jueves, 14 de mayo de 2015

Boca 0 - River 1: Delfino, Gallardo, Fútbol Bonito y Guerra Total




Mi intención desde que comencé este blog, es siempre hablar de fútbol y no detenerme en los aspectos que suelen considerarse marginales a los partidos. Es decir, a los errores arbitrales, a las peleas entre los jugadores y/o entrenadores, a lo que pueda suceder en las tribunas - siempre y cuando no sea algo de gravedad extrema que supere lo que denominamos "el folclore del fútbol"- y demás cuestiones que suelen no tener gran incidencia en las cuestiones tácticas y el desarrollo relativamente normal (pues esto es imposible) de los 90' reglamentarios que dura un partido. El problema es que lo que sucedió en el Monumental el jueves pasado incidió por completo en un partido que fue cualquier cosa menos fútbol.

En una reedición de su táctica sucia y luchadora de la Semifinal de la Copa Sudamericana 2014, el River de Marcelo Gallardo volvió a traicionar sin ningún tipo de pudor - y mucha caradurez, en especial en las declaraciones posteriores- esa idea futbolística que tanto dicen pregonar. Un discurso que es muy bonito y que defiende el buen juego y la deportividad, pero que en el momento de salir a la cancha por lo general no se ve. Nobleza obliga, creo que es solamente contra Boca que Gallardo decide divorciarse por completo de lo que piensa como entrenador para entregarse a esa verdad de perogrullo de que los clásicos deben ganarse pegando - "poner huevo" le llaman otros- y convirtiendo un gol de cualquier manera. En otras palabras, ganarlos de guapo, de patotero, de vivo y de algunos otros adjetivos que en teoría según los hinchas y jugadores del club de Nuñez solamente le corresponden a su eterno rival, Boca Juniors. Si uno mira el historial reciente entre los dos clubes más grandes de la Argentina, se dará cuenta que es el Xeneize el que manda tanto en los números como en lo que respecta al fútbol bien jugado. Lamentablemente, a pesar de que las estadísticas no mienten, es también cierto que uno de los encuentros más esperados por todos los que amamos este deporte, siempre termina siendo un juego más de pasiones y pierna fuerte que otra cosa. Quede claro que a mi parecer estos dos factores deben ser parte de la estrategia a la hora de saltar al campo de juego - pues sin ellos, es imposible triunfar- pero cuando se hace que todo gire alrededor de ellos, las cosas no suelen terminar demasiado bien. A menos, claro, que quien deba aplicar el reglamento ese día decida hacer la vista gorda y dejar que la carnicería abra como un domingo cualquiera.

No voy a ahondar en el tema de las quejas de un lado y del otro, porque los que se ven perjudicados por lo general no tendrían tantos reparos si los fallos hubiesen sido a la inversa y porque quienes se hacen - directamente, sin filtro- los boludos tras haber sido ayudados por un Juez permisivo estarían en la misma fase de lamentos que los de enfrente. Todo se trata de ver para que lado cayó la moneda y eso es justamente lo que está mal en nuestro fútbol y, más extensivamente, en nuestra bastante podrida sociedad. La manera de apoyar esta teoría es ver como varía la indignación de los hinchas cuando otros equipos aplican el mismo juego brusco, desleal y cobarde que el que el propio utilizó pocos días atrás. Esto mismo suele verse en la parte táctica, siendo un buen ejemplo el reciente choque entre Racing y River en el que Marcelo Gallardo criticó solapadamente a Cocca por hacer un planteo prácticamente idéntico al que él hizo contra Boca como local por el partido de ida de los Octavos de Final de la Copa Libertadores.

