martes, 22 de diciembre de 2015

Barcelona 3 - River Plate 0: Una paliza sin atenuantes; La manita del mejor equipo del mundo



Luego de una sufrida e injusta victoria frente al Sanfrecce Hiroshima - que terminó tercero en el Mundial de Clubes, tras vencer al Guangzhou Evergrande- River llegaba al partido con el que soñaba desde el momento en el que obtuvo la Copa Libertadores. Seis meses habían pasado, un periplo sin dudas lleno de ansiedad y emoción, pero también donde se vio el deterioro final de un equipo que de a poco se fue desarmando y que, en base a rendimientos que bajaron y otros que nunca pudieron arrancar, terminó por perder lo poco que le quedaba de su identidad futbolística. A saber: la capacidad de atacar y defender en bloque, su vocación ofensiva y el trabajo de presión alta constante para llegar al arco rival en pocos pases. Tres cuestiones esenciales para entender al ciclo de Marcelo Gallardo desde aquella Semifinal contra Boca Juniors por la Copa Sudamericana 2014 llegando al día de hoy. Muy inteligente, el entrenador de River sabía que este partido ante el Barcelona significaba el final de un ciclo. Con las salidas de Carlos Sánchez y Matías Kranevitter - y varios referentes más con ofertas- se terminaba un tramo muy exitoso en la historia del club, que dejaba sin dudas el terreno bien arado para poder iniciar con la refundación que - de la mano de los que se quedan y con los refuerzos que lleguen- logre mantener al equipo en un umbral de competitividad muy alto.

Con el constante repiqueteo de todos los periodistas que creen saber algo de fútbol (la famosa final de Estudiantes en 2011, la peor de las analogías posibles), pero bien gracias, River llegaba a esta Final con el equipo y el esquema muy en claro tras el fallido encuentro previo. Gallardo decidió volver al 4-4-2 con el que logró corregir el rumbo tras el primer bajón en el juego de su ciclo para terminar ganando la Sudamericana y la Libertadores con una versión más pragmática y luchadora. La apuesta era por la solidez en el mediocampo, presionando a los tres volantes del Barcelona y con los delanteros siempre apretando sobre la salida por abajo de los Culés. El once inicial fue el siguiente: Marcelo Barovero; Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Eder Álvarez Balanta, Leonel Vangioni; Carlos Sánchez, Matías Kranevitter, Leonardo Ponzio, Tabaré Viudez; Rodrigo Mora y Lucas Alario. Lo dicho, con Viudez - de buen ingreso ante el Sanfrecce- y Sánchez bien abiertos, Mercado y Vangioni como apoyos en ataque pero más contenidos para evitar filtraciones por los costados, los centrales cerca de Kranevitter, Ponzio un poco más suelto siempre encima de Iniesta y la dupla Mora-Alario arriba, con el uruguayo teniendo que regresar siempre para armar el 4-5-1 en cada retroceso.

Enfrente estaba el todopoderoso - y más terrenal, aunque usted no lo crea- Barcelona de Luis Enrique que tras haberle ganado a cuarto de máquina al Guangzhou Evergrande por 3-0 (triplete de Luis Suárez) sin la presencia ni de Neymar ni de Messi, esperaba ya con las otras dos patas de la famosa MSN recuperadas y listas para conseguir el quinto título de este ciclo (Liga BBVA, Copa del Rey, Champions League y Supercopa de Europa). Uno que comenzó con problemas entre Messi y Lucho, con muchas dudas en lo táctico - recordar los 20 equipos diferentes en 20 jornadas- y con un estilo que no lograba asentarse en un plantel siempre complicado y muy cerrado sobre sí mismo. Pero el ex jugador del Barcelona y el Real Madrid logró encontrarle la vuelta a lo táctico, dejar su ego de lado - Messi hizo lo propio- y luego del recordado desastre en Anoeta (0-1 con la Real Sociedad) donde hasta se habló de la partida de Lio del club, se terminó con un triplete histórico y arrollador. Para lograrlo, el entrenador logró combinar la línea histórica de La Masia con el mejor y más preciso fútbol de contragolpe, algo a lo que fue llevado por las características de sus volantes y delanteros que son ideales para este tipo de juego. Siempre a la ofensiva, pero no por ello sin cautela, el gran problema de este Barcelona era una defensa donde Piqué y Mascherano hacían lo que podían y sufrían horrores sobre todo cuando el mediocampo no lograba jugar bien ni contener al rival, pero hace varios meses que hasta ese problema no parece tan grave y está al borde de ser solucionado de forma definitiva. Claro que, todo esto, ante rivales que a pesar de lo dispareja que es la Liga BBVA, son mucho mejores en lo que refiere a lo futbolístico y lo organizativo que cualquier club de Sudamérica. Lo económico es relevante, pero no es ninguna excusa válida: sabemos que el Barcelona es una multinacional más que millonaria como el Real Madrid, el Bayern Munich, la Juventus y demás gigantes de la historia del fútbol. Pero la diferencia está en la idea de juego y en la calidad del trabajo para desarrollarla, algo de lo que estamos a años luz de distancia lamentablemente. Tomemos como ejemplo al Athletic de Bilbao, que vapuleó a este Barcelona en la Supercopa de España y que posee uno de los mejores planteles del mundo hace ya varios años. Sin nombres rutilantes en lo comercial, siempre armando planteles dentro del País Vasco, con una cantera notable, con una línea de juego centrada en el orgullo por la camiseta, el buen trato del balón y el arco de enfrente como único horizonte. Cuando uno analiza este caso particular, hay varios lugares comunes que de inmediato quedan descartados pues la realidad es mucho más fuerte que cualquier devaneo teórico.




