Dunga, entrenador de Brasil, lo había dejado muy en claro el día previo al choque contra Chile por el primer partido de las Eliminatorias Sudamericanas. Jorge Sampaoli no es un entrenador más, sino que está a la altura de los Mourinho y los Guardiola, siendo así un referente del cual hay que aprender. Mucho se ha dicho de la continuidad entre lo que inició Bielsa antes del Mundial 2010 y lo que ha hecho Sampaoli desde que sucedió en el cargo a Claudio Borghi - que salió tras un mal inicio de Eliminatorias y por haberse puesto firme ante la indisciplina de varios de sus mejores jugadores-, pero lo cierto es que el trabajo hecho por el argentino es digno de elogio y estudio. Si Bielsa sacó los complejos y los miedos del medio y le enseñó a Chile que podía jugarle de tú a tú a cualquier seleccionado del mundo, Sampaoli se encargó de hacer que el equipo evolucione al máximo posible y consiga un estilo de juego que honra al fútbol en todos sus partidos. Y eso siendo bastante generalistas, porque el trabajo del seleccionador de Chile ha sido muy fino y puede verse en cada uno de los jugadores y sus posiciones en el campo de juego.
Hay algo que Bielsa y Sampaoli comparten, que es la obsesión por tener todos los detalles bajo control. La ventaja que le lleva Sampaoli, es que es mucho más abierto a otras influencias más que el método propio y que no posee ninguno de los tics negativos del bielsismo. Por ejemplo: jamás planearía un partido enteramente pensado en anular al otro, poniendo en un segundo plano todo lo demás. Lo digo siendo un gran admirador de Bielsa, un defensor de la primera hora de su trabajo, pero la realidad es que a veces esa fijación termina siendo contraproducente y confundiendo a propios y extraños.
Sampaoli ha llevado los frutos de su gran trabajo en la Universidad de Chile - que fue durante su mandato el equipo que mejor jugó en el continente, junto al Newell's del Tata Martino- al seleccionado chileno que desde su llegada juega como nunca lo hizo en toda su historia. El sistema táctico del argentino es difícil de desgranar, pues tiene muchos componentes y detalles y está en constante evolución, pero puede ser resumido de la siguiente manera:
- El dibujo táctico oscila entre un 3-5-2 (el sistema usado hasta hace poco contra las potencias mundiales), un 3-4-1-2 (si cuenta con Valdivia y/o Matías Fernández en forma) y un 4-3-1-2 (ocasional, depende de si el partido requiere una línea de fondo fija).
- Dentro de ellos, el más utilizado es el 3-4-1-2, que ha sido pulido en las Eliminatorias para Brasil 2014 y durante ese mundial: Tres centrales con uno (el del medio, que suele ser Medel salvo tragedia) que se desprende de la línea y ayuda en la marca en el mediocampo; Dos laterales/volantes que en el retroceso arman la línea de cinco pero que son el eje central de cada ataque rompiendo líneas por las bandas; Un doble pivote conformado por un volante de marca pura (Díaz) y uno mixto con capacidad para crear juego y pisar el área rival (Vidal); Un enganche clásico (Valdivia o Fernández) que hace de nexo entre el centro del campo y la delantera, que en fase ofensiva se convierte en un atacante más y en retroceso se suma al doble cinco para armar el 5-3-2; Un delantero suelto en 3/4 con libertad para retroceder e ir por los dos costados (Alexis Sánchez) y un nueve punta que juega de espaldas al arco y alterna posición con su compañero (Eduardo Vargas).
- Lo que refiere al estilo de juego, a la ejecución de la idea es bastante claro: sus dos pilares fundamentales son la posesión de la pelota y la presión alta. De allí en adelante hay muchos elementos clave, como el combinar las transiciones veloces al ataque en pocos pases con el armado paciente de cada jugada y las constantes rotaciones posicionales. Para esto último, es importante resaltar la polifuncionalidad de todos los jugadores chilenos, siempre listos para ocupar espacios y hacer los relevos correspondientes. Por lo general el equipo sale desde su arquero con la pelota al ras del piso y va colocando a sus jugadores delante de la línea del mediocampo para desde allí en adelante buscar explosión por las bandas, con los interiores y laterales plantados en 3/4 de cancha para tanto ganar volumen ofensivo como para impedir la salida del rival. Según el esquema del contrincante, los ataques pueden ser también directos desde el fondo con un pase largo al mediocampo o con pases cruzados buscando que los laterales/volantes rompan con la línea defensiva.
