miércoles, 16 de diciembre de 2015

River Plate 1-Sanfrecce Hiroshima 0: Hora de reinventarse; Un triunfo sin luz



Luego de tanta espera, de tanta ansiedad y emoción acumuladas, River Plate llegó al día del debut en el Mundial de Clubes 2015. Con más de tres semanas sin competencia oficial y habiendo estado entrenando con solo este torneo en la cabeza tras un semestre malo en lo futbolístico y regular en los resultados - lo salvó a medias el alcanzar a los tropezones la Semifinal de la Copa Sudamericana ganándole con muchafortuna a rivales en exceso inferiores-, era de esperar que su performance ante el Sanfrecce Hiroshima fuese como mínimo interesante. Más considerando que en los últimos 14 días el equipo japonés (que ganó 3 de los 4 títulos en juego en su liga) disputó la delirante cantidad de cinco partidos. Dos de ellos fueron entre finales de la semana pasada y comienzos de esta, pues a diferencia de River, Barcelona y el América de México (CONCACAF entra directo en Cuartos) tuvo que jugar la primera ronda y los Cuartos de Final para ganarse su merecido lugar en la Semifinal. En los papeles, el equipo de Marcelo Gallardo tenía todo para llevarse el partido sin demasiados sobresaltos, pero bajando a la realidad las cosas eran muy diferentes: con la incertidumbre de saber si los jugadores iban a poder levantar su magro rendimiento individual y colectivo de estos recientes seis meses, la cautela era lo que reinaba en el cuerpo técnico millonario. El sólido, sacrificado y prolijo rendimiento del Sanfrecce en sus dos encuentros había dejado a Gallardo seguro de que no iba a ser un rival en absoluto fácil Y vaya que no lo fue, al punto de haber merecido llevarse el partido y la clasificación a lo que habría sido una histórica Final y un batacazo de esos que no se olvidan jamás. 


Primero repasemos las formaciones de los dos equipos. Marcelo Gallardo decidió poner en cancha un 4-3-1-2 con algunos retoques: Marcelo Barovero; Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Eder Álvarez Balanta, Leonel Vangioni; Carlos Sánchez, Matías Kranevitter, Leonardo Ponzio; Leonardo Pisculichi; Lucas Alario y Rodrigo Mora. La idea del entrenador era que los dos laterales jugasen como volantes, sobre todo Vangioni que tenía también la responsabilidad de ser la cobertura de Ponzio a su costado. En cada ataque, el ex Newell's tenía que trepar por la banda para ponerse a la par del volante central y configurar un 3-4-3 bien ofensivo como suele hacer, por ejemplo, el Paris Saint Germain con las trepadas constantes de Aurier por su sector en fase ofensiva. Ponzio y Kranevitter formarían un doble cinco en el que el ya jugador del Atlético de Madrid tendría el rol de mediocentro clásico para liberar al ex Zaragoza de una función en la que ya no puede cumplir y que presione dos pasos más adelante para evitar la salida en velocidad del rival. Pisculichi era el regreso estelar luego de un semestre para el olvido donde jugó poco y nada, pero en el que sobre el final recuperó algo del nivel que mostró en 2014. Clave para la pelota parada, algo importante pues Gallardo tenía en mente sin duda alguna un partido cerrado. Arriba, Mora como mediapunta más suelto por el frente de ataque y Alario dentro del área como referencia única de un River que estaba listo para un compromiso en el que tenía mucho por perder y poco por ganar. Por la diferencia en lo jerárquico e individual, tenía que ganar este partido, tal cual está obligado mañana el Barcelona frente al Guangzhou Evergrande de China.

