente de ataque buscando los espacios para generar situaciones de peligro así como se retrasa para ejercer a función de creador. El dibujo puede pasar a ser un 4-4-1-1 retrasando a los extremos y poniendo a Touré - o a Silva, que ahora está ausente por lesión- adelante de Agüero, algo que suele suceder en la mayoría de los partidos.


El encuentro comenzó demasiado trabado en el mediocampo. Pero en ese caos, Fernandinho le colocó a Agüero un gran pase profundo. Pique y llegada al fondo del delantero y un centro atrás que Nasri conecta pero la pierna salvadora de su marcador se interpuso en el momento justo. En apenas 4', Agüero tuvo su segundo gran arranque de la noche, esta vez desde la izquierda al centro del área pero su remate se fue bastante alto. Dos minutos después, Navas combinó con Touré y el disparo del marfileño - demasiado incómodo- también se elevó por encima del larguero. El City en este inicio salvaje tenía la pelota y presionaba alto con su delantero de referencia buscando y creando espacios. 

La respuesta del local llegó a los 7' con una fenomenal contra: Vargas tocó con mucha precisión para Zamora que en claro offside remató al gol. El tanto estuvo bien anulado, al igual que el que le invalidaron a Austin en la siguiente jugada. Hart tuvo un grosero error en la salida del tiro libre dentro de su área y se la dejó servida al delantero del Queens Park Rangers para que abra el marcador. Esto sucedió pero como el arquero del City tocó la pelota con los dos pies dentro su área, la jugada quedó invalidada y se repitió el lanzamiento de falta. Un horror - provocado por lo mojada que estaba la cancha- salvaba al portero de un papelón. 


De a poco, el QPR empezó a manejar muy bien la pelota. Como estaba previsto, Vargas e Isla fueron liberados por la derecha y la presión se hizo agobiante para el campeón defensor de la Premier League. A puro juego de presión, posición y posesión, el local había reducido al City a su mínima expresión. Sandro se sumó al dueto chileno y ayudó a que la salida de los celestes se hiciese realmente complicada. La única manera que tenían Kompany y Demichelis para abrir juego era el pelotazo frontal. El mismo Sandro lanzó dos centros picantes casi en 15': el primero no fue cabeceado milagrosamente y el segundo fue a parar a Zamora que se la bajó con mucha categoría a Austin para que el delantero fusile a Hart. Todo eso sucedió, pero el muy buen arquero respondió magistralmente. 


Los de Pellegrini ya no podían tener la pelota aunque sea por un par de minutos merced de la muy buena presión que ejercía el QPR en todos los sectores del campo y en especial en el momento de la salida. La velocidad de los de Redknapp tenía su contracara en la pesadez de su rival, muy previsible y dependiendo - ya demasiado a esta altura de las cosas- de todo lo que pudiese hacer Agüero con pase largo. A los 20' llegó el primer golpe al hígado del campeón: un golazo de Austin que fue gestado a puro vértigo y juego a un toque. Vargas avanzó y cedió para Isla que rompió hacia el medio y en vértigo le puso un pase entrelíneas a Austin que el 9 definió muy lejos de Joe Hart. Un 1-0 más que merecido, pues el QPR era el mejor equipo de los dos que estaban en Loftus Road.

La presión no disminuyó ante un City que tenía la rodilla apoyada en la lona ya. Las faltas cometidas al borde del área por los nerviosos centrales no podían ser contadas con los dedos de las manos ya. El shock pasó cuando Touré eludió en cadena a varios marcadores yendo de derecha a izquierda y remató desde media distancia. El tiro se fue apenas desviado y Green ya estaba vencido, pero esta vez la suerte jugó para el local. La mejora del marfileño y de Fernando y Fernandinho en el medio hizo que el partido se empareje. Bien con la pelota en City en este tramo, con buenas transiciones al ataque y mayor fluidez en la circulación de la pelota. Aún así, la presión con Sandro sobre el doble cinco y con Vargas-Isla y Fer sobre los costados generaba que la salida siempre fuese sucia. 


Y cuando todo estaba quieto, Agüero salvó las papas de nuevo: a los 31' el argentino bajó el enésimo pelotazo que buscaba su humanidad y con un quiebre de cintura exquisito que desairó por completo a sus dos marcadores (y uno atrás del otro) puso el 1-1 con un disparo cruzado. No era justo más allá de ese breve momento de mejoría del visitante, pero como viene pasando desde el primer partido de esta temporada el Deportivo Agüero siempre dice presente. El triunfo ahora no estaba lejos y Touré confirmó su mejora con y sin la pelota. Un remate que se fue apenas ancho y una creciente generación de juego, moviendo los hilos, desde 3/4 de cancha lo convirtieron en el compañero que el Kun estaba buscando hacía rato. El de Costa de Marfil abrió para Navas y el centro del español encontró al 9, pero Green supo como manejar con solvencia su complicado tiro. 

Fernandinho era el muro de contención que impedía que el QPR predominase en el centro del campo y la ráfaga se completó con un buen cabezazo de Mangala que salió desviado. Al cierre del primer tiempo, la última línea del QPR se había cargado con muchas faltas, algo que reflejaba la suba de nivel del equipo de Pellegrini. Pero quedaba una jugada más: a los 43' Fernando cometió un HORROR aprovechado por Austin para encarar solo a Hart. El portero se lució una vez más y en la jugada siguiente le sacó otro mano a mano al centrodelantero, aunque este se encontraba en offside. El City estaba en juego por obra y gracia de quien ocupa su arco hace un par de años. Lo último a resaltar era el brillante partido de Vargas e Isla, que con sus desbordes y cortadas hacia el medio enloquecieron a la defensa y sostuvieron la presión alta, además se ser activos centrales en el retroceso tapando la banda derecha y conteniendo a Fernando para que no pueda salir cómodo. 


