jueves, 28 de mayo de 2015

River 3 (3) - Cruzeiro 0 (1): La revancha que tardó 19 años en llegar; Una exhibición a puro fútbol, garra e inteligencia



La semana pasada, River había entregado una muy magra imagen en el Monumental ante un bastante práctico y veloz Cruzeiro. Tras su lógico y merecido pase de ronda luego del escándalo - vergonzoso, patético, lamentable, inhumano y demás calificativos que le caben- en el partido de vuelta por los Octavos de Final contra Boca Juniors, dió la sensación de que el plantel todavía estaba golpeado por el ataque con gas pimienta y todo lo que terminó aconteciendo en las siguientes dos horas que permanecieron en el campo de juego. Recordemos, a modo de fijar una opinión, que los jugadores de Boca no hicieron nada más que vender humo para La 12 - con Orión, primer empleado y socio de la barra a la cabeza- y el hincha común que enfervorizado cantaba contra el eterno rival y de paso le evitaba una salida tranquila arrojando sillas, botellas, piedras y demás objetos contundentes cada vez que el plantel millonario quería ingresar a la manga que daba al vestuario. River terminó pasando de una manera poco grata sin dudas para ellos y Boca recibiendo una "sanción" bastante leve en lo que respecta a lo económico y justa en lo deportivo. 

Más allá de esto, en el partido y medio que jugaron, el equipo de Gallardo volvió a repetir la táctica ejecutada en la serie por la Copa Sudamericana y lo hizo con mucho éxito en ambos encuentros. Con el doble cinco cortó el circuito de juego de un equipo demasiado liviano y carente de actitud, se excedió en el juego brusco (sobre todo en el primer partido, que como ya dijimos aquí mereció tener mínimo 3 expulsados), fue un vendaval de actitud y encontró sus mejores opciones en el contragolpe usando de a ratos muy bien las bandas como en los primeros partidos de este ciclo. En una primera mitad de temporada donde los rendimientos individuales no fueron ni tan altos ni tan determinantes como el año pasado, Gallardo apeló al espíritu de lucha y logró aplicar por segunda vez consecutiva en una competencia internacional una idea de juego similar a la que usa Simeone en el Atlético de Madrid: presión alta en los primeros minutos, destrucción del juego en el mediocampo, ocupación de espacios y ataque y defensa en bloque con ocasional uso de las bandas (si surgen las libertades). Superó al Boca de Arruabarrena en lo táctico y en lo físico y la parte del juego no importó más: se limitó a quien pudiese aprovechar las chances generadas y en eso el conjunto de Nuñez sacó una ventaja más que clara. 

Como ya se mencionó en la primera línea, el primer choque con el irregular Cruzeiro había sido una gran decepción. River nunca pudo tomar control del partido, vió siempre como la pelota le pasaba por sus narices, defendió muy mal y desperdició las pocas situaciones claras que tuvo de cara al arco rival. Más allá de que su "Bestia Negra" (lo había eliminado siempre en choques directos por torneos internacionales, recordar la rivalidad en los 90') tuvo un buen rato de intensidad en la primera media hora, tocó muy bien de la mano de un Henrique muy activo y tuvo en Willians a su armador - y barrera para todo intento de River- desde un círculo central sorpresivamente vacío de contrincantes, la diferencia no era muy significativa. Sin dudas que perder sin marcar goles como local no es nada bueno en esta absurda era del "gol de visitante vale doble", pero a juzgar por los segmentos de parálisis mostrados un 0-1 no era un mal resultado. En el Mineirao lo primero que tenía que lograr era recuperar la actitud que le había hecho dominar a Boca en Octavos y luego reencontrarse de una vez por todas - y no a cuentagotas- con el juego extraviado de aquellas primeras siete fechas del torneo local pasado. 

Gallardo dispuso, a contramano de lo que muchos pensábamos, nuevamente el mismo 4-1-3-2 del partido previo: Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Kranevitter; Sánchez, Ponzio, Rojas; Teo Gutierrez y Mora. La novedad era el retorno de Ariel Rojas, quien para quien les escribe es el único externo capaz de acomodarse a la perfección a este sistema de juego. Tras las dudosas actuaciones del Pity Martínez contra Boca y el mismo Cruzeiro - donde se lo notó incómodo en el carril izquierdo, muy atado a la marca- el regreso del ex Godoy Cruz era la mejor noticia que podía tener River. Oliveira plantó su esquema habitual, un clásico 4-2-3-1, tras haber dejado en el banco a varios titulares el fin de semana: Fabio; Mayke, Manoel, Bruno Rodrigo, Mena; Henrique, Willians; Marquinhos, De Arrascaeta, Willian; Leandro Damiao


River salió con una actitud opuesta a la de la semana anterior: manejando la pelota, controlando el mediocampo y presionando muy alto. La circulación del balón fue muy buena desde el primer momento, con mucha dinámica posicional y un relleno de bandas magistral. El ingreso de Rojas por Martínez era una de las claves de esta mejora, el sistema ahora no tenía ninguna falla estructural, y lo que complementaba esto era el muy buen nivel de Sánchez por el otro costado. 


Tras 10' intensos de asedio y baile, el Cruzeiro se fue acomodando y ganando muchos pasos en el campo de juego. Si bien lo de River por las bandas era muy bueno, el problema que tenía estaba claro: la segunda pelota. Las conexiones entre Teo y Mora eran otro punto alto del equipo de Gallardo, uno tocando y yendo al medio del área y el otro buscando el desborde constantemente. Los dos intercambiaban estas funciones con mucha facilidad y profundidad. 

Cruzeiro se entregaba al pelotazo sin destino ni sentido y River ejecutaba el toque paciente y vertical con mucha eficacia. Lo mejor de los argentinos llegaba cuando en 3/4 de cancha disparaba por los costados comiéndole las espaldas a los centrales del rival. Bruno tuvo en 15' una buena oportunidad a la salida de un tiro libre, pero su cabezazo fue más bien flojo. 

La superioridad de River comenzaba con los centrales bien adelantados y un doble pivote con Kranevitter como mediocentro clásico y Ponzio más suelto casi en 3/4 como armador de juego. Willian y Mora asustaron en dos jugadas idénticas por lado: pase a espaldas de los centrales y recuperación justa de Funes Mori y Bruno respectivamente para salvar a sus equipos. Funes Mori volvió a mostrar un timing hasta este partido ausente, con otro muy buen corte cuando el balón le llegaba a Marquinhos por el costado.


River aprovechó los espacios que se crearon con esta intervención de Funes Mori y salió de contragolpe. El resultado terminó siendo letal para el Cruzeiro y sus aspiraciones: gran cabezazo de Mora en el círculo central, desviando con mucha fineza la trayectoria de un pase más bien largo, Teo recibió y encaró a pura velocidad. Pausa en el momento justo, cabeza levantada y toque a Sánchez que entró solo por el otro lado, controló el balón y definió con un remate cruzado bien seco a donde Fabio jamás podía llegar. Un 1-0 más que merecido para un River que mostraba su  mejor versión en bastante tiempo, a puro fútbol, garra y ambición.  

Otra de las virtudes de River era la labora defensiva de sus dos delanteros, que siempre se acoplaron en el retroceso, armando un bloque macizo que nunca paró de correr en todo el partido. El estilo Bielsa en su mayor esplendor, con el movimiento coordinado y compacto y el juego vertiginoso por los costados una vez que se desarmó la resistencia del rival. A todo esto, se le sumó un trabajo impresionante de ahogo en el círculo central y el despliegue constante de Rojas y Sánchez a pura intensidad una vez que cumplían con sus objetivos de marca y se recuperaba la pelota. 