No hubieron sorpresas a la hora de conocer el once inicial del Barcelona: Claudio Bravo; Dani Alves, Gerard Piqué, Javier Mascherano, Jordi Alba; Iván Rakitic, Sergio Busquets, Andrés Iniesta; Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar. Prácticamente el mismo equipo con el que habían ganado todo entre la pasada temporada y lo que va de la presente, con la idea de siempre, la cual ya hemos debatido y descripto aquí muchas veces. Lucho sabía que River iba a jugar siempre en bloque, tratando de pegar sus dos líneas de cuarto y presionando bien alto tal como lo hiciese el Deportivo La Coruña en su más reciente partido de liga.

El partido comenzó con River presionando bien alto, con algo de cautela y sin pasar al ataque cada vez que podía tomar contacto con la pelota. El Barcelona ni se inmutó y se mantuvo fiel a su libreto: salida prolija por abajo, elaboración progresiva hasta el mediocampo y búsqueda de los delanteros con pases filtrados en largo a espaldas de los centrales. Ponzio por el momento no salía a marcar, oficiando él de mediocentro para no quedar a contrapierna en cada avance del rival. La marca no era personal en ninguna zona del campo de juego, pero el ex Zaragoza buscaba quedarse cerca de Iniesta, Kranevitter de Busquets y Viudez y Sánchez de los laterales para prevenir sus subidas.

La primera conexión en tres cuartos fue entre Messi y Dani Alves, pero el pase al medio del brasileño no fue nada bueno y terminó despejado por Maidana. La idea de Gallardo era salir en largo, pero Mascherano y Piqué no mostraban ninguna grieta a la hora de rechazar los pelotazos que caían en su zona. Kranevitter estaba activo y preciso como pocas veces en este semestre, siempre tratando de armar juego en el círculo central y abriendo bien la cancha con las corridas de Viudez y Sánchez que por ahora eran el factor desequilibrante de un River aplicado en lo táctico. 

En tan solo 6', River había hecho un enorme desgaste frente al nulo que realizaba el Barcelona, que se limitaba a mover la pelota con tranquilidad y a recibir muchas patadas de un mediocampo que estaba siendo superado con muy poco. Las dos líneas de cuatro del Millonario estaban bien juntas y por el momento no exhibían ninguna grieta para que los lanzadores, Rakitic e Iniesta, lograsen colocar el balón en zona de golpeo para los tres delanteros. La MSN se movía sin parar, con Messi y Neymar intercambiando puntas y Suárez haciéndole la vida imposible a Maidana y a Balanta que no lograban seguirle el paso cada vez que arrancaba. 

Una gran jugada de Suárez por la banda terminó en un centro atrás que, luego de varios intentos de rechazo, fue rematado por Iniesta pero demasiado mordido por lo que le dio tiempo a la defensa para poder bloquearlo. De a poco, el Barcelona encontraba espacios y se soltaba, con los laterales jugando como exteriores y los tres interiores bien cerrados en el mediocampo para crear juego. Pasando los 10', Suárez le bajó una pelota perfecta a Messi y su bombazo a quemarropa fue tapado por un defensa milagrosamente. El rebote quedó en los pies de Iniesta, que con una genialidad entre los dos centrales, dejó solo al astro argentino ante Barovero y el portero con una buena tapada yendo hacia la derecha evitó que el misil que salió del botín de Messi se convirtiese en el primer gol de la noche japonesa. 