La segunda parte vino con un cambio forzado: Barton - un típico mediocampista inglés, de esos que me encantan, lleno de habilidad y juego bien brusco- un ex City entraba por el lesionado Sandro. Si muchos pensaban que esto sería malo para el mediocampo del QPR, claramente no sabían quien es y de que es capaz este dúctil jugador. Al minuto Navas y Nasri combinaron perfecto y el centro para Agüero fue tapado por Isla con una barrida muy fotogénica. Lo mismo hizo Sagna ante un centro que estaba por caer en los pies de Zamora. El palo por palo comenzaba desde los primeros minutos de estos segundos 45'. Nasri y un centro que recorrió el área chica y Fer con un disparo que Fernando desvió cuando su destino inexorable era el gol, le sumaron más emoción a un excelente partido. 

Yaya Touré recorrió la banda a pura potencia y su centro bajo fue delicioso. El Kun no llegó a tocarla por un par de centímetros, pero a esta altura estaba para cualquiera. El nivel se había emparejado, el City había salido de su segunda meseta y se mostraba ágil, liviano en el buen sentido. Pero el QPR nunca había dejado de presionar, por lo que esta mejoría no podía traducirse en un dominio abrumador como si lo hacía en otros años. Vértigo y audacia, esa era la fórmula del local que no se conformaba con el punto pues sabía que este partido podía ser suyo. A los 61' Barton empezó su show: pase perfecto desde casi la mitad de la cancha para Austin que le ganó la espalda a Clichy y centró para Zamora. Fernando, ya bien metido adelante de los centrales, salvó como solía hacerlo en el Porto hace poco tiempo. Otro pase de Barton, esta vez para Doug, cuyo centro encontró a Vargas. Su volea se fue ancha, pero el trámite era controlado otra vez por el QPR que otra vez sometía a un equipo demasiado ciclotímico. Pellegrini mandó a la cancha a Dzeko en ligar de Fernandinho para armar un extrañamente ofensivo 4-4-2, pero este impulso le duraría más bien poco. Barton seguía haciendo lo suyo: pase preciso al área para Vargas que controla pero no logra darle de lleno a una nueva volea. Dzeko debió salir a los cinco minutos de haber ingresado por una lesión e ingresó Lampard - de muy buena temporada, volviendo de una molestia que lo tuvo unos partidos fuera- para armar de nuevo el 4-2-3-1.


Milner por Nasri fue el último cambio para los Citizens. No variaba el esquema pero el recambio de piernas era necesario, algo bien leído y ejecutado por Pellegrini pues el polifuncional mediocampista es capaz de romper con cualquier defensa y hacer un ida y vuelta constante casi sin desgastarse. A los 75' Barton robó con tenacidad el balón y tocó para Vargas que abrió para Austin. El 9 levantó la cabeza y vió a Zamora entrando como un tren. Demichelis lo perdió y en el intento de despejar el centro al corazón del área, la metió en su propia valla. Un 2-1 lógico, que se ajustaba a lo que estaba sucediendo. El tercer bajón del visitante estaba siendo demasiado extenso y no había señales de que la cosa fuese a cambiar. Pero a los 77' salió de su siesta: Bartón cometió su único error y cabeceó pesimo para atrás, habilitando a Agüero que eludió a Green y tocó al gol. Doug llegó con tiempo de sobra para sacarla, pero era el primer aviso. En 79' Vargas realizó una media chilena hermosa que se fue besando el palo y que dejaba con vida a los celestes que en ataque estaban un poco más finos pero en defensa eran un colador. Navas armó una buena jugada y su centro para Milner culminó con su testazo despejado en la línea. El rebote fue de Touré que forzó una estirada quirúrgica de Green para evitar que todo vuelva a tablas. Milner lo tuvo nuevamente al poco tiempo y fue tapado por Barton. Acto seguido, Sagna remató de lejos cruzado y vaya uno a saber por qué no entró. El Manchester City había elegido exponerse por completo en defensa y pararse tras líneas enemigas con todos sus jugadores. Un vendaval se había desatado, sin ideas ni prolijidad, pero con una intensidad apabullante ante la necesidad de al menos salvar la ropa. 


Y a los 82', Agüero volvió a dar la cara. Perfección es como se le debe llamar al pase de Touré desde la mitad de la cancha, control digno de un mago del Kun y luego pura poesía: amago a Green, quiebre de cintura que hace pasar a 3 defensores de largo y empujón de zurda. Un 2-2 injusto, demasiado castigo para el Queens Park Rangers que hizo más que méritos para llevarse los tres puntos durante todo el encuentro. Ni el empate ni el recuerdo del 2-3 en los minutos finales - tras ir 2-1 todo el partido- reciente contra el Liverpool, amilanaron a los de Redknapp que siguieron presionando y jugando un muy sólido y vistoso fútbol hasta el pitazo final. Acorraló al poderoso y millonario Manchester City contra su arco en los minutos finales y lo tuvo con un cabezazo de Vargas que se fue apenas ancho. Loftus Road despidió a su equipo con aplausos de pie, pues habían sido mejores que el actual campeón y por varios kilos. Sin salir a defenderse, sin poner a nueve jugadores en su campo y apostar al contragolpe, jugando de igual a igual contra un equipo que verá como despiden a su entrenador si no empieza a mostrar señales de que esto puede revertirse en el corto plazo. 


