En un Monumental repleto, sin una sola silla vacía, River Plate se enfrentaba a Nacional de Medellín por el partido de vuelta de su primera Final internacional en 17 largos años. Tras un 2014 donde había vuelto a conquistar el título local tras su paso por el Nacional B, buscaba cerrar la temporada con una copa más en sus vitrinas. Todavía peleando el torneo local, aunque sin depender de sí mismo, y buscando recuperar el nivel que había exhibido en el arranque de la temporada y del cual se había alejado por tres cuestiones: la lesión de Kranevitter, algunos malos rendimientos individuales y el lógico cansancio de un plantel demasiado corto.
Marcelo Gallardo tenía ante sí la posibilidad de ponerle un broche de oro a sus primeros seis meses como entrenador del club de sus amores. Para ello dispuso de su once de gala: Barovero; Mercado, Pezzella, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Rojas; Pisculichi; Mora y Teo. Un 4-3-1-2 que ya sale de memoria y que en los partidos recientes - en especial contra Banfield- había exhibido algunas de las características que lo llevaron a encandilar a todos hace unos meses. Gallardo y el equipo necesitaban que el juego por abajo, la velocidad en las transiciones, el retroceso y ataque en bloque y el juego con volumen por las bandas regresasen en su máximo esplendor para poder derrotar a un rival que jugaba realmente bien. Juan Carlos Osorio utiliza el mismo 4-3-1-2 pero posee un enganche mucho más clásico y es un fundamentalista - para bien- del juego al ras del piso. No iba a resignar su idea ni en el peor de los escenarios y eso prometía buen fútbol para una noche especial. Su once fue el siguiente: Armani; Bocanegra, Nájera, Henríquez, Juan Valencia; Bernal, Mejía, Farid Díaz; Edwin Cardona; Berrío y Ruíz. Un mediocampo sin un verdadero cinco o mediocentro sino con tres jugadores bien ligeros, ideales para recuperar velozmente y salir disparados por los costados. Cardona sería el eje del juego, el dueño de la pelota, un jugador muy talentoso y con la pausa necesaria para bajar el ritmo cuando las cosas se complican. En intensidad, es otro velocista y de a ratos se para como un delantero más armando un 4-3-3 punzante. La idea era salir a proponer y a atropellar desde el primer minuto, como en Colombia donde habían tenido una primera mitad de ensueño en la que redujo a River a una de sus peores expresiones en todo el semestre.
Pero fue el local el que comenzó con todo: manejando la pelota y yendo al frente sin parar. Nacional presionaba alto, es parte de su esencia, pero no lastimaba mientras que River tenía otra actitud. Ahora también se plantaba adelante de la mitad de la cancha y atacaba por todos lados. La primera la tuvo Pisculichi, con un tiro libre idéntico al de aquel 4-1 contra Independiente por el torneo local. Su disparo fue calcado y, por ende, perfecto; al corazón del área, bien cerca de un Armani que despejó con mucha lucidez con los puños. La presión constante daba sus frutos y le permitía a los de Gallardo liberar a Pisculichi, que nunca fue un enganche clásico sino más bien un falso nueve o un tercer delantero que flota adelante de Teo y Mora. Nacional de a poco se fue acomodando y con sus salidas veloces generaba sobresaltos, especialmente por alguna que otra duda de los centrales en el momento de retroceder.
La idea de River era clara: salir con un pelotazo cruzado para Sánchez, que recostado en la banda derecha generaba un caos en cada avance. Había que evitar el tránsito lento en el mediocampo y la mejor solución era romper por lo alto y luego sí empujar con la pelota al ras del piso. Cardona tuvo su primera clara con un buen centro para Bocanegra que Pezzella pudo despejar sin problemas. El 10 provocaba infracciones cerca del área ya a los 5' y era el máximo peligro de Nacional por el momento. Un tiro libre a colocar suyo se fue apenas alto, una pequeña tregua en un partido de ida y vuelta que no paraba. River buscaba trasladar un poco más de lo habitual, esperando pacientemente hasta que uno de los extremos o delanteros se desmarque y abra el surco por donde colocar el pase filtrado. La mencionada trabazón en el medio hacía que el juego de a ratos no fuese fluido y que el escenario no se terminase de armar por completo.
