domingo, 28 de diciembre de 2014

Newcastle 3 - Everton 2: La maldición de un gran equipo; Siempre del lado de los que honran al fútbol


En el último partido de la fecha 19 de la Premier League, el Newcastle United de Allan Pardew recibió en su estadio al Everton de Roberto Martínez. No es noticia que el equipo del entrenador español es uno de los que más pregona el juego de posesión en el mundo y uno de los que mejor lo lleva adelante en términos estéticos. Si volviésemos el tiempo atrás, apenas una temporada a la idílica 2013/14, diríamos que también lo es en lo que se refiere a los resultados. Un sorprendente quinto puesto y un estilo - agresivo y elegante al mismo tiempo- que deslumbró a todos fueron el sello de presentación de Martínez en el club de Liverpool. La clasificación a la Europa League y la idea de mejorar lo hecho, que de por sí es histórico, eran la motivación que tenía este equipo de cara a la nueva temporada que acaba de llegar a su punto de inflexión en este breve parate por fin de año. Lamentablemente, si bien los jugadores que ya estaban y los nuevos que se incorporaron han entendido el mensaje de su DT a la perfección, los resultados ya no están de su lado. Este Everton deambula por la mitad de la tabla y corre serios riesgos de comenzar a caer un poco más profundo si no logra cambiar a tiempo. La defensa no es para nada sólida y los delanteros no consiguen capitalizar la innumerable cantidad de situaciones de gol creadas por partido. Los escasos 21 puntos cosechados - y un comienzo apenas pasable en su grupo de Europa League- no han impedido que los pilares del estilo de Martínez sean derrumbados, en lo que habría sido una actitud cobarde y aburrida. Hay una prolijidad casi militante a la hora de tratar la pelota, se rotan las posiciones constantemente, se presiona siempre bien arriba y es fija la idea de que todo debe hacerse al ras del piso. Todas cuestiones que desde este lugar aplaudimos de pie, y más todavía en los malos momentos. 

El también irregular Newcastle de Allan Pardew (que zafó de ser despedido tras varios meses de injustas campañas mediáticas que tuvieron su eco en los hinchas y sus carteles con la frase "Sack Pardew") lo esperaba casi con los brazos abiertos en el St. James Park. Un equipo que si bien posee un juego mucho más directo que el del Everton, también privilegia el talento y el buen trato del balón por sobre todo lo demás. Entre sus victorias más resonantes de la temporada se encuentra el haber podido quitarle el invicto al magnífico Chelsea de José Mourinho hace unos pocos partidos. Pero más allá de eso, su recorrido ha consistido en más sombras que luces, aunque es cierto que ha podido encontrar el equilibrio merced de una sucesión de buenos resultados y una notable mejoría en el juego alcanzando los 26 puntos.

Martínez buscaba que sus dirigidos no recibiesen su tercera derrota consecutiva y en el medio de un proceso de rotación por las doble competencia plantó un 4-4-1-1 sin varias de sus grandes figuras: Joel; Coleman, Distin, Alcaraz, Garbutt; Baines, Barry, McCarthy, McGeady; Eto’o; Kone. La idea era ser compacto en el retroceso para evitar que los contragolpes del Newcastle hiciesen mucho daño, en especial por las bandas. Eto'o se sitúa ya prácticamente como enlace varios pasos detrás del o los delanteros de punta cuando inicia las jugadas y una vez que se desprende del balón se convierte en referencia de área. Baines y McGeady tendrían el deber de cubrir los costados y además de liberarse en ataque y tratar de romper hacia el centro de ser posible. Pardew dispuso de su tradicional 4-2-3-1 para volverse a encontrar con la victoria tras 4 partidos: Alnwick; Janmaat, Williamson, Coloccini, Dummet; Tioté, Colback; Pèrez, Sissoko, Gouffran; Cissé. Doble pivote con llegada al área, tres extremos libres y rotando posiciones entre sí constantemente y un delantero de área que también recorrería todo el frente de ataque buscando las espaldas de los centrales.


El primer tiempo comenzó con el Everton presionando bien arriba, pero con ambos equipos prestándose la pelota en busca de una buena apertura de la cancha. La circulación en el equipo visitante estaba muy aceitada, algo que no debe extrañar a nadie, moviendo la pelota de lado a lado sin entrar en ningún tipo de apuro. Un error de Sissoko en el medio se convirtió en la primera aproximación del partido: un centro bien lanzado que Coloccini pudo despejar con solidez. Unos minutos después, Eto'o bajó para comenzar la jugada, avanzó y abrió perfecto para McGeady. El resto fue una sinfonía: centro preciso para Koné que anticipó a su marcador en el primer palo para poner el 1-0 en apenas 5'. Dirá muchos que no era algo merecido, pero el haberse parado de entrada con los centrales en campo rival había surtido efecto.

El Newcastle pudo asimilar el golpe y de a poco se fue acomodando en el partido. Pero la pelota era toda del Everton y también las situaciones: un disparo de Eto'o en 9' se fue cerca del palo derecho de Alnwick. El trabajo del camerunés es algo que siempre debe destacarse y más si se considera la edad que tiene. Se ha reinventado como una combinación entre enlace y delantero de área que busca iniciar todas las jugadas y acompañarlas hasta su finalización. Hace de pivote, de descarga, para todos sus compañeros y luego intenta dar unos pasos más adelante para volver a recibir el balón. 


A los 11' llegó el primer aviso del local: Cissé ganó muy fácilmente un tímido pelotazo frontal y dejó solo a Sissoko que no pudo controlar la pelota y fue aventajado por Robles que la envió al córner de un manotazo. El Everton se empezó a ir para atrás por la presión de los locales, que se mostraban dispuestos a empatar aún al coste de abrir muchos espacios para que los sorprendan de contraataque. El centro y los costados pasaron a ser autopistas para los extremos y la posesión del esférico ahora era mucho más pareja. Un remate de Cissé a los 15' fue el segundo aviso, pero hasta allí la línea de 4 visitante resistía los desordenados embates de los Tooneys

De la mano de Ayoze Pérez, Cissé y Sissoko, los de Pardew habían acorralado a su rival contra su arquero. Muy buen nivel de los tres, atacando siempre, con mucha movilidad y rotando posiciones sin parar. El buen toque del Everton se daba por descontado, pero su gran pecado era no lograr dar bien el pase final. La falta de precisión patalógica ya en 3/4 de cancha le dió a su contrincante mucho aire y al mismo tiempo armó un ida y vuelta que terminó por serle agobiante. Gouffran centró con mucha calidad a los 20' y el rebote tras el despeje no pudo ser aprovechado por Ayoze que empezaba a emerger como una de las figuras de la tarde. El Español volvió a ser protagonista de una maniobra de peligro unos segundos después, con un centro que tenía buena dirección pero no pudo ser conectado por nadie. 

El Everton salió del asedio por un rato con una gran jugada que comenzó con una limpieza impecable en el mediocampo a un toque, siguió con un pase filtrado digno de un verdadero crack como Eto'o y terminó con un remate de Coleman en velocidad que Alnwick pudo enviar al córner con las yemas de los dedos. Una construcción con la huella de Roberto Martínez que le devolvió el protagonismo a los de azul y blanco. Acto seguido Eto'o se la bajó con una facilidad pasmosa a Koné que no logró girar dentro del área ante la atenta marca de Coloccini. 

La virtud del local era la velocidad en la salida cada vez que podía robar en el círculo central. La transición al ataque se hacía muy rápido y a un toque, sin trasladar en exceso la pelota. Todo esto forzaba a los cuatro mediocampistas rivales a cortar con juego brusco demasiadas veces. A los 29' Cissé zafó de una roja directa por un codazo descalificador a Coleman que el árbitro no pudo ver por estar demasiado tapado. El Newcastle no tenía orden ni tampoco era demasiado ortodoxo, pero su actitud llenaba el St. James Park para la euforia de su hinchada. Iba e iba sin cesar ante un Everton que resistía pero que minuto a minuto veía como el empate estaba muy cerca de sus puertas. 


Y a los 34' llegó la lógica y nunca más se fue del partido: centro pasado que Williamson salvó con una estirada magnifica y bien fotogénica, pelota que queda boyando cerca del área chica y definición letal y seca de Cissé ante un arquero vencido. Un 1-1 justo que encontraba sus razones en la presión del equipo local y en la falta de ideas y de resolución - y hasta de actitud por varios ratos- del Everton. 

Baines intentó un 1-2 con Barry que fue muy bien tapado por Coloccini en el borde del área. El ataque en bloque del Newcastle había dejado groggy al Everton, que carecía de respuestas para afrontar la situación. Intentaba agarrar la pelota, pero ya ni eso podía protegerlo del vendaval que tenía enfrente. Koné tuvo un buen cabezazo pero no logró darle dirección al remate. El partido no era atractivo en lo que refiere a lo estético pero si en intensidad, pues ambos comenzaron de nuevo a intercambiar golpes sin preocuparse mucho por defenderse. Eto'o, eje del fútbol evertoniano, abrió para McGeady pero su disparo se fue por encima del larguero. 