Enfrente estaba el eficaz e interesante Sanfrecce Hisroshima, dirigido por Hajime Moriyasu que con su estilo desprejuiciado y ofensivo viene sorprendiendo a más de uno en estas semanas. Su esquema para este choque contra River fue un 3-5-2 bastante flexible y por sobre todo ordenado: Hayashi Takuto; Sho Sasaki, Kazuhiko Chiba, Tsukasa Shiotani; Yoshifumi Kashiwa, Toshihiro Aoyama, Yusuke Chajima, Kazuyuki Morisaki, Shimizu; Minagawa y Douglas. Moriyasu pretendía que su equipo mantuviese la calma en los primeros minutos, donde se suponía que River saldría a tratar de llevárselo por delante. La defensa de cinco jugadores, con dos centrales, un líbero y dos laterales/volantes bien dúctiles para recorrer las bandas. Un medicampo compuesto por un mediocentro todo terreno - Chajima- y dos volantes de contención con capacidad de llegar al área rival - Aoyama y Morisaki-. Una delantera con un punta - Minagawa- y Douglas que podía hacer las veces de volante sin problemas. A la hora de atacar, el Sanfrecce buscaría presionar sobre el trío de volantes de River y salir en velocidad por los costados con mucha presencia en las bandas. Para defenderse, el esquema debía mutar en un 5-4-1 bien sólido e inamovible con Douglas jugando como exterior unos pasos más atrás.



River comenzó el partido ahogando al Sanfrecce, con una muy buena presión alta durante los primeros 5' de juego. Vangioni velozmente se colocó como exterior cerca de Ponzio y así el volante central quedó liberado de la función de cubrir y recorrer la banda. Pisculichi se movió como enganche sin acercarse mucho a al círculo central pero tratando de ser siempre opción de pase en tres cuartos de cancha. Los de Gallardo movieron con paciencia una pelota - que era toda suya- frente a un contrincante que esperó con mucha paciencia y bien plantado en el centro del campo. Las imprecisiones en zona de golpeo eran las de siempre, pero por el momento la iniciativa era suya y con eso le alcanzaba para marcar diferencias en el desarrollo del encuentro.

Los centrales del Sanfrecce tenían controlados a Alario y a Mora, que no lograron entrar en juego. El líbero siempre salía a anticipar al de los dos que trataba de pivotear fuera del área, simplificando la tarea de sus compañeros de zaga que con mayor número acorralaban al otro delantero. Una mala salida del portero Takuto derivó en Sánchez que buscó explosión dentro del área pero fue cortado con mucha sobriedad por un Chajima que demostraba que además de ser vital en fase ofensiva también podía ponerse el traje de bombero sin sonrojarse. Todos los relevos corrían por su cuenta, siendo algo así como la balanza del tri-campeón japonés.

La primera de cierto riesgo la tuvo el local, con una pelota larga de Shiotani para Douglas que Barovero anticipó con mucha velocidad fuera del área. Ante el mano a mano constante al que se sometían los centrales y la lentitud en el regreso, el portero de River tenía que estar muy atento a estos envíos para despejar como último hombre. De a poco las falencias de River empezaron a hacerse notorias: sin sociedades en el mediocampo ni en las bandas, sin ningún pase entrelíneas que lograse desequilibrar a un rival que no tenía más que esperar muy tranquilo con 8 jugadores en el mediocampo para luego aprovechar la velocidad de Douglas y Minagawa.

El Sanfrecce, además de no pasar sobresaltos, también salía con mucha prolijidad y orden. La presión alta de los de Gallardo impedía que hubiese una transición veloz al ataque desde el fondo, pero las intenciones de este equipo eran tan claras como nobles. Vangioni intentó desnivelar con un remate incómodo y flojo de media distancia que fue a manos del arquero, síntoma de que la cosa por abajo no estaba funcionando para nada bien. Ponzio fue el segundo que buscó el gol por esta vía, pero Takuto contuvo en dos tiempos su disparo que llevó potencia y control pero fue demasiado centrado.

Alario, en la mejor de River hasta ese momento, pudo desmarcarse y llegar hasta el fondo. Su centro atrás en corto para Mora era muy bueno, pero un defensor llegó a rechazarla antes de que el uruguayo pudiese empujar al gol. El local, tras varios minutos de solamente aguante, respondió: un balón largo para Minagawa se convirtió en una situación de riesgo luego de que Balanta dudase demasiado tras el pique, pero el central colombiano demostró que a pesar del pésimo nivel que arrastra hace varios meses, tiene mucha calidad. Con un corte oportuno en velocidad, pudo salvar a su equipo de una jugada peligrosa.

