miércoles, 28 de octubre de 2015

Marcelo Gallardo ante su desafío más complejo



Todos recordamos aquel sensacional comienzo del ciclo de Marcelo Gallardo al frente del Club Atlético River Plate. Tras un mal primer paso contra Gimnasia de La Plata, donde el equipo jugó igual de mal que con Ramón Díaz pero sufriendo un empate en el minuto final - y hasta casi perdiéndolo, de no haber sido por la mala puntería del rival-, el entrenador supo que debía cambiar el rumbo velozmente. Antes de seguir adelante, repasemos aquella primera formación: Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Ferreyra: Pisculichi; Driussi y Boyé. La idea en lo referido a lo táctico estaba allí pero las conclusiones que había dejado aquella experiencia inicial no fueron buenas: poco juego asociado, muchos pelotazos, vértigo excesivo, dependencia de lo que hiciesen Mora y Teo (cuando ingresaron) y un mediocampo flojo tanto en la generación de juego como en la contención (algo que desordenó a la defensa y la convirtió en un caos). 

Así fue como Gallardo, sin más espalda que su condición de ídolo del club, tomó su primera decisión fuerte: dejar afuera a un muy lento e impreciso Leonardo Ponzio y darle el centro del mediocampo a Matías Kranevitter. A sus costados mantuvo a Carlos Sánchez y  agregó a Ariel Rojas (que tras ese debut fallido en La Plata, donde fue suplente del nefasto negocio de Ramon Díaz llamado Osmar Ferreyra, nunca más salió del equipo), ambos esenciales tanto para el ataque como para el retroceso. Delante de esta línea de tres volantes mixtos, colocó a Leonardo Pisculichi como enganche para que con sus espaldas bien cubiertas pueda tener libertad para generar juego y conectarse con los delanteros. Sí, se arriesgó a utilizarlo en esa posición tan demonizada en nuestro país y en casi todo el mundo - salvo en pequeños reductos donde aún se aprecia el fútbol-, algo que sorprendió para bien pues tan solo Boca Juniors usaba un enlace en su equipo. El ataque fue el ante-último paso, uno compuesto inicialmente por los juveniles Driussi y Boyé - de los que Gallardo esperaba velocidad y goles para bancar su idea de que las inferiores eran la clave del futuro-, pero que velozmente pasó a ser ocupado por el recuperado Rodrigo Mora, que se acomodó muy bien tras haber sido inexplicablemente ninguneado y destruido psicológicamente por el anterior DT, y el tan talentoso como irregular Teófilo Gutierrez. Su trabajo culminó con la defensa, que era la mayor de las dudas más allá de poseer dos certezas como Mercado y Vangioni en los laterales y una dupla central compuesta por Jonathan Maidana y Ramiro Funes Mori que venía con cierto rodaje - aunque sin actuaciones rutilantes-. Este último ya no era más un resistido por la tribuna del Monumental, merced de una ganancia en el área de la confianza luego de aquel famoso gol contra Boca Juniors en la Bombonera que le dió una victoria agónica y decisiva a un equipo que terminaría siendo campeón por primera vez desde su regreso del Nacional B. 

Pero volvamos un poco hacia atrás y aclaremos una cuestión al respecto de ese equipo de Ramón Díaz: ese campeonato no llegó porque el equipo jugase mejor que sus rivales. Es más, rondando la mitad del campeonato quedaba claro que estaba muy afuera de la pelea tras varias derrotas consecutivas que pusieron en duda la continuidad del riojano. Pero la irregularidad de todos los que peleaban el título - Boca, San Lorenzo y Lanus sobre todo-, que se sumieron en una seguidilla de empates y derrotas, le permitieron a los de Nuñez retomar el buen camino con triunfos tan ajustados como necesarios. El 2-1 contra el eterno rival en su casa marcó un antes y un después para un River que tras dos temporadas de humillaciones - primero en la segunda categoría y luego penando en la primera con Matías Almeyda como entrenador- pudo volver al triunfo en el plano local y empezar a dejar atrás los fantasmas. La performance en Copa Sudamericana no fue buena en ese año, pero se logró la tan añorada clasificación a la Copa Libertadores. Llegó el parate previo a la Copa Mundial de Brasil 2014 y el riojano - siempre en conflicto con la dirigencia- dió el portazo en el peor momento posible. O así lo creyó una gran mayoría de hinchas de River Plate, porque la realidad demostró que Díaz involuntariamente le hizo un enorme favor al club que él dice amar con todo su corazón.


Luego del tropezón contra Gimnasia, todo fue fiesta. O al menos así lo fue hasta el 4-1 contra Independiente en el Monumental donde Matías Kranevitter sufrió una lesión que lo marginó por más de 3 meses de las canchas. Pero hasta ese partido, el River de Gallardo mostró cosas que hace tiempo no se veían - todas juntas y bien combinadas- en el fútbol argentino: salida prolija por abajo desde el arquero; presión alta constante con los centrales adelantados; juego siempre por abajo y sin pelotazos; triangulaciones en todo el campo de juego; toque corto y preciso en velocidad que permitió transiciones rápidas al ataque; uso eficaz de las bandas con tándems entre el lateral y el volante exterior; armado paciente hasta el mediocampo y explosión por los costados de allí en adelante; rotaciones posicionales (más que nada en el medio) que le dieron mayor volumen en todos los sectores del campo de juego; inteligencia para, con el juego de posesión total, hacer salir a los centrales y generar huecos; ocupación eficiente de los espacios a la hora de defender (lo cual maquilló ciertos horrores de la línea de fondo). Detalles muy bien trabajados por Gallardo que hicieron al todo, uno que entusiasmó porque tenía dos principios que parecían inamovibles: la tenencia y buen trato de la pelota y la vocación ofensiva permanente.

El problema comenzó de allí en adelante, pues sin ese eje en el que se había convertido Kranevitter, Gallardo tuvo que recurrir a un Ponzio que además de no poseer ni la marca, ni la velocidad - mental y física-, ni el exquisito pie del jugador que ya es propiedad del Atlético de Madrid, necesita de mucha ayuda para que el mediocampo no se convierta en zona franca para cualquier rival. Hasta el final del torneo, el equipo sufrió una drástica transformación que solo conservó retazos de esa primera excelente y revolucionaria impresión. Buscó jugar siempre por abajo y atacar cada vez que era posible, pero el esquema mutó de uno dinámico a otro más rígido, con Sánchez y Rojas más preocupados por la marca que por el juego. Las bandas dejaron de ser solo un recurso y pasaron a ser el fin, entregándose River a un vértigo insoportable que lo hacía similar a equipos como Lanus que confunden jugar bien con correr con la cabeza agachada por los costados y tirar centros sin parar. Más allá de esto, los dirigidos por Gallardo sostuvieron sus chances en el campeonato por el buen nivel de sus delanteros, de Pisculichi y de sus dos volantes exteriores que en un gran sacrificio lograron que la ausencia de Kranevitter en el aspecto defensivo se sienta menos. Pero la seguidilla interminable de empates fue contundente, el equipo ya no jugaba bien pero conservaba eso que los medios y - sorpresivamente- el propio entrenador comenzaron a poner delante de todo lo demás: el carácter. Se multiplicaron los titulares y líneas de medios deportivos hablando de como River había puesto actitud para poder empatar o ganar tal o cual partido. Se dejó de hablar del juego y el torneo se terminó escapando en un partido en el que paradójicamente, River jugó mucho mejor que su rival - y luego campeón- Racing, pero por haber alineado una formación llena de suplentes y juveniles no pudo lastimarlo y llevarse tres puntos que lo habrían dejado en la punta del torneo a falta de dos fechas para su finalización. Lo demás lo conocemos todos: el equipo de Cocca aprovechó ese favor de su colega y con dos victorias en las fechas siguientes cerró un campeonato que había tenido en la cima al equipo de la banda roja durante casi todas sus fechas.

¿Por qué Marcelo Gallardo tomó semejante decisión? En esa respuesta está el otro eje de esta larga reflexión: tan solo cinco días más tarde, se enfrentaba a Boca Juniors en el Monumental por el partido de vuelta de la serie de Semifinales de la Copa Sudamericana. El primer partido había terminado en una igualdad sin goles, siendo el equipo de Arruabarrena el que contó con mayores chances de gol pero el de Gallardo el más sólido y lleno de presencia. También de jugo brusco, de violencia planificada que superó todo tipo de límite, no sancionada por un árbitro que debió expulsar a Ponzio como mínimo 3 veces pero apenas si lo amonestó. Y ese es solamente un caso de los varios que hubo, pero lo cierto es que a las patadas y con mucha intensidad, River pasó por encima a Boca en el mediocampo - eje de la batalla-. El Muñeco pensó el partido como una guerra, como un desafío que había que sortear para poder terminar con la maldición frente al Xeneize en el plano internacional y conseguir espaldas anchas de cara al futuro. Justamente en esos dos partidos fue donde el entrenador encontró un estilo de juego nuevo, casi inverso al que lo había hecho llevarse todos los elogios a comienzos de temporada, pero que le proveyó la misma - y mayor también- cantidad de éxitos en el plano deportivo. Un 4-4-2 luchador, con Pisculichi haciendo las veces de escudo para Ponzio en el retroceso y con Mora sumándose a la línea de contención siempre. Verticalidad pura, posesión parcial, juego eficaz por los costados, ráfagas de buen juego con triangulaciones en velocidad por los costados y un 1-0 global que los depositó en una Final que ganarían con autoridad - y vaivenes- ante un Nacional de Medellín vistoso, agresivo y dominante de a ratos en los dos partidos, pero demasiado tibio en los momentos decisivos.


