Luego de una sufrida e injusta victoria frente al Sanfrecce Hiroshima - que terminó tercero en el Mundial de Clubes, tras vencer al Guangzhou Evergrande- River llegaba al partido con el que soñaba desde el momento en el que obtuvo la Copa Libertadores. Seis meses habían pasado, un periplo sin dudas lleno de ansiedad y emoción, pero también donde se vio el deterioro final de un equipo que de a poco se fue desarmando y que, en base a rendimientos que bajaron y otros que nunca pudieron arrancar, terminó por perder lo poco que le quedaba de su identidad futbolística. A saber: la capacidad de atacar y defender en bloque, su vocación ofensiva y el trabajo de presión alta constante para llegar al arco rival en pocos pases. Tres cuestiones esenciales para entender al ciclo de Marcelo Gallardo desde aquella Semifinal contra Boca Juniors por la Copa Sudamericana 2014 llegando al día de hoy. Muy inteligente, el entrenador de River sabía que este partido ante el Barcelona significaba el final de un ciclo. Con las salidas de Carlos Sánchez y Matías Kranevitter - y varios referentes más con ofertas- se terminaba un tramo muy exitoso en la historia del club, que dejaba sin dudas el terreno bien arado para poder iniciar con la refundación que - de la mano de los que se quedan y con los refuerzos que lleguen- logre mantener al equipo en un umbral de competitividad muy alto.
Con el constante repiqueteo de todos los periodistas que creen saber algo de fútbol (la famosa final de Estudiantes en 2011, la peor de las analogías posibles), pero bien gracias, River llegaba a esta Final con el equipo y el esquema muy en claro tras el fallido encuentro previo. Gallardo decidió volver al 4-4-2 con el que logró corregir el rumbo tras el primer bajón en el juego de su ciclo para terminar ganando la Sudamericana y la Libertadores con una versión más pragmática y luchadora. La apuesta era por la solidez en el mediocampo, presionando a los tres volantes del Barcelona y con los delanteros siempre apretando sobre la salida por abajo de los Culés. El once inicial fue el siguiente: Marcelo Barovero; Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Eder Álvarez Balanta, Leonel Vangioni; Carlos Sánchez, Matías Kranevitter, Leonardo Ponzio, Tabaré Viudez; Rodrigo Mora y Lucas Alario. Lo dicho, con Viudez - de buen ingreso ante el Sanfrecce- y Sánchez bien abiertos, Mercado y Vangioni como apoyos en ataque pero más contenidos para evitar filtraciones por los costados, los centrales cerca de Kranevitter, Ponzio un poco más suelto siempre encima de Iniesta y la dupla Mora-Alario arriba, con el uruguayo teniendo que regresar siempre para armar el 4-5-1 en cada retroceso.
Enfrente estaba el todopoderoso - y más terrenal, aunque usted no lo crea- Barcelona de Luis Enrique que tras haberle ganado a cuarto de máquina al Guangzhou Evergrande por 3-0 (triplete de Luis Suárez) sin la presencia ni de Neymar ni de Messi, esperaba ya con las otras dos patas de la famosa MSN recuperadas y listas para conseguir el quinto título de este ciclo (Liga BBVA, Copa del Rey, Champions League y Supercopa de Europa). Uno que comenzó con problemas entre Messi y Lucho, con muchas dudas en lo táctico - recordar los 20 equipos diferentes en 20 jornadas- y con un estilo que no lograba asentarse en un plantel siempre complicado y muy cerrado sobre sí mismo. Pero el ex jugador del Barcelona y el Real Madrid logró encontrarle la vuelta a lo táctico, dejar su ego de lado - Messi hizo lo propio- y luego del recordado desastre en Anoeta (0-1 con la Real Sociedad) donde hasta se habló de la partida de Lio del club, se terminó con un triplete histórico y arrollador. Para lograrlo, el entrenador logró combinar la línea histórica de La Masia con el mejor y más preciso fútbol de contragolpe, algo a lo que fue llevado por las características de sus volantes y delanteros que son ideales para este tipo de juego. Siempre a la ofensiva, pero no por ello sin cautela, el gran problema de este Barcelona era una defensa donde Piqué y Mascherano hacían lo que podían y sufrían horrores sobre todo cuando el mediocampo no lograba jugar bien ni contener al rival, pero hace varios meses que hasta ese problema no parece tan grave y está al borde de ser solucionado de forma definitiva. Claro que, todo esto, ante rivales que a pesar de lo dispareja que es la Liga BBVA, son mucho mejores en lo que refiere a lo futbolístico y lo organizativo que cualquier club de Sudamérica. Lo económico es relevante, pero no es ninguna excusa válida: sabemos que el Barcelona es una multinacional más que millonaria como el Real Madrid, el Bayern Munich, la Juventus y demás gigantes de la historia del fútbol. Pero la diferencia está en la idea de juego y en la calidad del trabajo para desarrollarla, algo de lo que estamos a años luz de distancia lamentablemente. Tomemos como ejemplo al Athletic de Bilbao, que vapuleó a este Barcelona en la Supercopa de España y que posee uno de los mejores planteles del mundo hace ya varios años. Sin nombres rutilantes en lo comercial, siempre armando planteles dentro del País Vasco, con una cantera notable, con una línea de juego centrada en el orgullo por la camiseta, el buen trato del balón y el arco de enfrente como único horizonte. Cuando uno analiza este caso particular, hay varios lugares comunes que de inmediato quedan descartados pues la realidad es mucho más fuerte que cualquier devaneo teórico.