A los 9' Pisculichi lanzó un otro fenomenal tiro libre que Armani volvió a rechazar, pero esta vez el rebote fue a parar a los pies de Sánchez que con una volea muy potente forzó una vez más al joven portero argentino. River anulaba el mediocampo de Nacional y le impedía salir limpio con una buena presión de sus atacantes, por lo que el toqueteo habitual de los colombianos brillaba por su ausencia. Un poco por el ambiente y otro por la buena labor del equipo del Muñeco, los de Medellín no estaban dando la talla que requiere un partido tan importante. En 11', River dispuso de otra ocasión franca de gol: una excelente triangulación entre Funes Mori, Mora y Vangioni, que culminó con un centro de este para Teo. El delantero llegó demasiado forzado y su cabezazo se fue por encima del travesaño.
Tras el titubeo inicial Nacional se plantó en campo rival y atacó sin miedo pero no con mucha fortuna. Ambas equipos se replegaban bien, muy preocupados por no dejar demasiados huecos. Vangioni y Mercado subían cada vez más seguido, en especial este último, y tenían en Pisculichi la primera opción de descarga siempre. Con la cabeza levantada y la pelota atada al pie izquierdo, todo ataque de River comenzaba en el ex jugador de Argentinos Juniors. Mora y Teo estaban demasiado aislados, por lo que se retrasaban muy seguido para contactar con la pelota. Iban 15' y el colombiano se desmarcó muy bien tras recibir un pase de Sánchez y disparó cruzado, a quemarropa, para chocar otra vez con Armani que ya era la figura del partido.
Si uno miraba el trámite, se podía decir que era parejo pues los dos se buscaban constantemente. Pero la realidad era que River había contado con las mayores y mejores situaciones y que merecía estar arriba en el marcador. En el mediocampo, se repetía la historia de siempre: Ponzio perdía muchas pelotas y tardaba una eternidad en dar un pase, por lo que el local perdía volumen y sorpresa al mismo tiempo. Mucha patada pero muy poco juego para el cinco, que más allá de todo era innegable que le metía muchas ganas en cada jugada. Nacional intentaba salir con la pelota dominada y cambiar el ritmo de la mitad hacia adelante. A los 20' Funes Mori pifió muy mal y perdió en la medialuna de su área. Tuvo suerte de que el disparo no haya sido tan bueno, pero era la primera señal de advertencia para los de Nuñez. No se podían relajar ni siquiera por un segundo.
Los volantes y delanteros se cargaron muy rápido de tarjetas amarillas, pero lograban evitar la salida rápida de su rival. Los de Osorio respetaban su idea y se plantaban en 3/4 pero eran demasiado livianos considerando las aspiraciones con las que habían llegado al Monumental. El negocio igualmente era todo suyo: 25' de juego y tras haber dependido en exceso de su buen arquero, todavía mantenían el cero. El mediocampo y el ataque de River estaban demasiado separados, las transiciones ya no eran tan rápidas y el impulso inicial se había diluido provisoriamente.
Mora avanzó y cedió para Rojas quien a un toque hizo la pared perfecta. El chileno siguió hasta el fondo y centró para Teo: su palomita fue buena y tenía dirección pero Armani estaba bien ubicado una vez más. Y River aceleró de nuevo: en ya 30' un horror de Nacional en la salida le permitió a Teo recorrer hasta el área. Enganche de crack y remate a colocar que confirmó que Armani estaba imbatible, pues su tapada fue más que fenomenal. Al minuto, Ponzio robó muy bien y tocó rápido otra vez para Teo que con un zurdazo sacudió a Armani pero no pudo vencerlo. Solvencia pura la del arquero del equipo visitante, que seguía en partido solo por culpa suya.