Más allá de que en lo que refiere al juego no hubieron demasiadas cosas interesantes, hablemos un poco de lo que sucedió el jueves pasado en el Monumental. River puso en la cancha un 4-4-2 con intenciones muy claras: Barovero; Mamanna, Funes Mori, Maidana, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Kranevitter, Driussi; Teo Gutierrez y Mora. Más allá de poder mutar en un 4-3-3 con Driussi adelantándose un par de pasos, la base de este esquema fue el doble cinco. Una versión con anabólicos del River combativo, ocupador de espacios y golpeador - en el peor sentido de la palabra- de la serie de la temporada pasada. Dos jugadores con quite para derruir el buen manejo de Boca en el mediocampo y tratar de transicionar al ataque con mucha velocidad. Ponzio y Kranevitter pegados a los centrales y los dos volantes externos en una función más ofensiva y sin tanta obligación en la marca. Se preguntarán como pudo River cubrir los costados y la respuesta es que tuvo en Mamanna y Vangioni dos soldado aplicados que no pasaron una vez al ataque pero pudieron contener los esporádicos intentos del rival por sus bandas. Mora oficiando más que nada de mediapunta y Teo suelto arriba tratando de generar espacios frente a la línea de defensores. Boca fue con el esquema y el libreto de siempre, que tan buenos resultados le viene dando desde que llegó el Vasco Arruabarrena: Orión; Marín, Cata Díaz, Torsiglieri, Colazo; Pablo Pérez, Cubas, Fernando Gago; Lodeiro, Calleri y Pavón. Ya hemos hablado varias veces de la idea del entrenador de Boca y de como este equipo, aún con las constantes rotaciones, la ha aplicado con eficacia a lo largo de este ciclo. Pero sin dudas que sorprendía la ausencia de un peso pesado - que además viene rindiendo muy bien- como Daniel Osvaldo en la delantera, así como la presencia de Pavón y Marín y la inclusión de Lodeiro en el frente de ataque. Esto podía tener una explicación lógica en que el 4-3-3 en los papeles podía transformarse en un 4-4-2 (improbable, pues no está en la genética del entrenador ni de los jugadores) con Gago y Cubas como doble cinco o un 4-2-3-1 con Calleri como único delantero punta. Pero estas dos suposiciones nunca se hicieron realidad y Boca salió a tratar de imponerse en base a su dinámica, su juego por abajo y su presión al extremo alta que muestra siempre.


El partido se puede dividir en tres partes, cada uno muy diferente de la otra. Los primeros 15' fueron todos de Boca más allá de la buena presión de Ponzio sobre Gago y la voluntariosa labor de Kranevitter como mediocentro tratando de evitar que el rival pudiese armar juego en 3/4 de cancha. La pelea comenzó fuerte y se concentró en el mediocampo, pero el que salió perdiendo en este inicio realmente tremendo fue River, porque la presión alta de Boca no lo dejó salir jugando y lo forzó a lanzar pelotazos frontales con destino de Cata Díaz y Burdisso. Hubieron acercamientos tibios de parte de los dos - River con un buen centro de Teo y Boca con un remate flojo de Pavón- pero era el equipo de Arruabarena el que mostraba vocación ofensiva y buena circulación.

River no llegaba a la línea de fondo ni con sus laterales - siendo ya muy preocupante lo de Vangioni- ni con Driussi y Sánchez que estaban más preocupados por evitar que Lodeiro, Pavón y Pérez ganasen por los costados. Gallardo buscaba concentrar marcas en un sector de la cancha y cambiar el juego con un pelotazo cruzado, lo mismo que planteó en el partido por el torneo doméstico y que en este primer tercio de la parte inicial no le salió demasiado bien. Boca exhibía paciencia en el toque y avanzaba en bloque, sin desprender a ningún jugador para evitar que se generasen espacios. River tuvo la primera gran chance tras un horror entre Pavón y Pérez en una salida que era muy fácil, pero el centro cruzado fue demasiado largo para Teo que hizo lo que pudo para alcanzarlo. 

River mostraba mucha más violencia que en los partidos por la Sudamericana y Delfino dejaba pegar sin aplicar el reglamento. Un patadón criminal de Vangioni a Gago le valió solamente una amarilla, pero no le impidió al volante central seguir distribuyendo el juego hacia adelante con mucha precisión. Mientras Ponzio se reiteraba en faltas que ameritaban como mínimo una amarilla (cada una, es decir un pozo acumulado de al menos 3 rojas en menos de 20'), River logró enfriar el partido y dar comienzo al segundo tramo del encuentro. Hasta el final del primer tiempo, River a base de empuje y más barullo en el medio -con las infaltables patadas como herramienta clave- logró hacer retroceder a Boca. Se lo llevó literalmente puesto y quien surgió como una luz de claridad en esos minutos fue Teo Gutierrez, tan apuntado hace tiempo, pero con mucha movilidad, actitud y más que destellos de su gran calidad.