El Everton mostraba un toqueteo impecable cada vez que se hacía de la pelota, pero lo que generaba - esas ventanas por donde entraba algo de aire- no lo concretaba en una tendencia que se está haciendo imposible de soportar para los jugadores y el cuerpo técnico. El final de la primera parte nos entregó una gran pase aéreo de Ayoze que Janmaat definió bastante apurado y mal ante Joel. El Newcastle se mostraba más vigoroso, algo que intentaría consolidar en la segunda mitad.

Los segundos 45' comenzaron con un cambio: Barkley, la joyita de Inglaterra y un pedazo de jugador - claro-, en lugar de McCarthy. Martínez introducía una variante ofensiva para darle más verticalidad a su equipo. En los primeros minutos, Eto'o siguió bajando para armar juego, en especial tratando de abrir hacia la derecha que fue por donde el Everton consiguió sus mejores momentos. Barkley encaró y espero a Koné, para dársela con muy buen timing. El marfileño regateó y lanzó un centro al medio que fue rechazado. Sissoko devolvió el golpe con un centro lleno de efecto que Gouffran anticipó muy fácilmente entre los centrales. Robles tuvo muchos reflejos y velocidad de piernas para evitar un segundo gol que nuevamente empezaba a rondar sus dominios.


Fue a los 50' cuando el partido se complicó para el Everton de manera casi definitiva: los extremos presionaron muy bien a Barry, que buscaba salir por lo bajo, y forzaron una muy mala entrega suya. Toque veloz para Ayoze que amaga y luego define al primer palo por debajo de las piernas de varios jugadores del Everton. Un 2-1 que se debía más que nada a un error de lectura de parte de Barry, ya que el momento invitaba a despejar la pelota en vez de salir jugando. Una cosa es ser dogmático y respetar el ideal de juego, algo con lo que acuerdo, pero otra es no poder ni saber salirse del guión cuando las cosas se ponen difíciles.

El Newcastle no paraba de presionar, sabiendo que era el momento para terminar con el partido. Sin ser un equipo brillante, mostraba personalidad y dejaba en claro que había olido sangre. Los de Martínez recuperaron de a poco el balón y siguieron avanzando de manera progresiva - y no por ello evidente o anticipable, pues lo hace muy bien- desde atrás, pero chocaban con su propia ineficacia al llegar al área contraria. Sin explosión para ir por los costados o encontrar el hueco con diagonales, el local retrocedía en bloque y al recuperar salía disparado para dar el zarpazo definitivo. Janmaat creció en este tramo del juego, yendo por su banda y además rompiendo muy seguido hacia el medio. 

Kevin Mirallas ingresó por un inexpresivo McGeady en otro cambio más que ofensivo de Roberto Martínez. Talento y velocidad belgas para tratar de levantar un mediocampo que no reaccionaba. Baines sintió el efecto de su entrada y pudo conectarse una vez más: una muy buena jugada suya por la derecha, ganando la posición con oficio, terminó en un centro que Eto'o en buena posición y con espacios no pudo aprovechar. El mismo jugador lanzó un centro por lo bajo ya en 65' que Koné no logró empujar al gol por centímetros nada más. Mejoraba el Everton y se acercaba al empate, pero un remate bastante ancho de Ayoze les dejaba en claro que en cualquier momento todo podía terminarse. 

Dos minutos más tarde, Colback aprovechó el segundo regalo de la defensa y sentenció el encuentro. Pase de Janmaat al medio, bastante inocente y sin fuerza, que no fue ni rechazado ni controlado por los centrales. El joven del Newcastle se filtró y tocó con mucha frialdad y calidad por debajo de un Robles desprotegido. Un 3-1 que era exagerado en ese momento, pero que confirmaba una victoria inteligente para los de Pardew. Al poco tiempo, Cissé remató con potencia una contra fulminante y se chocó con una espléndida reacción de Joel Robles. Al defender con un marcado 5-3-2, el local hacía una misión imposible para el Everton el armado de juego por lo bajo. Y más todavía cuando llegaban sus volantes al embudo que estaba dispuesto para ellos en 3/4 de cancha.

Lukaku entró por Koné, en el único ingreso que fue puesto por puesto. Renovación de piernas y minutos para que el internacional belga pueda volverse a encontrar con su habitual y estupendo nivel. Enfrente Riviere reemplazó a Cissé para tener mayor manejo en el medio y así cerrar el partido. El equipo de Pardew pasó varios minutos acorralado por el Everton, que siguió mostrando una preocupante ineficacia. Ayoze avisó con un disparo-centro rasante que todos vieron como cruzó el área chica pero ninguno pudo tocar. Iban 80' y la realidad era que habiendo jugado bien en ataque - y mal en defensa, algo clave- y habiendo manejado la pelota en el medio, la balanza nunca se había inclinado de forma clara para el lado del Everton. El partido se hizo un poco trabado en el medio debido al apuro del visitante por descontar y a la tranquilidad del local que repetía su táctica casi en piloto automático ante cada avance.


A los 83' Baines le devolvió el alma al cuerpo a su equipo: un pase maradoniano de primera desde la mitad de la cancha, pique corto de Mirallas y definición del belga por sobre Alnwick. Janmaat le tuvo que tomar el número de la camiseta al delantero, porque nunca pudo ver ni entender como se le escapó con tanta velocidad y facilidad. El 2-3 llegaba sobre el final del partido y de estar completamente en la lona el Everton pasó a tener chances de rescatar un punto al menos. A los 87', Mirallas tuvo el empate con un tiro libre peligroso pero su remate se fue rozando el ángulo izquierdo. Hubo una más de la mano de Baines, que tocó profundo para Lukaku, el delantero se la devolvió atrás tras arrastrar marca y el mediocampista tocó para Barkley. Su centro se fue de la cancha sin generar peligro alguno, quedando sin más chances los azules para nivelar las acciones.

Era el final del partido y el Everton llegaba así a su tercera derrota consecutiva. Jugando muy bien en varios tramos y sin nunca resignar su noble idea, pero mostrando una falta de practicidad y efectividad a la hora de definir que debe ser motivo de preocupación para su muy buen entrenador. Tal vez sea hora de rotar un poco menos y de consolidar un equipo, más allá de que este se pueda cansar. Nada hace creer que Martínez vaya a ser removido de su cargo, pues lo que hizo en el Everton es - como dijimos al comienzo- histórico por donde se lo mire. Los resultados aparecerán solos si continúa jugando así, pero deberá prestarle mucha atención a la parte defensiva que es la gran piedra en el zapato. Más allá de estos detalles, yo aplaudo a técnicos como el español y a jugadores como los del Everton pues son equipos que ennoblecen este deporte y que lo hacen cada día más lindo. Dejemos los resultados de lado por un momento y apoyemos a los que buscan honrar al fútbol. No permitamos que un par de numeritos  - que en este caso son apenas una mala racha dentro de un proyecto maravilloso- nos alejen de lo que verdaderamente importa.




sábado, 20 de diciembre de 2014

Barcelona 3 - Paris Saint Germain 1: Una clase práctica de como no se debe jugar al fútbol; Messi y Neymar (como siempre) al rescate...




El Barcelona de Luis Enrique no juega para nada bien. Esto es una realidad más allá de que los nostálgicos del fenomenal equipo de Pep Guardiola y Tito Vilanova - y/o los fanáticos de Messi- no quieran aceptarlo. Lo que hoy vemos arrastrarse en todos los campos a los que va, ganando los partidos fáciles (los de su grupo regalado de Champions League y los de la Liga menos contra los rivales serios, descontando al Valencia al que venció milagrosamente en el minuto final y sin merecerlo) y dependiendo de los arranques furiosos de Messi y Neymar - tanto solos como asociados, los dos en un excelente nivel esta temporada- y de algún que otro rato donde el balón fluye como el agua por los pies de los excelentes jugadores de este equipo. No hay nada que resuma mejor a este Barcelona que justamente sus grandes individualidades. Aquello que tanto le solían criticar al Real Madrid - sin razón- hasta hace muy poco, es lo que los sostiene en las tres competiciones de las que son parte en este momento. Una defensa muy floja que tiene más filtraciones que un colador, un mediocampo cansino y sin ideas en 3/4 de cancha, una delantera tremenda que sostiene a todo un club sobre sus hombros, una identidad de juego que se va perdiendo partido a partido - y eso que Lucho algo sabe acerca del estilo pregonado en La Masia-, la confusión tanto en el campo como en el banquillo pues en 22 partidos ha utilizado la misma cantidad de alineaciones distintas (y no por lesiones en casi todos ellos) y algunas otras cuestiones específicas convierten a este supuestamente "nuevo" Barcelona en un rejunte de muy buenos intérpretes - algunos en su ocaso físico, como Iniesta y Xavi- que apenas si sobrevive al final de cada partido. Ya han sufrido dos traspiés serios por Liga que los han dejado a 4 puntos de distancia del líder, que para colmo es un Real Madrid aun mejor que la máquina que ya era la temporada pasada. En UCL se viene un choque muy duro contra el Manchester City, que también posee un andar irregular pero que ha levantado su nivel en las semanas recientes y que buscará tomarse revancha de la victoria Culé en Octavos de Final de la pasada edición.

