martes, 6 de enero de 2015

Tottenham 5 - Chelsea 3: La venganza de Pochettino; Los ideales por delante de todo


Mauricio Pochettino es un gran entrenador, algo que ha quedado demostrado con sus pasos por el Espanyol de Barcelona y el Southampton. Dos equipos con aspiraciones más bien simples que se convirtieron en ganadores de la mano de algunos lemas inamovibles: nunca dejar de tocar, evitar el pelotazo a la nada, presionar siempre en 3/4 de cancha, utilizar las bandas - llenándolas de jugadores- como lugar de creación antes que como autopistas para lanzar centros sin parar y que todos los intérpretes estén en constante movimiento y rotación posicional por todo el campo de juego. Llegó a los dos clubes en una situación casi de emergencia, con el descenso como fantasma, y pudo primero salvarlos cómodamente y luego llevarlos a quedar entre los primeros 8 puestos de sus respectivas ligas. Con el Espanyol se dio el lujo de dirigirlo por cuatro temporadas, acomodarlo bien lejos de los tres últimos lugares y llevarlo a pelear por el ingreso a la Europa League. La experiencia en el Southampton fue muy diferente, más allá de comenzar una vez más con la tarea de salvar a una escuadra prácticamente descendida, algo que se logró con mucho trabajo y una renovación táctica importante.En su segundo año al mando de los Saints, tuvo un comienzo de Premier muy interesante y se mantuvo entre los primeros 10 durante todo el trayecto hasta terminar en un histórico octavo puesto.

El Tottenham, necesitado de éxitos tras la venta de Gareth Bale hace ya dos temporadas y el fracaso de la conducción de André Vilas-Boas, puso el ojo en el nacido en la provincia de Santa Fe. Fue una buena elección, pues la idea futbolística de Pochettino sin dudas que cuaja con los jugadores que posee el plantel de los Spurs y con la curva que viene recorriendo hace unos varios años ya. Bajo la tutela de Pochettino - y todas las nuevas tácticas que trajo bajo el brazo- el Tottenham se despidió del famoso "Seven-Eleven" (pelotazo cruzado para que los laterales y extremos abran la cancha) y comenzó a trabajar con la posesión total del balón. El arquero se acopló como líbero al esquema - algo que Lloris ejecuta a la perfección debido a su gran calidad- y no hay jugada que no comience por abajo y desde la propia área. Claro que con la presión alta no se descartó el uso de las bandas y menos que menos jugar al contragolpe, pero eso solamente si la acción defensiva era forzada por el rival - no como una táctica, como muchos entrenadores suelen hacer-. Costo bastante al comienzo, más allá de las victorias por Premier y Europa League. Tras un período breve de varias derrotas y empates insulzos, de a poco el equipo comenzó a encontrar su mejor forma. Entendió el mensaje de Pochettino y además debió aceptar que el rol de estrella central sea ocupado por jóvenes ingleses como Townsend, Mason y Kane. Este punto es digno de elogio, pues el argentino decidió confiar en sus joyas locales cuando el universo futbolero de Inglaterra no suele preferir jugadores de su nacionalidad en sus equipos. Tachando con un solo movimiento el "Seven-Eleven" y el tema de la restricción de los juveniles ingleses, el ex defensor central inició una especie de movimiento contra cultural que comienza a rendir sus frutos.


El Tottenham llegaba a esta revancha contra el Chelsea en muy buena forma. Cinco partidos invicto, mostrando un esquema aceitado y con las críticas de los medios y los fanáticos archivadas en el arcón de los recuerdos. Enfrente estaban los todopoderosos Blues, sin duda alguna el mejor equipo de Inglaterra y hoy por hoy uno de los mejores tres en todo el mundo. Mourinho ha logrado elevar esta temporada a los Blues hasta el máximo de su potencial, mostrando que puede lograr que un equipo defienda, mueva el balón y ataque con la misma precisión e intensidad. Siempre me río de aquellos que sostienen que Mou es un DT "defensivo" simplemente por el hecho de que en algunos partidos con el Inter de Milán y el Real Madrid fue muy pragmático. Lo que el portugués hizo en esos enfrentamientos con el Barcelona de Guardiola no fue mezquino sino inteligente. Lo habría sido si todo el resto de la temporada hubiese jugado igual, pero la Serie A y La Liga las ganó a base de muy buen fútbol y una innumerable cantidad de goles. Se le podrá cuestionar el estilo, pero hace tiempo que son muy pocos los que se encuentran como mínimo a la altura del portugués (es más, son solo dos: Carlo Ancelotti y Pep Guardiola). Pero la maquina llegaba con algunas luces de alerta: el bache se había hecho muy claro en el pobre empate conseguido la fecha anterior, de la que solo había salido bien parado por el papelón del City contra el Burnley. Tras un arranque imparable, los conceptos están allí y los jugadores se muestras bien con y sin la pelota, pero es lógico que en algún punto haya un bajón. El partido anterior había sido una cómoda victoria por 3-0 del Chelsea, que después de ser dominado por casi 20' por el Tottenham en Stamford Bridge, convirtió un gol y sumió a su rival en un quiebre psicológico que terminó en una goleada contundente.

