Más allá de las innumerables campañas de prensa, y por ende políticas, que Juan Román Riquelme y Carlos Bianchi – los dos más grandes ídolos del Club Atlético Boca Juniors- han sufrido desde aquel “Vamos a sufrir juntos” que el jugador le dijo al entrenador que más admira y quiere a los pocos meses de haberse ido del club tras perder la Final de la Copa Libertadores contra el Corinthians de Brasil, aduciendo sentirse “vacío” (algo que se traducía en que estaba harto de las operetas baratas en su contra de parte de entonces DT Julio César Falcioni y de los dirigentes), es evidente que el andar de Boca en estas dos últimas temporadas ha sido demasiado irregular. Más allá de la mejora clara en el torneo pasado donde los dirigidos por Bianchi terminaron saliendo en el segundo puesto y en el primero de la tabla general junto a Velez, si llegaron allí fue más que nada por el nivel de Riquelme que cargó con este equipo nervioso y errático sobre sus espaldas desde el día uno del tercer ciclo del Virrey en el club de sus amores.
La espalda de Bianchi lo sostiene en su puesto hasta el día
de hoy, pero este mal comienzo en los resultados – y no tanto en lo
futbolístico- en el Torneo de Transición 2014 ha envalentonado a Angelici
(Macri) y los suyos a ponerle un plazo de dos partidos al Director Técnico más
ganador de la historia de Boca para enderezar el rumbo de una nave que comienza
lamentablemente a mostrar algunas señales irreversibles. Ya sin Riquelme,
destratado por la asquerosa dirigencia actual y dispuesto a conseguir un poco de paz
en otro lado donde no deba cuidarse las espaldas a cada segundo, Bianchi no ha
podido encontrar a un líder al menos semejante – que sea igual es imposible,
Román es el mejor y hay uno solo- que lleve al equipo adelante y logre repetir
los buenos resultados del año pasado. Aunque quien les escribe cree que si ha
habido varios cambios en lo táctico que han dado resultado y que – merced de
las continuas operaciones de la prensa barata que sufre Bianchi- no han sido
debidamente reconocidos.
En los cuatro partidos que jugó hasta aquí, Boca solo pudo
ganar uno. Paradójicamente fue el más complicado de ellos, contra el ultra
defensivo Belgrano de Córdoba como visitante. Con Huracán por la Copa Argentina
y frente a Newell’s Old Boys y Atlético de Rafaela por el Torneo de Transición
el patrón fue siempre el mismo: Boca dominó las acciones con la pelota al ras
del piso - sin jamás rifarla con
pelotazos a la estratósfera-, tuvo mucho vértigo de ¾ de cancha en adelante y
creó situaciones de gol que sus delanteros no pudieron concretar. Lo mejor de
estos partidos se vio cuando el 4-4-2 inicial con doble cinco (Gago-Bravo)
pasaba a ser un 4-3-3 más agresivo y vertical. El problema llegaba con el
primer gol en contra: en los 3 partidos el rival abrió el marcador debido a una
distracción aislada en una línea defensiva que hasta ese momento venía
realizando una muy buena labor. El partido contra Huracán fue el ejemplo más
claro, donde los de Bianchi perdieron 2-0 contra un equipo que no generó nada
más que esas dos situaciones de gol con el agregado de que fueron fruto de
horrores del fondo de Boca. Tras ese golpe, el equipo siempre se desordenó y
terminó atacando con mucha intensidad pero sin ni una pizca de orden o juego
asociado.
Si bien los resultados han sido esquivos, es claro que Bianchi,
en un intento noble para encontrarle la vuelta al problema, ha cambiado el
estilo del equipo y privilegia la posesión de pelota por sobre todo. Eso
siempre es bueno y más que nada cuando se intenta ser agresivo en base a tener
el balón la mayor cantidad de tiempo. Y esto es algo que Boca hace con mucha
facilidad debido a los refuerzos que han llegado, todas compras muy
interesantes que se caracterizan por su talento, velocidad y potencia: Andrés
Chavez, el chileno Fuenzalida, Gonzalo Castellani, Federico Carrizo y Jonathan
Calleri.
