Lo primero que debo aclarar es que como hincha del Real Madrid y del Inter de Milán, siento un enorme cariño y admiración por José Mourinho. Lo mismo me sucede en mi faceta de espectador neutral, pues creo que es de necios decir que el portugués no es como mínimo un gran entrenador y uno de los más brillantes de su generación. En su habitual - y muy buena- columna del diario deportivo Olé, Diego Latorre explicó que el Chelsea de Mourinho había sido eliminado de la Champions League con un gran sorbo de su propia medicina (aquí el link a la nota: http://www.ole.com.ar/blogs/futbol_gambeta/Mou-probo-propia-medicina_7_1320537935.html). Me veo en la obligación de exponer mi opinión y decirle al autor, que tal vez nunca lea esto - aunque lo intentaré- que hay varios conceptos que ha ignorado a la hora de armar su visión del exitoso y polémico director técnico que hoy conduce los destinos del Chelsea F.C.
Estamos de acuerdo en que el Paris Saint-Germain logró eliminar a tal vez el equipo que mejor sabe cerrarse y que mejor maneja la pelota parada - tanto en ataque como en defensa- de todo el mundo, con dos hermosos goles de cabeza. Para dejarlo más claro: tanto David Luiz como Thiago Silva (dos centrales tan irregulares como talentosos) lograron cabecear en sendos tiros de esquina entre los 4 defensores del equipo inglés, que de juego aéreo alguna que otra cosa saben. Que la eliminación haya sido en Stamford Bridge le agrega mucha más épica todavía a la excelente labor de los dirigidos por Laurent Blanc, y más si se considera el antecedente del año pasado en el que los Blues lograron pasar milagrosamente a Semifinales con dos goles sobre el filo de los 90' tras haber perdido en París por 3 a 1. También concuerdo con Latorre en que Mourinho es un cultor del estatismo y enfriamiento de los partidos - en base a una solidez total en el medio y la defensa, la cobertura total de espacios, el aprovechamiento de los huecos cuando el rival está casado de correr hacia adelante y la famosa "supresión de los imponderables"-, pero debo agregar una cosa: este provocativo, arrogante y en extremo trabajador entrenador solo utiliza este tipo de estrategia cuando en las llaves de eliminación directa de la UCL se cruza con un rival de muchos quilates. Que a veces le salga bien, como el año pasado, o bastante mal como la semana pasada, es una cuestión de como se alineen los planetas ese día y de la respuesta del rival. El PSG ganó con un hombre menos y un despliegue físico impresionante, pero también lo hizo jugando un fútbol hermoso. Nunca dejó de ir por abajo, de armar juego a un toque y de atacar por las bandas y por el centro del campo. Una declaración de principios aún con todos los elementos en contra que terminó por recompensar un estilo que es el que, puestos a elegir, es el que más me gusta. Fue una victoria muy merecida y que no debió jamás llegar hasta los dos tiempos agregados, pues los franceses bailaron a un Chelsea pacato. Esta mala performance de los de Mourinho se debió en una parte a todo lo que bien describe Latorre pero más que nada al excelente partido que hizo el PSG aún sin Zlatan Ibrahimovic que fue muy mal expulsado antes de llegar a los 35'.
No se debe ser tan dogmático a la hora de juzgar un estilo y menos si este varía según las circunstancias: a veces ser pragmático no es algo malo, y lo afirmo más allá de que no me gusta como Mourinho encara los partidos contra clubes grandes en Champions League. No olvidemos que todos los equipos alguna vez han necesitado de factores ajenos a la táctica y la idea de juego pregonada para conseguir victorias resonantes. El ejemplo que siempre utilizo es el del encuentro por la Semifinal de la UCL 2008/09 entre el Chelsea de Hiddink y el Barcelona de Guardiola en Stamford Bridge. En un partido extremadamente parejo, con dos planteos muy distintos, los Culés encontraron en un tremendo y legendario ya zapatazo de Andrés Iniesta la clasificación a la Final que se jugaría en Roma. A la postre, ese imprevisto sería el que daría comienzo a la Era Guardiola pues como bien dice el mismo entrenador en el fascinante libro de Guillem Balagué, Pep Guardiola: Otra Manera de Ganar, sin ese golazo que cayó del cielo muy posiblemente nada de lo que sucedió después hubiese podido realizarse.
