Y un día iba a suceder: la segunda semifinal de la Champions League 2015/16 enfrentó al Bayern Munich de Pep Guardiola con el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone. Un doble duelo de estilos contrapuestos, con poco en común, pero liderados por dos entrenadores notables, que a puro trabajo y capacidad de convencimiento han logrado ser los mejores en lo suyo. Dejando de lado las preferencias personales, era imposible no estar magnetizado por estos dos encuentros que se disputaron en unos Vicente Calderón y Allianz Arena repletos. En el marcador global, resultado fue favorable al cuadro local, pero lo cierto es que fue el gol de visitante el que llevó al Atlético de Madrid a su segunda final en tres temporadas. Dos partidos sensacionales, llenos de emoción y de angustia, una victoria por lado pero con un solo ganador.
El primer encuentro se celebró en el Vicente Calderón, bajo una atmósfera sensacional que mucho tuvo que ver con la victoria final por la mínima del cuadro Colchonero. Con una previa muy picante por parte de algunos directivos de ambos clubes y jugadores - aunque no desde los dos entrenadores que se mostraron un respeto y admiración absoluta- el partido tuvo unos primeros 20 minutos a puro vértigo.
Con su tradicional 4-4-2, apostando a tener más control en el mediocampo con la presencia de Gabi, Augusto Fernández, Koke y Saúl Ñiguez en la línea de volantes, el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone logró incomodar al máximo a un Bayern Munich que no pareció cómodo ni con el planteo de su rival ni con el propio. El extraño 4-1-4-1 planteado por Guardiola, con Bernat y Lahm por los laterales, Javi Martínez y David Alaba como centrales, Xabi Alonso como mediocentro, Vidal y Thiago en el doble pivote, Costa y Coman lanzados como extremos y Lewandowski como centrodelantero, no le permitió a la potencia teutona desarrollar su habitual fútbol de calidad, velocidad y precisión.
Claro que las lesiones habían sido la principal razón para que Pep Guardiola apostase por este once inicial, aunque en el planteo estaba presente la idea de romper al Atlético de Madrid por los costados a sabiendas de que ingresar por el andarivel central ante el cuadro madrileño es una misión absolutamente suicida. Los mencionados primeros 20' del partido fueron suficientes para que el Atleti lograse descolocar a su rival - que jamás renunció a jugar por abajo ni a atacar y defender a su manera- y ponerse en ventaja con un golazo de Saúl Ñiguez que fue tres cuartos mérito suyo y un solitario cuarto responsabilidad de una estática línea de fondo.
Y como suele suceder, desde el momento del gol en adelante, el Atlético de Madrid comenzó a retrasarse en el campo de juego y a no disputar más la posesión del balón. Apostando al segundo balón y a mantener a raya a los laterales y extremos por los costados en el uno contra uno, el local le permitió al Bayern Munich crecer en el juego y comenzar a utilizar un módulo similar a un 4-3-3 para atacar que sin dudas fue mucho más dinámico, agresivo y preciso, con Costa y Coman flanqueando a Lewandowski y un triple cinco bien adelantado con Xabi Alonso cuidando a los centrales y el dueto Arturo Vidal-Thiago Alcántara creando juego en tres cuartos de campo.
Que los centrales, un superlativo Jan Oblak y los palos hayan sido los grandes protagonistas en el lado local durante el resto del encuentro habla de lo complicado que fue para los pupilos de Simeone salir victoriosos en su estadio. La dinámica posicional del equipo de Guardiola y su constancia para atacar de manera incesante y punzante encerraron al Atleti dentro de su propia área y lo hicieron depender - como en la serie de Cuartos de Final de la temporada pasada ante el Real Madrid- de su gran arquero para salvarse ante un rival superior.