Sánchez envió un centro muy picante para Mora que no la tocó por algún que otro milagro. El segundo gol de River estaba al caer y el Cruzeiro se mostraba en extremo nervioso y sin una pizca siquiera del juego asociado del partido previo. De Arrascaeta y Willian tuvieron buenas conexiones pero sus intentos nunca llegaron más allá de la línea de fondo del visitante. El enganche uruguayo tuvo una posibilidad muy importante tras una pifia grosera de Funes Mori y Maidana, pero Sánchez logró salvar las papas ante el inminente remate de su compatriota. Las dudas en el fondo de River no eran muchas, pero alcanzaron para llevar algún que otro sobresalto. 

Por unos minutos, Mena se mostró un poco más punzante por su sector. La intensidad del equipo de Gallardo lógicamente había bajado un poco tras un desgaste tremendo de más de media hora. La estrategia de los 15' finales fue tener la pelota y hacerla circular, tapar el mediocampo y esperar a que los espacios surgiesen naturalmente. Mayke lanzó un muy buen centro que De Arrascaeta le peinó a Damiao cuando este entraba solo por el medio para definir de frente a Barovero. 

En 35' el partido se hizo demasiado ordinario en el medio, con un ida y vuelta más bien desporolijo que le vino como anillo al dedo a un Cruzeiro sin ideas ni agresividad. Willians seguía ausente sin aviso, como casi todos sus compañeros, dejando en evidencia que la mayoría de las cosas buenas que habían hecho en el Monumental se debieron sobre todo al muy flojo nivel de River. En el Mineirao, los de Gallardo dejaban en claro que podían jugar muy bien y yendo al ataque sin parar, como solían hacerlo hace más de un año. Que más allá de los bajones de nivel en algunos jugadores, también todo se debió a decisiones tácticas no tan positivas de parte de su entrenador.


Rojas presionó muy bien sobre una salida muy fácil del Cruzeiro, le quedó a Teo y el colombiano habilitó perfecto a Ponzio con un pase cruzado. Diagonal del volante y entrada potente ante la salida de Fabio que no terminó en gol por uno o dos centímetros. Los defensores brasileños estaban comidos por los nervios y cometiendo demasiados errores que le servían en bandeja el partido a un hambriento River que a esta altura merecía como mínimo dos goles más.

Y llegó la locura: centro preciso de Rojas - al fin, uno que no pateó Ponzio- y cabezazo a colocar de Maidana, en una elevación de película, para decretar el 2-0 que ponía a River una vez más en las Semifinales de la Copa Libertadores. Excelente rendimiento grupal e individual de un equipo que consiguió dar con su mejor versión en el momento en que más la necesitaba. El primer tiempo del Millonario se resumía con algunas palabras: juego, táctica, energía, ímpetu, garra y jerarquía. Todos elementos centrales para jugar bien al fútbol y que combinados le daban a River una victoria más que justa. 


La segunda parte se inauguró con un muy buen pique de Teo al límite del offside tras una habilitación de Ponzio. Centro para Mora y Fabio logró salvar una nueva caída de su valla con una barrida. River siguió presionando muy arriba desde el primer minuto, pero reguló ocupando espacios y moviendo la pelota a la caza de los huecos que fuesen surgiendo. No se lanzó nunca a atropellar al rival, entendió los riesgos que esto conllevaba pues cuando el que está en apuros es el otro, lo mejor es desensillar y defenderse con la pelota bajo la suela. 

El Cruzeiro se ceñía a esta máxima y salía con todo, dejando a sus centrales mano a mano con los volantes y delanteros de River. Espaldas regaladas para que el contrincante se haga un festín sin demasiado desgaste de por medio. Los de la banda roja siguieron ganando en todos los sectores del césped, de la mano de un despliegue solidario y lujoso de su mediocampo. La paliza se completó con un golazo reivindicatorio: Mora peinó a espaldas de Teo, este recibió y se sacó de encima a Bruno con un gesto técnico sensacional para luego definir cayéndose al segundo palo. Efecto y pie bien abierto para poner la pelota bien lejos de las manos de un resignado Fabio. Un 3-0 que todavía se quedaba corto y que incluía el mejor rendimiento del delantero colombiano en todo este flojo 2015 para él. 

Pezzella ingresó por un, en apariencia, lesionado Mercado en River y Alisson entró por un inexpresivo y frío Willian que se retiró silbado e insultado por todo el estadio. El equipo de Gallardo siguió presionando en toda la cancha y manteniendo una posesión elevada, mientras que los dirigidos por Oliveiras no paraba de ir hacia adelante en busca de un descuento que les diese alguna chance. Alisson recortó muy bien y su disparo se fue apenas alto. La respuesta llegó de la mano de Sánchez que tras un enganche en la medialuna del área, lanzó un remate muy fino a colocar que picó delante del arquero y salió rozando el palo. 


River trianguló y avanzó sin parar hasta el final, como si el partido estuviese todavía cero a cero y su clasificación aun en duda. No miró el partido como en el Monumental, sino que eligió ser el protagonista excluyente de su propia película. Supo regresar a tiempo a las muy buenas bases del ciclo Gallardo, no traicionó su idea madre, demostrando que además de trabar y cortar caminos también puede jugar un fútbol de alto vuelo y calidad con la pelota al ras del piso. 

Joel ingresó por Willians y Mayada hizo lo propio por Ponzio. Gabriel armó una buena jugada y su tiro se fue muy cerca del ángulo en 75'. Damiao pivoteó muy bien a espaldas de Pezzella, giró como indica el manual y la pelota terminó dando en el palo. River se salvó dos veces, pero estas jugadas dejaron en claro lo que había sido el Cruzeiro: apenas un par de intentos aislados que ni siquiera fueron consecuencia de una cadena de toques. Alisson tuvo una más por la banda, con un enganche posterior y un violento remate que reventó el travesaño. 


Teo le dejó su lugar al Pity Martínez, esperando ya a que todo terminase para poder festejar. Tal vez Cruzeiro hizo méritos para descontar en estos furiosos 5', pero habría sido demasiado premio para un equipo desaparecido y mezquino al extremo. El Pity cometió un par de errores zonzos por hacer una demás, algo que se viene repitiendo desde su llegada a River. Tuvo su chance con una corrida letal que fue detenida por Gabriel con un abrazo de oso cuando estaba a punto de definir ante un desguarnecido Fabio. Roja directa para el volante creativo, otro de los que decepcionaron en una noche en la que su equipo necesitaba de sus servicios. River cerró el partido con un tiro libre altísimo de Mora y un toqueteo delicioso, sin dejar de correr y de presionar. Todo como si el partido recién hubiese comenzado...


