lunes, 30 de marzo de 2015

Boca 3 - Estudiantes 0: Paliza y muy buen juego ante un candidato; Veloz recuperación y un examen de peso aprobado



El compromiso que tenía Boca contra Estudiantes de La Plata no era para nada menor. Tras una muy pobre performance contra San Martín de San Juan como visitante, en la que no supo mostrar nada de lo que venía exhibiendo desde comienzos de esta muy buena temporada y mereció perder ante un rival tan ordenado como voluntarioso desde la inferioridad absoluta, tenía que mostrar que estaba entero. El haber rescatado un punto sin dudas que fue una buena señal, pues aun en el peor partido del año este equipo suma, pero el mal gusto que quedó en la boca de Rodolfo Arruabarrena y los jugadores era palpable. Sin Copa Libertadores a al vista hasta dentro de una semana y media, era necesario concentrar todas las fuerzas en recuperar esos dos puntos perdidos para así alcanzar la línea de Rosario Central y quedar junto a ellos como únicos escoltas - apenas un punto por debajo- del nuevo puntero San Lorenzo. Más allá de la complejidad que presentaba el equipo de Pellegrino, que arrancó con una muy buena racha de tres victorias contundentes y que decayó con un empate y tres derrotas que lo relegaron un poco en la tabla de posiciones, el gran desafío para Boca era lograr dar con el armado correcto para no sentir tanto la ausencia de su líder futbolístico Fernando Gago. Digo no sentir "tanto" porque cuando un jugador de su calidad y en su máximo nivel como lo está hoy por hoy este en extremo talentoso volante, es imposible de reemplazar más allá de que el plantel está nutrido de muy buenos volantes y delanteros. El que Nicolás Lodeiro se encontrase de gira con la selección de Uruguay tampoco era una buena noticia, por lo que en la semana el Vasco llegó a probar con Daniel Osvaldo de nueve y Chávez-Calleri a sus costados. El experimento de armar un trío de ataque con dos nueves punta no duró demasiado y el entrenador de boca terminó cortando por lo más sano y lógico.

Boca presentó su habitual 4-3-3 con varias modificaciones, algunas por la rotación y otras por convocatorias y lesiones: Sara; Peruzzi, Cata Díaz, Torsiglieri, Colazo; Meli, Erbes, Pablo Pérez; Chávez, Osvaldo y Carrizo. El esquema y la idea de siempre, pero con Pérez suelto como mediapunta delante de Erbes y Meli y la idea de utilizar más de lo habitual las bandas con dos extremos que se intercambian constantemente la posición y dos laterales sueltos como apoyo. El armado siempre por el callejón del medio, pero con los dos internos cerrándose para que los externos y laterales puedan abrir la cancha con mayor volumen. Estudiantes plantó su clásico y eficaz 4-4-2: Hilario Navarro; Rosales, Desabato, Schunke, Aguirregaray; Auzqui, Damonte, Gil, Sánchez Miño; Cerruti y Vera. Táctica bien cerrada, con dos líneas de cuatro que se juntan muy bien y presionan alto, un doble cinco marcado, con Cerruti como mediapunta libre y Vera como único delantero.


La primera parte encontró a Boca presionando bien alto sobre la salida de Estudiantes. Con Carrizo y Chavez bien abiertos, Peruzzi plantado en 3/4 de cancha sobre la banda izquierda y con Pérez más cerrado tratando de hacerse eje del juego. La idea del Pincha era la de siempre: apretar las líneas, dar un paso atrás y buscar salir de contragolpe tras una buen recuperación en el mediocampo. Una buena triangulación por la izquierda de Boca culminó en un centro pasado que Chávez no pudo conectar. El rival llegó tras un centro de Cerruti, previo pase de Sánchez Miño, que Vera cabeceo muy ancho estando bien marcado por Torsiglieri. 

Boca armaba todo con mucha paciencia por abajo y a un toque, como de costumbre, pero mostrando una precisión y profundidad que habían estado carentes en la mala noche sanjuanina. Cerruti se mostraba como lo mejor de un Estudiantes tan sólido y trabado en el medio como eléctrico en cada avance. Más allá de algunos buenos avances, la joven promesa se encontraba por el momento muy bien contenida. Un doble enganche de Carrizo al borde del área desairó a Rosales y su centro fue mal rematado por Chávez, quedando en manos de Navarro. El negocio de Boca comenzaba a verse por ese sector, ya que el lateral se veía superado cuando lo desbordaban de a dos.


El juego se hizo más bien peleado de entrada, con los de Pellegrino haciendo lo que mejor saben: impedir que el juego sea fluido con un muro de contención en el mediocampo y demasiadas patadas que de a poco iban subiendo en agresividad. Un buen pelotazo largo para Chávez llevó peligro pero el delantero fue comido muy bien por Schunke y Desabato sin falta. Estábamos ante el clásico esquema de equipo chico que viene a la cancha de un grande a refugiarse y a tratar de aprovechar una jugada aislada y un local que sale a jugar bien abierto y sin ningún tipo de mezquindad. Algo que está en el gen de Estudiantes de La Plata pero que sorprende por el predominio de muy buen pie que tiene del mediocampo en adelante.

Desabato y Damonte comenzaron su patético show para sacar de partido a Osvaldo. Un codazo del ex Gimnasia de Jujuy - ferviente lamebotas de Verón- le dejó al delantero de Boca una marca en el torso y un malhumor muy grande. Abal no advirtió la acción, con lo que la bronca del ex Juventus e Inter fue mucho mayor todavía. La fórmula del visitante era repetitiva y de a ratos eficaz: tuvo el primero con una buena corrida de Cerruti por la derecha que terminó en un muy buen centro al punto penal que Vera peinó. El balón pasó a Sara pero dió en el palo para caer de nuevo en las manos del muy buen arquero de Boca. A los 17' había llegado el primer sobresalto y el Xeneize necesitaba responder para evitar el crecimiento de un equipo que le hacía las cosas muy complicadas. 

Meli tomó la lanza y abrió con Peruzzi, centro de tres dedos de este que rebota en un rival y le queda a Chávez. Por querer acomodarse de derecha, el Comandante no logró darle de lleno y terminó mandándola demasiado alto. Avisaba Boca que se venía un vendaval: Meli nuevamente abrió con Colazo, enganche y centro que conecta Chávez con mucha potencia. Desabato llegó muy bien a cortar cuando la pelota se dirigía al arco sin que Navarro pudiese hacer demasiado. Los dos equipos mostraban buen manejo de la pelota, pero con ideas absolutamente opuestas que en este momento del partido colisionaban directamente y hacían que todo resultase en un entretenido ida y vuelta. El monopolio en posesión era de Boca que buscaba armar los huecos y explotar en 3/4 por las bandas mientras que Estudiantes apostaba a las ráfagas de Cerruti y la movilidad de Vera adelante. 


Pérez no estaba jugando un partido brillante pero lograba distribuir bien el balón. La raíz de esto era un problema físico, que evidenciaba una recuperación a la que le falta un poco más todavía. Boca transicionaba muy bien sin duda alguna, pero podía acelerar un poco más todavía y así establecer la visible diferencia en el marcador. Por el momento, las bandas carecían de explosión por lo que Osvaldo quedaba demasiado aislado y se limitaba a correr y a meter sin parar para evitar que el contrincante saliese de contra. Una buena apertura para Chávez, centro y Carrizo la empujó abajo del arco para que la hinchada quedase con el grito atragantado. Apenas alta en un momento en el que el Pincha estaba en su salsa: había logrado sin el balón ni la iniciativa empantanar un partido que se le hacía cuesta arriba. 

Llegó el tan hablado incidente entre Desabato y Osvaldo, en el que claramente - lean los labios en las imágenes- el defensor (y mito armado por los relatores, porque de fútbol bien gracias) insultó a la mujer del delantero y le dijo una boludez estilo de "yo juegue en la Selección y vos no". El delantero, ni lerdo ni perezoso, levantó un poquito de pasto y se lo ofreció para que coma un poco. Abal cortó por lo sano, quitó del medio a un histérico Damonte, y amonestó a los dos. La actitud de estos dos jugadores contra Osvaldo se enmarca dentro de lo que siempre hacen y que a esta altura aburre al por mayor. Bueno estaría que se dedicasen a jugar al fútbol sin recurrir a esas trampas que patentaron Bilardo y Zubeldía hace ocho millones de años.

Osvaldo comenzó a crecer tras el incidente, salió del área y sirvió como pivote para que la pelota circulase hacia los costados. Boca se empezó a mostrar más incisivo con el tándem Carrizo-Peruzzi y Colazo por el otro lado, ya dominando con mucha claridad en este tramo a un equipo echado atrás parte por empuje rival y parte por decisión propia. Chávez se tiraba seguido hacia el mediocampo y armaba un 4-2-3-1, con Meli y Erbes como doble cinco. 


Meli-Carrizo-Peruzzi-Meli y centro que termina en nada. Todo a un toque y en velocidad, jugada sin incidencia pero que mostraba algo: la sociedad entre estos 3 jugadores estaba aceitada y Estudiantes comenzaba a padecerla por la izquierda. Torsiglieri cruzó muy bien ante una entrada de Vera, mostrando una vez más un nivel impecable y manteniendo la vara bien alta. Osvaldo le armó muy bien el carril del medio a Pérez que no aprovechó la asistencia y remato un poco ancho. Se acercaba Boca, el gol estaba al caer.

Y lo dicho, hecho: Osvaldo fue a pelear una pelota, le quedó a Erbes y el Pichi sorprendió a propios y extraños con un remate impresionante de media distancia que tomó una curva perfecta y bajó justo a espaldas de Navarro. El arquero no pudo hacer nada ante la violencia y la colocación del disparo que ponía a Boca 1-0 arriba de una forma poco esperada pero muy merecida. Moño para un muy bien primer tiempo de Erbes, que hace rato andaba necesitando un muy buen rendimiento como mediocentro.