Sin dudas que la performance del Bayern Munich podría haber sido mucho mejor, pero los ingresos de Frank Ribery, Thomas Müller y Benatia en el segundo tiempo - y en ese exacto orden- en lugar de Coman, Thiago y Bernat, le dieron otro impulso y, por ende, otra cara a un equipo que en el complemento se terminó pareciendo a ese que venimos observando hace tres años desde la llegada del ex entrenador del FC Barcelona. El agrupamiento de todos los rivales de la mitad de cancha hacia atrás hizo que la tarea se tornase cuasi imposible, pero las jugadas de riesgo existieron y si no ingresaron en la portería local fue por los motivos previamente mencionados.
El disparo en el larguero de Alaba, la pésima definición de Douglas Costa en muy buena posición y un cabezazo de Javi Martínez que Oblak detuvo con mucho esfuerzo sirvieron como preludio para la única jugada de peligro del Atlético de Madrid en el segundo tiempo. Un contragolpe ejecutado con la maestría habitual de los españoles desde la llegada de Simeone estuvo a centímetros de convertirse en el segundo gol de la noche, pero el disparo de Fernando Torres se estrelló en el parante izquierdo luego de un remate cruzado sensacional que había vencido la resistencia de Neuer.
Ambos entrenadores se estrecharon la mano luego de la primera batalla y el juego de especulaciones comenzó. La serie estaba sin lugar a dudas abierta, pues la diferencia era muy corta y además el Allianz Arena había demostrado ser una fortaleza en encuentros de Champions League recientes que habían comenzado con derrotas como ante el Oporto y el Shakhtar Donetsk. Lo que todos sabían era que ninguno de los dos entrenadores iba a retirarse del torneo sin dar una gran pelea, por lo que las emociones estaban aseguradas de cara al segundo partido.
En Alemania, ambos equipos salieron con planteos idénticos aunque con algunas variantes en sus onces iniciales. En el Atlético de Madrid se destacó el regreso de Godín, con Simeone manteniendo el 4-4-2 más mordedor que ofensivo, intentando tapar el centro del campo de la mano de un cuarteto de volantes mixtos, con Griezmann y Torres nuevamente encomendados a luchar contra la defensa local en los metros finales.
Pep Guardiola buscó hacer una vez más a su equipo bien ancho y volvió a plantar un 4-1-4-1 en el campo de juego. El retorno de Boateng le permitió colocar a Alaba como lateral y además modificó por completo el centro del campo, dejando a Xabi Alonso en soledad como mediocentro y poniendo por delante suyo a Ribery y Costa por las bandas y a Vidal y Müller por en andarivel central para secundar a Lewandowski en la ofensiva.
La idea del entrenador catalán se vio plasmada y ejecutada a la perfección durante una primera mitad idílica de su Bayern Munich. Con Vidal y Alonso haciéndose del centro del campo, Lahm y Alaba apoyando a Costa-Ribery por los carriles y Müller y Lewandowski empujando sin cesar, el dominio de los alemanes fue absoluto. Hacía mucho tiempo que no se veía al Bayern jugar de esta manera ni tampoco al Atlético tan dominado y disminuido en todos los sectores del campo de juego.
Las palabras de Simeone posteriores al encuentro fueron más que elocuentes: "Vimos el mejor rival al que me enfrenté en un primer tiempo. Tuvieron de todo, buen juego aéreo, uno contra uno y fue tremendo, maravilloso, ver a un equipo con esa continuidad en la intensidad del juego. Me dejó enamorado y no pudimos responder, pero la reacción fue buena a partir del penal que paró Oblak".
Fue muy acertada la lectura de Simeone, ya que la dinámica, la verticalidad total, directo al extremo - lo más sorpresivo del planteo sin lugar a dudas-, la posesión, la intensidad, las transiciones al ataque y la fluidez del Bayern Munich simplemente fueron perfectas. La ventaja mínima llegó con un gol algo sucio de Xabi Alonso - de magnífico encuentro, siempre como salida para los centrales, atento en los relevos y muy activo en ofensiva- que pareció encaminar la eliminatoria. Antes, el local había tenido varias ocasiones netas, entre ellas una volea ancha de Müller, un disparo apenas alto de Lahm, un sensacional intento de Vidal que se fue por muy poco y una atajada notoria de Oblak ante una lujosa definición de Lewandowski. Pero el descontrol del Atleti se vio reflejado por sobre todas las cosas en la cantidad de espacios que dejó en todo el campo de juego, sobre todo del mediocampo hacia atrás. Unos huecos que tuvieron su consolidación en el penalti que unos minutos más tarde le cometió tontamente José María Giménez a Javi Martínez, en una acción que encendió aún más a un estadio al borde de la explosión total.