El 3-4-1-2 de River era claro en ataque. En el aspecto defensivo, la cosa era complicada y bastante desorganizada, algo que el Sanfrecce aprovechaba con la más vieja de las armas: la presión sobre la segunda pelota y el lanzamiento en profundidad a espaldas de los centrales. Kranevitter sobre el minuto 25' se sumó a la lista de los que dispararon de media distancia sin dirección alguna más que una bandeja del estadio en la lejanía. Segundos después, Balanta volvió a tener un error básico en un despeje tras un pase filtrado, Minagawa esta vez le ganó sin problemas y Barovero se jugó algo más que la ropa para evitar lo que hubiese sido el primer gol con una gran tapada a puro reflejo.

De inmediato, River se terminó de convertir en una máquina de atacar sin orden ni inteligencia, chocando por todos lados y sin nada de precisión siquiera en los desbordes de Mercado, Sánchez y Vangioni. Las infracciones cerca del área propia comenzaron a aumentar, otra señal de que la el partido no estaba saliendo de la manera imaginada. Aoyama cortó cerca de los dominios de Barovero, abrió para Douglas que recorrió dejando atrás a un Balanta desconcertado y lanzó un gran centro para Minagawa que el delantero no pudo conectar frente al arco vacío por cuestión de centímetros.



El Sanfrecce ya era superior al campeón de la Copa Libertadores, con una estrategia equilibrada que solo necesitaba un gol para ser perfecta: le dejó toda la iniciativa al rival, pero apuntó a recuperar con mucha velocidad y mayor volumen en el mediocampo para luego jugarle mano a mano a los centrales con sus jugadores más veloces. Y mientras tanto, la posesión se fue equilibrando al punto de quedar en porcentajes muy similares. La pesadilla estuvo a punto de consumarse cuando Minagawa jugó por la derecha profundo con Yashima y el volante enganchó y sacó un tremendo remate a colocar que Barovero con un manotazo espectacular mandó al tiro de esquina.

Gallardo tenía una mueca amarga en la cara, viendo como su equipo no tenía cambio de ritmo en el centro del campo y sufría mucho atrás debido al desastre que era la defensa. Había demasiados huecos y los de Moriyasu los estaban aprovechando al máximo. Todas las situaciones netas de gol habían sido del Sanfrecce, que se disponía a dar otro batacazo y a seguir escribiendo historia a pura intensidad y sacrificio.

El millonario movía la pelota de lado a lado, pero no lograba triangular ni llenar las bandas. Menos acercarse con la pelota parada, que en los pies de Pisculichi no había sido lo que el entrenador esperaba. En realidad, el rendimiento del enlace no había estado en absoluto ni cercano a lo que había mostrado en las prácticas para convencer al Muñeco de romper el 4-4-2 que tenía en su cabeza al llegar a Japón. En 37', el partido estaba muy parejo, con el local buscando el mano a mano constantemente y con River muy frustrado y sin entender muy bien que era lo que estaba sucediendo.

Los pelotazos que partieron desde los centrales no llegaron tampoco a buen puerto, con Mora y Alario demasiado aislados y sin poder inquietar siquiera a la rocosa defensa japonesa. Un gran pase en cortada de Aoyama para Minagawa volvió a detener los corazones de todos los hinchas y jugadores de River, pero Barovero respondió con una fenomenal estirada a mano cambiada al bombazo de media vuelta que el delantero sacó desde la medialuna del área.

El Sanfrecce merecía con mucha claridad al menos un gol ante un rival que estaba mostrando exactamente lo mismo que en todo este pasado semestre: poco y nada. Todo lo que hacía River era demasiado apurado y con todos los sectores del campo inconexos entre sí. El local cambió un poco el dibujo inicial y en vez de atacar con un 3-5-2 pasó a hacerlo con un 4-4-2 para cubrir más espacios en caso de que los tomasen de contragolpe mal parados. Las transiciones eran óptimas y no había nada que hiciese pensar que el tinte del partido podía cambiar en los minutos finales de la primera mitad.

La única buena jugada de River fue una triangulación en velocidad, sin los traslados largos y previsibles de siempre, que culminó con un centro de Mercado llegando hasta el fondo y un cabezazo de Sánchez en fuera de juego que el portero tapó muy bien yendo abajo. La acción quedó invalidada, pero River avisaba que no estaba muerto y que iba a luchar para conseguir el objetivo que había venido a buscar. Ponzio estuvo a punto de cometerle penal a Douglas en la última de los primeros 45' tras varios rebotes dentro del área, luego de que por enésima vez los volantes ofensivos y delanteros recibiesen con total libertad cerca de portería. Barovero y la liga que todavía se mantiene - aunque en menor cantidad que a inicios de la Era Gallardo- se constituyeron como las razones por las que River no se fue con uno o dos goles en contra al entretiempo.