El partido se encendió y Estudiantes quedó K.O en tan solo dos minutos: Carrizo abrió con Peruzzi, centro atrás por lo bajo y Osvaldo de primera la cruzó bien lejos de Navarro para decretar un 2-0 que hacía justicia al partido. Toda la calidad, oficio y tranquilidad del delantero de la Selección de Italia para marcar su sexto gol en Boca y seguir pagando con creces - goles y muy buen juego- la confianza que el hincha depositó en él desde el primer día. Boca lo definía en una ráfaga y era coherente con su propuesta, pues a diferencia de Estudiantes no había salido a ver que pasaba.

Los primeros 45' terminaron con una buena jugada por la banda y un centro de Carrizo que Chávez no llegó a empujar por muy poco. Bajaron los aplausos y el Vasco sabía que para el segundo tiempo lo que sería necesario por sobre todas las cosas era aplomo para manejar la ventaja y saber no entrar en las provocaciones que viniesen de enfrente.


El segundo acto de este partido empezó con un centro peligroso muy bien controlado por Sara sin dar rebote. Es un placer tener un arquero que sale bien en toda pelota aérea, que tiene un juego de pies maravilloso y que vuela de lado a lado sin complicaciones físicas. Meli y Osvaldo construyeron a un toque y el delantero habilitó a Chávez, que de no haber buscado el caño habría quedado cara a cara con Navarro. 

Sara intervino de nuevo, esta vez como líbero ante un buen pase largo de Aguirregaray para Vera. Estudiantes había salido de la cueva, aunque no desarmado el muro en el círculo central, pero esto significaba que los espacios iban a aflorar. Meli comandó nuevamente un contragolpe, tocó con Osvaldo, éste abrió para Chávez que sin demasiado ángulo se la tiró a Carrizo. La definición del ex Rosario Central no fue la mejor, pues estaba más incómodo todavía de cara al arco. 

Meli y Erbes estaban haciendo un gran partido, con mucha movilidad y siendo siempre salida para el equipo. Un trabajo compartido en el que los dos eran mediocentro y cinco clásico. Pérez tocó con Peruzzi que profundizó más con Carrizo y el Pachi no pudo encontrarlo de nuevo más allá de un lujoso taco que se terminó yendo por la línea de fondo. La Bombonera alentaba y aplaudía, porque veía como su equipo retomaba la senda del muy buen juego a un toque, con posesión y profundidad, rotaciones posicionales, muy buenas triangulaciones tanto en ataque como en la salida, marca escalonada para no permitir avances progresivos y una dinámica fenomenal en toda la cancha. Se podía ver como el equipo se hacía tan ancho como largo debido a los espacios que aparecían y que generaba, algo lógico más allá de que haya preocupado por unos minutos al Vasco Arruabarrena. 


Aguirregaray era ahora lo mejor de Estudiantes: buen avance con apertura para Cerruti que Torsiglieri cortó con mucha tranquilidad. Erbes recuperó en 3/4 y cedió al pie para Osvaldo, que remató a colocar y vió como el balón salía rozando el ángulo. De inmediato, Chávez arrancó a toda velocidad y armó una linda pared con Meli. Toque para Osvaldo pero antes de que sacase el latigazo su marcador se la pudo pellizcar y evitar una situación de extremo peligro. 

Boca mostraba su superioridad en todas las líneas, marcando una diferencia clave en velocidad y calidad a la hora de mover la pelota. La idea se consolida a cada partido y más allá de algún bache entendible - nadie puede jugar igual todos los partidos, pues no todos son iguales y menos en nuestro fútbol- muestra una muy saludable tendencia a asumir todos los riesgos jugando siempre por abajo, con velocidad y posesión a todo momento. La rotación entre Chávez y Carrizo era clave en un segundo tiempo que se jugaba al ritmo que Boca quería, con el balón yendo de lado a lado y el rival corriendo detrás. 

Erbes salió muy bien desde el fondo y dejó mal parado al fondo de Estudiantes. Manotazo de Aguirregaray y roja muy correcta por segunda amarilla. El nerviosismo del Pincha se hacía notar en los insultos que el expulsado intercambió con un compañero, que le recriminó por la primera amonestación. Cristaldo ingresó por un Pérez con alguna molestia que deberá ser analizada por los médicos del club, pero que en su regreso no había desentonado más allá de no brillar. 


Un ejemplo de como Boca sabe triangular sobre los costados: la jugada corta que armaron Meli, Osvaldo y Carrizo en la banda derecha. Estudiantes se mostraba al borde de un ataque de nervios, pegando en exceso aún para sus estándares habituales y exponiéndose a recibir una goleada. El local seguía defendiéndose con la pelota bajo la suela y llegó el codazo de Auzqui sobre Carrizo. Roja directa y bastante estúpida para el volante que dejaba a su equipo con nueve jugadores. Gil Romero ingresó por Vera, que fue de los poco que trató de hacer algo más que pegar y defender. 

Osvaldo fue derribado en el borde del área, Abal dejó seguir bien y Chávez estuvo a punto de meter el tercero con un lindo remate a colocar. Marín entró por Peruzzi, ovacionado tras una muy buena labor en su regreso tras la lesión pos debut hace dos semanas. Merecido descanso para el muy buen lateral, que en su pico es de Selección sin dudas, tras un partido en el que contuvo los embates por su sector y desbordó sin parar abriendo surcos a lo loco. Osvaldo le cedió su lugar a Calleri, ganándose una estruendosa ovación de pie, afianzando a base de entrega, inteligencia, oficio y golazos una relación irrompible con el hincha. Más allá del aplauso, estaba amonestado y con el partido liquidado el Vasco no se quiso jugar a que lo hagan entrar en alguna pavada. Otra presentación acorde a su calidad: muy lindo y decisivo gol y con mucha entrega y juego posicional lejos del área en el momento en el que todo estaba congestionado y el balón no le llegaba.


Meli encaró por el centro, abrió para Marín que bien fresco desbordó sin problemas y tiró un muy buen centro atrás al corazón del área. Cristaldo entró como una locomotora y remató bien abajo, seco, como indica el manual, para poner un 3-0 que se acoplaba a la fiesta que era la tribuna. Un partidazo de Boca, que en el momento en el que había que luchar lo sacó adelante y que nunca dejó de tocar y rotar para lograr este muy buen triunfo. 


El equipo toqueteaba al ritmo del "ole" que bajaba de todo el estadio. Calleri se la rebotó a Meli y el volante remató cruzado pero a las manos de Navarro. Boca se mostró muy inteligente y supo como no sentir tanto las ausencias de Gago y Lodeiro - en especial la de Pintita, su líder- con una fórmula eficaz: Erbes y Meli adelantados, Pérez suelto como mediapunta, con los extremos y laterales yendo y viniendo sin parar y con Osvaldo saliendo del área para hacer ancho el juego. Prácticamente, como ya mencionamos, un 4-2-3-1 con muy buen uso de las bandas pero con el detalle de que el armado de las jugadas se realizó en el callejón central del campo. Calleri tuvo una más pero su cabezazo tras centro de Cristaldo se fue demasiado alto y llegó el pitazo final acompañado por el rugido habitual tras una victoria pero con una predominancia de aplausos y mucha tranquilidad. Muestra de carácter, como dicen otros entrenadores, pero además con muy buen fútbol, eficacia y una intensidad que no son negociables. Así este Boca superó el mal trago de la fecha anterior, se colocó a un punto del primero y demostró que puede bailar a un equipo siempre peligroso y ganador como Estudiantes. Pero por sobre todas las cosas, confirmó que el rumbo a seguir es el marcado por Arruabarrena desde el día en que asumió y que en este 2015 está viendo - y con creces- como esa idea da muy buenos frutos. 



lunes, 23 de marzo de 2015

PSG 2 (1) - Chelsea 2 (1): Uno de los mejores partidos de la temporada; La venganza perfecta de Laurent Blanc



Si bien este partido ocurrió hace dos semanas, no va a dejar de ser comentado por mucho tiempo. Tras empatar en un gol en el Parque de los Príncipes, el Paris Saint Germain tenía la compleja tarea de ir por segundo año consecutivo a Stamford Bridge para definir su pase a la siguiente ronda de Champions League frente al curtido y duro Chelsea. La temporada pasada, un 3-1 a favor como local no le alcanzó y terminó sufriendo de pánico escénico en Inglaterra: 0-2 ante los Blues y fin del sueño de Semifinales. Esta vez el panorama no era ni por asomo mejor, pues no contaba siquiera con ventaja en el marcador y los de José Mourinho le habían marcado una vez más el tan dichoso gol de visitante (siempre clave en el armado que tiene el portugués en partidos contra rivales de jerarquía por UCL). Todos los pronósticos daban por clasificado al Chelsea, pero el partido de ida no había sido un camino de rosas precisamente. Superado en juego e intensidad, logró marcar con una acción aislada y bastante afortunada para luego ser asediado por el PSG que pudo poner tablas al partido. Las declaraciones previas de Mou, diciendo que los parisinos eran un equipo muy sucio y golpeador - que trababan demasiado los partidos-, parecían por sobre todas las cosas un chiste de mal gusto. Más allá de que quien les escribe admira a este entrenador, la realidad es que con esas críticas al PSG estaba más que nada describiendo una de las facetas de su propio equipo. Y de paso presionando al árbitro y poniendo nervioso al rival, dos cosas en las que Mourinho hace escuela hace mucho tiempo.

