jueves, 28 de mayo de 2015

River 3 (3) - Cruzeiro 0 (1): La revancha que tardó 19 años en llegar; Una exhibición a puro fútbol, garra e inteligencia



La semana pasada, River había entregado una muy magra imagen en el Monumental ante un bastante práctico y veloz Cruzeiro. Tras su lógico y merecido pase de ronda luego del escándalo - vergonzoso, patético, lamentable, inhumano y demás calificativos que le caben- en el partido de vuelta por los Octavos de Final contra Boca Juniors, dió la sensación de que el plantel todavía estaba golpeado por el ataque con gas pimienta y todo lo que terminó aconteciendo en las siguientes dos horas que permanecieron en el campo de juego. Recordemos, a modo de fijar una opinión, que los jugadores de Boca no hicieron nada más que vender humo para La 12 - con Orión, primer empleado y socio de la barra a la cabeza- y el hincha común que enfervorizado cantaba contra el eterno rival y de paso le evitaba una salida tranquila arrojando sillas, botellas, piedras y demás objetos contundentes cada vez que el plantel millonario quería ingresar a la manga que daba al vestuario. River terminó pasando de una manera poco grata sin dudas para ellos y Boca recibiendo una "sanción" bastante leve en lo que respecta a lo económico y justa en lo deportivo. 

Más allá de esto, en el partido y medio que jugaron, el equipo de Gallardo volvió a repetir la táctica ejecutada en la serie por la Copa Sudamericana y lo hizo con mucho éxito en ambos encuentros. Con el doble cinco cortó el circuito de juego de un equipo demasiado liviano y carente de actitud, se excedió en el juego brusco (sobre todo en el primer partido, que como ya dijimos aquí mereció tener mínimo 3 expulsados), fue un vendaval de actitud y encontró sus mejores opciones en el contragolpe usando de a ratos muy bien las bandas como en los primeros partidos de este ciclo. En una primera mitad de temporada donde los rendimientos individuales no fueron ni tan altos ni tan determinantes como el año pasado, Gallardo apeló al espíritu de lucha y logró aplicar por segunda vez consecutiva en una competencia internacional una idea de juego similar a la que usa Simeone en el Atlético de Madrid: presión alta en los primeros minutos, destrucción del juego en el mediocampo, ocupación de espacios y ataque y defensa en bloque con ocasional uso de las bandas (si surgen las libertades). Superó al Boca de Arruabarrena en lo táctico y en lo físico y la parte del juego no importó más: se limitó a quien pudiese aprovechar las chances generadas y en eso el conjunto de Nuñez sacó una ventaja más que clara. 

Como ya se mencionó en la primera línea, el primer choque con el irregular Cruzeiro había sido una gran decepción. River nunca pudo tomar control del partido, vió siempre como la pelota le pasaba por sus narices, defendió muy mal y desperdició las pocas situaciones claras que tuvo de cara al arco rival. Más allá de que su "Bestia Negra" (lo había eliminado siempre en choques directos por torneos internacionales, recordar la rivalidad en los 90') tuvo un buen rato de intensidad en la primera media hora, tocó muy bien de la mano de un Henrique muy activo y tuvo en Willians a su armador - y barrera para todo intento de River- desde un círculo central sorpresivamente vacío de contrincantes, la diferencia no era muy significativa. Sin dudas que perder sin marcar goles como local no es nada bueno en esta absurda era del "gol de visitante vale doble", pero a juzgar por los segmentos de parálisis mostrados un 0-1 no era un mal resultado. En el Mineirao lo primero que tenía que lograr era recuperar la actitud que le había hecho dominar a Boca en Octavos y luego reencontrarse de una vez por todas - y no a cuentagotas- con el juego extraviado de aquellas primeras siete fechas del torneo local pasado. 

