Si bien este partido ocurrió hace dos semanas, no va a dejar de ser comentado por mucho tiempo. Tras empatar en un gol en el Parque de los Príncipes, el Paris Saint Germain tenía la compleja tarea de ir por segundo año consecutivo a Stamford Bridge para definir su pase a la siguiente ronda de Champions League frente al curtido y duro Chelsea. La temporada pasada, un 3-1 a favor como local no le alcanzó y terminó sufriendo de pánico escénico en Inglaterra: 0-2 ante los Blues y fin del sueño de Semifinales. Esta vez el panorama no era ni por asomo mejor, pues no contaba siquiera con ventaja en el marcador y los de José Mourinho le habían marcado una vez más el tan dichoso gol de visitante (siempre clave en el armado que tiene el portugués en partidos contra rivales de jerarquía por UCL). Todos los pronósticos daban por clasificado al Chelsea, pero el partido de ida no había sido un camino de rosas precisamente. Superado en juego e intensidad, logró marcar con una acción aislada y bastante afortunada para luego ser asediado por el PSG que pudo poner tablas al partido. Las declaraciones previas de Mou, diciendo que los parisinos eran un equipo muy sucio y golpeador - que trababan demasiado los partidos-, parecían por sobre todas las cosas un chiste de mal gusto. Más allá de que quien les escribe admira a este entrenador, la realidad es que con esas críticas al PSG estaba más que nada describiendo una de las facetas de su propio equipo. Y de paso presionando al árbitro y poniendo nervioso al rival, dos cosas en las que Mourinho hace escuela hace mucho tiempo.
Laurent Blanc dispuso de su clásico 4-3-3 con varios ausentes y algunos jugadores llegando con lo justo: Sirigu; Marquinhos, Thiago Silva, David Luiz, Maxwell; Verrati, Motta, Matuidi; Pastore, Ibrahimovic y Cavani. La idea - de las mejores y más audaces que existen hace varios años- era la de siempre: posesión pura con la paciencia como estandarte, presionar alto para ganar en la primera jugada siempre, jugar todo por abajo y a un toque, ser veloces en las transiciones, tener el ataque como único norte y utilizar las bandas seguido con los extremos y los laterales. José Mourinho plantó su 4-2-3-1 habitual: Curtois; Ivanovic, Chaill, Terry, Azpilicueta; Fábregas, Matic; Ramires, Oscar, Hazard; Diego Costa. La mejor defensa del mundo sin dudas, con un juego aéreo de lujo y una potencia digna del auto más poderoso, un doble pivote compuesto por un mediocentro clásico y un armador de juego y el clásico rombo en el mediocampo con el delantero punta retrasándose y liberando a los dos extremos para que lleguen al fondo.
El primer tiempo comenzó con la presión alta habitual del Chelsea, aunque con el PSG manejando la pelota con mucha tranquilidad. Con posesión efectiva, avanzando progresivamente ante la locura de un rival que buscaba rápidamente un gol para cubrir todos los espacios y esperar a que el partido terminase. Pastore hizo un 1-2 sensacional con Verrati, este lanzó un pase filtrado para Cavani y Cahill pudo cerrar con ímpetu antes de que el uruguayo definiese de media vuelta ante un vencido Curtois.
Avisaba el PSG, pero el local no tardó en responder: gran pared entre Hazard y Azpilicueta, pero el centro del lateral fue despejado con facilidad. Acto seguido, Cavani tomó la pelota y abrió muy bien para Marquinhos, que le lanzó un centro bien picante que no pudo conectar por milímetros. Los franceses estaban firmando un muy buen partido ante un Chelsea que sinceramente no parecía estar jugando ni en casa ni por Champions League. Los de Mourinho no encontraban ni la pelota ni el partido, mientras que Pastore comenzaba su recital de toques cortos y largos. Siempre bajando para ser el fusible de arranque en todas las jugadas, movilidad y calidad al 100% en el argentino.