Laurent Blanc dispuso de su clásico 4-3-3 con varios ausentes y algunos jugadores llegando con lo justo: Sirigu; Marquinhos, Thiago Silva, David Luiz, Maxwell; Verrati, Motta, Matuidi; Pastore, Ibrahimovic y Cavani. La idea - de las mejores y más audaces que existen hace varios años- era la de siempre: posesión pura con la paciencia como estandarte, presionar alto para ganar en la primera jugada siempre, jugar todo por abajo y a un toque, ser veloces en las transiciones, tener el ataque como único norte y utilizar las bandas seguido con los extremos y los laterales. José Mourinho plantó su 4-2-3-1 habitual: Curtois; Ivanovic, Chaill, Terry, Azpilicueta; Fábregas, Matic; Ramires, Oscar, Hazard; Diego Costa. La mejor defensa del mundo sin dudas, con un juego aéreo de lujo y una potencia digna del auto más poderoso, un doble pivote compuesto por un mediocentro clásico y un armador de juego y el clásico rombo en el mediocampo con el delantero punta retrasándose y liberando a los dos extremos para que lleguen al fondo.


El primer tiempo comenzó con la presión alta habitual del Chelsea, aunque con el PSG manejando la pelota con mucha tranquilidad. Con posesión efectiva, avanzando progresivamente ante la locura de un rival que buscaba rápidamente un gol para cubrir todos los espacios y esperar a que el partido terminase. Pastore hizo un 1-2 sensacional con Verrati, este lanzó un pase filtrado para Cavani y Cahill pudo cerrar con ímpetu antes de que el uruguayo definiese de media vuelta ante un vencido Curtois.

Avisaba el PSG, pero el local no tardó en responder: gran pared entre Hazard y Azpilicueta, pero el centro del lateral fue despejado con facilidad. Acto seguido, Cavani tomó la pelota y abrió muy bien para Marquinhos, que le lanzó un centro bien picante que no pudo conectar por milímetros. Los franceses estaban firmando un muy buen partido ante un Chelsea que sinceramente no parecía estar jugando ni en casa ni por Champions League. Los de Mourinho no encontraban ni la pelota ni el partido, mientras que Pastore comenzaba su recital de toques cortos y largos. Siempre bajando para ser el fusible de arranque en todas las jugadas, movilidad y calidad al 100% en el argentino.

Costa robó con mucha viveza y jugó para Hazard, que se recostó sobre la banda y con dos enganches magistrales dejó atrás a sus marcadores. Su centro para Cesc fue cortado por Thiago Silva, pero el número 10 del local empezaba a mostrar todas sus prestaciones y a levantar a sus adormecidos compañeros. El partido se se hizo muy intenso, un ida y vuelta permanente, con dos estilos bien demarcados: el PSG con el balón y mucha claridad para armar las jugadas y encontrar los huecos y el Chelsea eligiendo la ocupación de casi todos los sectores del campo y una presión alta que mejoró con los minutos. Cesc quedaba completamente aislado en un sistema en el que lo central es no tocar demasiado la pelota y los Blues veían como su estructura habitual - que no reniega del balón ni mucho menos- se veía resentida y desestabilizada. 

En 10' de juego, todo se empezó a trabar en el mediocampo. Los de Blanc mostraban que también sabían y podían jugar sin la pelota bajo la suela, conteniendo sin mucho problema los intentos de del Chelsea. Hazard era la luz de su escuadra, llevando sin parar a sus compañeros hacia adelante con mucha velocidad y potencia. Apareciendo por todo el frente de ataque y tirando pases punzantes con el objetivo de abrir la cancha. Unos pasos más adelante suyo, Diego Costa seguía sufriendo con Silva y Luiz que lo neutralizaron con presencia y quites muy buenos. 

Pastore habilitó con un lujo a Verrati que fue bien marcado por Ramires, más allá de que el ordenado y talentoso volante italiano pidió - sin éxito- que le marcasen un penalti a favor. Los dos protagonistas de esta jugada estaban imparables, avanzando con balón dominado de la banda al centro y con pases entrelíneas que quebraban al Chelsea en tres partes iguales y aisladas. El PSG seguía con lo suyo: toque muy elegante - nada de pelotazos al vacío- y mucha explosión por los costados con los laterales y los extremos. 


Maxwell-Marquinhos-Ibrahimovic a un toque, corto con Maxwell de nuevo y centro bajo que Cahill salva en el punto penal. Pastore continuó con el asedio, de la mano de un pelotón para Maxwell en espacio reducido que encontró a Cesc haciendo las veces de Terry para frenar su avance dentro del área. Impecable el PSG y muy flojo el Chelsea, que no podía siquiera aprovechar la presión que significa jugar en Stamford Bridge. Sin precisión en algo que ha amaestrado como los contragolpes y sin poder tener la pelota para así descansar un poco. Oscar y Ramires poco podían hacer como mediapuntas, pues estaban muy bien controlados por Verrati Motta que oficiaban de Pac-Man en el círculo central.

El PSG también mostró sus garras en la fase de contraataque: máxima velocidad entre Ibra y Pastore, pase del argentino para Matuidi que Curtois pudo anticipar con lo justo. Los de Mou respondieron con Hazard pegado a la línea y un centro que Costa remató en el medio del área. Tapado bien por Silva, la jugada terminó por empantanarse y frustrar a los hinchas un poco más. Motta estaba dando una lección de como debe jugar un mediocentro, adueñándose de las acciones en su sector por pegarse bien a los centrales y salir con velocidad en cada recuperación. 

Blanc daba en la tecla con un show de dinámica y posesión y Mourinho exhibía un equipo previsible y mezquino - en gran parte por la labor del rival, claro- con una sola excepción: cuando Hazard rompía las líneas con una buena jugada personal. A los 31' llegó el robo del siglo, el resultado de las presiones del entrenador portugués: Ibrahimovic y Oscar van abajo de frente y el sueco retiró la pierna al ver que podía lastimar a su colega. El brasileño disimuló como el mejor actor, sus 10 compañeros se le fueron al humo al árbitro pidiendo la roja y la consiguieron en pocos segundos. Cobardía pura de parte del Chelsea que se salía con la suya y le complicaba al PSG un partido que venía fácil. 


El tono subió de manera definitiva y los jugadores del Chelsea cada vez que recibían una patada se victimizaban y ponían cara de "yo no hice nada". Abundaron los gestos de cariño y tranquilidad falsos en ellos, ante el enojo lógico de sus rivales. De aquí en más el local se abocó a dormir el partido de la mano de Cesc, Oscar y Ramires. La idea era muy evidente: armar con paciencia y lentitud, lograr que el PSG se desespere y rompa líneas y ganarlo con una pelota profunda al espacio vacío. 

Verrati siguió mostrando su clase y su sangre fría: salida con mucha calidad en una baldosa, toque con Motta que de primera cede para Pastore; apertura del volante para Maxwell y un centro perfecto del lateral para Cavani que no fue gol solo porque el ex Nápoli esperó el balón en vez de ir a buscarlo. Terry, agradecido, terminó despejando y evitando lo que habría sido una catástrofe para un Chelsea que tenía uno más pero parecía contar con solo 8 hombres en la cancha. El dominio del PSG nunca se vio amenazado, y tras la injusta expulsión los de Blanc se acomodaron con un claro 4-4-1 que siguió presionando alto y jugando todo a un toque en velocidad. 

Diego Costa tuvo la última del primer tiempo con un muy buen slalom por el costado que culminó con él en el piso. El cruce fue dudoso, imposible afirmar que haya sido penal, pero el árbitro se apuró en descartar la posibilidad (ay, la conciencia) y dejó que la jugada siguiese adelante. La desprolijidad de los minutos finales, con dos equipos yendo a puro vértigo y sin pausa ni ideas, no hizo honor a la exhibición llevada adelante por un gran Paris Saint-Germain. 


La segunda parte inició con una modificación en el Chelsea: Willian en lugar de un inexpresivo Oscar, cuya gran contribución fue la simulación tras la no-patada de Zlatan. Además contaba con una amarilla y Mourinho nunca jamás se arriesga a perder ventaja numérica. La idea era tener mayor velocidad por el costado y mejorar la circulación de balón, dos cuestiones en rojo hasta allí. Sirigu inauguró los 45' finales con una pésima salida en un córner - algo que se repitió en todo el partido- que terminó en una chilena fallida de Costa dentro del área.

Cavani le ganó muy bien a Willian y aguantó hasta que Maxwell pasó como una locomotora por el costado. Cahill pudo taparlo y evitar que la situación pasase a mayores. El PSG seguía dominando, nada había cambiado, pues la presión seguía lastimando a un Chelsea inentendible. La única diferencia respecto del primer tiempo: atacaba con menos hombres porque trataba de equilibrar el mediocampo retrasando un poco a Pastore. La línea defensiva hacía su parte, mostrando solidez ante los intentos por arriba del Chelsea que ya no tenía en Hazard a un jugador determinante y fresco.

Un poco más tarde, lo tuvieron los de Blanc: perfecto recorte de Verrati hacia el medio, toque con Pastore que lanzó una daga precisa que Cavani aprovechó con una diagonal de manual. El delantero dejó parada a la defensa, eludió a Curtois y remató incómodo porque el balón se frenó con un pequeño pozo y le quedó un poco atrás. El palo le negó un muy merecido primer gol a los de Blanc, que desde hacia ya mucho tiempo juntaban más que méritos para abrir el marcador y dar por terminada la noche. Iban 61' y el Chelsea seguía plantado ya definitivamente en 3/4 de cancha pero sin poder superar a una muy solidaria línea defensiva. Sus intentos de circulación se veían constantemente abortados por una voluntariosa fuerza de choque. 


Motta y Verrati estaban dejándose la piel en Stamford Bridge, manejando aun con todo el desgaste encima los tiempos del partido. Trasladando con inteligencia y siempre encontrando al compañero mejor ubicado en cada pase. El italiano robó en una mala salida rival, abrió para Matuidi que remató libre para encontrarse con la cabeza de Cahill. El central se lanzó con determinación y logró salvar su valla de una inevitable e inminente caída. Alma y juego, los dos elementos que sintetizaban la labor del PSG, ante un rival que buscaba que los minutos pasen y entrar a Cuartos de Final caminando. 