River Plate es sin lugar a dudas un muy merecido Semifinalista de la Copa Libertadores. Entró a Octavos de Final jugando mal y "por la ventana" (como dijo Gallardo), pero logró sacarse de encima a un excelente Boca - el mejor de la primera fase, con 6/6- con un planteo táctico tal vez poco atractivo aunque no por ello ineficiente. Para este partido contra el Cruzeiro, tenía la misión de volver a ser aquel brillante equipo de hace un año y monedas. Algunos indicios ya había mostrado en el torneo deoméstico, pero todavía le faltaba ajustar varias tuercas para dar con el funcionamiento ideal. En el Mineirao volvió a llenar las bandas, a tocar en velocidad, a rotar posiciones, a ser dinámico, a realizar los relevos con buena coordinación, a atacar en bloque y a comerse el mediocampo con un juego más posicional que destructor. La defensa estuvo bastante mejor que en los demás partidos de este año y Barovero estuvo mucho más sólido en las salidas tanto por abajo como en los centros al área. Los laterales volvieron a ser esas dos flechas que pasan al ataque, que se suman a la línea de volantes y que luego se repliegan en el retroceso sin dejar un espacio por los costados. Kranevitter no se chocó con Ponzio y dio una clase práctica de como debe jugar un mediocentro, cortando todo y saliendo con mucha simpleza siempre. Y Ponzio, ese que no me gusta para nada, mostró sus dotes estando menos ocupado en la marca y bien adelantado para ser el nexo entre volantes y delanteros ¿Que decir de Teo y de Mora? Del uruguayo, lo de siempre: que es el mejor jugador de River, el primero delantero y el primerísimo defensor. Visión de juego, potencia y garra puros. El colombiano vivió una de sus noches más dulces desde su llegada a River y de paso mostró que tiene calidad de sobra como para brillar siempre, más allá de que no por ello va a dejar de ser un jugador muy irregular tanto aquí como en Europa (cuando regrese dentro de poco). Mención especial para Sánchez, perfecto por su banda y colaborando con Kranevitter en la marca a todo momento. Rojas dejó en claro que debe ser siempre titular, más allá de que la temporada que viene elija dar el salto económico - y porqué no deportivo- en el Santos de Brasil. El 4-4-2 tuvo sentido con el como exterior y la pelota parada recuperó un gran ejecutor, algo que es una bocanada de aire muy fresco. Finalmente, el elogio para Marcelo Gallardo, a quien considero un gran entrenador más allá de que a veces discrepe con algunas declaraciones o con una ocasional falta de autocrítica. Se ve que está vez aprendió de los errores, pero más allá de eso salió a atacar estando abajo y de visitante - algo muy raro en Copa Libertadores, donde todo suele ser demasiado especulativo- y lo hizo con su idea como bandera. Eligiendo morir con la suya, más allá de saber que si va por ese camino más seguido es muy posible que gane bastante más de lo que pierda.  







  

jueves, 14 de mayo de 2015

Boca 0 - River 1: Delfino, Gallardo, Fútbol Bonito y Guerra Total




Mi intención desde que comencé este blog, es siempre hablar de fútbol y no detenerme en los aspectos que suelen considerarse marginales a los partidos. Es decir, a los errores arbitrales, a las peleas entre los jugadores y/o entrenadores, a lo que pueda suceder en las tribunas - siempre y cuando no sea algo de gravedad extrema que supere lo que denominamos "el folclore del fútbol"- y demás cuestiones que suelen no tener gran incidencia en las cuestiones tácticas y el desarrollo relativamente normal (pues esto es imposible) de los 90' reglamentarios que dura un partido. El problema es que lo que sucedió en el Monumental el jueves pasado incidió por completo en un partido que fue cualquier cosa menos fútbol.

En una reedición de su táctica sucia y luchadora de la Semifinal de la Copa Sudamericana 2014, el River de Marcelo Gallardo volvió a traicionar sin ningún tipo de pudor - y mucha caradurez, en especial en las declaraciones posteriores- esa idea futbolística que tanto dicen pregonar. Un discurso que es muy bonito y que defiende el buen juego y la deportividad, pero que en el momento de salir a la cancha por lo general no se ve. Nobleza obliga, creo que es solamente contra Boca que Gallardo decide divorciarse por completo de lo que piensa como entrenador para entregarse a esa verdad de perogrullo de que los clásicos deben ganarse pegando - "poner huevo" le llaman otros- y convirtiendo un gol de cualquier manera. En otras palabras, ganarlos de guapo, de patotero, de vivo y de algunos otros adjetivos que en teoría según los hinchas y jugadores del club de Nuñez solamente le corresponden a su eterno rival, Boca Juniors. Si uno mira el historial reciente entre los dos clubes más grandes de la Argentina, se dará cuenta que es el Xeneize el que manda tanto en los números como en lo que respecta al fútbol bien jugado. Lamentablemente, a pesar de que las estadísticas no mienten, es también cierto que uno de los encuentros más esperados por todos los que amamos este deporte, siempre termina siendo un juego más de pasiones y pierna fuerte que otra cosa. Quede claro que a mi parecer estos dos factores deben ser parte de la estrategia a la hora de saltar al campo de juego - pues sin ellos, es imposible triunfar- pero cuando se hace que todo gire alrededor de ellos, las cosas no suelen terminar demasiado bien. A menos, claro, que quien deba aplicar el reglamento ese día decida hacer la vista gorda y dejar que la carnicería abra como un domingo cualquiera.

No voy a ahondar en el tema de las quejas de un lado y del otro, porque los que se ven perjudicados por lo general no tendrían tantos reparos si los fallos hubiesen sido a la inversa y porque quienes se hacen - directamente, sin filtro- los boludos tras haber sido ayudados por un Juez permisivo estarían en la misma fase de lamentos que los de enfrente. Todo se trata de ver para que lado cayó la moneda y eso es justamente lo que está mal en nuestro fútbol y, más extensivamente, en nuestra bastante podrida sociedad. La manera de apoyar esta teoría es ver como varía la indignación de los hinchas cuando otros equipos aplican el mismo juego brusco, desleal y cobarde que el que el propio utilizó pocos días atrás. Esto mismo suele verse en la parte táctica, siendo un buen ejemplo el reciente choque entre Racing y River en el que Marcelo Gallardo criticó solapadamente a Cocca por hacer un planteo prácticamente idéntico al que él hizo contra Boca como local por el partido de ida de los Octavos de Final de la Copa Libertadores.

Más allá de que en lo que refiere al juego no hubieron demasiadas cosas interesantes, hablemos un poco de lo que sucedió el jueves pasado en el Monumental. River puso en la cancha un 4-4-2 con intenciones muy claras: Barovero; Mamanna, Funes Mori, Maidana, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Kranevitter, Driussi; Teo Gutierrez y Mora. Más allá de poder mutar en un 4-3-3 con Driussi adelantándose un par de pasos, la base de este esquema fue el doble cinco. Una versión con anabólicos del River combativo, ocupador de espacios y golpeador - en el peor sentido de la palabra- de la serie de la temporada pasada. Dos jugadores con quite para derruir el buen manejo de Boca en el mediocampo y tratar de transicionar al ataque con mucha velocidad. Ponzio y Kranevitter pegados a los centrales y los dos volantes externos en una función más ofensiva y sin tanta obligación en la marca. Se preguntarán como pudo River cubrir los costados y la respuesta es que tuvo en Mamanna y Vangioni dos soldado aplicados que no pasaron una vez al ataque pero pudieron contener los esporádicos intentos del rival por sus bandas. Mora oficiando más que nada de mediapunta y Teo suelto arriba tratando de generar espacios frente a la línea de defensores. Boca fue con el esquema y el libreto de siempre, que tan buenos resultados le viene dando desde que llegó el Vasco Arruabarrena: Orión; Marín, Cata Díaz, Torsiglieri, Colazo; Pablo Pérez, Cubas, Fernando Gago; Lodeiro, Calleri y Pavón. Ya hemos hablado varias veces de la idea del entrenador de Boca y de como este equipo, aún con las constantes rotaciones, la ha aplicado con eficacia a lo largo de este ciclo. Pero sin dudas que sorprendía la ausencia de un peso pesado - que además viene rindiendo muy bien- como Daniel Osvaldo en la delantera, así como la presencia de Pavón y Marín y la inclusión de Lodeiro en el frente de ataque. Esto podía tener una explicación lógica en que el 4-3-3 en los papeles podía transformarse en un 4-4-2 (improbable, pues no está en la genética del entrenador ni de los jugadores) con Gago y Cubas como doble cinco o un 4-2-3-1 con Calleri como único delantero punta. Pero estas dos suposiciones nunca se hicieron realidad y Boca salió a tratar de imponerse en base a su dinámica, su juego por abajo y su presión al extremo alta que muestra siempre.


