Este clásico de Madrid por los Cuartos de Final de la Copa del Rey no fue, como la pasada edición, una fiesta para el equipo de Carlo Ancelotti sino la confirmación de varias de sus peores pesadillas. Todos sabemos que desde su maravillosa temporada 2013/14 - y un poco antes también-, el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone se ha convertido en un equipo extremadamente competitivo que ha roto de manera definitiva el aburrido binarismo en el que La Liga se encontraba inmersa desde hacía varias décadas. Tanto el Real Madrid como el Barcelona - y todos los demás clubes de la primera división española- vieron como el siempre simpático y luchador segundo club de la capital comenzaba a mostrarse como una real amenaza. Hay algo que es indudable: con sus tácticas y su particular estilo de trabajo, el Cholo Simeone consiguió con un equipo bastante flojo a nivel colectivo - no individual pues supo tener jugadores de gran talla y renombre antes de su llegada- lo que ni el Valencia ni el Sevilla jamás pudieron. Hablo de pegar ese salto de ser el eterno equipo que lucha por entrar a la Europa League a ser número puesto en Champions League y, por ende, a pelear hasta la jornada final por el título local.
Otra cuestión que no debería levantar ninguna ceja o tomar desprevenido a nadie es que el Aleti no es un equipo que juegue particularmente bien al fútbol o que como mínimo sea ortodoxo. Es indudable que posee jugadores de enorme calidad y que - oh sorpresa- cuestan muchos millones como Arda Turán, Koke, Gabi, Godín, Griezmann, Mandzukic, Moya, Torres...E incluyo a tres figuras clave de la temporada pasada como Diego Costa, Filipe Luis y Thibaut Curtois hoy en el fantástico Chelsea de José Mourinho. Lo que a mi no me gusta de todos los equipos de Simeone, y en especial de este, es que teniendo muy buen material siempre elige ejecutar una especie de Catenaccio aggiornado a los tiempos que corren bajo el chamuyo de "hay que ser competitivos" o "el fútbol es energía" o "jugamos con el cuchillo entre los dientes" y demás pavadas que los medios del mundo celebran sin siquiera preguntarse si realmente le están haciendo un favor al fútbol como deporte. Claro que para jugar bien hay que dar todo al 100% físicamente, recordemos que hasta hace poco criticaban al Real Madrid por exactamente lo mismo que elogian al Atlético. Decían que no era un equipo de futbolistas sino de atletas y que ganaban por sus letales contragolpes y su ventaja corporal por sobre el resto de los equipos. Una boludez tamaño baño de la que nos podemos reír por varios años sin parar sin duda alguna, pero que en parte puede ser aplicada para analizar el andar de los Colchoneros desde que comenzó el ciclo de Simeone en el banquillo.
La ideología del ex número cinco de la Selección Argentina se puede resumir de la siguiente forma: líneas bien compactas con los mediocampistas casi dentro de la propia área y cubriendo todos los espacios, tenencia de balón reducida al mínimo, presión alta en los momentos clave para poder contragolpear, uso constante de las bandas, eficacia total en la pelota parada (tanto en defensa como en ataque), ensuciar el juego en el mediocampo con faltas leves pero en gran número para evitar una limpia circulación del balón en el rival, un mediapunta adelante de un único delantero punta para peinar los pelotazos frontales, ataque con pocos jugadores, defensa en bloque con los 10 jugadores de campo y una innegociable voracidad y actitud a la hora de pelear cada pelota. A todo esto se le tiene que sumar un factor clave y muy difícil de moldear: el sentirse siempre ganador en todas las canchas, el saber que pueden competir contra todos de igual a igual y que en la parte mental la victoria ya es suya de antemano. Suele formar con dos dibujos que hablan por sí solos: un 4-4-2 y/o un 4-4-1-1 completamente inflexibles en los que cada jugador posee una posición y rol fijos y debe repetirlos desde el primer hasta el último minuto sin posibilidad de realizar una acción imprevista o explotar su talento en una dirección contraria a la elegida por el entrenador. Es por ello que un jugadorazo como Arda Turán no suele formar parte del equipo titular y entra solo si se dan dos situaciones: cuando se debe salvar las papas o cuando hay que tener la pelota porque se ha conseguido el objetivo de estar arriba en el marcador con comodidad. No es necesario agregar que es la peor manera de desperdiciar a un talento exquisito e intenso como pocos en el mundo, pero vamos a decirlo para que quede bien claro. Si quieren encontrar un equipo que juega exactamente igual, con 9 defensores y un punta que espera el pelotazo, miren partidos de la Selección de Uruguay del Maestro Tabarez. Les va a sorprender darse cuenta que ambas escuadras son un calco y que poseen los mismos defectos y - pocas, pero las hay- virtudes.