Costa robó con mucha viveza y jugó para Hazard, que se recostó sobre la banda y con dos enganches magistrales dejó atrás a sus marcadores. Su centro para Cesc fue cortado por Thiago Silva, pero el número 10 del local empezaba a mostrar todas sus prestaciones y a levantar a sus adormecidos compañeros. El partido se se hizo muy intenso, un ida y vuelta permanente, con dos estilos bien demarcados: el PSG con el balón y mucha claridad para armar las jugadas y encontrar los huecos y el Chelsea eligiendo la ocupación de casi todos los sectores del campo y una presión alta que mejoró con los minutos. Cesc quedaba completamente aislado en un sistema en el que lo central es no tocar demasiado la pelota y los Blues veían como su estructura habitual - que no reniega del balón ni mucho menos- se veía resentida y desestabilizada.
En 10' de juego, todo se empezó a trabar en el mediocampo. Los de Blanc mostraban que también sabían y podían jugar sin la pelota bajo la suela, conteniendo sin mucho problema los intentos de del Chelsea. Hazard era la luz de su escuadra, llevando sin parar a sus compañeros hacia adelante con mucha velocidad y potencia. Apareciendo por todo el frente de ataque y tirando pases punzantes con el objetivo de abrir la cancha. Unos pasos más adelante suyo, Diego Costa seguía sufriendo con Silva y Luiz que lo neutralizaron con presencia y quites muy buenos.
Pastore habilitó con un lujo a Verrati que fue bien marcado por Ramires, más allá de que el ordenado y talentoso volante italiano pidió - sin éxito- que le marcasen un penalti a favor. Los dos protagonistas de esta jugada estaban imparables, avanzando con balón dominado de la banda al centro y con pases entrelíneas que quebraban al Chelsea en tres partes iguales y aisladas. El PSG seguía con lo suyo: toque muy elegante - nada de pelotazos al vacío- y mucha explosión por los costados con los laterales y los extremos.
Maxwell-Marquinhos-Ibrahimovic a un toque, corto con Maxwell de nuevo y centro bajo que Cahill salva en el punto penal. Pastore continuó con el asedio, de la mano de un pelotón para Maxwell en espacio reducido que encontró a Cesc haciendo las veces de Terry para frenar su avance dentro del área. Impecable el PSG y muy flojo el Chelsea, que no podía siquiera aprovechar la presión que significa jugar en Stamford Bridge. Sin precisión en algo que ha amaestrado como los contragolpes y sin poder tener la pelota para así descansar un poco. Oscar y Ramires poco podían hacer como mediapuntas, pues estaban muy bien controlados por Verrati Motta que oficiaban de Pac-Man en el círculo central.
El PSG también mostró sus garras en la fase de contraataque: máxima velocidad entre Ibra y Pastore, pase del argentino para Matuidi que Curtois pudo anticipar con lo justo. Los de Mou respondieron con Hazard pegado a la línea y un centro que Costa remató en el medio del área. Tapado bien por Silva, la jugada terminó por empantanarse y frustrar a los hinchas un poco más. Motta estaba dando una lección de como debe jugar un mediocentro, adueñándose de las acciones en su sector por pegarse bien a los centrales y salir con velocidad en cada recuperación.
Blanc daba en la tecla con un show de dinámica y posesión y Mourinho exhibía un equipo previsible y mezquino - en gran parte por la labor del rival, claro- con una sola excepción: cuando Hazard rompía las líneas con una buena jugada personal. A los 31' llegó el robo del siglo, el resultado de las presiones del entrenador portugués: Ibrahimovic y Oscar van abajo de frente y el sueco retiró la pierna al ver que podía lastimar a su colega. El brasileño disimuló como el mejor actor, sus 10 compañeros se le fueron al humo al árbitro pidiendo la roja y la consiguieron en pocos segundos. Cobardía pura de parte del Chelsea que se salía con la suya y le complicaba al PSG un partido que venía fácil.
