El compromiso que tenía Boca contra Estudiantes de La Plata no era para nada menor. Tras una muy pobre performance contra San Martín de San Juan como visitante, en la que no supo mostrar nada de lo que venía exhibiendo desde comienzos de esta muy buena temporada y mereció perder ante un rival tan ordenado como voluntarioso desde la inferioridad absoluta, tenía que mostrar que estaba entero. El haber rescatado un punto sin dudas que fue una buena señal, pues aun en el peor partido del año este equipo suma, pero el mal gusto que quedó en la boca de Rodolfo Arruabarrena y los jugadores era palpable. Sin Copa Libertadores a al vista hasta dentro de una semana y media, era necesario concentrar todas las fuerzas en recuperar esos dos puntos perdidos para así alcanzar la línea de Rosario Central y quedar junto a ellos como únicos escoltas - apenas un punto por debajo- del nuevo puntero San Lorenzo. Más allá de la complejidad que presentaba el equipo de Pellegrino, que arrancó con una muy buena racha de tres victorias contundentes y que decayó con un empate y tres derrotas que lo relegaron un poco en la tabla de posiciones, el gran desafío para Boca era lograr dar con el armado correcto para no sentir tanto la ausencia de su líder futbolístico Fernando Gago. Digo no sentir "tanto" porque cuando un jugador de su calidad y en su máximo nivel como lo está hoy por hoy este en extremo talentoso volante, es imposible de reemplazar más allá de que el plantel está nutrido de muy buenos volantes y delanteros. El que Nicolás Lodeiro se encontrase de gira con la selección de Uruguay tampoco era una buena noticia, por lo que en la semana el Vasco llegó a probar con Daniel Osvaldo de nueve y Chávez-Calleri a sus costados. El experimento de armar un trío de ataque con dos nueves punta no duró demasiado y el entrenador de boca terminó cortando por lo más sano y lógico.
Boca presentó su habitual 4-3-3 con varias modificaciones, algunas por la rotación y otras por convocatorias y lesiones: Sara; Peruzzi, Cata Díaz, Torsiglieri, Colazo; Meli, Erbes, Pablo Pérez; Chávez, Osvaldo y Carrizo. El esquema y la idea de siempre, pero con Pérez suelto como mediapunta delante de Erbes y Meli y la idea de utilizar más de lo habitual las bandas con dos extremos que se intercambian constantemente la posición y dos laterales sueltos como apoyo. El armado siempre por el callejón del medio, pero con los dos internos cerrándose para que los externos y laterales puedan abrir la cancha con mayor volumen. Estudiantes plantó su clásico y eficaz 4-4-2: Hilario Navarro; Rosales, Desabato, Schunke, Aguirregaray; Auzqui, Damonte, Gil, Sánchez Miño; Cerruti y Vera. Táctica bien cerrada, con dos líneas de cuatro que se juntan muy bien y presionan alto, un doble cinco marcado, con Cerruti como mediapunta libre y Vera como único delantero.
La primera parte encontró a Boca presionando bien alto sobre la salida de Estudiantes. Con Carrizo y Chavez bien abiertos, Peruzzi plantado en 3/4 de cancha sobre la banda izquierda y con Pérez más cerrado tratando de hacerse eje del juego. La idea del Pincha era la de siempre: apretar las líneas, dar un paso atrás y buscar salir de contragolpe tras una buen recuperación en el mediocampo. Una buena triangulación por la izquierda de Boca culminó en un centro pasado que Chávez no pudo conectar. El rival llegó tras un centro de Cerruti, previo pase de Sánchez Miño, que Vera cabeceo muy ancho estando bien marcado por Torsiglieri.
Boca armaba todo con mucha paciencia por abajo y a un toque, como de costumbre, pero mostrando una precisión y profundidad que habían estado carentes en la mala noche sanjuanina. Cerruti se mostraba como lo mejor de un Estudiantes tan sólido y trabado en el medio como eléctrico en cada avance. Más allá de algunos buenos avances, la joven promesa se encontraba por el momento muy bien contenida. Un doble enganche de Carrizo al borde del área desairó a Rosales y su centro fue mal rematado por Chávez, quedando en manos de Navarro. El negocio de Boca comenzaba a verse por ese sector, ya que el lateral se veía superado cuando lo desbordaban de a dos.