La respuesta de sus fanáticos y groupies es siempre la misma: que el Cholo armó un equipo para jugarle a los grandes de su país y del mundo y que con tamaña desventaja económica es necesario abandonar el fútbol vistoso y ponerse al servicio de la "táctica pura". Y el remate viene de la mano del recuerdo de la manera en la que Mourinho le jugó al Barcelona de Pep Guardiola tanto con el Inter como con el Real Madrid, logrando a la larga obtener éxitos y superar en la "batalla táctica" al hoy DT del Bayern Munich. Primero, hay que decir que el Aleti no es precisamente un club de poco prestigio y poderío económico dentro y fuera de su país. Segundo, que el ejemplo de Mourinho se está poniendo viejo y por ende puede ser rebatido con excesiva facilidad: esos partidos específicos contra el Barcelona - tal vez uno de los 5 mejores equipos de toda la historia- fueron jugados con un pragmatismo total y sin ningún tipo de concesión hacia los que somos fanáticos del buen fútbol. No negaré que los festejé y mucho pues soy hincha del Real Madrid y del Inter de Milán desde pequeño y también soy un devoto de Mourinho. Pero esos planteamientos en exceso defensivos y que buscaban romper la paciencia de una escuadra impresionante en todo sentido, me dejaron un sabor amargo en la boca. Tercero, que el Atlético de Madrid juega igual contra TODOS los equipos ya sea el Valencia, el Madrid, el Elche o el Córdoba. Nunca varía su estilo de juego, esas dos líneas de 4 jamás se sueltan ni siquiera contra el rival más débil de todos. A cada partido asistimos a una repetición mecánica de un pragmatismo y un estilo amarrete que en mayoría de casos no se justifica, pues jugando más abiertos aplastarían a la mayoría de sus rivales domésticos y a varios de los internacionales. No en vano casi todos sus - pocos- goles son de pelota parada sin importar quien está enfrente, más allá de que también sea obligatorio elogiar el excelente trabajo en esta área que hizo el DT argentino.
Si hay algo que no me gusta son los entrenadores que teniendo gran material en sus filas eligen no jugar al fútbol. El Tata Martino siempre dijo que él cuando dirigió a la exitosa Selección de Paraguay, debió conformar un equipo que no se ajustaba a sus preferencias tácticas pero que no podía ser de otra manera porque no poseía demasiada materia idónea para su fútbol vistoso, de ataque y de tenencia de balón. Y lo que sigue es lo importante: para el actual seleccionador de la Argentina, es un pecado no desarrollar al máximo las posibilidades técnicas y tácticas de un plantel con intérpretes de muy buen pie y talento. Eso es exactamente lo que hace Diego Simeone en el Atlético de Madrid y es por ello que no me gusta, aunque en varias ocasiones ha mostrado algo distinto como en aquella Supercopa de España contra el Real Madrid a comienzos de esta 2014/15. En aquella ocasión planteó un partido más abierto y venció sin atenuantes y con mucha contundencia al equipo blanco. Fue una victoria gigante y el elogio de mi parte fue muy sincero. Es una lástima que el Cholo no haya elegido seguir por ese camino y que se haya atado a principios que ya deberían estar extintos, pero que evidentemente le traen muy buenos resultados. Aclaremos que si el Aleti está todavía en la pelea por La Liga es solamente por la irregularidad del Madrid y del Barcelona, que tuvieron muchas chances para dejarlo muy atrás pero cayeron presos de sus propias dudas y dejaron que los rojiblancos recuperasen el terreno perdido en los primeros partidos.