Un estilo de juego agresivo, solidario y vistoso que está dejando una marca cada vez más profunda no solo en el fútbol latinoamericano sino en todo el mundo. No sería extraño que Sampaoli, una vez que termine su experiencia en Chile, tenga un lugar reservado en la elite de Europa pues lo merece hace largo rato. Para recibir a un Brasil herido y en pleno recambio tras los fracasos en su propio mundial y en la Copa América reciente, Sampaoli dispuso del 3-4-1-2 que acabamos de explicar: Bravo; Silva, Medel, Jara; Isla, Marcelo Díaz, Vidal, Beausejour; Valdivia; Eduardo Vargas y Alexis Sánchez. El seleccionador de Brasil, Dunga, plantó un equipo que de a poco se está conociendo, pero que tenía varias bajas por lesiones de último momento (las de Danilo y Firmino como las más importantes). El esquema elegido fue un 4-2-3-1 que tenía el objetivo de jugarle de igual a igual a Chile pero sin dejar demasiados espacios: Jefferson; Dani Alves, Miranda, David Luiz, Filipe Luis; Fernandinho, Luiz Gustavo; Willian, Oscar, Douglas Costa; Hulk.
El partido comenzó con ambos equipos atacándose, llegando hasta 3/4 de cancha con balón dominado. Chile buscaba acercarse con paciencia y despliegue progresivo de los exteriores y Brasil con velocidad y pocos pases abriendo también la cancha con sus mediapuntas. Los de Sampaoli aprovecharon que el césped estaba rápido por el rocío nocturno y con Isla y Beausejour se acercaron bastante a los dominios de Jefferson. En estos primeros minutos, Valdivia lució desconectado e impreciso, lejos de la imagen mostrada en la Copa América y en los recientes amistosos.
En lo táctico, lo de Chile era impecable: Díaz se plegaba a los centrales para ayudar en la contención y Vidal quedó casi siempre suelto para unirse a Valdivia y conformar un eje creativo. El local era paciente y prolijo, con una salida muy limpia desde Bravo y ganando velocidad de la mitad de la cancha hacia adelante. Lo que le faltaba, extrañamente, era precisión en los metros finales para poder llevar peligro al arco rival.
La primera jugada de riesgo llegó con un pelotazo largo de Bravo para Isla, que de primera jugó con Alexis Sánchez. El delantero ganó por la banda y encontró a Vargas por el medio, pero el disparo del jugador del Hoffenheim fue a las manos de Jefferson. A los pocos segundos, Vidal complicó a sus compañeros con un pésimo pase atrás y Medel se vistió por primera vez de bombero con un cruce perfecto ante la llegada de Douglas Costa.
Lo de Brasil era claro también en el centro del campo: el doble pivote tenía a dos jugadores con capacidad de marca y de juego que se alternaban para unirse al ataque. Corrían los minutos y Alexis Sánchez realizaba una gran labor tirándose unos metros atrás para recibir la pelota y permitir que los exteriores puedan llegar hasta el fondo de la cancha. Chile hacía todo bien, salvo los dos o tres pases del final que terminaban en los pies o las cabezas de los defensores brasileños.
El local presionaba bien alto, forzando a Brasil a jugar al pelotazo y así controlando el juego sin problemas. Dunga había previsto esto y armó un equipo listo para salir en largo con Willian y Costa, por lo que tampoco sufría en exceso cada vez que el contrincante lo atacaba. Hulk tuvo el primer acercamiento de su equipo con un buen tiro libre rasante que salió pegado al palo ante la atenta mirada de Bravo. Había un aspecto remarcable de la estrategia de Sampaoli para este partido: de a ratos le cedía la pelota a Brasil y lo apretaba hombre por hombre para ganar la segunda pelota y salir en velocidad sorprendiendo a los centrales.