Todo lo bueno y todo lo muy malo del Manchester City en este intenso partido. Un equipo que parece excesivamente aburguesado en el ámbito local y demasiado acelerado y con andar de principiante en el escenario internacional. Sus jugadores - salvo notorias excepciones como Agüero, Milner, Hart, Navas y Lampard- están rindiendo muy por debajo de lo que se espera de ellos, por lo que las falencias colectivas no pueden ser maquilladas como en temporadas pasadas. La idea está cimentada, pero la irregularidad de sus intérpretes y las mesetas en las que caen continuamente impiden que el salto definitivo pueda ser dado. La buena noticia para el Ingeniero es que Agüero está intratable y que Yaya Touré está volviendo a ser aquel que la hace una temporada se había ganado el aplauso y admiración de todo el universo futbolístico. Tras una dura tragedia personal, está recuperado físicamente y empieza a adueñarse de la pelota, algo que sus compañeros agradecen y mucho. Tal vez esa sea la base para comenzar de nuevo: Hart, Milner, Touré, Agüero y 7 más. El pellejo de Pellegrini depende de como elija y mueva sus fichas de aquí a fin de año.   

sábado, 15 de noviembre de 2014

Estudiantes 1 - River 0: Fin del invicto, derrota merecida; Un golpe de realidad que tardó demasiado


Desde aquel intenso 4-1 contra Independiente en el Monumental, River perdió gran parte de las cualidades que hasta ese entonces lo hacían un excelente equipo. Si bien era apresurado decir que ya estaba consolidada la idea en el plantel, los primeros pasos de Marcelo Gallardo como Director Técnico del club de sus amores habían sido muy buenos. No vamos a extendernos en las características de esa primera versión de River, pues ya hemos hablado en este blog al respecto y abundan los análisis de su estilo de juego. Pero si hay que resaltar una cuestión: la lesión de Kranevitter - de su número cinco, de ese pegamento que mantenía al equipo compacto cuando defendía y permitía que se haga largo en ataque sin caer en el desorden total- fue un golpe imposible de asimilar para un grupo que venía demostrando que sí se podía jugar bien y ganar al mismo tiempo en el fútbol argentino. Diremos que de ser un equipo que presionaba bien alto, que llenaba las bandas con jugadores merced de sus constantes rotaciones, que tenía mucha paciencia a la hora de elaborar cada ataque (sabiendo sostener el bloque hasta el momento justo, en el que cada jugador explotaba por su sector) y que mostraba una eficacia envidiable...Pasó a ser uno más del montón, con un estilo en el que sin dudas hay mucho corazón y lucha pero no demasiado de juego. Similar a Lanus o a Independiente, dos equipos tan malos como voluntariosos, que ponen jugadores arriba y corren por las bandas para iniciar un concierto de centros sin sentido esperando que una de esas acciones aisladas les de el triunfo.

El cerco mediático armado alrededor de este River venía resistiendo: sus actuaciones entre malas y regulares contra Arsenal, Lanus, Boca Juniors, Libertad de Paraguay (Copa Sudamericana), Belgrano de Córdoba, Estudiantes (por la Copa también) y Velez Sarsfield fueron elogiadas a sobremanera por nuestro "periodismo" deportivo. Por un montón de profesionales que en su mayoría no saben nombrar dos esquemas tácticos y que son incapaces de seguir la evolución de un equipo a través del tiempo. Tal vez creyeron, ansiaron, que el bajón fuese algo temporal pero ese mismo once sin Kranevitter dejó de deslumbrar aunque no de sumar/rescatar puntos. Lo que en, por ejemplo, Boca es algo malo como la actitud y el coraje en River pasó a ser lo mejor del universo. El título de La Nación Deportiva tras el partido con Velez - en el que mereció perder por dos o más goles- fue coherente con el chupamedismo hacia Gallardo y sus jugadores: "No perdió". Acompañaba la foto de Gabriel Mercado festejando el gol. 


Despejemos una cuestión más antes de sumergirnos en el análisis del partido que River perdió con Estudiantes de La Plata como local por 1-0, cortándose una muy buena racha (histórica en el club) de 31 partidos sin conocer la derrota. Derrota que debió haber llegado mucho antes de este partido pero que por la ineficacia de sus rivales, el (innegable, pero no novedoso) empuje del equipo y mucha suerte, se había postergado injustamente. Hablemos del tema de "los jugadores que faltan por convocatorias a las selecciones". Teófilo Gutierrez  y Leonel Vangioni han sido los dos llamados por los DT de sus países, pero esto no varió para nada el esquema ni la idea de juego. Es más, los dos pudieron jugar contra Boca debido a que ese partido no se suspendió a pesar de la torrencial lluvia que caía sobre el Monumental esa jornada. Nunca faltaron y River jugó bien y mal con los dos en el campo de juego. Esta seguidilla de malos rendimientos pos Independiente los tuvo dentro de los titulares así como aquel comienzo fenomenal. Y resulta muy particular que se sostenga que la idea caló en el plantel pero que se ruegue - como sucede en este momento- por que UN jugador regrese de su seleccionado para llegar al partido con Boca por la Semifinal de la Sudamericana. Evidentemente el estilo pregonado por Gallardo depende demasiado de los arrestos individuales de sus mejores intérpretes- que tampoco son muchos-, por lo que está lejos de ser algo estable y factible de ser desarrollado en el largo plazo.