Este pasado domingo se enfrentó a Atlético de Rafaela en la
Bombonera tras la buena victoria contra Belgrano en Córdoba. El equipo que paró
Bianchi fue el siguiente: Orión; Grana, Magallán, Cata Díaz, Zárate;
Fuenzalida, Bravo, Castellani, Carrizo; Calleri, Gigliotti. Los cambios eran
muchos y más allá de que el dibujo inicial era un 4-4-2, solo lo sería en
retroceso mientras que en ataque estábamos ante un 4-3-3 (el esquema que
mejores tramos le dio a Boca, como ya dije antes) que se armaba con Carrizo o
Fuenzalida desprendiéndose de la línea de volantes según mandase la ocasión.
Sin Gago e Insúa por lesiones y con las salidas de unos muy flojos Erbes y
Martínez – Gigliotti mantuvo el puesto solo por su gol contra Belgrano, pero
viene con una falta de movilidad preocupante-, Boca se disponía a hilvanar su
segundo triunfo consecutivo y prenderse bien arriba. El rival, bajo la
conducción técnica de Roberto Sensini, llegó a La Boca con la clara intención
de apretar sus dos líneas de cuatro cerca del área propia y salir de
contragolpe cuando los espacios surgiesen. Su formación fue un 4-4-2 inamovible
y bien cerrado: Conde; Gómez, Niz, Vittor, Sacks; Depetris, Serrano, Bastía,
González; Royón, Albertengo.
Cuatro de los refuerzos de Boca debutaban como titulares.
Magallán, que regresó de Rosario Central, lo hacía por la lesión de Forlín y
Castellani por la de Fernando Gago. El ex enganche de Godoy Cruz ya había
mostrado buenos movimientos contra Newell’s y Belgrano, dejando en claro que
tenía velocidad y visión de juego siendo el reemplazante natural del – a mi
parecer- el mejor número 5 del país. Calleri ya había tenido muy buenas
actuaciones en los amistosos de pre temporada y arrancaba en el primer equipo
en lugar de un demasiado liviano Martínez que inquietaba muy poco.
El partido comenzó con Boca bien parado delante de mitad de
cancha, presionando la salida de Rafaela. Una buena jugada por la izquierda
terminó en un centro atrás que Calleri no pudo conectar de manera óptima. Boca salía
de forma prolija desde el fondo, siempre tocando y tratando de realizar las
transiciones con precisión. En pocos minutos, Castellani se hizo eje del equipo- es reemplazante natural de Gago y también opción para acompañarlo- y armó una buena sociedad con Carrizo quien velozmente se colocó bien cerca de
Gigliotti para conformar de entrada el 4-3-3. Con mayor volumen de juego en la
mitad de la cancha, Boca controló el trámite desde el primer minuto mientras
que su rival esperaba bien cerca de su arco tratando de encontrar el hueco para
filtrar un pelotazo cruzado. El problema era que los de Bianchi estaban muy
cerca de los dominios de Conde y forzaban a sus defensores y mediocampistas a
regalar la pelota.
Cerca de los 20’, Carrizo se lanzó por la banda y le colocó
un gran centro a Calleri que cabeceó de pique al suelo. Conde logró despejar el
peligro con una gran volada. La defensa estaba sólida y los centrocampistas
lograban darle mucho vértigo al equipo. Ante el cerrojo que armaba Rafaela,
Boca respondía con paciencia y posesión. Ya en casi 30’, los de Sensini estaban
a punto de K.O. Un buen centro que Magallan cabecea al medio buscando al Cata
Díaz que entraba solo es atrapado por Conde, pero la facilidad con la que los
locales pisaban el área contraria era notoria. Unos minutos más tarde llegó el
primer acercamiento de Rafaela con un remate muy desviado de Depetris.
Gigliotti y Calleri se movían – mejor el debutante- y forzaban a que sus
marcadores se equivocasen seguido. Boca merecía la ventaja pero nuevamente la
mala suerte: tiro libre de Gómez que iba a las manos de Orión, desvío en la
barrera y una ventaja que no se justificaba en lo absoluto. La actitud
especulativa de Rafaela no merecía semejante premio que fue un baldazo de agua
fría en una tarde tranquila para Boca.