Una vez hecho este descargo, corresponde analizar dos partidos que tuvieron una semana de separación y que fueron idénticos. Como fanático del Real Madrid me parece muy particular y extraño que tanto Ancelotti como el equipo sufran de una parálisis fatal cada vez que deben chocar contra el Aleti. Si no me creen, miren como por lo general cada tiro libre en favor del Aleti suele terminar en gol por la estaticidad de la defensa y del portero. Tal vez esa sea la gran virtud del lado de Simeone, el haber logrado una confianza absoluta a la hora de jugar contra un rival que históricamente lo tuvo a maltraer y lo sometió a demasiadas humillaciones.
En el partido de ida, en un Vicente Calderón prendido fuego (algo que me encanta de esa afición, la pasión que tiene), el Real Madrid salió a jugar con un 4-2-3-1 que no incluía a Cristiano Ronaldo pero que ponía a James Rodríguez, Isco y Bale un paso adelante de Benzema que ofició como único delantero punta. Completaban el once inicial una línea de cuatro defensores compuesta por Arbeloa, Ramos, Varane y Marcelo, Kroos como mediocentro, Khedira como cinco y el costarricense Keylor Navas en el arco. El Aleti presentó un 4-4-2 con Oblak en portería, Gamez, Godín, Gimenez y Lucas en defensa, Gabi y Saul como doble pivote con Raúl García y Mario por las bandas y Griezmann y el Niño Torres - en su regreso oficial al club de sus amores- como puntas. Ramos tuvo la primera ocasión apenas iniciado el encuentro con un cabezazo a quemarropa que Oblak logró despejar al tiro de esquina milagrosamente. La presión del visitante fue absoluta y el balón fue todo suyo durante los primeros minutos. Kroos e Isco oficiaron de conductores desde el mediocampo pero el Atlético se pudo acomodar tras un comienzo insulso y tapó todos los caminos en 3/4 de cancha. Torres no paraba de quedar en offside en un gran trabajo de achique de los centrales del Madrid y a cada minuto que pasaba estaba claro que el lado de Simeone necesitaba tener la pelota para poder descansar un poco.
La paciencia de la Casa Blanca era total. No había vestigios de desesperación o apuro sino toque tras toque hasta poder encontrar el hueco. Tras un lindo gol bien anulado a Bale, el local salió de contra pero Griezmann chocó con un sólido Navas. De a poco el Aleti entró en su sintonía habitual y logró combinar la cerrazón total atrás con el contragolpe esporádico y peligroso y el riesgo ya clásico en cada balón parado. Los de Simeone se adelantaron bastante en la cancha, aunque su voluntad e intensidad superaban con amplitud a su claridad en cada ataque. Saul y Griezmann asustaron tras aprovechar dos regalos de los centrales, pero sus chances fueron abortadas por Navas y Varane respectivamente. Con Turan el cancha, el Aleti no reniega del juego de posesión y eso era lo que justamente requería para lograr hacer más parejo el trámite.
El pelotazo de Godín para que García se la baje al Niño Torres se convirtió en la jugada patente del Atlético Madrid. El problema para los de Ancelotti era que cuando sus jugadores llegaban a la puerta del área, se encontraban en clara inferioridad numérica. Y el cuadro se agravaba por el hecho de que Bale no jugaba por la banda izquierda. Con sus libretos, los dos se mostraban ágiles hasta 3/4 de cancha y luego ingresaban en un espesor absoluto. Lo tuvo Raúl García con un gran remate dentro del área que fue cortado por Marcelo con un timing notable; el Aleti presionaba sobre la salida para poder crear situaciones de gol y así lograba llevar peligro, aunque García al estar demasiado impreciso con la pelota no podía darle volumen en el medio a un equipo sin extremos.