El partido se puede dividir en tres partes, cada uno muy diferente de la otra. Los primeros 15' fueron todos de Boca más allá de la buena presión de Ponzio sobre Gago y la voluntariosa labor de Kranevitter como mediocentro tratando de evitar que el rival pudiese armar juego en 3/4 de cancha. La pelea comenzó fuerte y se concentró en el mediocampo, pero el que salió perdiendo en este inicio realmente tremendo fue River, porque la presión alta de Boca no lo dejó salir jugando y lo forzó a lanzar pelotazos frontales con destino de Cata Díaz y Burdisso. Hubieron acercamientos tibios de parte de los dos - River con un buen centro de Teo y Boca con un remate flojo de Pavón- pero era el equipo de Arruabarena el que mostraba vocación ofensiva y buena circulación.

River no llegaba a la línea de fondo ni con sus laterales - siendo ya muy preocupante lo de Vangioni- ni con Driussi y Sánchez que estaban más preocupados por evitar que Lodeiro, Pavón y Pérez ganasen por los costados. Gallardo buscaba concentrar marcas en un sector de la cancha y cambiar el juego con un pelotazo cruzado, lo mismo que planteó en el partido por el torneo doméstico y que en este primer tercio de la parte inicial no le salió demasiado bien. Boca exhibía paciencia en el toque y avanzaba en bloque, sin desprender a ningún jugador para evitar que se generasen espacios. River tuvo la primera gran chance tras un horror entre Pavón y Pérez en una salida que era muy fácil, pero el centro cruzado fue demasiado largo para Teo que hizo lo que pudo para alcanzarlo. 

River mostraba mucha más violencia que en los partidos por la Sudamericana y Delfino dejaba pegar sin aplicar el reglamento. Un patadón criminal de Vangioni a Gago le valió solamente una amarilla, pero no le impidió al volante central seguir distribuyendo el juego hacia adelante con mucha precisión. Mientras Ponzio se reiteraba en faltas que ameritaban como mínimo una amarilla (cada una, es decir un pozo acumulado de al menos 3 rojas en menos de 20'), River logró enfriar el partido y dar comienzo al segundo tramo del encuentro. Hasta el final del primer tiempo, River a base de empuje y más barullo en el medio -con las infaltables patadas como herramienta clave- logró hacer retroceder a Boca. Se lo llevó literalmente puesto y quien surgió como una luz de claridad en esos minutos fue Teo Gutierrez, tan apuntado hace tiempo, pero con mucha movilidad, actitud y más que destellos de su gran calidad.


Mora y Gutierrez tuvieron dos chances claras que no supieron definir bien a pocos metros de Orión, pero el equipo de Gallardo encontró su lugar en la cancha y el hueco a espaldas de los centrales comenzó a hacerse cada vez más profundo. El planteo no era un partido de fútbol sino una guerra y en eso el Millonario ganó con total claridad. Violencia, ocupación de espacios y una excelente presión alta para ganar más y más terreno. Orión se vistió de salvador ante Teo una vez más con una veloz salida hasta el borde del área y una tapada con una mano que sostuvo a Boca dentro del partido. Las bandas eran de repente propiedad de River y en 3/4 ganó todas las divididas ante un Cubas superado y desorientado por la cantidad de jugadores que debía enfrentar. Era simple: tocar y pasar. Y esto River lo hizo a la perfección durante esta muy buena media hora en la que pudo quitarle la pelota y el dominio a su eterno rival.

Las transiciones entre mediocampo y ataque eran veloces como en sus mejores partidos, pero en el casillero del "Debe" siguió estando la pelota parada. En los pies de Ponzio, no hubo corner y/o tiro libre que no quedase en extremo corto o fuese rechazado con facilidad por los defensores de Boca. Las ventajas para los de Arruabarrena aparecieron con un River más abierto y dispuesto a jugar antes que a defenderse: Lodeiro y Pérez se soltaron y con buenas asociaciones lograron inquietar un poco a una defensa rival que estaba disfrutando de un pequeño descanso. La leve superioridad de River residía en que el mediocampo era suyo, merced del juego superando el límite de Ponzio, de una marca eficaz que anuló a Gago y de una mayor tenencia de balón. La eficacia a la hora de resolver las jugadas no fue su fortaleza, pero al menos mantuvieron a Boca muy lejos hasta el entretiempo.

Boca arriesgó en la salida y al mismo tiempo vió como en todos los sectores había supremacía del contrincante. La ventaja estaba en que en la propia área ganó con comodidad tanto por arriba como por abajo en mayoría de ocasiones. Gallardo pedía a los gritos tener la pelota y mostraba satisfacción cuando lograban llenar las bandas como antes: Vangioni-Driussi-Teo por un lado y Kranevitter-Mora-Sánchez por el otro. Cuando esto sucedía, los laterales de Boca se veían avasallados y cuando podían rechazaban al medio y allí ganaba Ponzio para iniciar el circuito de presión una vez más. Nada demasiado lujoso ni rebuscado, pero sin dudas que era algo que River no podía hacer hace mucho y que evidentemente lo hacía crecer a cada minuto. El primer tiempo cerró con un remate de Sánchez que se fue cerca del ángulo tras un gran pase de Teo y una volea de Funes Mori que salió alta en la jugada posterior, previo control y pase magistrales de Driussi.


En un partido áspero, River justificaba una ventaja que aún no existía en base a un juego brusco, agresivo - en el mejor y el peor sentido de la palabra juntos- y ganando con pelotazos a espaldas de los centrales justo en el momento en el que la defensa de Boca daba el paso adelante. Driussi y Teo eran la punta de lanza y la dupla Ponzio-Kranevitter los que se encargaban de sostener la base a pura garra. Gago filtró en la jugada del final un hermoso pase para Pavón pero Mamanna logró cerrarlo justo para salvar a su equipo.


La tercera y última parte de este partido en el que hubo mucha actitud pero casi nada de fútbol, comenzó con una corrida de Calleri en soledad - en la que tuvo mucho tiempo para pensar- y una definición cruzada que Barovero pudo manotear para evitar lo que parecía ser la inevitable caída de su arco. De ese corner llegó otra situación de riesgo: tras varios rebotes, le quedó el balón a Colazo que de tres dedos estuvo a punto de romper el ángulo del arco defendido por Barovero. Boca arrancó con todo, dispuesto a comerse a su rival sin por ello resignarse a tratar la pelota con prolijidad y buscar dinámica con su estilo habitual. 

Pérez y Lodeiro eran definitivamente lo mejor del equipo de Arruabarrena. Todos los ataques iniciaban en sus pies y el rival se vió obligado a reacomodarse ante el nuevo escenario. La idea volvió a ser ganar terreno con menor apertura de la cancha y buscar apretar con pelotazos largos para que los dos puntas pivoteen y toquen con el primero del medio que se desprendiese para rematar. Lo tuvo Teo primero tras un corner bien ejecutado, pero en vez de tirar un lógico centro terminó rematando sin ángulo y muy ancho. Vangioni sorprendió con un gran pase cruzado y Sánchez, solo ante Orión, remató de una manera llamativamente pobre a las manos del arquero de Boca. 