No hubieron sorpresas a la hora de conocer el once inicial del Barcelona: Claudio Bravo; Dani Alves, Gerard Piqué, Javier Mascherano, Jordi Alba; Iván Rakitic, Sergio Busquets, Andrés Iniesta; Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar. Prácticamente el mismo equipo con el que habían ganado todo entre la pasada temporada y lo que va de la presente, con la idea de siempre, la cual ya hemos debatido y descripto aquí muchas veces. Lucho sabía que River iba a jugar siempre en bloque, tratando de pegar sus dos líneas de cuarto y presionando bien alto tal como lo hiciese el Deportivo La Coruña en su más reciente partido de liga.
El partido comenzó con River presionando bien alto, con algo de cautela y sin pasar al ataque cada vez que podía tomar contacto con la pelota. El Barcelona ni se inmutó y se mantuvo fiel a su libreto: salida prolija por abajo, elaboración progresiva hasta el mediocampo y búsqueda de los delanteros con pases filtrados en largo a espaldas de los centrales. Ponzio por el momento no salía a marcar, oficiando él de mediocentro para no quedar a contrapierna en cada avance del rival. La marca no era personal en ninguna zona del campo de juego, pero el ex Zaragoza buscaba quedarse cerca de Iniesta, Kranevitter de Busquets y Viudez y Sánchez de los laterales para prevenir sus subidas.
La primera conexión en tres cuartos fue entre Messi y Dani Alves, pero el pase al medio del brasileño no fue nada bueno y terminó despejado por Maidana. La idea de Gallardo era salir en largo, pero Mascherano y Piqué no mostraban ninguna grieta a la hora de rechazar los pelotazos que caían en su zona. Kranevitter estaba activo y preciso como pocas veces en este semestre, siempre tratando de armar juego en el círculo central y abriendo bien la cancha con las corridas de Viudez y Sánchez que por ahora eran el factor desequilibrante de un River aplicado en lo táctico.
En tan solo 6', River había hecho un enorme desgaste frente al nulo que realizaba el Barcelona, que se limitaba a mover la pelota con tranquilidad y a recibir muchas patadas de un mediocampo que estaba siendo superado con muy poco. Las dos líneas de cuatro del Millonario estaban bien juntas y por el momento no exhibían ninguna grieta para que los lanzadores, Rakitic e Iniesta, lograsen colocar el balón en zona de golpeo para los tres delanteros. La MSN se movía sin parar, con Messi y Neymar intercambiando puntas y Suárez haciéndole la vida imposible a Maidana y a Balanta que no lograban seguirle el paso cada vez que arrancaba.
Una gran jugada de Suárez por la banda terminó en un centro atrás que, luego de varios intentos de rechazo, fue rematado por Iniesta pero demasiado mordido por lo que le dio tiempo a la defensa para poder bloquearlo. De a poco, el Barcelona encontraba espacios y se soltaba, con los laterales jugando como exteriores y los tres interiores bien cerrados en el mediocampo para crear juego. Pasando los 10', Suárez le bajó una pelota perfecta a Messi y su bombazo a quemarropa fue tapado por un defensa milagrosamente. El rebote quedó en los pies de Iniesta, que con una genialidad entre los dos centrales, dejó solo al astro argentino ante Barovero y el portero con una buena tapada yendo hacia la derecha evitó que el misil que salió del botín de Messi se convirtiese en el primer gol de la noche japonesa.