Gallardo dispuso, a contramano de lo que muchos pensábamos, nuevamente el mismo 4-1-3-2 del partido previo: Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Kranevitter; Sánchez, Ponzio, Rojas; Teo Gutierrez y Mora. La novedad era el retorno de Ariel Rojas, quien para quien les escribe es el único externo capaz de acomodarse a la perfección a este sistema de juego. Tras las dudosas actuaciones del Pity Martínez contra Boca y el mismo Cruzeiro - donde se lo notó incómodo en el carril izquierdo, muy atado a la marca- el regreso del ex Godoy Cruz era la mejor noticia que podía tener River. Oliveira plantó su esquema habitual, un clásico 4-2-3-1, tras haber dejado en el banco a varios titulares el fin de semana: Fabio; Mayke, Manoel, Bruno Rodrigo, Mena; Henrique, Willians; Marquinhos, De Arrascaeta, Willian; Leandro Damiao


River salió con una actitud opuesta a la de la semana anterior: manejando la pelota, controlando el mediocampo y presionando muy alto. La circulación del balón fue muy buena desde el primer momento, con mucha dinámica posicional y un relleno de bandas magistral. El ingreso de Rojas por Martínez era una de las claves de esta mejora, el sistema ahora no tenía ninguna falla estructural, y lo que complementaba esto era el muy buen nivel de Sánchez por el otro costado. 


Tras 10' intensos de asedio y baile, el Cruzeiro se fue acomodando y ganando muchos pasos en el campo de juego. Si bien lo de River por las bandas era muy bueno, el problema que tenía estaba claro: la segunda pelota. Las conexiones entre Teo y Mora eran otro punto alto del equipo de Gallardo, uno tocando y yendo al medio del área y el otro buscando el desborde constantemente. Los dos intercambiaban estas funciones con mucha facilidad y profundidad. 

Cruzeiro se entregaba al pelotazo sin destino ni sentido y River ejecutaba el toque paciente y vertical con mucha eficacia. Lo mejor de los argentinos llegaba cuando en 3/4 de cancha disparaba por los costados comiéndole las espaldas a los centrales del rival. Bruno tuvo en 15' una buena oportunidad a la salida de un tiro libre, pero su cabezazo fue más bien flojo. 

La superioridad de River comenzaba con los centrales bien adelantados y un doble pivote con Kranevitter como mediocentro clásico y Ponzio más suelto casi en 3/4 como armador de juego. Willian y Mora asustaron en dos jugadas idénticas por lado: pase a espaldas de los centrales y recuperación justa de Funes Mori y Bruno respectivamente para salvar a sus equipos. Funes Mori volvió a mostrar un timing hasta este partido ausente, con otro muy buen corte cuando el balón le llegaba a Marquinhos por el costado.


River aprovechó los espacios que se crearon con esta intervención de Funes Mori y salió de contragolpe. El resultado terminó siendo letal para el Cruzeiro y sus aspiraciones: gran cabezazo de Mora en el círculo central, desviando con mucha fineza la trayectoria de un pase más bien largo, Teo recibió y encaró a pura velocidad. Pausa en el momento justo, cabeza levantada y toque a Sánchez que entró solo por el otro lado, controló el balón y definió con un remate cruzado bien seco a donde Fabio jamás podía llegar. Un 1-0 más que merecido para un River que mostraba su  mejor versión en bastante tiempo, a puro fútbol, garra y ambición.  

Otra de las virtudes de River era la labora defensiva de sus dos delanteros, que siempre se acoplaron en el retroceso, armando un bloque macizo que nunca paró de correr en todo el partido. El estilo Bielsa en su mayor esplendor, con el movimiento coordinado y compacto y el juego vertiginoso por los costados una vez que se desarmó la resistencia del rival. A todo esto, se le sumó un trabajo impresionante de ahogo en el círculo central y el despliegue constante de Rojas y Sánchez a pura intensidad una vez que cumplían con sus objetivos de marca y se recuperaba la pelota. 


Sánchez envió un centro muy picante para Mora que no la tocó por algún que otro milagro. El segundo gol de River estaba al caer y el Cruzeiro se mostraba en extremo nervioso y sin una pizca siquiera del juego asociado del partido previo. De Arrascaeta y Willian tuvieron buenas conexiones pero sus intentos nunca llegaron más allá de la línea de fondo del visitante. El enganche uruguayo tuvo una posibilidad muy importante tras una pifia grosera de Funes Mori y Maidana, pero Sánchez logró salvar las papas ante el inminente remate de su compatriota. Las dudas en el fondo de River no eran muchas, pero alcanzaron para llevar algún que otro sobresalto. 

Por unos minutos, Mena se mostró un poco más punzante por su sector. La intensidad del equipo de Gallardo lógicamente había bajado un poco tras un desgaste tremendo de más de media hora. La estrategia de los 15' finales fue tener la pelota y hacerla circular, tapar el mediocampo y esperar a que los espacios surgiesen naturalmente. Mayke lanzó un muy buen centro que De Arrascaeta le peinó a Damiao cuando este entraba solo por el medio para definir de frente a Barovero. 

