lunes, 19 de enero de 2015

Real Madrid 2 (2) - Atlético de Madrid 2 (4): La inexplicable parálisis mental de Ancelotti; El impresionante espíritu ganador del Aleti


Este clásico de Madrid por los Cuartos de Final de la Copa del Rey no fue, como la pasada edición, una fiesta para el equipo de Carlo Ancelotti sino la confirmación de varias de sus peores pesadillas. Todos sabemos que desde su maravillosa temporada 2013/14 - y un poco antes también-, el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone se ha convertido en un equipo extremadamente competitivo que ha roto de manera definitiva el aburrido binarismo en el que La Liga se encontraba inmersa desde hacía varias décadas. Tanto el Real Madrid como el Barcelona - y todos los demás clubes de la primera división española- vieron como el siempre simpático y luchador segundo club de la capital comenzaba a mostrarse como una real amenaza. Hay algo que es indudable: con sus tácticas y su particular estilo de trabajo, el Cholo Simeone consiguió con un equipo bastante flojo a nivel colectivo - no individual pues supo tener jugadores de gran talla y renombre antes de su llegada- lo que ni el Valencia ni el Sevilla jamás pudieron. Hablo de pegar ese salto de ser el eterno equipo que lucha por entrar a la Europa League a ser número puesto en Champions League y, por ende, a pelear hasta la jornada final por el título local.

Otra cuestión que no debería levantar ninguna ceja o tomar desprevenido a nadie es que el Aleti no es un equipo que juegue particularmente bien al fútbol o que como mínimo sea ortodoxo. Es indudable que posee jugadores de enorme calidad y que - oh sorpresa- cuestan muchos millones como Arda Turán, Koke, Gabi, Godín, Griezmann, Mandzukic, Moya, Torres...E incluyo a tres figuras clave de la temporada pasada como Diego Costa, Filipe Luis y Thibaut Curtois hoy en el fantástico Chelsea de José Mourinho. Lo que a mi no me gusta de todos los equipos de Simeone, y en especial de este, es que teniendo muy buen material siempre elige ejecutar una especie de Catenaccio aggiornado a los tiempos que corren bajo el chamuyo de "hay que ser competitivos" o "el fútbol es energía" o "jugamos con el cuchillo entre los dientes" y demás pavadas que los medios del mundo celebran sin siquiera preguntarse si realmente le están haciendo un favor al fútbol como deporte. Claro que para jugar bien hay que dar todo al 100% físicamente, recordemos que hasta hace poco criticaban al Real Madrid por exactamente lo mismo que elogian al Atlético. Decían que no era un equipo de futbolistas sino de atletas y que ganaban por sus letales contragolpes y su ventaja corporal por sobre el resto de los equipos. Una boludez tamaño baño de la que nos podemos reír por varios años sin parar sin duda alguna, pero que en parte puede ser aplicada para analizar el andar de los Colchoneros desde que comenzó el ciclo de Simeone en el banquillo.

La ideología del ex número cinco de la Selección Argentina se puede resumir de la siguiente forma: líneas bien compactas con los mediocampistas casi dentro de la propia área y cubriendo todos los espacios, tenencia de balón reducida al mínimo, presión alta en los momentos clave para poder contragolpear, uso constante de las bandas, eficacia total en la pelota parada (tanto en defensa como en ataque), ensuciar el juego en el mediocampo con faltas leves pero en gran número para evitar una limpia circulación del balón en el rival, un mediapunta adelante de un único delantero punta para peinar los pelotazos frontales, ataque con pocos jugadores, defensa en bloque con los 10 jugadores de campo y una innegociable voracidad y actitud a la hora de pelear cada pelota. A todo esto se le tiene que sumar un factor clave y muy difícil de moldear: el sentirse siempre ganador en todas las canchas, el saber que pueden competir contra todos de igual a igual y que en la parte mental la victoria ya es suya de antemano. Suele formar con dos dibujos que hablan por sí solos: un 4-4-2 y/o un 4-4-1-1 completamente inflexibles en los que cada jugador posee una posición y rol fijos y debe repetirlos desde el primer hasta el último minuto sin posibilidad de realizar una acción imprevista o explotar su talento en una dirección contraria a la elegida por el entrenador. Es por ello que un jugadorazo como Arda Turán no suele formar parte del equipo titular y entra solo si se dan dos situaciones: cuando se debe salvar las papas o cuando hay que tener la pelota porque se ha conseguido el objetivo de estar arriba en el marcador con comodidad. No es necesario agregar que es la peor manera de desperdiciar a un talento exquisito e intenso como pocos en el mundo, pero vamos a decirlo para que quede bien claro. Si quieren encontrar un equipo que juega exactamente igual, con 9 defensores y un punta que espera el pelotazo, miren partidos de la Selección de Uruguay del Maestro Tabarez. Les va a sorprender darse cuenta que ambas escuadras son un calco y que poseen los mismos defectos y - pocas, pero las hay- virtudes.

La respuesta de sus fanáticos y groupies es siempre la misma: que el Cholo armó un equipo para jugarle a los grandes de su país y del mundo y que con tamaña desventaja económica es necesario abandonar el fútbol vistoso y ponerse al servicio de la "táctica pura". Y el remate viene de la mano del recuerdo de la manera en la que Mourinho le jugó al Barcelona de Pep Guardiola tanto con el Inter como con el Real Madrid, logrando a la larga obtener éxitos y superar en la "batalla táctica" al hoy DT del Bayern Munich. Primero, hay que decir que el Aleti no es precisamente un club de poco prestigio y poderío económico dentro y fuera de su país. Segundo, que el ejemplo de Mourinho se está poniendo viejo y por ende puede ser rebatido con excesiva facilidad: esos partidos específicos contra el Barcelona - tal vez uno de los 5 mejores equipos de toda la historia- fueron jugados con un pragmatismo total y sin ningún tipo de concesión hacia los que somos fanáticos del buen fútbol. No negaré que los festejé y mucho pues soy hincha del Real Madrid y del Inter de Milán desde pequeño y también soy un devoto de Mourinho. Pero esos planteamientos en exceso defensivos y que buscaban romper la paciencia de una escuadra impresionante en todo sentido, me dejaron un sabor amargo en la boca. Tercero, que el Atlético de Madrid juega igual contra TODOS los equipos ya sea el Valencia, el Madrid, el Elche o el Córdoba. Nunca varía su estilo de juego, esas dos líneas de 4 jamás se sueltan ni siquiera contra el rival más débil de todos. A cada partido asistimos a una repetición mecánica de un pragmatismo y un estilo amarrete que en mayoría de casos no se justifica, pues jugando más abiertos aplastarían a la mayoría de sus rivales domésticos y a varios de los internacionales. No en vano casi todos sus - pocos- goles son de pelota parada sin importar quien está enfrente, más allá de que también sea obligatorio elogiar el excelente trabajo en esta área que hizo el DT argentino.