Chile estaba plantado en campo rival, pero su vértigo era tan grosero de a ratos que el esquema era un 3-5-2 hecho para el ida y vuelta ya. La pausa, es decir Valdivia, ausentes sin aviso en la fría noche de Santiago. El marcaje en zona era muy bueno, sin dejarle demasiadas opciones a un Brasil que a pesar de todo no perdió el orden ni su plan de juego. Las posiciones en Chile no eran fijas, salvo la de los laterales/volantes, encargados de hacer que el verde césped se haga bien ancho en fase ofensiva y ayudando siempre en el retroceso.
Alexis llegó hasta el fondo, lanzó un centro atrás y Díaz remató con potencia desde la medialuna. Luiz Gustavo llegó a detener un poco la trayectoria de la pelota y Jefferson pudo controlar sin problemas. En la jugada siguiente, Bravo salió por abajo y con tres toques Alexis quedó frente al área: habilitación perfecta para Vargas que marcado y en una baldosa, sin parar la pelota, sacó un remate impresionante que salió pegado al palo.
Los de Dunga padecían ya el partido y buscaban equilibrar las acciones marcando con fuerza en el medio y buscando con disparos de media distancia sin mucha puntería. La Roja atropellaba sin piedad, pero necesitaba bajar como mínimo una velocidad para poder abrir el marcador. El buen trabajo de los interiores impedía que Filipe Luis y Marcelo sirviesen como salida limpia, pero luego de mucho tiempo llegó la primera de riesgo para Brasil: Elias tocó con Hulk y el delantero desvió por pocos centímetros su cañonazo.
En los minutos posteriores, Brasil se pudo posicionar en campo enemigo y aprovechar la posesión del balón que ya era un mérito propio y no plan de Chile. Vargas y Alexis quedaron muy aislados en este tramo, Vidal perdió marca y presencia en el medio y Diaz y Medel se convirtieron en pulpos para cubrir los errores de sus compañeros. Las imprecisiones en el mediocampo de Chile eran importantes, pero en Brasil tampoco había cambio de ritmo para aprovecharlas.
Medel y Díaz dudaron en un centro de Dani Alves y Oscar recibió por el costado para luego elevar su disparo sin mucho ángulo. La mala labor de Vidal tenía una explicación: al no estar Aránguiz, su rol era más de marca que de juego, algo que suele incomodar a este volante mixto que necesita de esa libertad para poder brillar. La posesión era pareja y el equipo que más contragolpeaba era Brasil, aunque no logró aprovechar ninguna de los varios avances de los que dispuso.
Sin tanta presión alta ni media, Chile había perdido el control del partido. El juego por las bandas de los de Dunga había mejorado considerablemente, pero ni Alves ni Luis ni Willian ni Costa estaban en su día más preciso por lo que Bravo no sufría contratiempos. Jara protagonizó un blooper en una salida y Medel corrigió ante un Hulk que estaba haciendo lo que podía solo por el medio contra todos los defensores chilenos.
En 35' el partido estaba amesetado, con Chile en pleno reacomodamiento y Brasil empujando sin demasiadas ideas ni sociedades entre sus jugadores de mejor pie. Poco tardó en regresar la presión alta del local, que inclinó la cancha de nuevo tras un breve impasse. Vidal, más suelto, recuperó y tocó con Vargas que falló en su intento por habilitar a Sánchez que ingresaba solo por la izquierda.
David Luiz tuvo que salir por una lesión en la rodilla y en su lugar ingresó Marquinhos, uno de los que está llamado a renovar de una vez la defensa verdeamarelha. Brasil volvió a ejercer mucho presión sobre el mediocampo de Chile, con todos sus jugadores yendo en bloque a cubrir espacios. Los de Sampaoli respondieron con una gran labor en el cierre, redoblando la apuesta y recuperando la pelota con rapidez. Compactos en retroceso y desplegados por completos en ataque, los chilenos - salvo un par de minutos- justificaban una ventaja que no llegaba todavía. Su mayor volumen en las dos fases del juego y su juego posicional no eran suficientes aún para abrir el marcador y desatar el nudo que había en las tribunas del estadio.