Es justamente del trabajo de Balagué, así como de esa joya titulada Herr Pep del maestro Martí Perarnau, que me voy a agarrar para decirle a Diego Latorre que coincido y abrazo su ideología futbolística pero que no considero en absoluto que José Mourinho sea un entrenador defensivo. Si uno mañoso, vivo, previsor, pragmático, punzante - dentro y fuera de la cancha- y demás características que posee el portugués más odiado del mundo. Balagué dedica un apartado entero a documentar la rivalidad entre Guardiola y Mourinho, una que solo comenzó cuando el luso asumió la dirección técnica del Real Madrid y se puso como objetivo bajar del pedestal tanto al Barcelona como a su DT. Cuando Latorre dice "Chelsea recibió el antídoto contra la pócima de Mourinho, esa formula según la cual sus formaciones controlan el juego, evitan fatalidades y suprimen los imponderables", está incurriendo en un grave error. Estos dos grandes entrenadores poseen por sobre todas las cosas una gran diferencia en su personalidad y en la manera de ver la vida - y recordar que a pesar de esto supieron ser muy buenos amigos- pero a la hora de trabajar y de ver el fútbol casi que no poseen diferencias. Cuando Bobby Robson era entrenador del Barcelona y Mou su traductor, ambos notaron de entrada que hablaban el mismo idioma. Al poco tiempo, la autogestión del vestuario dio paso a que el portugués y el entonces Capitán del equipo, fuesen los que manejaban la batuta a la hora de planificar los partidos. Se que Latorre tiene un ejemplar de Herr Pep, y que posiblemente lo haya leído entero ya, por lo que iré al punto: es mentira que solamente Mourinho tenga la obsesión de presionar alto, ocupar los espacios con eficiencia y tratar de disminuir los imprevistos al mínimo. Si hay un entrenador al que le molesta no llenar estos tres casilleros es a Guardiola, pero creo que el duelo entre ambos DTs durante la estadía de Mou en España terminó por nublar el debate y consolidar dos posturas extremas que no le hacen bien al análisis. La similitudes no terminan allí pero lo que los une es una obsesión total por la victoria y una capacidad de trabajo realmente impresionante. Y una cosa más: la búsqueda constante de llevar todo lo que esté fuera del guión en un partido a lo más bajo posible. Un detalle que es digno de mención: cuando se moría el ciclo de Frank Riijkaard, uno donde se jugó un hermoso fútbol lleno de libertad y audacia - pero que terminó consumido por los egos y la relajación total de sus grandes estrellas- en lo primero que pensó la directiva del Barcelona fue en Mourinho. Estaba todo más que listo para que el trato se cerrase, con pilas de tácticas incluidas, pero al final decidieron que el alto perfil mediático del luso (algo muy calculado, que no debe ser tomado a pecho sino como una estrategia) no era el ideal para los valores del club. Luego llegó la muy internamente resistida contratación de Pep, que a la larga les demostraría lo equivocados que estuvieron al dudar de sus capacidades para conducir al primer equipo.
Está más que claro que los dos tienen preferencias divergentes en muchos aspectos, esencialmente cuando hablamos de la posesión del balón, de las rotaciones posicionales y de la dinámica que debe tener un equipo. Pero esto no significa en absoluto que Mourinho sea un cultor de la rigidez posicional, de solo jugar tirando centros, de no cambiar nunca el ritmo de los partidos, de encerrarse bajo el propio arco - características que si están, por ejemplo en el ADN de Diego Simeone y Roberto Di Matteo, entre tantos- y demás cuestiones que enumera Latorre en el diario Olé del día de ayer. Cualquiera que haya visto jugar a su sublime y luchador Chelsea (ya sea en esta etapa o en la anterior), a su intenso y rapaz Inter de Milán y a su feroz y agresivo Real Madrid no podría jamás considerar siquiera estas opciones. Sin dudas que este doble ganador de la Champions League le presta mucha atención al mediocampo y a cubrir la salida del rival para poder usar el contragolpe como arma principal. Pero no por ello sus equipos juegan mal o son poco vistosos, sino más bien todo lo contrario. El ejemplo más claro es su Real Madrid: una primera temporada que comenzó con un vendaval de goles, dinámica y grandes jugadas, en un arranque invicto de 19 partidos - un récord pocas veces visto en La Liga- que se cortó con ese famoso 0-5 en el Camp Nou contra el Barcelona de Pep. Ese partido es clave para entender todo lo que vino después, ya que de haber sido otros el resultado y el desarrollo del juego, muy posiblemente Mourinho no hubiese adoptado en cada choque contra los catalanes la misma táctica que usó cuando dirigía al Inter en aquella infartante Semifinal de UCL que logró arrebatarle con ingenio y espíritu. Lo dice Balagué: el portugués decidió blindar a su equipo y empezar de nuevo contra los azulgranas. Y así logró primero no perder muchas más veces y segundo nunca ser aplastado jamás por ellos - como esa primera peleada Semi de Champions League en la que el Barcelona pasó con severas dificultades-. A esto se le deben sumar varios éxitos resonantes, muy escasos desde el inicio de la Era Guardiola, como esa Copa del Rey ganada casi sobre la hora contra el eterno rival que significó el primer título desde La Liga 2007/08. Retomando el hilo principal, el que Mou utilice un rombo en el mediocampo para neutralizar a sus contrincantes no lo hace justamente un juglar del catenaccio. Como bien lo pone él mismo en palabras, tener un mediocentro con dos volantes externos adelantados y un delantero central que se retrase para ser primera opción de descarga, es por ejemplo lo que hacía el Barcelona de Pep en las temporadas contaba con Eto'o, Villa e Ibrahimovic. Y no creo que nadie pueda atreverse siquiera a pensar que el audaz y revolucionario catalán sea un amante del viejo estilo catch que popularizaron - para mal del deporte, una aberración- los italianos.