Si hay algo que no me gusta son los entrenadores que teniendo gran material en sus filas eligen no jugar al fútbol. El Tata Martino siempre dijo que él cuando dirigió a la exitosa Selección de Paraguay, debió conformar un equipo que no se ajustaba a sus preferencias tácticas pero que no podía ser de otra manera porque no poseía demasiada materia idónea para su fútbol vistoso, de ataque y de tenencia de balón. Y lo que sigue es lo importante: para el actual seleccionador de la Argentina, es un pecado no desarrollar al máximo las posibilidades técnicas y tácticas de un plantel con intérpretes de muy buen pie y talento. Eso es exactamente lo que hace Diego Simeone en el Atlético de Madrid y es por ello que no me gusta, aunque en varias ocasiones ha mostrado algo distinto como en aquella Supercopa de España contra el Real Madrid a comienzos de esta 2014/15. En aquella ocasión planteó un partido más abierto y venció sin atenuantes y con mucha contundencia al equipo blanco. Fue una victoria gigante y el elogio de mi parte fue muy sincero. Es una lástima que el Cholo no haya elegido seguir por ese camino y que se haya atado a principios que ya deberían estar extintos, pero que evidentemente le traen muy buenos resultados. Aclaremos que si el Aleti está todavía en la pelea por La Liga es solamente por la irregularidad del Madrid y del Barcelona, que tuvieron muchas chances para dejarlo muy atrás pero cayeron presos de sus propias dudas y dejaron que los rojiblancos recuperasen el terreno perdido en los primeros partidos.

Una vez hecho este descargo, corresponde analizar dos partidos que tuvieron una semana de separación y que fueron idénticos. Como fanático del Real Madrid me parece muy particular y extraño que tanto Ancelotti como el equipo sufran de una parálisis fatal cada vez que deben chocar contra el Aleti. Si no me creen, miren como por lo general cada tiro libre en favor del Aleti suele terminar en gol por la estaticidad de la defensa y del portero. Tal vez esa sea la gran virtud del lado de Simeone, el haber logrado una confianza absoluta a la hora de jugar contra un rival que históricamente lo tuvo a maltraer y lo sometió a demasiadas humillaciones.


En el partido de ida, en un Vicente Calderón prendido fuego (algo que me encanta de esa afición, la pasión que tiene), el Real Madrid salió a jugar con un 4-2-3-1 que no incluía a Cristiano Ronaldo pero que ponía a James Rodríguez, Isco y Bale un paso adelante de Benzema que ofició como único delantero punta. Completaban el once inicial una línea de cuatro defensores compuesta por Arbeloa, Ramos, Varane y Marcelo, Kroos como mediocentro, Khedira como cinco y el costarricense Keylor Navas en el arco. El Aleti presentó un 4-4-2 con Oblak en portería, Gamez, Godín, Gimenez y Lucas en defensa, Gabi y Saul como doble pivote con Raúl García y Mario por las bandas y Griezmann y el Niño Torres - en su regreso oficial al club de sus amores- como puntas. Ramos tuvo la primera ocasión apenas iniciado el encuentro con un cabezazo a quemarropa que Oblak logró despejar al tiro de esquina milagrosamente. La presión del visitante fue absoluta y el balón fue todo suyo durante los primeros minutos. Kroos e Isco oficiaron de conductores desde el mediocampo pero el Atlético se pudo acomodar tras un comienzo insulso y tapó todos los caminos en 3/4 de cancha. Torres no paraba de quedar en offside en un gran trabajo de achique de los centrales del Madrid y a cada minuto que pasaba estaba claro que el lado de Simeone necesitaba tener la pelota para poder descansar un poco.

La paciencia de la Casa Blanca era total. No había vestigios de desesperación o apuro sino toque tras toque hasta poder encontrar el hueco. Tras un lindo gol bien anulado a Bale, el local salió de contra pero Griezmann chocó con un sólido Navas. De a poco el Aleti entró en su sintonía habitual y logró combinar la cerrazón total atrás con el contragolpe esporádico y peligroso y el riesgo ya clásico en cada balón parado. Los de Simeone se adelantaron bastante en la cancha, aunque su voluntad e intensidad superaban con amplitud a su claridad en cada ataque. Saul y Griezmann asustaron tras aprovechar dos regalos de los centrales, pero sus chances fueron abortadas por Navas y Varane respectivamente. Con Turan el cancha, el Aleti no reniega del juego de posesión y eso era lo que justamente requería para lograr hacer más parejo el trámite.

El pelotazo de Godín para que García se la baje al Niño Torres se convirtió en la jugada patente del Atlético Madrid. El problema para los de Ancelotti era que cuando sus jugadores llegaban a la puerta del área, se encontraban en clara inferioridad numérica. Y el cuadro se agravaba por el hecho de que Bale no jugaba por la banda izquierda. Con sus libretos, los dos se mostraban ágiles hasta 3/4 de cancha y luego ingresaban en un espesor absoluto. Lo tuvo Raúl García con un gran remate dentro del área que fue cortado por Marcelo con un timing notable; el Aleti presionaba sobre la salida para poder crear situaciones de gol y  así lograba llevar peligro, aunque García al estar demasiado impreciso con la pelota no podía darle volumen en el medio a un equipo sin extremos. 

El partido estaba en el terreno fangoso que le encanta a Simeone y esto se empezaba a notar en el hecho de que James e Isco estaban muy bien tapados y que Kroos se mostraba extrañamente impreciso y fastidioso. Parte de la lentitud del Madrid se debía  que el 4-3-3 es un dibujo que le sienta mucho mejor, pues allí logra combinar la explosión con la pausa a la perfección. Con este 4-2-3-1 era dominante en la posesión pero no lograba ser veloz en el tramo final del recorrido. A los Colchoneros les sobraba para mantener lejos a los delanteros presionando sobre el centro del campo y cerrando las bandas para que el tránsito confluya hacia el embudo propuesto. De a poco, el visitante empezaba a mostrar mucho fastidio porque los caminos no aparecían por ningún lado y por las consistentes faltas que cometía en el mediocampo para evitar el toque fluido y prolijo. 


Los segundos 45' comenzaron con un Real Madrid fulminante y dispuesto a atropellar a su rival. Una buena combinación entre Marcelo e Isco terminó con un pase del volante para James y en un cruce salvador de Gimenez cuando el colombiano definía ante Oblak. Torres logró peinar una pelota y dejó solo a Griezmann que desvió su remate por arriba; jugaban a la uruguaya, pero el peligro no por ello era inexistente. Isco tenía la batuta en el cuadro visitante y ya contaba con muchos más espacios para recorrer y abrir hacia los costados. El partido entraba en una nueva fase, pues el Aleti rompía por unos instantes el cerrojo cerca de su arco. Bale lo tuvo a los 51' con un pase lujoso a la red tras un centro de Marcelo, pero el esférico no quiso entrar y se fue rozando el palo. Ancelotti lucía satisfecho, pues su equipo había recuperado la autoridad y la velocidad de los primeros 25' de juego. Control cerca del área, mucha profundidad en cada ataque y los extremos bien abiertos y sueltos. 