Lamentablemente, Thomas Müller no se mostró a la altura de las circunstancias y con un nerviosismo que su talento y altanería jamás dejan traslucir, ejecutó demasiado anunciado en lanzamiento desde el punto penalti y Oblak logró salvar su valla. Además, el portero del Atleti tuvo los reflejos necesarios como para abalanzarse sobre el esférico y detener el intento de Xabi Alonso por convertir en el rebote.
El impacto fue duro en el Bayern Munich, que se sumió en una crisis nerviosa muy bien guiada por los jugadores de un equipo acostumbrado - hay que decirlo claramente, hay virtudes y defectos en la máquina de Simeone- a ensuciar los partidos de todas las formas posibles. Luego del cruce entre el Cholo y uno de los colaboradores de Guardiola, que terminó con Ribery, Burgos y Pep calmando las aguas, la primera mitad finalizó dejando la incertidumbre en el aire más allá de que la serie estaba de momento destinada a los penales.
El descanso le sirvió a Simeone para ajustar tuercas en su equipo, para tratar de convencerlos que a pesar de la adversidad era posible llegar nuevamente a la gran final. El ingreso de Yannick Ferreira-Carrasco en lugar de Gabi fue toda una declaración por parte del entrenador argentino y rindió sus frutos. Aprovechando que en su lógica confianza y dominio, el Bayern Munich se había convertido en un equipo largo y volcado por completo al ataque, en su única jugada de verdadero riesgo logró nivelar el marcador tras un contragolpe magistral y una definición impecable de Antoine Griezmann luego de una larga carrera en soledad hacia el gol para anotar el 1-1.
El pase de Fernando Torres había sido más que excelente, pero el ariete francés se encontraba en posición fuera de juego, una que no fue sancionada por el colegiado ni por sus jueces de línea. Ante la necesidad de convertir dos goles con el 1-2 global, el Bayern Munich redobló la apuesta y continuó atacando por todos los sectores del campo de juego. Manejando el balón con mucha velocidad y precisión, todo el equipo de Guardiola se instaló en campo rival y el Atlético de Madrid se encerró aún más para hacer lo que mejor sabe: resistir como un puño de hierro.
Luego de varios minutos de desgaste puro, el local logró ponerse en ventaja una vez más con un verdadero golazo a los 74' del partido. Moviendo el esférico de lado a lado, con todos los atacantes involucrados, Alaba lanzó un sensacional centro pasado, Vidal bajó la pelota con maestría y bajo el arco Lewandowski la empujó al fondo de la red para poner el 2-1.
La presión se hizo insoportable para el cuadro de Simeone, que logró sostenerse por las manos de Oblak y por una defensa que reaccionó estupendamente ante los sendos disparos y centros que cayeron sobre el área. Savic logró bloquear providencialmente un tiro de Alaba, Oblak pudo despejar un centro antes de que Lewandowski se convirtiese en el héroe de la noche y Coman - que había ingresado por Douglas Costa a los 73'- tuvo varias posibilidades por la derecha ingresando al área en soledad que desperdició con una frialdad muy particular.
La frutilla del postre fue el absurdo penalti que el árbitro sancionó en favor del Atlético de Madrid, pues la infracción cometida por Javi Martínez a Torres fue como mínimo un metro y medio afuera del área en un ataque salvaje del delantero. El Niño tomó la responsabilidad para sentenciar la serie, pero Neuer con una estirada notable - ante un disparo un poco anunciado, pero más esquinado que el de Müller- mantuvo con vida a su equipo.