Estudiantes llegaba al Monumental con ganas de tomarse revancha por la doble derrota en internacional que había sufrido ante el cuadro de Gallardo. No mereció perder ninguno de los partidos y demostró mucha inteligencia para asfixiar a su rival al punto de convertirlo durante casi todo el tiempo de juego en una monótona máquina de tirar pelotazos frontales y cruzados desde cualquier parte de la cancha. La suerte, la calidad de sus mediocampistas y delanteros en un par de buenas jugadas y la lógica caída física de su contrincante tras 70/80 minutos de correr sin parar le habían dado la clasificación a River. Su entrenador Mauricio Pellegrino puso nuevamente un 4-4-2, táctica habitual hace más de medio siglo en el club de La Plata: Hilario Navarro; Aguirregaray, Schunke, Desabato, Rosales; Cerruti, Jara, Prediger, Correa; Vera y Carrillo. Lo importante de este equipo es que - guste o no- tiene las ideas bien claras: presión y retroceso en bloque, cobertura de espacios antes que tenencia de balón, contragolpe veloz de la mano de sus dos incansables y habilidosos extremos (Correa también oficia de enganche cuando el partido lo requiere) y dos nueves de área con mucha movilidad, eficacia y capacidad para recuperar el balón en la salida del contrario. River formó con un extraño 3-4-1-2 que apuntaba a no repetir los errores de la llave por la Sudamericana: ser más compactos en el mediocampo y tratar de salir con velocidad con Vangioni y Solari bien abiertos en posiciones en las que no suelen jugar. Gallardo sacrificaba un defensor en pos de ser más agresivo y no sucumbir ante la intensidad que le iba a plantear Estudiantes: Barovero; Maidana, Pezzella, Ramiro Funes Mori; Solari, Guido Rodríguez, Rojas, Vangioni; Pisculichi; Mora y Driussi. La ausencia de Teo Gutierrez obligaba al Muñeco a echar mano una vez más en el juvenil centrodelantero y la apuesta de poner tres centrales atrás era demasiado arriesgada pues se sabía que el León utiliza muy bien las bandas. Aun así se entiende que el DT buscó poner más gente en el medio para hacer que la transición entre defensa y ataque del rival no sea tan simple sino más bien congestionada e incómoda.


El visitante salió a presionar desde el primer minuto. Una muy buena jugada por la izquierda, un 1-2 comandado por Correa que termina siendo cruzado por Pezzella dentro del área. River pasó los primeros minutos sin agarrar la pelota y Estudiantes liberó a los laterales para que acompañen a los volantes externos aprovechando una cancha muy veloz debido a esa manía que tiene Gallardo de pedir que rieguen antes de cada partido. Los de la banda roja no se lograban acomodar y esto fue aprovechado a la perfección por el Pincha. Otra muy buena trepada por izquierda de Correa culminó en un centro bajo a las manos de Barovero. Cerruti entraba solo sin marca, habiéndole ganado las espaldas a los defensores. Rojas tomó la lanza y abrió para Solari en la primera acción de ataque de River, pero Navarro atrapó la pelota sin problemas tras un centro muy flojo. La respuesta fue inmediata: Cerruti recorrió muy bien la banda y tocó al medio para Vera. Barovero dio un rebote muy largo, en un error poco frecuente en él, y Vera empujó al gol sin resistencia alguna. Un 1-0 que se acomodaba a lo que estaba sucediendo en el encuentro.


Hasta allí, cada vez que River empezaba en desventaja luego salía a comerse a su rival con más ganas que claridad pero conseguía dominar el trámite al menos hasta empatar. Este no fue el caso, porque el balón seguía en los pies de los jugadores rivales y Cerruti le estaba sacando canas verdes a Vangioni por la derecha que no podía contenerlo. El único de River que buscaba mantenerse apegado a la idea de esos primeros partidos era Guido Rodríguez, que con mucha voluntad cortaba y distribuía con criterio desde el círculo central. Gallardo se volvió loco y comenzó a pedirle que abriese para Solari y Vangioni, dejando en claro que la idea futbolística hace tiempo que es lo de menos. Vera, Carrillo y Correa presionaban en 3/4 de cancha e imposibilitaban la salida cómoda de los centrales. En 14' Mora se desmarcó y disparó en el primer remate al arco de su equipo. Navarro controló sin mayores problemas y se empezó a hacer gigante con buenas salidas ante los centros que empezaron a llover sobre su área. Rojas y Vangioni pasaron a ser el motor del equipo - algo buscado por Gallardo- y por sus respectivos costados empezaron a bombardear los dominios del Pincha. 

La mejoría de River con la pelota era notoria, aunque tampoco para festejar demasiado. Seguía incómodo ante un contrincante que sabía presionarlo desde la posesión y también desde la no tenencia de pelota. El medio y el ataque estaban a años luz de distancia y la defensa estaba aún más lejos, casi como exiliada. Estudiantes cumplía con lo prometido y era compacto a la hora de retroceder y bien largo y ancho en ataque. Los extremos llegaban con demasiada facilidad al área y sus dos delanteros se cansaban de tirar diagonales. Un buen centro en ya 20' no pudo ser conectado por Vera y Correa, cuyo equipo merodeaba el segundo gol. El acierto de Pellegrino era muy claro: tapando a Vangioni, expuso la poca creatividad de un River que sin su lateral carece de volumen ofensivo. Sin embargo el empate estuvo a tiro para el local: Prediger salió mal y Driussi en posición de gol lanzó su remate desviado. 