En esta parte, el Aleti se encontró cercado y solo fue salvado por Oblak que un buen día decidió salir a cortar centros para ahorrarle varios disgustos a sus compañeros. Pero tras un contragolpe letal del Aleti salvado por Varane gracias a un pésimo centro atrás de Raúl García, este mismo fabricó un penal usando con mucho oficio y viveza su cuerpo. Si buscan una analogía, recuerden el penal que le cobraron a Brasil contra Croacia en el Mundial. No hubo contacto casi, no fue ni lo que en la juerga se denomina "mancha", pero el árbitro compró y el Vicente Calderón estalló. Agua bendita para un equipo que la estaba pasando muy mal y que perdía por afano la batalla táctica. Gran definición de García para el 1-0 y una ventaja inmerecida sin duda alguna. 

Acto seguido, el Niño Torres se retiró de la cancha ovacionado y en su lugar entró Koke. El Cholo buscaba cerrar el mediocampo definitivamente para no perder la ventaja y sacaba a su delantero mimado, que había tenido un mal partido pero había sido clave en la recuperación previa a la jugada del penal. El rojiblanco se plantaba ya para jugar de contragolpe, con un 4-5-1 bien marcado y continuó con sus patadas y sus intentos de que el rival ingrese en la telaraña. De aquí en más, asistimos a un duelo desigual en el que un Atlético muy agrandado, envalentonado y con una energía más que envidiable - todo dentro de un mal partido, algo que lo hace más elogiable aún- se llevó puesto a un rival que se paralizó. Ronaldo ingresó por James y así quedó el Madrid con su 4-3-3 habitual, pero ni así daba la sensación de que el Aleti iba a desmoronarse.


Turán entró por Saul para recuperar el balón. El mago de la otra mitad de Madrid entraba y el esquema volvía a ser un 4-4-1-1 con él como enganche, liberado de toda función de marca, delante de Griezmann. La pelota siguió en los pies del rival, pero psicológicamente el golpe había sido demasiado duro. La piedra en el zapato del Madrid le llaman a este laborioso equipo y creo que tienen toda la razón del mundo. Bale so mostraba como el delantero más punzante de la BBC, pues Ronaldo y Benzema se retrasaban demasiado para buscar la pelota y no conseguían llegar al área. 

La pausa llegó unos minutos después: Turán se hizo de la redonda y no la soltó nunca más. El equipo por fin pudo descansar y comenzó a mostrar asociaciones un poco más interesantes. Mandzukic ocupó el lugar de un extenuado Griezmann y Jesé entró por Benzema, en dos cambios que buscaron refrescar piernas y ganar velocidad en los metros finales. El segundo gol llegó de la mano del siempre nocivo "laboratorio de la pelota parada" con el que Simeone destruye a sus contrincantes. Lanzamiento de esquina perfectamente ejecutado por Gabi y un frentazo muy bien colocado por Gimenez para cerrar el partido con un 2-0 implacable. El pánico de los centrales ante cada balón que llueve sobre el área es tal que a cada una de ellas se la debe considerar medio gol siempre.

Mientras Kroos no paraba de errar pases, mostrando que es humano y que una vez cada mil puede fallar, Arbeloa cruzó muy mal a Gabi en una patada que mereció roja directa. Zafó por obra y gracia del árbitro que decidió compensar por el penal del primer tiempo. La bronca en los jugadores del Madrid era total, impotencia pura porque con muy poco - y sin merecerlo demasiado- el Aleti había sacado una diferencia importante. Jesé e Isco presionar hasta el final sin parar, pero fueron comidilla para Godín y Gimenez, dos especialistas para estos momentos de desesperación. Los cinco minutos de adición estuvieron demás y el Aleti se llevó un 2-0 demasiado abultado en comparación con lo que se había visto en la cancha.


Para el choque de vuelta en el Santiago Bernabeu, con una previa lamentable del Diario AS que indignó a todo el mundo - y más a los madridistas en serio-, las cosas cambiaron desde lo táctico. Simeone puso un 4-2-3-1 con el objetivo de ser un poco más largo que en el partido anterior: Oblak; Juanfran, Miranda, Godín, Siqueira; Suarez, Tiago; Raúl García, Griezmann, Koke; Torres. Este equipo se asemeja en nombres al que pone todos los fines de semana por Liga y en los choques de Champions League y sin dudas que es mucho más osado. No varía la idea madre, pero al menos es un poco más suelto en lo referido a la ocupación de espacios y el uso que se le da a la pelota. Ancelotti puso también a gran parte de su formación titular y regresó al 4-3-3 para dar vuelta la serie: Navas; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; Isco, Kroos, James; Bale, Benzema, Ronaldo. El doble cinco quedaba en el pasado y se volvía al mediocentro clásico y a los dos extremos bien adelantados para asistir a la BBC. 

Es extraño explicar este enfrentamiento, porque aquí la superioridad del Real Madrid a lo largo de los 90' fue demasiado clara. El gran problema que tuvo fueron dos horrores defensivos al comienzo de cada tiempo que lo liquidaron desde todo punto de vista. A los 41 SEGUNDOS, Griezmann le ganó en velocidad a un Pepe que salió muy tranquilo hasta la mitad y abrió para Torres que convirtió un golazo antes del primer minuto. Era el 1-0 en una gran definición del Niño, el primero suyo con la del Aleti en este estadio, en una jugada a pura potencia cuando el local se estaba acomodando en la cancha. Un error imperdonable que por suerte no desmoralizó al equipo blanco. Torres había salido al campo de juego solo por la gripe de Mandzukic, lo que marcaba que esta noche iba a ser muy especial para él.


De aquí en más, el Aleti se refugió en su campo de juego en una secuencia idéntica a la del juego previo. 30 metros atrasado como mínimo, con el Madrid golpeando sin parar sobre los dominios de Oblak. La pelota era toda de los de Ancelotti que eran profundos y buscaban por arriba y por abajo sin parar. Kroos tenía el dominio de todas las acciones y se mostraba preciso y punzante como suele hacerlo. Un centro suyo y una pésima salida de Oblak le dieron a Sergio Ramos la posibilidad de marcarle una vez más al Atlético y decretar un 1-1 que daba esperanzas pero que solo marcaba un camino que parecía demasiado largo. La superioridad física y táctica del Madrid era clara, hasta mucho más que en el cotejo de ida, pero los centrales de enfrente se cansaron de cortar y rechazar cuanta jugada de peligro caía sobre el área. Más de 38 centros, todos precisos y picantes, llovieron en estos primeros 45' en los que Godín a su terminó seguramente pidió un cambio de cabeza. 

Isco estaba encendido y todo lo que pasaba por sus pies se convertía en oro. Hasta los pases más cuadrados e imprecisos terminaban en una gambeta y una devolución de lujo. El estadio deliraba con un enorme crack que está destinado a ser el líder - si ya no lo es- de la nueva generación de la Selección Española. Las duplas que armaba con Kroos en defensa y con James en ataque eran extremadamente efectivas e incomodaban a los de Simeone, que se sabían con ventaja pero no aflojaban a pesar de estar siendo superados.