Maxwell aprovechó que Matuidi le arrastró muy bien las marcas y tocó al centro con Pastore. El argentino ingresó al área, hizo una pared simple con el extremo francés y envió un potente disparo-centro que Curtois rechazó muy bien. Cavani ganó el rebote y volvió a abrir para Pastore que esta vez no tuvo tanta precisión y desvió su remate ya sin mucho ángulo. Con mucha menos posesión, algo que iba a suceder por el hombre de menos, los parisinos seguían generando situaciones y acorralando a un desconcertado y falto de azúcar rival. Una lección de toque, espíritu deportivo y agresividad para el lado inglés.


Diego Costa debió ser expulsado tras un patadón de atrás a Thiago Silva, pero el colegiado siguió probando que debajo de su casaca oficial el color predominante era el azul claro. El Chelsea ya no ofrecía más que patadas para cortar el ritmo - justo de lo que Mou había acusado al PSG tras el partido de ida- y esperando que llegase el minuto 90' para festejar. Los volantes y delanteros del rival estaban agotados, pero seguían sólidos y tapando todo, en especial Verrati, Motta y Pastore. Y llegó lo que pareció un golpe al mentón del buen fútbol: pase filtrado de Willian para Ramires que le ganó a Luiz y remató al segundo palo; gran tapada de Sirigu y tras ese córner un sinnúmero de rebotes - y una grosera pifia de Costa- derivaron en Cahill que de frente al arco definió bien seco y arriba. El Chelsea se ponía 1-0 de una forma injusta y sellaba su pase a Cuartos de una de las peores formas posibles. 

Blanc sintió el golpe pero esta vez reaccionó muy bien, moviendo el banco con astucia: Rabiot por Matuidi y Lavezzi por Verrati. Dos variantes destinadas a darle contención y velocidad al mediocampo y que confirmaban que el PSG iba a por el partido. Lavezzi en la primera que tocó cabeceó un buen centro de Maxwell pero Curtois estuvo muy atento. El Chelsea ahora trataba con tibieza de liquidar el partido, aunque si el entusiasmo era muy grande los jugadores se encargaron de esconderlo muy bien.

La muralla se trasladó hacia 3/4 de cancha pero el PSG se las ingenió para seguir martillando. Perfecta cucharita de Pastore para Lavezzi que fue despejada por Ivanovic con oficio. Zouma ingresó por Matic para darle contención al mediocampo, pues el serbio estaba agotado y acalambrado tras un desgaste impresionante. Todo el Chelsea seguía cerca de su arquero y miraba como el PSG manejaba la pelota y generaba espacios. Un desborde de Pastore terminó en un tiro de esquina tras un manotazo magistral de Curtois ante un centro que se le colaba. 

Y de esa pelota, a los 86', llegó el desahogo: Lavezzi ejecutó muy bien y David Luiz con un imponente cabezazo al ángulo - previa falla de Ivanovic en el salto- decretó un más que justo 1-1. Festejo rabioso del central brasileño, tan maniatado por todos desde su salida del Chelsea el año pasado, y un resultado que traía calma pero que se quedaba muy corto todavía. Destrozado en lo físico y perfecto en lo que se refiere a lo futbolístico, el PSG había encontrado su premio.


El local trató de llegar a un segundo gol con una inédita presión, pero su poca claridad y la solidez del contrincante anularon todo tipo de intento. Llegaba el tiempo extra y todo daba a pensar que no habría forma de evitar que un envalentonado PSG se tomase revancha de su eliminación la temporada pasada. Mou sacó a Drogba al campo de juego y sentó a Ramires, en un intento de que el experimentado, talentoso y voraz marfileño influyese con sus kilates (que no son los mismos desde lo físico de hace 4 años, pero que sirven para ganar cualquier partido). Quedaba armado un 4-4-2 con dos extremos bien abiertos y un doble cinco conformado por Zouma y Cesc Fábregas. 

El ida y vuelta de los primeros minutos confirmó que a pesar de no tener piernas, los de Blanc iban por la gloria. Un penal infantil de Thiago Silva pareció tirar el esfuerzo por la borda: salto con los brazos en alto y el balón roza la mano derecha. Sin protestas y con muchos lamentos, algo que Hazard agravó con una maravillosa ejecución - suave y al costado- para poner el 2-1 y desatar la euforia del estadio. Y a los segundos, el Chelsea cayó en el mismo error de todo el partido: trató de dormir el partido sin atacar, sin moverse, sin hacer nada de nada.


Drogba habilitó a Hazard en cortada pero Sirigu lo cubrió muy bien. David Luiz ejecutó un tiro libre con su habitual precisión y potencia y forzó a una gran respuesta de Curtois. El de Costa de Marfil lograba hacer correr los minutos teniendo la pelota bien arriba, pero el escenario de máxima tensión no cambiaba en absoluto. El PSG seguía siendo muy solidario en la marca y esperaba para poder robar y salir de contragolpe. David Luiz cortó un buen pase de Hazard para Costa y puso fin a los primeros 15' de agregado, que mostraron a un Chelsea con predominio físico por estar 11 contra 10 pero con una ventaja corta.

Tras el breve relevo, Hazard volvió al control del equipo tras una segunda mitad que lo había encontrado muy apagado. Los 10 leones que estaban enfrente se limitaban a cubrir espacios con sacrificio y tenacidad, complicando al Chelsea que no podía salir de 3/4 de cancha con comodidad. El asedio comenzó nuevamente, con un Pastore muy vivo a la hora de generar tiros libres peligrosos a pesar de estar fusilado. Costa lo tuvo tras una veloz salida de Willian, pero su disparo se fue alto. Todo estaba abierto y el pecado de un Chelsea apenas regular era que no lo liquidaba. Con ventaja numérica y física, solo generaba peligro por los pocos espacios que dejaba un PSG agotado y lanzado al ataque. 


Cavani no pudo girar bien ante Drogba tras un centro de Marquinhos, confirmando que no está pasando el mejor de sus momentos. La cancha estaba completamente inclinada, merced del empuje de Motta y Pastore. A los 112' Curtois se puso la capa de Superman ante un muy buen cabezazo abajo al primer palo de Thiago Silva, que a pesar de su error fue por la redención. Motta ejecutó el tiro de esquina y el central se elevó con maestría por sobre los 4 grandes cabeceadores del Chelsea y colocó el balón por arriba del arquero con una sutileza digna de ovación. Un 2-2 que dibujó en los labios de Pastore un "que golazo" mientras todos llegaban para abrazar al emocionado y eufórico héroe de esta gesta histórica en Stamford Bridge. El fútbol sonreía y le daba un merecido pase a la siguiente ronda al PSG y al mismo tiempo rescataba a Thiago Silva que comenzaba a dejar atrás un 2014 lleno de angustia. 

El Chelsea comenzó a ir al ataque con desesperación y se encontró con el mejor Sirigu de todo el partido. Tranquilidad para contener un cabezazo de Costa y seguridad plena en los centros que llovieron sobre sus dominios. Los Blues veían como la mezquindad siempre termina pasando a cobrar la renta, pues lo único que hicieron fue tratar de gestionar las diversas ventajas que tuvieron desde el pitazo inicial. Van Der Wil ingresó por Pastore, una de las grandes figuras del partido, y Laurent Blanc vió como sus muchachos trabajaron con mucha experiencia los minutos previos al cierre. Mourinho terminó desencajado y contagió a su equipo que se fue de la Champions League pegando patadas sin parar ante el toqueteo parisino. 











miércoles, 18 de marzo de 2015

José Mourinho y su idea de juego: Una respuesta (con mucho respeto y admiración) a Diego Latorre


Lo primero que debo aclarar es que como hincha del Real Madrid y del Inter de Milán, siento un enorme cariño y admiración por José Mourinho. Lo mismo me sucede en mi faceta de espectador neutral, pues creo que es de necios decir que el portugués no es como mínimo un gran entrenador y uno de los más brillantes de su generación. En su habitual - y muy buena- columna del diario deportivo Olé, Diego Latorre explicó que el Chelsea de Mourinho había sido eliminado de la Champions League con un gran sorbo de su propia medicina (aquí el link a la nota: http://www.ole.com.ar/blogs/futbol_gambeta/Mou-probo-propia-medicina_7_1320537935.html). Me veo en la obligación de exponer mi opinión y decirle al autor, que tal vez nunca lea esto - aunque lo intentaré- que hay varios conceptos que ha ignorado a la hora de armar su visión del exitoso y polémico director técnico que hoy conduce los destinos del Chelsea F.C.


Estamos de acuerdo en que el Paris Saint-Germain logró eliminar a tal vez el equipo que mejor sabe cerrarse y que mejor maneja la pelota parada - tanto en ataque como en defensa- de todo el mundo, con dos hermosos goles de cabeza. Para dejarlo más claro: tanto David Luiz como Thiago Silva (dos centrales tan irregulares como talentosos) lograron cabecear en sendos tiros de esquina entre los 4 defensores del equipo inglés, que de juego aéreo alguna que otra cosa saben. Que la eliminación haya sido en Stamford Bridge le agrega mucha más épica todavía a la excelente labor de los dirigidos por Laurent Blanc, y más si se considera el antecedente del año pasado en el que los Blues lograron pasar milagrosamente a Semifinales con dos goles sobre el filo de los 90' tras haber perdido en París por 3 a 1. También concuerdo con Latorre en que Mourinho es un cultor del estatismo y enfriamiento de los partidos - en base a una solidez total en el medio y la defensa, la cobertura total de espacios, el aprovechamiento de los huecos cuando el rival está casado de correr hacia adelante y la famosa "supresión de los imponderables"-, pero debo agregar una cosa: este provocativo, arrogante y en extremo trabajador entrenador solo utiliza este tipo de estrategia cuando en las llaves de eliminación directa de la UCL se cruza con un rival de muchos quilates. Que a veces le salga bien, como el año pasado, o bastante mal como la semana pasada, es una cuestión de como se alineen los planetas ese día y de la respuesta del rival. El PSG ganó con un hombre menos y un despliegue físico impresionante, pero también lo hizo jugando un fútbol hermoso. Nunca dejó de ir por abajo, de armar juego a un toque y de atacar por las bandas y por el centro del campo. Una declaración de principios aún con todos los elementos en contra que terminó por recompensar un estilo que es el que, puestos a elegir, es el que más me gusta. Fue una victoria muy merecida y que no debió jamás llegar hasta los dos tiempos agregados, pues los franceses bailaron a un Chelsea pacato. Esta mala performance de los de Mourinho se debió en una parte a todo lo que bien describe Latorre pero más que nada al excelente partido que hizo el PSG aún sin Zlatan Ibrahimovic que fue muy mal expulsado antes de llegar a los 35'.