Mark González ingresó por un perdido Silva en Chile, un cambio que llegó a tiempo y transformó el dibujo táctico: 4-3-1-2 antes de irse al descanso. Línea de cuatro para cerrar las bandas de forma definitiva y ganar una salida más veloz desde el fondo. Cada uno tuvo una antes de ir a los vestuarios: primero el local, con un taco fenomenal de Vidal para Alexis, una apertura de este para González, que enganchó al medio y tocó con el delantero del Arsenal. Media vuelta y en ángulo izquierdo del arco de Jefferson quedó temblando luego de que la pelota impactó allí. La jugada siguió pues la presión terminó por ahogar a Brasil: luego de dos recuperaciones de Vidal, con todo el equipo plantado delante del área, Jara tocó y pasó muy bien pero su disparo de media distancia salió apenas por encima del travesaño.
Hulk, Marcelo y Oscar armaron una gran jugada a un toque en la puerta del área y el delantero del Zenit forzó a Bravo con un disparo muy potente para terminar con una primera mitad frenética y cambiante, en la que Chile había salido mejor parado en lo que refiere a idea de juego y aplicación de esta.
Los segundos 45' iniciaron con el local presionando una vez más sobre la salida de Brasil. El ida y vuelta se armó desde el primer minuto y durante este tramo quedó en evidencia que los de Dunga necesitan con urgencia de alguien que pueda parar la pelota y pensar un poco. Muy acelerados todos sus volantes, sin exhibir lo que vemos todos los fines de semana en las mejores ligas del mundo donde juegan.
Chile siguió apostando al armado paciente y la explosión en 3/4, ahora con una base un poco más sólida pues la línea de cuatro defensores implica mayor cobertura y tranquilidad para el trío del medio. Brasil estaba cómodo recostándose contra las cuerdas y saliendo de contraataque, algo que sucedió muchas veces gracias al flojo trabajo de Vidal en los relevos. Medel de a poco se convirtió en amo y señor de su área, cortando a todo jugador vestido de amarillo que intentase pasar por allí con mucha precisión y firmeza.
Oscar estuvo cerca de abrir el marcador luego de transformar un rebote de un mal tiro libre suyo en un disparo que salió cerca del palo. El protagonismo no era fijo, los dos seguían estudiándose en una batalla táctica absoluta. Miranda sobresalió en los de Dunga, muy atento frente a los embates de Vargas y Sánchez en velocidad. A los 54' el partido no tenía ni un segundo de descanso, pero Chile seguía mostrando mucho mejor y más inteligente manejo de la pelota, más allá de que Valdivia seguía desaparecido de las acciones.
El show de ataques era emocionante, pero ninguno tenía la precisión para concretar las varias jugadas que crearon. Hasta que Vidal jugó con Vargas en profundidad, Miranda cortó muy bien abajo pero la pelota le quedó a Isla, que sacó un tremendo derechazo cruzado que se estrelló contra el palo. La soledad de Díaz en el mediocampo era lo único que sostenía con vida a Brasil, que lo aprovechaba con la velocidad de sus mediapuntas. El sacrificio en la cobertura de los jugadores chilenos era notable y sostenía a la canarinha lejos de Bravo.
Oscar y Valdivia, los dos creativos, fueron sin dudas lo peor de sus equipos. Desperdiciando ataques con pases al lugar incorrecto o directamente a un jugador contrario. Matías Fernández ingresó por el errático enganche que milita en el fútbol árabe y las cosas se aclararon en 3/4 para los de Sampaoli. Más allá de que había imprecisiones, el seleccionado local jamás dejó de tener la pelota y de buscar armar juego por abajo, siendo este su norte aún en los momentos más desorganizados de la contienda.
Alexis encaró, tocó corto con Vidal y este abrió de primera para González. El resultados fue un disparo muy potente que salió pegado al parante izquierdo de Jefferson. Alexis casi logra empujarla bajo el arco, pero le faltaron apenas milímetros para conectarla. El martilleo incesante de Chile tuvo su premio a los 73': un foul innecesario cerca del área derivó en un centro de Fernández al primer palo y un anticipo perfecto de Vargas con la punta del botín - sutileza total- para poner el 1-0 que hizo delirar al Estadio Nacional.
A pesar de dejarle espacios a un rival contragolpeador, Chile no dejó de atacar luego del gol. Asumió riesgos con mucha conciencia y un plan concreto para poder solucionar los posibles problemas. Manejando la pelota de lado a lado ante un Brasil que salió desesperado a buscar un empate, actitud que terminó por condenarlo de manera definitiva.