En 35' el partido se hizo demasiado ordinario en el medio, con un ida y vuelta más bien desporolijo que le vino como anillo al dedo a un Cruzeiro sin ideas ni agresividad. Willians seguía ausente sin aviso, como casi todos sus compañeros, dejando en evidencia que la mayoría de las cosas buenas que habían hecho en el Monumental se debieron sobre todo al muy flojo nivel de River. En el Mineirao, los de Gallardo dejaban en claro que podían jugar muy bien y yendo al ataque sin parar, como solían hacerlo hace más de un año. Que más allá de los bajones de nivel en algunos jugadores, también todo se debió a decisiones tácticas no tan positivas de parte de su entrenador.


Rojas presionó muy bien sobre una salida muy fácil del Cruzeiro, le quedó a Teo y el colombiano habilitó perfecto a Ponzio con un pase cruzado. Diagonal del volante y entrada potente ante la salida de Fabio que no terminó en gol por uno o dos centímetros. Los defensores brasileños estaban comidos por los nervios y cometiendo demasiados errores que le servían en bandeja el partido a un hambriento River que a esta altura merecía como mínimo dos goles más.

Y llegó la locura: centro preciso de Rojas - al fin, uno que no pateó Ponzio- y cabezazo a colocar de Maidana, en una elevación de película, para decretar el 2-0 que ponía a River una vez más en las Semifinales de la Copa Libertadores. Excelente rendimiento grupal e individual de un equipo que consiguió dar con su mejor versión en el momento en que más la necesitaba. El primer tiempo del Millonario se resumía con algunas palabras: juego, táctica, energía, ímpetu, garra y jerarquía. Todos elementos centrales para jugar bien al fútbol y que combinados le daban a River una victoria más que justa. 


La segunda parte se inauguró con un muy buen pique de Teo al límite del offside tras una habilitación de Ponzio. Centro para Mora y Fabio logró salvar una nueva caída de su valla con una barrida. River siguió presionando muy arriba desde el primer minuto, pero reguló ocupando espacios y moviendo la pelota a la caza de los huecos que fuesen surgiendo. No se lanzó nunca a atropellar al rival, entendió los riesgos que esto conllevaba pues cuando el que está en apuros es el otro, lo mejor es desensillar y defenderse con la pelota bajo la suela. 

El Cruzeiro se ceñía a esta máxima y salía con todo, dejando a sus centrales mano a mano con los volantes y delanteros de River. Espaldas regaladas para que el contrincante se haga un festín sin demasiado desgaste de por medio. Los de la banda roja siguieron ganando en todos los sectores del césped, de la mano de un despliegue solidario y lujoso de su mediocampo. La paliza se completó con un golazo reivindicatorio: Mora peinó a espaldas de Teo, este recibió y se sacó de encima a Bruno con un gesto técnico sensacional para luego definir cayéndose al segundo palo. Efecto y pie bien abierto para poner la pelota bien lejos de las manos de un resignado Fabio. Un 3-0 que todavía se quedaba corto y que incluía el mejor rendimiento del delantero colombiano en todo este flojo 2015 para él. 

Pezzella ingresó por un, en apariencia, lesionado Mercado en River y Alisson entró por un inexpresivo y frío Willian que se retiró silbado e insultado por todo el estadio. El equipo de Gallardo siguió presionando en toda la cancha y manteniendo una posesión elevada, mientras que los dirigidos por Oliveiras no paraba de ir hacia adelante en busca de un descuento que les diese alguna chance. Alisson recortó muy bien y su disparo se fue apenas alto. La respuesta llegó de la mano de Sánchez que tras un enganche en la medialuna del área, lanzó un remate muy fino a colocar que picó delante del arquero y salió rozando el palo. 


River trianguló y avanzó sin parar hasta el final, como si el partido estuviese todavía cero a cero y su clasificación aun en duda. No miró el partido como en el Monumental, sino que eligió ser el protagonista excluyente de su propia película. Supo regresar a tiempo a las muy buenas bases del ciclo Gallardo, no traicionó su idea madre, demostrando que además de trabar y cortar caminos también puede jugar un fútbol de alto vuelo y calidad con la pelota al ras del piso. 