Cada vez que un jugador de River recibía la pelota, como mínimo dos de Estudiantes lo estaban marcando. Cerruti no para de ir y venir por su costado, clave para tapar y generar espacios al mismo tiempo. Esta vez el Pincha no bajaba en bloque sino que cubría el campo rotando a sus jugadores en una interesante forma de defender. Otra de River: Driussi rompió por el medio con mucha potencia, tocó para Mora y el disparo del chileno se fue demasiado ancho. Vangioni entraba solo a su lado, por lo que su reproche retumbó por todo el Monumental. Esa tremenda presencia ofensiva con la que River llenaba las bandas y avasallaba a sus contrincantes a puro toque e intensidad ya no existen más, algo que se notaba en el desarrollo de este partido muy claramente. 


Prediger, amo y señor del mediocampo, filtró muy bien un pase para Vera cuyo centro encontró otra floja respuesta de Barovero. Por suerte para él, Pezzella estaba atento para despejar al tiro de esquina. A la salida de un tiro libre, Vera ganó en soledad dentro del área pero su cabezazo careció de potencia como para complicar al arquero de River. Las pocas ideas de los de Gallardo se veían compensadas (a medias) por su intensidad, sobre todo por Rojas y Vangioni que como delanteros ya trataban de que la pelota entrase de cualquier manera. Más allá de un buen salto de Pezzella que terminó en un saque de arco, los de Gallardo no se acercaron con real peligro al área de Navarro. Era muy particular ver como Vangioni siempre picaba solo pero nadie se animaba a hacer un cambio de frente, a limpiar un poco el juego en vez de hacerlo más y más desprolijo.      

La última de River en el primer tiempo fue un muy buen tiro libre de Pisculichi que cayó en el techo del arco. Su presión no surtía efecto pues tanto Navarro como la defensa rival estaban en una noche muy sólida. Solari y Rodríguez ya estaban jugando decididamente mal, haciendo que las triangulaciones en la salida fuesen muy fáciles para los centrocampistas de Estudiantes. El medio si hasta aquí era apenas regular, en ese momento era la peor pesadilla para el joven entrenador de River Plate.

La segunda parte comenzó de la misma manera. Esta vez Estudiantes supo regular el aire y no se quedó por lo que River siguió sin encontrar la manera de salir de su telaraña. Carrillo iba a todas y forzaba el error o el pelotazo frontal constantemente. A veces los partidos de fútbol los gana el que sabe hacer equivocar más veces al rival y aquí estábamos ante un claro ejemplo de como eso se puede conseguir. River tiraba centros sin parar, pero no podía evitar ser una maraña de nervios. Pasado de revoluciones - no cansado, como muchos dicen para tratar de justificar- sin una pizca de pausa y sin nadie que intente pensar un poco. Germán Re ingresó por un extenuado Cerruti para empezar a cerrar el mediocampo, ya esperando a que un contragolpe le de la posibilidad de liquidar el partido. 

La entrada de Tomás Martínez por Rojas fue acertada, menos velocidad y más cabeza para poder ordenar un poco el caos que era River en el mediocampo. En lugar de aprovechar que sus mediocampistas comenzaban a recuperar la pelota con mayor frecuencia, el equipo de Nuñez siguió abocado a abrir la pelota y lanzar centros de dudosa peligrosidad. Los pocos que podían significar una chance de gol, eran repelidos con aplomo por los defensores que estaban en una gran noche. Pellegrino terminó de darle forma a su estrategia para el último cuarto de hora con el cambio de Auzqui por Vera. Puesto por puesto, pero con una necesaria renovación de aire y piernas para resistir el vendaval que se vendría. Carrillo lo tuvo con el pie y con la cabeza, pero el primer intento fue cortado por su marcador y el segundo se fue apenas ancho. 


Vangioni, lo más razonable en un opaco River, seguía siendo el único que tomaba la lanza y se iba al ataque con más vergüenza deportiva que otra cosa. Y si a esto le sumamos que sus intentos se resumían en centros al corazón del área, el resultado final terminó siendo la previsibilidad absoluta. Por más que abrumase y se parase en 3/4 de cancha, la falta de ideas y de sorpresa hacía que el fondo visitante jugase con tranquilidad y en piloto automático. El lógico ida y vuelta se armó y varios en el estadio comenzaron a perder la paciencia con algunos jugadores, en especial con Solari que no daba pie con bola. Gallardo volvió a quemar las naves por enésima vez en este torneo: Boyé por Pezzella y lo bajó a Vangioni para armar un 3-3-1-3 ya usado ante Arsenal, Lanus, Boca y Velez cuando las papas quemaban y el juego ni asomaba. Tres nueves de área que no saben como complementarse y por ende se chocan y molestan en cada jugada. Ese fue el plan maestro de Gallardo a quien muchos apresuradamente compararon con Guardiola o Mourinho (algo de lo que él siempre se cagó de risa, nobleza obliga).