Iban tan solo 12' de juego y el Barcelona dominaba el encuentro sin pasar por ningún sobresalto, plantado en tres cuartos de campo ante un River que ya dejaba espacios y no presionaba con tanta fiereza en el mediocampo. En las pocas que lograba superar la línea de volantes del rival, los jugadores de River - sobre todo Sánchez- mostraban muchas imprecisiones por lo que se hacía imposible pensar en un gol o una jugada de peligro. Mientras tanto, Messi jugó un gran balón a espaldas de los centrales para Suárez y Barovero anticipó muy bien con los pies. 

Los de Luis Enrique eran paciencia pura, jugando siempre por abajo, haciendo fácil lo difícil, pues jugar contra un equipo que solo piensa en bloquear la cancha y no perder antes que todo lo demás  no es nada simple. Gallardo veía como su equipo estaba cada vez más acorralado, pero parecía conforme con el hecho de no haber recibido un gol en contra aún. La esperanza residía en el Viudez o Sánchez pudiesen salir en velocidad con espacios vacíos en algún contragolpe, tratando de sacar ventaja de que el Barcelona por su propuesta ofensiva siempre juega adelantado.




Los catalanes metían pierna fuerte cuando había que hacerlo, en el tramo más luchado en el mediocampo del partido, derribando ese mito de que en Europa no se marca fuerte ni hay golpes. Lo que hay es mayor precisión general para quitar el balón y árbitros bastante menos permisivos que lo que acostumbramos en América del Sur. Si River pensó que podía pasar por encima al Barcelona pegando patadas al por mayor, los Culés se encargaron de dejarle en claro que eso no iba a suceder llegando Rakitic y Jordi Alba a pegar sin tapujos.

El duelo entre Balanta y Suárez era parejo visto desde lejos, pero el colombiano nunca podía anticipar al uruguayo. A veces el delantero se quedaba sin apoyos, por lo que debía aguantar más tiempo la pelota y la jugada se terminaba diluyendo con el retroceso de todos los jugadores de River, Alario incluido. En una buena jugada, Rakitic abrió perfecto para Neymar con toda la defensa rival a contrapierna, el brasileño ganó muy bien en el uno a uno contra Mercado y tocó corto con Messi dentro del área. El diez se la devolvió de primera pero su socio no pudo llegar a rematar de cara al arco, todavía un poco atado debido a su reciente lesión en el aductor.

Con todos sus jugadores de campo plantados dos pasos delante del área, River seguía haciéndole las cosas difíciles al Barcelona en lo que refería a la circulación y la dinámica en tres cuartos. Nada demasiado sofisticado, algo lógico pues cuando un equipo se amontona cerca de su arco pasan varios minutos hasta el que rival logra o no encontrar la llave para abrir el cerrojo. El Barcelona dominaba el partido más allá de esto, jugando con mucha intensidad y siendo el dueño de todos los sectores de la cancha.

Las bandas comenzaron a ser terreno franco para los laterales y delanteros debido a que su contrincante estaba tratando de encontrar algo de aire y piernas ya cerca de la primera media hora de partido. La defensa de los blaugranas no tuvo problemas en seguir repeliendo cada aproximación de los de Gallardo, anticipando a los dos delanteros que a cada minuto estaban más aislados del resto de sus compañeros. Neymar recibió de Iniesta por el costado, cambió de frente al vacío y Dani Alves remató cruzado de volea con sobrepique a las manos de Barovero.

En una de las situaciones más razonables de River, Mora logró superar a su marcador y desperdició una jugada que pedía un envío al área con un disparo flojo que Bravo detuvo sin moverse siquiera. Viudez era lo único rescatable de River en fase ofensiva, moviéndose por todo el frente de ataque, abriendo con criterio la pelota - más que nada con Sánchez- y tratando de sorprender apareciendo en algunas jugadas por la nave central de la cancha. De pronto, los de Gallardo se encontraron con otra situación clara de gol: Alario ganó en el vértice del área una pelota dividida y sin pensarlo dos veces trató de colocar la pelota cerca del palo derecho, aunque sin generarle complicaciones a un atento Bravo.