No se debe ser tan dogmático a la hora de juzgar un estilo y menos si este varía según las circunstancias: a veces ser pragmático no es algo malo, y lo afirmo más allá de que no me gusta como Mourinho encara los partidos contra clubes grandes en Champions League. No olvidemos que todos los equipos alguna vez han necesitado de factores ajenos a la táctica y la idea de juego pregonada para conseguir victorias resonantes. El ejemplo que siempre utilizo es el del encuentro por la Semifinal de la UCL 2008/09 entre el Chelsea de Hiddink y el Barcelona de Guardiola en Stamford Bridge. En un partido extremadamente parejo, con dos planteos muy distintos, los Culés encontraron en un tremendo y legendario ya zapatazo de Andrés Iniesta la clasificación a la Final que se jugaría en Roma. A la postre, ese imprevisto sería el que daría comienzo a la Era Guardiola pues como bien dice el mismo entrenador en el fascinante libro de Guillem Balagué, Pep Guardiola: Otra Manera de Ganar, sin ese golazo que cayó del cielo muy posiblemente nada de lo que sucedió después hubiese podido realizarse.


Es justamente del trabajo de Balagué, así como de esa joya titulada Herr Pep del maestro Martí Perarnau, que me voy a agarrar para decirle a Diego Latorre que coincido y abrazo su ideología futbolística pero que no considero en absoluto que José Mourinho sea un entrenador defensivo. Si uno mañoso, vivo, previsor, pragmático, punzante - dentro y fuera de la cancha- y demás características que posee el portugués más odiado del mundo. Balagué dedica un apartado entero a documentar la rivalidad entre Guardiola y Mourinho, una que solo comenzó cuando el luso asumió la dirección técnica del Real Madrid y se puso como objetivo bajar del pedestal tanto al Barcelona como a su DT. Cuando Latorre dice "Chelsea recibió el antídoto contra la pócima de Mourinho, esa formula según la cual sus formaciones controlan el juego, evitan fatalidades y suprimen los imponderables", está incurriendo en un grave error. Estos dos grandes entrenadores poseen por sobre todas las cosas una gran diferencia en su personalidad y en la manera de ver la vida - y recordar que a pesar de esto supieron ser muy buenos amigos- pero a la hora de trabajar y de ver el fútbol casi que no poseen diferencias. Cuando Bobby Robson era entrenador del Barcelona y Mou su traductor, ambos notaron de entrada que hablaban el mismo idioma. Al poco tiempo, la autogestión del vestuario dio paso a que el portugués y el entonces Capitán del equipo, fuesen los que manejaban la batuta a la hora de planificar los partidos. Se que Latorre tiene un ejemplar de Herr Pep, y que posiblemente lo haya leído entero ya, por lo que iré al punto: es mentira que solamente Mourinho tenga la obsesión de presionar alto, ocupar los espacios con eficiencia y tratar de disminuir los imprevistos al mínimo. Si hay un entrenador al que le molesta no llenar estos tres casilleros es a Guardiola, pero creo que el duelo entre ambos DTs durante la estadía de Mou en España terminó por nublar el debate y consolidar dos posturas extremas que no le hacen bien al análisis. La similitudes no terminan allí pero lo que los une es una obsesión total por la victoria y una capacidad de trabajo realmente impresionante. Y una cosa más: la búsqueda constante de llevar todo lo que esté fuera del guión en un partido a lo más bajo posible. Un detalle que es digno de mención: cuando se moría el ciclo de Frank Riijkaard, uno donde se jugó un hermoso fútbol lleno de libertad y audacia - pero que terminó consumido por los egos y la relajación total de sus grandes estrellas- en lo primero que pensó la directiva del Barcelona fue en Mourinho. Estaba todo más que listo para que el trato se cerrase, con pilas de tácticas incluidas, pero al final decidieron que el alto perfil mediático del luso (algo muy calculado, que no debe ser tomado a pecho sino como una estrategia) no era el ideal para los valores del club. Luego llegó la muy internamente resistida contratación de Pep, que a la larga les demostraría lo equivocados que estuvieron al dudar de sus capacidades para conducir al primer equipo.


Está más que claro que los dos tienen preferencias divergentes en muchos aspectos, esencialmente cuando hablamos de la posesión del balón, de las rotaciones posicionales y de la dinámica que debe tener un equipo. Pero esto no significa en absoluto que Mourinho sea un cultor de la rigidez posicional, de solo jugar tirando centros, de no cambiar nunca el ritmo de los partidos, de encerrarse bajo el propio arco - características que si están, por ejemplo en el ADN de Diego Simeone y Roberto Di Matteo, entre tantos- y demás cuestiones que enumera Latorre en el diario Olé del día de ayer. Cualquiera que haya visto jugar a su sublime y luchador Chelsea (ya sea en esta etapa o en la anterior), a su intenso y rapaz Inter de Milán y a su feroz y agresivo Real Madrid no podría jamás considerar siquiera estas opciones. Sin dudas que este doble ganador de la Champions League le presta mucha atención al mediocampo y a cubrir la salida del rival para poder usar el contragolpe como arma principal. Pero no por ello sus equipos juegan mal o son poco vistosos, sino más bien todo lo contrario. El ejemplo más claro es su Real Madrid: una primera temporada que comenzó con un vendaval de goles, dinámica y grandes jugadas, en un arranque invicto de 19 partidos - un récord pocas veces visto en La Liga- que se cortó con ese famoso 0-5 en el Camp Nou contra el Barcelona de Pep. Ese partido es clave para entender todo lo que vino después, ya que de haber sido otros el resultado y el desarrollo del juego, muy posiblemente Mourinho no hubiese adoptado en cada choque contra los catalanes la misma táctica que usó cuando dirigía al Inter en aquella infartante Semifinal de UCL que logró arrebatarle con ingenio y espíritu. Lo dice Balagué: el portugués decidió blindar a su equipo y empezar de nuevo contra los azulgranas. Y así logró primero no perder muchas más veces y segundo nunca ser aplastado jamás por ellos - como esa primera peleada Semi de Champions League en la que el Barcelona pasó con severas dificultades-. A esto se le deben sumar varios éxitos resonantes, muy escasos desde el inicio de la Era Guardiola, como esa Copa del Rey ganada casi sobre la hora contra el eterno rival que significó el primer título desde La Liga 2007/08. Retomando el hilo principal, el que Mou utilice un rombo en el mediocampo para neutralizar a sus contrincantes no lo hace justamente un juglar del catenaccio. Como bien lo pone él mismo en palabras, tener un mediocentro con dos volantes externos adelantados y un delantero central que se retrase para ser primera opción de descarga, es por ejemplo lo que hacía el Barcelona de Pep en las temporadas contaba con Eto'o, Villa e Ibrahimovic. Y no creo que nadie pueda atreverse siquiera a pensar que el audaz y revolucionario catalán sea un amante del viejo estilo catch que popularizaron - para mal del deporte, una aberración- los italianos.


Mourinho desde sus primeros años de éxito en el Porto siempre utilizó, con variantes acorde a los jugadores disponibles, un 4-2-3-1 que puede mutar en un 4-3-3 o en un 4-[1-2-1]-3 apenas comienza a rodar la pelota. Al usar un mediocentro clásico (Matic o Lampard o Makelele en el Chelsea, Xabi Alonso o Khedira en el Real Madrid, Cambiasso o Motta en el Inter), este doble esquema se hace ideal para el contraataque y la contención pero también para poder recuperar rápido el balón y abrir la cancha con mucha profundidad. Expliquémoslo un poco mejor: cuando Mou coloca a Cesc y a Matic como doble pivote, lo que busca es que el serbio se pegue a Terry y a Cahill. Así permite que el ex Barcelona y Arsenal se pare en 3/4 de cancha como organizador de juego con Oscar y libera a Willian y Hazard para que oficien de extremos y acompañen a Diego Costa. A esto se le debe sumar la libertad absoluta que le da a los laterales, que son punta de lanza a la hora de romper la línea final del rival. Lo mismo pasaba en el Real Madrid, con Alonso cubriendo a los centrales y sirviendo como salida, con el tándem Khedira-Özil como creadores y con Di María, Ronaldo y Benzema/Higuaín como delanteros natos. Podríamos seguir con una lluvia de detalles tácticos, pero lo digno de remarcar es que todos los equipos de Mourinho - salvo las excepciones ya mencionadas- juegan con una dinámica, velocidad y verticalidad absolutas. Ver a su Chelsea actual en la Premier League es un bálsamo y, más allá de algunos tropiezos lógicos, es notable su superioridad en todas las líneas por sobre todos los demás competidores. Lo mismo pasaba con su Real Madrid, que en su segundo año logró alzar todos los trofeos domésticos, cortar la hegemonía del Barcelona por Liga y romper el récord de puntos (100 para ser precisos) y de diferencia de gol (121 goles a favor y tan solo 32 en contra). Una máquina de muy buen juego, llena de rotaciones posicionales y con un martillo de proporciones incalculables para atacar, que nada tenía que envidiarle al Barcelona y al Bayern Munich quienes - vaya paradoja- desde 2008 son los mejores clubes del mundo junto a los blancos.