Iban tan solo 12' de juego y el Barcelona dominaba el encuentro sin pasar por ningún sobresalto, plantado en tres cuartos de campo ante un River que ya dejaba espacios y no presionaba con tanta fiereza en el mediocampo. En las pocas que lograba superar la línea de volantes del rival, los jugadores de River - sobre todo Sánchez- mostraban muchas imprecisiones por lo que se hacía imposible pensar en un gol o una jugada de peligro. Mientras tanto, Messi jugó un gran balón a espaldas de los centrales para Suárez y Barovero anticipó muy bien con los pies.
Los de Luis Enrique eran paciencia pura, jugando siempre por abajo, haciendo fácil lo difícil, pues jugar contra un equipo que solo piensa en bloquear la cancha y no perder antes que todo lo demás no es nada simple. Gallardo veía como su equipo estaba cada vez más acorralado, pero parecía conforme con el hecho de no haber recibido un gol en contra aún. La esperanza residía en el Viudez o Sánchez pudiesen salir en velocidad con espacios vacíos en algún contragolpe, tratando de sacar ventaja de que el Barcelona por su propuesta ofensiva siempre juega adelantado.
Los catalanes metían pierna fuerte cuando había que hacerlo, en el tramo más luchado en el mediocampo del partido, derribando ese mito de que en Europa no se marca fuerte ni hay golpes. Lo que hay es mayor precisión general para quitar el balón y árbitros bastante menos permisivos que lo que acostumbramos en América del Sur. Si River pensó que podía pasar por encima al Barcelona pegando patadas al por mayor, los Culés se encargaron de dejarle en claro que eso no iba a suceder llegando Rakitic y Jordi Alba a pegar sin tapujos.
El duelo entre Balanta y Suárez era parejo visto desde lejos, pero el colombiano nunca podía anticipar al uruguayo. A veces el delantero se quedaba sin apoyos, por lo que debía aguantar más tiempo la pelota y la jugada se terminaba diluyendo con el retroceso de todos los jugadores de River, Alario incluido. En una buena jugada, Rakitic abrió perfecto para Neymar con toda la defensa rival a contrapierna, el brasileño ganó muy bien en el uno a uno contra Mercado y tocó corto con Messi dentro del área. El diez se la devolvió de primera pero su socio no pudo llegar a rematar de cara al arco, todavía un poco atado debido a su reciente lesión en el aductor.
Con todos sus jugadores de campo plantados dos pasos delante del área, River seguía haciéndole las cosas difíciles al Barcelona en lo que refería a la circulación y la dinámica en tres cuartos. Nada demasiado sofisticado, algo lógico pues cuando un equipo se amontona cerca de su arco pasan varios minutos hasta el que rival logra o no encontrar la llave para abrir el cerrojo. El Barcelona dominaba el partido más allá de esto, jugando con mucha intensidad y siendo el dueño de todos los sectores de la cancha.
Las bandas comenzaron a ser terreno franco para los laterales y delanteros debido a que su contrincante estaba tratando de encontrar algo de aire y piernas ya cerca de la primera media hora de partido. La defensa de los blaugranas no tuvo problemas en seguir repeliendo cada aproximación de los de Gallardo, anticipando a los dos delanteros que a cada minuto estaban más aislados del resto de sus compañeros. Neymar recibió de Iniesta por el costado, cambió de frente al vacío y Dani Alves remató cruzado de volea con sobrepique a las manos de Barovero.
En una de las situaciones más razonables de River, Mora logró superar a su marcador y desperdició una jugada que pedía un envío al área con un disparo flojo que Bravo detuvo sin moverse siquiera. Viudez era lo único rescatable de River en fase ofensiva, moviéndose por todo el frente de ataque, abriendo con criterio la pelota - más que nada con Sánchez- y tratando de sorprender apareciendo en algunas jugadas por la nave central de la cancha. De pronto, los de Gallardo se encontraron con otra situación clara de gol: Alario ganó en el vértice del área una pelota dividida y sin pensarlo dos veces trató de colocar la pelota cerca del palo derecho, aunque sin generarle complicaciones a un atento Bravo.