A los 35' River se salvó milagrosamente: Correa armó una muy buena jugada por su costado, Barovero respondió muy bien al remate y el rebote fue salvado por Vangioni abajo del arco. El contragolpe culminó en un remate flojo de Martínez a las manos de Barovero, algo que no fue su culpa pues era lo único que podía hacer ante el desastre que eran sus compañeros de ataque en cuanto a organización. Acto seguido Boyé tuvo una muy clara pero volvió a adelantar la pelota - ya le pasó varias veces al pibe- demasiado y Prediger se lo comió vivo. Había sido muy vistosa la jugada, sacándose de encima a 3 en una baldosa pero se nota que le falta todavía. Una mala salida de Navarro en 39' salvada por Desabato cuando entraba Mora para convertir, sirvió para darle suspenso a un partido que parecía definido hace rato. River solo dependía de algún arresto individual y de su habitual suerte, dos cuestiones que no debían ser descuidadas ni por un segundo.


Mientras Prediger seguía robando balones en el medio, Pisculichi disparaba desde muy lejos - y muy mal- en un claro signo de impotencia por no poder entrarle al muy buen planteo defensivo de Estudiantes. Carrillo ganó con mucha viveza una pelota mal jugada por Sánchez y cedió para Auzqui que fusiló a Barovero. El arquero tuvo la suerte de que la pelota impactó en su pie izquierdo y salió al córner, evitando así un segundo gol que hubiese sido merecido. Correa, la figura de la cancha, estaba agotado y Goñi entró en su lugar para que el 4-5-1 quede bien marcado. Estudiantes tuvo dos contras más pero no pudo liquidar a un equipo que seguía vivo por los errores arbitrales de Laverni. Mal expulsado Prediger y una falta muy clara al borde del área de River que no fue cobrada. Más allá de esto, el partido terminó y River perdió el invicto de 31 partidos que ostentaba desde el choque con Godoy Cruz la temporada pasada. 



La labor de los jugadores de Estudiantes fue tan grande como el Monumental y el planteo de Pellegrino fue muy inteligente. Sin refugiarse atrás, supo como presionar alto al comienzo, pegar velozmente y luego esperar en la mitad para dar el golpe definitivo. La tarea de Correa, Cerruti, Carrillo y Vera fue maravillosa. Prediger fue otra de las figuras por establecer una muralla en el medio y tocar la pelota con claridad y calidad. La defensa e Hilario Navarro tuvieron una estupenda actuación. Enfrente, el panorama fue el inverso: todas las malas señales que River venía mostrando desde ese exagerado 4-1 contra Independiente, finalmente se tradujeron en una derrota que llegó con el torneo demasiado avanzado. Ahora habrá un poco más de suspenso en la definición, pero sus inmediatos perseguidores - con estilos similares a esta versión desarreglada, despintada, de River- (menos Boca y Racing que hacen sus deberes) no aprovechan las chances y siguen por detrás del equipo de Gallardo. Habrá que ver como asimila el golpe de cara a los choques contra Boca Juniors por la Copa Sudamericana, pero primero debe enfrentar a Olimpo para retomar la senda del triunfo y - ojalá- la del buen juego. Una que perdió entre tanto elogio falopa, entre tanto ego. La famosa "capacidad" de Gallardo está a prueba en esta recta final donde puede llevarse todo así como quedarse con las manos vacías. Todos los elogios de las primeras fechas, deben ser revalidados y con suma urgencia.

  


    

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Real Madrid 5 - Rayo Vallecano 1: Otra función de gala en el Bernabeu; Bale o Isco, esa es la cuestión


Pocas cuestiones quedan para discutir acerca del Real Madrid. Ya hemos hablado muchas veces en este blog acerca de todas las virtudes que lo hacen el mejor equipo del mundo desde hace una temporada y también hemos señalado las pocas fallas que supo tener en su comienzo irregular de temporada que lo había dejado atrás en La Liga. De a poco, con mucho trabajo de Ancelotti y los jugadores, se terminó de consolidar el equipo y se cerraron las heridas por la salidas de Xabi Alonso y Ángel Di María. Toni Kroos y James Rodríguez se amoldaron a la perfección y consagraron un nuevo esquema: un 4-4-2 dinámico que en ataque es un 4-2-4 y en defensa un 4-5-1. El gran momento de Isco y la lesión de Gareth Bale terminaron por definir que así se jugaría de allí en más. El único interrogante que quedaba a resolverse más adelante era que sucedería cuando el galés se recuperase. El andar avasallante en la fase de grupos de la Champions League y la recuperación de la punta de La Liga con una estruendosa victoria contra el Barcelona como local, hacían creer que Carletto no iba a cambiar nada. Pero para enfrentar al Rayo Vallecano decidió respetarle el lugar a Bale y darle un poco de descanso a Isco.

Desde ya hay que empezar diciendo que el 4-4-2 se archivaba por un momento y se retornaba al viejo esquema que había convertido al Real Madrid en Rey de Europa en la 13/14: el 4-3-3 lo cual significaba que James no estaría tan suelto ya en ataque y que tendría que cumplir exactamente el mismo rol que Di María solía ejecutar a la perfección, es decir recorrer la banda sin cesar durante todo el partido y cubrir el sector derecho para evitar las subidas por allí. Carlo Ancelotti dispuso de un once con muchos cambios: Navas; Nacho, Pepe, Ramos, Marcelo; Modric, Kroos, James; Bale, Ronaldo, Benzema. Kroos ya no tendría la espalda cubierta para jugar más adelantado, por lo que tendría que ponerse bien cerca de los centrales como lo hacía Xabi Alonso. La nueva función de James ya la explicamos y Ronaldo dejaba de ser punta de referencia para pasar a moverse más por los costados. Enfrente estaba el audaz Rayo Vallecano, un equipo que hace culto de la posesión de la pelota y que sabe jugar muy bien de contragolpe liberando a los dos extremos y a sus laterales. Sin dudas que a veces peca de ingenuo, pero nunca es malo encontrarse con un club que sin tanto poderío histórico y económico busque jugar antes que todo lo demás. Paco Jemez plantó una formación ya clásica para quienes siguen la campaña de su escuadra, un 4-2-3-1 que en la cancha es más parecido a un 4-4-2: Cristian Álvarez; Quini, Ba, Castro, Tito; Jozabed, Fatau; Kakuta, Bueno, Licá; Manucho.