Párrafo aparte para hacer una defensa pública del Tata Martino, tan cuestionado la temporada pasada en esta misma instancia. Hoy Luis Enrique es blindado por todos los medios - como Sport, por ejemplo- que operaron a diario contra el argentino durante la temporada 13/14 para forzar su veloz salida. Un acto asqueroso, una canallada a la que nos tiene acostumbrados los diarios y programas deportivos de aquí y de allá, cada día menos centrados en analizar lo que sucede en la cancha y muy interesados en generar conflictos de la nada misma a cambio de un buen dineral. Para este entonces, el Barcelona del hoy entrenador de la Selección Argentina mostraba muy buenas señales. A pesar de estar en formación, lideraba con comodidad y cifras impresionantes La Liga - casi prescindiendo de Messi, que estaba de molestia en molestia física-, habiendo cedido solo dos puntos, y miraba con tranquilidad y entusiasmo el choque contra el equipo de Manuel Pellegrini. El único que le exigían al Barcelona algo más de todo lo que estaba dando era el monstruoso aparato mediático que ya trabajaba día y noche para angustiar por las cosas más hilarantes - como decirle que era un fracaso haber perdido la posesión por un 1% contra el Rayo Vallecano...En un partido que ganaron 8 a 1- al recién llegado entrenador que comenzaba mostrar angustia y hartazgo (aunque no debilidad) frente a tamaña idiotez y malicia. El Tata llegó cuando el derrumbre del ciclo de Guardiola y Vilanova se había derrumbado por completo y lo que logró fue excelente considerando la coyuntura en la que le tocó el trabajo de su vida. Primero intentó darle más velocidad desde la mitad de cancha al equipo, evitar que toquen demasiado por el medio, usando los extremos y los laterales para abrir surcos por los costados. Así consiguió una combinación ideal entre el tradicional juego de posesión del club y un tratamiento más directo de cada ataque. También se vio como un equipo que había renegado siempre del contragolpe, comenzaba a utilizarlo con una efectividad temible. Aguantó hasta donde pudo y cuando fue necesario sacar un poco de gasolina extra para el sprint final, varios factores se combinaron para que el ciclo de oro terminase definitivamente. Más allá del ruido de los medios, era evidente que entre algunos referentes del plantel y el DT había algunos choques más que nada referidos a la metodología de entrenamiento y al estilo de juego. Recuerdo el partido final contra el Aleti en el Camp Nou cuando el Tata le gritaba desesperado a los suyos: "Por los costados, por los costados". La inmerecida eliminación en Cuartos de UCL contra el Aleti aceleró los tiempos y las críticas, aunque nobleza obliga el equipo llegó lejos en Copa del Rey y peleó un torneo que todos daban por perdido hasta la fecha final donde el Aleti solamente le empató y de manera sufrida (lo cual era suficiente para consagrarse campeón). El problema no era Martino sino uno de índole psicológica y física, y también si se quiere de reloj pues nadie es joven para siempre. La solución no era Luis Enrique, que venía de un mal paso por la Roma y una buena experiencia con el Celta de Vigo. Allí conformó un equipo lleno de juventud y talento y logró sacarlo del fondo de la tabla y dejarlo en una buena posición al finalizar el torneo. Todos apretaron para matar de la tristeza a Martino y poner a Lucho en su lugar, algo a lo que este accedió sin resistencia pues era uno de sus grandes sueños. Se dijo que tenía el ADN de La Masia, algo cierto, y que por ello volvería aquella máquina que nos deslumbró desde 2008 hasta 2012. Pero hasta aquí, y a pesar de victorias resonantes contra rivales muy débiles - que dada la enorme diferencia solo apelan a colgarse del travesaño y lograr el milagro-, nada de eso sucedió. El partido que jugaron contra el Paris Saint Germain hace una semana sirve como ejemplo para entender esto. También podríamos tomar como ejemplo el 5-1 contra el Espanyol o el empate contra el Getafe, dos juegos igual de insulzos de parte de los Culés, pero elijo el choque contra el PSG por ser de los pocos contrincantes verdaderamente exigentes que tuvo el Barcelona en este inicio de temporada.

Luis Enrique tenía que dar en la tecla, pues si no vencían el primer lugar quedaría para los franceses y eso significaría un choque de Octavos realmente complicado. Formó con el siguiente once: Ter Stegen; Bartra, Pique, Mathieu; Busquets, Mascherano, Iniesta, Pedro; Neymar, Suarez y Messi. Un claro 3-4-3 con Mascherano como mediocentro e Iniesta oficiando de conductor del equipo. Busquets y Pedro por los costados buscando romper hacia el centro. Las bandas serían propiedad de Bartra y Mathieu y Suarez estaría unos pasos adelante de Messi y Neymar, bien encajonados en sus respectivas bandas. Laurent Blanc puso en cancha a su equipo de gala, que hasta allí no había perdido un solo partido en la 14/15: Sirigu; Van Der Wiel, Thiago Silva, David Luiz, Maxwell; Verrati, Motta, Matuidi; Lucas, Cavani e Ibrahimovic. Su tradicional 4-3-3 con dos laterales de gran recorrido, un mediocentro de contención, dos lanzas como Verrati y Matuidi con ida y vuelta por las bandas y un enganche en Lucas, que flota por delante de Ibra y Cavani. El fenomenal jugador sueco siempre se tira unos pasos atrás y deja a su par uruguayo como delantero punta. Así se podía decir que el PSG apenas suena el silbato muta a un 4-1-2-2-1. El antecedente directo era una contundente victoria en la tercera fecha por 3 a 2 en París de parte del conjunto francés, que tuvo goles y lujo al por mayor de parte del lado vencedor y mucha confusión, fastidio y mal desempeño en el conjunto perdedor.

El encuentro comenzó bien parejo, con el local tratando de romper líneas desde el primer minuto. El Barcelona tenía la pelota y la movía de lado a lado con mucha paciencia. Las bandas eran el lugar donde siempre terminaba la jugada, aunque los extremos no lograban llegar hasta el fondo para lanzar el centro atrás. A los 4' Messi tuvo la primera: un tiro libre en buena posición que se elevó un metro por encima del travesaño. El PSG se plantaba bien con un 4-4-2 claro para defender. Tapaba los costados, ocupaba bien el mediocampo y se disponía a salir de contragolpe.

Neymar y Pedro no tenían la precisión necesaria en el pase final ni tampoco explotaban por los costados. Messi flotaba delante de ellos dos y de Suarez como falso nueve, aunque estaba demasiado aislado del circuito de juego. Ibrahimovic era lo contrario: se movía por todo el fente de ataque y era el primer receptor en 3/4 de cancha. Tocaba y pasaba siempre, poniéndose el equipo sobre sus hombros y mostrando por qué es uno de los 3 mejores jugadores del mundo hace más de 6 años. Lucas comenzó a abrirse camino y una buena corrida suya a los 9' culminó en un mal centro. Mathieu había generado esta situación de peligro con una pésima salida de taco que le cedió el balón al habilidoso y escurridizo delantero.

Acto seguido, Piqué salió muy mal y le regaló la pelota a los franceses. Un hermoso toqueteo terminó en un muy buen pelotazo frontal de Thiago Silva que milagrosamente para Ter Stegen no fue conectado por Ibrahimovic. Los reflejos del buen arquero alemán salvaban a los Culés y lograban calmar un poco al Camp Nou. La impaciencia no tardó en llegar, pues si bien la pelota era del Barcelona no había mucha profundidad ni juego asociado. Apenas un par de toques y algún que otro arranque individual de Messi que había levantado a la gente de las gradas. Suarez estaba muy lejos de todo, sin poder mostrarse como opción de pase aunque no por su culpa: ganas y movilidad no le faltaban, lo que no funcionaba era la rueda.

Y a los 14' el baldazo de agua fría: Lucas trepó a pura velocidad, tocó al medio para Matuidi que pivoteó a un toque para Zlatan y el sueco hizo lo habitual. Definición de primera, bien seco el remate, para dejar sin respuestas a Ter Stegen. Un 1-0 que no sorprendía pues el Barcelona se mostraba gris como siempre pero sin el brillo de sus delanteros, que son los que corren a su rescate cada vez que las cosas andan mal. Messi trataba de organizar a sus compañeros, empujando y gritando en la cancha como lo viene haciendo hace largo rato. Retrocedió varios metros para hacerse de la pelota e iniciar cada ataque personalmente, señal de que estaba fastidioso con el nivel exhibido.


Unos minutos más tarde, llegó una muy buena jugada del local que emparejó las cosas. Mascherano lanzó un gran pase al área y encontró a Suarez. El uruguayo mostró toda su calidad y se la bajó perfecta para Messi, que ingresó al área chica y tocó al gol sin resistencia de Sirigu. Un 1-1 inmerecido en un partido que se estaba haciendo de ida y vuelta y sin tregua posible. Lo que si era justo: que Messi haya sido el que niveló el marcador. Él y Suarez eran los que tenían claridad, sacrificio y explosión en cada jugada ante la apatía de quienes deberían ayudarlos. Una buena combinación entre Neymar y Suarez terminó con una falta de este al portero rival; la pequeña ráfaga del Barcelona terminaba y el saldo era más que positivo para los de Luis Enrique.