Mora y Gutierrez tuvieron dos chances claras que no supieron definir bien a pocos metros de Orión, pero el equipo de Gallardo encontró su lugar en la cancha y el hueco a espaldas de los centrales comenzó a hacerse cada vez más profundo. El planteo no era un partido de fútbol sino una guerra y en eso el Millonario ganó con total claridad. Violencia, ocupación de espacios y una excelente presión alta para ganar más y más terreno. Orión se vistió de salvador ante Teo una vez más con una veloz salida hasta el borde del área y una tapada con una mano que sostuvo a Boca dentro del partido. Las bandas eran de repente propiedad de River y en 3/4 ganó todas las divididas ante un Cubas superado y desorientado por la cantidad de jugadores que debía enfrentar. Era simple: tocar y pasar. Y esto River lo hizo a la perfección durante esta muy buena media hora en la que pudo quitarle la pelota y el dominio a su eterno rival.

Las transiciones entre mediocampo y ataque eran veloces como en sus mejores partidos, pero en el casillero del "Debe" siguió estando la pelota parada. En los pies de Ponzio, no hubo corner y/o tiro libre que no quedase en extremo corto o fuese rechazado con facilidad por los defensores de Boca. Las ventajas para los de Arruabarrena aparecieron con un River más abierto y dispuesto a jugar antes que a defenderse: Lodeiro y Pérez se soltaron y con buenas asociaciones lograron inquietar un poco a una defensa rival que estaba disfrutando de un pequeño descanso. La leve superioridad de River residía en que el mediocampo era suyo, merced del juego superando el límite de Ponzio, de una marca eficaz que anuló a Gago y de una mayor tenencia de balón. La eficacia a la hora de resolver las jugadas no fue su fortaleza, pero al menos mantuvieron a Boca muy lejos hasta el entretiempo.

Boca arriesgó en la salida y al mismo tiempo vió como en todos los sectores había supremacía del contrincante. La ventaja estaba en que en la propia área ganó con comodidad tanto por arriba como por abajo en mayoría de ocasiones. Gallardo pedía a los gritos tener la pelota y mostraba satisfacción cuando lograban llenar las bandas como antes: Vangioni-Driussi-Teo por un lado y Kranevitter-Mora-Sánchez por el otro. Cuando esto sucedía, los laterales de Boca se veían avasallados y cuando podían rechazaban al medio y allí ganaba Ponzio para iniciar el circuito de presión una vez más. Nada demasiado lujoso ni rebuscado, pero sin dudas que era algo que River no podía hacer hace mucho y que evidentemente lo hacía crecer a cada minuto. El primer tiempo cerró con un remate de Sánchez que se fue cerca del ángulo tras un gran pase de Teo y una volea de Funes Mori que salió alta en la jugada posterior, previo control y pase magistrales de Driussi.


En un partido áspero, River justificaba una ventaja que aún no existía en base a un juego brusco, agresivo - en el mejor y el peor sentido de la palabra juntos- y ganando con pelotazos a espaldas de los centrales justo en el momento en el que la defensa de Boca daba el paso adelante. Driussi y Teo eran la punta de lanza y la dupla Ponzio-Kranevitter los que se encargaban de sostener la base a pura garra. Gago filtró en la jugada del final un hermoso pase para Pavón pero Mamanna logró cerrarlo justo para salvar a su equipo.