Los argentinos pegaban sin parar en el círculo central para cortar el juego, señal de que estaban completamente agotados cuando corrían 32' en el reloj. Messi estuvo cerca de abrir el marcador con un muy buen tiro libre que picó dentro del área chica y logró confundir a Barovero, que pudo mandarla al tiro de esquina con mucha suerte. Y a los 35', el Barcelona derribó el muro a puro fútbol: Neymar jugó bien abierto con Dani Alves, el brasileño centró al punto penal, Suárez bajó la pelota con mucha facilidad y Messi hizo el resto. Control magistral en un solo movimiento - lo del brazo fue natural, no la quiso acomodar-, superó a Maidana como si fuese un cono de entrenamiento y definió de cachetada ante la salida desesperada de Barovero que nada podía hacer. Era el 1-0, resultado muy merecido pues el único que estaba jugando era el campeón de la Champions League, infinitamente superior a un River que más allá de la presión alta de los primeros 10' no había propuesto nada más ante el toque, la intensidad y voracidad de la escuadra de Luis Enrique.
De inmediato, Rakitic habilitó con un pase entrelíneas a Suárez, que llegó hasta el fondo y lanzó un centro atrás salvado por Barovero con los pies. El Millonario ya estaba desarmado y completamente agotado, dejando una multitud de espacios, unos que se abrieron gracias al excelente trabajo del Barcelona y a la enorme diferencia tanto en nombres como en idea de juego y ejecución de esta. La última jugada de la primera parte la tuvo Luis Suárez una vez más, pero tras una gran pelota en cortada de Messi, definió muy mal ante la salida de un ya vencido Barovero y privó al Barcelona de una ventaja que tenía que ser mucho más grande hacía largo rato.
Para los segundos 45', Gallardo decidió cambiarle la cara a un equipo que solamente había atinado a aguantar el resultado y no había parado de sufrir en un primer tiempo que no fue tan parejo - ni mucho menos- como todos los jugadores y periodistas argentinos declararon una vez finalizado el partido. Se había visto a un River sin identidad futbolística con un libreto que apenas si pudo sostener, pues sus intérpretes salvo Balanta, Barovero y Viudez - aprobados y solo eso- no habían estado a la altura de lo que este partido requería. Salieron del campo de juego Ponzio (amonestado luego de cuatro infracciones al límite, como siempre llegando tarde a todas las jugadas) y Mora, de intrascendente partido (clave en todo este ciclo, fallando en el momento donde más se lo necesitaba) e ingresaron Lucho González y Gonzalo Martínez. El objetivo era ganar creatividad en el mediocampo con el ex Porto y Marsella y darle a Viudez un acompañante para explotar en los metros finales tanto por el centro como por las bandas con el ex enlace de Huracán.
Lamentablemente para el entrenador de River, su plan duró menos de cinco minutos. Si bien aprovechó la frescura de los recién ingresados para presionar alto otra vez y acercarse a los dominios de Bravo, ninguno de los envíos al área fue preciso ni peligroso para Piqué y Mascherano. Todo se fue normalizando de a poco y a los 48', Sánchez no pudo ante Busquets luego de haber recuperado la pelota, Iniesta jugó de primera para Suárez en largo y el killer del área definió por debajo de las piernas de Barovero tras haber superado a Balanta en la puerta del área. Era el 2-0 que llegaba con un verdadero golazo, uno que mostraba la cara contragolpeadora de un Barcelona impecable.
Los de Luis Enrique siguieron tocando de lado a lado ante un River muy desconcertado, desorganizado y ahora completamente abierto que hacía lo que podía. Messi jugó para Neymar en vertical, este se la devolvió hacia atrás y el argentino disparó flojo a las manos de Barovero cuando la jugada pedía pase para Suárez que esperaba solo en el punto penal. Con pasillos abiertos por todos lados, el Barcelona se divertía merced de la velocidad de la MSN y de los pases magistrales de sus ahora tres lanzadores, con la mesa servida para convertir el tercer gol.
