Creo que son pocas personas las que pueden dudar de la idoneidad y jerarquía del chileno Manuel Pellegrini como entrenador. Su carrera es exitosa como pocas, no solo en lo referido a los títulos sino también en lo enfocado en el estilo de juego y el desarrollo de jóvenes promesas en cada uno de los clubes en los que trabajó. Su importante palmares como director técnico, Pellegrini habla por sí solo: 1 Copa de Chile (Universidad Católica), 1 Serie A de Ecuador (LDU), 2 torneos clausura en Argentina (River Plate y San Lorenzo de Almagro) y con el Manchester City ha ganado 2 copas de la liga y una Premier League en el plano nacional y 1 Copa Interamericana (Universidad Católica), 1 Copa Mercosur (San Lorenzo de Almagro) y 1 Copa Intertoto de la UEFA (Villarreal CF). Pero hay algo que está por encima del bronce y que es mucho más relevante a la hora de comprender la importancia que tiene Pellegrini dentro del fútbol.
Más allá de sus logros, que han sido como pueden ver muchos y muy variados, es vital remarcar algo que diferencia a Manuel Pellegrini de gran parte de sus colegas: su honestidad, entendida esta como su capacidad para colocar los valores por encima del rédito inmediato, del aplauso de esa platea que siempre cambia de orientación cuando los vientos soplan de otra manera.
En un fútbol hundido en un mar de dinero sucio, con la FIFA apuntada como una de las más grandes asociaciones ilícitas de los últimos dos siglos, con los grandes equipos - incluido aquí el Manchester City que él dirige desde el año 2013- financiados por los gigantes del petróleo, con la publicidad tomando el centro de la escena y los aficionados genuinos cada vez más lejos de los estadios debido a los delirantes precios - salvo excepciones nobles como la de Alemania- con los que los clubes castigan a quienes tan solo quieren ver semana a semana al equipo de sus amores, es necesario rescatar y enaltecer la figura del chileno Manuel Pellegrini.
Desde sus comienzos como entrenador, el Ingeniero ha triunfado en todos los clubes por los que ha pasado, dejando su huella en cada uno de ellos. En la Universidad Católica y San Lorenzo dio pasos agigantados y les permitió conocer por primera vez la gloria internacional, mientras que en el Villarreal y el Málaga - con sutiles diferencias- logró llevar hasta las puertas del cielo a dos equipos de los que era impensado imaginar algún protagonismo más allá de la mitad de la tabla.
Aquí si vale hacer un punto y aparte, pues su Submarino Amarillo será recordado por haber logrado un Sub-Campeonato y por haber llegado hasta las Semifinales de la Champions League en la temporada 2005/06, de la mano de un gran funcionamiento colectivo y de un Juan Román Riquelme sublime, quedando a un penal de la gran cita europea. El quinto y segundo puesto en los dos siguientes años confirmaron el protagonismo de su Villarreal y por ello se le renovó el contrato hasta el año 2009. La caída contra el Arsenal en la ronda de 16 del máximo torneo continental, esta vez por un claro 4-1 global para los Gunners, comenzó a marcar el camino de salida para el chileno. El club valenciano quedo eternamente agradecido con él, pues con mucho trabajo e ideas claras tanto en el primer equipo como en las divisiones de formación, logró sentar las bases que hoy se pueden ver en la joven, audaz y vistosa versión que dirige Marcelino García Toral.
Tras esos años de éxito, no tardó demasiado Pellegrini en recibir la oferta que todo entrenador anhela escuchar: el Real Madrid lo necesitaba y para la temporada 2009/10 se convirtió en la cabeza del primer equipo. Se puede afirmar que la estadía en la capital española no fue la imaginada por él, pero a su manera pudo dejar algunos números para el recuerdo. Obviamente que el hecho de haber quedado fuera de la Copa del Rey ante el Alcorcón de la tercera división en Octavos de Final - el famoso "alcorconazo", la página más negra de su carrera- y el haber fallado en la misma instancia de Champions League ante el Lyon luego de haber firmado una excelente fase de grupos, terminó tapando el hecho de que su Real Madrid logró llegar a los 96 puntos en La Liga solo para ser vencido por el Barcelona de Pep Guardiola que alcanzó las 99 unidades en la jornada final.