La espina internacional estaba comenzando a ser extraída del pie, mérito de un entrenador que con un plantel muy corto y carente de figuras rutilantes logró lo imposible - ese inicio fenomenal- y luego supo dar el volantazo sobre la marcha. Alguien podría decir que traicionó ese discurso que al día de hoy sigue teniendo, pero lo cierto es que de una forma u otra este River modelo Gallardo número dos. compensó varias ausencias y el cansancio por la doble competencia con éxito e inteligencia durante ese primer tramo. Las críticas al director técnico se volvieron palabra prohibida entre los hinchas, así como varios medios acallaron varias voces que hacía tiempo alertaban acerca de lo nocivo que podía ser este inesperado cambio de prioridades en el estilo del equipo.

Lo que siguió fue la conquista de la Recopa Sudamericana ante un tibio y defensivo San Lorenzo, que cuando lo atacó en ambos partidos le generó mucho peligro, pero sin suerte ni puntería. Gallardo sumó así su segundo título internacional en pocos meses y terminó de tallar su nombre en la historia de River Plate. El estilo de juego no varió en absoluto, se mantuvo el doble cinco aún con el regreso de Matías Kranevitter, no tanto por el nivel de Ponzio - que siguió siendo malo, pero maquillado con su habitual "entrega"- sino por una cuestión más relacionada con la mística generada en la Copa Sudamericana. Llegó así un nuevo torneo local y la aventura de la Copa Libertadores, dos caminos que comenzaron muy mal pero que de a poco se fueron corrigiendo a base de buenos rendimientos individuales, la jerarquía obtenida en el ciclo y mucha solidaridad a nivel colectivo que sostuvieron a River en la triple competencia hasta el freno por la Copa América. Los errores siguieron presentes, pero todos tenían en claro- hasta los mismos jugadores y el cuerpo técnico- que el muy buen fútbol de esos tan lejanos comienzos ya no existía. El cuerpo técnico y los jugadores habían cambiado la mentalidad y se habían ajustado a la táctica y el estilo que mejor les quedaba. Pisculichi fue desapareciendo tras varias actuaciones olvidables y el doble comando se consolidó, sobre todo por el muy buen nivel de Ariel Rojas, Carlos Sánchez y Rodrigo Mora, indispensables para evitar que el equipo en cada retroceso se quebrase en mil pedazos y claves a la hora de atacar con velocidad y voracidad.

La primera fase de la Copa Libertadores dibujó una parábola inversa para River Plate y para Boca Juniors, que renovado con la llegada de Daniel Osvaldo a préstamo por 6 meses, hizo una campaña histórica ganando sus seis partidos de forma aplastante quedando como el mejor primero de cara a Octavos de Final. Los dirigidos por Gallardo, en cambio, clasificaron milagrosamente - en un grupo simple pero que vió una de sus peores caras en lo que refiere al juego- luego de que entre Teo Gutierrez, Mora y la defensa del Tigres de México le regalasen un empate a 5 minutos del final en Monterrey luego de ir ganando 2-0 durante casi todo el partido. El choque entre el Juan Aurich y el equipo mexicano definió la suerte del Millonario que vió como un Tigres combinado (por estar clasificado) pudo vencer con dificultades al conjunto peruano en la altura. Más allá de las diferencias en los recorridos, el resultado final fue el mismo que unos meses atrás en el segundo torneo más importante de Sudamérica: mejor primero y peor clasificado, choque directo en Octavos de Final y la historia que se repitió: con un esquema ultra agresivo (en el mejor y el peor de los sentidos), basado en convertir el mediocampo en una zona de guerra, River Plate se dió el gusto de eliminar a su eterno rival del torneo continental más importante. Gallardo volvió a vencer a Arruabarrena en la guerra táctica, pensando en ganar el partido antes que en la filosofía de juego, más allá del juego violento que los dos árbitros permitieron en los 135' que se jugaron en total. El Panadero, el gas pimienta, los intereses de la CONMEBOL, el rol de los barras en los clubes, los dos planteles y entrenadores tratando de sacar ventaja a como de lugar, el show de D'Onófrio, la vergüenza de los plateístas de Boca que no dejaban salir al plantel de River tirándole todo lo que tuviesen a mano, el nefasto saludo del plantel de Boca a La 12 con Orión a la cabeza y demás escenas nefastas de aquel partido trunco en la Bombonera determinaron que el conjunto de Nuñez clasificase directamente a Cuartos de Final quedando Boca descalificado por los incidentes y agresiones a los jugadores. Lo cierto era que en el tiempo que se había jugado, River había superado con claridad - nuevamente, la batalla del mediocampo había sido entendida por Gallardo y no por Arruabarrena- a un Boca tibio que apenas si encontró garra y juego en un Osvaldo muy aislado. Un título que se hubiese amoldado a la perfección a ambos partidos hubiese sido: "River se llevó puesto a Boca a pura actitud y jerarquía".

Repitamos los conceptos clave de este River pos victoria con Independiente antes de continuar: Dos líneas de cuatro bien apretadas en el mediocampo; Transiciones rápidas al ataque, sin perder tiempo a la hora de elaborar, evitando los traslados largos; Presión alta constante de los volantes y delanteros; Volumen total en el círculo central, sumando a los laterales a la marca; Dos volantes centrales: uno de marca y otro mixto para enlazar volantes y delanteros; Dos delanteros: un punta estacionado arriba y otro jugando como mediapunta suelto delante del área; Los volantes exteriores bien abiertos con obligaciones claras en el retroceso; Salida limpia desde abajo cuando era posible, si no jugar en largo; Búsqueda de circulación del balón y dinámica posicional cuando los espacios no surgían.

Claramente, era un nuevo River, uno que no se parecía en nada al de los orígenes de este proyecto ganador y renovador para el club, pero que en base a éxitos y a haber aprendido como jugar los mano a mano en las copas, maquillaba los errores y lograba imponerse a todos los que se le pusiesen adelante como una locomotora a máxima velocidad sin frenos pero con el rumbo definido. La gran victoria por Cuartos de Final como visitante ante el Cruzeiro, luego de una apática actuación en el Monumental en la ida - primer partido luego de los incidentes con Boca y los mil cruces mediáticos posteriores-, fue un bálsamo para Gallardo: un partido jugado como en los primeros pasos del ciclo, con vocación ofensiva, gran manejo de la pelota, mucha dinámica posicional, rendimientos individuales sobresalientes (el mejor partido de Teo Gutierrez en toda su estadía en el club de Nuñez) y la prueba de que se puede salir a atacar y jugar con convencimiento en Brasil. Sánchez, Maidana, Funes Mori y Rojas confirmaron que no podían faltar en el equipo y Gallardo acertó con el planteo táctico, que consistió en ser bien compactos para defender y muy flexibles a la hora de atacar. La solidez del mediocampo y de la defensa y la eficacia en cada uno de sus muchos ataques, hicieron el resto y River volvió a las Semifinales de la Copa Libertadores después de más de una década de vivir a la sombra de Boca Juniors. También era un cuco menos para River, que en los 90' había sufrido mucho contra este equipo que, hay que remarcarlo, hace mucho tiempo no es ese que supo ser. Se disminuyó al máximo a un rival mediocre, emblema del estado actual del fútbol brasileño donde prima lo físico por sobre el juego, no mucho más. Pero sin dudas que era un paso adelante para regresar a lo que había colocado la vara tan alta en lo que refiere a la exigencia.

De inmediato, llegó la Copa América en una secuencia idéntica a la del año anterior. En el medio, River presentó a sus refuerzos: Pablo Aimar - que jugaría un par de partidos y se retiraría por temas físicos-, Javier Saviola - que volvió cuando vió el calendario y la chance de la copa, pero en un nivel muy bajo hacia ya demasiado tiempo-, Tabaré Viudez - el mejor de los refuerzos, velocidad y categoría, una obsesión de Gallardo-, Luis González - otro que regresaba para llenarse de gloria en el corto plazo, con la incógnita de lo físico-, Nicolás Bertolo - otra fija mental para Gallardo, con un rendimiento parejo en Banfield jugando por las bandas- y Lucas Alario - el mejor proyecto de nueve punta del país-. El objetivo estaba claro y Gallardo, con un plantel corto y varias salidas y lesiones, había logrado tapar las carencias en el juego para dejar al club de sus amores a las puertas de una celebración eterna.

Lo que siguió fue positivo en lo que refiere a los resultados pero muy flojo en el aspecto futbolístico. Gallardo vio como su equipo jugaba mal la serie de Semifinales ante Guaraní de Paraguay, pero hizo valer el músculo y la eficacia que presentó en el Monumental y con un global de 3-1 (2-0 y 1-1) pasó a una Final histórica. Tigres de México, con el gran Gignac como refuerzo estrella, jugó mejor los dos duros partidos pero los centrales de River y Barovero se encargaron de tapar los caminos en la ida en tierras aztecas y bajo una lluvia torrencial que cayó sobre Buenos Aires la noche del 5 de Agosto, el Millonario logró alzarse con la Copa Libertadores basándose en sus pilares ya característicos: la garra, el atacar siempre a pesar de hacerlo sin claridad ni ideas y la eficacia absoluta. Tras la salida de Teo Gutierrez, Alario tardó muy poco en ganarse a los hinchas de River con dos partidos jugados con una presencia y jerarquía digna de un soldado de mil batallas, pero teniendo apenas 23 años. El gol que rompió el hielo en el Monumental fue suficiente para que River se terminase de sacar los nervios de encima y completase una goleada ante un Tigres que atacó y jugó más pero que pecó de conservador pues no acompañó bien a Gignac en ninguno de los dos partidos. La gloria había llegado en forma de un entrenador llamado Marcelo Gallardo, que en apenas un año y monedas había sellado a fuego su nombre en el club - y dos veces, porque como jugador también ganó todo- con la obtención de la Copa Sudamericana, la Copa Libertadores y la Recopa Sudamericana.