Sorpresivamente, Gallardo decidió mantener a su once inicial para la segunda mitad. Todo comenzó igual que antes, como un deja vu: los de la banda salieron a presionar alto, con el balón en los pies, pero todavía sin la precisión necesaria como para crear peligro. Hasta que Mercado volvió a desbordar tras un mal despeje de la defensa, lanzó un centro que nadie pudo empujar y el rebote le quedó a Mora que bajo el arco le entró pésimo a la pelota y la mandó a las nubes.

Mercado era sin dudas lo mejor de un River gris, y el equipo se dio cuenta de esto. Se empezaron a ver muchas más trepadas del lateral y las líneas del Sanfrecce empezaron a mostrar ciertas grietas aunque no significaron mucho en ese tramo del encuentro. Yashima volvió a llevar peligro al arco de Barovero con un pique largo y un centro atrás que Balanta cortó muy bien para evitar un disparo de Douglas en posición de gol.

Los de Nuñez avanzaban ya con bastante más decisión, pero la línea de fondo del Sanfrecce resistía impoluta tras ese lejano primer susto de la mano de Mora. Douglas le ganó a Maidana por la derecha, nadie retrocedió para cubrirlo y su centro terminó siendo malo para tranquilidad de todos en el banco millonario. El que no se quedó para nada conforme fue Barovero, cuyos insultos se escucharon aún por encima del ruido que generaba la numerosa hinchada del equipo argentino en el estadio.

Los nervios crecían ante la imposibilidad de abrir el marcador y Gallardo empezó a mover el banco: Lucho González ingresó por un inerte Ponzio para tener más la pelota y al mismo tiempo cubrir mayor cantidad de terreno. La idea también era que se juntase con Pisculichi para generar juego y levantar la mala imagen del enganche. Mora encontró con el primer pase filtrado de la noche para los suyos a Sánchez dentro del área pero su ensayo se fue muy por encima del travesaño.

Moriyasu respondió a la variante de su colega con la entrada de Mikic en lugar de Kashiwa. Una variante de corte ofensiva, en busca de mayor consistencia en ataque y un poco de aire en el mediocampo de la mano de este volante mixto croata de gran talento. Moarisaki quedó en las puertas de la gloria, pero su anticipo en el primer palo tras un tiro libre se fue cerca del larguero y Barovero respiró aliviado una vez más en una noche muy activa para él.

Viudez tomó el lugar de Pisculichi, una variante más que cantada debido al flojo partido de la otrora figura de este equipo. Con el uruguayo, el entrenador sabía que podía ganar cambio de ritmo y quiebre de líneas en tres cuartos, quedando el equipo parado con un 4-4-2 bien clarito con Sánchez y Viudez bien abiertos para romper por los costados. Pero salvo la vocación ofensiva de siempre y algo más de presencia e ímpetu, esta segunda mitad no había sido buena para un River que a pesar de tener un 19% más de posesión no la había podido hacer valer salvo en algún que otro acercamiento.



Mercado volvió a ser el factor de desequilibrio en River, pero su buen centro para Lucho fue anticipado sin problemas por el portero japonés que hacía largo rato no tocaba la pelota. Asano tomó el puesto de Minagawa para iniciar el embate final y sellar un partido histórico, pero la suerte le volvió a hacer un guiño a un River que en los peores momentos parece tener más de siete vidas: en medio de un vendaval de centros a la olla, un tiro libre muy bien lanzado por Viudez desde el mediocampo terminó en una mala salida del arquero - un horror inconmensurable, regalo de la providencia- y un cabeazazo de Alario bajo el arco para poner un 1-0 excesivamente injusto.