Me gusta mucho lo que hace Latorre detrás los micrófonos y escribiendo para diversos medios deportivos. Comentando la Premier League tiene una ventaja grande, pues ve muy seguido y bien de cerca al Chelsea de su "no-querido" José. Sus conocimientos tácticos son muy sólidos y su experiencia como talentoso futbolísta profesional le da un plus innegable, aunque también injustamente se lo suele criticar por ello. Con mucha humildad, discuto en estos párrafos sus opiniones acerca de Mourinho pues me parecen en parte generalizadoras y demasiado parciales. Dos cuestiones que no son terribles ni mucho menos - vamos, son parte una opinión y todos tenemos derecho a tenerla y expresarla- pero que le quitan al debate lo más interesante para convertirlo en una de "posesión total contra ocupación plena de espacios". Una defensa sólida y un mediocampo rocoso son el punto de partida para todo gran equipo. No olvidemos que estos principios fueron parte de la columna vertebral del Barcelona de Pep Guardiola - defensa de cuatro con centrales fuertes y adelantados y un trío del medio que cubre con un mediocentro clásico y dos volantes más sueltos- y que este los ha aplicado con mucho éxito también en su fenomenal Bayern Munich. Dos de los mejores equipos de la historia del fútbol, con principios tácticos e ideológicos que no caben dentro de quienes imaginan a Pep como un cultor del "vayan y jueguen sin orden ni aplicación táctica". Nada más lejano de la realidad que esto último, así como la afirmación de que Mourinho es un entrenador que arma equipos que de principio a fin de temporada lo único que hacen es trabar en el medio, pegar patadas y tirar centros hasta embocar un gol para luego hacer pasar el tiempo metidos abajo de su propio arco. Ejemplos de ese tipo de fútbol existen y hay uno en especial que está geográficamente situado en la capital de España y que es elogiado de manera exagerada - e inmerecida casi siempre- por casi todos los analistas deportivos. Abramos la mente, nunca está mal reconocer que uno puede estar equivocado aún si lo que tiene enfrente va en contra de sus principios.    







  

sábado, 14 de marzo de 2015

Boca Juniors 5 - Zamora 0: Fiesta, goles y buen juego; Otra noche de Copa Libertadores en La Bombonera






El fin de semana anterior a este partido, Boca había tenido un pequeño resbalón ante Colón de Santa Fe como visitante. Si bien no había por qué preocuparse demasiado, el empate casi milagroso de los santafesinos - debido a un error de Orión, que no viene en buen nivel hace rato- había cortado una racha triunfal en partido oficiales que había comenzado en la primera fecha del torneo local. Tras un primer tiempo impresionante, donde Boca armó una fiesta en base a intensidad y toque, la segunda mitad vio a un equipo muy cansado por el trajín de partidos. Más allá de la hasta aquí positiva rotación de Arruabarrena, hay varios jugadores que prácticamente estuvieron presentes en todos los partidos tanto de copa como del torneo doméstico y que por lo tanto acusaron un lógico cansancio. Boca mereció ganar el partido aún después del injusto empate, pues logró acomodarse en la cancha y acorralar nuevamente a su rival. Lamentablemente la definición no fue una gran aliada, teniendo Daniel Osvaldo tres situaciones bien claras que no pudo definir. La idea de juego y la intensidad se mantuvieron - como en cada partido desde comienzo de año- y solo se falló en la puntada final, con lo que de cara al choque contra el Zamora de Venezuela por la tercera fecha de la Copa Libertadores de América no había más que tranquilidad y confianza. Con la Bombonera repleta y vibrante - una redundancia a esta altura de las cosas, pero que es lindo repetir- los muchachos del Vasco buscaban un triunfo que los dejase prácticamente clasificados para los Octavos de Final.

Boca formó con su dibujo más tradicional: Orión; Marín, Komar, Torsiglieri, Colazo; Meli, Erbes, Gago; Carrizo, Osvaldo y Lodeiro. El 4-3-3 de siempre pero con algunos retoques importantes: línea de 4 con dos laterales sueltos, un mediocentro clásico en Erbes para la contención y la salida rápida, un claro organizador de juego en Gago - con libertad para ir de lado a lado-, un cinco clásico en Meli que siempre juega más hacia el centro antes que por la banda, Carrizo bien pegado a la raya, Osvaldo como nueve clásico entre los dos centrales y Lodeiro con responsabilidad en ataque y retroceso pero con la posibilidad de dar un paso atrás y arrancar la jugada. El Zamora plantó un 4-2-3-1, soñando con llevarse un punto en un partido que pintaba más que imposible: Forero; Faría, Peraza, Valdez, Ovalle; Flores, Vargas; Arenas, Bello, Soteldo; Pluchino. Todo listo para otra noche de Copa Libertadores en la Bombonera.


El equipo visitante salió a tratar de tener la pelota en los primeros minutos, buscando que Boca no golpee de entrada. El problema fue que con su ímpetu dejó al descubierto muchos espacios por la derecha, que el local no tardaría en aprovechar. Los de Arruabarrena no perdieron la calma ante un equipo tan revoltoso como liviano y se plantaron en 3/4 de cancha para atacar con velocidad y potencia. Un muy buen centro de Soteldo no llegó a ser conectado por Pluchino ante la atenta mirada de Orión, en lo que fue la señal de largada para el vendaval azul y oro.

Meli se mostraba con las ganas y la presencia de siempre, pero demasiado impreciso en sus pases cortos. Los dos equipos todavía se medían, buscando ir por los costados. Daniel Osvaldo se movía por todo el frente de ataque, mostrándose siempre como opción de descarga. Boca tuvo su primera ocasión de peligro: Gago limpió para Meli hacia el medio y el disparo del volante quedó en manos de Forero. Este Boca tiene las ideas bien claras: salió a comerle la espalda a los volantes centrales, por eso el entrenador decidió no colocar un volante por la derecha fijo. En apenas 7' el dominio era total por parte del local, atacando constantemente para abrir el marcador.

Acto seguido, lo previsible: Gago tocó con Meli, este jugó con Carrizo que filtró una buena pelota para Colazo. Centro picante del lateral y el rebote le quedó a Meli nuevamente, que sin contemplaciones fusiló al pobre Forero. Un 1-0 rápido y furioso, que dejó muy contento al Vasco sobre todo por el detalle de que siempre le pide al mediocampista que dispare al arco. Boca no frenó su ritmo con la ventaja y continuó rotando la pelota y las posiciones, imprimiéndole a su juego una dinámica envidiable. El partido era todo suyo, ganando todos los rebotes y con dos jugadores libres a todo momento para recibir la pelota.


El Zamora tuvo otra chance pero Soteldo remató demasiado flojo tras un buen movimiento de Pluchino a los 12'. Boca también se mostró muy sólido en la salida, con triangulaciones cortas y al pie, llenas de velocidad y precisión. Su permanente apertura del campo de juego hacía que los laterales del equipo venezolano se viesen desbordados y sin respuestas. A los 16' Gago lanzó un gran pase cruzado para Carrizo que la dejó pasar en favor de Colazo; pared y centro del ex Rosario Central que Osvaldo baja muy bien de cabeza. Lodeiro entró como una locomotora y definió de lujo al primer palo de Forero para decretar un aplastante 2-0 que daba por terminado el partido.

El Zamora intentó presionar a Meli y a Erbes, pero todo quedaba en un puñado de buenas intenciones. Torsiglieri y Komar no tuvieron ningún problema para rechazar innumerables pelotazos frontales y centros "a la olla". Osvaldo quedó solo tras un horror de Soteldo y tras una larga carrera eludió a Forero y tocó al gol sin ver que un defensor llegaba justo para cerrar. Respiraban los venezolanos, pero no por demasiado tiempo. Soteldo casi consigue su redención con un buen amago y un disparo que se fue a centímetros del ángulo, en la jugada más peligrosa de su equipo hasta ese momento.

El hincha veía con tranquilidad como su equipo dominaba en base a la posesión total, al juego prolijo y al ras del piso y a una inteligente regulación de energías. Yendo sin parar pero sin entrar en la clásica trampa del desgaste. Lodeiro realizó una gran jugada hacia adentro, pared rápida con Gago y antes de que pudiese rematar un rival logró mandar la pelota bien lejos. A los pocos segundos, Meli encaró con decisión pero su pase para Osvaldo fue a contramano del movimiento que le marcaba el delantero.


Todos los jugadores del local mostraban una actividad envidiable y una tenacidad y voracidad impresionantes. Un rendimiento colectivo e individual altísimo, algo que se viene repitiendo en todo este 2015. Osvaldo lo tuvo de nuevo tras un buen centro de Carrizo pero fue anticipado milagrosamente antes de tocar al fondo de la red. Boca combinaba con eficacia y agresividad el juego horizontal y el vertical. Así la posesión nunca se hizo inocua, a lo que se le debe agregar la dinámica posicional ya mencionada.

Lodeiro y Gago eran nuevamente los alquilados de siempre a la hora de las patadas. Y a los 36' llegó un verdadero golazo: jugadón de Carrizo por la derecha y bombazo cruzado inatajable del extremo para poner el 3-0. La Bombonera deliraba y disfrutaba con una función de lujo de los dirigidos por Arruabarrena. Era remarcable la comodidad con la que los jugadores recibían el balón, en una escena de toque y ataque constante. El planteo del entrenador surtía efecto, elección perfecta tanto de esquema como de intérpretes.