Las palabras del Muñeco no pudieron ser más acertadas: "Estos jugadores tuvieron la grandeza como para no relajarse y seguir, incluso cuando las cosas no salían. El equipo siguió trabajando y no resignó la idea. Los jugadores se merecen el lugar que alcanzaron porque siempre levantaron la vara con su nivel de competitividad". Este River y este Gallardo, que comenzaron con el sueño de asimilarse a esa bestia intocable y perfecta que fue el Barcelona de Pep Guardiola, logró todo esto en base a la estrategia de Diego Pablo Simeone, que es la de competir en primer lugar, traccionar cada metro de la cancha, cubrir todo y no dejar respirar al rival, usar la pelota poco y con eficacia. Toda una paradoja teniendo en cuenta el discurso del entrenador, que de a poco se fue amoldando a su realidad y bajando las pretensiones de una manera muy saludable. Superávit total en logros deportivos y déficit creciente en lo que respecta al juego.

El problema llegó luego del viaje a Japón para jugar esa copa comercial llamada Suruga Bank, que levantaron sin problemas - aunque no sin sufrimiento, pues Barovero fue clave por el bajo nivel de la defensa- ante el muy limitado campeón del país anfitrión. El 3-0 sirvió para que un irregular Gonzalo Martínez tome confianza con un verdadero golazo que encaminó el partido y para que el resto de los jugadores festeje su cuarto logro internacional. Hasta ese momento, River gozaba de un 64% de eficacia en el año, con solo dos derrotas - ante Boca por el torneo local y ante el Cruzeiro por la Libertadores- que bruscamente se convirtió en un 33% merced de un rendimiento individual muy flojo y de uno colectivo que no llegó a estar siquiera dentro de los niveles más bajos imaginados por Gallardo. Los primeros partidos fueron dejados de lado, se hablaba de una falta de concentración por el largo viaje y porque el Mundial de Clubes estaba en el horizonte, pero lo cierto fue que el entrenador ya no encontró manera de tapar los errores ¿Las malas? Los recién llegados Bertolo y Saviola jamás rindieron de manera razonable, Lucho González de a poco se fue encontrando pero tardó mucho en la parte física, el Pity Martínez nunca terminó de asentarse y jamás fue reemplazo para Ariel Rojas, Bertolo no ha jugado un solo partido de forma razonable siquiera y la banda izquierda sigue sin dueño, la defensa perdió a Funes Mori - salió al Everton- y a Pezzella - primer recambio- quedando un Maidana que bajó su nivel y un Balanta que nunca lo tuvo, las lesiones obligaron a experimentos extraños - sobre todo la de Vangioni-, Casco no logró ser todo eso que prometía cuando llegó unos días antes del Superclásico, jugadores como Viudez y Mayada se sumieron en una irregularidad preocupante, Barovero dejó de exhibir esa seguridad que hace poco tiempo lo ponía como número puesto para la Argentina, el mediocampo perdió todo tipo de solidez con la exposición definitiva y necesaria de que Ponzio no tiene nivel para jugar en primera división - siempre tarde y mal, con actitud pero sin físico ni cabeza- y una enorme cantidad de esquemas tácticos que no hicieron más que confundir al jugador, pues varios pasaron por dos o tres posiciones en un solo partido, siendo este el caso más extremo.

También están las - pocas- buenas: Alario y Mora siguieron mostrando un nivel superlativo y rescatando al equipo de todos los banches que pudieron, Sánchez se consolidó como referente del equipo tanto en la fase ofensiva como en las coberturas, Kranevitter retomó el nivel que lo llevó a ser jugador del Atlético de Madrid y se adaptó al estilo más gasolero de su equipo, Mercado se reecontró con la solidez y el gol de inicios de ciclo - pero sigue demasiado solo atrás-, el regreso a medias de Pisculichi que de a poco se reencuentra con su mejor versión y empieza a ser decisivo en los partidos no solo por su pegada y sus pases, sino también por la ayuda que presta en el mediocampo, y por última, una clara intención de los jugadores y el entrenador de configurar de nuevo un equipo voraz en ataque, con el problema de que para ello se requiere solidez en todas las líneas.

El enojo y la paciencia de Gallardo estallaron cuando dejó en claro que el Mundial de Clubes estaba muy lejos y que el equipo no jugaba nada bien. Su "no todo es Japón, Japón, Japón" dicho ante la prensa fue un mensaje claro para los jugadores. Ni que hablar cuando tiró que no se vive de regalías" y exigió que muchos recuperasen nivel y concentración. Usó los partidos recientes contra Defensa y Justicia, Crucero del Norte y Aldosivi para tratar de darles rodaje a varios titulares pero la respuesta fue nula. Una victoria agónica contra Crucero como visitante, una derrota contra Defensa en Varela y un empate que debió haber sido caída como local ante el limitado Aldosivi. La válvula de escape por ahora la encuentra en la Copa Sudamericana, donde pasó Octavos de Final con claridad y con susto ante la Liga Universitaria de Quito, con varios palos y un penal errado que significaron eludir los penales ante un conjunto que lo respetó demasiado y que cuando se le animó ya era muy tarde. El primer partido de Cuartos de Final fue otra bocanada de aire, aunque no tan fresco: venció como local al muy débil Chapecoense, apenas un grupo de entusiastas, que con desfachatez y aprovechando las mil y una lagunas de River, logró empatar el partido gracias a un horror de Maidana y Barovero para terminar cayendo 3-1 sobre todo por dos arrestos individuales, uno de Sánchez y otro de Driussi. La línea de fondo jamás mostró garantías y fue superada por un rival que en Brasil es de tercera o cuarta categoría, que ingresó por la ventana a esta Sudamericana merced de un sistema de clasificación lamentable. En cuanto River ajustó alguna que otra tuerca y se adelantó en la cancha, definió virtualmente el partido, pero las dudas persisten y la solidez es la nueva obsesión de un Gallardo que necesita a su equipo nuevamente listo para su desafío más grande. Sin rivales de fuste en la Sudamericana salvo Independiente e Independiente del Valle (Colombia) - que se eliminarán entre sí- River parece tener allanado el camino para repetir la conquista del año pasado. Pero ya ha visto que rivales menores lo pueden complicar con poco y nada, quedando como botón de prueba de lo que se viene el esquema táctico que usará Gallardo en la revancha de hoy contra el Chapecoense en Brasil: un 4-4-1-1 con Pisculichi y Driussi alternando la posición de volante por la izquierda. Mora será el delantero en soledad, acoplándose menos a la fase defensiva que lo habitual. Se sabe que Gallardo es un profesional absoluto y que posee sus ideas bien claras. Ha mostrado un saludable pragmatismo cuando las cosas no salieron del todo bien, sacando de a ratos agua de las piedras con su incesante trabajo en el campo de entrenamiento y delante de la pizarra. Tal vez sea hora de elegir nuevamente un rumbo y de que River deje de ser un "a ver que sale hoy y que por favor Mora y Sánchez sigan jugando bien". Solo así logrará dar los primeros pasos en un largo camino que termina en Diciembre con el partido de Semifinales del Mundial de Clubes 2015, porque de ahí en adelante todo es una gran incógnita. El mayor desafío de Marcelo Gallardo ha llegado.







lunes, 12 de octubre de 2015

Chile 2 - Brasil 0: El imperio de Jorge Sampaoli



Dunga, entrenador de Brasil, lo había dejado muy en claro el día previo al choque contra Chile por el primer partido de las Eliminatorias Sudamericanas. Jorge Sampaoli no es un entrenador más, sino que está a la altura de los Mourinho y los Guardiola, siendo así un referente del cual hay que aprender. Mucho se ha dicho de la continuidad entre lo que inició Bielsa antes del Mundial 2010 y lo que ha hecho Sampaoli desde que sucedió en el cargo a Claudio Borghi - que salió tras un mal inicio de Eliminatorias y por haberse puesto firme ante la indisciplina de varios de sus mejores jugadores-, pero lo cierto es que el trabajo hecho por el argentino es digno de elogio y estudio. Si Bielsa sacó los complejos y los miedos del medio y le enseñó a Chile que podía jugarle de tú a tú a cualquier seleccionado del mundo, Sampaoli se encargó de hacer que el equipo evolucione al máximo posible y consiga un estilo de juego que honra al fútbol en todos sus partidos. Y eso siendo bastante generalistas, porque el trabajo del seleccionador de Chile ha sido muy fino y puede verse en cada uno de los jugadores y sus posiciones en el campo de juego.

Hay algo que Bielsa y Sampaoli comparten, que es la obsesión por tener todos los detalles bajo control. La ventaja que le lleva Sampaoli, es que es mucho más abierto a otras influencias más que el método propio y que no posee ninguno de los tics negativos del bielsismo. Por ejemplo: jamás planearía un partido enteramente pensado en anular al otro, poniendo en un segundo plano todo lo demás. Lo digo siendo un gran admirador de Bielsa, un defensor de la primera hora de su trabajo, pero la realidad es que a veces esa fijación termina siendo contraproducente y confundiendo a propios y extraños. 