Oliveira tomó el lugar de un agotado Hulk y tuvo su chance en la primera pelota que tocó: un centro picante de Marcelo al primer palo que el delantero del Santos rozó pero sin darle buena dirección gracias a la cobertura de Medel. González, de gran ingreso, y Alexis armaron una pared y el delantero tocó atrás con Fernández: violento disparo, pero que terminó en el techo del arco. Lo del jugador de la Fiorentina fue muy bueno en ataque, pero también en defensa, retrocediendo siempre para armar la línea de cuatro y no dejar nada al azar.
Dunga veía como su equipo chocaba sin parar contra un rival muy bien plantado y mandó a la cancha a Lucas Lima - promesa del fútbol brasileño- en lugar de Luiz Gustavo para encontrar en alguna jugada aislada de esta joven estrella un empate que habría sido inmerecido. Oliveira tuvo una más a los 85' con un buen control tras un pase de Marcelo - previo centro de Costa- y un tiro cruzado que salió muy ancho.
Vilchez entró por Díaz en el local y comenzó el asedio final. Brasil, liviano, sin líderes, rebeldía y/o explosión, miraba como Chile dominaba con comodidad. Todas las divididas del segundo tiempo fueron para los de Sampaoli, que como perro de presa no dejaron de morder en el medio hasta el final, avasallando a los cansados volantes de amarillo. Chile hizo correr el reloj, defendiéndose con la pelota, avanzando progresivamente hasta que encontró el momento justo: a los 89' Jara salió desde el medio, Fernández trasladó lo justo y necesario mientras Vargas y Alexis le arrastraban la marca; toque con Sánchez que salió del área y abrió con Vidal, que de primera se la devolvió tras llegar al fondo para que el del Arsenal empuje la pelota a la red sin resistencia de nadie. Un 2-0 que terminó de desatar la fiesta en tierras chilenas, con una gestación que fue el fiel reflejo de lo que había sido el partido y de lo que viene siendo el ciclo de Jorge Sampaoli en el primer equipo de Chile.
La jugada del final estuvo cerca de ser un golazo, pero luego de que todo el equipo tocase la pelota como mínimo dos veces por jugador, Vargas buscó a Alexis con un buen centro que fue despejado por Miranda. Reflejo de este Chile gigante que hizo historia en su casa una vez más y luego de 15 años venció a Brasil en Eliminatorias. Con el buen fútbol y el orden táctico como banderas, superó a un rival que siempre es candidato sin importar el momento en el que se encuentre y que no por estar de capa caída deja de ser uno de los mejores equipos del mundo. Sampaoli sigue escribiendo las páginas del libro que versa sobre su imperio, uno que ha sido erigido siguiendo un principio que casi no se ve en el fútbol moderno: nunca jamás traicionarse a sí mismo. El fútbol por sobre todas las cosas, porque a fin de cuentas eso es lo que importa de verdad.
El partido comenzó con ambos equipos atacándose, llegando hasta 3/4 de cancha con balón dominado. Chile buscaba acercarse con paciencia y despliegue progresivo de los exteriores y Brasil con velocidad y pocos pases abriendo también la cancha con sus mediapuntas. Los de Sampaoli aprovecharon que el césped estaba rápido por el rocío nocturno y con Isla y Beausejour se acercaron bastante a los dominios de Jefferson. En estos primeros minutos, Valdivia lució desconectado e impreciso, lejos de la imagen mostrada en la Copa América y en los recientes amistosos.En lo táctico, lo de Chile era impecable: Díaz se plegaba a los centrales para ayudar en la contención y Vidal quedó casi siempre suelto para unirse a Valdivia y conformar un eje creativo. El local era paciente y prolijo, con una salida muy limpia desde Bravo y ganando velocidad de la mitad de la cancha hacia adelante. Lo que le faltaba, extrañamente, era precisión en los metros finales para poder llevar peligro al arco rival.
La primera jugada de riesgo llegó con un pelotazo largo de Bravo para Isla, que de primera jugó con Alexis Sánchez. El delantero ganó por la banda y encontró a Vargas por el medio, pero el disparo del jugador del Hoffenheim fue a las manos de Jefferson. A los pocos segundos, Vidal complicó a sus compañeros con un pésimo pase atrás y Medel se vistió por primera vez de bombero con un cruce perfecto ante la llegada de Douglas Costa.