La tercera y última parte de este partido en el que hubo mucha actitud pero casi nada de fútbol, comenzó con una corrida de Calleri en soledad - en la que tuvo mucho tiempo para pensar- y una definición cruzada que Barovero pudo manotear para evitar lo que parecía ser la inevitable caída de su arco. De ese corner llegó otra situación de riesgo: tras varios rebotes, le quedó el balón a Colazo que de tres dedos estuvo a punto de romper el ángulo del arco defendido por Barovero. Boca arrancó con todo, dispuesto a comerse a su rival sin por ello resignarse a tratar la pelota con prolijidad y buscar dinámica con su estilo habitual. 

Pérez y Lodeiro eran definitivamente lo mejor del equipo de Arruabarrena. Todos los ataques iniciaban en sus pies y el rival se vió obligado a reacomodarse ante el nuevo escenario. La idea volvió a ser ganar terreno con menor apertura de la cancha y buscar apretar con pelotazos largos para que los dos puntas pivoteen y toquen con el primero del medio que se desprendiese para rematar. Lo tuvo Teo primero tras un corner bien ejecutado, pero en vez de tirar un lógico centro terminó rematando sin ángulo y muy ancho. Vangioni sorprendió con un gran pase cruzado y Sánchez, solo ante Orión, remató de una manera llamativamente pobre a las manos del arquero de Boca. 


El partido pasó a ser de ida y vuelta y tanto Boca como River comenzaron a oler sangre ante los espacios que se iban generando. Funes Mori saltó con Pérez y le dió un planchazo en el torso al mejor estilo Nigel De Jong contra Iniesta en Sudáfrica 2010, uno que todo el mundo incluido Delfino vió pero que al parecer solo ameritó para una tarjeta amarilla. El show de Delfino continuó con un penal a favor de Boca por mano de Sánchez no cobrado y la incidencia en el ritmo del partido de este polémico árbitro comenzó a crecer demasiado. 

River ya no tenía la pelota y tampoco presionaba con la misma intensidad que en los primeros 45'. Boca ahogaba con Pavón-Pérez por un lado y Lodeiro-Gago por el otro sector. La salida de River comenzó a ser defectuosa nuevamente ante el sacrificado trabajo de los cuatro jugadores recién mencionados y sus pelotazos e imprecisiones lo convirtieron en una sombra de lo que había sido en la media hora final de la mitad anterior. Boca logró triangular a un toque en 3/4 y a los de Gallardo no les quedó otra que aguantar contra su propio arco hasta encontrar el espacio para salir de contragolpe. 

En medio de todo esto, Sánchez decidió pegarle - cuando la pelota estaba bien lejos- a Gago una trompada en la nuca. El asistente lo vió todo y eligió no decir absolutamente nada, por lo que el partido llegaba al tercer expulsado que Delfino omitía. Daba la casualidad que todos correspondían a River, pero uno asume que errores puede tener cualquiera...Boca siguió yendo al frente con sus argumentos de siempre ante un equipo que se limitaba a pegar y a agruparse en el medio para salir rápido. Los riesgos eran claros, pero la propuesta de este equipo es siempre salir a jugar antes que a especular. 

Pavón le pivoteó muy bien a Pérez y este casi la cuelga de un ángulo, algo que hubiese coronado un muy buen tramo de Boca que en estos minutos pudo inclinar la balanza nuevamente hacia su lado. Martínez ingresó por un cansado Driussi para jugar de enganche y tratar de conectar a un mediocampo sin resto físico ni volumen con una delantera también cansada pero sobre todo aislada por la propuesta conservadora de Gallardo. El muy buen trabajo de Gago en la parte de la marca fue una de las razones por las que Boca pudo hacerse amo y señor del centrocampo una vez más tanto en ataque como en retroceso. La salida de Ponzio, con una pequeña molestia, fue el fin del mediocampo lleno de vigor y pierna fuerte que se había impuesto unos minutos atrás.