Luego de la hermosa ofrenda de la Bota de Oro que hizo Ronaldo a todo el Santiago Bernabeu, que lo aplaudió y ovacionó a rabiar, comenzó un partido que estuvo lleno de vaivenes y mesetas. Ya en las primeras acciones, el Madrid salió a dejar en claro que para vencerlo el Rayo iba a tener que jugar perfecto y tener a la fortuna de su lado. Una veloz jugada de Bale que terminó en un centro rechazado cuando Benzema entraba solo por el medio dejó en claro que el galés estaba en su habitual gran estado físico. El local manejaba la pelota como siempre y se plantaba con todos sus jugadores en campo rival para poder encontrar la apertura del marcador - y la tranquilidad- rápidamente. En apenas 2' Álvarez comenzó su trabajo conteniendo un disparo desde lejos de Ronaldo. Pero los de Jemez no se dejaron intimidar y con un buen 1-2 por la izquierda Kukuta lanzó un centro venenoso que fue interceptado con solvencia por Marcelo. La réplica fue instantánea: Ronaldo desbordó por la derecha como si estuviese en un entrenamiento y centró para que Ba termine salvando a su equipo.

El visitante esperaba y trataba de salir con prolijidad y velocidad por los costados. Desde la inferioridad, su planteo era realmente bueno y para nada conservador sino osado, abierto. Lejos de su portero y con el objetivo bien claro: convertir antes que su contrincante y dar el batacazo. Kukuta tuvo la chance a los 6' pero su tiro se fue ancho ante la atenta mirada de Navas. Y tres minutos después llegó la primera trompada al hígado del Real Madrid: presión magnífica de Kroos, toque para Ronaldo que lo habilita en un toque para que su centro atrás encuentre a Bale. Un 1-0 que se explica por la gran actualidad del equipo de Ancelotti, que a la primera que tiene se pone en ventaja aun sin siquiera haber comenzado a tantear a su oponente de turno.


Kukuta ensayó una respuesta de inmediato, pero su centro terminó en manos de Navas tras un desvío previo. El Rayo seguía intentando y mantenía su idea que era presionar arriba al Madrid para forzar el error. Álvarez volvió a responder ante Ronaldo que veía como el argentino estaba muy seguro ante sus potentes disparos. Emiliano Insúa subió por la izquierda con velocidad pero Marcelo cerró su sector sin problemas. El tiro de esquina es un aviso del equipo visitante: Pepe erra el rechazo y Ramos debe salvar con lo justo cuando el empate estaba a tiro. Los de Ancelotti no estaban jugando muy bien, pero seguían siendo peligrosos cada vez que agarraban la pelota y atacaban. James y Cristiano combinan muy bien en vértigo pero el centro del mejor del mundo es interceptado antes de que Marcelo firme el segundo gol. La defensa del Rayo Vallecano daba la talla por el momento y mantenía el edificio en pie.

A los 17', Benzema la dejó para James que de primera abrió para Ronaldo que entraba como un tren. Control perfecto y disparo demasiado alto, probando que no estaba demasiado fino en la definición esta tarde el ídolo de los Blancos. Eb 20', otro aviso del Rayo: Bueno dispara a la carrera y la pelota le viborea a Navas que duda demasiado pero logra mandarla al corner. Con su libreto, los de Jemez llevaban peligro en cada uno de sus esporádicos ataques.  Un minuto más tarde, Ronaldo le marca una diagonal a espaldas de los centrales a Benzema y es detenido con una falta que ameritaba una tarjeta roja. Ni una cosa ni la otra y el juego siguió adelante. Era valiente lo del Rayo, apostando al palo por palo contra el mejor ataque que existe en este momento. El problema era que al ser demasiado lento y largo en el retroceso, cada vez que el Madrid avanzaba era medio gol.

Muy poco de James con este regreso al 4-3-3 por las razones ya explicadas. Un esquema que lo obliga a fajarse demasiado y a dejar de lado por demasiado tiempo su rol en los ataques. El colombiano quedaba demasiado atado a marcar las subidas por su sector y estaba jugando uno de sus peores partidos desde su llegada a la Casa Blanca. El partido entró en una meseta profunda y el visitante consiguió hacerse un rato de la pelota. Si bien embatía con entusiasmo, no podía dejar a sus delanteros cara a cara con Navas. Lo más flojo de los de Ancelotti era Nacho, que no daba seguridad por la izquierda haciendo que el negocio del Vallecano sea atacar por su costado. Quedaba claro que no le importaba perder mil a cero, estos partidos para ellos de entrada son dados por perdidos. Lo que querían era dar la cara y eso había sido logrado en casi 30'.