Sampaoli ha llevado los frutos de su gran trabajo en la Universidad de Chile - que fue durante su mandato el equipo que mejor jugó en el continente, junto al Newell's del Tata Martino- al seleccionado chileno que desde su llegada juega como nunca lo hizo en toda su historia. El sistema táctico del argentino es difícil de desgranar, pues tiene muchos componentes y detalles y está en constante evolución, pero puede ser resumido de la siguiente manera:

- El dibujo táctico oscila entre un 3-5-2 (el sistema usado hasta hace poco contra las potencias mundiales), un 3-4-1-2 (si cuenta con Valdivia y/o Matías Fernández en forma) y un 4-3-1-2 (ocasional, depende de si el partido requiere una línea de fondo fija). 

- Dentro de ellos, el más utilizado es el 3-4-1-2, que ha sido pulido en las Eliminatorias para Brasil 2014 y durante ese mundial: Tres centrales con uno (el del medio, que suele ser Medel salvo tragedia) que se desprende de la línea y ayuda en la marca en el mediocampo; Dos laterales/volantes que en el retroceso arman la línea de cinco pero que son el eje central de cada ataque rompiendo líneas por las bandas; Un doble pivote conformado por un volante de marca pura (Díaz) y uno mixto con capacidad para crear juego y pisar el área rival (Vidal); Un enganche clásico (Valdivia o Fernández) que hace de nexo entre el centro del campo y la delantera, que en fase ofensiva se convierte en un atacante más y en retroceso se suma al doble cinco para armar el 5-3-2; Un delantero suelto en 3/4 con libertad para retroceder e ir por los dos costados (Alexis Sánchez) y un nueve punta que juega de espaldas al arco y alterna posición con su compañero (Eduardo Vargas).

- Lo que refiere al estilo de juego, a la ejecución de la idea es bastante claro: sus dos pilares fundamentales son la posesión de la pelota y la presión alta. De allí en adelante hay muchos elementos clave, como el combinar las transiciones veloces al ataque en pocos pases con el armado paciente de cada jugada y las constantes rotaciones posicionales. Para esto último, es importante resaltar la polifuncionalidad de todos los jugadores chilenos, siempre listos para ocupar espacios y hacer los relevos correspondientes. Por lo general el equipo sale desde su arquero con la pelota al ras del piso y va colocando a sus jugadores delante de la línea del mediocampo para desde allí en adelante buscar explosión por las bandas, con los interiores y laterales plantados en 3/4 de cancha para tanto ganar volumen ofensivo como para impedir la salida del rival. Según el esquema del contrincante, los ataques pueden ser también directos desde el fondo con un pase largo al mediocampo o con pases cruzados buscando que los laterales/volantes rompan con la línea defensiva.

Un estilo de juego agresivo, solidario y vistoso que está dejando una marca cada vez más profunda no solo en el fútbol latinoamericano sino en todo el mundo. No sería extraño que Sampaoli, una vez que termine su experiencia en Chile, tenga un lugar reservado en la elite de Europa pues lo merece hace largo rato. Para recibir a un Brasil herido y en pleno recambio tras los fracasos en su propio mundial y en la Copa América reciente, Sampaoli dispuso del 3-4-1-2 que acabamos de explicar: Bravo; Silva, Medel, Jara; Isla, Marcelo Díaz, Vidal, Beausejour; Valdivia; Eduardo Vargas y Alexis Sánchez. El seleccionador de Brasil, Dunga, plantó un equipo que de a poco se está conociendo, pero que tenía varias bajas por lesiones de último momento (las de Danilo y Firmino como las más importantes). El esquema elegido fue un 4-2-3-1 que tenía el objetivo de jugarle de igual a igual a Chile pero sin dejar demasiados espacios: Jefferson; Dani Alves, Miranda, David Luiz, Filipe Luis; Fernandinho, Luiz Gustavo; Willian, Oscar, Douglas Costa; Hulk. 

El partido comenzó con ambos equipos atacándose, llegando hasta 3/4 de cancha con balón dominado. Chile buscaba acercarse con paciencia y despliegue progresivo de los exteriores y Brasil con velocidad y pocos pases abriendo también la cancha con sus mediapuntas. Los de Sampaoli aprovecharon que el césped estaba rápido por el rocío nocturno y con Isla y Beausejour se acercaron bastante a los dominios de Jefferson. En estos primeros minutos, Valdivia lució desconectado e impreciso, lejos de la imagen mostrada en la Copa América y en los recientes amistosos.

En lo táctico, lo de Chile era impecable: Díaz se plegaba a los centrales para ayudar en la contención y Vidal quedó casi siempre suelto para unirse a Valdivia y conformar un eje creativo. El local era paciente y prolijo, con una salida muy limpia desde Bravo y ganando velocidad de la mitad de la cancha hacia adelante. Lo que le faltaba, extrañamente, era precisión en los metros finales para poder llevar peligro al arco rival. 

La primera jugada de riesgo llegó con un pelotazo largo de Bravo para Isla, que de primera jugó con Alexis Sánchez. El delantero ganó por la banda y encontró a Vargas por el medio, pero el disparo del jugador del Hoffenheim fue a las manos de Jefferson. A los pocos segundos, Vidal complicó a sus compañeros con un pésimo pase atrás y Medel se vistió por primera vez de bombero con un cruce perfecto ante la llegada de Douglas Costa.

Lo de Brasil era claro también en el centro del campo: el doble pivote tenía a dos jugadores con capacidad de marca y de juego que se alternaban para unirse al ataque. Corrían los minutos y Alexis Sánchez realizaba una gran labor tirándose unos metros atrás para recibir la pelota y permitir que los exteriores puedan llegar hasta el fondo de la cancha. Chile hacía todo bien, salvo los dos o tres pases del final que terminaban en los pies o las cabezas de los defensores brasileños.


El local presionaba bien alto, forzando a Brasil a jugar al pelotazo y así controlando el juego sin problemas. Dunga había previsto esto y armó un equipo listo para salir en largo con Willian y Costa, por lo que tampoco sufría en exceso cada vez que el contrincante lo atacaba. Hulk tuvo el primer acercamiento de su equipo con un buen tiro libre rasante que salió pegado al palo ante la atenta mirada de Bravo. Había un aspecto remarcable de la estrategia de Sampaoli para este partido: de a ratos le cedía la pelota a Brasil y lo apretaba hombre por hombre para ganar la segunda pelota y salir en velocidad sorprendiendo a los centrales.

Chile estaba plantado en campo rival, pero su vértigo era tan grosero de a ratos que el esquema era un 3-5-2 hecho para el ida y vuelta ya. La pausa, es decir Valdivia, ausentes sin aviso en la fría noche de Santiago. El marcaje en zona era muy bueno, sin dejarle demasiadas opciones a un Brasil que a pesar de todo no perdió el orden ni su plan de juego. Las posiciones en Chile no eran fijas, salvo la de los laterales/volantes, encargados de hacer que el verde césped se haga bien ancho en fase ofensiva y ayudando siempre en el retroceso.

Alexis llegó hasta el fondo, lanzó un centro atrás y Díaz remató con potencia desde la medialuna. Luiz Gustavo llegó a detener un poco la trayectoria de la pelota y Jefferson pudo controlar sin problemas. En la jugada siguiente, Bravo salió por abajo y con tres toques Alexis quedó frente al área: habilitación perfecta para Vargas que marcado y en una baldosa, sin parar la pelota, sacó un remate impresionante que salió pegado al palo.

Los de Dunga padecían ya el partido y buscaban equilibrar las acciones marcando con fuerza en el medio y buscando con disparos de media distancia sin mucha puntería. La Roja atropellaba sin piedad, pero necesitaba bajar como mínimo una velocidad para poder abrir el marcador. El buen trabajo de los interiores impedía que Filipe Luis y Marcelo sirviesen como salida limpia, pero luego de mucho tiempo llegó la primera de riesgo para Brasil: Elias tocó con Hulk y el delantero desvió por pocos centímetros su cañonazo.


En los minutos posteriores, Brasil se pudo posicionar en campo enemigo y aprovechar la posesión del balón que ya era un mérito propio y no plan de Chile. Vargas y Alexis quedaron muy aislados en este tramo, Vidal perdió marca y presencia en el medio y Diaz y Medel se convirtieron en pulpos para cubrir los errores de sus compañeros. Las imprecisiones en el mediocampo de Chile eran importantes, pero en Brasil tampoco había cambio de ritmo para aprovecharlas.

Medel y Díaz dudaron en un centro de Dani Alves y Oscar recibió por el costado para luego elevar su disparo sin mucho ángulo. La mala labor de Vidal tenía una explicación: al no estar Aránguiz, su rol era más de marca que de juego, algo que suele incomodar a este volante mixto que necesita de esa libertad para poder brillar. La posesión era pareja y el equipo que más contragolpeaba era Brasil, aunque no logró aprovechar ninguna de los varios avances de los que dispuso.

Sin tanta presión alta ni media, Chile había perdido el control del partido. El juego por las bandas de los de Dunga había mejorado considerablemente, pero ni Alves ni Luis ni Willian ni Costa estaban en su día más preciso por lo que Bravo no sufría contratiempos. Jara protagonizó un blooper en una salida y Medel corrigió ante un Hulk que estaba haciendo lo que podía solo por el medio contra todos los defensores chilenos.