Rakitic abrió con Neymar, el brasileño jugó rápido al medio con Messi y este eludió a la carrera a dos defensores para terminar definiendo con Barovero muy encima. La pelota rozó en el portero y solo por eso Maidana logró recomponerse y despejar sobre la línea bien lejos. Gallardo agotó variantes con la entrada de Driussi en lugar de Viudez para buscar mayor peso en el área, pero el desarrollo del partido no varió con la inclusión de un segundo delantero. La paliza de los Culés se estaba concretando, con la defensa de River saliendo muy tarde y de a uno, no en bloque como en los primeros minutos del partido. Neymar protagonizó la gran jugada del partido, con un lujo tras otro desde el mediocampo para dejar atrás a medio equipo rival y justo antes de definir dentro del área fue cruzado de manera sensacional por Balanta.
Rakitic en la primera mitad había sido el primero en ponerse el overol y ahora tenía el saco bien ajustado, sirviendo como salida a su equipo y muy activo en zona de golpeo para buscar espacios para rematar o jugar a espaldas de los centrales. Messi y Neymar armaron una gran pared y la definición de Lio se fue apenas ancha, salvándose nuevamente River en una ráfaga tremenda del Barcelona apenas 5' después de haber convertido el segundo gol.
Neymar habilitó muy bien a Suárez que encaró a Barovero pero no pudo con la inteligente cobertura de Trapito que pudo alejarlo del arco y bloquear su disparo rasante. El enlace de Brasil tomó la pelota cerca del área en la jugada posterior y su disparo salió apenas por arriba del travesaño ya llegando a los 57' de juego. Luis Enrique decidió sacar del campo de juego a Rakitic debido a que estaba amonestado y el choque estaba muy picado en el mediocampo, con los volantes de River pegando otra vez y buscando hacer reaccionar a los rivales para que el árbitro saque alguna tarjeta roja. En su lugar ingresó Sergi Roberto, una garantía a la hora de mantener la posesión y también muy flexible para cumplir un rol preponderante en ataque y en defensa.
Cuando el reloj marcaba 68', la goleada se consumó: Alba ganó a pura velocidad por la banda, tocó con Suárez, que envió un buen centro para Neymar, despejado con el último esfuerzo por Vangioni. En la continuidad del juego, Messi tomó la pelota cerca de la medialuna, juntó marcas, puso el freno y limpió para Neymar hacia su izquierda. Este centró al espacio vacío a espaldas de Balanta y Suárez picó, ganó arriba en soledad y colocó el balón a contrapierna de Barovero con un cabezazo tan sutil como imposible de atajar. La locura se desató en el banquillo del campeón de España, que así le ponían el broche a otra gran Final. El 3-0 era más que ilustrativo de lo que había sido el trámite para un Barcelona que ni en los momentos donde los espacios no aparecían se llegó a traicionar siquiera un poco. Metió y ganó la pelea en el mediocampo en los minutos iniciales y de allí en adelante administró la pelota con mucha calidad, rotó posiciones a todo momento, se adentró entero en campo rival y no paró de atacar hasta conseguir una diferencia más que abismal que, de haber estado más precisos los tres delanteros, podría haber sido muchísimo mayor.
Los jugadores de River, vencidos en el espíritu desde el segundo gol y liquidados en lo futbolístico desde el vamos, no presionaban más en el mediocampo por lo que el rival tocaba con mucha tranquilidad esperando la ceremonia de premiación. En una de las pocas jugadas que pudo construir, Kranevitter abrió con Vangioni, este siguió con Martínez por la banda y el centro del enganche fue enviado al tiro de esquina por un muy seguro Piqué casi bajo el arco. Alario, en medio de la lluvia de pelotazos y centros al área sin destino, quedó cerca de marcar pero Bravo pudo con su muy buen cabezazo y mandó la pelota por encima del larguero.
Lucho veía como sus dirigidos no paraban de atacar y para los diez minutos finales sacó a Mascherano y puso en su lugar a Vermaelen. A los 83', Alario volvió a imponerse en el área pero su cabezazo tras un tiro de esquina se fue demasiado ancho sin preocupar a Bravo. Un minuto después, el Pity Martínez ensayó la mejor jugada de River en todo el partido: desde el vértice derecho, recortó hacia el medio y con un tremendo latigazo cruzado forzó a Bravo a una estirada inhumana para rozar la pelota y que esta termine impactando en el palo antes de salir por la línea de fondo.