El partido estaba en el terreno fangoso que le encanta a Simeone y esto se empezaba a notar en el hecho de que James e Isco estaban muy bien tapados y que Kroos se mostraba extrañamente impreciso y fastidioso. Parte de la lentitud del Madrid se debía que el 4-3-3 es un dibujo que le sienta mucho mejor, pues allí logra combinar la explosión con la pausa a la perfección. Con este 4-2-3-1 era dominante en la posesión pero no lograba ser veloz en el tramo final del recorrido. A los Colchoneros les sobraba para mantener lejos a los delanteros presionando sobre el centro del campo y cerrando las bandas para que el tránsito confluya hacia el embudo propuesto. De a poco, el visitante empezaba a mostrar mucho fastidio porque los caminos no aparecían por ningún lado y por las consistentes faltas que cometía en el mediocampo para evitar el toque fluido y prolijo.
Los segundos 45' comenzaron con un Real Madrid fulminante y dispuesto a atropellar a su rival. Una buena combinación entre Marcelo e Isco terminó con un pase del volante para James y en un cruce salvador de Gimenez cuando el colombiano definía ante Oblak. Torres logró peinar una pelota y dejó solo a Griezmann que desvió su remate por arriba; jugaban a la uruguaya, pero el peligro no por ello era inexistente. Isco tenía la batuta en el cuadro visitante y ya contaba con muchos más espacios para recorrer y abrir hacia los costados. El partido entraba en una nueva fase, pues el Aleti rompía por unos instantes el cerrojo cerca de su arco. Bale lo tuvo a los 51' con un pase lujoso a la red tras un centro de Marcelo, pero el esférico no quiso entrar y se fue rozando el palo. Ancelotti lucía satisfecho, pues su equipo había recuperado la autoridad y la velocidad de los primeros 25' de juego. Control cerca del área, mucha profundidad en cada ataque y los extremos bien abiertos y sueltos.
En esta parte, el Aleti se encontró cercado y solo fue salvado por Oblak que un buen día decidió salir a cortar centros para ahorrarle varios disgustos a sus compañeros. Pero tras un contragolpe letal del Aleti salvado por Varane gracias a un pésimo centro atrás de Raúl García, este mismo fabricó un penal usando con mucho oficio y viveza su cuerpo. Si buscan una analogía, recuerden el penal que le cobraron a Brasil contra Croacia en el Mundial. No hubo contacto casi, no fue ni lo que en la juerga se denomina "mancha", pero el árbitro compró y el Vicente Calderón estalló. Agua bendita para un equipo que la estaba pasando muy mal y que perdía por afano la batalla táctica. Gran definición de García para el 1-0 y una ventaja inmerecida sin duda alguna.
Acto seguido, el Niño Torres se retiró de la cancha ovacionado y en su lugar entró Koke. El Cholo buscaba cerrar el mediocampo definitivamente para no perder la ventaja y sacaba a su delantero mimado, que había tenido un mal partido pero había sido clave en la recuperación previa a la jugada del penal. El rojiblanco se plantaba ya para jugar de contragolpe, con un 4-5-1 bien marcado y continuó con sus patadas y sus intentos de que el rival ingrese en la telaraña. De aquí en más, asistimos a un duelo desigual en el que un Atlético muy agrandado, envalentonado y con una energía más que envidiable - todo dentro de un mal partido, algo que lo hace más elogiable aún- se llevó puesto a un rival que se paralizó. Ronaldo ingresó por James y así quedó el Madrid con su 4-3-3 habitual, pero ni así daba la sensación de que el Aleti iba a desmoronarse.
Turán entró por Saul para recuperar el balón. El mago de la otra mitad de Madrid entraba y el esquema volvía a ser un 4-4-1-1 con él como enganche, liberado de toda función de marca, delante de Griezmann. La pelota siguió en los pies del rival, pero psicológicamente el golpe había sido demasiado duro. La piedra en el zapato del Madrid le llaman a este laborioso equipo y creo que tienen toda la razón del mundo. Bale so mostraba como el delantero más punzante de la BBC, pues Ronaldo y Benzema se retrasaban demasiado para buscar la pelota y no conseguían llegar al área.