De inmediato el PSG se hizo dueño de la pelota mientras que los blaugranas se armaron para salir de contra, movimiento habitual desde la llegada del nuevo entrenador. Ya hemos hablado de la mourinhización que está viviendo el Barça, algo que se puede apreciar muy claramente aquí. Juego de ocupación de espacios, trabado en el medio y con salida rápida tanto por el medio como por los costados. La pelota, la gran protagonista, debe estar en los pies del rival para que este sistema funcione a la perfección. El problema era que Lucas avanzaba siempre por la izquieda y dejaba un caos tras de sí en cada embate. Los de Blanc vieron que el negocio estaba allí y concentraron sus mayores esfuerzos por ese lado.


No había juego colectivo en el Barcelona, que se mostraba en exceso atado a lo que se le ocurriese a Messi. Una dependencia absoluta y peligrosa del genio individual y de los imprevistos del juego, que como todos sabemos pueden jugar a favor pero generalmente suelen jugar en contra. El cerco del PSG era flexible pero eficaz y el FCB no entendía ni parecía querer averiguar como poder romperlo de una vez por todas. Era notable el esfuerzo de Suarez, siempre desmarcándose pero al mismo tiempo tapado por sus marcadores. Si a eso se le suma que la circulación del balón y los pases profundos brillaban por su ausencia, todo daba a parecer que sería otro partido lleno de frustraciones para la nueva estrella de los catalanes. Además, el esquema lo limita a fajarse y a pivotearle todo a Messi, algo que según sus propias palabras es bueno pero a mi parecer lo despoja de casi todas las grandes cosas que le puede ofrecer a su nuevo equipo.

En 28' Cavani ganó en 3/4, Ibra abrió perfecto para Matuidi y el centro de primera encontró a Lucas, que inexplicablemente no pudo marcar. Su toque sutil y bien direccionado se fue a milímetros del palo, cuando todo el estadio se agarraba la cabeza ya. El PSG estaba mucho mejor, controlando sin problemas las riendas del partido, con la pelota bajo la suela y creando las mejores situaciones de gol. Lucas, Matuidi, Verrati e Ibrahimovic eran sus lanzas y mostraban un nivel más que superlativo. Dos minutos después, el sueco picó habilitado y dejó en ridículo a Bartra casi sin esfuerzo. Su pase atrás encontró a Cavani solo - muy mal Piqué y Mathieu en la marca- que se perdió un gol hecho. Su remate potente fue tapado muy bien por Ter Stegen, que sostenía el partido con sus reflejos.


Las triangulaciones a un toque del PSG eran óptimas y le servían para salir y al mismo tiempo armar cada ataque. Verrati era el eje del centro del campo, algo habitual en cada partido del equipo de Blanc. Cortaba y salía muy velozmente, por lo que le cometían un foul tras otro, en una imagen que comenzaba a hacerse rutinaria. David Luiz y Thiago Silva manejaban los pocos acercamientos del Barcelona y el tándem Lucas-Matuidi anticipaban en ataque con una facilidad que asustaría a cualquier entrenador comprometido a lograr que su equipo juegue bien. Pero la calidad técnica de los jugadores del Barça es innegable y a los 38' una gran conexión a un toque los dejó cerca de ponerse en ventaja. Messi combinó muy bien con Neymar, este tocó para Suarez que nuevamente hizo de comodín para que el argentino reciba con precisión. De primera, apretura para Pedro cuyo disparo fallido derivó en un rebote tomado por Suarez. La atajada de Sirgu fue magistral ante un remate de manual de parte del delantero del Barcelona.

La posesión regresaba brevemente a los de Luis Enrique, y el PSG volvía a armar su 4-4-2 listo para salir de contraataque. Los dos extremos bien abiertos, los interiores adelantados y los dos delanteros de referencia dentro del área. Pero a los 41', otra gran jugada individual llegó al rescate del Barcelona: Neymar encaró por el medio dejando atrás a varios marcadores y disparó con un efecto impresionante para poner el 2-1. Una genial jugada y un remate más que brillante del crack brasileño, que dejó a Sirigu sin ninguna posibilidad de siquiera tocar el balón. No era un resultado justo, pero tenía su explicación en una leve mejoría colectiva del local merced de la poca presión alta del PSG en los minutos finales del primer tiempo. Esta regresó al instante, pero el local cerró estos 45' tocando con tranquilidad.


La segunda mitad encontró a un Barcelona con más actitud y bien punzante. Una buena combinación entre Messi y Neymar llevó peligro y despabiló a los franceses que habían salido un poco relajados. A los 48' Ibra tuvo un buen cabezazo a la salida de un córner pero no pudo darle dirección. El Barça miraba como los minutos pasaban y como la pelota seguía en sus pies, en el tramo más plano de todo el partido. Así y todo, Lucas seguía siendo una preocupación por la derecha. siendo cada uno de sus piques cortos y largos un dolor de cabeza para una defensa que había estado muy floja. Ya casi sobre los 50', Piqué presionó muy bien en el círculo central y tocó para Messi, que recorrió campo y abrió para Neymar en el momento justo. Sorprendió la mala elección de este, pues en lugar de centrar para Suarez que entraba solo por el medio terminó rematando muy desviado.

Iban 52' y la suerte ayudó de nuevo al Barcelona: Lucas dejó en ridículo a Piqué y a Mathieu en un solo movimiento pero chocó con Ter Stegen. Cavani lo tuvo primero abajo del arco y luego Matuidi tras un muy buen pase atrás de Verrati. El denominador común de los dos milagros se llamó Batra, que salvó con mucha audacia esos dos goles casi hechos. En la jugada siguiente, Lucas volvió a ganarle a Mathieu, que ya era algo peor que un simple colador. Si el PSG no había empatado era por sus imprecisiones a la hora de definir las situaciones de gol y por su mala suerte.


El Barcelona ganaba, pero mostraba su gran problema: hacía correr los minutos sin ningún tipo de sorpresa y/o explosión colectiva en las tres zonas del campo de juego. Muy mecanizado hasta en los pases cortos, esperando que sus tres delanteros se las arreglen en un centro o un pelotazo cruzado que hasta aquí han sido las únicas armas mostradas por este equipo. Lucas volvió a avanzar, Bartra lo tapó bien y el rebote le quedó a Maxwell; un resbalón del lateral hizo que el disparo sea realmente malo, pero las luces de alerta estaban encendidas hace rato. Llegó el primer cambio de Blanc y no fue para nada bueno: Pastore por Verrati, que era el motor del mediocampo y el que iniciaba cada ataque. No cambió el esquema y dejó al argentino por la izquierda en vez de ponerlo como enganche y abrir a Cavani y a Ibrahimovic delante suyo.

Los parisinos estaban muy adelantados, como en todo el partido, y el Barcelona esperaba sin el balón. Tampoco tenía volumen en el medio, con lo que las transiciones eran algo fácil de realizar para el equipo visitante. Ibra bajaba constantemente para ser el organizador del juego y Cavani aprovechaba para dar unos pasos al frente y estar listo para hacer la diagonal. Lucho hizo su primer variante: Rakitic por Pedro, que no tuvo un buen partido. Es inentendible el por qué de las constantes ausencias del croata en el primer equipo, siendo el único del mediocampo que puede hacer algo diferente en estos momentos. Es al que llamamos "el distinto": velocidad para ir y venir, gran capacidad de quite y de contención, un remate de media distancia exquisito, pases cortos y largos muy precisos y una visión de juego que supera a la de los actuales Iniesta y Xavi sin duda alguna.


Casi en 70', Lucas ganó por enésima vez y centró para Ibra que en el punto del penal no pudo conectar con comodidad. Xavi ingresó por un Iniesta fundido para poder tener un poco la pelota y hacerla circular. Luis Enrique quería cerrar el partido y al mismo tiempo aprovechar la llegada al área que posee el recién ingresado. Blanc decepcionó de nuevo sacando a Matuidi y poniendo a Lavezzi. en su lugar. Así Lucas tuvo que retrasarse al medio y el argentino formar el tridente con Cavani e Ibra. El PSG perdía a su mejor jugador, lo tiraba dos pasos atrás y sin saberlo le entregaba a un Barcelona sin ideas ni la pelota la llave del partido.

El 3-1 llegó tras una gran jugada a un toque de la mano de Messi y Neymar. Rakitic rompió líneas, tocó para Messi que cedió para Suarez; el uruguayo pivoteó perfecto para Xavi que de primera abrió para Neymar; el remate de este fue contenido por Sirigu y Suarez, como todo animal del área, estaba listo para empujar la pelota a la red. Así se cortaba la sequía del millonario refuerzo en el Camp Nou. Lo festejó con alma y vida por eso y porque sabía que su equipo no estaba dando la mejor performance en ese momento. Un par de minutos más tarde, Messi lo encontró dentro del área pero en lugar de rematar se hizo un nudo y terminó regalándole el balón a Thiago Silva.