Pocas veces se vieron en los años posteriores riñas tan parejas entre el fantástico Barcelona de Guardiola - en su gran momento de despegue- y su enemigo íntimo, pero Florentino Pérez no quedó a gusto luego de haber gastado un dineral en figuras como Cristiano Ronaldo, Kaká, Karim Benzemá y Xabi Alonso para terminar el año futbolístico sin títulos. Por encima de las miserias personales, el chileno se retiró sin hacer ruido a pesar de haber firmado una campaña histórica a nivel local, más allá de que unos años después - y con mucha razón- no sería tan benévolo con su ex empleador criticando la falta de proyectos a largo plazo que hay en el club merengue, así como la poca atención que se le presta a sus divisiones inferiores - con mirar el andar del Castilla alcanza y sobra para comprobar esta afirmación- y el criterio de marketing que guía cada acción de quien hoy es Presidente del Real Madrid. Pero todo esto lo dijo unos años después, cuando la marea ya estaba baja, buscando una reflexión más que una crítica despechada algo de lo que Pérez sin dudas debería estar agradecido al día de hoy.
Su desembarco en el Málaga fue de la mano de los dólares teñidos de petróleo, con uno de tantos jeques invirtiendo millones de euros en un equipo que no la estaba pasando nada bien en La Liga. Su primer año lo encontró entre varias figuras de renombre, pues el olor a dinero siempre puede más, pero sin ningún tipo de organización táctica. Eran nombres pesados tirados al campo de juego sin más que eso, algo que Pellegrini se encargó de modificar luego de finalizar onceavo en sus primeros meses como entrenador del cuadro andaluz. En su temporada completa inaugural, logró llevar al Málaga hasta un histórico cuarto lugar con 58 unidades y clasificó a la Champions League tras ganar la fase previa.
Los problemas financieros debido a los problemas de papeles del jeque no le torcieron el brazo y a pesar de las salidas de Cazorla y Rondón, Pellegrini se quedó para comandar a sus jugadores en una nueva aventura. La fase de grupos la finalizó invicto en Champions League, con tres empates y tres victorias ante el Milan, el Zenit y el Anderlecht, para luego vencer al Porto en Octavos de Final y caer con mucha polémica y un gol de último momento en fuera de juego contra el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp, Marco Reus, Mario Götze y Robert Lewandowski que llegaría hasta la final.
Su temporada final fue la 2012/13, dejando al Málaga en puestos de Europa League - algo notable, pues ya no contaba con los recursos de sus inicios en la institución- y anunciando su llegada al Manchester City, que luego de haber logrado la Premier League tras varios años de inversiones desde Qatar sin éxitos y demasiados gastos, estaba buscando un proyecto integral similar al de Arsene Wenger en el Arsenal FC.
Sus comienzos en el cuadro de Manchester no fueron los mejores, con cuatro de derrotas que mostraron a un equipo en construcción. Luego de recibir algunas críticas, Pellegrini - el primer chileno en dirigir en Premier League y el quinto internacional en la historia- se mantuvo fiel a sus convicciones, comenzó a desarrollar su idea a pleno y dejó que las 20 victorias consecutivas entre todas las competencias que siguieron a ese mal período inicial hablasen por sí solas. Las victorias más resonantes fueron frente al Bayern Munich por Champions League y ante el Arsenal, que en ese momento era el líder del torneo local. Con solo dos empates en estos 20 partidos y con resultados históricos como el 9-0 global ante el West Ham United por la Copa de la Liga, varias voces se alzaron para afirmar que el Manchester City era el mejor equipo del mundo.