Apareciendo por todos lados y comiéndole las espaldas a los defensores, los volantes y delanteros de Boca le estaban haciendo pasar una noche de pesadilla al Zamora. Otro factor clave: mucha atención y oportunidad en el medio para convertir en oro todo pase mal tirado por el contrincante. En la última, Lodeiro ganó muy bien un balón perdido dentro del área y definió sin ángulo y mal ante Forero. Por el medio venía Osvaldo solito, pero el uruguayo no lo pudo ver en ningún momento. El nueve se fue enojado y los chimenteros de siempre empezaron a decir que se había peleado con el portador de la número 10. Luego del partido, cagándose de risa, Osvaldo se encargaría de dejar en claro que él solo estaba enojado consigo mismo porque se había errado varios goles, una actitud que deberían tener todos los delanteros profesionales.


La segunda mitad encontró a Boca apretando bien arriba como si todo estuviese cero a cero. La posesión era total ante un rival que corría desesperado detrás del esférico. Lodeiro jugó un corner corto con Erbes, que centró para Komar quedando el pibe a milímetros de marcar su segundo gol en esta Copa Libertadores 2015. El Xeneize dominaba bien plantado en 3/4 de cancha, dispuesto a seguir metiendo goles.

Vargas lanzó un tiro libre picante que Orión contuvo muy bien sin dar rebote, en la segunda gran jugada del Zamora en el partido. Luego, Osvaldo se sacó de encima con mucha jerarquía a Peralta viniendo desde atrás y ante la presión del arquero y el defensor la picó sin éxito. Aplaudido por toda la cancha a pesar del yerro, por el lujo y por su sacrificio constante en pos del equipo. Con buenos movimientos y mucha cobertura en el retroceso, redondeaba un buen partido.

Boca seguía haciendo circular la pelota de lado a lado, tomando mucho aire hasta encontrar el hueco. Gago se retiró ovacionado, con vistas a su titularidad contra Defensa y Justicia por el torneo local, y en su lugar ingresó el pibe Cristaldo. Colazo le puso una muy buena pelota al Burrito Martínez que la bajó de cabeza para que Osvaldo se saque la mufa y la empuje al gol dentro del área chica. Un 4-0 que desató la locura y terminó en un festejo con selfie incluida que no hace más que mostrar la alegría y unidad que tiene este sólido grupo.


Los del Vasco siguieron tocando sin parar ante un rival demolido y sin nada de empuje que solo pudo ser partenaire de un show futbolístico implacable de Boca. El 5-0 llegó de la mano de Osvaldo una vez más: arrancó un contragolpe, hizo el 1-2 con Carrizo y fue derribado por Forero cuando ya lo había dejado atrás. Claro penal y ejecución llena de clase y jerarquía del nueve de boca para ponerle candado a una goleada sensacional. Un partido muy bueno de Osvaldo en la parte colectiva, que terminó con el ex Inter desahogándose con dos lindos goles.

A los 84' el Burrito tocó de nuevo para Osvaldo que definió de lujo ante la salida de Forero, pero el gol fue muy mal anulado a instancias de un línea evidentemente ciego. Los aplausos bajaron de todos los sectores de la cancha ante el toqueteo de Boca, que nunca paró de atacar y de jugar por abajo. Tuvo una más Osvaldo tras una muy buena pelota de Fuenzalida, pero su toque a contrapierna del arquero fue salvado por este en una combinación de suerte y reflejos.


Boca cosechó otra gran victoria por la Copa Libertadores y extendió su invicto en este 2015. Con 22 puntos sobre 24 posibles entre los dos torneos, el presente y el futuro le sonríen. Habrá que ver como logra administrar el desgaste por la triple competición a lo largo del año, pero hasta el momento las rotaciones del entrenador han sido exitosas ¿La razón de esto? Simple. Porque la idea de juego - presión alta constante, juego al ras del piso, avance por el medio y apertura de la cancha cuando el rival se abra y vértigo absoluto de 3/4 en adelante- ha calado hondo en todos los jugadores. Los intérpretes saben lo que deben hacer y esto facilita los cambios de partido a partido. Los referentes, los que están en todos los juego son claros: Gago, Lodeiro, Torsiglieri, el Cata Díaz, Calleri y van asomando Meli y Osvaldo. Lo bueno es que no hay rendimientos bajos en este Boca, todos se encuentran en sintonía y en un nivel realmente alto. No hay techo para este equipo y eso puede ser tanto una bendición como una maldición. Esto recién comienza y el camino va a ser largo e intenso; es una gran noticia saber que todos los soldados están convencidos y listos para dejar la vida por esta camiseta.


miércoles, 11 de marzo de 2015

El Real Madrid en su encrucijada; Es hora de despertar antes que todo termine



La reciente trilogía que afrontó el Real Madrid de Carlo Ancelotti no ha sido la mejor de este exitoso ciclo. Se podría decir con mucha seguridad que el equipo quedó al borde de tocar fondo, más allá de que se encuentra con posibilidades tanto en Liga como en Champions League. El fatídico empate con el Villareal, la dura derrota contra el Athletic de Bilbao - que le valió ceder la punta tras varias semanas de liderazgo en soledad y con mucha ventaja- y la humillante caída como local contra el Schalke 04 por el partido de vuelta de la llave de Octavos de Final de la UCL, no han hecho más que hundir en un pozo lleno de incertidumbre a un conjunto que venía saboreando un éxito tras otro y que hace ya bastante tiempo había logrado consolidar una vistosa y eficaz idea de juego. En estas últimas semanas, Ancelotti se había mostrado duro con la prensa que a mi parecer lo criticó con demasiada malicia. Entre otras cosas había dicho que él no era un entrenador que rotase demasiado a sus jugadores, que el 4-3-3 no era algo negociable y que no tenía "mano blanda" - uno de los dardos más hirientes que recibió en su sin dudas fenomenal carrera- pues había ganado tres copas de Europa con el mismo manejo de grupo.

Hoy por hoy, lo que sostiene el castillo en pie es el hecho de haber pasado de ronda a pesar de la derrota contra los alemanes y que el Barcelona apenas si se posiciona un punto por encima en el torneo doméstico. Pero la realidad está por encima de cualquier número y está claro que el Real Madrid hace mucho tiempo que no juega bien. Tampoco posee regularidad, no ya en general, sino en cada partido que suele ser un show esquizofrénico donde se combinan lo mejor - y lo peor- de sus grandes individualidades con el pésimo momento colectivo que está pasando el equipo. En estas tres semanas, hemos visto como las preocupantes señales que se habían presentado tras aquella buena victoria - al trote, seamos sinceros- contra San Lorenzo por la Final del Mundial de Clubes se materializaron. Más allá de las lesiones y de las derrotas contra el Atlético de Madrid, los de Ancelotti se habían podido sostener con jerarquía e intensidad en la cima del torneo. La victoria contra el Sevilla, en el postergado por el Mundialito, no hizo más que confirmar su liderazgo y en el primer partido contra Schalke 04 como visitante se había hecho un muy sólido partido contra un rival que salió a defenderse bien cerca de su arquero. Hasta aquí todo bien pero de repente todas las falencias que se venían cubriendo con un óptimo rendimiento de la famosa BBC salieron a la luz a medida que ésta bajaba su nivel, y comenzaron un incendio que no se va a disipar a menos que algo cambie de forma radical dentro del plantel.


La derrota de ayer contra el Schalke 04 de Roberto Di Matteo por 4-3 en el Santiago Bernabeu es ideal para analizar lo mal que viene jugando el Real Madrid y para entender las razones por las que las gradas estallaron en una silbatina reprobatoria que nos retrotrajo hasta el famoso "Alcorconazo" cuando el entrenador era Manuel Pellegrini. Sin ir más lejos, no fueron pocos los que notaron las similitudes entre esta versión de los dirigidos por Ancelotti y aquel poco sólido - aunque vistoso y goleador- experimento del Ingeniero. Dejando de lado las comparaciones tácticas, lo que sorprendió fue la debilidad de este Madrid en un partido de UCL. Algo que no se veía desde la llegada de José Mourinho, cuyo gran legado en la Casa Blanca fue hacer del club uno de copas nuevamente y que mereció mejor suerte en las tres Semifinales que alcanzó de manera consecutiva durante su estadía en la capital española. Vayamos a los puntos clave de la debacle madridista y a las posibles soluciones para tantos problemas.