La pausa llegó unos minutos después: Turán se hizo de la redonda y no la soltó nunca más. El equipo por fin pudo descansar y comenzó a mostrar asociaciones un poco más interesantes. Mandzukic ocupó el lugar de un extenuado Griezmann y Jesé entró por Benzema, en dos cambios que buscaron refrescar piernas y ganar velocidad en los metros finales. El segundo gol llegó de la mano del siempre nocivo "laboratorio de la pelota parada" con el que Simeone destruye a sus contrincantes. Lanzamiento de esquina perfectamente ejecutado por Gabi y un frentazo muy bien colocado por Gimenez para cerrar el partido con un 2-0 implacable. El pánico de los centrales ante cada balón que llueve sobre el área es tal que a cada una de ellas se la debe considerar medio gol siempre.
Mientras Kroos no paraba de errar pases, mostrando que es humano y que una vez cada mil puede fallar, Arbeloa cruzó muy mal a Gabi en una patada que mereció roja directa. Zafó por obra y gracia del árbitro que decidió compensar por el penal del primer tiempo. La bronca en los jugadores del Madrid era total, impotencia pura porque con muy poco - y sin merecerlo demasiado- el Aleti había sacado una diferencia importante. Jesé e Isco presionar hasta el final sin parar, pero fueron comidilla para Godín y Gimenez, dos especialistas para estos momentos de desesperación. Los cinco minutos de adición estuvieron demás y el Aleti se llevó un 2-0 demasiado abultado en comparación con lo que se había visto en la cancha.
Para el choque de vuelta en el Santiago Bernabeu, con una previa lamentable del Diario AS que indignó a todo el mundo - y más a los madridistas en serio-, las cosas cambiaron desde lo táctico. Simeone puso un 4-2-3-1 con el objetivo de ser un poco más largo que en el partido anterior: Oblak; Juanfran, Miranda, Godín, Siqueira; Suarez, Tiago; Raúl García, Griezmann, Koke; Torres. Este equipo se asemeja en nombres al que pone todos los fines de semana por Liga y en los choques de Champions League y sin dudas que es mucho más osado. No varía la idea madre, pero al menos es un poco más suelto en lo referido a la ocupación de espacios y el uso que se le da a la pelota. Ancelotti puso también a gran parte de su formación titular y regresó al 4-3-3 para dar vuelta la serie: Navas; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; Isco, Kroos, James; Bale, Benzema, Ronaldo. El doble cinco quedaba en el pasado y se volvía al mediocentro clásico y a los dos extremos bien adelantados para asistir a la BBC.
Es extraño explicar este enfrentamiento, porque aquí la superioridad del Real Madrid a lo largo de los 90' fue demasiado clara. El gran problema que tuvo fueron dos horrores defensivos al comienzo de cada tiempo que lo liquidaron desde todo punto de vista. A los 41 SEGUNDOS, Griezmann le ganó en velocidad a un Pepe que salió muy tranquilo hasta la mitad y abrió para Torres que convirtió un golazo antes del primer minuto. Era el 1-0 en una gran definición del Niño, el primero suyo con la del Aleti en este estadio, en una jugada a pura potencia cuando el local se estaba acomodando en la cancha. Un error imperdonable que por suerte no desmoralizó al equipo blanco. Torres había salido al campo de juego solo por la gripe de Mandzukic, lo que marcaba que esta noche iba a ser muy especial para él.
De aquí en más, el Aleti se refugió en su campo de juego en una secuencia idéntica a la del juego previo. 30 metros atrasado como mínimo, con el Madrid golpeando sin parar sobre los dominios de Oblak. La pelota era toda de los de Ancelotti que eran profundos y buscaban por arriba y por abajo sin parar. Kroos tenía el dominio de todas las acciones y se mostraba preciso y punzante como suele hacerlo. Un centro suyo y una pésima salida de Oblak le dieron a Sergio Ramos la posibilidad de marcarle una vez más al Atlético y decretar un 1-1 que daba esperanzas pero que solo marcaba un camino que parecía demasiado largo. La superioridad física y táctica del Madrid era clara, hasta mucho más que en el cotejo de ida, pero los centrales de enfrente se cansaron de cortar y rechazar cuanta jugada de peligro caía sobre el área. Más de 38 centros, todos precisos y picantes, llovieron en estos primeros 45' en los que Godín a su terminó seguramente pidió un cambio de cabeza.