El estilo ofensivo en el campo de juego enamoró a todos, con todos los ingredientes de su ideología futbolística: triangulaciones en todo el campo, balón siempre al ras del piso, el uso perfecto de los balones cruzados, las combinaciones en corto por el centro, la velocidad por los costados con los laterales y los exteriores, la verticalidad como forma de encarar cada encuentro y la eficacia goleadora al máximo, con un promedio de tres goles cada 90 minutos. En tan solo 34 encuentros lograron superar los 100 goles y marcar un nuevo récord y la temporada finalizaría con la consagración en la hoy Capital One Cup - primer gran trofeo del club en su historia- y en la Premier League.
En el plano internacional, la primera llegada del club a Octavos de Final en Champions League tuvo la mala fortuna de estar acompañada por irregulares fases de grupo y el sorteo contra el FC Barcelona como broche de oro. Se le ha endilgado mucho a Pellegrini el no haber logrado la gloria en la máxima competencia europea más allá de poseer un equipo con las más grandes estrellas del mundo, algo que no siempre es garantía de éxito claro está.
La forma de aquel increíble Manchester City comenzó a decaer en la temporada siguiente - porque la perfección es algo imposible de sostener-, con una caída ante el Newcastle en la Copa de la Liga y una Premier League tirada a la basura en el tramo final: llegó a los últimos 12 encuentros con posibilidades, pero en la carrera definitiva solo pudo obtener 18 sobre 36 unidades en juego, consagrándose un implacable Chelsea dirigido por José Mourinho. La nueva caída ante el Barcelona en Octavos de Final de la Champions League tampoco ayudó demasiado, pero el Ingeniero mantuvo su trabajo sin ninguna duda de por medio.
¿Cuales fueron las razones? La principal fue su destacado trabajo como entrenador y como manager del club, eligiendo muy bien los refuerzos y también poniendo el ojo en la academia del City y en las de los demás clubes europeos para poder adquirir y formar grandes promesas. Jugadores como Manu García, Kelechi Iheanacho, Fabian Delph, Luke Brattan, David Faupala, Jason Denayer y Patrick Roberts no están en las filas de los Citizens por arte de magia sino por el trabajo a fondo de Manuel Pellegrini y su cuerpo técnico para dejar algo más que títulos en la institución. Comprar y formar según el estilo de juego y no según las necesidades del mercado y de los líderes empresarios le suelen llamar algunos, definición con la que quien les escribe está completamente de acuerdo.
Este año, la irregularidad ha dominado a un Manchester City incapaz de imponer su poderío - trajo entre otros a estrellas en pleno ascenso como Raheem Sterling y a Kevin De Bruyne- ante rivales en los papeles inferiores como el Leicester City y el Tottenham Hotspur, comenzando como líder absoluto durante las primeras doce jornadas pero apenas conformándose con la pelea por el ingreso a la Champions League del año que viene. La histórica clasificación a Cuartos de Final del torneo continental y la Capital One Cup obtenida por penales ante el Liverpool FC sirven como paliativos, pero no logran maquillar una temporada que ha sido por sobre todas las cosas decepcionante en lo deportivo.
Con el estilo de su equipo desdibujándose a cada partido, con destellos de lo que alguna vez supo ser como colectivo, Manuel Pellegrini mantuvo la calma y nunca dejó de buscar soluciones tácticas para los varios problemas que se le presentaron en el camino. Las graves lesiones han acechado a su plantilla durante todo el año, haciéndole imposible contar con gran parte de sus titulares sanos al mismo tiempo, ayudando esto a resentir una estructura general muy sólida pero que necesita que sus intérpretes estén al 100% física y futbolísticamente para funcionar.
Cuando se anunció la renovación de su contrato hasta el año 2017, fueron muchos los que levantaron la ceja, no por dudar del chileno sino porque no era secreto el deseo de la dirigencia del club de contar con Pep Guardiola en la temporada próxima. Esto sumado al hecho de que el catalán anunció unas semanas antes que dejaba el Bayern Munich al final de la temporada y que buscaría trabajo en el fútbol inglés, generó indignación en muchas personas que entendieron que desde arriba - no Guardiola, que se entienda, sino la Comisión Directiva- se estaba usando a Pellegrini, que tanto le dio al club, de una manera vil e injusta.