La reacción fue veloz: Magallán lanzó un buen centro,
Calleri cabeceó a quemarropa y Conde respondió muy bien primero con las manos y
luego con los pies en el rebote para evitar la caída de su valla. El equipo del
Virrey siguió jugando por abajo tratando de llegar por los costados pero
comenzaba a mostrar demasiadas imprecisiones en los metros finales y en el
armado de juego. Muy superior a su rival, pero de nuevo a los vestuarios en
desventaja. La Bombonera comenzaba a ser una caldera llena de impaciencia y los
murmullos se hicieron cada vez más fuertes.
El segundo tiempo encontró a Boca atacando sin cesar y a
Rafaela defendiéndose con 6 hombres como mínimo. El negocio para ellos ahora
era jugar con la desesperación del local y tratar de liquidar el partido de
contragolpe. Y eso fue lo que pasó: Maglio erró al no retrotraer una jugada en
la que Bravo cayó cerca del área y en cuatro pases, Federico González sentenció
el partido. Poco pudo hacer Orión, apenas resguardado por un defensor contra 3
jugadores del rival. Boca no dejó de avanzar pero si antes no había entrado
ninguna de las ocasiones generadas, menos lo iba a hacer ahora. Bianchi movió
el banco de manera inteligente: Chávez por un insulso Gigliotti y Acosta por un
discreto Fuenzalida. La cancha se inclinó mucho más y Castellani remató muy
bien ganándose los aplausos de los hinchas. Conde salva nuevamente y tiene
demasiada suerte en el rebote, una vez más. Acto seguido, Chávez roba en el
borde del área e ingresa tras controlar muy bien el balón. Potencia pura pero
el disparo sale besando el palo izquierdo.
El fondo de Boca era la peor de las anarquías. Mucha actitud
para buscar pero al precio de dejar la zaga final muy desguarnecida. A los 22’,
Acosta conecta muy bien con Calleri tras un arranque de los suyos pero el ex
All Boys define demasiado alto. Tanto Chávez como el nuevo 10 de Boca
ingresaron muy bien y a base de picardía y potencia lograron que su equipo
estando dos goles abajo jugase mejor que quien sería su verdugo. Un buen corner
desde la izquierda encuentra al ex delantero de Banfield en el área chica pero
el cabezazo es malo y despeja la pelota. Nuevo contragolpe letal que define el
recién ingresado – y ex Boca, un talento del semillero- Pol Fernandez con mucha
sobriedad. Hasta pareció que no quería hacer el gol pero que no le dejaron otra
opción. No lo gritó y pidió perdón a todo el estadio en una gran actitud.
Boca terminó con Chávez forzando con un muy buen tiro de
media distancia a Conde, que esta vez la encontró de casualidad. La derrota no
era para nada merecida pero Rafaela tuvo suerte en el primer gol, una buena
tarde de su arquero y dos contragolpes letales. Castellani lanzó un buen tiro
libre que Conde pudo contener, erigiéndose sin dudas como el mejor del humilde
equipo de Santa Fe. Los muchachos de Sensini fueron de punto a la Bombonera y
apenas generando situaciones se llevaron una goleada que quedará en la corta
historia de su club. No jugaron para nada bien según lo que yo considero que es
jugar en serio al fútbol, pero en base a sus limitaciones construyeron una buena
pared en la mitad del campo y a partir de una situación fortuita lograron hacer
de un buen Boca - con manejo de pelota y mucha vocación de ataque- un manojo de
nervios.