El juego se hizo más bien peleado de entrada, con los de Pellegrino haciendo lo que mejor saben: impedir que el juego sea fluido con un muro de contención en el mediocampo y demasiadas patadas que de a poco iban subiendo en agresividad. Un buen pelotazo largo para Chávez llevó peligro pero el delantero fue comido muy bien por Schunke y Desabato sin falta. Estábamos ante el clásico esquema de equipo chico que viene a la cancha de un grande a refugiarse y a tratar de aprovechar una jugada aislada y un local que sale a jugar bien abierto y sin ningún tipo de mezquindad. Algo que está en el gen de Estudiantes de La Plata pero que sorprende por el predominio de muy buen pie que tiene del mediocampo en adelante.
Desabato y Damonte comenzaron su patético show para sacar de partido a Osvaldo. Un codazo del ex Gimnasia de Jujuy - ferviente lamebotas de Verón- le dejó al delantero de Boca una marca en el torso y un malhumor muy grande. Abal no advirtió la acción, con lo que la bronca del ex Juventus e Inter fue mucho mayor todavía. La fórmula del visitante era repetitiva y de a ratos eficaz: tuvo el primero con una buena corrida de Cerruti por la derecha que terminó en un muy buen centro al punto penal que Vera peinó. El balón pasó a Sara pero dió en el palo para caer de nuevo en las manos del muy buen arquero de Boca. A los 17' había llegado el primer sobresalto y el Xeneize necesitaba responder para evitar el crecimiento de un equipo que le hacía las cosas muy complicadas.
Meli tomó la lanza y abrió con Peruzzi, centro de tres dedos de este que rebota en un rival y le queda a Chávez. Por querer acomodarse de derecha, el Comandante no logró darle de lleno y terminó mandándola demasiado alto. Avisaba Boca que se venía un vendaval: Meli nuevamente abrió con Colazo, enganche y centro que conecta Chávez con mucha potencia. Desabato llegó muy bien a cortar cuando la pelota se dirigía al arco sin que Navarro pudiese hacer demasiado. Los dos equipos mostraban buen manejo de la pelota, pero con ideas absolutamente opuestas que en este momento del partido colisionaban directamente y hacían que todo resultase en un entretenido ida y vuelta. El monopolio en posesión era de Boca que buscaba armar los huecos y explotar en 3/4 por las bandas mientras que Estudiantes apostaba a las ráfagas de Cerruti y la movilidad de Vera adelante.
Pérez no estaba jugando un partido brillante pero lograba distribuir bien el balón. La raíz de esto era un problema físico, que evidenciaba una recuperación a la que le falta un poco más todavía. Boca transicionaba muy bien sin duda alguna, pero podía acelerar un poco más todavía y así establecer la visible diferencia en el marcador. Por el momento, las bandas carecían de explosión por lo que Osvaldo quedaba demasiado aislado y se limitaba a correr y a meter sin parar para evitar que el contrincante saliese de contra. Una buena apertura para Chávez, centro y Carrizo la empujó abajo del arco para que la hinchada quedase con el grito atragantado. Apenas alta en un momento en el que el Pincha estaba en su salsa: había logrado sin el balón ni la iniciativa empantanar un partido que se le hacía cuesta arriba.
Llegó el tan hablado incidente entre Desabato y Osvaldo, en el que claramente - lean los labios en las imágenes- el defensor (y mito armado por los relatores, porque de fútbol bien gracias) insultó a la mujer del delantero y le dijo una boludez estilo de "yo juegue en la Selección y vos no". El delantero, ni lerdo ni perezoso, levantó un poquito de pasto y se lo ofreció para que coma un poco. Abal cortó por lo sano, quitó del medio a un histérico Damonte, y amonestó a los dos. La actitud de estos dos jugadores contra Osvaldo se enmarca dentro de lo que siempre hacen y que a esta altura aburre al por mayor. Bueno estaría que se dedicasen a jugar al fútbol sin recurrir a esas trampas que patentaron Bilardo y Zubeldía hace ocho millones de años.
Osvaldo comenzó a crecer tras el incidente, salió del área y sirvió como pivote para que la pelota circulase hacia los costados. Boca se empezó a mostrar más incisivo con el tándem Carrizo-Peruzzi y Colazo por el otro lado, ya dominando con mucha claridad en este tramo a un equipo echado atrás parte por empuje rival y parte por decisión propia. Chávez se tiraba seguido hacia el mediocampo y armaba un 4-2-3-1, con Meli y Erbes como doble cinco.
