El pasado domingo, Boca y River se enfrentaron en La Bombonera por la décima fecha del torneo de primera división. Fue el primer choque de una saga de tres consecutivos, que se completará entre esta semana y la que viene con los cruces por la llave de Octavos de Final de la Copa Libertadores de América. Si bien ambos equipos llegaban punteros en soledad con 24 puntos, su realidad futbolística era y es diametralmente opuesta.
Rodolfo Arruabarrena sonríe tras una temporada en la que ofició de bombero tras el abrupto y vergonzoso despido de Carlos Bianchi, pudiendo acomodar a Boca en el torneo local - peleando hasta el final, algo impensado a comienzos de año- y logrando llegar hasta las Semifinales de la Copa Sudamericana, donde perdió por la mínima y de manera injusta contra su eterno rival que luego terminaría consagrándose en el segundo torneo continental de relevancia. La idea del Vasco siempre estuvo muy clara y tras más de seis meses de duro trabajo, logró asentarla dentro de todo el plantel. Su formación prácticamente inamovible es un 4-3-3 que juega con los centrales bien adelantados, dos laterales con ida y vuelta y capacidad para hacer las veces de volante ofensivo, un mediocentro clásico - la posición más variable, pues a veces el rival no requiere que este tipo de jugador esté en la cancha- que se pegue a la línea defensiva para contener y para ser salida, dos volantes externos que recorran la banda y se sumen tanto en fase defensiva como en ofensiva, dos extremos y un nueve punta que sea capaz de retrasarse para comenzar jugadas frente al área y dar espacio para que sus compañeros hagan diagonales. El año pasado, lo mejor que mostró fue un contragolpe delicioso y muy bien ajustado. Hubieron otras cuestiones interesantes, pero fueron solamente indicios, los cuales se suponía serían trabajados en la primera pretemporada del Vasco en el club. Hoy por hoy, Boca sigue siendo el mejor equipo del país en esto, pero efectivamente le ha sumado varias cuestiones que ya se podían avizorar en los primeros partidos de Arruabarrena como entrenador. Hablo de la obsesión por la posesión del balón, el juego por abajo, la paciencia en el armado por sobre todas las cosas, la capacidad de rotar posiciones tanto en ataque como en el mediocampo, la dinámica - merced de triangulaciones constantes a un toque-, la solidez defensiva basada en un retroceso ordenado y marcaje en zona y también un salto en la pelota parada ...Y lo que ya estaba de antes: la presión alta para no dar respiro a la salida del rival - ya que como bien saben, el mejor pase gol es la pelota recuperada arriba-, la explosión en 3/4 de cancha y la noción de campo ancho. El equipo de a poco fue asimilando los conceptos y las llegadas de refuerzos en mucha calidad y cantidad no hizo más que acelerar los procesos. La adaptación de Daniel Osvaldo, Gino Peruzzi, Torsiglieri, Monzón, Lodeiro, Pablo Pérez y de chicos del club como Pavón, Betancur y Cubas fue instantánea y logró terminar de acomodar algunas cuestiones referidas al juego debido a las características técnicas de cada uno. En resumen: hay idea de buen juego y hay una ejecución óptima aun en los partidos más complicados (es decir, contra rivales que se tiran todos atrás y buscan contragolpear).