En 35' el partido estaba amesetado, con Chile en pleno reacomodamiento y Brasil empujando sin demasiadas ideas ni sociedades entre sus jugadores de mejor pie. Poco tardó en regresar la presión alta del local, que inclinó la cancha de nuevo tras un breve impasse. Vidal, más suelto, recuperó y tocó con Vargas que falló en su intento por habilitar a Sánchez que ingresaba solo por la izquierda.


David Luiz tuvo que salir por una lesión en la rodilla y en su lugar ingresó Marquinhos, uno de los que está llamado a renovar de una vez la defensa verdeamarelha. Brasil volvió a ejercer mucho presión sobre el mediocampo de Chile, con todos sus jugadores yendo en bloque a cubrir espacios. Los de Sampaoli respondieron con una gran labor en el cierre, redoblando la apuesta y recuperando la pelota con rapidez. Compactos en  retroceso y desplegados por completos en ataque, los chilenos - salvo un par de minutos- justificaban una ventaja que no llegaba todavía. Su mayor volumen en las dos fases del juego y su juego posicional no eran suficientes aún para abrir el marcador y desatar el nudo que había en las tribunas del estadio.

Mark González ingresó por un perdido Silva en Chile, un cambio que llegó a tiempo y transformó el dibujo táctico: 4-3-1-2 antes de irse al descanso. Línea de cuatro para cerrar las bandas de forma definitiva y ganar una salida más veloz desde el fondo. Cada uno tuvo una antes de ir a los vestuarios: primero el local, con un taco fenomenal de Vidal para Alexis, una apertura de este para González, que enganchó al medio y tocó con el delantero del Arsenal. Media vuelta y en ángulo izquierdo del arco de Jefferson quedó temblando luego de que la pelota impactó allí. La jugada siguió pues la presión terminó por ahogar a Brasil: luego de dos recuperaciones de Vidal, con todo el equipo plantado delante del área, Jara tocó y pasó muy bien pero su disparo de media distancia salió apenas por encima del travesaño.

Hulk, Marcelo y Oscar armaron una gran jugada a un toque en la puerta del área y el delantero del Zenit forzó a Bravo con un disparo muy potente para terminar con una primera mitad frenética y cambiante, en la que Chile había salido mejor parado en lo que refiere a idea de juego y aplicación de esta.


Los segundos 45' iniciaron con el local presionando una vez más sobre la salida de Brasil. El ida y vuelta se armó desde el primer minuto y durante este tramo quedó en evidencia que los de Dunga necesitan con urgencia de alguien que pueda parar la pelota y pensar un poco. Muy acelerados todos sus volantes, sin exhibir lo que vemos todos los fines de semana en las mejores ligas del mundo donde juegan.

Chile siguió apostando al armado paciente y la explosión en 3/4, ahora con una base un poco más sólida pues la línea de cuatro defensores implica mayor cobertura y tranquilidad para el trío del medio. Brasil estaba cómodo recostándose contra las cuerdas y saliendo de contraataque, algo que sucedió muchas veces gracias al flojo trabajo de Vidal en los relevos. Medel de a poco se convirtió en amo y señor de su área, cortando a todo jugador vestido de amarillo que intentase pasar por allí con mucha precisión y firmeza.

Oscar estuvo cerca de abrir el marcador luego de transformar un rebote de un mal tiro libre suyo en un disparo que salió cerca del palo. El protagonismo no era fijo, los dos seguían estudiándose en una batalla táctica absoluta. Miranda sobresalió en los de Dunga, muy atento frente a los embates de Vargas y Sánchez en velocidad. A los 54' el partido no tenía ni un segundo de descanso, pero Chile seguía mostrando mucho mejor y más inteligente manejo de la pelota, más allá de que Valdivia seguía desaparecido de las acciones.

El show de ataques era emocionante, pero ninguno tenía la precisión para concretar las varias jugadas que crearon. Hasta que Vidal jugó con Vargas en profundidad, Miranda cortó muy bien abajo pero la pelota le quedó a Isla, que sacó un tremendo derechazo cruzado que se estrelló contra el palo. La soledad de Díaz en el mediocampo era lo único que sostenía con vida a Brasil, que lo aprovechaba con la velocidad de sus mediapuntas. El sacrificio en la cobertura de los jugadores chilenos era notable y sostenía a la canarinha lejos de Bravo.


Oscar y Valdivia, los dos creativos, fueron sin dudas lo peor de sus equipos. Desperdiciando ataques con pases al lugar incorrecto o directamente a un jugador contrario. Matías Fernández ingresó por el errático enganche que milita en el fútbol árabe y las cosas se aclararon en 3/4 para los de Sampaoli. Más allá de que había imprecisiones, el seleccionado local jamás dejó de tener la pelota y de buscar armar juego por abajo, siendo este su norte aún en los momentos más desorganizados de la contienda.

Alexis encaró, tocó corto con Vidal y este abrió de primera para González. El resultados fue un disparo muy potente que salió pegado al parante izquierdo de Jefferson. Alexis casi logra empujarla bajo el arco, pero le faltaron apenas milímetros para conectarla. El martilleo incesante de Chile tuvo su premio a los 73': un foul innecesario cerca del área derivó en un centro de Fernández al primer palo y un anticipo perfecto de Vargas con la punta del botín - sutileza total- para poner el 1-0 que hizo delirar al Estadio Nacional.


A pesar de dejarle espacios a un rival contragolpeador, Chile no dejó de atacar luego del gol. Asumió riesgos con mucha conciencia y un plan concreto para poder solucionar los posibles problemas. Manejando la pelota de lado a lado ante un Brasil que salió desesperado a buscar un empate, actitud que terminó por condenarlo de manera definitiva.

Oliveira tomó el lugar de un agotado Hulk y tuvo su chance en la primera pelota que tocó: un centro picante de Marcelo al primer palo que el delantero del Santos rozó pero sin darle buena dirección gracias a la cobertura de Medel. González, de gran ingreso, y Alexis armaron una pared y el delantero tocó atrás con Fernández: violento disparo, pero que terminó en el techo del arco. Lo del jugador de la Fiorentina fue muy bueno en ataque, pero también en defensa, retrocediendo siempre para armar la línea de cuatro y no dejar nada al azar.

Dunga veía como su equipo chocaba sin parar contra un rival muy bien plantado y mandó a la cancha a Lucas Lima - promesa del fútbol brasileño- en lugar de Luiz Gustavo para encontrar en alguna jugada aislada de esta joven estrella un empate que habría sido inmerecido. Oliveira tuvo una más a los 85' con un buen control tras un pase de Marcelo - previo centro de Costa- y un tiro cruzado que salió muy ancho.

Vilchez entró por Díaz en el local y comenzó el asedio final. Brasil, liviano, sin líderes, rebeldía y/o explosión, miraba como Chile dominaba con comodidad. Todas las divididas del segundo tiempo fueron para los de Sampaoli, que como perro de presa no dejaron de morder en el medio hasta el final, avasallando a los cansados volantes de amarillo. Chile hizo correr el reloj, defendiéndose con la pelota, avanzando progresivamente hasta que encontró el momento justo: a los 89' Jara salió desde el medio, Fernández trasladó lo justo y necesario mientras Vargas y Alexis le arrastraban la marca; toque con Sánchez que salió del área y abrió con Vidal, que de primera se la devolvió tras llegar al fondo para que el del Arsenal empuje la pelota a la red sin resistencia de nadie. Un 2-0 que terminó de desatar la fiesta en tierras chilenas, con una gestación que fue el fiel reflejo de lo que había sido el partido y de lo que viene siendo el ciclo de Jorge Sampaoli en el primer equipo de Chile.


La jugada del final estuvo cerca de ser un golazo, pero luego de que todo el equipo tocase la pelota como mínimo dos veces por jugador, Vargas buscó a Alexis con un buen centro que fue despejado por Miranda. Reflejo de este Chile gigante que hizo historia en su casa una vez más y luego de 15 años venció a Brasil en Eliminatorias. Con el buen fútbol y el orden táctico como banderas, superó a un rival que siempre es candidato sin importar el momento en el que se encuentre y que no por estar de capa caída deja de ser uno de los mejores equipos del mundo. Sampaoli sigue escribiendo las páginas del libro que versa sobre su imperio, uno que ha sido erigido siguiendo un principio que casi no se ve en el fútbol moderno: nunca jamás traicionarse a sí mismo. El fútbol por sobre todas las cosas, porque a fin de cuentas eso es lo que importa de verdad.




martes, 6 de octubre de 2015

Atlético de Madrid 1 - Real Madrid 1: Nuevo entrenador, nueva decepción; Malas decisiones que se pagan muy caro



Bien temprano en esta nueva Liga de Fútbol Profesional 2015/16 llegaba el primer choque entre el Atlético de Madrid de Diego Simeone y el Real Madrid de Rafael Benítez. El español buscaba en el Vicente Calderón poder comenzar a revertir la mala racha de los años recientes - sobre todo en los números, pues en los partidos de Champions League el Real Madrid supo prevalecer- y conseguir su primer gran golpe como entrenador de la Casa Blanca. En plena rotación por la doble competencia y con las lesiones de gran parte de su línea defensiva y de James Rodríguez y Gareth Bale, el ex Napoli ha logrado solidificar un poco el aspecto defensivo y mejorar cuestiones de circulación de la pelota. Lamentablemente, por ahora todos sus habituales vicios - sobre todo el excesivo conservadurismo, si no a pregúntenle a Karim Benzema que opina al respecto- están presentes en un Real Madrid que suma victorias pero todavía no ha tenido un rendimiento apabullante y convincente en lo que va de la temporada.