Los argentinos pegaban sin parar en el círculo central para cortar el juego, señal de que estaban completamente agotados cuando corrían 32' en el reloj. Messi estuvo cerca de abrir el marcador con un muy buen tiro libre que picó dentro del área chica y logró confundir a Barovero, que pudo mandarla al tiro de esquina con mucha suerte. Y a los 35', el Barcelona derribó el muro a puro fútbol: Neymar jugó bien abierto con Dani Alves, el brasileño centró al punto penal, Suárez bajó la pelota con mucha facilidad y Messi hizo el resto. Control magistral en un solo movimiento - lo del brazo fue natural, no la quiso acomodar-, superó a Maidana como si fuese un cono de entrenamiento y definió de cachetada ante la salida desesperada de Barovero que nada podía hacer. Era el 1-0, resultado muy merecido pues el único que estaba jugando era el campeón de la Champions League, infinitamente superior a un River que más allá de la presión alta de los primeros 10' no había propuesto nada más ante el toque, la intensidad y voracidad de la escuadra de Luis Enrique. 

De inmediato, Rakitic habilitó con un pase entrelíneas a Suárez, que llegó hasta el fondo y lanzó un centro atrás salvado por Barovero con los pies. El Millonario ya estaba desarmado y completamente agotado, dejando una multitud de espacios, unos que se abrieron gracias al excelente trabajo del Barcelona y a la enorme diferencia tanto en nombres como en idea de juego y ejecución de esta. La última jugada de la primera parte la tuvo Luis Suárez una vez más, pero tras una gran pelota en cortada de Messi, definió muy mal ante la salida de un ya vencido Barovero y privó al Barcelona de una ventaja que tenía que ser mucho más grande hacía largo rato.




Para los segundos 45', Gallardo decidió cambiarle la cara a un equipo que solamente había atinado a aguantar el resultado y no había parado de sufrir en un primer tiempo que no fue tan parejo - ni mucho menos- como todos los jugadores y periodistas argentinos declararon una vez finalizado el partido. Se había visto a un River sin identidad futbolística con un libreto que apenas si pudo sostener, pues sus intérpretes salvo Balanta, Barovero y Viudez - aprobados y solo eso- no habían estado a la altura de lo que este partido requería. Salieron del campo de juego Ponzio (amonestado luego de cuatro infracciones al límite, como siempre llegando tarde a todas las jugadas) y Mora, de intrascendente partido (clave en todo este ciclo, fallando en el momento donde más se lo necesitaba) e ingresaron Lucho González y Gonzalo Martínez. El objetivo era ganar creatividad en el mediocampo con el ex Porto y Marsella y darle a Viudez un acompañante para explotar en los metros finales tanto por el centro como por las bandas con el ex enlace de Huracán. 

Lamentablemente para el entrenador de River, su plan duró menos de cinco minutos. Si bien aprovechó la frescura de los recién ingresados para presionar alto otra vez y acercarse a los dominios de Bravo, ninguno de los envíos al área fue preciso ni peligroso para Piqué y Mascherano. Todo se fue normalizando de a poco y a los 48', Sánchez no pudo ante Busquets luego de haber recuperado la pelota, Iniesta jugó de primera para Suárez en largo y el killer del área definió por debajo de las piernas de Barovero tras haber superado a Balanta en la puerta del área. Era el 2-0 que llegaba con un verdadero golazo, uno que mostraba la cara contragolpeadora de un Barcelona impecable. 




Los de Luis Enrique siguieron tocando de lado a lado ante un River muy desconcertado, desorganizado y ahora completamente abierto que hacía lo que podía. Messi jugó para Neymar en vertical, este se la devolvió hacia atrás y el argentino disparó flojo a las manos de Barovero cuando la jugada pedía pase para Suárez que esperaba solo en el punto penal. Con pasillos abiertos por todos lados, el Barcelona se divertía merced de la velocidad de la MSN y de los pases magistrales de sus ahora tres lanzadores, con la mesa servida para convertir el tercer gol.

Rakitic abrió con Neymar, el brasileño jugó rápido al medio con Messi y este eludió a la carrera a dos defensores para terminar definiendo con Barovero muy encima. La pelota rozó en el portero y solo por eso Maidana logró recomponerse y despejar sobre la línea bien lejos. Gallardo agotó variantes con la entrada de Driussi en lugar de Viudez para buscar mayor peso en el área, pero el desarrollo del partido no varió con la inclusión de un segundo delantero. La paliza de los Culés se estaba concretando, con la defensa de River saliendo muy tarde y de a uno, no en bloque como en los primeros minutos del partido. Neymar protagonizó la gran jugada del partido, con un lujo tras otro desde el mediocampo para dejar atrás a medio equipo rival y justo antes de definir dentro del área fue cruzado de manera sensacional por Balanta. 