El partido se había planchado hace rato, más que nada porque el Barcelona siguió siendo el mismo equipo gris - algo que se hizo más notorio ya con el partido asegurado- y porque Blanc se equivocó con los cambios. Consiguió aislar a Cavani y a Ibrahimovic retrasando a Lucas (la gran figura sin dudas)y sacando del campo a Matuidi y Verrati. En los momentos finales, Piqué respondió bien ante un par de avances peligrosos de Pastore y Lucas y Messi a los 88' casi pinta otra obra maestra. En una baldosa se sacó de encima a Silva y estuvo muy cerca de clavarla en el ángulo ante la estirada inerte de Sirigu. El partido cerró con Ibrahimovic lanzando un tiro libre por encima del travesaño y el Barcelona vengaba su derrota el París y además desplazaba del primer lugar del grupo a su rival. Una tarde redonda en los números pero extremadamente decepcionante en lo que respecta al nivel de juego y preocupante debido a que, más allá de las victorias, no siempre se puede depender de que tus estrellas salgan a apagar el incendio. No se puede decir que la victoria del Barça no haya sido contundente, pero se debió en gran parte a los arrebatos individuales de Messi y Neymar, a la solidaria tarea de Suarez, a la solidez de Ter Stegen y a la suerte que lo salvó en situaciones muy peligrosas. Blanc ayudó con sus malos movimientos tácticos, pero se fue con una derrota demasiado abultada para lo que se vio en la cancha. Un gran primer tiempo del PSG no pudo con dos golazos que lo dejaron groggy. El segundo tiempo lo tuvo como dominador por casi media hora pero al dejar espacios por su propuesta siempre ofensiva, el Barcelona pudo armar una gran jugada y filtrar un buen pase para terminar la historia.


Lo mejor de este "nuevo" Barcelona desde lo colectivo es el juego a un toque. Ese que surge cuando sus jugadores más talentosos y experimentados se conectan por fuera del esquema táctico, logran romper con la monotonía. Luego se arroja a los brazos de Messi, que está teniendo una temporada fenomenal en la que además de marcar goles y dar asistencias - nada nuevo bajo el sol- está cargando con el equipo como solía hacerlo en el fatídico año de transición entre Guardiola y Martino. Neymar está también en gran nivel y en una sintonía fina con el argentino, por lo que las cosas suelen salir muy bien cuando los dos comparten el campo de juego. Por lo demás, apenas destellos de Busquets, Pedro, Xavi, Iniesta, Mascherano, Piqué y demás nombres fuertes que están sumidos en una irregularidad alarmante. La mayoría de los partidos de Liga y de Champions contra rivales de menor jerarquía no han significado un problema para los de Luis Enrique - menos el Celta y el Getafe que lo superaron con claridad-, aunque todo choque importante se tradujo o en victorias angustiosas e inmerecidas o en derrotas muy duras, como aquella contra el Real Madrid. A mitad de temporada, el nuevo entrenador no ha encontrado ni a su equipo ni una idea de juego clara y eficiente. Lo que se ve es un intento de utilizar el contragolpe como herramienta principal y que en los momentos posteriores a la apertura del marcador se recupere el juego de posesión brevemente para evitar que el rival lo presione y acorrale. Por lo demás, hay muchos pelotazos frontales y un uso excesivo de las bandas que lo convierten en una escuadra demasiado previsible. Rakitic no posee la continuidad que merece y necesita, Xavi e Iniesta piden un descanso a gritos, Busquets hace lo que puede solo en el medio y cubriendo a los centrales, Pedro es el cielo y el infierno al mismo tiempo y el trío o cuarteto trasero de turno nunca logra aprobar el exámen. Sigue mal en el juego aéreo y le ha sumado una inseguridad patente cada vez que lo atacan por los costados. Tiene la suerte de su lado y dos arqueros muy seguros en Claudio Bravo y Ter Stegen que han estado a la altura de las circunstancias. La autocrítica de Luis Enrique no ha llegado aún, y tras cada partido siempre repite que vio muy bien a los suyos y que superaron claramente a su contrincante. La prensa no es incisiva ni mucho menos con su preferido, aunque no sorprendería que en algún momento lo comiencen a criticar con ferocidad. Por ahora los únicos que ven luces en este Barcelona son su DT, los periodistas amigos y los de estas pampas que dicen cualquier cosa con tal de elogiar a Messi. Por lo demás, este Barcelona es un mal equipo, uno que aburre y que deshonra el estilo que supo llevar a la cima del mundo hace tan solo 4 años. Por ahora con sus dos cracks y la puesta en forma de Suarez le alcanza, pero lamentablemente si no mejoran en el corto plazo la suerte comenzará a cambiar y la recesión se instalará una vez más en un club que no encuentra el equilibrio deportivo e institucional desde la tormentosa salida de Pep tras la temporada 2011/12.






viernes, 12 de diciembre de 2014

River 2 - Nacional de Medellín 0: El regreso a las bases; Un triunfo más que merecido


En un Monumental repleto, sin una sola silla vacía, River Plate se enfrentaba a Nacional de Medellín por el partido de vuelta de su primera Final internacional en 17 largos años. Tras un 2014 donde había vuelto a conquistar el título local tras su paso por el Nacional B, buscaba cerrar la temporada con una copa más en sus vitrinas. Todavía peleando el torneo local, aunque sin depender de sí mismo, y buscando recuperar el nivel que había exhibido en el arranque de la temporada y del cual se había alejado por tres cuestiones: la lesión de Kranevitter, algunos malos rendimientos individuales y el lógico cansancio de un plantel demasiado corto. 

Marcelo Gallardo tenía ante sí la posibilidad de ponerle un broche de oro a sus primeros seis meses como entrenador del club de sus amores. Para ello dispuso de su once de gala: Barovero; Mercado, Pezzella, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Rojas; Pisculichi; Mora y Teo. Un 4-3-1-2 que ya sale de memoria y que en los partidos recientes - en especial contra Banfield- había exhibido algunas de las características que lo llevaron a encandilar a todos hace unos meses. Gallardo y el equipo necesitaban que el juego por abajo, la velocidad en las transiciones, el retroceso y ataque en bloque y el juego con volumen por las bandas regresasen en su máximo esplendor para poder derrotar a un rival que jugaba realmente bien. Juan Carlos Osorio utiliza el mismo 4-3-1-2 pero posee un enganche mucho más clásico y es un fundamentalista - para bien- del juego al ras del piso. No iba a resignar su idea ni en el peor de los escenarios y eso prometía buen fútbol para una noche especial. Su once fue el siguiente: Armani; Bocanegra, Nájera, Henríquez, Juan Valencia; Bernal, Mejía, Farid Díaz; Edwin Cardona; Berrío y Ruíz. Un mediocampo sin un verdadero cinco o mediocentro sino con tres jugadores bien ligeros, ideales para recuperar velozmente y salir disparados por los costados. Cardona sería el eje del juego, el dueño de la pelota, un jugador muy talentoso y con la pausa necesaria para bajar el ritmo cuando las cosas se complican. En intensidad, es otro velocista y de a ratos se para como un delantero más armando un 4-3-3 punzante. La idea era salir a proponer y a atropellar desde el primer minuto, como en Colombia donde habían tenido una primera mitad de ensueño en la que redujo a River a una de sus peores expresiones en todo el semestre.


Pero fue el local el que comenzó con todo: manejando la pelota y yendo al frente sin parar. Nacional presionaba alto, es parte de su esencia, pero no lastimaba mientras que River tenía otra actitud. Ahora también se plantaba adelante de la mitad de la cancha y atacaba por todos lados. La primera la tuvo Pisculichi, con un tiro libre idéntico al de aquel 4-1 contra Independiente por el torneo local. Su disparo fue calcado y, por ende, perfecto; al corazón del área, bien cerca de un Armani que despejó con mucha lucidez con los puños. La presión constante daba sus frutos y le permitía a los de Gallardo liberar a Pisculichi, que nunca fue un enganche clásico sino más bien un falso nueve o un tercer delantero que flota adelante de Teo y Mora. Nacional de a poco se fue acomodando y con sus salidas veloces generaba sobresaltos, especialmente por alguna que otra duda de los centrales en el momento de retroceder. 

La idea de River era clara: salir con un pelotazo cruzado para Sánchez, que recostado en la banda derecha generaba un caos en cada avance. Había que evitar el tránsito lento en el mediocampo y la mejor solución era romper por lo alto y luego sí empujar con la pelota al ras del piso. Cardona tuvo su primera clara con un buen centro para Bocanegra que Pezzella pudo despejar sin problemas. El 10 provocaba infracciones cerca del área ya a los 5' y era el máximo peligro de Nacional por el momento. Un tiro libre a colocar suyo se fue apenas alto, una pequeña tregua en un partido de ida y vuelta que no paraba. River buscaba trasladar un poco más de lo habitual, esperando pacientemente hasta que uno de los extremos o delanteros se desmarque y abra el surco por donde colocar el pase filtrado. La mencionada trabazón en el medio hacía que el juego de a ratos no fuese fluido y que el escenario no se terminase de armar por completo. 

A los 9' Pisculichi lanzó un otro fenomenal tiro libre que Armani volvió a rechazar, pero esta vez el rebote fue a parar a los pies de Sánchez que con una volea muy potente forzó una vez más al joven portero argentino. River anulaba el mediocampo de Nacional y le impedía salir limpio con una buena presión de sus atacantes, por lo que el toqueteo habitual de los colombianos brillaba por su ausencia. Un poco por el ambiente y otro por la buena labor del equipo del Muñeco, los de Medellín no estaban dando la talla que requiere un partido tan importante. En 11', River dispuso de otra ocasión franca de gol: una excelente triangulación entre Funes Mori, Mora y Vangioni, que culminó con un centro de este para Teo. El delantero llegó demasiado forzado y su cabezazo se fue por encima del travesaño.