Lo primero que quedó en claro ayer fue que el Real Madrid no posee ni volumen ni juego en el mediocampo. Comencemos con los problemas en el marcaje: Toni Kroos es un enorme jugador, tal vez el mejor mediocampista central del mundo, pero no es un mediocentro clásico. Es decir, no tiene esa capacidad para meterse entre los defensores centrales y convertirse en uno más de la línea de fondo para darle estabilidad a esta. El Schalke encontró innumerables espacios a sus espaldas y logró atraer a Pepe y a Varane para luego abrir el balón ante la atenta mirada de Carvajal y Coentrao. Con este esquema ni Khedira ni Ilarramendi ni Lucas Silva pueden ayudar al volante alemán ya que por naturaleza ninguno de ellos podría colocarse detrás suyo. Además no hay un jugador con esas características, por lo que cada día es más claro que la salida de Xabi Alonso fue un grave error. No se si habrá sido por la supervivencia del esquema o por alguna otra razón, pero el español hoy por hoy sería - como lo fue siempre- un baluarte de este equipo. Sin un equilibrista en el mediocampo es imposible jugar tan abierto como lo hacen los dirigidos por Ancelotti y no sufrir daños que vayan más allá de los lógicos. El retorno de Luca Modric es una gran noticia para el italiano, ya que con él su escuadra hace correr el balón con mayor velocidad y criterio, además de conseguir una posesión que le sirve para enfriar los partidos en los momentos que es necesario. El croata además es el único jugador del medio que puede cumplir el rol que tenía Di María: el de recorrer todo el campo de juego sin parar y ser una pieza clave en el aspecto defensivo. Dos cosas que James Rodríguez no ha podido aportar, más allá de que antes de su lesión se encontraba asentado en el once titular y cumpliendo una interesante función prácticamente de enlace. En lo referido a la fase de ataque, las preocupaciones son mucho mayores: es extraño ver a un equipo que hasta hace poco había hecho de la posesión a un toque una marca de estilo errar tantos pases. El mediocampo no posee juego asociado y apenas se reduce a los valientes intentos de Isco - el mejor jugador junto a Ronaldo, Kroos, Pepe y Benzema- que, o terminan en un golazo o se diluyen por la cantidad de hombres que se le coloca por delante. Kroos hace lo que puede, combinando su rol de tapón con el de distribuidor y generador de juego, que debe abastecer a tres delanteros tan feroces y letales como aislados en el campo de juego. Lo cual nos lleva al problema de las transiciones, uno que para quien les escribe es básico a la hora de concebir el buen fútbol. El Madrid no logra que el balón pase con velocidad desde la defensa al ataque, algo que lograba sin dificultades hasta en sus peores partidos de la temporada pasada. Aquella combinación entre posesión y contragolpe parece haber quedado en el pasado y será uno de los puntos candentes a trabajar por Ancelotti. La dinámica es algo que ha caracterizado a este equipo y sin ella los baches se hacen cada vez más profundos. James Rodríguez y Luca Modric - ambos en gateras tras lesiones graves- completan el cuadro, pero el colombiano parece más cómodo como extremo en un 4-4-2 y el croata parece en su salsa como integrante de un doble pivote en un 4-2-3-1. Jese Rodríguez, nuestra gran promesa, es la posible llave a la que el entrenador deba echar mano si quiere mantener el 4-3-3 pues es un jugador con mayor recorrido y capacidad defensiva y ofensiva que James. Un aspecto final que es importante es el de la presión alta, esa que te permite llegar primero a todos los rebotes y convertir una salida del rival en una situación de peligro. La Casa Blanca parece haber perdido esa voracidad que llevaba a los centrales a jugar casi como mediapuntas y a dominar el partido en 3/4 de cancha. Algo que se puede recuperar en el corto plazo, pero que es clave a la hora de entender el bajón del actual campeón del mundo.   


El otro sector con responsabilidad directa en este pésimo momento es la defensa y esta no parece mostrar demasiadas señales positivas de cara a lo que se viene. Con Sergio Ramos ausente por lesión y Pepe y Varane deben arreglárselas en la medialuna del área para detener todas las jugadas. No cuentan con mucha colaboración de sus laterales, siendo Marcelo el más regular y el que más se ha complementado con ellos. Arbeloa y Coentrao, además de no aportar demasiado en ataque, están muy flojos en la contención y poco veloces para retroceder dejando así al equipo patas para arriba. Los dos centrales no pueden estar constantemente luchando para cerrar los infinitos huecos que se abren a sus costados, pero lo intentan con mucho espíritu - y bastante eficacia sin dudas- aun al costo de dejar expuesto a Casillas. Ese espacio que queda entre cada lateral y el central, fue aprovechado por los alemanes con punzantes pases entrelíneas y las consecuentes (y veloces) diagonales de los extremos y delanteros. A los de Di Matteo les alcanzó con tener la pelota cerca de los dominios de Casillas y mirar los torpes "movimientos" de la defensa para desgarrar la columna vertebral del equipo blanco y merecer una goleada histórica. Hemos llegado al punto en el que instintivamente la línea defensiva se para bastante más atrás de lo habitual y comete horrores indignos de un gran equipo como el Madrid, tanto en el marcaje a hombre como en el trabajo en zona. El más grave de todos ellos es la nula movilidad y coordinación para evitar que los contrincantes creen surcos por los costados. Y como si todo esto fuese poco, la pelota parada sigue siendo un jeroglífico imposible de descifrar para los defensores que sufren constantemente y con ello flaco favor le hacen a la inseguridad ya patente de Iker a la hora de salir a cortar centros. Y ya que estamos, hablemos un poco del legendario arquero que a pesar de las duras críticas que recibe hace dos años sigue sacando la cara en los peores momentos. Ayer tuvo varios errores, el más grosero fue el del primer gol en el que no puso fuerte las manos ante el potente remate de Fuchs - el golazo de Sané era más bien inatajable porque estaba muy tapado-, pero con el Schalke a un solo gol de la clasificación tuvo dos tapadas que hicieron respirar al Bernabeu. Más allá de equivocarse en un porcentaje superior al de su prima como profesional, el portero español sigue demostrando que es un Top a nivel mundial, que merece la titularidad y que sus reflejos están intactos. Más allá de esto, también es cierto que el tiempo pasa para todos, por lo que creo que debería alternar un poco más con Keylor Navas. Cada vez que el costarricense tuvo la oportunidad, ha probado su talento y capacidad para ocupar el arco del club más grande del mundo.


Para el final, dejamos obviamente a lo que dentro de una estructura resentida por la falta de juego y dinámica queda automáticamente fuera del plano. Estoy hablando del trío de ataque compuesto por Gareth Bale, Karim Benzema y Cristiano Ronaldo. Tres jugadores que pueden llevar al equipo en andas aun sin estar finos entre sí; solo basta con que se encuentren en un alto nivel individual para que hagan salir el sol en la peor de las tormentas. El gran drama es que hace tiempo que la BBC está baja, anémica, sin exhibir más que algunos arrebatos que cuando se mira toda la foto son demasiado poco para tamaños jugadores. Los tres arrastran un andar irregular que incluye muy buenas jugadas y lindos goles - su jerarquía y calidad nunca estuvo en duda- pero que no los tiene conectados con el resto del equipo. A decir verdad, los tres sectores de la cancha parecen estar a varios miles de kilómetros el uno del otro, mal que irremediablemente afecta a una delantera que - como dijo un relator hace poco- "estornuda y te mete tres goles". Benzema y Ronaldo mantienen su influencia y liderazgo en base a goles y a cargarse el equipo a sus hombros cuando las cosas no salen bien. Cristiano venía siendo víctima de dardos injustos, pero contra el Schalke contuvo daños con dos cabezazos impresionantes cuando las cosas pintaban muy mal y un partido jugado con mucha personalidad como de costumbre ante la apatía de la mayoría de sus compañeros. Karim también puso lo suyo con mucha entrega y un exquisito gol que a la postre le valió a los de Ancelotti la clasificación a Cuartos de Final. El caso de CR7 es especial, porque si bien es evidente que se encuentra menos participativo que la temporada pasada, en una cuestión puramente táctica, su físico y su habilidad mejoran día a día - imaginen, si ya hace 4 años que es el mejor del mundo...-. El fútbol es un deporte de momentos y hoy el 4-3-3 no le sienta bien al poderoso Ronaldo, que está jugando claramente como un rematador clásico que se mueve por todo el frente de ataque sin parar. Ser único delantero o compartir espacio con solo un ladero le vendría de maravillas tanto al portugués como al equipo. Gareth Bale es el más debatido de todos, un jugador lleno de velocidad y calidad que nunca ha terminado de calar hondo en el corazón madridista a pesar de su elevada cantidad de goles, a que siempre aparece en todo su esplendor en los partidos importantes y a que pocas veces ha jugado realmente mal (es decir, por debajo de lo que se espera de él). Anteayer, se paró con inteligencia como volante por la izquierda cuando vió que su labor como extremo no estaba dando los mejores resultados. Jugar con un doble cinco y pegado a la banda es el escenario ideal para el galés, más allá de que Ancelotti refunfuñe ante los periodistas y afirme que el dibujo táctico no va a ser cambiado nunca.


Como podrán apreciar, los inconvenientes no están concentrados en un solo sector del equipo por lo que se hace mucho más compleja la erradicación de estos. Carlo Ancelotti es uno de los mejores entrenadores del mundo y hace tiempo que tiene un lugar asegurado en la historia del fútbol. Estoy seguro que detrás de esta faceta combativa que vemos en las conferencias de prensa, hay una persona bastante preocupada por la labor de sus dirigidos. Llevará tiempo recuperar la confianza perdida y lograr que el equipo vuelva a jugar como en el mejor momento de este ciclo. El primer paso tiene que ser una seguidilla de victorias por Liga que mantenga al equipo expectante ante un factible tropezón del Barcelona. Luego deberá sacar lo mejor de sí, esa historia llena de gloria, para afrontar todo lo que quede desde aquí hasta la Final de la Champions League. Tal vez pensar hoy en un doblete - misión imposible para cualquiera- sea una locura, pero ese es el gran objetivo que deben trazarse los jugadores. Recordar que hasta hace muy pocas semanas eran una formación sólida que tenía una idea de juego noble y aceitada. El bache es lógico cuando la vara no hace más que subir, pero es alarmante la cantidad de señales que fueron ignoradas por el cuerpo técnico en todo este tramo de pesadilla. Ancelotti lo debería saber mejor que nadie: los jugadores son los que al final definen el esquema y lo hacen acorde a los imprevistos que vayan surgiendo. Se puede tratar de anticipar y anular a la mayoría de estos en la pizarra, lo cual no significa que vayan a desaparecer por completo pues son parte de la esencia de este deporte y una de las cuestiones que lo hacen hermoso. Como ese cabezazo fuera de todo guión de Sergio Ramos ante el Aleti, cuando una vez más se escapaba - e injustamente- la posibilidad de obtener la tan preciada Décima, como aquel zapatazo sublime de Zidane contra el Bayern Leverkusen en 2002...Con muy poco, apenas con orden y la audacia de su plantel joven y lleno de talento, un equipo dirigido por alguien tan mezquino como Roberto Di Matteo bailó al Real Madrid y debió haber pasado a Cuartos de Final. Casillas fue claro cuando habló tras la derrota: "Hemos tocado fondo". Es hora de despertar de una buena vez, Ancelotti. Te lo están pidiendo los fanáticos y los jugadores.