Con poco más de 8' por delante más el tiempo de adición, Thomas Partey reemplazó a Griezmann para ganar algo más de piernas en el retroceso y salida más fresca. Sobre el minuto 88, Alaba capturó un rebote en la medialuna, disparó a colocar, el balón se desvió en Thomas y Oblak volvió a mostrar que Simeone no estaba equivocado cuando lo pidió hace unos años y lo puso como titular por encima de otros porteros con mucho más nombre.
Un bloqueo milagroso de Gabi sobre Alaba luego de un centro de Ribery y un balón suelto que Lewandowski no pudo conectar a la perfección y que terminó en manos de Oblak fueron las chances finales para un Bayern Munich que lo intentó todo, que lo hizo muy bien como es su costumbre, pero que se chocó contra una muralla táctica y física que ha demostrado una vez más ser imposible de franquear.
El alocado festejo de los jugadores del Atleti sobre el final, el apretón de manos entre los dos entrenadores, las palabras de admiración respecto del otro y demás postales, cerraron una noche en la que quienes amamos el fútbol quedamos más que satisfechos. Tras dos partidos agotadores desde todo punto de vista, dos batallas sensacionales, el Atlético de Madrid logró alcanzar su impresionante segunda final en las últimas tres ediciones de la Champions League.
Justo en la temporada en la que se decía que Simeone había perdido el toque mágico, que no había logrado remodelar la identidad de su equipo tras la salida de varios referentes, el argentino terminó de configurar al máximo su máquina de competitividad. Es claro que como él mismo lo dijo, sus equipos no están construidos para gustar sino para ganar, esto más allá de que algunas veces este Atleti ha mostrado muy buen juego. El convencimiento y la pasión que el Cholo le ha impregnado a una plantilla que hasta hace poco peleaba por no descender lo ha convertido en uno de los tres mejores equipos de España y en una potencia mundial temida por todos, algo impensado hasta hace muy poco.
Para Pep Guardiola, la salida del Bayern Munich será sin la Champions League, pero habiendo cumplido el gran objetivo planteado cuando llegó: el consolidar un estilo de juego magistral y diferente al histórico del club. La base que le ha dejado a la institución en lo táctico es maravillosa y compleja y será utilizada por Carlo Ancelotti para continuar por el camino del éxito y volver a ganar la orejona dentro de muy poco tiempo.
Es por ello que desde aquí decimos que lo que el catalán le ha entregado al gigante alemán es mucho más grande que un simple título. Es seguro que el fútbol le dará una revancha a su mayor revolucionario desde la irrupción de Johan Cryuff y su sensacional Dream Team. Juzgar a un entrenador solamente por los resultados es una locura, ya que estos son solamente una parte de su trabajo y, a decir verdad, hay muchos que ya desearían en sus trabajos "fracasar" como lo ha hecho Guardiola en su productiva y exitosa estadía en Alemania.
Siete semifinales de Champions League sobre siete participaciones desde su debut como entrenador en 2008, 2 Champions League, 3 Mundiales de Clubes, 3 Ligas de Fútbol Español, 2 Copa del Rey, 3 Supercopa de España, 3 Supercopa de Europa, 2 Bundesliga en fila (con la tercera a punto de conseguirse) y 1 DFB-Pokal en tan solo OCHO AÑOS DE CARRERA COMO ENTRENADOR parecen ser suficientes como para acallar a los que suelen decir que con el fútbol tal cual lo pregona Guardiola "no se gana nada". Los mediocres siempre estarán al acecho y esperarán la derrota para golpear sin cesar, pero de ellos no vale la pena hablar. Si de dos entrenadores que a pesar de tener visiones opuestas acerca de como debe jugarse el fútbol, son un ejemplo de profesionalidad, de pasión por su trabajo y de capacidad para convertir a sus jugadores en fieles y aguerridos soldados de sus respectivas causas.