El entrenador agradeció públicamente y se mostró feliz de continuar en un lugar que siente genuinamente como su casa, pero a los pocos días tuvo que desayunar con la noticia de que Pep Guardiola iba a ser el nuevo director técnico del Manchester City al finalizar la 2015/16. Amable, respetuoso y diplomático, el chileno enfrentó los micrófonos una vez más y dijo que él estaba al tanto de todo hace varios meses y que no tenía ningún problema con la dirigencia. Repitió que su foco estaba puesto en cerrar de la mejor manera posible la participación en Premier League y el lograr alcanzar la gran final de la Champions League, en un intento de pasar de página con mucha velocidad sin generar daños colaterales en el medio.
Ese fue el primer gran gesto que Manuel Pellegrini dejó en sus meses finales como entrenador Citizen, pero uno aún más grande lo pondría por encima de la media dentro de un ambiente que vive de la carroña y del dinero por encima de todo lo demás. Es conocida la relación de amistad y admiración entre Pellegrini y Wilfredo Caballero, arquero suplente del conjunto ciudadano, y que según varios especialistas posee mucha más habilidad y técnica que el titular indiscutido, Joe Hart. Lo cierto es que su paso por el hoy gigante inglés no ha sido el ideal, con pocas oportunidades para mostrarse y sin lograr grandes actuaciones. De cara a la final de la Capital One Cup, los medios y varios dirigentes buscaron lograr que el entrenador diese el brazo a torcer y colocase a Hart en Wembley, objetivo en el que fracasaron rotundamente.
El destino tenía guardada una caricia para los dos protagonistas, pues Caballero fue el héroe de su equipo durante los 120' que duró el partido, evitando el segundo gol sobre el cierre de los 90' iniciales y respondiendo con solidez durante todo el partido. En la serie de penaltis, el ex Málaga detuvo tres ejecuciones y le sirvió en bandeja el título a sus compañeros, que lo llevaron en andas por todo Wembley ante la ovación interminable de la afición.
Jugador y entrenador se estrecharon en un abrazo muy grande y sentido y luego llegó el momento de enfrentar a los micrófonos. Primero pasó Caballero, que dejó un mensaje contundente en favor del chileno: "A Manuel Pellegrini le debo mucho. Hizo parte de la fuerza para que yo esté acá. Durante la semana habíamos trabajado muy bien y me alegro de haberle podido devolver la confianza. Lo más importante de una temporada, al final, es ganar títulos".
Pellegrini se sentó con una sonrisa frente a decenas de micrófonos y flashes y al ser consultado por la victoria disparó una frase con su sello, una que lo pinta de cuerpo entero y expone lo que representa en un deporte que día a día se entrega cada vez más al marketing, al dinero y al cinismo: "Sobre todo, estoy contento por Willy Caballero. Merece estos momentos. Dije que iba a jugar él esta final y prefiero perder un título que traicionarme a mí mismo. Mi palabra es más importante que ganar un partido o un título". Manuel Pellegrini, este hombre encantador.
Este año, la irregularidad ha dominado a un Manchester City incapaz de imponer su poderío - trajo entre otros a estrellas en pleno ascenso como Raheem Sterling y a Kevin De Bruyne- ante rivales en los papeles inferiores como el Leicester City y el Tottenham Hotspur, comenzando como líder absoluto durante las primeras doce jornadas pero apenas conformándose con la pelea por el ingreso a la Champions League del año que viene. La histórica clasificación a Cuartos de Final del torneo continental y la Capital One Cup obtenida por penales ante el Liverpool FC sirven como paliativos, pero no logran maquillar una temporada que ha sido por sobre todas las cosas decepcionante en lo deportivo.