Marcelo Gallardo, en cambio, ya no tiene la misma espalda que el año pasado pero mantiene sin lugar a dudas el crédito por haber logrado muy buenas cosas con un plantel bastante irregular y corto - por decisión propia, ya volvemos sobre esto- en todo sentido. Más allá de las presencias de Teófilo Gutiérrez, Rodrigo Mora, Vangioni, Carlos Sánchez, Ariel Rojas, Kranevitter y Pisculichi, queda claro que más allá de tener una idea noble todo siempre depende de los rendimientos individuales. También se puede hablar de como sostener una idea en el tiempo sin ser hipócrita, pero primero hay que destacar que casi todos estos jugadores alcanzaron su techo la temporada pasada tras varios años de sombras. El dibujo táctico base de Gallardo es un 4-3-1-2, que este año no ha podido ser puesto en práctica muchas veces por el bajo nivel de Pisculichi y las lesiones del Pity Martínez que le quitaron algo de continuidad aun siendo el mejor jugador por lejos de este River 2015. La concepción es similar a la de Arruabarrena, ven el fútbol de la misma manera con pequeños matices: línea de cuatro adelantada, con la idea de romper por los costados desde la salida, un mediocentro que arme un rombo con los dos centrales y el enganche, dos volantes por afuera que se acoplan al ataque dejando a los dos delanteros como puntas dentro del área, un armador de juego que se mueve libre frente al área con los delanteros dos o tres pasos más adelante. Aquí también la pelota es elemento sagrado, siendo el buen trato de esta y el juego al ras del piso dos conceptos centrales para entender a Gallardo como director técnico. Un cuestión que lo diferencia de su colega es el uso de las bandas, la concentración de juego y jugadores en los dos carriles para avasallar al contrincante. El volumen en el mediocampo es otra de las cosas que no lo deja dormir y para ello utiliza el ya mencionado rombo en ataque y a la hora de defender reagrupa al enganche y hace retroceder a Mora dejando un 4-5-1 compacto que luego en la próxima transición tiene la obligación de hacerse bien largo (un acordeón en movimiento es la mejor analogía posible). Una propuesta noble, interesante y que requiere - tal como la de Boca- un esfuerzo físico fenomenal que no siempre es sostenido con eficacia. Hasta aquí con la parte de la idea, pues la aplicación en el césped ha sido bastante dispareja. Es cierto que el torneo pasado, tras el primer mal partido contra Gimnasia de La Plata en la primera fecha, River jugó un fútbol de alto vuelo durante algo así como 7 fechas. Desde el choque contra Independiente en el Monumental, que ganaron con holgura - aunque no sin complicaciones defensivas- por 4 a 1, el nivel comenzó a decrecer al punto de convertir al equipo en un manojo de voluntades que tenían de actitud todo lo que no poseían de orden y juego asociado. La lesión de Kranevitter, que recién ahora está volviendo a su nivel previo, dejó huérfano al mediocampo en lo que refiere al juego. Ponzio puso su cuota de juego brusco y falta de timing y maquilló sus carencias con cobertura de espacios y pierna fuerte. La frase "muestra de carácter" comenzó a sonar seguido en la boca de Gallardo y la sucesión de empates poco merecidos de la mano de alguna que otra ráfaga de intensidad en el mediocampo y un coeficiente de eficacia y suerte maravilloso en la definición. Terminó ganando una Sudamericana y saliendo segundo en el torneo local - tras tenerlo asegurado hasta sus fechas finales- con un estilo contrario al discurso de su entrenador: dos líneas de cuatro apretadas, juego brusco, poca circulación del balón, una decreciente dinámica y con el contragolpe y la pelota parada como armas principales. Esto se traslado al verano (con el 5-0 de Boca como gran golpe) y la leve recuperación comenzó en la Recopa Sudamericana contra San Lorenzo. Su pico de rendimiento fue contra Banfield, una fecha antes al Superclásico donde mostró muchas cosas de aquel gran equipo, con lo que la promesa de buen fútbol parecía asegurada.
Boca salió como siempre con un 4-3-3, pero con varios nombres reservados para el choque por la Copa Libertadores: Orión; Monzón, Cata Díaz, Burdisso, Peruzzi; Meli, Cubas, Lodeiro; Carrizo, Osvaldo y Chávez. River plantó en territorio hostil su cada día más habitual 4-4-2, con varios titulares habituales y una improvisación total en el sector izquierdo de la defensa: Barovero; Mamanna, Maidana, Pezzella, Vangioni; Sánchez, Kranevitter, Rojas, Driussi; Mora y Teo Gutierrez.