River estaba mucho más rápido y jugaba muy bien sin duda alguna. Las transiciones habían vuelto a ser las de aquel inicio de campeonato y el mediocampo por primera vez en mucho tiempo tenía volúmen, quite y velocidad a la hora de salir. Rojas y Mora se enchufaron definitivamente y Teo mostraba un olfato y unos movimientos dignos de su clase. Faltaba solamente el gol, ese grito que merecía hace largo rato. Pero Funes Mori, de regular partido hasta allí, tuvo una grosera falla saliendo con pelota dominada y se la regaló a Cardona. El enganche tocó para Ruíz con un taco magistral y el remate cruzado del delantero no entró por obra sagrada. Casi un golazo de Nacional que habría sido un balde de agua helada, pues no tenía el dominio del partido ni era profundo en sus ataques.
En 33' Teo robó muy bien aprovechando un error prácticamente espejado del de Funes Mori y tocó para Mora. Armani llegó antes y evitó lo que parecía inevitable ya a esta altura. Pero el hermano de Rogelio tenía más cartas bajo la manga: otro error infantil, Ruíz encara y frena con mucha facilidad y un centro picante que Barovero controló centímetros antes de que Berrío pudiese tocar al gol. Pero el vendaval no había pasado: Ruíz volvió a ser protagonista, ahora combinando con Bernal, que aguantó de espaldas al arco y tocó para Cardona. Control y entrada al área sin dificultades ni marca y un disparo bajo que Barovero saca muy bien con el pie derecho. Se ahogaba otra vez el grito de Nacional, que había tenido tres bien claras y emparejado el partido por una sucesión de malas decisiones de Funes Mori. El primer tiempo cerró con Teo desperdiciando un mano a mano por adelantarla demasiado ante un Armani que se erigía como la Muralla China ante cada intento del local.
La segunda parte arrancó con un tiro libre peligroso para Nacional que Valencia desperdició por tirar demasiado al medio. Sin problemas para Barovero que había intervenido poco pero en cada jugada de riesgo había sido clave otra vez. Funes Mori seguía mal y otra pérdida suya no derivó en una situación de peligro solo porque nadie llegó a cortar hacia atrás. El central a los pocos segundos regaló la pelota nuevamente y frenó el contragolpe con un duro foul que le valió la tarjeta amarilla. El defensor ponía en aprietos a sus compañeros de zaga que venían haciendo una buena labor y tenían que muchas veces dejar sus tareas para cubrir sus torpezas.
River no tenía juego una vez más, parecía golpeado por los errores individuales y no se metía de nuevo en un partido que era complicado pero que estaba al alcance de sus manos. Un buen quite de Ponzio terminó con un remate alto de Mora a los 50' que expresaba la confusión y el apuro en el que los de Gallardo estaban sumidos. La distancia entre los tres sectores de la cancha era muy grande y eso forzaba a que los volantes recorriesen metro demás en orden de mostrarse como salida o de tratar de conectarse con los delanteros. Nacional era la contracara: prolijo y mucho más claro que en la primera mitad, con la salida clara y una soltura interesante en ataque que se traducía en latigazos después de cada recuperación en el círculo central.
Y cuando peor estaban las cosas para River llegaron los goles: el primero fue tras un corner ejecutado a la perfección por Pisculichi que encontró a Mercado en la posición ideal. Cabezazo potente, esquinado, inatajable ante la mirada de los defensores y el fastidio de Armani. Un lindo gol de pelota parada, un 1-0 merecido por el buen trabajo del primer tiempo y la persistencia a pesar del bajón en estos minutos. Apenas un minuto después, Piscu tomó la pelota y remató de media distancia, haciendo que Armani se luzca de nuevo cuando el esférico entraba sin problemas en el ángulo. Otro tiro de esquina magistralmente ejecutado, salto de Pezzella - que algo sabe de como ganar en el área- y un cabezazo casi idéntico al de Mercado. 2-0 lógico para River y partido liquidado, en una ráfaga, cuando el cansancio y algunas dudas comenzaban a aparecer en el horizonte.