Lo de Brasil era claro también en el centro del campo: el doble pivote tenía a dos jugadores con capacidad de marca y de juego que se alternaban para unirse al ataque. Corrían los minutos y Alexis Sánchez realizaba una gran labor tirándose unos metros atrás para recibir la pelota y permitir que los exteriores puedan llegar hasta el fondo de la cancha. Chile hacía todo bien, salvo los dos o tres pases del final que terminaban en los pies o las cabezas de los defensores brasileños.
El local presionaba bien alto, forzando a Brasil a jugar al pelotazo y así controlando el juego sin problemas. Dunga había previsto esto y armó un equipo listo para salir en largo con Willian y Costa, por lo que tampoco sufría en exceso cada vez que el contrincante lo atacaba. Hulk tuvo el primer acercamiento de su equipo con un buen tiro libre rasante que salió pegado al palo ante la atenta mirada de Bravo. Había un aspecto remarcable de la estrategia de Sampaoli para este partido: de a ratos le cedía la pelota a Brasil y lo apretaba hombre por hombre para ganar la segunda pelota y salir en velocidad sorprendiendo a los centrales.
Chile estaba plantado en campo rival, pero su vértigo era tan grosero de a ratos que el esquema era un 3-5-2 hecho para el ida y vuelta ya. La pausa, es decir Valdivia, ausentes sin aviso en la fría noche de Santiago. El marcaje en zona era muy bueno, sin dejarle demasiadas opciones a un Brasil que a pesar de todo no perdió el orden ni su plan de juego. Las posiciones en Chile no eran fijas, salvo la de los laterales/volantes, encargados de hacer que el verde césped se haga bien ancho en fase ofensiva y ayudando siempre en el retroceso.
Alexis llegó hasta el fondo, lanzó un centro atrás y Díaz remató con potencia desde la medialuna. Luiz Gustavo llegó a detener un poco la trayectoria de la pelota y Jefferson pudo controlar sin problemas. En la jugada siguiente, Bravo salió por abajo y con tres toques Alexis quedó frente al área: habilitación perfecta para Vargas que marcado y en una baldosa, sin parar la pelota, sacó un remate impresionante que salió pegado al palo.
Los de Dunga padecían ya el partido y buscaban equilibrar las acciones marcando con fuerza en el medio y buscando con disparos de media distancia sin mucha puntería. La Roja atropellaba sin piedad, pero necesitaba bajar como mínimo una velocidad para poder abrir el marcador. El buen trabajo de los interiores impedía que Filipe Luis y Marcelo sirviesen como salida limpia, pero luego de mucho tiempo llegó la primera de riesgo para Brasil: Elias tocó con Hulk y el delantero desvió por pocos centímetros su cañonazo.
En los minutos posteriores, Brasil se pudo posicionar en campo enemigo y aprovechar la posesión del balón que ya era un mérito propio y no plan de Chile. Vargas y Alexis quedaron muy aislados en este tramo, Vidal perdió marca y presencia en el medio y Diaz y Medel se convirtieron en pulpos para cubrir los errores de sus compañeros. Las imprecisiones en el mediocampo de Chile eran importantes, pero en Brasil tampoco había cambio de ritmo para aprovecharlas.
Medel y Díaz dudaron en un centro de Dani Alves y Oscar recibió por el costado para luego elevar su disparo sin mucho ángulo. La mala labor de Vidal tenía una explicación: al no estar Aránguiz, su rol era más de marca que de juego, algo que suele incomodar a este volante mixto que necesita de esa libertad para poder brillar. La posesión era pareja y el equipo que más contragolpeaba era Brasil, aunque no logró aprovechar ninguna de los varios avances de los que dispuso.
Sin tanta presión alta ni media, Chile había perdido el control del partido. El juego por las bandas de los de Dunga había mejorado considerablemente, pero ni Alves ni Luis ni Willian ni Costa estaban en su día más preciso por lo que Bravo no sufría contratiempos. Jara protagonizó un blooper en una salida y Medel corrigió ante un Hulk que estaba haciendo lo que podía solo por el medio contra todos los defensores chilenos.