El primer tiempo comenzó demasiado trabado en el mediocampo. Los primeros minutos fueron tomados por los dos equipos para medirse y también irse acomodando en la cancha, por lo que el balón no tuvo un dueño concreto. Ambas defensas pudieron controlar los embates repentinos que llegaban cada tanto y había un factor común: la cobertura de espacios y el intento de salida veloz.
Boca era efectivo en el retroceso, anexando a Chávez y a Carrizo al mediocampo para evitar que River despliegue sus alas. El local ganó todas las divididas en los primeros minutos y controló sin problemas a Rojas y a Sánchez. Driussi se acercó con un remate tibio, entrando desde la izquierda hacia el centro, que se fue muy alto. Enfrente, Chávez era un problema para los de Gallardo porque siempre aparecía libre para el pelotazo cruzado y más de una vez hizo sudar a los defensores que pudieron contenerlo.
En medio de una pobre producción en lo que se refiere al juego asociado de parte del visitante, Teo logró bajar muy bien uno de los mil ladrillos que le tiraron y dejó a Mora frente al arco. El remate del uruguayo fue demasiado ancho, pero la jugada logró sorprender a la defensa de Boca. Los dos delanteros de River mostraron así que, más allá de estar aislados merced del juego a los pelotazos que propuso su entrenador desde el vamos, eran en extremo peligrosos por presencia y calidad.
Monzón comandó la respuesta de Boca con una buena trepada y un centro picante que Carrizo le robó a un demasiado confiado Vangioni y fue tapado por Barovero que se jugó la ropa entera abajo del arco para evitar el primer gol en contra. Osvaldo tuvo la siguiente, reventando el palo luego de recibir de Burdisso en el vértice del área con una volea de derecha impresionante que dejó moviéndose el arco.
River no daba ni siquiera dos pases seguidos y la constante era la búsqueda a través del pelotazo frontal y - ocasionalmente- cruzado para poder ganar algo de profundidad. La precisión estaba ausente en el equipo de Gallardo y sus dos hombres de punta miraban como la pelota iba y venía sin poder hacer nada al respecto. Con un mediocampo que además no hacía pie en la marca ni en la salida, la puesta del Muñeco era agrupar gente cerca de Barovero y salir de contragolpe. Algo que claramente no va de la mano de su discurso siempre tan bonito y lleno de verdades futboleras.
Osvaldo fue desde el inicio el primer defensor, realizando una gran tarea no solo a espaldas de los centrales de River - fajándose y abriendo la cancha- sino también en la fase de cobertura. Boca así presionaba sin cesar sobre la salida del visitante que al no ser en absoluto cómoda siempre terminaba en la búsqueda larga de Teo, Mora o Driussi. Tras un pase fallido de Meli para Osvaldo que Barovero anticipó con lucidez, los de Nuñez buscaron bajarle el vertiginoso ritmo al partido y tratar de llenar las bandas como en sus mejores épocas durante este ciclo.
El gran problema residió en que ni Kranevitter distribuyó bien la pelota y que ni Rojas ni Sánchez tuvieron su tarde más punzante y fresca, siendo esto último un problema que vienen acarreando hace más tiempo del que Gallardo querría. El juego regresó al mediocampo, se alejó de su arquero, pero la base siempre fue el pelotazo por lo que quedó claro que sin tener la pelota bajo los pies es imposible abastecer a los delanteros.
La definición del partido hasta este momento era que Boca estaba sólido, tocaba, era profundo y tenía las líneas conectadas. River en cambio carecía de volumen de juego, de buenas transiciones, de precisión y de conexión entre los 3 sectores del campo de juego. Meli abrió la pelota en 21' y picó al medio junto a Osvaldo para recibir el centro, pero Maidana pudo cortar con lo justo cuando ambos se relamían.