Rakitic en la primera mitad había sido el primero en ponerse el overol y ahora tenía el saco bien ajustado, sirviendo como salida a su equipo y muy activo en zona de golpeo para buscar espacios para rematar o jugar a espaldas de los centrales. Messi y Neymar armaron una gran pared y la definición de Lio se fue apenas ancha, salvándose nuevamente River en una ráfaga tremenda del Barcelona apenas 5' después de haber convertido el segundo gol. 

Neymar habilitó muy bien a Suárez que encaró a Barovero pero no pudo con la inteligente cobertura de Trapito que pudo alejarlo del arco y bloquear su disparo rasante. El enlace de Brasil tomó la pelota cerca del área en la jugada posterior y su disparo salió apenas por arriba del travesaño ya llegando a los 57' de juego. Luis Enrique decidió sacar del campo de juego a Rakitic debido a que estaba amonestado y el choque estaba muy picado en el mediocampo, con los volantes de River pegando otra vez y buscando hacer reaccionar a los rivales para que el árbitro saque alguna tarjeta roja. En su lugar ingresó Sergi Roberto, una garantía a la hora de mantener la posesión y también muy flexible para cumplir un rol preponderante en ataque y en defensa. 




Cuando el reloj marcaba 68', la goleada se consumó: Alba ganó a pura velocidad por la banda, tocó con Suárez, que envió un buen centro para Neymar, despejado con el último esfuerzo por Vangioni. En la continuidad del juego, Messi tomó la pelota cerca de la medialuna, juntó marcas, puso el freno y limpió para Neymar hacia su izquierda. Este centró al espacio vacío a espaldas de Balanta y Suárez picó, ganó arriba en soledad y colocó el balón a contrapierna de Barovero con un cabezazo tan sutil como imposible de atajar. La locura se desató en el banquillo del campeón de España, que así le ponían el broche a otra gran Final. El 3-0 era más que ilustrativo de lo que había sido el trámite para un Barcelona que ni en los momentos donde los espacios no aparecían se llegó a traicionar siquiera un poco. Metió y ganó la pelea en el mediocampo en los minutos iniciales y de allí en adelante administró la pelota con mucha calidad, rotó posiciones a todo momento, se adentró entero en campo rival y no paró de atacar hasta conseguir una diferencia más que abismal que, de haber estado más precisos los tres delanteros, podría haber sido muchísimo mayor.

Los jugadores de River, vencidos en el espíritu desde el segundo gol y liquidados en lo futbolístico desde el vamos, no presionaban más en el mediocampo por lo que el rival tocaba con mucha tranquilidad esperando la ceremonia de premiación. En una de las pocas jugadas que pudo construir, Kranevitter abrió con Vangioni, este siguió con Martínez por la banda y el centro del enganche fue enviado al tiro de esquina por un muy seguro Piqué casi bajo el arco. Alario, en medio de la lluvia de pelotazos y centros al área sin destino, quedó cerca de marcar pero Bravo pudo con su muy buen cabezazo y mandó la pelota por encima del larguero.

Lucho veía como sus dirigidos no paraban de atacar y para los diez minutos finales sacó a Mascherano y puso en su lugar a Vermaelen. A los 83', Alario volvió a imponerse en el área pero su cabezazo tras un tiro de esquina se fue demasiado ancho sin preocupar a Bravo. Un minuto después, el Pity Martínez ensayó la mejor jugada de River en todo el partido: desde el vértice derecho, recortó hacia el medio y con un tremendo latigazo cruzado forzó a Bravo a una estirada inhumana para rozar la pelota y que esta termine impactando en el palo antes de salir por la línea de fondo. 

Messi volvió a dejar solo a Neymar a poco del final, pero Maidana se la llegó a pellizcar con lo justo y evitó la cuarta conquista de la noche. Mathieu entró por Neymar, de gran segundo tiempo luego de un primero donde estuvo pensando más en su lesión que en jugar, algo lógico cuando un profesional se recupera en un plazo demasiado corto. Martínez, el más revoltoso de River junto a Viudez, intentó con otro disparo - ahora a colocar- pero Bravo solo tuvo que poner las manos para atrapar un balón que le llegó manso. El chileno volvió a ser requerido en un centro picante del mismo Martínez tras un desborde a pura habilidad que fue interceptado con mucho aplomo por el portero. 