Hoy le tocó a Simeone, como antes le tocó tantas veces a Guardiola. Mañana se verá a quien lo favorece el destino - recordar aquella caída del Barcelona de Pep ante el Chelsea de Di Matteo en una de las series más bizarras e injustas de la historia-, pero las estadísticas del encuentro hablan por sí solas. A veces no alcanza con ser el mejor y con demostrarlo en el campo de juego, tal vez eso sea lo más hermoso y frustrante del fútbol. Simplemente se trata de saber de que lado nos encontramos en la ecuación, todo lo demás es una anécdota. Es en las derrotas donde se reafirman los valores y las convicciones, pues es muy simple alabar y apoyar en los momentos más altos.
El primer encuentro se celebró en el Vicente Calderón, bajo una atmósfera sensacional que mucho tuvo que ver con la victoria final por la mínima del cuadro Colchonero. Con una previa muy picante por parte de algunos directivos de ambos clubes y jugadores - aunque no desde los dos entrenadores que se mostraron un respeto y admiración absoluta- el partido tuvo unos primeros 20 minutos a puro vértigo.
Con su tradicional 4-4-2, apostando a tener más control en el mediocampo con la presencia de Gabi, Augusto Fernández, Koke y Saúl Ñiguez en la línea de volantes, el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone logró incomodar al máximo a un Bayern Munich que no pareció cómodo ni con el planteo de su rival ni con el propio. El extraño 4-1-4-1 planteado por Guardiola, con Bernat y Lahm por los laterales, Javi Martínez y David Alaba como centrales, Xabi Alonso como mediocentro, Vidal y Thiago en el doble pivote, Costa y Coman lanzados como extremos y Lewandowski como centrodelantero, no le permitió a la potencia teutona desarrollar su habitual fútbol de calidad, velocidad y precisión.
Claro que las lesiones habían sido la principal razón para que Pep Guardiola apostase por este once inicial, aunque en el planteo estaba presente la idea de romper al Atlético de Madrid por los costados a sabiendas de que ingresar por el andarivel central ante el cuadro madrileño es una misión absolutamente suicida. Los mencionados primeros 20' del partido fueron suficientes para que el Atleti lograse descolocar a su rival - que jamás renunció a jugar por abajo ni a atacar y defender a su manera- y ponerse en ventaja con un golazo de Saúl Ñiguez que fue tres cuartos mérito suyo y un solitario cuarto responsabilidad de una estática línea de fondo.
Y como suele suceder, desde el momento del gol en adelante, el Atlético de Madrid comenzó a retrasarse en el campo de juego y a no disputar más la posesión del balón. Apostando al segundo balón y a mantener a raya a los laterales y extremos por los costados en el uno contra uno, el local le permitió al Bayern Munich crecer en el juego y comenzar a utilizar un módulo similar a un 4-3-3 para atacar que sin dudas fue mucho más dinámico, agresivo y preciso, con Costa y Coman flanqueando a Lewandowski y un triple cinco bien adelantado con Xabi Alonso cuidando a los centrales y el dueto Arturo Vidal-Thiago Alcántara creando juego en tres cuartos de campo.
Que los centrales, un superlativo Jan Oblak y los palos hayan sido los grandes protagonistas en el lado local durante el resto del encuentro habla de lo complicado que fue para los pupilos de Simeone salir victoriosos en su estadio. La dinámica posicional del equipo de Guardiola y su constancia para atacar de manera incesante y punzante encerraron al Atleti dentro de su propia área y lo hicieron depender - como en la serie de Cuartos de Final de la temporada pasada ante el Real Madrid- de su gran arquero para salvarse ante un rival superior.
Sin dudas que la performance del Bayern Munich podría haber sido mucho mejor, pero los ingresos de Frank Ribery, Thomas Müller y Benatia en el segundo tiempo - y en ese exacto orden- en lugar de Coman, Thiago y Bernat, le dieron otro impulso y, por ende, otra cara a un equipo que en el complemento se terminó pareciendo a ese que venimos observando hace tres años desde la llegada del ex entrenador del FC Barcelona. El agrupamiento de todos los rivales de la mitad de cancha hacia atrás hizo que la tarea se tornase cuasi imposible, pero las jugadas de riesgo existieron y si no ingresaron en la portería local fue por los motivos previamente mencionados.