Pochettino dispuso de un 4-2-3-1 largo que busca constantemente quebrar por el centro del campo, con un doble pivote bien adelantado y un delantero de referencia que hace las veces de enganche y de extremo cuando es necesario. Dos extremos bien abiertos con la orden de lanzar diagonales para abrir espacios: Lloris; Walker, Fazio, Vertonghen, Rose; Bentaleb, Mason; Chadli, Erikssen, Townsend; Kane. Mourinho plantó el mismo esquema pero con una idea diferente, ya que el doble pivote se desarma quedando un mediocentro pegado a los dos centrales y los dos laterales que van y vienen por las bandas tratando de penetrar y lanzar centros así como de cubrir espacios en el retroceso. Su delantero es un nueve de área bien marcado, que no suele retrasarse aunque sí se mueve por todo el frente de ataque por su potencia y velocidad. Un cinco clásico y un enganche fijos en su posición, con los dos extremos sueltos cada vez que atacan. Avances veloces y en pocos toques sumado a una presión asfixiante cuando el rival tiene el esférico: Curtois; Ivanovic, Cahill, Terry, Azpilicueta; Matic, Cesc; Willian, Oscar, Hazard; Costa.


De entrada los dos equipos buscaron atacar pero ninguno se hizo dueño de la pelota. Chadli tuvo su primera chance a los 3' con un buen remate que Curtois contuvo con mucha seguridad. El Chelsea ocupaba los espacios en el mediocampo con un claro 4-5-1 expectante, tratando de evitar que el rival toque por lo bajo y, tras recuperar el balón, desplegarse como las alas de un avión para contragolpear con velocidad y potencia. Mientras Walker empezaba a convertirse en la peor pesadilla de Azpilicueta, el español le ganó con firmeza a Mason en un duro cruce que terminó por sacar de la cancha al talentoso volante. En su lugar ingresó Dembelé y para completar nuevamente el doble cinco en el mediocampo. 

La presión del Tottenham era total y en pocos minutos había logrado acaparar el balón. La circulación de este y la movilidad de los jugadores eran más que óptimas y la defensa reaccionaba muy bien ante cada intento esporádico del Chelsea, con Vertonghen y Bentaleb realmente sólidos y atentos. Hazard era el único que intentaba algo tanto por derecha como por izquierda en los Blues, siendo el jugador desequilibrante que buscaba romper líneas constantemente. Una gran apilada de Chadli, que comenzaba a ser la figura del partido, dejó parado a Matic pero al ingresar al área el extremo perdió el control de la pelota. Cesc respondió con un gran pase cruzado para Willian, pero Walker cortó con mucho timing y oficio. El catalán crecía de a poco en el centro de la cancha y ya a los 15' el equipo de Mourinho esperaba con los centrales adentrados en territorio rival. 

Erikssen tocó para Kane que conectó muy bien con Chadli con un centro atrás preciso. La definición de chilena fue muy virtuosa y Curtois tuvo que exigirse al máximo para que los Spurs no pasasen al frente. Townsend siguió presionando tras capturar el rebote, pero la jugada terminó por diluirse con una buena recuperación de la defensa visitante. Fue el extremo inglés el que comenzó a recorrer su banda como si fuese una autopista vacía, complicando a sobremanera a un Azpilicueta pasado de rosca. Y a los 18' llegó el golpe inicial: cuando todo hacía pensar que el Tottenham abriría el marcador, Hazard creó una fenomenal jugada por derecha, dejando a Rose en el camino con un enganche exquisito. Remate fuerte que rebota en el poste y Oscar toma el rebote de primera para que Costa termine por empujarla abajo del arco. Un 1-0 injusto que solo encontraba explicación en la gigante calidad individual que posee Mourinho a la hora de afrontar cada partido.