El partido pasó a ser de ida y vuelta y tanto Boca como River comenzaron a oler sangre ante los espacios que se iban generando. Funes Mori saltó con Pérez y le dió un planchazo en el torso al mejor estilo Nigel De Jong contra Iniesta en Sudáfrica 2010, uno que todo el mundo incluido Delfino vió pero que al parecer solo ameritó para una tarjeta amarilla. El show de Delfino continuó con un penal a favor de Boca por mano de Sánchez no cobrado y la incidencia en el ritmo del partido de este polémico árbitro comenzó a crecer demasiado. 

River ya no tenía la pelota y tampoco presionaba con la misma intensidad que en los primeros 45'. Boca ahogaba con Pavón-Pérez por un lado y Lodeiro-Gago por el otro sector. La salida de River comenzó a ser defectuosa nuevamente ante el sacrificado trabajo de los cuatro jugadores recién mencionados y sus pelotazos e imprecisiones lo convirtieron en una sombra de lo que había sido en la media hora final de la mitad anterior. Boca logró triangular a un toque en 3/4 y a los de Gallardo no les quedó otra que aguantar contra su propio arco hasta encontrar el espacio para salir de contragolpe. 

En medio de todo esto, Sánchez decidió pegarle - cuando la pelota estaba bien lejos- a Gago una trompada en la nuca. El asistente lo vió todo y eligió no decir absolutamente nada, por lo que el partido llegaba al tercer expulsado que Delfino omitía. Daba la casualidad que todos correspondían a River, pero uno asume que errores puede tener cualquiera...Boca siguió yendo al frente con sus argumentos de siempre ante un equipo que se limitaba a pegar y a agruparse en el medio para salir rápido. Los riesgos eran claros, pero la propuesta de este equipo es siempre salir a jugar antes que a especular. 

Pavón le pivoteó muy bien a Pérez y este casi la cuelga de un ángulo, algo que hubiese coronado un muy buen tramo de Boca que en estos minutos pudo inclinar la balanza nuevamente hacia su lado. Martínez ingresó por un cansado Driussi para jugar de enganche y tratar de conectar a un mediocampo sin resto físico ni volumen con una delantera también cansada pero sobre todo aislada por la propuesta conservadora de Gallardo. El muy buen trabajo de Gago en la parte de la marca fue una de las razones por las que Boca pudo hacerse amo y señor del centrocampo una vez más tanto en ataque como en retroceso. La salida de Ponzio, con una pequeña molestia, fue el fin del mediocampo lleno de vigor y pierna fuerte que se había impuesto unos minutos atrás.


Lodeiro desparramó a Mamanna con un enganche y tocó atrás para Marín. Además de tener una floja noche - como varios, Calleri y Pavón a la cabeza- el lateral no le pudo pegar bien y Maidana salvó la ropa con un buen rechazo. Las más claras hasta el momento las había tenido Boca, que mejoró en base al toque corto en velocidad y la presión constante de un mediocampo armado ya con un doble cinco y tres mediapuntas. Y todo lo que había construido terminó en la basura: mal pase al medio de Gago, sin fuerza, Martínez la roba y entra al área y Marín le comete el penal más estúpido en varios años de Superclásicos. Sánchez tomó la pelota y ejecutó la pena máxima con mucha calidad, abjo y bien lejos de Orión, para poner un 1-0 que por como venía el partido no parecía para nada lógico. Parafraseando a Gallardo, Boca hasta allí "tenía el partido controlado" y además había contado con más ocasiones claras de gol que River.


Boca se lanzó al ataque y dejó campo abierto para que le liquiden la serie. Sánchez quitó muy bien en el medio, Mayada recorrío y tocó con Teo y el colombiano fusiló a Orión en el área chica. La tapada del arquero de Boca se festejó como un gol, pues dejó vivo a su equipo para el partido que se jugará en unas pocas horas. La expulsión de Teo por un planchazo a Burdisso no creo que haya sido merecida, o al menos no tanto como las tres omitidas escandalosamente por Delfino, que decidió compensar cuando el resultado era inmodificable. Teo se retiró en el minuto 87', tras haber jugado un muy buen partido en el que mostró calidad, actitud y velocidad. Que sus compañeros le hayan tirado una tonelada de ladrillazos no significa que haya que caerle siempre a él, que hace varios partidos que ha levantado nivel y viene luchando contra un estilo de juego demasiado rústico. El ingreso de Osvaldo por un inexpresivo e inexistente Calleri llegó demasiado tarde, más allá de que tuvo un cabezazo bastante incómodo que se elevó por encima del travesaño. Cubas debió haberse ido expulsado con una segunda amarilla tras un agarrón en cuando un rival se escapaba, pero Delfino decidió ejercer nuevamente la espantosa "regla" de compensación y dejar pasar un castigo que - como los tres que no fueron expulsados en River- era merecido. Marín tuvo el desborde final y su centro fue rematado por Burdisso ingresando por el medio: apenas alto, todo un síntoma de la baja eficacia de un Boca que no pudo concretar las buenas situaciones que generó y que no logró salir siquiera con el arco en cero habiendo dominado por 60' de los 90' totales. Hubieron errores en Arruabarrena sin duda alguna, en especial en la inclusión de Marín y de Calleri, pero esto lo decimos todos nosotros con el diario del lunes y sin estar presentes en el día a día del plantel. Gallardo encontró el gol en el momento menos imaginado y se fue sonriendo, pero seguramente sabe que además de su habitual táctica golpeadora va a tener que buscar repetir esa buena media hora para que su River salga vivo del duro desafío que tiene en la Bombonera. Boca fue superior en líneas generales, pero la diferencia estuvo en los detalles y en ese buen tramo de un River que sin recuperar el nivel de los primeros partidos de Gallardo se muestra voraz, competitivo y luchador hasta el final. Para los dos directores técnicos será un partido consagratorio, cada uno a su manera se juega mucho en este partido y sabrá como encararlo de la manera más efectiva y - ojalá- vistosa. 

Mucho se habló en esta semana y no fue precisamente de lo futbolístico. Con Arruabarrena diciendo que el árbitro condicionó, con Gallardo sosteniendo que había dirigido maravillosamente, con el candombe por la designación de Herrera y las infaltables declaraciones de los ex jugadores de un club y otro peleándose por ver quien tenía razón respecto de una, dos o mil patadas pegadas hace más de mil años. Más allá de todo esto, más allá de que la táctica de uno y otro entrenador están bien claras, hoy Boca y River jugarán un verdadero partidazo. Lo digo por la relevancia del choque, la misma que tuvo en el año 2000 y en el año 2004 cuando se enfrentaron en Copa Libertadores. No creo en los titulares catástrofe del día después ni para un equipo ni para otro, pero sí espero que hoy en vez de pegar tanto haya una dedicación casi plena a jugar a la pelota. A los jugadores de ambos equipos, to les pido: actitud, garra y por sobre todas las cosas buen juego. Mucho juego, que es lo que más nos hace falta en un fútbol donde lo único que importa es ganar de cualquier forma. 







jueves, 7 de mayo de 2015

Boca 2 - River 0: El primer chico quedó en La Boca; Gallardo y los "partidos controlados"



El pasado domingo, Boca y River se enfrentaron en La Bombonera por la décima fecha del torneo de primera división. Fue el primer choque de una saga de tres consecutivos, que se completará entre esta semana y la que viene con los cruces por la llave de Octavos de Final de la Copa Libertadores de América. Si bien ambos equipos llegaban punteros en soledad con 24 puntos, su realidad futbolística era y es diametralmente opuesta.