Meli-Carrizo-Peruzzi-Meli y centro que termina en nada. Todo a un toque y en velocidad, jugada sin incidencia pero que mostraba algo: la sociedad entre estos 3 jugadores estaba aceitada y Estudiantes comenzaba a padecerla por la izquierda. Torsiglieri cruzó muy bien ante una entrada de Vera, mostrando una vez más un nivel impecable y manteniendo la vara bien alta. Osvaldo le armó muy bien el carril del medio a Pérez que no aprovechó la asistencia y remato un poco ancho. Se acercaba Boca, el gol estaba al caer.
Y lo dicho, hecho: Osvaldo fue a pelear una pelota, le quedó a Erbes y el Pichi sorprendió a propios y extraños con un remate impresionante de media distancia que tomó una curva perfecta y bajó justo a espaldas de Navarro. El arquero no pudo hacer nada ante la violencia y la colocación del disparo que ponía a Boca 1-0 arriba de una forma poco esperada pero muy merecida. Moño para un muy bien primer tiempo de Erbes, que hace rato andaba necesitando un muy buen rendimiento como mediocentro.
El partido se encendió y Estudiantes quedó K.O en tan solo dos minutos: Carrizo abrió con Peruzzi, centro atrás por lo bajo y Osvaldo de primera la cruzó bien lejos de Navarro para decretar un 2-0 que hacía justicia al partido. Toda la calidad, oficio y tranquilidad del delantero de la Selección de Italia para marcar su sexto gol en Boca y seguir pagando con creces - goles y muy buen juego- la confianza que el hincha depositó en él desde el primer día. Boca lo definía en una ráfaga y era coherente con su propuesta, pues a diferencia de Estudiantes no había salido a ver que pasaba.
Los primeros 45' terminaron con una buena jugada por la banda y un centro de Carrizo que Chávez no llegó a empujar por muy poco. Bajaron los aplausos y el Vasco sabía que para el segundo tiempo lo que sería necesario por sobre todas las cosas era aplomo para manejar la ventaja y saber no entrar en las provocaciones que viniesen de enfrente.
El segundo acto de este partido empezó con un centro peligroso muy bien controlado por Sara sin dar rebote. Es un placer tener un arquero que sale bien en toda pelota aérea, que tiene un juego de pies maravilloso y que vuela de lado a lado sin complicaciones físicas. Meli y Osvaldo construyeron a un toque y el delantero habilitó a Chávez, que de no haber buscado el caño habría quedado cara a cara con Navarro.
Sara intervino de nuevo, esta vez como líbero ante un buen pase largo de Aguirregaray para Vera. Estudiantes había salido de la cueva, aunque no desarmado el muro en el círculo central, pero esto significaba que los espacios iban a aflorar. Meli comandó nuevamente un contragolpe, tocó con Osvaldo, éste abrió para Chávez que sin demasiado ángulo se la tiró a Carrizo. La definición del ex Rosario Central no fue la mejor, pues estaba más incómodo todavía de cara al arco.
Meli y Erbes estaban haciendo un gran partido, con mucha movilidad y siendo siempre salida para el equipo. Un trabajo compartido en el que los dos eran mediocentro y cinco clásico. Pérez tocó con Peruzzi que profundizó más con Carrizo y el Pachi no pudo encontrarlo de nuevo más allá de un lujoso taco que se terminó yendo por la línea de fondo. La Bombonera alentaba y aplaudía, porque veía como su equipo retomaba la senda del muy buen juego a un toque, con posesión y profundidad, rotaciones posicionales, muy buenas triangulaciones tanto en ataque como en la salida, marca escalonada para no permitir avances progresivos y una dinámica fenomenal en toda la cancha. Se podía ver como el equipo se hacía tan ancho como largo debido a los espacios que aparecían y que generaba, algo lógico más allá de que haya preocupado por unos minutos al Vasco Arruabarrena.
Aguirregaray era ahora lo mejor de Estudiantes: buen avance con apertura para Cerruti que Torsiglieri cortó con mucha tranquilidad. Erbes recuperó en 3/4 y cedió al pie para Osvaldo, que remató a colocar y vió como el balón salía rozando el ángulo. De inmediato, Chávez arrancó a toda velocidad y armó una linda pared con Meli. Toque para Osvaldo pero antes de que sacase el latigazo su marcador se la pudo pellizcar y evitar una situación de extremo peligro.