El tono subió de manera definitiva y los jugadores del Chelsea cada vez que recibían una patada se victimizaban y ponían cara de "yo no hice nada". Abundaron los gestos de cariño y tranquilidad falsos en ellos, ante el enojo lógico de sus rivales. De aquí en más el local se abocó a dormir el partido de la mano de Cesc, Oscar y Ramires. La idea era muy evidente: armar con paciencia y lentitud, lograr que el PSG se desespere y rompa líneas y ganarlo con una pelota profunda al espacio vacío.
Verrati siguió mostrando su clase y su sangre fría: salida con mucha calidad en una baldosa, toque con Motta que de primera cede para Pastore; apertura del volante para Maxwell y un centro perfecto del lateral para Cavani que no fue gol solo porque el ex Nápoli esperó el balón en vez de ir a buscarlo. Terry, agradecido, terminó despejando y evitando lo que habría sido una catástrofe para un Chelsea que tenía uno más pero parecía contar con solo 8 hombres en la cancha. El dominio del PSG nunca se vio amenazado, y tras la injusta expulsión los de Blanc se acomodaron con un claro 4-4-1 que siguió presionando alto y jugando todo a un toque en velocidad.
Diego Costa tuvo la última del primer tiempo con un muy buen slalom por el costado que culminó con él en el piso. El cruce fue dudoso, imposible afirmar que haya sido penal, pero el árbitro se apuró en descartar la posibilidad (ay, la conciencia) y dejó que la jugada siguiese adelante. La desprolijidad de los minutos finales, con dos equipos yendo a puro vértigo y sin pausa ni ideas, no hizo honor a la exhibición llevada adelante por un gran Paris Saint-Germain.
La segunda parte inició con una modificación en el Chelsea: Willian en lugar de un inexpresivo Oscar, cuya gran contribución fue la simulación tras la no-patada de Zlatan. Además contaba con una amarilla y Mourinho nunca jamás se arriesga a perder ventaja numérica. La idea era tener mayor velocidad por el costado y mejorar la circulación de balón, dos cuestiones en rojo hasta allí. Sirigu inauguró los 45' finales con una pésima salida en un córner - algo que se repitió en todo el partido- que terminó en una chilena fallida de Costa dentro del área.
Cavani le ganó muy bien a Willian y aguantó hasta que Maxwell pasó como una locomotora por el costado. Cahill pudo taparlo y evitar que la situación pasase a mayores. El PSG seguía dominando, nada había cambiado, pues la presión seguía lastimando a un Chelsea inentendible. La única diferencia respecto del primer tiempo: atacaba con menos hombres porque trataba de equilibrar el mediocampo retrasando un poco a Pastore. La línea defensiva hacía su parte, mostrando solidez ante los intentos por arriba del Chelsea que ya no tenía en Hazard a un jugador determinante y fresco.
Un poco más tarde, lo tuvieron los de Blanc: perfecto recorte de Verrati hacia el medio, toque con Pastore que lanzó una daga precisa que Cavani aprovechó con una diagonal de manual. El delantero dejó parada a la defensa, eludió a Curtois y remató incómodo porque el balón se frenó con un pequeño pozo y le quedó un poco atrás. El palo le negó un muy merecido primer gol a los de Blanc, que desde hacia ya mucho tiempo juntaban más que méritos para abrir el marcador y dar por terminada la noche. Iban 61' y el Chelsea seguía plantado ya definitivamente en 3/4 de cancha pero sin poder superar a una muy solidaria línea defensiva. Sus intentos de circulación se veían constantemente abortados por una voluntariosa fuerza de choque.
Motta y Verrati estaban dejándose la piel en Stamford Bridge, manejando aun con todo el desgaste encima los tiempos del partido. Trasladando con inteligencia y siempre encontrando al compañero mejor ubicado en cada pase. El italiano robó en una mala salida rival, abrió para Matuidi que remató libre para encontrarse con la cabeza de Cahill. El central se lanzó con determinación y logró salvar su valla de una inevitable e inminente caída. Alma y juego, los dos elementos que sintetizaban la labor del PSG, ante un rival que buscaba que los minutos pasen y entrar a Cuartos de Final caminando.