Una gran triangulación por la derecha terminó en un centro desde el fondo enviado por Peruzzi que Osvaldo no pellizcó por medio milímetro. La superioridad de Boca era bastante clara, exhibiendo todas las cualidades que le han hecho ganar una enorme cantidad de elogios a lo largo de este año. Con más triangulaciones, elemento clave para el Vasco, ganó en dinámica y profundidad ante un River que corría detrás de la pelota.
Lodeiro y Meli dominaban con fiereza el mediocampo y pasaban al ataque con mucho orden e intensidad. Toque y paso, toque y paso, una de las máximas del fútbol que muchos suelen olvidar a pesar de su simpleza. El Cata tuvo un buen cabezazo a disposición en un corner pero no logró darle la dirección adecuada. Meli tuvo su primer error y Mora con mucha viveza fabricó de la nada la primera situación seria para River: pase filtrado para Driussi que definió de primera y bien marcado por encima del travesaño.
Mora tuvo un tiro libre en posición perfecta, pero la ejecución no fue para nada buena. Y llegó la mejor jugada del partido hasta ese momento: Chávez abrió con Carrizo en velocidad, este dejó chueco a Vangioni - el peor de River sin duda alguna, ridiculizado por su sector- en un mano a mano impresionante, centro atrás, Osvaldo la dejó pasar perfectamente y Chávez entrando solo por el medio y sin marca la mandó a las nubes. Una chance más que clara y que expresó la superioridad total de Boca sobre el campo de juego.
El local siguió empujando a su contrincante, que de a poco se sintió más y más cómodo estando cerca de Barovero que saliendo a jugar el partido. Sin paridad, con un Boca dominante, punzante e inteligente - aunque a veces pasado de revoluciones- y un River que sobrevivía y esperaba agazapado para poder tener esa contra que definiese el pleito a su favor. Si se lo mira bien, el planteo de Gallardo no fue demasiado diferente al de Nueva Chicago en aquel partido en el que su arquero atajó mil pelotas de gol con todo el equipo colgado del travesaño y aún así dispuso de dos contragolpes claros que podrían haberle dado los tres puntos.
A los 33' esa oportunidad, única, llegó: Driussi realizó una muy buena apertura desde el centro, Teo encaró e hizo la pausa justa - siempre crack, más allá de todo lo demás- y tocó para Sánchez que entró por el medio como un tren. El balón se frenó justo para que el uruguayo le pegase de tres dedos a la carrera y el travesaño terminó rechazando lo que hubiese sido un verdadero golazo. Injusto, pero no por ello poco estético y muy bien concebido.
Con Driussi ya como delantero, River esperavba decididamente en el fondo y apostaba a tener una o dos más como la de Sánchez. Sus tres volantes no respondían, por lo que la opción era saltear el medio con una transición más bien larga de la defensa a la delantera. Los espacios en algún que otro momento surgían, pero no por falencias de Boca sino porque su propuesta es ofensiva, de propuesta a todo momento sin dejar de atacar por un segundo. Audacia le llaman algunos y como le llamen los demás, francamente a quien les escribe le tiene sin cuidado.
La inciativa y la posesión eran de los de Arruabarrena en 39' pero la profundidad había disminuido un poco. River había podido armar una muralla estilo Simeone en el medio con las dos líneas agrupadas y Driussi y Mora siempre bajando a colaborar en un despliegue físico sensacional. Monzón volvió a desbordar, centro y carga de Osvaldo que casi conecta y Vangioni...Otra vez el lateral perdió con Carrizo, que le ganó con mucha viveza una pelota que tenía controlada, pero se salvó porque el delantero no pudo darle de lleno al esférico.
Otro factor que impidió el toque de River, además del pésimo nivel individual y colectivo de sus mediocampistas, fue la aplicación de Meli y Cubas en la marca. Solidez pura para ayudar a sostener desde la base un dominio que merecía verse trasladado al resultado.