Llegó el pitazo final, con las dos caras del fútbol: la alegría del Barcelona por su quinto título de esta temporada y la tristeza de River por no haber cumplido con su sueño, con ese que lo desveló por más de seis meses y que se resumió en una lección de fútbol. Sin dudas que los de Gallardo lucharon por un buen rato con valentía, pero eso no es jugar de igual a igual sino aguantar, salir a no perder por sobre todas las cosas. Se puede criticar a Marcelo Gallardo por haberle tratado de dar algo más de posesión y velocidad a su equipo con los cambios antes de que inicie la segunda mitad, pero al menos intentó salir a atacar para encontrar un empate que nunca estuvo a tiro. River sostuvo el cero por más de media hora con las manos de Barovero, la mala puntería provisoria de los tres fenómenos que tiene arriba el Barcelona y diez hombres apostados un par de pasos delante de su arco. No hay nada demasiado elogiable ni rescatable en esa actitud y las excusas que ponía el comentarista - eso de que lo que le sucedió a River le pasa al 95% de los equipos que enfrentan a los Culés- suenan demasiado baratas y gastadas. El Millonario nunca debió haber llegado a la Final, pues fue superado por el Sanfrecce Hiroshima en las Semifinales, tal cual lo fue por casi todos los equipos - salvo Crucero del Norte y Nueva Chicago, siendo muy generosos- desde que ganó la Copa Libertadores. Los grises que se vieron durante todo este año, pero que fueron maquillados hasta el corte por la Copa América con actitud y la famosa suerte del campeón, se convirtieron en negros absolutos en el Mundial de Clubes. El Barcelona jugó un gran partido, se apegó a su noble idea futbolística y, hasta regulando durante varios tramos, aplastó a River sin ningún tipo de atenuante. 

Lo dijo el mismo Gallardo: este ciclo se terminó. Fue un año y medio lleno de alegrías, donde la cantidad de títulos obtenidos no fue de la mano de una evolución en lo táctico y la ejecución de la idea sino más bien todo lo contrario. A medida que pasaban las semanas, el equipo jugaba peor y se llenaba de dudas, pero la excusa de tener la cabeza en Japón y las copas amortiguaron todo tipo de crítica externa demasiado incisiva. El plantel ha quedado completamente desarmado - piensen que ya era corto de por sí- y se necesitan varios refuerzos y una renovación total en lo referido al esquema de juego y a la base sobre la cual trabajar cada partido. Sin dudas que este River no va a dejar de atacar y de intentar jugar por abajo, dos premisas clave para Gallardo, pero lo que se verá de aquí en adelante va a ser diferente a las varias caras exhibidas durante esta "primera fase". Esperemos que lo que se encuentre en el horizonte sea más bien parecido a aquel fantástico y emocionante inicio de ciclo, cuando River jugaba realmente bien al fútbol, porque si no va a ser casi imposible repetir lo hecho hasta aquí. 

Párrafo aparte para el imbécil que escupió a Messi en el aeropuerto y para todos los hinchas de River que lo silbaron a él y a un ídolo del club como Mascherano, increpándolos porque simplemente hicieron su trabajo como dos profesionales. Salud al Barcelona, que tras varios meses de irregularidad ha logrado encontrarse  - con otro estilo al de los Dream Team de Cryuff y Pep Guardiola, pero sin perder la esencia de La Masia- nuevamente con el muy buen juego (arrollador y vistoso) y que completa de la mejor forma posible la manita en un 2015 que ha sido inolvidable para ellos. Todos los demás, hasta nuevo aviso, por el momento siguen mirando desde abajo al nuevo Campeón del Mundo.  

 