El disparo en el larguero de Alaba, la pésima definición de Douglas Costa en muy buena posición y un cabezazo de Javi Martínez que Oblak detuvo con mucho esfuerzo sirvieron como preludio para la única jugada de peligro del Atlético de Madrid en el segundo tiempo. Un contragolpe ejecutado con la maestría habitual de los españoles desde la llegada de Simeone estuvo a centímetros de convertirse en el segundo gol de la noche, pero el disparo de Fernando Torres se estrelló en el parante izquierdo luego de un remate cruzado sensacional que había vencido la resistencia de Neuer.
Ambos entrenadores se estrecharon la mano luego de la primera batalla y el juego de especulaciones comenzó. La serie estaba sin lugar a dudas abierta, pues la diferencia era muy corta y además el Allianz Arena había demostrado ser una fortaleza en encuentros de Champions League recientes que habían comenzado con derrotas como ante el Oporto y el Shakhtar Donetsk. Lo que todos sabían era que ninguno de los dos entrenadores iba a retirarse del torneo sin dar una gran pelea, por lo que las emociones estaban aseguradas de cara al segundo partido.
En Alemania, ambos equipos salieron con planteos idénticos aunque con algunas variantes en sus onces iniciales. En el Atlético de Madrid se destacó el regreso de Godín, con Simeone manteniendo el 4-4-2 más mordedor que ofensivo, intentando tapar el centro del campo de la mano de un cuarteto de volantes mixtos, con Griezmann y Torres nuevamente encomendados a luchar contra la defensa local en los metros finales.
Pep Guardiola buscó hacer una vez más a su equipo bien ancho y volvió a plantar un 4-1-4-1 en el campo de juego. El retorno de Boateng le permitió colocar a Alaba como lateral y además modificó por completo el centro del campo, dejando a Xabi Alonso en soledad como mediocentro y poniendo por delante suyo a Ribery y Costa por las bandas y a Vidal y Müller por en andarivel central para secundar a Lewandowski en la ofensiva.
La idea del entrenador catalán se vio plasmada y ejecutada a la perfección durante una primera mitad idílica de su Bayern Munich. Con Vidal y Alonso haciéndose del centro del campo, Lahm y Alaba apoyando a Costa-Ribery por los carriles y Müller y Lewandowski empujando sin cesar, el dominio de los alemanes fue absoluto. Hacía mucho tiempo que no se veía al Bayern jugar de esta manera ni tampoco al Atlético tan dominado y disminuido en todos los sectores del campo de juego.
Las palabras de Simeone posteriores al encuentro fueron más que elocuentes: "Vimos el mejor rival al que me enfrenté en un primer tiempo. Tuvieron de todo, buen juego aéreo, uno contra uno y fue tremendo, maravilloso, ver a un equipo con esa continuidad en la intensidad del juego. Me dejó enamorado y no pudimos responder, pero la reacción fue buena a partir del penal que paró Oblak".
Fue muy acertada la lectura de Simeone, ya que la dinámica, la verticalidad total, directo al extremo - lo más sorpresivo del planteo sin lugar a dudas-, la posesión, la intensidad, las transiciones al ataque y la fluidez del Bayern Munich simplemente fueron perfectas. La ventaja mínima llegó con un gol algo sucio de Xabi Alonso - de magnífico encuentro, siempre como salida para los centrales, atento en los relevos y muy activo en ofensiva- que pareció encaminar la eliminatoria. Antes, el local había tenido varias ocasiones netas, entre ellas una volea ancha de Müller, un disparo apenas alto de Lahm, un sensacional intento de Vidal que se fue por muy poco y una atajada notoria de Oblak ante una lujosa definición de Lewandowski. Pero el descontrol del Atleti se vio reflejado por sobre todas las cosas en la cantidad de espacios que dejó en todo el campo de juego, sobre todo del mediocampo hacia atrás. Unos huecos que tuvieron su consolidación en el penalti que unos minutos más tarde le cometió tontamente José María Giménez a Javi Martínez, en una acción que encendió aún más a un estadio al borde de la explosión total.