Boca mostraba su superioridad en todas las líneas, marcando una diferencia clave en velocidad y calidad a la hora de mover la pelota. La idea se consolida a cada partido y más allá de algún bache entendible - nadie puede jugar igual todos los partidos, pues no todos son iguales y menos en nuestro fútbol- muestra una muy saludable tendencia a asumir todos los riesgos jugando siempre por abajo, con velocidad y posesión a todo momento. La rotación entre Chávez y Carrizo era clave en un segundo tiempo que se jugaba al ritmo que Boca quería, con el balón yendo de lado a lado y el rival corriendo detrás.
Erbes salió muy bien desde el fondo y dejó mal parado al fondo de Estudiantes. Manotazo de Aguirregaray y roja muy correcta por segunda amarilla. El nerviosismo del Pincha se hacía notar en los insultos que el expulsado intercambió con un compañero, que le recriminó por la primera amonestación. Cristaldo ingresó por un Pérez con alguna molestia que deberá ser analizada por los médicos del club, pero que en su regreso no había desentonado más allá de no brillar.
Un ejemplo de como Boca sabe triangular sobre los costados: la jugada corta que armaron Meli, Osvaldo y Carrizo en la banda derecha. Estudiantes se mostraba al borde de un ataque de nervios, pegando en exceso aún para sus estándares habituales y exponiéndose a recibir una goleada. El local seguía defendiéndose con la pelota bajo la suela y llegó el codazo de Auzqui sobre Carrizo. Roja directa y bastante estúpida para el volante que dejaba a su equipo con nueve jugadores. Gil Romero ingresó por Vera, que fue de los poco que trató de hacer algo más que pegar y defender.
Osvaldo fue derribado en el borde del área, Abal dejó seguir bien y Chávez estuvo a punto de meter el tercero con un lindo remate a colocar. Marín entró por Peruzzi, ovacionado tras una muy buena labor en su regreso tras la lesión pos debut hace dos semanas. Merecido descanso para el muy buen lateral, que en su pico es de Selección sin dudas, tras un partido en el que contuvo los embates por su sector y desbordó sin parar abriendo surcos a lo loco. Osvaldo le cedió su lugar a Calleri, ganándose una estruendosa ovación de pie, afianzando a base de entrega, inteligencia, oficio y golazos una relación irrompible con el hincha. Más allá del aplauso, estaba amonestado y con el partido liquidado el Vasco no se quiso jugar a que lo hagan entrar en alguna pavada. Otra presentación acorde a su calidad: muy lindo y decisivo gol y con mucha entrega y juego posicional lejos del área en el momento en el que todo estaba congestionado y el balón no le llegaba.
Meli encaró por el centro, abrió para Marín que bien fresco desbordó sin problemas y tiró un muy buen centro atrás al corazón del área. Cristaldo entró como una locomotora y remató bien abajo, seco, como indica el manual, para poner un 3-0 que se acoplaba a la fiesta que era la tribuna. Un partidazo de Boca, que en el momento en el que había que luchar lo sacó adelante y que nunca dejó de tocar y rotar para lograr este muy buen triunfo.
El equipo toqueteaba al ritmo del "ole" que bajaba de todo el estadio. Calleri se la rebotó a Meli y el volante remató cruzado pero a las manos de Navarro. Boca se mostró muy inteligente y supo como no sentir tanto las ausencias de Gago y Lodeiro - en especial la de Pintita, su líder- con una fórmula eficaz: Erbes y Meli adelantados, Pérez suelto como mediapunta, con los extremos y laterales yendo y viniendo sin parar y con Osvaldo saliendo del área para hacer ancho el juego. Prácticamente, como ya mencionamos, un 4-2-3-1 con muy buen uso de las bandas pero con el detalle de que el armado de las jugadas se realizó en el callejón central del campo. Calleri tuvo una más pero su cabezazo tras centro de Cristaldo se fue demasiado alto y llegó el pitazo final acompañado por el rugido habitual tras una victoria pero con una predominancia de aplausos y mucha tranquilidad. Muestra de carácter, como dicen otros entrenadores, pero además con muy buen fútbol, eficacia y una intensidad que no son negociables. Así este Boca superó el mal trago de la fecha anterior, se colocó a un punto del primero y demostró que puede bailar a un equipo siempre peligroso y ganador como Estudiantes. Pero por sobre todas las cosas, confirmó que el rumbo a seguir es el marcado por Arruabarrena desde el día en que asumió y que en este 2015 está viendo - y con creces- como esa idea da muy buenos frutos.








