En 35' el partido estaba amesetado, con Chile en pleno reacomodamiento y Brasil empujando sin demasiadas ideas ni sociedades entre sus jugadores de mejor pie. Poco tardó en regresar la presión alta del local, que inclinó la cancha de nuevo tras un breve impasse. Vidal, más suelto, recuperó y tocó con Vargas que falló en su intento por habilitar a Sánchez que ingresaba solo por la izquierda.
David Luiz tuvo que salir por una lesión en la rodilla y en su lugar ingresó Marquinhos, uno de los que está llamado a renovar de una vez la defensa verdeamarelha. Brasil volvió a ejercer mucho presión sobre el mediocampo de Chile, con todos sus jugadores yendo en bloque a cubrir espacios. Los de Sampaoli respondieron con una gran labor en el cierre, redoblando la apuesta y recuperando la pelota con rapidez. Compactos en retroceso y desplegados por completos en ataque, los chilenos - salvo un par de minutos- justificaban una ventaja que no llegaba todavía. Su mayor volumen en las dos fases del juego y su juego posicional no eran suficientes aún para abrir el marcador y desatar el nudo que había en las tribunas del estadio.
Mark González ingresó por un perdido Silva en Chile, un cambio que llegó a tiempo y transformó el dibujo táctico: 4-3-1-2 antes de irse al descanso. Línea de cuatro para cerrar las bandas de forma definitiva y ganar una salida más veloz desde el fondo. Cada uno tuvo una antes de ir a los vestuarios: primero el local, con un taco fenomenal de Vidal para Alexis, una apertura de este para González, que enganchó al medio y tocó con el delantero del Arsenal. Media vuelta y en ángulo izquierdo del arco de Jefferson quedó temblando luego de que la pelota impactó allí. La jugada siguió pues la presión terminó por ahogar a Brasil: luego de dos recuperaciones de Vidal, con todo el equipo plantado delante del área, Jara tocó y pasó muy bien pero su disparo de media distancia salió apenas por encima del travesaño.
Hulk, Marcelo y Oscar armaron una gran jugada a un toque en la puerta del área y el delantero del Zenit forzó a Bravo con un disparo muy potente para terminar con una primera mitad frenética y cambiante, en la que Chile había salido mejor parado en lo que refiere a idea de juego y aplicación de esta.
Los segundos 45' iniciaron con el local presionando una vez más sobre la salida de Brasil. El ida y vuelta se armó desde el primer minuto y durante este tramo quedó en evidencia que los de Dunga necesitan con urgencia de alguien que pueda parar la pelota y pensar un poco. Muy acelerados todos sus volantes, sin exhibir lo que vemos todos los fines de semana en las mejores ligas del mundo donde juegan.
Chile siguió apostando al armado paciente y la explosión en 3/4, ahora con una base un poco más sólida pues la línea de cuatro defensores implica mayor cobertura y tranquilidad para el trío del medio. Brasil estaba cómodo recostándose contra las cuerdas y saliendo de contraataque, algo que sucedió muchas veces gracias al flojo trabajo de Vidal en los relevos. Medel de a poco se convirtió en amo y señor de su área, cortando a todo jugador vestido de amarillo que intentase pasar por allí con mucha precisión y firmeza.
Oscar estuvo cerca de abrir el marcador luego de transformar un rebote de un mal tiro libre suyo en un disparo que salió cerca del palo. El protagonismo no era fijo, los dos seguían estudiándose en una batalla táctica absoluta. Miranda sobresalió en los de Dunga, muy atento frente a los embates de Vargas y Sánchez en velocidad. A los 54' el partido no tenía ni un segundo de descanso, pero Chile seguía mostrando mucho mejor y más inteligente manejo de la pelota, más allá de que Valdivia seguía desaparecido de las acciones.
El show de ataques era emocionante, pero ninguno tenía la precisión para concretar las varias jugadas que crearon. Hasta que Vidal jugó con Vargas en profundidad, Miranda cortó muy bien abajo pero la pelota le quedó a Isla, que sacó un tremendo derechazo cruzado que se estrelló contra el palo. La soledad de Díaz en el mediocampo era lo único que sostenía con vida a Brasil, que lo aprovechaba con la velocidad de sus mediapuntas. El sacrificio en la cobertura de los jugadores chilenos era notable y sostenía a la canarinha lejos de Bravo.