Con el estilo de su equipo desdibujándose a cada partido, con destellos de lo que alguna vez supo ser como colectivo, Manuel Pellegrini mantuvo la calma y nunca dejó de buscar soluciones tácticas para los varios problemas que se le presentaron en el camino. Las graves lesiones han acechado a su plantilla durante todo el año, haciéndole imposible contar con gran parte de sus titulares sanos al mismo tiempo, ayudando esto a resentir una estructura general muy sólida pero que necesita que sus intérpretes estén al 100% física y futbolísticamente para funcionar.
Cuando se anunció la renovación de su contrato hasta el año 2017, fueron muchos los que levantaron la ceja, no por dudar del chileno sino porque no era secreto el deseo de la dirigencia del club de contar con Pep Guardiola en la temporada próxima. Esto sumado al hecho de que el catalán anunció unas semanas antes que dejaba el Bayern Munich al final de la temporada y que buscaría trabajo en el fútbol inglés, generó indignación en muchas personas que entendieron que desde arriba - no Guardiola, que se entienda, sino la Comisión Directiva- se estaba usando a Pellegrini, que tanto le dio al club, de una manera vil e injusta.
El entrenador agradeció públicamente y se mostró feliz de continuar en un lugar que siente genuinamente como su casa, pero a los pocos días tuvo que desayunar con la noticia de que Pep Guardiola iba a ser el nuevo director técnico del Manchester City al finalizar la 2015/16. Amable, respetuoso y diplomático, el chileno enfrentó los micrófonos una vez más y dijo que él estaba al tanto de todo hace varios meses y que no tenía ningún problema con la dirigencia. Repitió que su foco estaba puesto en cerrar de la mejor manera posible la participación en Premier League y el lograr alcanzar la gran final de la Champions League, en un intento de pasar de página con mucha velocidad sin generar daños colaterales en el medio.
Ese fue el primer gran gesto que Manuel Pellegrini dejó en sus meses finales como entrenador Citizen, pero uno aún más grande lo pondría por encima de la media dentro de un ambiente que vive de la carroña y del dinero por encima de todo lo demás. Es conocida la relación de amistad y admiración entre Pellegrini y Wilfredo Caballero, arquero suplente del conjunto ciudadano, y que según varios especialistas posee mucha más habilidad y técnica que el titular indiscutido, Joe Hart. Lo cierto es que su paso por el hoy gigante inglés no ha sido el ideal, con pocas oportunidades para mostrarse y sin lograr grandes actuaciones. De cara a la final de la Capital One Cup, los medios y varios dirigentes buscaron lograr que el entrenador diese el brazo a torcer y colocase a Hart en Wembley, objetivo en el que fracasaron rotundamente.
El destino tenía guardada una caricia para los dos protagonistas, pues Caballero fue el héroe de su equipo durante los 120' que duró el partido, evitando el segundo gol sobre el cierre de los 90' iniciales y respondiendo con solidez durante todo el partido. En la serie de penaltis, el ex Málaga detuvo tres ejecuciones y le sirvió en bandeja el título a sus compañeros, que lo llevaron en andas por todo Wembley ante la ovación interminable de la afición.
Jugador y entrenador se estrecharon en un abrazo muy grande y sentido y luego llegó el momento de enfrentar a los micrófonos. Primero pasó Caballero, que dejó un mensaje contundente en favor del chileno: "A Manuel Pellegrini le debo mucho. Hizo parte de la fuerza para que yo esté acá. Durante la semana habíamos trabajado muy bien y me alegro de haberle podido devolver la confianza. Lo más importante de una temporada, al final, es ganar títulos".
Pellegrini se sentó con una sonrisa frente a decenas de micrófonos y flashes y al ser consultado por la victoria disparó una frase con su sello, una que lo pinta de cuerpo entero y expone lo que representa en un deporte que día a día se entrega cada vez más al marketing, al dinero y al cinismo: "Sobre todo, estoy contento por Willy Caballero. Merece estos momentos. Dije que iba a jugar él esta final y prefiero perder un título que traicionarme a mí mismo. Mi palabra es más importante que ganar un partido o un título". Manuel Pellegrini, este hombre encantador.







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