Cuando todo hacía pensar que la remontada podía llegar, el segundo balde de agua fría cayó sobre el Santiago Bernabeu. Apenas 30 SEGUNDOS después de comenzada la segunda mitad, Ramos trató de salir con un pelotazo cruzado y le regaló la pelota a Griezmann una vez más. El francés avanzó y cedió de nuevo en un deja vu para Torres que enganchó muy bien, hizo pasar a Pepe y definió por debajo de las piernas de Navas. Un 2-1 increíble en el peor sentido que se le puede adjudicar a esa palabra. A los 53' el Real Madrid respondió con una buena apertura de Marcelo para Bale - previo armado de Kroos- que lanzó un centro para Ronaldo. Anticipo perfecto del Balón de Oro para dejar parado a Oblak y poner tablas de nuevo. El 2-2 dejaba al local un poco más cerca, tres goles debía meter ahora, pero lo que se podía sentir en la atmósfera era que las cosas no iban a cambiar demasiado.


Si bien los de Ancelotti siguieron con la pelota por un rato más y contaron con algunas chances de la mano de un Isco muy movedizo y centrado, el Aleti entró en la zona que más le gusta. El partido se volvió a trabar en el medio y de a poco aislaron a la joya española que veía como la BBC le quedaba cada vez más y más lejana. Fue blanco de todas las patadas y se ganó una ovación cuando golpeó a Gabi sobre el final cuando ya todos estaban pasados de revoluciones. Torres fue silbado por todo el estadio cuando Turán ingresó por él y se abrazó con el Cholo tras un partido consagratorio. El Aleti ganó posesión total de la pelota con el turco y se la pasó tocando de lado a lado sin parar mientras los rivales corrían sin parar. Los roles se invirtieron y ese empuje inicial tras el empate de Ronaldo se diluyó muy rápidamente.


No fue derrota literal en esta pequeña batalla, pero la guerra estaba perdida. Ancelotti dejó el césped con cara de pocos amigos tras saludar a Simeone, tal vez sin entender por qué había caído en una serie en la que de un total de 180' su escuadra fue claramente superior por lo menos en 150'. Un partido y medio de ventaja en lo referido a la táctica, el físico y el juego le había sacado el Real Madrid a su eterno enemigo, pero el resultado final (un 4-2 amplio) era más que categórico. Los números hablan por sí solos, no hay más excusas para el entrenador italiano. Deberá esforzarse para sacarse la modorra y la indignación cada vez que juega contra el Aleti y lograr transmitir este progreso a una plantilla que también en estos partidos es presa de sus propios fantasmas (es decir, se auto boicotea). El trabajo psicológico que ha llevado adelante Simeone evidentemente ha colocado a los suyos por encima de casi todos sus rivales en la parte mental y ese es uno de los ingredientes principales para el éxito de un entrenador y de un sistema que no me gustan ni me gustarán. Aunque no por ello no pueda elogiarlos sin ningún tipo de complejo si es que lo merecen. Con sus ventajas y sus desventajas - y dejando de lado las preferencias personales- es obvio que el Atlético de Madrid se ha convertido en un muy buen equipo. Más allá de estas verdades, en cada partido hay que tratar de ser lo más objetivo posible siempre, despojarse de los fanatismos y analizar solamente lo que se ve. Estos dos particularmente no fueron lo mejor de la Era Simeone y creo que pocos podrán rebatir esta afirmación si vuelven a observarlos. Pero si quieren intentar, están más que invitados, mis argumentos están en los párrafos que componen esta entrada. Que se abra el debate. 






 




martes, 6 de enero de 2015

Tottenham 5 - Chelsea 3: La venganza de Pochettino; Los ideales por delante de todo


Mauricio Pochettino es un gran entrenador, algo que ha quedado demostrado con sus pasos por el Espanyol de Barcelona y el Southampton. Dos equipos con aspiraciones más bien simples que se convirtieron en ganadores de la mano de algunos lemas inamovibles: nunca dejar de tocar, evitar el pelotazo a la nada, presionar siempre en 3/4 de cancha, utilizar las bandas - llenándolas de jugadores- como lugar de creación antes que como autopistas para lanzar centros sin parar y que todos los intérpretes estén en constante movimiento y rotación posicional por todo el campo de juego. Llegó a los dos clubes en una situación casi de emergencia, con el descenso como fantasma, y pudo primero salvarlos cómodamente y luego llevarlos a quedar entre los primeros 8 puestos de sus respectivas ligas. Con el Espanyol se dio el lujo de dirigirlo por cuatro temporadas, acomodarlo bien lejos de los tres últimos lugares y llevarlo a pelear por el ingreso a la Europa League. La experiencia en el Southampton fue muy diferente, más allá de comenzar una vez más con la tarea de salvar a una escuadra prácticamente descendida, algo que se logró con mucho trabajo y una renovación táctica importante.En su segundo año al mando de los Saints, tuvo un comienzo de Premier muy interesante y se mantuvo entre los primeros 10 durante todo el trayecto hasta terminar en un histórico octavo puesto.

El Tottenham, necesitado de éxitos tras la venta de Gareth Bale hace ya dos temporadas y el fracaso de la conducción de André Vilas-Boas, puso el ojo en el nacido en la provincia de Santa Fe. Fue una buena elección, pues la idea futbolística de Pochettino sin dudas que cuaja con los jugadores que posee el plantel de los Spurs y con la curva que viene recorriendo hace unos varios años ya. Bajo la tutela de Pochettino - y todas las nuevas tácticas que trajo bajo el brazo- el Tottenham se despidió del famoso "Seven-Eleven" (pelotazo cruzado para que los laterales y extremos abran la cancha) y comenzó a trabajar con la posesión total del balón. El arquero se acopló como líbero al esquema - algo que Lloris ejecuta a la perfección debido a su gran calidad- y no hay jugada que no comience por abajo y desde la propia área. Claro que con la presión alta no se descartó el uso de las bandas y menos que menos jugar al contragolpe, pero eso solamente si la acción defensiva era forzada por el rival - no como una táctica, como muchos entrenadores suelen hacer-. Costo bastante al comienzo, más allá de las victorias por Premier y Europa League. Tras un período breve de varias derrotas y empates insulzos, de a poco el equipo comenzó a encontrar su mejor forma. Entendió el mensaje de Pochettino y además debió aceptar que el rol de estrella central sea ocupado por jóvenes ingleses como Townsend, Mason y Kane. Este punto es digno de elogio, pues el argentino decidió confiar en sus joyas locales cuando el universo futbolero de Inglaterra no suele preferir jugadores de su nacionalidad en sus equipos. Tachando con un solo movimiento el "Seven-Eleven" y el tema de la restricción de los juveniles ingleses, el ex defensor central inició una especie de movimiento contra cultural que comienza a rendir sus frutos.