Messi volvió a dejar solo a Neymar a poco del final, pero Maidana se la llegó a pellizcar con lo justo y evitó la cuarta conquista de la noche. Mathieu entró por Neymar, de gran segundo tiempo luego de un primero donde estuvo pensando más en su lesión que en jugar, algo lógico cuando un profesional se recupera en un plazo demasiado corto. Martínez, el más revoltoso de River junto a Viudez, intentó con otro disparo - ahora a colocar- pero Bravo solo tuvo que poner las manos para atrapar un balón que le llegó manso. El chileno volvió a ser requerido en un centro picante del mismo Martínez tras un desborde a pura habilidad que fue interceptado con mucho aplomo por el portero.
Llegó el pitazo final, con las dos caras del fútbol: la alegría del Barcelona por su quinto título de esta temporada y la tristeza de River por no haber cumplido con su sueño, con ese que lo desveló por más de seis meses y que se resumió en una lección de fútbol. Sin dudas que los de Gallardo lucharon por un buen rato con valentía, pero eso no es jugar de igual a igual sino aguantar, salir a no perder por sobre todas las cosas. Se puede criticar a Marcelo Gallardo por haberle tratado de dar algo más de posesión y velocidad a su equipo con los cambios antes de que inicie la segunda mitad, pero al menos intentó salir a atacar para encontrar un empate que nunca estuvo a tiro. River sostuvo el cero por más de media hora con las manos de Barovero, la mala puntería provisoria de los tres fenómenos que tiene arriba el Barcelona y diez hombres apostados un par de pasos delante de su arco. No hay nada demasiado elogiable ni rescatable en esa actitud y las excusas que ponía el comentarista - eso de que lo que le sucedió a River le pasa al 95% de los equipos que enfrentan a los Culés- suenan demasiado baratas y gastadas. El Millonario nunca debió haber llegado a la Final, pues fue superado por el Sanfrecce Hiroshima en las Semifinales, tal cual lo fue por casi todos los equipos - salvo Crucero del Norte y Nueva Chicago, siendo muy generosos- desde que ganó la Copa Libertadores. Los grises que se vieron durante todo este año, pero que fueron maquillados hasta el corte por la Copa América con actitud y la famosa suerte del campeón, se convirtieron en negros absolutos en el Mundial de Clubes. El Barcelona jugó un gran partido, se apegó a su noble idea futbolística y, hasta regulando durante varios tramos, aplastó a River sin ningún tipo de atenuante.
Lo dijo el mismo Gallardo: este ciclo se terminó. Fue un año y medio lleno de alegrías, donde la cantidad de títulos obtenidos no fue de la mano de una evolución en lo táctico y la ejecución de la idea sino más bien todo lo contrario. A medida que pasaban las semanas, el equipo jugaba peor y se llenaba de dudas, pero la excusa de tener la cabeza en Japón y las copas amortiguaron todo tipo de crítica externa demasiado incisiva. El plantel ha quedado completamente desarmado - piensen que ya era corto de por sí- y se necesitan varios refuerzos y una renovación total en lo referido al esquema de juego y a la base sobre la cual trabajar cada partido. Sin dudas que este River no va a dejar de atacar y de intentar jugar por abajo, dos premisas clave para Gallardo, pero lo que se verá de aquí en adelante va a ser diferente a las varias caras exhibidas durante esta "primera fase". Esperemos que lo que se encuentre en el horizonte sea más bien parecido a aquel fantástico y emocionante inicio de ciclo, cuando River jugaba realmente bien al fútbol, porque si no va a ser casi imposible repetir lo hecho hasta aquí.
Párrafo aparte para el imbécil que escupió a Messi en el aeropuerto y para todos los hinchas de River que lo silbaron a él y a un ídolo del club como Mascherano, increpándolos porque simplemente hicieron su trabajo como dos profesionales. Salud al Barcelona, que tras varios meses de irregularidad ha logrado encontrarse - con otro estilo al de los Dream Team de Cryuff y Pep Guardiola, pero sin perder la esencia de La Masia- nuevamente con el muy buen juego (arrollador y vistoso) y que completa de la mejor forma posible la manita en un 2015 que ha sido inolvidable para ellos. Todos los demás, hasta nuevo aviso, por el momento siguen mirando desde abajo al nuevo Campeón del Mundo.
