Mourinho desde sus primeros años de éxito en el Porto siempre utilizó, con variantes acorde a los jugadores disponibles, un 4-2-3-1 que puede mutar en un 4-3-3 o en un 4-[1-2-1]-3 apenas comienza a rodar la pelota. Al usar un mediocentro clásico (Matic o Lampard o Makelele en el Chelsea, Xabi Alonso o Khedira en el Real Madrid, Cambiasso o Motta en el Inter), este doble esquema se hace ideal para el contraataque y la contención pero también para poder recuperar rápido el balón y abrir la cancha con mucha profundidad. Expliquémoslo un poco mejor: cuando Mou coloca a Cesc y a Matic como doble pivote, lo que busca es que el serbio se pegue a Terry y a Cahill. Así permite que el ex Barcelona y Arsenal se pare en 3/4 de cancha como organizador de juego con Oscar y libera a Willian y Hazard para que oficien de extremos y acompañen a Diego Costa. A esto se le debe sumar la libertad absoluta que le da a los laterales, que son punta de lanza a la hora de romper la línea final del rival. Lo mismo pasaba en el Real Madrid, con Alonso cubriendo a los centrales y sirviendo como salida, con el tándem Khedira-Özil como creadores y con Di María, Ronaldo y Benzema/Higuaín como delanteros natos. Podríamos seguir con una lluvia de detalles tácticos, pero lo digno de remarcar es que todos los equipos de Mourinho - salvo las excepciones ya mencionadas- juegan con una dinámica, velocidad y verticalidad absolutas. Ver a su Chelsea actual en la Premier League es un bálsamo y, más allá de algunos tropiezos lógicos, es notable su superioridad en todas las líneas por sobre todos los demás competidores. Lo mismo pasaba con su Real Madrid, que en su segundo año logró alzar todos los trofeos domésticos, cortar la hegemonía del Barcelona por Liga y romper el récord de puntos (100 para ser precisos) y de diferencia de gol (121 goles a favor y tan solo 32 en contra). Una máquina de muy buen juego, llena de rotaciones posicionales y con un martillo de proporciones incalculables para atacar, que nada tenía que envidiarle al Barcelona y al Bayern Munich quienes - vaya paradoja- desde 2008 son los mejores clubes del mundo junto a los blancos.
Me gusta mucho lo que hace Latorre detrás los micrófonos y escribiendo para diversos medios deportivos. Comentando la Premier League tiene una ventaja grande, pues ve muy seguido y bien de cerca al Chelsea de su "no-querido" José. Sus conocimientos tácticos son muy sólidos y su experiencia como talentoso futbolísta profesional le da un plus innegable, aunque también injustamente se lo suele criticar por ello. Con mucha humildad, discuto en estos párrafos sus opiniones acerca de Mourinho pues me parecen en parte generalizadoras y demasiado parciales. Dos cuestiones que no son terribles ni mucho menos - vamos, son parte una opinión y todos tenemos derecho a tenerla y expresarla- pero que le quitan al debate lo más interesante para convertirlo en una de "posesión total contra ocupación plena de espacios". Una defensa sólida y un mediocampo rocoso son el punto de partida para todo gran equipo. No olvidemos que estos principios fueron parte de la columna vertebral del Barcelona de Pep Guardiola - defensa de cuatro con centrales fuertes y adelantados y un trío del medio que cubre con un mediocentro clásico y dos volantes más sueltos- y que este los ha aplicado con mucho éxito también en su fenomenal Bayern Munich. Dos de los mejores equipos de la historia del fútbol, con principios tácticos e ideológicos que no caben dentro de quienes imaginan a Pep como un cultor del "vayan y jueguen sin orden ni aplicación táctica". Nada más lejano de la realidad que esto último, así como la afirmación de que Mourinho es un entrenador que arma equipos que de principio a fin de temporada lo único que hacen es trabar en el medio, pegar patadas y tirar centros hasta embocar un gol para luego hacer pasar el tiempo metidos abajo de su propio arco. Ejemplos de ese tipo de fútbol existen y hay uno en especial que está geográficamente situado en la capital de España y que es elogiado de manera exagerada - e inmerecida casi siempre- por casi todos los analistas deportivos. Abramos la mente, nunca está mal reconocer que uno puede estar equivocado aún si lo que tiene enfrente va en contra de sus principios.







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