Al instante, Cesc habilitó muy bien a Costa dentro del área pero el delantero español fue comido con maestría por Fazio. Lo que parecía un Deja Vu del partido previo, se confirmaba con un mayor protagonismo del Chelsea tras la apertura del marcador. Los Blues estaban lanzados a por el segundo gol, con su clásico ataque compuesto por dos extremos bien abiertos y mucho volumen de juego por el carril del medio. Pero la escuadra de Pochettino de a poco comenzó a asimilar el golpe y a lamerse sus heridas, pues todos sabían que no debían caer en la trampa y derrumbarse como en la primera parte del torneo. Costa trepó muy bien por la derecha y tocó justo para Oscar que - muy incómodo por la pegajosa marca de Fazio- no pudo definir bien. El balón se fue besando el palo, pero el Chelsea había estado demasiado cerca y casi sin esforzarse demasiado. 

Walker se proyectaba bien por su costado y exigía sin parar a la defensa visitante. El partido se fue equilibrando de la mano de Kane, Chadli, Townsend y Erikssen, cuarteto que inclinó la cancha por completo. Rose sufría con cada avance de Hazard, que mostraba toda su potencia y talento, dignos de un diferente que está llamado a hacer historia con su club y con su país. Pochettino dio la orden de que los ataques se concentrasen sobre el sector derecho, un acierto táctico relevante del argentino pues varió el sentido del partido por completo. Kane flotaba ya por todo el frente de ataque, siendo pasador y definidor al mismo tiempo. A los 29', la joya local arrastró marcas perfectamente de la izquierda al centro y en velocidad definió bien pegado al palo de Curtois. Una gran jugada en tal vez el momento más chato del juego del Tottenham que decretaba un 1-1 muy merecido. 


El estadio explotó en un grito de guerra y felicidad y el Tottenham siguió presionando sobre la salida del Chelsea con mucha ferocidad. La transición veloz entre defensa y ataque ya no existía en el lado de Mourinho debido a esta tenacidad y los problemas no paraban de sumarse ya que el doble cinco tenía bien controlado a Cesc. Chadli y Rose avanzaron a un toque y el centro del lateral fue cortado con el último aire por Ivanovic. La imprecisión reinaba en los visitantes, que estaban aturdidos y apenas si buscaban con pelotazos y alguna que otra acción de Hazard. 

La construcción del Tottenham era muy paciente, precisa y punzante. Sin el "Seven Eleven", saliendo siempre por lo bajo y esperando hasta encontrar el hueco y ahí sí soltar a los perros para encontrar el gol. A los 44' el local dió un golpazo sobre la mesa: pase de Erikssen para Chadli, que define a la perfección pero choca contra el palo del arco defendido por Curtois. Rose llega al rebote como una locomotora, le gana la espalda a Cahill y pone el 2-1 para que White Hart Lane delire al máximo. Pero eso no era todo, pues la nube oscura terminó por tapar al Chelsea un minuto más tarde: otro pase fantástico de Erikssen, Kane aparece solo e ingresando al área es derribado con total claridad por Chaill, que estaba teniendo su peor partido en mucho tiempo. Townsend ejecutó el penal como se debe y el Tottenham se fue al entretiempo con un 3-1 brillante. Bien en el juego de posesión, presionando muy alto y - ahora sí- sabiendo como reaccionar ante la adversidad de los primeros minutos.


Los segundos 45' siguieron con el monólogo de los Spurs. Corrida de Kane, que sacó a pasear a los defensores y cedió para Erikssen. Centro del sueco que nadie logra empujar pero que hizo temblar a los de Mourinho. Este habilidoso volante proveniente de Suecia se había convertido, como pasa siempre, en el eje creativo del Tottenham en el mediocampo. Además de dar excelentes pases, suele llegar con frecuencia al área y al no temerle al disparo de media distancia es uno de los goleadores habituales del equipo. A los 50' el recién ingresado Ramires armó una buena apilada que culminó con un remate desviado de Hazard tras corte de Vertonghen.


Y a los 51' Kane pintó otra obra maestra: Chadli picó a toda velocidad por la izquierda, tocó al pie para Kane que giró y en un solo movimiento mandó el balón al fondo de la red. Perfecta colocación contra el palo derecho ante un arquero que miró sin poder hacer nada. Pésima la marca de los centrales y enorme lo de Kane. Un 4-1 al que solo le cabía una definición: categórico. La presión del cuadro local no paraba, siendo ya casi a los 60' un torbellino imparable de toque, intensidad y solidez en todas sus líneas. 