La segunda mitad empezó con Boca una vez más presionando sobre la salida de su rival. La idea era ahogar aún más a Kranevitter y tapar toda chance de un pase atrás. Osvaldo tuvo un buen cabezazo pero Barovero bien ubicado respondió con solvencia. Mora cruzó muy bien para Teo, pero el Cata Díaz cortó abajo con precisión y presencia ante un viejo "conocido" suyo. River logró cambiar un poco tras el descanso, pues se lo vió más activo y buscando mover la pelota de lado a lado para ganar terreno y empujar un poco para atrás a Boca.
Por primera vez, Gallardo dejó el consevadurismo y apostó al mano a mano con los tres puntas desplegados en campo rival. Meli empezaba a mostrar el lado negativo de su espíritu de lucha y su velocidad, pasado por completo y terminando mal un par de jugadas que eran bastante fáciles de resolver con un pase corto y al pie del compañero más cercano. Mora recibió inéditamente solo y remató con potencia pero muy al medio a los 9' del segundo tiempo. Orión mantuvo posición y envió al córner con un buen manotazo.
Boca transitó sus peores minutos, que no fueron muchos, por estar dos o tres velocidades por delante de lo necesario. River encontró por un ratito la pelota y consiguió algo de juego y mayor circulación con paciencia en 3/4 de cancha. Si bien Meli seguía pifiando pases fáciles, era innegable que junto a Lodeiro y a Osvaldo no dejaban de empujar hacia adelante con lo que los problemas para River en la salida siguieron siendo mayúsculos. La actitud y el sacrificio compensaron este breve tramo de poca creación en el círculo central y mantuvieron al millonario a raya.
Peruzzi tuvo un horror que Driussi aprovechó para llegar al fondo, pero el lateral volvió sobre sus pasos y corrigió con un cruce maravilloso. Mora tocó corto con Rojas en el borde del área y el volante con su disparo muy ancho dejó en claro que no era su mejor día. Ante la falta de toque en el medio, el Vasco comenzó a mover el banco: Gago ingresó por Chávez para tener más volumen y visión y Lodeiro quedó como delantero en lugar del Comandante.
El solo ingreso de Pintita, el símbolo de Boca y de la idea del entrenador, corrigió los mínimos baches de juego. El equipo se ordenó alrededor de su quite y distribución y creció en muy pocos minutos para volver a manejar la pelota y los tiempos del partido. River regresó al juego estilo Simeone, bien tirado atrás y buscando la contra que le salvase la tarde.
Gago habilitó de frente muy bien a Osvaldo, el delantero perdió con Maidana justito y el balón le quedó a Lodeiro. El disparo se fue apenas ancho y Gallardo respiró aliviado en el corralito mientras buscaba alguna solución. Arruabarrena siguió inclinando la cancha con los cambios, ahora con la entrada de Pavón por Carrizo para explotar el mano a mano contra Vangioni, el gran hueco de River.
Gago fue atendido demasiadas veces ante la mirada cómplice de Loustau, que no sacó ninguna amarilla más allá de que intentaron lesionarlo desde que entró como en los dos partidos por la Sudamericana - algo que Ponzio finalmente logró, por orden directa de su directo técnico-. Ser blanco móvil no amedrentó jamás a Gago, pero no por ello se debe dejar que lo destruyan a patadas.
Cavenaghi ingresó por Teo, de buena tarea pues lo único que recibió fueron pelotazos a la estratosfera y aun así logró que varios de ellos aterricen redondos y se conviertan en jugadas razonables. El Pity Martínez tomó el lugar de Driussi y quedó configurado el 4-3-1-2 para el tramo final, con la esperanza de que el ex Huracán de una vez se asiente y sea algo más que un par de regates bonitos y muchas ganas.
Justamente Martínez protagonizó el acercamiento de River: robó bien pero hizo una demás y no vió a Cavenaghi que picaba solo a su lado y pudo haber complicado. El juego era bastante desprolijo, con Boca dominando pero muy cansado y River haciendo negocio con el empate. Peruzzi le ganó a Cavenaghi tras un buen centro del Pity, demostrando que la calidad en el delantero está intacta sin dudas pero que su velocidad ya no es la misma de antes.