El Tottenham llegaba a esta revancha contra el Chelsea en muy buena forma. Cinco partidos invicto, mostrando un esquema aceitado y con las críticas de los medios y los fanáticos archivadas en el arcón de los recuerdos. Enfrente estaban los todopoderosos Blues, sin duda alguna el mejor equipo de Inglaterra y hoy por hoy uno de los mejores tres en todo el mundo. Mourinho ha logrado elevar esta temporada a los Blues hasta el máximo de su potencial, mostrando que puede lograr que un equipo defienda, mueva el balón y ataque con la misma precisión e intensidad. Siempre me río de aquellos que sostienen que Mou es un DT "defensivo" simplemente por el hecho de que en algunos partidos con el Inter de Milán y el Real Madrid fue muy pragmático. Lo que el portugués hizo en esos enfrentamientos con el Barcelona de Guardiola no fue mezquino sino inteligente. Lo habría sido si todo el resto de la temporada hubiese jugado igual, pero la Serie A y La Liga las ganó a base de muy buen fútbol y una innumerable cantidad de goles. Se le podrá cuestionar el estilo, pero hace tiempo que son muy pocos los que se encuentran como mínimo a la altura del portugués (es más, son solo dos: Carlo Ancelotti y Pep Guardiola). Pero la maquina llegaba con algunas luces de alerta: el bache se había hecho muy claro en el pobre empate conseguido la fecha anterior, de la que solo había salido bien parado por el papelón del City contra el Burnley. Tras un arranque imparable, los conceptos están allí y los jugadores se muestras bien con y sin la pelota, pero es lógico que en algún punto haya un bajón. El partido anterior había sido una cómoda victoria por 3-0 del Chelsea, que después de ser dominado por casi 20' por el Tottenham en Stamford Bridge, convirtió un gol y sumió a su rival en un quiebre psicológico que terminó en una goleada contundente.

Pochettino dispuso de un 4-2-3-1 largo que busca constantemente quebrar por el centro del campo, con un doble pivote bien adelantado y un delantero de referencia que hace las veces de enganche y de extremo cuando es necesario. Dos extremos bien abiertos con la orden de lanzar diagonales para abrir espacios: Lloris; Walker, Fazio, Vertonghen, Rose; Bentaleb, Mason; Chadli, Erikssen, Townsend; Kane. Mourinho plantó el mismo esquema pero con una idea diferente, ya que el doble pivote se desarma quedando un mediocentro pegado a los dos centrales y los dos laterales que van y vienen por las bandas tratando de penetrar y lanzar centros así como de cubrir espacios en el retroceso. Su delantero es un nueve de área bien marcado, que no suele retrasarse aunque sí se mueve por todo el frente de ataque por su potencia y velocidad. Un cinco clásico y un enganche fijos en su posición, con los dos extremos sueltos cada vez que atacan. Avances veloces y en pocos toques sumado a una presión asfixiante cuando el rival tiene el esférico: Curtois; Ivanovic, Cahill, Terry, Azpilicueta; Matic, Cesc; Willian, Oscar, Hazard; Costa.


De entrada los dos equipos buscaron atacar pero ninguno se hizo dueño de la pelota. Chadli tuvo su primera chance a los 3' con un buen remate que Curtois contuvo con mucha seguridad. El Chelsea ocupaba los espacios en el mediocampo con un claro 4-5-1 expectante, tratando de evitar que el rival toque por lo bajo y, tras recuperar el balón, desplegarse como las alas de un avión para contragolpear con velocidad y potencia. Mientras Walker empezaba a convertirse en la peor pesadilla de Azpilicueta, el español le ganó con firmeza a Mason en un duro cruce que terminó por sacar de la cancha al talentoso volante. En su lugar ingresó Dembelé y para completar nuevamente el doble cinco en el mediocampo. 

La presión del Tottenham era total y en pocos minutos había logrado acaparar el balón. La circulación de este y la movilidad de los jugadores eran más que óptimas y la defensa reaccionaba muy bien ante cada intento esporádico del Chelsea, con Vertonghen y Bentaleb realmente sólidos y atentos. Hazard era el único que intentaba algo tanto por derecha como por izquierda en los Blues, siendo el jugador desequilibrante que buscaba romper líneas constantemente. Una gran apilada de Chadli, que comenzaba a ser la figura del partido, dejó parado a Matic pero al ingresar al área el extremo perdió el control de la pelota. Cesc respondió con un gran pase cruzado para Willian, pero Walker cortó con mucho timing y oficio. El catalán crecía de a poco en el centro de la cancha y ya a los 15' el equipo de Mourinho esperaba con los centrales adentrados en territorio rival. 

Erikssen tocó para Kane que conectó muy bien con Chadli con un centro atrás preciso. La definición de chilena fue muy virtuosa y Curtois tuvo que exigirse al máximo para que los Spurs no pasasen al frente. Townsend siguió presionando tras capturar el rebote, pero la jugada terminó por diluirse con una buena recuperación de la defensa visitante. Fue el extremo inglés el que comenzó a recorrer su banda como si fuese una autopista vacía, complicando a sobremanera a un Azpilicueta pasado de rosca. Y a los 18' llegó el golpe inicial: cuando todo hacía pensar que el Tottenham abriría el marcador, Hazard creó una fenomenal jugada por derecha, dejando a Rose en el camino con un enganche exquisito. Remate fuerte que rebota en el poste y Oscar toma el rebote de primera para que Costa termine por empujarla abajo del arco. Un 1-0 injusto que solo encontraba explicación en la gigante calidad individual que posee Mourinho a la hora de afrontar cada partido.


Al instante, Cesc habilitó muy bien a Costa dentro del área pero el delantero español fue comido con maestría por Fazio. Lo que parecía un Deja Vu del partido previo, se confirmaba con un mayor protagonismo del Chelsea tras la apertura del marcador. Los Blues estaban lanzados a por el segundo gol, con su clásico ataque compuesto por dos extremos bien abiertos y mucho volumen de juego por el carril del medio. Pero la escuadra de Pochettino de a poco comenzó a asimilar el golpe y a lamerse sus heridas, pues todos sabían que no debían caer en la trampa y derrumbarse como en la primera parte del torneo. Costa trepó muy bien por la derecha y tocó justo para Oscar que - muy incómodo por la pegajosa marca de Fazio- no pudo definir bien. El balón se fue besando el palo, pero el Chelsea había estado demasiado cerca y casi sin esforzarse demasiado. 

Walker se proyectaba bien por su costado y exigía sin parar a la defensa visitante. El partido se fue equilibrando de la mano de Kane, Chadli, Townsend y Erikssen, cuarteto que inclinó la cancha por completo. Rose sufría con cada avance de Hazard, que mostraba toda su potencia y talento, dignos de un diferente que está llamado a hacer historia con su club y con su país. Pochettino dio la orden de que los ataques se concentrasen sobre el sector derecho, un acierto táctico relevante del argentino pues varió el sentido del partido por completo. Kane flotaba ya por todo el frente de ataque, siendo pasador y definidor al mismo tiempo. A los 29', la joya local arrastró marcas perfectamente de la izquierda al centro y en velocidad definió bien pegado al palo de Curtois. Una gran jugada en tal vez el momento más chato del juego del Tottenham que decretaba un 1-1 muy merecido. 


El estadio explotó en un grito de guerra y felicidad y el Tottenham siguió presionando sobre la salida del Chelsea con mucha ferocidad. La transición veloz entre defensa y ataque ya no existía en el lado de Mourinho debido a esta tenacidad y los problemas no paraban de sumarse ya que el doble cinco tenía bien controlado a Cesc. Chadli y Rose avanzaron a un toque y el centro del lateral fue cortado con el último aire por Ivanovic. La imprecisión reinaba en los visitantes, que estaban aturdidos y apenas si buscaban con pelotazos y alguna que otra acción de Hazard. 