Tras el titubeo inicial Nacional se plantó en campo rival y atacó sin miedo pero no con mucha fortuna. Ambas equipos se replegaban bien, muy preocupados por no dejar demasiados huecos. Vangioni y Mercado subían cada vez más seguido, en especial este último, y tenían en Pisculichi la primera opción de descarga siempre. Con la cabeza levantada y la pelota atada al pie izquierdo, todo ataque de River comenzaba en el ex jugador de Argentinos Juniors. Mora y Teo estaban demasiado aislados, por lo que se retrasaban muy seguido para contactar con la pelota. Iban 15' y el colombiano se desmarcó muy bien tras recibir un pase de Sánchez y disparó cruzado, a quemarropa, para chocar otra vez con Armani que ya era la figura del partido. 

Si uno miraba el trámite, se podía decir que era parejo pues los dos se buscaban constantemente. Pero la realidad era que River había contado con las mayores y mejores situaciones y que merecía estar arriba en el marcador. En el mediocampo, se repetía la historia de siempre: Ponzio perdía muchas pelotas y tardaba una eternidad en dar un pase, por lo que el local perdía volumen y sorpresa al mismo tiempo. Mucha patada pero muy poco juego para el cinco, que más allá de todo era innegable que le metía muchas ganas en cada jugada. Nacional intentaba salir con la pelota dominada y cambiar el ritmo de la mitad hacia adelante. A los 20' Funes Mori pifió muy mal y perdió en la medialuna de su área. Tuvo suerte de que el disparo no haya sido tan bueno, pero era la primera señal de advertencia para los de Nuñez. No se podían relajar ni siquiera por un segundo. 

Los volantes y delanteros se cargaron muy rápido de tarjetas amarillas, pero lograban evitar la salida rápida de su rival. Los de Osorio respetaban su idea y se plantaban en 3/4 pero eran demasiado livianos considerando las aspiraciones con las que habían llegado al Monumental. El negocio igualmente era todo suyo: 25' de juego y tras haber dependido en exceso de su buen arquero, todavía mantenían el cero. El mediocampo y el ataque de River estaban demasiado separados, las transiciones ya no eran tan rápidas y el impulso inicial se había diluido provisoriamente. 

Mora avanzó y cedió para Rojas quien a un toque hizo la pared perfecta. El chileno siguió hasta el fondo y centró para Teo: su palomita fue buena y tenía dirección pero Armani estaba bien ubicado una vez más. Y River aceleró de nuevo: en ya 30' un horror de Nacional en la salida le permitió a Teo recorrer hasta el área. Enganche de crack y remate a colocar que confirmó que Armani estaba imbatible, pues su tapada fue más que fenomenal. Al minuto, Ponzio robó muy bien y tocó rápido otra vez para Teo que con un zurdazo sacudió a Armani pero no pudo vencerlo. Solvencia pura la del arquero del equipo visitante, que seguía en partido solo por culpa suya. 


River estaba mucho más rápido y jugaba muy bien sin duda alguna. Las transiciones habían vuelto a ser las de aquel inicio de campeonato y el mediocampo por primera vez en mucho tiempo tenía volúmen, quite y velocidad a la hora de salir. Rojas y Mora se enchufaron definitivamente y Teo mostraba un olfato y unos movimientos dignos de su clase. Faltaba solamente el gol, ese grito que merecía hace largo rato. Pero Funes Mori, de regular partido hasta allí, tuvo una grosera falla saliendo con pelota dominada y se la regaló a Cardona. El enganche tocó para Ruíz con un taco magistral y el remate cruzado del delantero no entró por obra sagrada. Casi un golazo de Nacional que habría sido un balde de agua helada, pues no tenía el dominio del partido ni era profundo en sus ataques. 

En 33' Teo robó muy bien aprovechando un error prácticamente espejado del de Funes Mori y tocó para Mora. Armani llegó antes y evitó lo que parecía inevitable ya a esta altura. Pero el hermano de Rogelio tenía más cartas bajo la manga: otro error infantil, Ruíz encara y frena con mucha facilidad y un centro picante que Barovero controló centímetros antes de que Berrío pudiese tocar al gol. Pero el vendaval no había pasado: Ruíz volvió a ser protagonista, ahora combinando con Bernal, que aguantó de espaldas al arco y tocó para Cardona. Control y entrada al área sin dificultades ni marca y un disparo bajo que Barovero saca muy bien con el pie derecho. Se ahogaba otra vez el grito de Nacional, que había tenido tres bien claras y emparejado el partido por una sucesión de malas decisiones de Funes Mori. El primer tiempo cerró con Teo desperdiciando un mano a mano por adelantarla demasiado ante un Armani que se erigía como la Muralla China ante cada intento del local. 

La segunda parte arrancó con un tiro libre peligroso para Nacional que Valencia desperdició por tirar demasiado al medio. Sin problemas para Barovero que había intervenido poco pero en cada jugada de riesgo había sido clave otra vez. Funes Mori seguía mal y otra pérdida suya no derivó en una situación de peligro solo porque nadie llegó a cortar hacia atrás. El central a los pocos segundos regaló la pelota nuevamente y frenó el contragolpe con un duro foul que le valió la tarjeta amarilla. El defensor ponía en aprietos a sus compañeros de zaga que venían haciendo una buena labor y tenían que muchas veces dejar sus tareas para cubrir sus torpezas. 


River no tenía juego una vez más, parecía golpeado por los errores individuales y no se metía de nuevo en un partido que era complicado pero que estaba al alcance de sus manos. Un buen quite de Ponzio terminó con un remate alto de Mora a los 50' que expresaba la confusión y el apuro en el que los de Gallardo estaban sumidos. La distancia entre los tres sectores de la cancha era muy grande y eso forzaba a que los volantes recorriesen metro demás en orden de mostrarse como salida o de tratar de conectarse con los delanteros. Nacional era la contracara: prolijo y mucho más claro que en la primera mitad, con la salida clara y una soltura interesante en ataque que se traducía en latigazos después de cada recuperación en el círculo central. 

Y cuando peor estaban las cosas para River llegaron los goles: el primero fue tras un corner ejecutado a la perfección por Pisculichi que encontró a Mercado en la posición ideal. Cabezazo potente, esquinado, inatajable ante la mirada de los defensores y el fastidio de Armani. Un lindo gol de pelota parada, un 1-0 merecido por el buen trabajo del primer tiempo y la persistencia a pesar del bajón en estos minutos. Apenas un minuto después, Piscu tomó la pelota y remató de media distancia, haciendo que Armani se luzca de nuevo cuando el esférico entraba sin problemas en el ángulo. Otro tiro de esquina magistralmente ejecutado, salto de Pezzella - que algo sabe de como ganar en el área- y un cabezazo casi idéntico al de Mercado. 2-0 lógico para River y partido liquidado, en una ráfaga, cuando el cansancio y algunas dudas comenzaban a aparecer en el horizonte. 


Pisculichi había sido el autor real de los dos goles, con su pegada maravillosa. Cuando no había juego, fue el que se iluminó y marcó el camino, el que le dio las respuestas necesarias a un equipo aturdido por los primeros buenos minutos del contrincante. De aquí en más, River fue oficio y tranquilidad ante la desesperación de Nacional que aun no podía entender como se le había escapado el partido en tan poco tiempo. Vangioni levantó al estadio con un quite sensacional, y remarco esto porque el lateral fue clave para anular a Berrío quien había sido figura en el partido de ida. El ex Newell's tapó su banda y se sacrificó al no pasar tanto al ataque, logrando que el delantero desaparezca por completo de la cancha. River entretenía la pelota de lado a lado, el partido estaba terminado pues Nacional no podía encontrarle la vuelta siquiera para presionar y forzar algún error. 


Otro gran centro de Piscu por poco termina en un golazo en contra de uno de los centrales. Cavenaghi entró para que Teo se vaya ovacionado tras un muy buen partido, en especial en el primer tiempo aguantando, creando situaciones y definiendo muy bien. No marcó porque Armani estuvo intratable, pero el colombiano dejó una gran imagen y todo el sudor en la cancha. Los de Osorio parecían más inofensivos que un combinado de sparrings a esta altura de las cosas y los festejos en las tribunas y en el banco se desataron. Kranevitter entró un ratito por Ponzio que se ganó una ovación por su entrega - no por el juego, claro está- y Piscu tuvo una más: un tiro libre con mucha rosca que el arquero tocó para evitar el tercer gol de la noche. Funes Mori se dio el lujo de cometer un penal más grande que el Monumental que fue ignorado olímpicamente por el árbitro y Driussi entró por Pisculichi, que se ganó la ovación de la noche. Sánchez centró a la carrera para Cavenaghi, pero el delantero en muy buena posición entregó un frentazo demasiado anunciado. Se terminó el partido tras esa acción y llegó para River el merecido desahogo. Sí, 17 años después...