Isco estaba encendido y todo lo que pasaba por sus pies se convertía en oro. Hasta los pases más cuadrados e imprecisos terminaban en una gambeta y una devolución de lujo. El estadio deliraba con un enorme crack que está destinado a ser el líder - si ya no lo es- de la nueva generación de la Selección Española. Las duplas que armaba con Kroos en defensa y con James en ataque eran extremadamente efectivas e incomodaban a los de Simeone, que se sabían con ventaja pero no aflojaban a pesar de estar siendo superados.
Cuando todo hacía pensar que la remontada podía llegar, el segundo balde de agua fría cayó sobre el Santiago Bernabeu. Apenas 30 SEGUNDOS después de comenzada la segunda mitad, Ramos trató de salir con un pelotazo cruzado y le regaló la pelota a Griezmann una vez más. El francés avanzó y cedió de nuevo en un deja vu para Torres que enganchó muy bien, hizo pasar a Pepe y definió por debajo de las piernas de Navas. Un 2-1 increíble en el peor sentido que se le puede adjudicar a esa palabra. A los 53' el Real Madrid respondió con una buena apertura de Marcelo para Bale - previo armado de Kroos- que lanzó un centro para Ronaldo. Anticipo perfecto del Balón de Oro para dejar parado a Oblak y poner tablas de nuevo. El 2-2 dejaba al local un poco más cerca, tres goles debía meter ahora, pero lo que se podía sentir en la atmósfera era que las cosas no iban a cambiar demasiado.
Si bien los de Ancelotti siguieron con la pelota por un rato más y contaron con algunas chances de la mano de un Isco muy movedizo y centrado, el Aleti entró en la zona que más le gusta. El partido se volvió a trabar en el medio y de a poco aislaron a la joya española que veía como la BBC le quedaba cada vez más y más lejana. Fue blanco de todas las patadas y se ganó una ovación cuando golpeó a Gabi sobre el final cuando ya todos estaban pasados de revoluciones. Torres fue silbado por todo el estadio cuando Turán ingresó por él y se abrazó con el Cholo tras un partido consagratorio. El Aleti ganó posesión total de la pelota con el turco y se la pasó tocando de lado a lado sin parar mientras los rivales corrían sin parar. Los roles se invirtieron y ese empuje inicial tras el empate de Ronaldo se diluyó muy rápidamente.
No fue derrota literal en esta pequeña batalla, pero la guerra estaba perdida. Ancelotti dejó el césped con cara de pocos amigos tras saludar a Simeone, tal vez sin entender por qué había caído en una serie en la que de un total de 180' su escuadra fue claramente superior por lo menos en 150'. Un partido y medio de ventaja en lo referido a la táctica, el físico y el juego le había sacado el Real Madrid a su eterno enemigo, pero el resultado final (un 4-2 amplio) era más que categórico. Los números hablan por sí solos, no hay más excusas para el entrenador italiano. Deberá esforzarse para sacarse la modorra y la indignación cada vez que juega contra el Aleti y lograr transmitir este progreso a una plantilla que también en estos partidos es presa de sus propios fantasmas (es decir, se auto boicotea). El trabajo psicológico que ha llevado adelante Simeone evidentemente ha colocado a los suyos por encima de casi todos sus rivales en la parte mental y ese es uno de los ingredientes principales para el éxito de un entrenador y de un sistema que no me gustan ni me gustarán. Aunque no por ello no pueda elogiarlos sin ningún tipo de complejo si es que lo merecen. Con sus ventajas y sus desventajas - y dejando de lado las preferencias personales- es obvio que el Atlético de Madrid se ha convertido en un muy buen equipo. Más allá de estas verdades, en cada partido hay que tratar de ser lo más objetivo posible siempre, despojarse de los fanatismos y analizar solamente lo que se ve. Estos dos particularmente no fueron lo mejor de la Era Simeone y creo que pocos podrán rebatir esta afirmación si vuelven a observarlos. Pero si quieren intentar, están más que invitados, mis argumentos están en los párrafos que componen esta entrada. Que se abra el debate.


