La construcción del Tottenham era muy paciente, precisa y punzante. Sin el "Seven Eleven", saliendo siempre por lo bajo y esperando hasta encontrar el hueco y ahí sí soltar a los perros para encontrar el gol. A los 44' el local dió un golpazo sobre la mesa: pase de Erikssen para Chadli, que define a la perfección pero choca contra el palo del arco defendido por Curtois. Rose llega al rebote como una locomotora, le gana la espalda a Cahill y pone el 2-1 para que White Hart Lane delire al máximo. Pero eso no era todo, pues la nube oscura terminó por tapar al Chelsea un minuto más tarde: otro pase fantástico de Erikssen, Kane aparece solo e ingresando al área es derribado con total claridad por Chaill, que estaba teniendo su peor partido en mucho tiempo. Townsend ejecutó el penal como se debe y el Tottenham se fue al entretiempo con un 3-1 brillante. Bien en el juego de posesión, presionando muy alto y - ahora sí- sabiendo como reaccionar ante la adversidad de los primeros minutos.


Los segundos 45' siguieron con el monólogo de los Spurs. Corrida de Kane, que sacó a pasear a los defensores y cedió para Erikssen. Centro del sueco que nadie logra empujar pero que hizo temblar a los de Mourinho. Este habilidoso volante proveniente de Suecia se había convertido, como pasa siempre, en el eje creativo del Tottenham en el mediocampo. Además de dar excelentes pases, suele llegar con frecuencia al área y al no temerle al disparo de media distancia es uno de los goleadores habituales del equipo. A los 50' el recién ingresado Ramires armó una buena apilada que culminó con un remate desviado de Hazard tras corte de Vertonghen.


Y a los 51' Kane pintó otra obra maestra: Chadli picó a toda velocidad por la izquierda, tocó al pie para Kane que giró y en un solo movimiento mandó el balón al fondo de la red. Perfecta colocación contra el palo derecho ante un arquero que miró sin poder hacer nada. Pésima la marca de los centrales y enorme lo de Kane. Un 4-1 al que solo le cabía una definición: categórico. La presión del cuadro local no paraba, siendo ya casi a los 60' un torbellino imparable de toque, intensidad y solidez en todas sus líneas. 

La reacción del Chelsea apareció y buscó avanzar nuevamente con todas sus fallas a cuesta, forzando algunas faltas en las cercanías de Lloris. Cesc tuvo una buena posibilidad tras un 1-2 con Terry pero su disparo se diluyó en las buenas intenciones. El toqueteo de los muchachos de Pochettino era admirable y un lujo para la vista, no paraban de mover el balón de lado a lado mientras sus marcadores corrían detrás de este. Un error de Fazio en el medio de esta fiesta derivó en el descuento: Hazard robó y recorrió casi sin marca, pared perfecta con Cesc y definición seca e inatajable del belga ante la mirada del portero. Un 4-2 que decoraba el resultado y el agregaba un mínimo de suspenso, pero que no era merecido por lo que se veía en la cancha.


Paulinho ingresó por Townsend para darle más contención al mediocampo, pero sin por ello perder nada de velocidad. Gana en piernas y pulmones y también en distribución de la pelota y pases filtrados con el brasileño que lamentablemente va a terminar yéndose del club por no encajar en los planes del entrenador tras una llegada con bombos y platillos. Los piques de Rose por izquierda seguían siendo tremendos y Chadli se hacía una panzada avanzando con el balón pegado al pie y luego abriendo hacia ese sector.

Kane llegó a la línea de fondo tras un excelente pase de Paulinho, controló la pelota pero no puedo conseguir un ángulo razonable para liquidar el partido. La redonda se fue picando delante de la línea, y el Tottenham seguía justificando su victoria. Gran partido de un equipo que es la mezcla perfecta entre el clásico juego inglés y el toque más puro. En 70' Chadli y Kane tocaron en vértigo y el disparo del belga quedó en manos de su colega y compatriota Curtois. Mourinho movió el banco con una variante extraña: Salah por Willian, que hace rato estaba desaparecido. El egipcio no jugó demasiado esta temporada a diferencia de la pasada, pero podía darle al Chelsea algo de movilidad y dinámica. 


Los de Mourinho se repetían en los centros y pelotazos frontales, que eran controlados sin problema por Vertonghen y Fazio. Muy previsible el mejor equipo de Inglaterra y sin punch, desmoralizado y fundido por completo. Nunca dejó de ir al frente, pero sin claridad solo dependía de lo iluminados que estuviesen sus individualidades y esta noche definitivamente no era la de ellos. Hazard se la dejó muerta a Azpilicueta con un taco de lujo y el español remató bien cruzado. Lloris se estiró al máximo en un movimiento muy plástico y pudo evitar el tercero de los Blues. Davies ingresó por Rose, agotado de correr absolutamente todas las pelotas. 


A los 77' llegó la estocada final: Kane arrastró una vez más marcadores por la izquierda y tocó justo para Chadli que enganchó y definió allá donde el arquero ni siquiera sueña con llegar. Era el quinto gol, en un 5-2 impecable e implacable. El descontrol del Chelsea, que hasta aquí había recibido solo 14 goles, se hacía evidente en la cantidad de patadas con y sin pelota que pegaban sus jugadores (hasta Cesc golpeaba sin asco, algo raro en él). El enganche-falso nueve catalán y Ramires tuvieron dos chances pero el primero cabeceó muy flojo a las manos de Lloris y el brasileño vió como su muy buen tiro cruzado salía rozando el palo derecho. De inmediato, Cesc y Hazard comandaron una buena contra que Salah no pudo definir bien por la marca de Fazio que estuvo realmente sensacional más allá de ese mal pase en el segundo gol del Chelsea. 


Terry puso el 5-3 con un toque frente al arco vacío tras una pifia de Costa, un gol que solo le sirvió a él para sumar más en la tabla de los defensores con más goles en la historia de la Premier League. Costa tuvo una más, con un buen pique y un remate fortísimo que Lloris contuvo con mucha sobriedad y calma. Cesc cerró el partido con una recepción y remate por la derecha muy distinguidos pero sin mucho ángulo, aunque el balón terminó dando en el palo. La venganza de Pochettino se había consumado y, más allá de las lógicas e incorrectas quejas posteriores de Mourinho por algunos fallos arbitrales (que no fueron tales), lo mejor era que la había podido consumar sin jamás resignar sus ideas ni ceder a las presiones mediáticas. En su ley, como debe ser siempre, Mauricio Pochettino le demostró al mundo que sabe mucho de fútbol, que tiene una ideología muy noble y que puede armar un equipo que pase por encima a una máquina casi perfecta y que va a estar en la discusión tanto de la Premier League como de la Europa League de aquí hasta el final del la temporada.   

viernes, 2 de enero de 2015

Liverpool 4 - Swansea City 1: Señales de que la tormenta de a poco se va calmando