Pisculichi había sido el autor real de los dos goles, con su pegada maravillosa. Cuando no había juego, fue el que se iluminó y marcó el camino, el que le dio las respuestas necesarias a un equipo aturdido por los primeros buenos minutos del contrincante. De aquí en más, River fue oficio y tranquilidad ante la desesperación de Nacional que aun no podía entender como se le había escapado el partido en tan poco tiempo. Vangioni levantó al estadio con un quite sensacional, y remarco esto porque el lateral fue clave para anular a Berrío quien había sido figura en el partido de ida. El ex Newell's tapó su banda y se sacrificó al no pasar tanto al ataque, logrando que el delantero desaparezca por completo de la cancha. River entretenía la pelota de lado a lado, el partido estaba terminado pues Nacional no podía encontrarle la vuelta siquiera para presionar y forzar algún error.
Otro gran centro de Piscu por poco termina en un golazo en contra de uno de los centrales. Cavenaghi entró para que Teo se vaya ovacionado tras un muy buen partido, en especial en el primer tiempo aguantando, creando situaciones y definiendo muy bien. No marcó porque Armani estuvo intratable, pero el colombiano dejó una gran imagen y todo el sudor en la cancha. Los de Osorio parecían más inofensivos que un combinado de sparrings a esta altura de las cosas y los festejos en las tribunas y en el banco se desataron. Kranevitter entró un ratito por Ponzio que se ganó una ovación por su entrega - no por el juego, claro está- y Piscu tuvo una más: un tiro libre con mucha rosca que el arquero tocó para evitar el tercer gol de la noche. Funes Mori se dio el lujo de cometer un penal más grande que el Monumental que fue ignorado olímpicamente por el árbitro y Driussi entró por Pisculichi, que se ganó la ovación de la noche. Sánchez centró a la carrera para Cavenaghi, pero el delantero en muy buena posición entregó un frentazo demasiado anunciado. Se terminó el partido tras esa acción y llegó para River el merecido desahogo. Sí, 17 años después...
River obtuvo la Copa Sudamericana con una muy buena y justificada victoria sobre un duro rival como Nacional. El regreso al éxito en el terreno internacional y la posibilidad latente de repetir el título local este domingo, son indicadores de que podemos estar ante el inicio de una era en la que River sea el equipo dominante que supo ser décadas atrás. La temporada que viene, tendrá muchos desafíos nacionales e internacionales para consolidarse, pero además de mantener esta base será imperante que traiga un refuerzo por sector de la cancha. Quedó demostrado que con un plantel tan corto, uno queda atado a los rendimientos individuales y a que ninguno se lesione o falte por una convocatoria a su seleccionado o por la razón que fuere. Por lo pronto, los primeros seis meses de Gallardo han dejado, además de la copa y un posible campeonato, algo muy importante: la confirmación de que se puede jugar bien y ganar al mismo tiempo. De que - y esto más allá de los altibajos que tuvo en su rendimiento- se puede salir de la filosofía barata y bilardista (que son sinónimos) de que "Hay que ganar como sea". Con un arranque rapido, furioso y lujoso que enloqueció e ilusionó a todos los que amamos el fútbol; un intermedio más bien pragmático en el que debió apelar a la garra, a la voluntad y a la suerte (siempre necesaria) por no poseer caudal de juego ni demasiadas ideas; y un cierre con una mejora notable que comenzó tibiamente contra Racing, siguió en el gran segundo tiempo contra Banfield - ambos partidos con equipos más que alternativos- y que se terminó de confirmar en este partido definitorio. Gallardo ha sido siempre fiel a su idea, aunque es cierto que a veces no ha sabido reconocer que su equipo no estaba jugando bien y que algunas cosas habían cambiado desde esos primeros partidos avasallantes. Se espera que siga mejorando y que termine de tatuar esos nobles valores en la piel de sus jugadores. Una tarea siempre complicada, pero que se va a hacer más simple tras un muy dulce primer paso.








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