Enfrente lo esperaba un Aleti herido en su orgullo tras las caídas contra el Villareal por Liga y contra el Benfica por UCL como local, todavía sin poder acomodar a las nuevas figuras rutilantes que llegaron esta temporada a su habitual estilo que privilegia la lucha por sobre el juego. Puede parecer extraño, pero queda claro que jugadores con mucha calidad y talento como Oliver Torres, Jackson Martínez, Ángel Correa, Luciano Vietto y Yannick Ferreira-Carrasco por el momento no logran acoplarse - y posiblemente no lo hagan, lo cual obligaría a Simeone a buscar juego de una vez por todas- a la táctica aguerrida y rústica del Cholo. Por ahora el argentino se ha limitado a morir con la suya y no ha cambiado nada, utilizando a Oliver Torres como una especie de segundo marcador central o interior, ha Ferreira-Carrasco como extremo, a Jackson como mediapunta bien lejos del área y a Vietto y a Correa como delanteros de referencia. Todos estos jugadores fueron pedidos por el Cholo y por ello va la felicitación de quien les escribe. Lo que resta es que el entrenador entienda que debe cambiar su fisionomía de juego, pues ahora tiene material más que de sobra para jugar muy bien al fútbol. Si continúa por esta línea, lo más probable es que no llegue vivo al corte de invierno en Liga y que no supere la fase de grupos de una Champions League que se le presenta muy complicada hasta el momento.

Rafael Benítez dispuso de varios cambios respecto del equipo que venció al Malmo para su primer Derby de Madrid: Navas; Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo; Kroos, Casemiro, Modric; Isco; Benzema y Ronaldo. Su habitual 4-3-1-2 disfrazado como un 4-3-3 con los retornos de Modric, Ramos y Marcelo. El Cholo Simeone plantó un equipo similar al que cayó ante el Benfica, dejando traslucir que hay una intención - aunque sea embrionaria, pero existe- de cambiar el esquema de juego: Oblak; Juanfran, Godín, Giménez, Filipe Luis; Gabi, Tiago, Oliver Torres; Correa, Fernando Torres y Griezmann. En realidad, este 4-3-3 era el clásico 4-4-1-1 que el entrenador colchonero usa para los partidos contra el rival de toda la vida, con Griezmann esta vez oficiando de exterior y Correa como mediapunta flotando delante del Niño Torres.


Apenas inició el partido el Real Madrid se hizo de la pelota y acorraló al Aleti contra su arquero. Modric y Marcelo combinaron muy bien sobre la banda y el croata encontró a Ronaldo dentro del área con un muy buen centro. El portugués anticipó correctamente a su marcador pero el cabezazo no tuvo puntería. Desde el vamos, el mediocampo fue del visitante: Modric, Kroos y Casemiro ejercieron mucha presión sobre Oliver Torres y el dueto Tiago-Gabi para no dejarlos acomodarse ni salir en limpio.

Los de Simeone de a poco comenzaron a encontrar salida por los costados, ya con Oliver y Correa jugando como exteriores más adelante del doble pivote. Correa rompió por el costado y su disparo fue tan peligroso como desviado, siendo la primer advertencia del Aleti para su rival. El argentino volvió a ser protagonista luego de que complicasen a Navas con un mal pase atrás: presión sobre el portero, robo del balón y un remate que nunca pudo ser debido a que se fue quedando sin ángulo y sin cancha.

Los dos equipos se mostraron muy dinámicos, cada uno con su estilo, en estos primeros minutos. El ida y vuelta era sin dudas interesante, algo que se suele ver cuando el Aleti sale de su postura conservadora y se abre al partido. Los de Benitez tuvieron la paciencia necesaria para mover la pelota de lado a lado, sin desesperarse ante la muralla de Simeone que estaba apostada muy cerca de Oblak. Los laterales eran protagonistas excluyentes en el Real Madrid y de la mano de Carvajal llegó el primer gol: desborde impecable contra Luis, centro preciso a la cabeza de Benzema y definición perfecta del francés para un 1-0 tempranero y merecido.

El mediocampo era la clave para esta victoria parcial: sorpresivamente el Real Madrid era el que tenía mayor volumen. El juego y la posesión eran los otros dos factores centrales, pero ambos siempre corren por su cuenta por lo que no eran algo nuevo. La reacción no se hizo esperar: Oliver fue de la banda al centro, tocó con Correa y el argentino definió mal ante un Navas casi vencido luego de pasar por la espalda de su compañero. 

Simeone veía como su equipo no generaba juego ni siquiera en los breves momentos que tenía la pelota en su poder. No ganaba en el mediocampo ni conseguía ser veloz y potente en los contragolpes. Muy desconectado en todas sus líneas, con Oliver y Correa como los únicos que rompían la monotonía. El Aleti solamente recuperó el balón en zona defensiva, bien cerca de su área, y luego sucumbió ante el trabajo posicional del rival que no lo dejó salir en largo. 


Ante la posesión total del Real Madrid, la apuesta del Aleti era la al error o a la iluminación de alguno de sus varios muy buenos jugadores. Al instante, Ramos complicó a Varane con un mal pase atrás, el Niño Torres entró al área y el central pudo recuperarse y obtener la pelota. El problema es que se confió, Tiago se la quitó y no tuvo más opción que cometerle una infracción. Penal y tarjeta amarilla, pero la resolución no fue la de siempre: Griezmann ejecutó muy bien cruzado y Navas con una volada y un cálculo espléndidos lo privó de empatar el partido.

El Aleti comenzó a inclinar la cancha tras el penalti errado: Oliver dejó solo a Torres dentro del área y Navas lo anticipó justo a tiempo. El local ganó en profundidad, con imprecisiones en el pase final casi siempre, pero buscando el orden perdido. Por el momento, sus intentos terminaban en la cabeza o los pies de los centrales blancos, pero la mejora era evidente. El Madrid pudo recuperarse ya casi en 30', recuperando la pelota y jugando en campo del Aleti una vez más.

Virtud de los dirigidos por Benitez de no haber ingresado del todo en el embudo clásico del Cholo Simeone, trabajando cada uno de sus ataques y marcando el ritmo de juego otra vez tras un breve impasse. Varane sostenía a la defensa con su gran trabajo de velocidad sobre Oliver, Correa y Griezmann que eran lo más peligroso del contrincante. Bien plantado ante el juego brusco en el mediocampo, el Real Madrid parecía haber superado los traumas de temporadas anteriores.

Oliver y Griezmann realizaron una labor muy sacrificada, pero en exceso defensiva. Muy preocupados por controlar a los laterales y desgastándose al punto de ser presa fácil para Kroos y Casemiro cada vez que buscaban superar el mediocampo. Carvajal tocó con Isco y el volante buscó a Ronaldo, que envió su zurdazo muy alto ante la buena marca del dueto central. El partido de Casemiro era mejor a medida que pasaban los minutos, algo que tenía dos caras: la buena era el rendimiento de un jugador que le ha devuelto el equilibrio a un equipo que tras las salidas de Xabi y Khedira no lo había recuperado; la mala era que si estaba trabajando mucho era porque su equipo estaba cada vez más retrasado.

Era bueno el partido de Ronaldo, tal vez sin tanta puntería, pero bajando varios metros para colaborar con el mediocampo y para comenzar las jugadas con precisas aperturas. La lesión, un aparente desgarro, de Carvajal hizo que las alarmas se encendiesen. Arbeloa tomó el lugar de quien era sin duda alguna el mejor del partido y esto tuvo su efecto en el funcionamiento del Madrid. El Aleti terminó la primera mitad emparejando la lucha en el mediocampo, mucho más acoplado a la hora de marcar y también más fluido para salir en velocidad.

Los laterales del visitante perdieron potencia tras más de 30' jugando prácticamente como volantes, quedando ahora en una función más bien defensiva debido a la mejora del Aleti. No hubo mucha más acción, salvo algunas buenas trepadas de Ronaldo por la banda que terminaron en centros sin ningún tipo de peligro.


Simeone leyó bien el partido y antes de que inicie el segundo tiempo envió a la cancha a Yannick Ferreira-Carrasco en lugar de un agotado y - a mi parecer- mal utilizado Oliver Torres. Ronaldo sacó a pasear a Giménez en la primera acción de la parte final y su centro para Benzema fue cortado milagrosamente por Tiago. Correa ingresó con la pelota dominada al área y abrió con el Niño Torres que sacó algo parecido a un remate que no terminó yendo ni al arco ni siendo un centro. 

El Aleti era otro equipo, llenando las bandas con Griezmann y Carrasco en tándem con los laterales e impidiéndole salir a su rival. Correa mucho más suelto en ataque era el factor diferencial en un equipo parejo pero que había mejorado bastante hace ya varios minutos. Casemiro siguió siendo amo del mediocampo, y el Madrid exhibió buen toque corto, juego fluido y transiciones veloces al ataque en este tramo, siendo la salida el único punto realmente negativo.

En 54' el Aleti luchaba para no consumirse en la voracidad, tratando de no perder el orden y presionando en escalera sobre los volantes centrales blancos. Este fue sin dudas su mejor tramo del partido: con la pelota en sus pies, plantado todo el equipo delante del círculo central y atropellando a un Madrid que inentendiblemente fue cediendo metros en el verde césped. Simeone había conseguido que el rival entre en su juego y con Carrasco sumó frescura y manejo de pelota a una línea de volantes que carecía de ambas cosas.