miércoles, 16 de diciembre de 2015

River Plate 1-Sanfrecce Hiroshima 0: Hora de reinventarse; Un triunfo sin luz



Luego de tanta espera, de tanta ansiedad y emoción acumuladas, River Plate llegó al día del debut en el Mundial de Clubes 2015. Con más de tres semanas sin competencia oficial y habiendo estado entrenando con solo este torneo en la cabeza tras un semestre malo en lo futbolístico y regular en los resultados - lo salvó a medias el alcanzar a los tropezones la Semifinal de la Copa Sudamericana ganándole con muchafortuna a rivales en exceso inferiores-, era de esperar que su performance ante el Sanfrecce Hiroshima fuese como mínimo interesante. Más considerando que en los últimos 14 días el equipo japonés (que ganó 3 de los 4 títulos en juego en su liga) disputó la delirante cantidad de cinco partidos. Dos de ellos fueron entre finales de la semana pasada y comienzos de esta, pues a diferencia de River, Barcelona y el América de México (CONCACAF entra directo en Cuartos) tuvo que jugar la primera ronda y los Cuartos de Final para ganarse su merecido lugar en la Semifinal. En los papeles, el equipo de Marcelo Gallardo tenía todo para llevarse el partido sin demasiados sobresaltos, pero bajando a la realidad las cosas eran muy diferentes: con la incertidumbre de saber si los jugadores iban a poder levantar su magro rendimiento individual y colectivo de estos recientes seis meses, la cautela era lo que reinaba en el cuerpo técnico millonario. El sólido, sacrificado y prolijo rendimiento del Sanfrecce en sus dos encuentros había dejado a Gallardo seguro de que no iba a ser un rival en absoluto fácil Y vaya que no lo fue, al punto de haber merecido llevarse el partido y la clasificación a lo que habría sido una histórica Final y un batacazo de esos que no se olvidan jamás. 


Primero repasemos las formaciones de los dos equipos. Marcelo Gallardo decidió poner en cancha un 4-3-1-2 con algunos retoques: Marcelo Barovero; Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Eder Álvarez Balanta, Leonel Vangioni; Carlos Sánchez, Matías Kranevitter, Leonardo Ponzio; Leonardo Pisculichi; Lucas Alario y Rodrigo Mora. La idea del entrenador era que los dos laterales jugasen como volantes, sobre todo Vangioni que tenía también la responsabilidad de ser la cobertura de Ponzio a su costado. En cada ataque, el ex Newell's tenía que trepar por la banda para ponerse a la par del volante central y configurar un 3-4-3 bien ofensivo como suele hacer, por ejemplo, el Paris Saint Germain con las trepadas constantes de Aurier por su sector en fase ofensiva. Ponzio y Kranevitter formarían un doble cinco en el que el ya jugador del Atlético de Madrid tendría el rol de mediocentro clásico para liberar al ex Zaragoza de una función en la que ya no puede cumplir y que presione dos pasos más adelante para evitar la salida en velocidad del rival. Pisculichi era el regreso estelar luego de un semestre para el olvido donde jugó poco y nada, pero en el que sobre el final recuperó algo del nivel que mostró en 2014. Clave para la pelota parada, algo importante pues Gallardo tenía en mente sin duda alguna un partido cerrado. Arriba, Mora como mediapunta más suelto por el frente de ataque y Alario dentro del área como referencia única de un River que estaba listo para un compromiso en el que tenía mucho por perder y poco por ganar. Por la diferencia en lo jerárquico e individual, tenía que ganar este partido, tal cual está obligado mañana el Barcelona frente al Guangzhou Evergrande de China.

Enfrente estaba el eficaz e interesante Sanfrecce Hisroshima, dirigido por Hajime Moriyasu que con su estilo desprejuiciado y ofensivo viene sorprendiendo a más de uno en estas semanas. Su esquema para este choque contra River fue un 3-5-2 bastante flexible y por sobre todo ordenado: Hayashi Takuto; Sho Sasaki, Kazuhiko Chiba, Tsukasa Shiotani; Yoshifumi Kashiwa, Toshihiro Aoyama, Yusuke Chajima, Kazuyuki Morisaki, Shimizu; Minagawa y Douglas. Moriyasu pretendía que su equipo mantuviese la calma en los primeros minutos, donde se suponía que River saldría a tratar de llevárselo por delante. La defensa de cinco jugadores, con dos centrales, un líbero y dos laterales/volantes bien dúctiles para recorrer las bandas. Un medicampo compuesto por un mediocentro todo terreno - Chajima- y dos volantes de contención con capacidad de llegar al área rival - Aoyama y Morisaki-. Una delantera con un punta - Minagawa- y Douglas que podía hacer las veces de volante sin problemas. A la hora de atacar, el Sanfrecce buscaría presionar sobre el trío de volantes de River y salir en velocidad por los costados con mucha presencia en las bandas. Para defenderse, el esquema debía mutar en un 5-4-1 bien sólido e inamovible con Douglas jugando como exterior unos pasos más atrás.