Un dato a destacar es la mejora de Kranevitter en la segunda mitad, razón por la cual River gozó de un rato de buen juego y pudo adelantarse por varios minutos hasta que ingresó Gago. Pablo Pérez terminó el partido de Meli, en un recambio de piernas que mantenía el esquema pero agregaba tanto marca, como armado y posibilidad de pisar el área. Boca estaba instalado hace tiempo en 3/4 y tenía el partido en sus manos: gran corrida de Pavón, centro atrás para Osvaldo y Barovero con un dedo prácticamente logró bajársela de la cabeza antes de que el ex Juventus, Roma y Southampton tocase al gol.
Loustau seguía cobrando todas las dudosas para River y las que no lo eran también. Más allá de en general redondear una buena tarea, el árbitro se comió varios foules fabricados por los jugadores de la banda roja. Y a los 40' llegó la explosión: gran jugada de Osvaldo por el costado, centro bajo para Pérez que pifió increíblemente de frente al arco. Lodeiro fue a buscarla y siguió el recorrido natural de la pelota, abriendo con Pavón que controló y con la tranquilidad de mil batallas siendo un pibe de 19 años definió al primer palo con un potente remate. Un 1-0 muy merecido por el desarrollo del partido, las situaciones generadas, la idea de juego y el empuje constante aun en los momentos menos claros. Revancha también para Pavón, que bailó a quien lo lesionó con un patadón en el verano y lo dejó parado 3 meses y demostró que tiene todo para triunfar en Boca y donde quiera.
Boca no dejó de atacar, con el Vasco pidiendo que vayan por más sin importar si quedaban espacios. Con los centrales casi dentro del área rival, llegó la locura: taco de Pérez, Lodeiro quedó mano a mano con Barovero, lo eludió pero no logró llegar a buscar el auto-pase, que le quedó al ex Málaga y Newell's. Definición tranquila y segura abajo, para un 2-0 que le puso el moño a un muy buen partido de Boca.
El local terminó tocando con la Bombonera hecha un fuego y River yendo con desesperación por los costados. La solidez de la línea defensiva hizo que los dos o tres embates no pasasen a mayores y en una lluvia de patadas y codazos como regalo a su clásico rival, el millonario se fue derrotado una vez más de la Bombonera. Boca se llevó el primer chico con holgura, quedó con el ánimo por las nubes de cara a los choques por la Libertadores y además extendió su invicto en este 2015. Ah y quedó como puntero en soledad del torneo de primera división. Más allá de las declaraciones posteriores de Gallardo - que siguieron el lunes, sin ninguna autocrítica y mucha calentura por haber perdido-, que dicho sea de paso demostraron que su idea era empatar el partido y no salir a ganar ("teníamos el partido controlado"), Boca obtuvo una excelente victoria. Justificada tanto en el juego y en el planteo táctico como en la actitud, mostrando porqué es el mejor equipo del país y uno de los mejores del continente en este 2015. Ahora comienza una serie larga y será un partido largo de 180' en el que todo lo previo y lo posterior no tendrán demasiada incidencia. Por lo pronto, Arruabarrena ganó la primera batalla táctica y futbolística contra su amigo Gallardo, alguien con el que comparte ideas y concepciones pero del que por suerte se distancia en lo práctico y en el momento de reconocer cuando el otro ganó porque fue mejor. Recuerden que tras perder ajustadamente - y sin merecerlo- la Semifinal de la Copa Sudamericana el año pasado, el Vasco se ganó el respeto de todo el "Mundo River" con declaraciones posteriores medidas y felicitando al ganador. Lo que se viene será emocionante y, más allá de que esta muy buena victoria no se la saca nadie a Boca, está claro que no lo conforma y que va por mucho más.



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