Filipe Luis y Juanfran se habían encontrado a sí mismos y armaban buenos tándems por los costados con Griezmann y Carrasco. Fue una sorpresa la salida de Correa y la entrada de Vietto, pero el Cholo creyó que podían expulsar al volante y metió a su compatriota para que hiciese dupla con Torres en un claro 4-4-2. Primero Torres y luego Godín lo tuvieron con sendos remates a portería luego de un tiro de esquina, pero Varane y Casemiro se vistieron de bomberos y evitaron el incendio.


Viendo que el Real Madrid no tenía tanto la pelota y que no era agresivo en absoluto, el entrenador del Aleti mandó a la cancha a Jackson Martínez en lugar de un invisible Fernando Torres. Benitez hizo lo propio y sacó a Isco - de muy flojo partido- para darle lugar a Gareth Bale. Con todo el equipo abocado a la recuperación, en una labor tan solidaria como bien ejecutada desde lo táctico, el visitante pudo recuperar solidez y posesión.

Salvo algunos intentos por la banda de Ferreira-Carrasco, lo del Aleti volvió a ser muy pobre en fase ofensiva. Su repetición en pelotazos frontales y centros por la banda fue controlada sin mayores sobresaltos por Ramos y Varane. Pero el que llegó con peligro fue de nuevo el local: Vietto remató de frente al arco, fue bloqueado pero el rebote le quedó a Jackson en una posición incómoda. El colombiano se las arregló para sacar un muy buen disparo, pero Navas se quedó con el empate del Aleti.

Kovacic entró por Benzema, en un cambio clásico y estúpido de Benitez, quedando armado de nuevo el 4-3-1-2 ahora con Modric como enlace. La idea era sostener la posesión, algo que podía sonar lógico con una ventaja mayor y ante otro rival, pero se ve que al español le restan algunas lecciones por aprender. El local comenzó a sentir el rugido del Calderón y se lanzó por completo al ataque en un asedio a matar o morir. Filipe escapó por la banda y encontró a Vietto solo en el área, pero el cabezazo del argentino se fue pegado al palo ante la mirada de Navas.

Con un juego excesivamente brusco, el Aleti logró cortar la fluidez del Real Madrid y retomar las riendas del mediocampo. Sus intentos de encontrar alguna salida en velocidad por los costados dio frutos: Jackson se tiró atrás como volante, rompió por la banda con toda su calidad y lanzó un centro picante al primer palo. Griezmann la rozó y por detrás Vietto empujó la pelota al fondo de la red para decretar un 1-1 que era mezcla de los - nuevamente- aciertos de Simeone y los - nuevamente- errores de Benitez. Uno de los nombres había cambiado en el duelo de banquillos, pero evidentemente hay costumbres que tardan mucho en ser desterradas.


Jackson Martínez obtuvo así su revancha, con muy buen nivel desde su ingreso, mostrando porqué es un distinto. Ayudó en la contención y fue clave para romper líneas y tornar agresivo a un Aleti que de cara a los minutos finales del partido lucía cansado y resto. Casemiro sostuvo con su gran labor a un Madrid que por ser mezquino y no ir a liquidarlo estuvo muy cerca de perder el partido. Benitez y sus jugadores pecaron de equilibristas, sin aprovechar algunas perlitas de Simeone como por ejemplo el mandarlos a Jackson y a Vietto - dos nueves de área- como mediapuntas y a Griezmann como delantero de referencia. Mucho empuje, buenas variantes y el talento individual de los nuevos y no tan nuevos jugadores, la receta del Aleti para poder empatar un partido que parecía perdido. 

Como no podía ser de otra forma, el partido cerró a puro vértigo: Bale rompió líneas y fue cortado dentro del área por Godín. Contragolpe del Aleti a toda velocidad que terminó en los pies de Jackson Martínez: enganche y disparo con potencia y colocación perfectas que fue enviado al córner por un Navas impresionante. Ronaldo replicó para el visitante, pero su tiro fue a las manos de un Oblak muy tranquilo. Juanfran tuvo el triunfo en sus pies, pero Varane llegó a cruzarlo casi dentro del área chica y evitó lo que habría sido una primera catástrofe para el ciclo de Rafael Benítez. 


El Atlético de Madrid pudo recuperar la sonrisa, aunque sea a medias, tras dos semanas infernales. Necesitaba de una muestra de carácter ante su rival de toda la vida en el Vicente Calderón y tras un flojo primer tiempo logró dar en la tecla. Simeone acertó con los cambios y algunos de sus tantos reordenamientos tácticos y pudo en la segunda mitad superar a un rival que monopolizó la pelota, jugó bien y fue excesivamente mezquino desde que consiguió su temprana ventaja. El juego defensivo de Benitez es bueno sin duda alguna, pero debería empezar a entender que no sirve tirarse atrás a cuidar un resultado cuando restan más de 70 minutos para que finalice el encuentro. Las excusas de los jugadores fueron las de siempre, pero es necesario que el equipo empiece a pisar fuerte de una vez por todas en una temporada que lo encuentra ganador pero poco convincente. Y todos sabemos que eso, en el Santiago Bernabeu, no se perdona. A Simeone le quedan la satisfacción de seguir siendo la piedra en el zapato de un gigante mundial que históricamente lo tuvo alquilado a su vecino y también algunas cosas para pensar de cara a lo que se viene. Ya ha dado muestras de que no es absolutamente inflexible en lo que refiere a lo táctico y que si se lo propone puede hacer que su Aleti jugue bien al fútbol. Esta temporada, con la cantidad y calidad de refuerzos que ha traído, no hay lugar para devaneos retóricos y pragmatismo puro. El Atlético es por historia reciente y jugadores un candidato al título de Liga, Copa del Rey y Champions League. Habrá que ver si el Cholo se encuentra a la altura, tras tres temporadas donde todo le ha salido bien.







jueves, 1 de octubre de 2015

Real Madrid 2 - Malmo 0: El día que la leyenda se hizo aún más grande; Una victoria para ganar confianza



Hablar de este partido por la segunda fecha de la Fase de Grupos de la UEFA Champions League puede parecer algo insignificante. Especialmente si se lo compara con lo que Cristiano Ronaldo consiguió durante unos 95' de dominio absoluto de su equipo frente a un rival que con sus armas luchó hasta donde pudo con mucha dignidad. El Real Madrid de Rafael Benitez llegaba con muchas urgencias a este choque, tras un increíble empate en cero frente al Málaga en el Bernabeu. Increíble porque fue un monólogo del equipo blanco, sobre todo de un Ronaldo imparable, pero entre los palos, la mala puntería y las manos y pies de Kameni, se encargaron de dejar en cero el resultado. Más de 25 disparos a portería contabilizó un Madrid voraz en ataque y sólido en el aspecto defensivo - algo que sin dudas el entrenador viene trabajando muy bien-, de los cuales 15 salieron de los pies del mejor jugador del mundo (junto a Lionel Messi, no se me enojen). Una tarde frustrante pero que dejó muchas lecciones, unas que debían ser aplicadas contra el débil Malmo en Suecia con el objeto de no sufrir ningún contratiempo.

Rafa Benitez continuó con su política de rotaciones y armó un 4-3-3 mentiroso: Navas; Carvajal, Varane, Nacho, Arbeloa; Kovacic, Kroos, Casemiro; Isco, Benzema y Ronaldo. Lo cierto es que apenas comenzó el encuentro, Isco pasó a jugar como una especie de enganche, dejándole el ataque a Ronaldo y a Benzema. Los dos puntas jugaron sin posiciones fijas, sueltos por el frente de ataque y siendo Cristiano quien bajaba un poco para armar juego. El Malmo, dirigido por Age Hareide dispuso de una formación combativa: Wiland; Tinnerholm, Bengtsson, Árnason, Carvalho, Yotún; Lewicki, Adu, Berget; Djurdjic y Rosenberg. Clásico 5-3-2 defensivo, que con tres centrales y dos laterales-volantes apuesta a amontonar gente en el mediocampo y salir con velocidad en algún contragolpe.


El Real Madrid salió a imponer condiciones desde el primer minuto de juego: presión alta y posesión total de la pelota para acorralar a un rival que tenía pocas intenciones de disputar el juego en el mediocampo. El Malmo realizó el primer acercamiento, con una buena salida por el costado de la mano de Rosenberg muy bien cubierta por Nacho.

Los laterales del Madrid pasaban al ataque y el trío central liberaba el espacio para que las bandas fuesen solamente de ellos. El juego dependía de ellos y la velocidad de Carvajal y Arbeloa, en conjunto con Ronaldo y Benzema. El Malmo tenía a los diez hombres en su campo y las líneas muy juntas para evitar la circulación de pelota en el rival. Los volantes centrales del visitante presionaron muy bien en estos minutos, demostrando que no había especulación sino ganas de salir a terminar con el partido.

Kovacic daba unos pasos al frente y se unía a Isco para crear juego. El croata también era el primero en retroceder cuando la pelota no estaba en poder de su equipo, mostrando ductilidad y aplicación táctica. Casemiro era el mediocentro real de La Casa Blanca y Kroos estaba más liberado para poder sumarse al eje creativo. Casemiro tuvo la primera para el Madrid con un remate que salió demasiado alto. El ex Porto habilitó a Ronaldo en la jugada siguiente con un buen pase largo y el delantero fue cruzado por Berget luego de un enganche clásico suyo dentro del área.