Lamentablemente, Thomas Müller no se mostró a la altura de las circunstancias y con un nerviosismo que su talento y altanería jamás dejan traslucir, ejecutó demasiado anunciado en lanzamiento desde el punto penalti y Oblak logró salvar su valla. Además, el portero del Atleti tuvo los reflejos necesarios como para abalanzarse sobre el esférico y detener el intento de Xabi Alonso por convertir en el rebote.
El impacto fue duro en el Bayern Munich, que se sumió en una crisis nerviosa muy bien guiada por los jugadores de un equipo acostumbrado - hay que decirlo claramente, hay virtudes y defectos en la máquina de Simeone- a ensuciar los partidos de todas las formas posibles. Luego del cruce entre el Cholo y uno de los colaboradores de Guardiola, que terminó con Ribery, Burgos y Pep calmando las aguas, la primera mitad finalizó dejando la incertidumbre en el aire más allá de que la serie estaba de momento destinada a los penales.
El descanso le sirvió a Simeone para ajustar tuercas en su equipo, para tratar de convencerlos que a pesar de la adversidad era posible llegar nuevamente a la gran final. El ingreso de Yannick Ferreira-Carrasco en lugar de Gabi fue toda una declaración por parte del entrenador argentino y rindió sus frutos. Aprovechando que en su lógica confianza y dominio, el Bayern Munich se había convertido en un equipo largo y volcado por completo al ataque, en su única jugada de verdadero riesgo logró nivelar el marcador tras un contragolpe magistral y una definición impecable de Antoine Griezmann luego de una larga carrera en soledad hacia el gol para anotar el 1-1.
El pase de Fernando Torres había sido más que excelente, pero el ariete francés se encontraba en posición fuera de juego, una que no fue sancionada por el colegiado ni por sus jueces de línea. Ante la necesidad de convertir dos goles con el 1-2 global, el Bayern Munich redobló la apuesta y continuó atacando por todos los sectores del campo de juego. Manejando el balón con mucha velocidad y precisión, todo el equipo de Guardiola se instaló en campo rival y el Atlético de Madrid se encerró aún más para hacer lo que mejor sabe: resistir como un puño de hierro.
Luego de varios minutos de desgaste puro, el local logró ponerse en ventaja una vez más con un verdadero golazo a los 74' del partido. Moviendo el esférico de lado a lado, con todos los atacantes involucrados, Alaba lanzó un sensacional centro pasado, Vidal bajó la pelota con maestría y bajo el arco Lewandowski la empujó al fondo de la red para poner el 2-1.
La presión se hizo insoportable para el cuadro de Simeone, que logró sostenerse por las manos de Oblak y por una defensa que reaccionó estupendamente ante los sendos disparos y centros que cayeron sobre el área. Savic logró bloquear providencialmente un tiro de Alaba, Oblak pudo despejar un centro antes de que Lewandowski se convirtiese en el héroe de la noche y Coman - que había ingresado por Douglas Costa a los 73'- tuvo varias posibilidades por la derecha ingresando al área en soledad que desperdició con una frialdad muy particular.
La frutilla del postre fue el absurdo penalti que el árbitro sancionó en favor del Atlético de Madrid, pues la infracción cometida por Javi Martínez a Torres fue como mínimo un metro y medio afuera del área en un ataque salvaje del delantero. El Niño tomó la responsabilidad para sentenciar la serie, pero Neuer con una estirada notable - ante un disparo un poco anunciado, pero más esquinado que el de Müller- mantuvo con vida a su equipo.
Con poco más de 8' por delante más el tiempo de adición, Thomas Partey reemplazó a Griezmann para ganar algo más de piernas en el retroceso y salida más fresca. Sobre el minuto 88, Alaba capturó un rebote en la medialuna, disparó a colocar, el balón se desvió en Thomas y Oblak volvió a mostrar que Simeone no estaba equivocado cuando lo pidió hace unos años y lo puso como titular por encima de otros porteros con mucho más nombre.