Castellani, Acosta y Chavez – en ese orden- fueron lo mejor
del local (y por ende no deben salir más del equipo titular) que como bien dijo Bianchi debe dar vuelta la historia y también
pedirle perdón a la hinchada que – menos los barrabravas, pero esos son
mercenarios y asesinos al servicio del Presidente Angelici- siempre alentó aun
cuando el equipo estaba tres goles abajo. El mejor DT de la historia del club
fue el único que quedó fuera de los reproches, aunque hace rato que se ve a
muchos hinchas manifestarse en su contra en las redes sociales con argumentos
muy imbéciles al estilo de: “Está gagá” o “En realidad nunca supo dirigir”,
cuando es un tipo que en el lomo tiene 4 Copas Libertadores (1 con Velez y 3
con Boca) – y no se olviden de la Final de 2004-, 7 torneos de Primera División
(4 con Boca y 3 con Velez), 3 Copas Intercontinentales (2 con el club de La Ribera y 1 con el de Liniers) – y una perdida en 2001
contra el Bayern Munich, en lo que fue un escandaloso robo a mano armada de parte del
árbitro- y una
Interamericana ganada con Velez Sarsfield. Es el mejor entrenador del país sin
duda alguna y el que más ganó en la historia de Boca sumando más Intercontinentales y Libertadores que River por ejemplo. Es una falta de respeto
decir tantas boludeces acerca de su trabajo, porque si algo ha hecho en estas
dos temporadas es romperse el lomo para encontrarle la vuelta a varios grupos de jugadores que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Bianchi tiene mucha
autocrítica, pero es incapaz de hacerla frente al periodismo carroña que se
autodenomina “deportivo” (en su mayoría, siempre hay excepciones) y que lo único
que busca es generar problemas para colocar en la tapa del diario o porque
alguien les deslizó un dineral para que logren sacar de su silla al más grande
de todos. Y tiene mucha razón el Virrey en odiar a esta prensa barata y
amarillista, por lo que cuenta con todo mi apoyo en esa cruzada también. Ha tenido errores en este
tercer ciclo sin duda alguna, es humano, pero ha probado con todos los esquemas y
jugadores posibles. Y no es que su mensaje no llegue claro pues como se vio al
final del torneo pasado y en estos primeros partidos, el equipo tiene una idea
definida aunque la ejecución no sea perfecta. Habrá que ajustar tuercas, como
por ejemplo el hacer que Grana no se ponga más la camiseta de Boca, y esperar a
que Gago e Insúa – dos pilares, más allá de que el ex Real
Madrid, Roma y Valencia no esté en su mejor nivel- regresen para armar el mejor
equipo posible. Las primeras señales han sido pésimas más que nada en los resultados y
lamentablemente de eso se trata todo hoy día. Prefiero que el Virrey muera con
la suya tratando de hacer que Boca juegue bien y llegue muchas veces al arco
rival antes que juntar a 10 personas en el área y ganar en el último minuto sin
merecerlo.
Boca afrontará varios partidos en estos días y será clave
comenzar mañana con una victoria frente a Estudiantes de La Plata. Ese es el
primer paso para llegar al encuentro de ida por la Copa Sudamericana de la
mejor manera. Hay que seguir por esta senda y tratar de sacar las piedras que
estén en el camino. Como hincha de Boca, le daré siempre mi apoyo a Carlos
Bianchi que fue el tipo con el que comencé a ver fútbol cuando era chiquito,
que junto a Román me hizo fanático rabioso de Boca y que NUNCA jamás me
defraudó. Ni ayer ni hoy, ni lo va a hacer el día de mañana. Bianchi debe
quedarse para siempre en Boca y nosotros estar muy tranquilos porque los resultados
ya van a llegar. Hoy leía a uno de estos “periodistas” en Canchallena.com preguntándose quien se va a atrever a descolgar el cuadro. Le informo que el “cuadro”
jamás se saca de su lugar, de allá arriba, porque lo que Bianchi le dio a Boca
es eterno. Que lo vienen intentando Angelici y Macri - y quienes los secundan-
hace dos años y que la única forma de evitarlo es ser agradecido, tener memoria
y no soltarle la mano al Virrey. Ya limpiaron a Juan Román Riquelme, nuestro
otro prócer, pero nunca van a conseguir que la Bombonera cante en su contra o
que el hincha genuino se enoje con él. El oro es el oro, la estatua va a estar
ahí hasta el final de todo. Lo mismo aplica para Carlos Bianchi, con quien
estoy desde el día uno hasta las últimas consecuencias. Eso se llama ser “Hincha
del Club Atlético Boca Juniors”.





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