River obtuvo la Copa Sudamericana con una muy buena y justificada victoria sobre un duro rival como Nacional. El regreso al éxito en el terreno internacional y la posibilidad latente de repetir el título local este domingo, son indicadores de que podemos estar ante el inicio de una era en la que River sea el equipo dominante que supo ser décadas atrás. La temporada que viene, tendrá muchos desafíos nacionales e internacionales para consolidarse, pero además de mantener esta base será imperante que traiga un refuerzo por sector de la cancha. Quedó demostrado que con un plantel tan corto, uno queda atado a los rendimientos individuales y a que ninguno se lesione o falte por una convocatoria a su seleccionado o por la razón que fuere. Por lo pronto, los primeros seis meses de Gallardo han dejado, además de la copa y un posible campeonato, algo muy importante: la confirmación de que se puede jugar bien y ganar al mismo tiempo. De que - y esto más allá de los altibajos que tuvo en su rendimiento- se puede salir de la filosofía barata y bilardista (que son sinónimos) de que "Hay que ganar como sea". Con un arranque rapido, furioso y lujoso que enloqueció e ilusionó a todos los que amamos el fútbol; un intermedio más bien pragmático en el que debió apelar a la garra, a la voluntad y a la suerte (siempre necesaria) por no poseer caudal de juego ni demasiadas ideas; y un cierre con una mejora notable que comenzó tibiamente contra Racing, siguió en el gran segundo tiempo contra Banfield - ambos partidos con equipos más que alternativos- y que se terminó de confirmar en este partido definitorio. Gallardo ha sido siempre fiel a su idea, aunque es cierto que a veces no ha sabido reconocer que su equipo no estaba jugando bien y que algunas cosas habían cambiado desde esos primeros partidos avasallantes. Se espera que siga mejorando y que termine de tatuar esos nobles valores en la piel de sus jugadores. Una tarea siempre complicada, pero que se va a hacer más simple tras un muy dulce primer paso. 


     

viernes, 5 de diciembre de 2014

Manchester United 3 - Hull City 0: La levantada ya es una realidad; Asoma un equipo, no todavía un candidato


Antes de su trabajosa victoria de esta semana contra el West Browmwich Albion por 2-1, el Manchester United había entregado una de sus mejores actuaciones desde la salida del legendario Sir Alex Ferguson. Una sólida victoria por 2-0 contra el Hull City de la que hablaremos en un instante. Pero antes un poco de historia reciente para entender las razones por las que considero que este partido fue el renacer definitivo de los Diablos Rojos, más allá de que aún no se ha alcanzado la plenitud ni mucho menos. Pero al menos si la seguridad y las victorias, con ratos de muy buen juego y con una idea clara. Tres cosas que habían brillado por su ausencia en el corto ciclo de David Moyes como entrenador la temporada pasada. El actual director técnico de la Real Sociedad había llegado por decisión y elección del mismo Ferguson tras un fenomenal trabajo en el Everton. Todo parecía estar en su lugar pues los jugadores eran los mismos que habían estado a segundos de ser campeones y los cambios a realizar no iban a ser demasiados. Pero algo sucedió y todo salió al revés: el United quedó muy lejos en la Premier de los puestos que clasifican a Europa y encima tuvo una Champions League más bien tortuosa en la que terminó cayendo sin atenuantes ante el Bayern Munich en Cuartos de Final. Lo poco para rescatar en una gris temporada fueron algunos partidos interesantes donde se amagó con una recuperación y esa remontada increíble y mágica en el Old Trafford ante el Olympiakos con tres golazos de un Van Persie hecho fuego.

Si bien muchos, entre los que me cuento, opinaron que la sombra del más grande entrenador del club - y uno de los mejores de la historia sin duda alguna- fue demasiado pesada por lo que Moyes merecía otra chance, había una atmósfera extraña en el Old Trafford al finalizar la 13/14. Luego de un Mundial intenso en el que conquistó el Tercer Puesto en base a velocidad, juego de posiciones y mucho pragmatismo del bueno con la Selección de Holanda, Louis Van Gaal desembarcó en el Teatro de los Sueños. La expectativa era demasiado grande y más todavía si se ponían en la ecuación los refuerzos que llegaban de la mano del experimentado holandés: Marcos Rojo, Daley Blind, Ángel Dí María y Radamel Falcao García. Un poker de lujo que se sumaba a una plantilla que contaba con suficiente peso como para llevarse el mundo por delante. El problema era que hasta el momento no habían podido reencontrarse con su estilo de juego y penaban por cuanta cancha se les ponía por delante.

Lamentablemente para los fanáticos, en los primeros partidos el rendimiento del equipo no fue el mejor. El 3-5-2 que utiliza Van Gaal no se aprende en dos días, en especial si se viene de años de defender con cuatro jugadores y contar con una línea de contención más rígida en el mediocampo. Algunos partidos razonables, otros realmente malos y muchos al borde de lo patético comenzaron a generar murmullos en las gradas. La humillante caída por 4-0 contra el Milton Keynes Dons - un humilde equipo de la League One, es decir que está tres categorías por debajo suyo- en la segunda ronda de la Capital One Cup fue el punto crítico de este ciclo. Luego de ese partido llegó Di María, pero el argentino debido a un par de lesiones y el estar adaptándose a la Premier todavía, no ha podido rendir más que a cuentagotas. A decir verdad, ninguno de los refuerzos venía derecho, todos o lesionados o sin hacer pie cada vez que salían a la cancha. Empezaba a crecer el fenomenal De Gea, salvando varios partidos de los que hasta habían podido sacar tres puntos debido a la creciente eficacia y a las manos del español - más que nada por esto último-.

El Manchester United llegaba al duelo con el Hull City urgido por encadenar dos victorias consecutivas. Los primeros puestos ya no estaban tan lejos después del trabajoso, sufrido e inmerecido triunfo contra el Arsenal en la fecha anterior. Pero vaya que había sido un desahogo, tras estar acorralado por 70' ante el equipo que mejor trata la pelota y que más situaciones crea en la liga inglesa pero también uno de los menos efectivos a la hora de concretar esas chances de gol - ya hablaremos de este Arsenal que a mi parecer es magnífico y que necesita poco para ser realmente el mejor-. De Gea había sido una vez más un muro impenetrable y Rooney y Di María habían manejado los espacios en el contragolpe como dos fórmula uno. Parecía que se terminaba la mala racha, era el primer triunfo de Van Gaal contra uno de los grandes y lo que se venía era una verdadera prueba para saber en que lugar se encontraban parados. En el Old Trafford y con la certeza de que tras un año y medio de sinsabores, el camino dejaba de ser cuesta arriba. Algunas ideas parecían claras: velocidad en el retroceso y la cobertura de espacios; tres mediocentros, de los cuales solo uno jugaba más atrasado para cortar y para ayudar a la defensa; dos extremos flexibles que bajan y suben constantemente; sin creación de juego paciente pero sí con transiciones a máxima velocidad; mucho vértigo a todo momento; y la jerarquía de sus estrellas para poder manejar el ritmo de cada partido.

Van Gaal dispuso su 3-5-2 clásico: De Gea; Smalling, Carrick, Rojo; Valencia, Mata, Fellaini, Di María, Young; Rooney y Van Persie. Enfrente estaba el Hull City de un viejo conocido de los locales, el gran Steve Bruce que dispuso un 5-3-2 que si bien es flexible sin dudas buscaba cerrarle las bandas a los centrocampistas del rival: McGregor; Chester, Dawson, Davies, Elmohamady, Robertson (estos dos últimos, los laterales); Livermore, Diamé, Brady; Ben Arfa y Jelavic.


La primera jugada fue un desborde de Di María que terminó en un centro defectuoso. El posterior impacto en la mano de uno de los defensores fue casual, pero hizo que el partido se pusiese en marcha. El Hull intentó hacerse dueño de la pelota frente a un equipo que buscaba tenerla lo menos posible en los primeros minutos. La presión era bien alta y en 3' los dos lados quedaron armados: el visitante tratando de construir pacientemente y avanzando en bloque y el local con la intención de recuperar bien arriba y salir con Rooney y Di María de contragolpe.

Mata se tiró unos metros más para atrás buscando armar un doble pivot con Fellaini y así lograr el objetivo de asfixiar al centrocampo del Hull. El español a los 6' abrió muy bien para Rooney que se sacó de encima a su marcador y yendo hacia adentro disparó para hacer estremecer a McGregor. Su tiro rasante se fue muy cerca del palo, pero la cancha empezaba a inclinarse y el partido estaba en pañales. Al ver que su rival no era punzante y que perdía con facilidad en el medio, el United comenzó a hacer circular la pelota luego de recuperarla. Se sucedieron varios intentos de pase filtrado para Van Persie que fueron cortados con lo justo por Dawson. Fellaini sobresalía cortando y distribuyendo, mostrando toda su calidad y su magnífico despliegue habituales. La lesión de Di María antes del primer cuarto de hora generó la puteada de Van Gaal y en su lugar ingresó Ander Herrera. El número 41 de la temporada, una lista demasiado larga para tan pocos partidos jugados.