En Anfield Road - me niego a usar el tan obvio y repetido, aunque no por ello falso, "Mítico"- el Liverpool de Brendan Rodgers recibía al siempre prolijo e interesante de ver Swansea City que está dirigido por Garry Monk. Tras su fenomenal temporada pasada, en la que no salieron campeones de la Premier League solamente porque la mala suerte y los nervios le jugaron una pésima broma de mal gusto cuando todo estaba en sus mano, al Liverpool le estaba costando horrores recuperar al menos un par de buenas sensaciones. Especialmente tras la partida de Luis Suarez, que dejó un agujero tan profundo al punto de que aun en esta remontada sigue siendo muy difícil de rellenar. No hay, salvo Steven Gerrard - que encima acaba de anunciar su salida del club de sus amores hoy, para terminar su gran carrera bien tranquilo muy posiblemente en los Estados Unidos-, un jugador con la jerarquía, la calidad, la presencia arrolladora y los goles (esto último algo clave) del uruguayo en este equipo que ha tenido un inicio de la 2014/15 que dejó mucho que desear. Sin Suarez, Gerrard ha estado muy solo y Sterling, Skrtel, Coutinho, Lucas y demás estandartes del sub-campeonato no pudieron dar la talla para mantener el nivel mostrado hace pocos meses. Si a todo esto se le suma que su fichaje estrella, el irascible, impredecible y talentosisimo Mario Ballotelli, no ha sido lo que todos esperaban - y estoy siendo bueno con él, porque yo siempre lo quiero en mi equipo pero su labor ha sido mala- no había nada que diese a pensar que el Liverpool pudiese llegar a estar cerca de los puestos de Europa League a esta altura de la temporada.

Pero tras resistir a un vendaval de críticas, Rodgers ha conseguido dar justo en el blanco. Más allá de que esta fecha empató 2-2 contra el Leicester City, producto de una relajación absoluta tras dominar sin apuros hasta los 60' y con dos goles de ventaja, el Liverpool ha encontrado su mejor forma. No es la misma que la entregada por la versión 2013/14 pero al menos se acerca a lo que su entrenador siempre ha buscado: compactos en defensa, velocidad en el contragolpe con dos extremos muy abiertos y sueltos, transiciones veloces con la menor cantidad de pases posible y presión alta durante los 90' para evitar que se generen huecos. La parte del toque y el lujo queda librada a las decisiones individuales de los jugadores del mediocampo y la delantera, a los que les sobra talento, algo que es muy elogiable pues consiste en abrazarse a lo impensado.

Rodgers plantó un 3-4-2-1 que en defensa es un 3-5-2: Mignolet; Can, Skrtel, Sakho; Manquillo, Henderson, Lucas; Lallana, Coutinho; Sterling. Es un dibujo bastante flexible que no se sostiene demasiado tras el pitazo inicial. Rápidamente Lucas se coloca como mediocentro clásico bien pegado a los tres centrales, Manquillo y Henderson dan varios pasos al frente y quedan como doble pivote, Coutinho se dispone como enganche y unos pasos más adelante Lallana y Sterling hacen las veces de extremos con la orden de enganchar hacia el centro cuando puedan. En retroceso si se cumple el esquema mencionado, quedando los dos delanteros sueltos en el medio para iniciar la contra y los cinco de la mitad del campo bien cerca de los defensores. Monk colocó en cancha su habitual y más "normal" 4-2-3-1: Fabiansky; Richards, Fernández, Williams, Taylor; Britton, Shelvey; Dyer, Sigurdsson, Routdlege; Bony. No es necesario explicar demasiado, pues es una táctica simple y cada jugador respeta su posición y ejecuta su rol a la perfección. Para defender es el 4-5-1 lógico en el que esta táctica suele derivar, quedando solamente Bony como referencia de ataque.


El primer tiempo comenzó con el local presionando con mucha intensidad, algo que había recuperado en los partidos más recientes. Los de Rodgers manejaban la pelota y, como indicaba su manual, buscaban la transición veloz con mucho uso de las bandas. El Swansea buscaba presionar sobre la salida de su rival, pero se veía por el momento forzado a retroceder hasta los dominios de su arquero en un gesto de desesperación. El Liverpool marcaba el ritmo con mucha velocidad y un vértigo que resultaba asfixiante hasta para los espectadores.

Sterling realizó su primera trepada de la noche pero el cruce de Fernández fue excelente. Ese mismo córner ejecutado por Henderson con maestría encontró a Skrtel, pero Fabiansky tuvo la suerte de estar ubicado en el lugar correcto. Acto seguido, Coutinho cedió para Moreno que con espacio de sobra por la derecha se la terminó llevando por delante y así desperdiciando una oportunidad inmejorable. El Liverpool seguía controlando el trámite y el Swansea apenas si buscaba armar un poco de juego para chocar con la solidez de la defensa roja. El ritmo planteado era demasiado intenso y a los de blanco se les hacía muy difícil siquiera seguir el recorrido de la pelota - no ya hacerse de ella, misión imposible en estos minutos iniciales-. Shelvey lanzó un muy buen pase largo que Routdlege no pudo conectar ante la muy rápida salida de Mignolet, dándole así un poco de aire a los galeses.

En 11', otro buen arranque de Sterling y un buen 1-2 con Lallana fue cortado abruptamente por Williams cuando el delantero ingresaba al área. El monopolio del balón estaba bastante claro y ahora el visitante esperaba con el 4-5-1 ya mencionado para poder salir de contragolpe. Otra opción no le quedaba y así al menos podía tratar de molestar un poco la salida del Liverpool con Bony y Dyer. Dos minutos después, se salvaron milagrosamente: centro con mucha rosca de Moreno, Sterling toca de primera para chocar con Fabiansky y el rebote no es aprovechado por Lallana. Su disparo demasiado alto de haber ingresado habría hecho justicia en un marcador que hace varios minutos debía pertenecerle al equipo de Rodgers.

Todas las contras que el Swansea trataba de armar desde su doble cinco, eran cortadas con excesiva facilidad por Lucas y Manquillo que se convertían en dos Pac-Man insaciables. Coutinho tuvo otra chance en 15' pero la pelota termina mansa en manos del portero. El Liverpool movía muy bien la pelota, mostrando que también sabe tocar, y esperaba a que Moreno, Lallana y Sterling marcasen el pase haciendo diagonales. Sakho abrió bien para Coutinho que, desde el vértice del área, terminó enviando el tiro bastante ancho, aunque no por ello no fue un sobresalto para Fabiansky. Fernandez por el momento le ganaba el duelo a Sterling con mucho oficio y cubriendo las falencias del lateral. Bony y Dyer eran pura frustración, pues no podían hacer nada con el esférico y eso el equipo lo sentía: sus dos ejes creativos estaban completamente devorados por la telaraña de Rodgers.