La reacción del Chelsea apareció y buscó avanzar nuevamente con todas sus fallas a cuesta, forzando algunas faltas en las cercanías de Lloris. Cesc tuvo una buena posibilidad tras un 1-2 con Terry pero su disparo se diluyó en las buenas intenciones. El toqueteo de los muchachos de Pochettino era admirable y un lujo para la vista, no paraban de mover el balón de lado a lado mientras sus marcadores corrían detrás de este. Un error de Fazio en el medio de esta fiesta derivó en el descuento: Hazard robó y recorrió casi sin marca, pared perfecta con Cesc y definición seca e inatajable del belga ante la mirada del portero. Un 4-2 que decoraba el resultado y el agregaba un mínimo de suspenso, pero que no era merecido por lo que se veía en la cancha.


Paulinho ingresó por Townsend para darle más contención al mediocampo, pero sin por ello perder nada de velocidad. Gana en piernas y pulmones y también en distribución de la pelota y pases filtrados con el brasileño que lamentablemente va a terminar yéndose del club por no encajar en los planes del entrenador tras una llegada con bombos y platillos. Los piques de Rose por izquierda seguían siendo tremendos y Chadli se hacía una panzada avanzando con el balón pegado al pie y luego abriendo hacia ese sector.

Kane llegó a la línea de fondo tras un excelente pase de Paulinho, controló la pelota pero no puedo conseguir un ángulo razonable para liquidar el partido. La redonda se fue picando delante de la línea, y el Tottenham seguía justificando su victoria. Gran partido de un equipo que es la mezcla perfecta entre el clásico juego inglés y el toque más puro. En 70' Chadli y Kane tocaron en vértigo y el disparo del belga quedó en manos de su colega y compatriota Curtois. Mourinho movió el banco con una variante extraña: Salah por Willian, que hace rato estaba desaparecido. El egipcio no jugó demasiado esta temporada a diferencia de la pasada, pero podía darle al Chelsea algo de movilidad y dinámica. 


Los de Mourinho se repetían en los centros y pelotazos frontales, que eran controlados sin problema por Vertonghen y Fazio. Muy previsible el mejor equipo de Inglaterra y sin punch, desmoralizado y fundido por completo. Nunca dejó de ir al frente, pero sin claridad solo dependía de lo iluminados que estuviesen sus individualidades y esta noche definitivamente no era la de ellos. Hazard se la dejó muerta a Azpilicueta con un taco de lujo y el español remató bien cruzado. Lloris se estiró al máximo en un movimiento muy plástico y pudo evitar el tercero de los Blues. Davies ingresó por Rose, agotado de correr absolutamente todas las pelotas. 


A los 77' llegó la estocada final: Kane arrastró una vez más marcadores por la izquierda y tocó justo para Chadli que enganchó y definió allá donde el arquero ni siquiera sueña con llegar. Era el quinto gol, en un 5-2 impecable e implacable. El descontrol del Chelsea, que hasta aquí había recibido solo 14 goles, se hacía evidente en la cantidad de patadas con y sin pelota que pegaban sus jugadores (hasta Cesc golpeaba sin asco, algo raro en él). El enganche-falso nueve catalán y Ramires tuvieron dos chances pero el primero cabeceó muy flojo a las manos de Lloris y el brasileño vió como su muy buen tiro cruzado salía rozando el palo derecho. De inmediato, Cesc y Hazard comandaron una buena contra que Salah no pudo definir bien por la marca de Fazio que estuvo realmente sensacional más allá de ese mal pase en el segundo gol del Chelsea. 


Terry puso el 5-3 con un toque frente al arco vacío tras una pifia de Costa, un gol que solo le sirvió a él para sumar más en la tabla de los defensores con más goles en la historia de la Premier League. Costa tuvo una más, con un buen pique y un remate fortísimo que Lloris contuvo con mucha sobriedad y calma. Cesc cerró el partido con una recepción y remate por la derecha muy distinguidos pero sin mucho ángulo, aunque el balón terminó dando en el palo. La venganza de Pochettino se había consumado y, más allá de las lógicas e incorrectas quejas posteriores de Mourinho por algunos fallos arbitrales (que no fueron tales), lo mejor era que la había podido consumar sin jamás resignar sus ideas ni ceder a las presiones mediáticas. En su ley, como debe ser siempre, Mauricio Pochettino le demostró al mundo que sabe mucho de fútbol, que tiene una ideología muy noble y que puede armar un equipo que pase por encima a una máquina casi perfecta y que va a estar en la discusión tanto de la Premier League como de la Europa League de aquí hasta el final del la temporada.   

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