Maxwell aprovechó que Matuidi le arrastró muy bien las marcas y tocó al centro con Pastore. El argentino ingresó al área, hizo una pared simple con el extremo francés y envió un potente disparo-centro que Curtois rechazó muy bien. Cavani ganó el rebote y volvió a abrir para Pastore que esta vez no tuvo tanta precisión y desvió su remate ya sin mucho ángulo. Con mucha menos posesión, algo que iba a suceder por el hombre de menos, los parisinos seguían generando situaciones y acorralando a un desconcertado y falto de azúcar rival. Una lección de toque, espíritu deportivo y agresividad para el lado inglés.
Diego Costa debió ser expulsado tras un patadón de atrás a Thiago Silva, pero el colegiado siguió probando que debajo de su casaca oficial el color predominante era el azul claro. El Chelsea ya no ofrecía más que patadas para cortar el ritmo - justo de lo que Mou había acusado al PSG tras el partido de ida- y esperando que llegase el minuto 90' para festejar. Los volantes y delanteros del rival estaban agotados, pero seguían sólidos y tapando todo, en especial Verrati, Motta y Pastore. Y llegó lo que pareció un golpe al mentón del buen fútbol: pase filtrado de Willian para Ramires que le ganó a Luiz y remató al segundo palo; gran tapada de Sirigu y tras ese córner un sinnúmero de rebotes - y una grosera pifia de Costa- derivaron en Cahill que de frente al arco definió bien seco y arriba. El Chelsea se ponía 1-0 de una forma injusta y sellaba su pase a Cuartos de una de las peores formas posibles.
Blanc sintió el golpe pero esta vez reaccionó muy bien, moviendo el banco con astucia: Rabiot por Matuidi y Lavezzi por Verrati. Dos variantes destinadas a darle contención y velocidad al mediocampo y que confirmaban que el PSG iba a por el partido. Lavezzi en la primera que tocó cabeceó un buen centro de Maxwell pero Curtois estuvo muy atento. El Chelsea ahora trataba con tibieza de liquidar el partido, aunque si el entusiasmo era muy grande los jugadores se encargaron de esconderlo muy bien.
La muralla se trasladó hacia 3/4 de cancha pero el PSG se las ingenió para seguir martillando. Perfecta cucharita de Pastore para Lavezzi que fue despejada por Ivanovic con oficio. Zouma ingresó por Matic para darle contención al mediocampo, pues el serbio estaba agotado y acalambrado tras un desgaste impresionante. Todo el Chelsea seguía cerca de su arquero y miraba como el PSG manejaba la pelota y generaba espacios. Un desborde de Pastore terminó en un tiro de esquina tras un manotazo magistral de Curtois ante un centro que se le colaba.
Y de esa pelota, a los 86', llegó el desahogo: Lavezzi ejecutó muy bien y David Luiz con un imponente cabezazo al ángulo - previa falla de Ivanovic en el salto- decretó un más que justo 1-1. Festejo rabioso del central brasileño, tan maniatado por todos desde su salida del Chelsea el año pasado, y un resultado que traía calma pero que se quedaba muy corto todavía. Destrozado en lo físico y perfecto en lo que se refiere a lo futbolístico, el PSG había encontrado su premio.
El local trató de llegar a un segundo gol con una inédita presión, pero su poca claridad y la solidez del contrincante anularon todo tipo de intento. Llegaba el tiempo extra y todo daba a pensar que no habría forma de evitar que un envalentonado PSG se tomase revancha de su eliminación la temporada pasada. Mou sacó a Drogba al campo de juego y sentó a Ramires, en un intento de que el experimentado, talentoso y voraz marfileño influyese con sus kilates (que no son los mismos desde lo físico de hace 4 años, pero que sirven para ganar cualquier partido). Quedaba armado un 4-4-2 con dos extremos bien abiertos y un doble cinco conformado por Zouma y Cesc Fábregas.