Lo mal que había jugado River no quedaba borrado por la victoria parcial, pero sin dudas que fue un desahogo para un equipo y cuerpo técnico en exceso angustiados que nunca disfrutaron del partido más allá de lo que declararon en la semana ante los medios al respecto. Las atajadas sensacionales de Barovero cobraron una dimensión que terminó de confirmarlo como la figura del encuentro junto a Chajima, que minutos después del gol le dejó su lugar a Sato. El histórico delantero del Sanfrecce entró para que su equipo terminase de romper el cerrojo, quemando naves y dejando muchos espacios que lo expusieron a una derrota más abultada.

Viudez disparó en un tiro libre desde el vértice del área, pero el arquero despejó el peligro con los puños. En la jugada posterior, Lucho y Mercado hicieron una muy buena pared, el lateral llegó a la línea de fondo, tocó atrás con Mora´- del muy floja y decepcionante tarea- y el uruguayo con una definición entre mordida y sobradora vio como un rival lograba sacar el balón mucho antes de que pudiese entrar al arco. Gallardo agotó variantes para cuidar a un acalambrado Mercado, poniendo a Mayada en su lugar de cara a los eternos minutos de cierre.

River se cerró muy bien sobre el final, con Vangioni y Mayada replegados, armando casi una línea de cinco cautelosa. El Sanfrecce perdió velocidad y ganó en previsibilidad debido a la carencia de espacios y apenas si llegó con un tiro de media distancia que Barovero embolsó sin complicaciones. De las cuestiones positivas de las segunda parte, se puede decir que River logró controlar mejor las subidas de los laterales y volantes por las bandas y que eso le quitó algo de sorpresa a un Sanfrecce Hiroshima que sintió el lógico desgaste y se fue quedando sin nafta más allá. Claro que esto no le quitó mérito a lo realizado, habiéndole plantado cara y dominando a un rival superior en los papeles y en los nombres propios. Tuvo el cabezazo del final Aoyama, pero no logró darle el efecto deseado a la pelota que no pudo ir por encima de Barovero, perdiéndose muy cerca del palo.




River Plate cumplió con su deber, pero no estuvo a la altura de las circunstancias. Sin mostrar nada de juego ni rebeldía, se encontró con una victoria casi por casualidad y recién logró parecerse a un equipo cuando el Sanfrecce se lanzó desesperado a buscar el empate y dejó de pensar en la parte de la contención. Es decir, pudo mostrar algunas ráfagas en los cinco minutos finales hasta que el árbitro, de gran tarea, le puso final al suplicio. El festejo fue medido y se saludó primero a los rivales que más allá de haber caído se ganaron el respeto de todo el mundo del fútbol. Sin la mochila encima, River espera al ganador del choque entre el Barcelona-Guangzhou Evergrande que se jugará en unas horas por la otra Semifinal. Más allá de que todo partido es difícil e incierto, se avizora una Final entre el campeón de la Libertadores y el de la Champions League. Lo que queda como certeza, tal vez la única, es que si River vuelve a repetir una actuación de este calibre tendrá muchas dificultades para no ser apaleado por un Barcelona que no será el de Pep Guardiola pero que con apenas un poco de espacio es capaz de construir goleadas inmensas de la mano de Messi, Suárez y Neymar. Pero de ese partido, si es que llega a vencer el equipo Culé, hablaremos en la próxima entrada. Por lo pronto, River Plate esquivó la bala y este domingo a la madrugada cerrará un ciclo dentro de la Era Gallardo. Con varios que se irán - Sánchez y Kranevitter-, otros que no se sabe bien si continuarán - la línea defensiva, sobre todo Mercado, Vangioni y Maidana todos con ofertas importantes- y varios que deben ir dando un paso al costado - Saviola, Ponzio- será tarea de Marcelo Gallardo el pedir los refuerzos correctos (ya hay varios nombres interesantes en carpeta y con negociaciones avanzadas) y sumarlos a lo que quede del plantel para poder reinventarse. Este modelo, este estilo de juego, tuvo su techo hace largo rato y viene agonizando hace meses, con la suerte de que el tener el Mundial de Clubes como meta hizo que todo fuese un poco menos doloroso. Los hinchas de River tendrán que agradecerle a Gallardo y a estos jugadores lo hecho en estos dos inolvidables años y entender que repetirlo va a ser muy complicados. Pero que se empieza con pasos pequeños y mucho trabajo, dos cosas que el entrenador parece tener bastante en claro.




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