Rodolfo Arruabarrena sonríe tras una temporada en la que ofició de bombero tras el abrupto y vergonzoso despido de Carlos Bianchi, pudiendo acomodar a Boca en el torneo local - peleando hasta el final, algo impensado a comienzos de año- y logrando llegar hasta las Semifinales de la Copa Sudamericana, donde perdió por la mínima y de manera injusta contra su eterno rival que luego terminaría consagrándose en el segundo torneo continental de relevancia. La idea del Vasco siempre estuvo muy clara y tras más de seis meses de duro trabajo, logró asentarla dentro de todo el plantel. Su formación prácticamente inamovible es un 4-3-3 que juega con los centrales bien adelantados, dos laterales con ida y vuelta y capacidad para hacer las veces de volante ofensivo, un mediocentro clásico - la posición más variable, pues a veces el rival no requiere que este tipo de jugador esté en la cancha- que se pegue a la línea defensiva para contener y para ser salida, dos volantes externos que recorran la banda y se sumen tanto en fase defensiva como en ofensiva, dos extremos y un nueve punta que sea capaz de retrasarse para comenzar jugadas frente al área y dar espacio para que sus compañeros hagan diagonales. El año pasado, lo mejor que mostró fue un contragolpe delicioso y muy bien ajustado. Hubieron otras cuestiones interesantes, pero fueron solamente indicios, los cuales se suponía serían trabajados en la primera pretemporada del Vasco en el club. Hoy por hoy, Boca sigue siendo el mejor equipo del país en esto, pero efectivamente le ha sumado varias cuestiones que ya se podían avizorar en los primeros partidos de Arruabarrena como entrenador. Hablo de la obsesión por la posesión del balón, el juego por abajo, la paciencia en el armado por sobre todas las cosas, la capacidad de rotar posiciones tanto en ataque como en el mediocampo, la dinámica - merced de triangulaciones constantes a un toque-, la solidez defensiva basada en un retroceso ordenado y marcaje en zona y también un salto en la pelota parada ...Y lo que ya estaba de antes: la presión alta para no dar respiro a la salida del rival - ya que como bien saben, el mejor pase gol es la pelota recuperada arriba-, la explosión en 3/4 de cancha y la noción de campo ancho. El equipo de a poco fue asimilando los conceptos y las llegadas de refuerzos en mucha calidad y cantidad no hizo más que acelerar los procesos. La adaptación de Daniel Osvaldo, Gino Peruzzi, Torsiglieri, Monzón, Lodeiro, Pablo Pérez y de chicos del club como Pavón, Betancur y Cubas fue instantánea y logró terminar de acomodar algunas cuestiones referidas al juego debido a las características técnicas de cada uno. En resumen: hay idea de buen juego y hay una ejecución óptima aun en los partidos más complicados (es decir, contra rivales que se tiran todos atrás y buscan contragolpear).

Marcelo Gallardo, en cambio, ya no tiene la misma espalda que el año pasado pero mantiene sin lugar a dudas el crédito por haber logrado muy buenas cosas con un plantel bastante irregular y corto - por decisión propia, ya volvemos sobre esto- en todo sentido. Más allá de las presencias de Teófilo Gutiérrez, Rodrigo Mora, Vangioni, Carlos Sánchez, Ariel Rojas, Kranevitter y Pisculichi, queda claro que más allá de tener una idea noble todo siempre depende de los rendimientos individuales. También se puede hablar de como sostener una idea en el tiempo sin ser hipócrita, pero primero hay que destacar que casi todos estos jugadores alcanzaron su techo la temporada pasada tras varios años de sombras. El dibujo táctico base de Gallardo es un 4-3-1-2, que este año no ha podido ser puesto en práctica muchas veces por el bajo nivel de Pisculichi y las lesiones del Pity Martínez que le quitaron algo de continuidad aun siendo el mejor jugador por lejos de este River 2015. La concepción es similar a la de Arruabarrena, ven el fútbol de la misma manera con pequeños matices: línea de cuatro adelantada, con la idea de romper por los costados desde la salida, un mediocentro que arme un rombo con los dos centrales y el enganche, dos volantes por afuera que se acoplan al ataque dejando a los dos delanteros como puntas dentro del área, un armador de juego que se mueve libre frente al área con los delanteros dos o tres pasos más adelante. Aquí también la pelota es elemento sagrado, siendo el buen trato de esta y el juego al ras del piso dos conceptos centrales para entender a Gallardo como director técnico. Un cuestión que lo diferencia de su colega es el uso de las bandas, la concentración de juego y jugadores en los dos carriles para avasallar al contrincante. El volumen en el mediocampo es otra de las cosas que no lo deja dormir y para ello utiliza el ya mencionado rombo en ataque y a la hora de defender reagrupa al enganche y hace retroceder a Mora dejando un 4-5-1 compacto que luego en la próxima transición tiene la obligación de hacerse bien largo (un acordeón en movimiento es la mejor analogía posible). Una propuesta noble, interesante y que requiere - tal como la de Boca- un esfuerzo físico fenomenal que no siempre es sostenido con eficacia. Hasta aquí con la parte de la idea, pues la aplicación en el césped ha sido bastante dispareja. Es cierto que el torneo pasado, tras el primer mal partido contra Gimnasia de La Plata en la primera fecha, River jugó un fútbol de alto vuelo durante algo así como 7 fechas. Desde el choque contra Independiente en el Monumental, que ganaron con holgura - aunque no sin complicaciones defensivas- por 4 a 1, el nivel comenzó a decrecer al punto de convertir al equipo en un manojo de voluntades que tenían de actitud todo lo que no poseían de orden y juego asociado. La lesión de Kranevitter, que recién ahora está volviendo a su nivel previo, dejó huérfano al mediocampo en lo que refiere al juego. Ponzio puso su cuota de juego brusco y falta de timing y maquilló sus carencias con cobertura de espacios y pierna fuerte. La frase "muestra de carácter" comenzó a sonar seguido en la boca de Gallardo y la sucesión de empates poco merecidos de la mano de alguna que otra ráfaga de intensidad en el mediocampo y un coeficiente de eficacia y suerte maravilloso en la definición. Terminó ganando una Sudamericana y saliendo segundo en el torneo local - tras tenerlo asegurado hasta sus fechas finales- con un estilo contrario al discurso de su entrenador: dos líneas de cuatro apretadas, juego brusco, poca circulación del balón, una decreciente dinámica y con el contragolpe y la pelota parada como armas principales. Esto se traslado al verano (con el 5-0 de Boca como gran golpe) y la leve recuperación comenzó en la Recopa Sudamericana contra San Lorenzo. Su pico de rendimiento fue contra Banfield, una fecha antes al Superclásico donde mostró muchas cosas de aquel gran equipo, con lo que la promesa de buen fútbol parecía asegurada.

Boca salió como siempre con un 4-3-3, pero con varios nombres reservados para el choque por la Copa Libertadores: Orión; Monzón, Cata Díaz, Burdisso, Peruzzi; Meli, Cubas, Lodeiro; Carrizo, Osvaldo y Chávez. River plantó en territorio hostil su cada día más habitual 4-4-2, con varios titulares habituales y una improvisación total en el sector izquierdo de la defensa: Barovero; Mamanna, Maidana, Pezzella, Vangioni; Sánchez, Kranevitter, Rojas, Driussi; Mora y Teo Gutierrez. 


El primer tiempo comenzó demasiado trabado en el mediocampo. Los primeros minutos fueron tomados por los dos equipos para medirse y también irse acomodando en la cancha, por lo que el balón no tuvo un dueño concreto. Ambas defensas pudieron controlar los embates repentinos que llegaban cada tanto y había un factor común: la cobertura de espacios y el intento de salida veloz. 