Lodeiro desparramó a Mamanna con un enganche y tocó atrás para Marín. Además de tener una floja noche - como varios, Calleri y Pavón a la cabeza- el lateral no le pudo pegar bien y Maidana salvó la ropa con un buen rechazo. Las más claras hasta el momento las había tenido Boca, que mejoró en base al toque corto en velocidad y la presión constante de un mediocampo armado ya con un doble cinco y tres mediapuntas. Y todo lo que había construido terminó en la basura: mal pase al medio de Gago, sin fuerza, Martínez la roba y entra al área y Marín le comete el penal más estúpido en varios años de Superclásicos. Sánchez tomó la pelota y ejecutó la pena máxima con mucha calidad, abjo y bien lejos de Orión, para poner un 1-0 que por como venía el partido no parecía para nada lógico. Parafraseando a Gallardo, Boca hasta allí "tenía el partido controlado" y además había contado con más ocasiones claras de gol que River.


Boca se lanzó al ataque y dejó campo abierto para que le liquiden la serie. Sánchez quitó muy bien en el medio, Mayada recorrío y tocó con Teo y el colombiano fusiló a Orión en el área chica. La tapada del arquero de Boca se festejó como un gol, pues dejó vivo a su equipo para el partido que se jugará en unas pocas horas. La expulsión de Teo por un planchazo a Burdisso no creo que haya sido merecida, o al menos no tanto como las tres omitidas escandalosamente por Delfino, que decidió compensar cuando el resultado era inmodificable. Teo se retiró en el minuto 87', tras haber jugado un muy buen partido en el que mostró calidad, actitud y velocidad. Que sus compañeros le hayan tirado una tonelada de ladrillazos no significa que haya que caerle siempre a él, que hace varios partidos que ha levantado nivel y viene luchando contra un estilo de juego demasiado rústico. El ingreso de Osvaldo por un inexpresivo e inexistente Calleri llegó demasiado tarde, más allá de que tuvo un cabezazo bastante incómodo que se elevó por encima del travesaño. Cubas debió haberse ido expulsado con una segunda amarilla tras un agarrón en cuando un rival se escapaba, pero Delfino decidió ejercer nuevamente la espantosa "regla" de compensación y dejar pasar un castigo que - como los tres que no fueron expulsados en River- era merecido. Marín tuvo el desborde final y su centro fue rematado por Burdisso ingresando por el medio: apenas alto, todo un síntoma de la baja eficacia de un Boca que no pudo concretar las buenas situaciones que generó y que no logró salir siquiera con el arco en cero habiendo dominado por 60' de los 90' totales. Hubieron errores en Arruabarrena sin duda alguna, en especial en la inclusión de Marín y de Calleri, pero esto lo decimos todos nosotros con el diario del lunes y sin estar presentes en el día a día del plantel. Gallardo encontró el gol en el momento menos imaginado y se fue sonriendo, pero seguramente sabe que además de su habitual táctica golpeadora va a tener que buscar repetir esa buena media hora para que su River salga vivo del duro desafío que tiene en la Bombonera. Boca fue superior en líneas generales, pero la diferencia estuvo en los detalles y en ese buen tramo de un River que sin recuperar el nivel de los primeros partidos de Gallardo se muestra voraz, competitivo y luchador hasta el final. Para los dos directores técnicos será un partido consagratorio, cada uno a su manera se juega mucho en este partido y sabrá como encararlo de la manera más efectiva y - ojalá- vistosa. 

Mucho se habló en esta semana y no fue precisamente de lo futbolístico. Con Arruabarrena diciendo que el árbitro condicionó, con Gallardo sosteniendo que había dirigido maravillosamente, con el candombe por la designación de Herrera y las infaltables declaraciones de los ex jugadores de un club y otro peleándose por ver quien tenía razón respecto de una, dos o mil patadas pegadas hace más de mil años. Más allá de todo esto, más allá de que la táctica de uno y otro entrenador están bien claras, hoy Boca y River jugarán un verdadero partidazo. Lo digo por la relevancia del choque, la misma que tuvo en el año 2000 y en el año 2004 cuando se enfrentaron en Copa Libertadores. No creo en los titulares catástrofe del día después ni para un equipo ni para otro, pero sí espero que hoy en vez de pegar tanto haya una dedicación casi plena a jugar a la pelota. A los jugadores de ambos equipos, to les pido: actitud, garra y por sobre todas las cosas buen juego. Mucho juego, que es lo que más nos hace falta en un fútbol donde lo único que importa es ganar de cualquier forma. 







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