Joel ingresó por Willians y Mayada hizo lo propio por Ponzio. Gabriel armó una buena jugada y su tiro se fue muy cerca del ángulo en 75'. Damiao pivoteó muy bien a espaldas de Pezzella, giró como indica el manual y la pelota terminó dando en el palo. River se salvó dos veces, pero estas jugadas dejaron en claro lo que había sido el Cruzeiro: apenas un par de intentos aislados que ni siquiera fueron consecuencia de una cadena de toques. Alisson tuvo una más por la banda, con un enganche posterior y un violento remate que reventó el travesaño. 


Teo le dejó su lugar al Pity Martínez, esperando ya a que todo terminase para poder festejar. Tal vez Cruzeiro hizo méritos para descontar en estos furiosos 5', pero habría sido demasiado premio para un equipo desaparecido y mezquino al extremo. El Pity cometió un par de errores zonzos por hacer una demás, algo que se viene repitiendo desde su llegada a River. Tuvo su chance con una corrida letal que fue detenida por Gabriel con un abrazo de oso cuando estaba a punto de definir ante un desguarnecido Fabio. Roja directa para el volante creativo, otro de los que decepcionaron en una noche en la que su equipo necesitaba de sus servicios. River cerró el partido con un tiro libre altísimo de Mora y un toqueteo delicioso, sin dejar de correr y de presionar. Todo como si el partido recién hubiese comenzado...


River Plate es sin lugar a dudas un muy merecido Semifinalista de la Copa Libertadores. Entró a Octavos de Final jugando mal y "por la ventana" (como dijo Gallardo), pero logró sacarse de encima a un excelente Boca - el mejor de la primera fase, con 6/6- con un planteo táctico tal vez poco atractivo aunque no por ello ineficiente. Para este partido contra el Cruzeiro, tenía la misión de volver a ser aquel brillante equipo de hace un año y monedas. Algunos indicios ya había mostrado en el torneo deoméstico, pero todavía le faltaba ajustar varias tuercas para dar con el funcionamiento ideal. En el Mineirao volvió a llenar las bandas, a tocar en velocidad, a rotar posiciones, a ser dinámico, a realizar los relevos con buena coordinación, a atacar en bloque y a comerse el mediocampo con un juego más posicional que destructor. La defensa estuvo bastante mejor que en los demás partidos de este año y Barovero estuvo mucho más sólido en las salidas tanto por abajo como en los centros al área. Los laterales volvieron a ser esas dos flechas que pasan al ataque, que se suman a la línea de volantes y que luego se repliegan en el retroceso sin dejar un espacio por los costados. Kranevitter no se chocó con Ponzio y dio una clase práctica de como debe jugar un mediocentro, cortando todo y saliendo con mucha simpleza siempre. Y Ponzio, ese que no me gusta para nada, mostró sus dotes estando menos ocupado en la marca y bien adelantado para ser el nexo entre volantes y delanteros ¿Que decir de Teo y de Mora? Del uruguayo, lo de siempre: que es el mejor jugador de River, el primero delantero y el primerísimo defensor. Visión de juego, potencia y garra puros. El colombiano vivió una de sus noches más dulces desde su llegada a River y de paso mostró que tiene calidad de sobra como para brillar siempre, más allá de que no por ello va a dejar de ser un jugador muy irregular tanto aquí como en Europa (cuando regrese dentro de poco). Mención especial para Sánchez, perfecto por su banda y colaborando con Kranevitter en la marca a todo momento. Rojas dejó en claro que debe ser siempre titular, más allá de que la temporada que viene elija dar el salto económico - y porqué no deportivo- en el Santos de Brasil. El 4-4-2 tuvo sentido con el como exterior y la pelota parada recuperó un gran ejecutor, algo que es una bocanada de aire muy fresco. Finalmente, el elogio para Marcelo Gallardo, a quien considero un gran entrenador más allá de que a veces discrepe con algunas declaraciones o con una ocasional falta de autocrítica. Se ve que está vez aprendió de los errores, pero más allá de eso salió a atacar estando abajo y de visitante - algo muy raro en Copa Libertadores, donde todo suele ser demasiado especulativo- y lo hizo con su idea como bandera. Eligiendo morir con la suya, más allá de saber que si va por ese camino más seguido es muy posible que gane bastante más de lo que pierda.  







  

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