El ida y vuelta de los primeros minutos confirmó que a pesar de no tener piernas, los de Blanc iban por la gloria. Un penal infantil de Thiago Silva pareció tirar el esfuerzo por la borda: salto con los brazos en alto y el balón roza la mano derecha. Sin protestas y con muchos lamentos, algo que Hazard agravó con una maravillosa ejecución - suave y al costado- para poner el 2-1 y desatar la euforia del estadio. Y a los segundos, el Chelsea cayó en el mismo error de todo el partido: trató de dormir el partido sin atacar, sin moverse, sin hacer nada de nada.
Drogba habilitó a Hazard en cortada pero Sirigu lo cubrió muy bien. David Luiz ejecutó un tiro libre con su habitual precisión y potencia y forzó a una gran respuesta de Curtois. El de Costa de Marfil lograba hacer correr los minutos teniendo la pelota bien arriba, pero el escenario de máxima tensión no cambiaba en absoluto. El PSG seguía siendo muy solidario en la marca y esperaba para poder robar y salir de contragolpe. David Luiz cortó un buen pase de Hazard para Costa y puso fin a los primeros 15' de agregado, que mostraron a un Chelsea con predominio físico por estar 11 contra 10 pero con una ventaja corta.
Tras el breve relevo, Hazard volvió al control del equipo tras una segunda mitad que lo había encontrado muy apagado. Los 10 leones que estaban enfrente se limitaban a cubrir espacios con sacrificio y tenacidad, complicando al Chelsea que no podía salir de 3/4 de cancha con comodidad. El asedio comenzó nuevamente, con un Pastore muy vivo a la hora de generar tiros libres peligrosos a pesar de estar fusilado. Costa lo tuvo tras una veloz salida de Willian, pero su disparo se fue alto. Todo estaba abierto y el pecado de un Chelsea apenas regular era que no lo liquidaba. Con ventaja numérica y física, solo generaba peligro por los pocos espacios que dejaba un PSG agotado y lanzado al ataque.
Cavani no pudo girar bien ante Drogba tras un centro de Marquinhos, confirmando que no está pasando el mejor de sus momentos. La cancha estaba completamente inclinada, merced del empuje de Motta y Pastore. A los 112' Curtois se puso la capa de Superman ante un muy buen cabezazo abajo al primer palo de Thiago Silva, que a pesar de su error fue por la redención. Motta ejecutó el tiro de esquina y el central se elevó con maestría por sobre los 4 grandes cabeceadores del Chelsea y colocó el balón por arriba del arquero con una sutileza digna de ovación. Un 2-2 que dibujó en los labios de Pastore un "que golazo" mientras todos llegaban para abrazar al emocionado y eufórico héroe de esta gesta histórica en Stamford Bridge. El fútbol sonreía y le daba un merecido pase a la siguiente ronda al PSG y al mismo tiempo rescataba a Thiago Silva que comenzaba a dejar atrás un 2014 lleno de angustia.
El Chelsea comenzó a ir al ataque con desesperación y se encontró con el mejor Sirigu de todo el partido. Tranquilidad para contener un cabezazo de Costa y seguridad plena en los centros que llovieron sobre sus dominios. Los Blues veían como la mezquindad siempre termina pasando a cobrar la renta, pues lo único que hicieron fue tratar de gestionar las diversas ventajas que tuvieron desde el pitazo inicial. Van Der Wil ingresó por Pastore, una de las grandes figuras del partido, y Laurent Blanc vió como sus muchachos trabajaron con mucha experiencia los minutos previos al cierre. Mourinho terminó desencajado y contagió a su equipo que se fue de la Champions League pegando patadas sin parar ante el toqueteo parisino.










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