Mata y Herrera comenzaron a entenderse muy bien y de un toqueteo habilitaron a Valencia por el costado. El desborde fue excelente pero Dawson pudo despejar con lo justo el centro. El Manchester era amo y señor del partido y ya merodeaba el primer gol, dominando en base a una agresividad total. Un corner muy bien ejecutado encontró la cabeza de Fellaini, pero el belga no pudo conectar bien el balón. Para su suerte, el arquero cometió dos errores seguidos y Smalling no tuvo más que empujarla dentro del área chica para convertir. Un 1-0 lógico y merecido, que había tardado más de la cuenta, algo que marca lo apabullante que era partido del United en tan pocos minutos.

Los hinchas veían a un equipo muy aceitado en el toque en el centro del campo, aunque sin resignar ese vértigo que tanto aman los ingleses. Los traslados eran más bien cortos y las diagonales de Rooney, Mata y Van Persie eran clave para entender el desarrollo de un partido muy cómodo para los Red Devils. Un tiro libre bien trabajado por el Hull fue la primera aproximación al arco de De Gea: con un centro frontal sacaron del área a Fellaini y jugaron la segunda pelota. Dawson la tomó demasiado mordida y todo quedó en manos del arquero del United. Por la derecha estaba el negocio para los locales, con Mata y Valencia encendidos y habiendo quebrado la resistencia en ese sector.

El Manchester movía bien la pelota y sus delanteros se encargaban de generar espacios saliendo del área. A los 24' Herrera tuvo el segundo pero su remate frontal se desvió en un defensor para salir al corner. Los de Van Gaal jugaban ya con sus tres defensores por delante del círculo central, ejerciendo mucha presión sobre una posible salida del Hull. Se daban cuatro factores para entender la muy buena actuación del equipo: vértigo absoluto, ocupación total de los espacios, presión bien alta y una novedosa - y bienvenida- posesión de balón. Una gran jugada entre Fellaini y Valencia derivó en una falta que Ben Arfa le cometió al belga en el vértice del área. Los dos volantes estaban imparables y los defensores rivales no podían contenerlos. El centro posterior fue malo, pero el rebote fue peleado por Mata que ganó y toco atrás para Smalling. Dawson llegó justo para tapar un disparo que tenía destino de red y milagrosamente los de Bruce seguían en el partido.


La paciencia en el toque era algo para aplaudir en un cuadro que no suele ser demasiado amigo de la pelota y había cierta prolijidad a la hora de atacar que se complementaba a la perfección con la habitual velocidad para contragolpear. Al mismo tiempo, la tenacidad en el mediocampo impedía que el rival pudiese siquiera pensar en tratar de pelear o como mínimo reaccionar. Antes del segundo gol, llegó una jugada para el aplauso: cambio de frente de Rooney, Fellaini la baja y toca para Valencia que a la carrera se la devuelve al pie. Pase para Young que de primera habilita a Rooney, quien a un toque y de espaldas deja solo a Van Persie contra McGregor. No fue gol milagrosamente, pero el Old Trafford se levantó a ovacionar a sus jugadores como solía hacerlo en sus épocas de gloria reciente.

A los 41' todo se terminó de una vez por todas: Rooney confirmó su gran momento personal con una definición de lujo. Bochazo cruzado, Herrera la baja y cede para Van Persie que de primera toca atrás para el delantero inglés y le sirve como cortina. El disparo fue esquinado y potente, inatajable para el arquero, una lección de como pegarle de media distancia para poner un 2-0, que era injusto porque la diferencia entre ambos equipos era mucho más abultada que apenas dos goles. El primer tiempo terminó con el United tocando con mucha tranquilidad ante un rival demolido.

Las últimas dos posibilidades antes del entretiempo llegaron de la mano de Mata y Rooney que desperdiciaron dos buenos pases al vacío (el primero de Van Persie y el segundo de Herrera) y no pudieron aumentar la diferencia. Los dos asistidores en estas jugadas eran una de las llaves del partido para el Manchester. El holandés fajándose con los centrales, aguantando de espaldas para que alguno de sus compañeros pase y abriendo un sinfín de espacios. El joven español haciéndose eje del juego y dando un pase punzante tras otro.


La segunda mitad encontró al Hull un poco más adelantado, tratando de encontrar el descuento que lo dejase a tiro de un muy imposible empate. Buscando presionar sobre la salida del United, tuvo unos 15' de juego intenso que llevó a los mediocampistas rivales a pegar demasiado. Fellaini a los 51' debió haberse ido expulsado tras un patadón sin sentido. Robertson lo tuvo con un slalom de pie a pie que culminó en un débil remate a las manos de De Gea, de tarde/noche más bien aburrida. La mejora de los de Bruce era clara, pero también se debía a que el United estaba haciendo circular la pelota con la tranquilidad de tener el partido en sus manos. Una palomita de Van Persie idéntica a la del Mundial tras un pase fenomenal de Carrick, terminó en una tapada maravillosa de McGregor que no dejaba de pasar sobresaltos aun en el mejor momento de su escuadra.

Dawson y el mencionado portero eran las dos razones por las que no asistíamos a una goleada histórica del Manchester United. Desde el minuto 62' en adelante, el asedio regresó y las insinuaciones del visitante dejaron de existir. Herrera y Fellaini en cada jugada demostraban ser los comodines perfectos, siempre como primera opción de descarga y recortando la cancha en el retroceso. Fue una vez más el ibérico el que recuperó con la flexibilidad de un pulpo y tocó profundo para Van Persie. Y lo que el delantero hizo se puede llamar tranquilamente "obra de arte": control y giro en un solo movimiento y un zurdazo al ángulo impresionante que desató el delirio en el Old Trafford. Un excelente gol para poner un merecido 3-0 y para consolidar su recuperación personal tras un inicio de temporada irregular y con varias lesiones.


El 76% de posesión del United hablaba por sí solo y el resultado servía para confirmar que no era tenencia inocua sino con verticalidad y eficacia. Dos cambios para cerrar la persiana: Falcao por Van Persie, en su regreso tras un corto período de inactividad y con la necesidad de probar ser material digno del club; y Fletcher por Valencia, que se fue ovacionado tras una gran primera mitad y un segundo tiempo tranquilo. Jelavic lo tuvo para el Hull City pero su cabezazo en ya 75' fue demasiado débil y apenas si exigió a De Gea un poco de movimiento para contenerlo.

Unos minutos después, Falcao habilitó con mucha delicadeza a Mata que ingresó como un tren por el costado y terminó desviando su disparo. Sin ángulo pero demasiado cerca de continuar con el festival de goles. Mucho lujo, muchas jugadas y una voracidad interminable, tres cosas que hacia tiempo no se veían por esta cancha. Rojo, Mata y Herrera armaron una buena jugada que finalizó con un pase filtrado para Fellaini. Su centro era perfecto pero Dawson evitó que Falcao pudiese poner su firma en el partido. El colombiano tuvo la última tras un genial 1-2 con Mata tras recuperar en 3/4: toque abierto y devolución de primera ya con el arquero vencido. Falcao tocó al gol pero un defensor llegó casi barrenando para impedirle de nuevo al delantero un grito que viene necesitando. Buenos movimientos del potente y habilidoso delantero, que es de los mejores del mundo cuando está en plenitud y que seguramente podrá agarrar confianza en estos partidos que siguen. Tranquilo igualmente se fue, porque en los pocos minutos que tuvo mostró buenos movimientos, capacidad para recuperar el balón y una presencia magistral en el área como punta clásico.


La victoria de esta semana contra el West Brom por 2-1 terminó de confirmar esta levantada y colocó a los Diablos Rojos en el cuarto puesto. Hacía tiempo que el club no se encontraba en una posición tan alta, y más allá de que la temporada recién haya comenzado, es alentador que tras unos primeros partidos plagados de desorden e irregularidad el cuadro de Van Gaal haya podido sobreponerse y salir hacia adelante. Sería un pecado no pelear hasta el final la Premier League teniendo uno de los mejores planteles del mundo y a un entrenador que forma hace rato parte de los mejores de toda la historia. El Chelsea y su eterno rival, el Manchester City son los dos equipos a alcanzar. Habrá que ver como continúan ambos en Champions League y la Capital One Cup y ver si el desgaste les hace ceder algunos puntos más adelante. Todo es posible para este renovado Manchster United, que tiene como rival directo por el tercer lugar al Southampton, de enorme temporada y que puede ser uno de los que lo alejen de sus aspiraciones. Por lo pronto hay dos cuestiones para corregir: lograr mayor solidez defensiva y - esto directamente relacionado con lo primero- lograr que De Gea descanse un poco más durante los partidos. Siempre es bueno saber que se cuenta con un arquero que está dentro del Top 4, pero bueno sería no depender siempre de él para poder mantenerse en partido (miren los juegos contra el Everton y el Arsenal y esto va a quedar más claro). Los refuerzos deben seguir adaptándose, aunque el foco está puesto sobre ellos. Son parte vital en este proyecto que ha logrado limpiar ya los escombros dejados por Ferguson tras su salida. Van Gaal completó el trabajo que inició Moyes - que fue el que la tuvo más jodida, seamos honestos- y ha conseguido que el United se meta de nuevo en la discusión. No es poco, pero falta mucho todavía...