Un muy buen centro para Batistao encendió las alarmas en el local. El cabezazo se fue desviado por muy poco, pero el partido volvió a encenderse tras una momentánea siesta. Los jugadores del Madrid veían que si no presionaban arriba, la cuestión se hacía complicado pues el rival llegaba hasta 3/4 con pelota dominada. Con el esférico en los pies de Kroos, el partido se teñía por completo de blanco, pero no lograban dar con el con tanta frecuencia. El ida y vuelta de los rojiblancos era insostenible en el corto plazo, ni que hablar del largo plazo, pero elogiable sin dudas por su valentía.


Ronaldo y Bale comenzaron a abrir surcos muy grandes por las bandas buscando abastecer a Benzema. Los laterales por el momento los contenían pero esto no iba a durar demasiado. La posesión casi finalizando el primer tiempo era compartida entre ambas escuadras y de a poco se veía que el Real Madrid esperaba a que su presa se adelantase excesivamente para definir de una vez el pleito. James ingresó al partido con una volea fenomenal tras un toque corto de Kroos y Álvarez respondió con una gran volada. El alemán ejecutó ese corner con maestría y Benzema estrelló el cabezazo en el travesaño. El segundo era un hecho: James toca con Bale que llegó al fondo y su pase atrás fue enviado al córner, del cual llegó el cuasi rodillazo de Sergio Ramos que decretó un 2-0 tal vez exagerado pero lógico. Las buenas intenciones del Rayo Vallecano no habían sido suficientes ante el mejor equipo del mundo.


Pero cerrando la primera parte, Navas cortó un centro y salió jugando con James. El crack se paralizó y cedió muy mal para atrás sin darse cuenta que tenía a dos jugadores cubriendo su acción. Bueno aprovechó el regalo y con mucha cintura y calidad eludió a Navas y a Pepe para poner el 1-2, un resultado más cercano a la realidad. Bale lanzó muy bien un tiro libre peligroso en el borde del área pero el balón quedó en el techo del arco defendido por Álvarez.

Para la segunda mitad, volvió el 4-4-2 y el tándem Bale-James se vió liberado de la función de recorrer sin parar la banda. Con mayores libertades, la pelota volvió a los pies del Madrid que con un medio más poblado y ordenado tocaba con mucha fluidez. El visitante no estaba dispuesto a aflojar y así comenzó un ida y vuelta que el equipo de Ancelotti manejó con mucha jerarquía y paciencia. Por las bandas, el Rayo se deshacía físicamente pero no lastimaba a una defensa bien asentada. Su efervescencia comenzó a bajar y el Real Madrid tuvo el tercero con un precioso disparo de Modric, previa triangulación con Bale y Nacho, que no se clavó en el ángulo de milagro.


Tras un gol bien anulado a los 54' a Batistao por offside, el local salió de contragolpe: Bale comandó, Ronaldo tocó atrás de primera y Kroos le dió un pase magnífico de rastrón a la red para poner el 3-1. Sí, leyeron bien, un PASE rasante a la red y bien lejos de la estirada espectacular de Álvarez. El cinco de Alemania confirmaba con un muy bello gol su gran partido, pues era la figura excluyente de un Madrid que no estaba mostrando una versión lujosa sino una más bien reguladora. Los de Jemez mostraron las costillas una vez y el Madrid no dudó en lanzar el golpe que cerró el partido definitivamente. Tras este contraataque supersónico, Ronaldo disparó y Benzema adelantado desvió para decretar el 4-1. En dos minutos, todo se había terminado en el Santiago Bernabeu. Los ingresos de Isco, Chicharito y Medrán sirvieron para hacer correr los minutos. Ronaldo terminó de decorar el resultado a los 83' con un poco de ayuda del arquero Álvarez, cerrando la cifra en un 5-1 impactante. El portugués lleva ya convertidos 24 goles y día a día confirma que es el mejor de todos. Lo que resta es hacer las cuentas para celebrar cuando rompa un nuevo récord y festeje otro título más con el Real Madrid.


Decimos un triunfo impactante no por la brillantez del juego de los de Ancelotti. Si algo estuvo el equipo fue incómodo ante un rival que supo explotar un mediocampo menos relleno para poder avanzar sin miedo alguno. Todo fue de lado a lado hasta ese 2-0, pues el gol del Rayo si bien fue merecido llegó gracias a un horror de James Rodríguez. Impactante porque jugando solamente bien y tratando de readaptarse al viejo esquema, le convirtió cinco goles a un rival que estuvo a la altura de las circunstancias. El debate acerca de si Bale debe ser titular o si Isco debe mantener el puesto en el once inicial se irá diluyendo con la rotación y hasta con el que ambos jueguen por las bandas. Si hay que emitir una opinión, desde mi gusto y mi idea les digo que el titular tiene que ser Isco sin ninguna duda. Con él el Real Madrid tiene asegurados el equilibrio, el gran juego y la velocidad están siempre, aunque no por ello considero que el galés no merezca un lugar en el once inicial. Es un jugador gigante y uno de mis preferidos, y agrego que en óptima condición física es un Top 5 hace largo tiempo. Habrá que ver como se lo encaja, pero su inclusión jamás tendría que ser en detrimento de una joya como Isco que debe ser aprovechada a cada minuto.

Más allá de esto, esta nueva victoria nos deja clara una cuestión importante: ya sea con un 4-4-2 o con un 4-3-3. lo que queda claro es que este equipo puede combinar la posesión y la paciencia con la voracidad absoluta, con la verticalidad sin cuartel. Y que sabe dosificarlas según mande la ocasión. El próximo rival del único puntero de La Liga, ya debe estar planeando poner un muro de concreto delante de su arquero. En una de esas así solamente recibe 2 o 3 goles en contra.