Boca era efectivo en el retroceso, anexando a Chávez y a Carrizo al mediocampo para evitar que River despliegue sus alas. El local ganó todas las divididas en los primeros minutos y controló sin problemas a Rojas y a Sánchez. Driussi se acercó con un remate tibio, entrando desde la izquierda hacia el centro, que se fue muy alto. Enfrente, Chávez era un problema para los de Gallardo porque siempre aparecía libre para el pelotazo cruzado y más de una vez hizo sudar a los defensores que pudieron contenerlo. 

En medio de una pobre producción en lo que se refiere al juego asociado de parte del visitante, Teo logró bajar muy bien uno de los mil ladrillos que le tiraron y dejó a Mora frente al arco. El remate del uruguayo fue demasiado ancho, pero la jugada logró sorprender a la defensa de Boca. Los dos delanteros de River mostraron así que, más allá de estar aislados merced del juego a los pelotazos que propuso su entrenador desde el vamos, eran en extremo peligrosos por presencia y calidad. 

Monzón comandó la respuesta de Boca con una buena trepada y un centro picante que Carrizo le robó a un demasiado confiado Vangioni y fue tapado por Barovero que se jugó la ropa entera abajo del arco para evitar el primer gol en contra. Osvaldo tuvo la siguiente, reventando el palo luego de recibir de Burdisso en el vértice del área con una volea de derecha impresionante que dejó moviéndose el arco. 


River no daba ni siquiera dos pases seguidos y la constante era la búsqueda a través del pelotazo frontal y - ocasionalmente- cruzado para poder ganar algo de profundidad. La precisión estaba ausente en el equipo de Gallardo y sus dos hombres de punta miraban como la pelota iba y venía sin poder hacer nada al respecto. Con un mediocampo que además no hacía pie en la marca ni en la salida, la puesta del Muñeco era agrupar gente cerca de Barovero y salir de contragolpe. Algo que claramente no va de la mano de su discurso siempre tan bonito y lleno de verdades futboleras. 

Osvaldo fue desde el inicio el primer defensor, realizando una gran tarea no solo a espaldas de los centrales de River - fajándose y abriendo la cancha- sino también en la fase de cobertura. Boca así presionaba sin cesar sobre la salida del visitante que al no ser en absoluto cómoda siempre terminaba en la búsqueda larga de Teo, Mora o Driussi. Tras un pase fallido de Meli para Osvaldo que Barovero anticipó con lucidez, los de Nuñez buscaron bajarle el vertiginoso ritmo al partido y tratar de llenar las bandas como en sus mejores épocas durante este ciclo. 

El gran problema residió en que ni Kranevitter distribuyó bien la pelota y que ni Rojas ni Sánchez tuvieron su tarde más punzante y fresca, siendo esto último un problema que vienen acarreando hace más tiempo del que Gallardo querría. El juego regresó al mediocampo, se alejó de su arquero, pero la base siempre fue el pelotazo por lo que quedó claro que sin tener la pelota bajo los pies es imposible abastecer a los delanteros. 

La definición del partido hasta este momento era que Boca estaba sólido, tocaba, era profundo y tenía las líneas conectadas. River en cambio carecía de volumen de juego, de buenas transiciones, de precisión y de conexión entre los 3 sectores del campo de juego. Meli abrió la pelota en 21' y picó al medio junto a Osvaldo para recibir el centro, pero Maidana pudo cortar con lo justo cuando ambos se relamían. 


Una gran triangulación por la derecha terminó en un centro desde el fondo enviado por Peruzzi que Osvaldo no pellizcó por medio milímetro. La superioridad de Boca era bastante clara, exhibiendo todas las cualidades que le han hecho ganar una enorme cantidad de elogios a lo largo de este año. Con más triangulaciones, elemento clave para el Vasco, ganó en dinámica y profundidad ante un River que corría detrás de la pelota. 

Lodeiro y Meli dominaban con fiereza el mediocampo y pasaban al ataque con mucho orden e intensidad. Toque y paso, toque y paso, una de las máximas del fútbol que muchos suelen olvidar a pesar de su simpleza. El Cata tuvo un buen cabezazo a disposición en un corner pero no logró darle la dirección adecuada. Meli tuvo su primer error y Mora con mucha viveza fabricó de la nada la primera situación seria para River: pase filtrado para Driussi que definió de primera y bien marcado por encima del travesaño. 

Mora tuvo un tiro libre en posición perfecta, pero la ejecución no fue para nada buena. Y llegó la mejor jugada del partido hasta ese momento: Chávez abrió con Carrizo en velocidad, este dejó chueco a Vangioni - el peor de River sin duda alguna, ridiculizado por su sector- en un mano a mano impresionante, centro atrás, Osvaldo la dejó pasar perfectamente y Chávez entrando solo por el medio y sin marca la mandó a las nubes. Una chance más que clara y que expresó la superioridad total de Boca sobre el campo de juego. 

El local siguió empujando a su contrincante, que de a poco se sintió más y más cómodo estando cerca de Barovero que saliendo a jugar el partido. Sin paridad, con un Boca dominante, punzante e inteligente - aunque a veces pasado de revoluciones- y un River que sobrevivía y esperaba agazapado para poder tener esa contra que definiese el pleito a su favor. Si se lo mira bien, el planteo de Gallardo no fue demasiado diferente al de Nueva Chicago en aquel partido en el que su arquero atajó mil pelotas de gol con todo el equipo colgado del travesaño y aún así dispuso de dos contragolpes claros que podrían haberle dado los tres puntos.


A los 33' esa oportunidad, única, llegó: Driussi realizó una muy buena apertura desde el centro, Teo encaró e hizo la pausa justa - siempre crack, más allá de todo lo demás- y tocó para Sánchez que entró por el medio como un tren. El balón se frenó justo para que el uruguayo le pegase de tres dedos a la carrera y el travesaño terminó rechazando lo que hubiese sido un verdadero golazo. Injusto, pero no por ello poco estético y muy bien concebido. 

Con Driussi ya como delantero, River esperavba decididamente en el fondo y apostaba a tener una o dos más como la de Sánchez. Sus tres volantes no respondían, por lo que la opción era saltear el medio con una transición más bien larga de la defensa a la delantera. Los espacios en algún que otro momento surgían, pero no por falencias de Boca sino porque su propuesta es ofensiva, de propuesta a todo momento sin dejar de atacar por un segundo. Audacia le llaman algunos y como le llamen los demás, francamente a quien les escribe le tiene sin cuidado. 

La inciativa y la posesión eran de los de Arruabarrena en 39' pero la profundidad había disminuido un poco. River había podido armar una muralla estilo Simeone en el medio con las dos líneas agrupadas y Driussi y Mora siempre bajando a colaborar en un despliegue físico sensacional. Monzón volvió a desbordar, centro y carga de Osvaldo que casi conecta y Vangioni...Otra vez el lateral perdió con Carrizo, que le ganó con mucha viveza una pelota que tenía controlada, pero se salvó porque el delantero no pudo darle de lleno al esférico. 

Otro factor que impidió el toque de River, además del pésimo nivel individual y colectivo de sus mediocampistas, fue la aplicación de Meli y Cubas en la marca. Solidez pura para ayudar a sostener desde la base un dominio que merecía verse trasladado al resultado. 