Oscar y Valdivia, los dos creativos, fueron sin dudas lo peor de sus equipos. Desperdiciando ataques con pases al lugar incorrecto o directamente a un jugador contrario. Matías Fernández ingresó por el errático enganche que milita en el fútbol árabe y las cosas se aclararon en 3/4 para los de Sampaoli. Más allá de que había imprecisiones, el seleccionado local jamás dejó de tener la pelota y de buscar armar juego por abajo, siendo este su norte aún en los momentos más desorganizados de la contienda.
Alexis encaró, tocó corto con Vidal y este abrió de primera para González. El resultados fue un disparo muy potente que salió pegado al parante izquierdo de Jefferson. Alexis casi logra empujarla bajo el arco, pero le faltaron apenas milímetros para conectarla. El martilleo incesante de Chile tuvo su premio a los 73': un foul innecesario cerca del área derivó en un centro de Fernández al primer palo y un anticipo perfecto de Vargas con la punta del botín - sutileza total- para poner el 1-0 que hizo delirar al Estadio Nacional.
A pesar de dejarle espacios a un rival contragolpeador, Chile no dejó de atacar luego del gol. Asumió riesgos con mucha conciencia y un plan concreto para poder solucionar los posibles problemas. Manejando la pelota de lado a lado ante un Brasil que salió desesperado a buscar un empate, actitud que terminó por condenarlo de manera definitiva.
Oliveira tomó el lugar de un agotado Hulk y tuvo su chance en la primera pelota que tocó: un centro picante de Marcelo al primer palo que el delantero del Santos rozó pero sin darle buena dirección gracias a la cobertura de Medel. González, de gran ingreso, y Alexis armaron una pared y el delantero tocó atrás con Fernández: violento disparo, pero que terminó en el techo del arco. Lo del jugador de la Fiorentina fue muy bueno en ataque, pero también en defensa, retrocediendo siempre para armar la línea de cuatro y no dejar nada al azar.
Dunga veía como su equipo chocaba sin parar contra un rival muy bien plantado y mandó a la cancha a Lucas Lima - promesa del fútbol brasileño- en lugar de Luiz Gustavo para encontrar en alguna jugada aislada de esta joven estrella un empate que habría sido inmerecido. Oliveira tuvo una más a los 85' con un buen control tras un pase de Marcelo - previo centro de Costa- y un tiro cruzado que salió muy ancho.
Vilchez entró por Díaz en el local y comenzó el asedio final. Brasil, liviano, sin líderes, rebeldía y/o explosión, miraba como Chile dominaba con comodidad. Todas las divididas del segundo tiempo fueron para los de Sampaoli, que como perro de presa no dejaron de morder en el medio hasta el final, avasallando a los cansados volantes de amarillo. Chile hizo correr el reloj, defendiéndose con la pelota, avanzando progresivamente hasta que encontró el momento justo: a los 89' Jara salió desde el medio, Fernández trasladó lo justo y necesario mientras Vargas y Alexis le arrastraban la marca; toque con Sánchez que salió del área y abrió con Vidal, que de primera se la devolvió tras llegar al fondo para que el del Arsenal empuje la pelota a la red sin resistencia de nadie. Un 2-0 que terminó de desatar la fiesta en tierras chilenas, con una gestación que fue el fiel reflejo de lo que había sido el partido y de lo que viene siendo el ciclo de Jorge Sampaoli en el primer equipo de Chile.
La jugada del final estuvo cerca de ser un golazo, pero luego de que todo el equipo tocase la pelota como mínimo dos veces por jugador, Vargas buscó a Alexis con un buen centro que fue despejado por Miranda. Reflejo de este Chile gigante que hizo historia en su casa una vez más y luego de 15 años venció a Brasil en Eliminatorias. Con el buen fútbol y el orden táctico como banderas, superó a un rival que siempre es candidato sin importar el momento en el que se encuentre y que no por estar de capa caída deja de ser uno de los mejores equipos del mundo. Sampaoli sigue escribiendo las páginas del libro que versa sobre su imperio, uno que ha sido erigido siguiendo un principio que casi no se ve en el fútbol moderno: nunca jamás traicionarse a sí mismo. El fútbol por sobre todas las cosas, porque a fin de cuentas eso es lo que importa de verdad.








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