El Liverpool hacía algo clásico pero que le daba muchos resultados: concentraba el juego por una banda, llenándola de jugadores, y luego en dos o tres toques limpiaba muy velozmente para el otro costado. Dyer tuvo una chance neta de gol, pero remató demasiado incómodo como para molestar a un soberbio Mignolet que hasta el momento no había fallado. Es verdad que ya en 31' la posesión se había equilibrado, pero la parte del juego y la intensidad eran todas del Liverpool que ya merecía estar arriba en el marcador. Y por decantación, por pura lógica, un minuto después se abrió el partido: un ataque letal conducido por Moreno desde la izquierda, toque para Lallana y este la cede para Henderson; centro preciso para Moreno que entrando solo por el medio culmina la jugada que él había comenzado. Un 1-0 que se quedaba corto y que tranquilizaba a todo un estadio y al entrenador. Había justicia en Anfield Road.

A los pocos segundos, otra jugada supersónica: Lallana abre para Moreno, este toca corto con Coutinho que llega al fondo y tras un enganche sublime remata sin ángulo. Fabianky tuvo que exigirse al máximo para salvar su valla de una segunda caída. Finalizando los primeros 45', el Swansea tuvo un rato de dominio en el que el local se fue contra su arco. Un bombardeo de centros, la mayoría sin precisión, que fueron contenidos o rechazados por Mignolet. Shelvey le había cambiado un poco la cara a su mediocampo recuperando más balones que en los 35' anteriores. Un buen tiro libre frontal fue bajado por Fernandez, pero Dyer le pegó mordido y a las manos del arquero. El Liverpool manejaba los tiempos, más allá de esta presión repentina del contrincante, y se mostraba sólido. Los de Monk urgidos por encontrar un empate que estaba a tiro en los papeles, ya estaban completamente adelantados y bien lejos de la postura expectante y especulativa de la primera media hora. Tuvo otra Coutinho antes del cierre, con un arranque furioso y un disparo con potencia y dirección óptimas pero que fue salvado por un Fabiansky muy bien plantado en el área.


Los segundos cuarenta y cinco minutos siguieron mostrando a un Liverpool hambriento y dueño de las acciones. Lucas hacía un trabajo digno de mención, recuperando y distribuyendo con una velocidad y precisión de cirujano. No había espacio en el medio que no estuviese cubierto por él, un pulpo en los momentos en los que parecía que el Swansea podía filtrar algún pase. Bony tuvo su chance a los 50' por arriba pero Mignolet le ganó el duelo con la misma seguridad que había mostrado en todo el partido. Y luego, su colega Fabiansky terminó el partido: pase atrás para el arquero que ante la presión rechazó directamente hacia donde se encontraba Lallana; pelota a su espalda y el 2-0 que llegaba de la forma menos pensada, pero no por ello inmerecida.

Al minuto llegó lo que parecía ser la reacción del Swansea. Dyer recuperó y centró para Bony que a pesar de perder con Sakho, lo forzó a rechazar sin comodidad. La pelota le quedó a Sigurdsson y este 1-2 inauguró un partido frenético. Un buen cruce de Can cuando Dyer se relamía derivó en un contraataque que empezó en Henderson y terminó en Sterling reventando el palo derecho de Fabiansky. Al instante, Mignolet debió esforzarse al máximo para evitar que Bony decretase las tablas. El ritmo era nuevamente incansabale, ahora con los dos equipos intercambiando golpes sin parar.


El Liverpool lo tuvo en la mano tras una mala salida de Shelvey, pero Sterling no pudo aprovechar el pase de Lucas. Lallana remató de media distancia ya casi en 60' y Fabiansky contuvo con tranquilidad una pelota que era muy peligrosa. Y llegó el cierre definitivo: Lallana recibió de Coutinho de taco, regateó hasta encontrar la mejor posición y remato cruzado por lo bajo. Inatajable para el arquero y un 3-1 que clausuraba el único momento en el que el Swansea había podido nivelar un poco el trámite. La recuperación tenía a sus pilares bien claros: Lallana, Coutinho, Moreno, Sterling y el ausente Gerrard.

Sterling tuvo otra chance tras un pase profundo de Lallana, pero tras amagar a Fabiansky se quedó sin ángulo. El balón pegó en el poste y salió de la cancha. Coutinho tuvo otro disparo pero el portero respondió con creces primero ante el brasileño y luego ante Skrtel que de atropellada casi convierte el cuarto gol. De ese corner llegó el 4-1 y la fiesta total para Anfield: otro muy buen centro de Henderson que Shelvey cabeceó en el primer palo, con la mala fortuna de vencer su propia valla. Un resultado más que merecido y que se ajustaba a lo que se había visto en la cancha. Un baile que tuvo un pequeño intervalo donde el Swansea empujó con muchas ganas, pero que se diluyó muy rápidamente.


Sterling lo tuvo una vez más, pero Fabiansky logró contener en el medio de una jungla de piernas. Markovic ingresó por un ovacionado Lallana y al minuto armó una gran jugada con Henderson que terminó Coutinho con un remate a colocar que se fue alto. Gomis, que había ingresado por Bony, tuvo una chance muy clara tras una habilitación de Dyer pero Mignolet lo cubrió muy bien obligándolo al error. Tras la entrada de Ballotelli por Sterling, el delantero frances tuvo dos más: primero un remate delicioso que se estrello injustamente en el travesaño y luego con una tijera que no tuvo tanta precisión.

A pesar de estar todo liquidado, ambos equipos seguían dando espectáculo. Ballotelli, Coutinho y Markovic armaron un ataque a un toque y el disparo de Henderson fue demasiado abierto. Ya en 87' Routdlege le ganó a su marcador y para suerte de Mignolet le dio a la pelota con un exceso de potencia y altitud. Balloteli y Markovic armaron otra exquisita jugada en velocidad y Fabiansky le ahogó el grito al delantero italiano. Gomis tuvo la última acción con una muy buena jugada individual en la que el balón mereció entrar pero debió conformarse con irse bien pegado al palo derecho de Mignolet.


El Liverpool se encuentra en plena levantada y más allá de que tal vez sea demasiado apresurado decir que es un equipo con nivel de ingreso a Champions League, de seguir así seguramente peleará por conseguir ese objetivo. Uno que al comienzo de la temporada parecía demasiado lejano, casi una utopía por lo que se veía en la cancha. Superado el mal trago de la eliminación en primera ronda de la UCL - en un esperado retorno que fue una pesadilla-, el equipo de Brendan Rodgers puede enfocarse en darle a su máximo ídolo un torneo final más que decente. La Europa League es una apuesta interesante y la Premier si bien está lejos, hoy se muestra más apetecible con el bache en el que ingresó el imparable Chelsea de Mourinho. Hora se seguir aceitando el sistema, siempre con Gerrard adentro, y de sumar muchos puntos. Evitar las desconcentraciones como la de esta fecha con el Leicester y retomar lo mostrado en este partido contra el Swansea y en el empate contra el Arsenal. Una vez solucionado ese ítem, entonces sí podrá soñar con un nuevo título internacional, algo a lo que el Liverpool está más que acostumbrado. Ya las nubes no son oscuras, empieza a salir el sol por Anfield y el buen clima solo se podrá mantener con regularidad. Palabra que suena hasta mezquina, pero que en estos tiempos tan inestables es más que necesaria.