Un bloqueo milagroso de Gabi sobre Alaba luego de un centro de Ribery y un balón suelto que Lewandowski no pudo conectar a la perfección y que terminó en manos de Oblak fueron las chances finales para un Bayern Munich que lo intentó todo, que lo hizo muy bien como es su costumbre, pero que se chocó contra una muralla táctica y física que ha demostrado una vez más ser imposible de franquear.
El alocado festejo de los jugadores del Atleti sobre el final, el apretón de manos entre los dos entrenadores, las palabras de admiración respecto del otro y demás postales, cerraron una noche en la que quienes amamos el fútbol quedamos más que satisfechos. Tras dos partidos agotadores desde todo punto de vista, dos batallas sensacionales, el Atlético de Madrid logró alcanzar su impresionante segunda final en las últimas tres ediciones de la Champions League.
Justo en la temporada en la que se decía que Simeone había perdido el toque mágico, que no había logrado remodelar la identidad de su equipo tras la salida de varios referentes, el argentino terminó de configurar al máximo su máquina de competitividad. Es claro que como él mismo lo dijo, sus equipos no están construidos para gustar sino para ganar, esto más allá de que algunas veces este Atleti ha mostrado muy buen juego. El convencimiento y la pasión que el Cholo le ha impregnado a una plantilla que hasta hace poco peleaba por no descender lo ha convertido en uno de los tres mejores equipos de España y en una potencia mundial temida por todos, algo impensado hasta hace muy poco.
Para Pep Guardiola, la salida del Bayern Munich será sin la Champions League, pero habiendo cumplido el gran objetivo planteado cuando llegó: el consolidar un estilo de juego magistral y diferente al histórico del club. La base que le ha dejado a la institución en lo táctico es maravillosa y compleja y será utilizada por Carlo Ancelotti para continuar por el camino del éxito y volver a ganar la orejona dentro de muy poco tiempo.
Es por ello que desde aquí decimos que lo que el catalán le ha entregado al gigante alemán es mucho más grande que un simple título. Es seguro que el fútbol le dará una revancha a su mayor revolucionario desde la irrupción de Johan Cryuff y su sensacional Dream Team. Juzgar a un entrenador solamente por los resultados es una locura, ya que estos son solamente una parte de su trabajo y, a decir verdad, hay muchos que ya desearían en sus trabajos "fracasar" como lo ha hecho Guardiola en su productiva y exitosa estadía en Alemania.
Siete semifinales de Champions League sobre siete participaciones desde su debut como entrenador en 2008, 2 Champions League, 3 Mundiales de Clubes, 3 Ligas de Fútbol Español, 2 Copa del Rey, 3 Supercopa de España, 3 Supercopa de Europa, 2 Bundesliga en fila (con la tercera a punto de conseguirse) y 1 DFB-Pokal en tan solo OCHO AÑOS DE CARRERA COMO ENTRENADOR parecen ser suficientes como para acallar a los que suelen decir que con el fútbol tal cual lo pregona Guardiola "no se gana nada". Los mediocres siempre estarán al acecho y esperarán la derrota para golpear sin cesar, pero de ellos no vale la pena hablar. Si de dos entrenadores que a pesar de tener visiones opuestas acerca de como debe jugarse el fútbol, son un ejemplo de profesionalidad, de pasión por su trabajo y de capacidad para convertir a sus jugadores en fieles y aguerridos soldados de sus respectivas causas.
Hoy le tocó a Simeone, como antes le tocó tantas veces a Guardiola. Mañana se verá a quien lo favorece el destino - recordar aquella caída del Barcelona de Pep ante el Chelsea de Di Matteo en una de las series más bizarras e injustas de la historia-, pero las estadísticas del encuentro hablan por sí solas. A veces no alcanza con ser el mejor y con demostrarlo en el campo de juego, tal vez eso sea lo más hermoso y frustrante del fútbol. Simplemente se trata de saber de que lado nos encontramos en la ecuación, todo lo demás es una anécdota. Es en las derrotas donde se reafirman los valores y las convicciones, pues es muy simple alabar y apoyar en los momentos más altos.




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