El equipo de Benitez manejaba la pelota sin mucho apuro, abriendo la cancha con velocidad y dominando el trámite. Ronaldo y Benzema no dejaban de realizar diagonales, generando espacios y opciones para que los volantes los encontrasen en profundidad. El Malmo llegó con cierto peligro de la mano de Adu, que abrió con Tinnerholm y su disparo muy flojo terminó en las manos de Navas. Al instante, Varane se equivocó en la salida y Rosenberg apuró su disparo en lugar de entregársela a un compañero que le pasaba en soledad por el costado. Navas contuvo su tiro bien rasante y potente, muy atento como siempre el portero costarricense.


Buen tramo de presión del local, que con sus armas logró agruparse bien en el borde de su área y salir con velocidad y potencia para acercarse un poco a los dominios de Navas. Al mismo tiempo resistía los ataques del Madrid con solidez, especialmente en los cruces ante la búsqueda larga de los dos delanteros. Djurdjic realizó un muy buen slalom por la banda y su recorte peligroso hacia el medio terminó en un corte impecable de Varane.

De a poco el Real Madrid comenzó a encontrar espacios y a subir la intensidad, siempre con paciencia y la pelota por el piso. Benzema rompió por la banda, Kovacic le arrastró la marca muy bien y el francés habilitó a Cristiano, que con un remate bajo a colocar perdió el primer duelo de la noche con Wiland. En la jugada posterior, el mismo Cristiano la bajó muy bien, dejó atrás a Yotún y sacó un latigazo cruzado que Wiland desvió sobre el primer palo con muchas dificultades. 

El equipo de Benitez estaba plantado en 3/4 de cancha y manejando la pelota, con las cosas mucho más claras luego de unos primeros minutos de mucho choque contra el muro dispuesto por el Malmo. La idea de los locales era quitarle ritmo al partido, pero solo de a ratos tenían éxito en su ardua tarea. Kroos encontró a Ronaldo a espaldas de Berget pero el delantero no llegó a conectarla por un milímetro. Un punto a rescatar en el visitante era su labor defensiva, con jugadores muy veloces que controlaban sin problemas los esporádicos intentos del Malmo. 

Adu era el mejor del local, jugando pegado a los centrales y tratando de ser salida en cada jugada. Ronaldo volvió a ganar, ahora por la derecha, y sacó una volea potente que se fue bastante alta. La única falla del Madrid era que su mediocampo quedaba demasiado separado de la defensa - y entre sí- ante los contragolpes del Malmo. Berget intentó vencer a Navas con un tiro libre a colocar, pero el portero demostró toda su calidad leyendo el disparo y esperándolo en el lugar donde terminó cayendo. 


Los de Benitez entraban en ciclos breves de descontrol, en los que toda jugada terminaba en un centro o un pelotazo frontal debido a la falta de ideas para superar la línea de casi 9 jugadores que tenía apostada enfrente. Al ingresar en el juego del Malmo, perdió sorpresa y explosión de cara al arco, con Ronaldo más preocupado por bajar muchos metros para tomar contacto con el balón que por convertir goles. 

Pero ninguna pared dura para siempre: a los 28' Ronaldo siguió agrandando su leyenda con un muy bonito gol. Isco recibió de Kovacic en vertical y sin perder un segundo, giró y dejó solo a Ronaldo que ante Wiland no dudó y colocó la pelota con mucha calidad en el palo más lejano. Un 1-0 que destrabó un nudo que de haber durado un poco más de tiempo habría hecho del partido una pesadilla muy desgastante para el Real Madrid. El portugués llegó así al gol 500 de su carrera y a los 322 goles en tan solo 308 partidos jugados con la camiseta blanca, quedando a solo uno del récord del enorme Raúl González.

De aquí en más, el Real Madrid aceleró por completo: Benzema rompió por la banda, enganchó hacia el centro y disparó muy alto. Unos minutos después, Carvajal probó al arco y la pelota salió por encima del travesaño. A pesar de estar listo para cerrar el trámite, el visitante no pudo ser preciso en el toque final y el partido siguió abierto. Sorpresivamente, el Malmo no salió a tratar de empatar sino que cubrió mucho más los espacios para evitar un segundo gol y al menos seguir en el juego.

Esto no inquietó mucho a un equipo que mantuvo la posesión total y el dominio a placer del partido. La jugada que cerró el primer tiempo fue un disparo cruzado de Carvajal dentro del área - tras una serie de rebotes- que impactó en el ángulo y bajó por el palo para luego perderse increíblemente por la línea de fondo.


Los segundos 45' encontraron al equipo de Benitez dominando las acciones sin mayores complicaciones, empujando a puro toque a su rival contra su buen arquero. Benzema centró para Arbeloa, este se la bajó a Kovacic con mucha visión de juego y el croata ingresó por el medio y sacó un bombazo que salió pegado al palo. El Malmo buscó atacar con mucha tibieza, pero no lograba dar dos pases seguidos y la pelota terminó en los pies de alguno de los tres volantes del Madrid en casi todos sus intentos.

Con el local muy bien cerrado, la circulación del Real Madrid era óptima a los 62' pero el partido estaba en la zona que menos le convenía: la del tedio, la del bajo ritmo. Para el Malmo, de cualquier manera, había poco para rescatar ya que su contrincante hacía tiempo rompía líneas sin parar por las bandas, con Kovacic como un lanzador muy eficiente. Todo perfecto hasta el momento de la resolución, donde la ineficacia era preocupante tal como ante el Málaga.

Casemiro buscó en largo a Ronaldo y Wiland lo anticipó muy bien abajo. De inmediato, Isco encaró en velocidad, amagó ante su marcador y armó una buena pared con Benzema que terminó en un disparo suyo por encima del travesaño. Benitez advirtió que el partido no podía seguir más así y mandó a la cancha a Modric por Benzema. Quedó un 4-2-3-1 con Kroos y Casemiro en el doble pivote e Isco-Modric-Kovacic como mediapuntas. Ronaldo, en soledad como delantero punta bien arriba.

Tras varios minutos en los que no pasó demasiado, Lucas Vázquez tomó el lugar de un cansado y rendidor Kovacic. Ya en 72', el Malmo apostaba a encontrar el milagro en algún contragolpe o una pelota parada aislados. Lo tuvo con un buen pase de Tinnerholm para Rosenberg, que le ganó la posición a Varane pero no le pudo dar dirección a su cabezazo que salió bastante ancho. Al instante, Yotún se ganó su segunda amarilla y se fue expulsado tras un correcto partido en el que con su talento y garra había bailado con la más fea con mucha dignidad.


Casemiro conectó una vez más con Cristiano en el borde del área y el portugués recibió de espaldas y casi sin girar sacó un remate impresionante que no entró por el ángulo solamente por la volada de un Wiland sensacional. Carvalho ingresó por Djurdjic en el Malmo y el equipo quedó con un 4-3-3 sorpresivo para buscar el empate tal vez en el peor momento posible. 

Benitez respondió mandando a la cancha a Cheryshev por un agotado Isco, buscando ganar velocidad en 3/4 de cancha y un poco más de control en el mediocampo. Modric encontró a un insaciable Ronaldo en vertical, el portugués se sacó de encima a su marcador con un gran regate y disparó muy bien. Wiland con una mano hizo el milagro y le sacó un gol que estaba atragantado hacía varios minutos ya. Cheryshev ganó una buena pelota en el medio y sacó un remate cruzado tras varios amagos que no llevó mucho peligro. 

Cheryshev volvió a ser el protagonista con un desborde a toda velocidad y un centro para Ronaldo que de volea y bien marcado se encontró con un Wiland muy bien plantado. En la jugada posterior, Modric filtró para Lucas Vázquez y el volante dejó solo a Ronaldo que bajo el arco llegó a los 323 goles de Raúl (en algo así como 300 partidos menos que él) y a los 501 goles en toda su carrera (donde jugó un total de 753 partidos). Un 2-0 ajustado a lo que había sido el partido, un monólogo del Real Madrid que de a ratos se tornó aburrido por la buena labor defensiva de un Malmo combativo que aguantó con sus recursos hasta donde pudo. 

Ronaldo tuvo una más tras un buen centro por lo bajo de Carvajal, pero esta vez su anticipo terminó saliendo ancho. Pitazo final, muchas certezas y también algunas dudas para el Real Madrid de Rafael Benitez. Está claro que de a poco el equipo se acomoda a la idea de jugar con el 4-2-3-1 que el entrenador español tiene como esquema preferido. Las rotaciones vienen funcionando, pero lo ideal sería que involucren también a los delanteros pues tanto Ronaldo como Benzema suelen jugar todo al inicio de cada temporada y luego llegar fundidos al cierre - que es donde son vitales-. Es criticable que de a ratos este Real Madrid sea en exceso pragmático, pero no se puede decir que es un equipo ultra defensivo ni mucho menos. Tiene mucho equilibrio y en lo defensivo las cosas parecen estar mejorando mucho de la mano de un entrenador que suele darle relevancia a este aspecto. Mayor eficacia y un poco más de audacia, esas tal vez sean las dos cosas que le hacen falta a este Real Madrid para dar el salto definitivo y terminar con el período de adaptación de Rafa Benitez. Mientras tanto, es bueno que gane y que lo haga con contundencia, tanto en el plano local como el internacional. El primero, hasta el momento, se encuentra en el debe. Pero mientras esté Ronaldo, mientras siga rompiendo todos los récords y jugando de esta manera, hasta los peores errores pueden maquillarse y parecer un poco más agradables.