La segunda mitad empezó con Boca una vez más presionando sobre la salida de su rival. La idea era ahogar aún más a Kranevitter y tapar toda chance de un pase atrás. Osvaldo tuvo un buen cabezazo pero Barovero bien ubicado respondió con solvencia. Mora cruzó muy bien para Teo, pero el Cata Díaz cortó abajo con precisión y presencia ante un viejo "conocido" suyo. River logró cambiar un poco tras el descanso, pues se lo vió más activo y buscando mover la pelota de lado a lado para ganar terreno y empujar un poco para atrás a Boca.

Por primera vez, Gallardo dejó el consevadurismo y apostó al mano a mano con los tres puntas desplegados en campo rival. Meli empezaba a mostrar el lado negativo de su espíritu de lucha y su velocidad, pasado por completo y terminando mal un par de jugadas que eran bastante fáciles de resolver con un pase corto y al pie del compañero más cercano. Mora recibió inéditamente solo y remató con potencia pero muy al medio a los 9' del segundo tiempo. Orión mantuvo posición y envió al córner con un buen manotazo. 

Boca transitó sus peores minutos, que no fueron muchos, por estar dos o tres velocidades por delante de lo necesario. River encontró por un ratito la pelota y consiguió algo de juego y mayor circulación con paciencia en 3/4 de cancha. Si bien Meli seguía pifiando pases fáciles, era innegable que junto a Lodeiro y a Osvaldo no dejaban de empujar hacia adelante con lo que los problemas para River en la salida siguieron siendo mayúsculos. La actitud y el sacrificio compensaron este breve tramo de poca creación en el círculo central y mantuvieron al millonario a raya.

Peruzzi tuvo un horror que Driussi aprovechó para llegar al fondo, pero el lateral volvió sobre sus pasos y corrigió con un cruce maravilloso. Mora tocó corto con Rojas en el borde del área y el volante con su disparo muy ancho dejó en claro que no era su mejor día. Ante la falta de toque en el medio, el Vasco comenzó a mover el banco: Gago ingresó por Chávez para tener más volumen y visión y Lodeiro quedó como delantero en lugar del Comandante.


El solo ingreso de Pintita, el símbolo de Boca y de la idea del entrenador, corrigió los mínimos baches de juego. El equipo se ordenó alrededor de su quite y distribución y creció en muy pocos minutos para volver a manejar la pelota y los tiempos del partido. River regresó al juego estilo Simeone, bien tirado atrás y buscando la contra que le salvase la tarde. 

Gago habilitó de frente muy bien a Osvaldo, el delantero perdió con Maidana justito y el balón le quedó a Lodeiro. El disparo se fue apenas ancho y Gallardo respiró aliviado en el corralito mientras buscaba alguna solución. Arruabarrena siguió inclinando la cancha con los cambios, ahora con la entrada de Pavón por Carrizo para explotar el mano a mano contra Vangioni, el gran hueco de River. 

Gago fue atendido demasiadas veces ante la mirada cómplice de Loustau, que no sacó ninguna amarilla más allá de que intentaron lesionarlo desde que entró como en los dos partidos por la Sudamericana - algo que Ponzio finalmente logró, por orden directa de su directo técnico-. Ser blanco móvil no amedrentó jamás a Gago, pero no por ello se debe dejar que lo destruyan a patadas. 

Cavenaghi ingresó por Teo, de buena tarea pues lo único que recibió fueron pelotazos a la estratosfera y aun así logró que varios de ellos aterricen redondos y se conviertan en jugadas razonables. El Pity Martínez tomó el lugar de Driussi y quedó configurado el 4-3-1-2 para el tramo final, con la esperanza de que el ex Huracán de una vez se asiente y sea algo más que un par de regates bonitos y muchas ganas.


Justamente Martínez protagonizó el acercamiento de River: robó bien pero hizo una demás y no vió a Cavenaghi que picaba solo a su lado y pudo haber complicado. El juego era bastante desprolijo, con Boca dominando pero muy cansado y River haciendo negocio con el empate. Peruzzi le ganó a Cavenaghi tras un buen centro del Pity, demostrando que la calidad en el delantero está intacta sin dudas pero que su velocidad ya no es la misma de antes. 

Un dato a destacar es la mejora de Kranevitter en la segunda mitad, razón por la cual River gozó de un rato de buen juego y pudo adelantarse por varios minutos hasta que ingresó Gago. Pablo Pérez terminó el partido de Meli, en un recambio de piernas que mantenía el esquema pero agregaba tanto marca, como armado y posibilidad de pisar el área. Boca estaba instalado hace tiempo en 3/4 y tenía el partido en sus manos: gran corrida de Pavón, centro atrás para Osvaldo y Barovero con un dedo prácticamente logró bajársela de la cabeza antes de que el ex Juventus, Roma y Southampton tocase al gol.


Loustau seguía cobrando todas las dudosas para River y las que no lo eran también. Más allá de en general redondear una buena tarea, el árbitro se comió varios foules fabricados por los jugadores de la banda roja. Y a los 40' llegó la explosión: gran jugada de Osvaldo por el costado, centro bajo para Pérez que pifió increíblemente de frente al arco. Lodeiro fue a buscarla y siguió el recorrido natural de la pelota, abriendo con Pavón que controló y con la tranquilidad de mil batallas siendo un pibe de 19 años definió al primer palo con un potente remate. Un 1-0 muy merecido por el desarrollo del partido, las situaciones generadas, la idea de juego y el empuje constante aun en los momentos menos claros. Revancha también para Pavón, que bailó a quien lo lesionó con un patadón en el verano y lo dejó parado 3 meses y demostró que tiene todo para triunfar en Boca y donde quiera.


Boca no dejó de atacar, con el Vasco pidiendo que vayan por más sin importar si quedaban espacios. Con los centrales casi dentro del área rival, llegó la locura: taco de Pérez, Lodeiro quedó mano a mano con Barovero, lo eludió pero no logró llegar a buscar el auto-pase, que le quedó al ex Málaga y Newell's. Definición tranquila y segura abajo, para un 2-0 que le puso el moño a un muy buen partido de Boca. 

El local terminó tocando con la Bombonera hecha un fuego y River yendo con desesperación por los costados. La solidez de la línea defensiva hizo que los dos o tres embates no pasasen a mayores y en una lluvia de patadas y codazos como regalo a su clásico rival, el millonario se fue derrotado una vez más de la Bombonera. Boca se llevó el primer chico con holgura, quedó con el ánimo por las nubes de cara a los choques por la Libertadores y además extendió su invicto en este 2015. Ah y quedó como puntero en soledad del torneo de primera división. Más allá de las declaraciones posteriores de Gallardo - que siguieron el lunes, sin ninguna autocrítica y mucha calentura por haber perdido-, que dicho sea de paso demostraron que su idea era empatar el partido y no salir a ganar ("teníamos el partido controlado"), Boca obtuvo una excelente victoria. Justificada tanto en el juego y en el planteo táctico como en la actitud, mostrando porqué es el mejor equipo del país y uno de los mejores del continente en este 2015. Ahora comienza una serie larga y será un partido largo de 180' en el que todo lo previo y lo posterior no tendrán demasiada incidencia. Por lo pronto, Arruabarrena ganó la primera batalla táctica y futbolística contra su amigo Gallardo, alguien con el que comparte ideas y concepciones pero del que por suerte se distancia en lo práctico y en el momento de reconocer cuando el otro ganó porque fue mejor. Recuerden que tras perder ajustadamente - y sin merecerlo- la Semifinal de la Copa Sudamericana el año pasado, el Vasco se ganó el respeto de todo el "Mundo River" con declaraciones posteriores medidas y felicitando al ganador. Lo que se viene será emocionante y, más allá de que esta muy buena victoria no se la saca nadie a Boca, está claro que no lo conforma y que va por mucho más.