River comenzó el partido ahogando al Sanfrecce, con una muy buena presión alta durante los primeros 5' de juego. Vangioni velozmente se colocó como exterior cerca de Ponzio y así el volante central quedó liberado de la función de cubrir y recorrer la banda. Pisculichi se movió como enganche sin acercarse mucho a al círculo central pero tratando de ser siempre opción de pase en tres cuartos de cancha. Los de Gallardo movieron con paciencia una pelota - que era toda suya- frente a un contrincante que esperó con mucha paciencia y bien plantado en el centro del campo. Las imprecisiones en zona de golpeo eran las de siempre, pero por el momento la iniciativa era suya y con eso le alcanzaba para marcar diferencias en el desarrollo del encuentro.

Los centrales del Sanfrecce tenían controlados a Alario y a Mora, que no lograron entrar en juego. El líbero siempre salía a anticipar al de los dos que trataba de pivotear fuera del área, simplificando la tarea de sus compañeros de zaga que con mayor número acorralaban al otro delantero. Una mala salida del portero Takuto derivó en Sánchez que buscó explosión dentro del área pero fue cortado con mucha sobriedad por un Chajima que demostraba que además de ser vital en fase ofensiva también podía ponerse el traje de bombero sin sonrojarse. Todos los relevos corrían por su cuenta, siendo algo así como la balanza del tri-campeón japonés.

La primera de cierto riesgo la tuvo el local, con una pelota larga de Shiotani para Douglas que Barovero anticipó con mucha velocidad fuera del área. Ante el mano a mano constante al que se sometían los centrales y la lentitud en el regreso, el portero de River tenía que estar muy atento a estos envíos para despejar como último hombre. De a poco las falencias de River empezaron a hacerse notorias: sin sociedades en el mediocampo ni en las bandas, sin ningún pase entrelíneas que lograse desequilibrar a un rival que no tenía más que esperar muy tranquilo con 8 jugadores en el mediocampo para luego aprovechar la velocidad de Douglas y Minagawa.

El Sanfrecce, además de no pasar sobresaltos, también salía con mucha prolijidad y orden. La presión alta de los de Gallardo impedía que hubiese una transición veloz al ataque desde el fondo, pero las intenciones de este equipo eran tan claras como nobles. Vangioni intentó desnivelar con un remate incómodo y flojo de media distancia que fue a manos del arquero, síntoma de que la cosa por abajo no estaba funcionando para nada bien. Ponzio fue el segundo que buscó el gol por esta vía, pero Takuto contuvo en dos tiempos su disparo que llevó potencia y control pero fue demasiado centrado.

Alario, en la mejor de River hasta ese momento, pudo desmarcarse y llegar hasta el fondo. Su centro atrás en corto para Mora era muy bueno, pero un defensor llegó a rechazarla antes de que el uruguayo pudiese empujar al gol. El local, tras varios minutos de solamente aguante, respondió: un balón largo para Minagawa se convirtió en una situación de riesgo luego de que Balanta dudase demasiado tras el pique, pero el central colombiano demostró que a pesar del pésimo nivel que arrastra hace varios meses, tiene mucha calidad. Con un corte oportuno en velocidad, pudo salvar a su equipo de una jugada peligrosa.

El 3-4-1-2 de River era claro en ataque. En el aspecto defensivo, la cosa era complicada y bastante desorganizada, algo que el Sanfrecce aprovechaba con la más vieja de las armas: la presión sobre la segunda pelota y el lanzamiento en profundidad a espaldas de los centrales. Kranevitter sobre el minuto 25' se sumó a la lista de los que dispararon de media distancia sin dirección alguna más que una bandeja del estadio en la lejanía. Segundos después, Balanta volvió a tener un error básico en un despeje tras un pase filtrado, Minagawa esta vez le ganó sin problemas y Barovero se jugó algo más que la ropa para evitar lo que hubiese sido el primer gol con una gran tapada a puro reflejo.

De inmediato, River se terminó de convertir en una máquina de atacar sin orden ni inteligencia, chocando por todos lados y sin nada de precisión siquiera en los desbordes de Mercado, Sánchez y Vangioni. Las infracciones cerca del área propia comenzaron a aumentar, otra señal de que la el partido no estaba saliendo de la manera imaginada. Aoyama cortó cerca de los dominios de Barovero, abrió para Douglas que recorrió dejando atrás a un Balanta desconcertado y lanzó un gran centro para Minagawa que el delantero no pudo conectar frente al arco vacío por cuestión de centímetros.



El Sanfrecce ya era superior al campeón de la Copa Libertadores, con una estrategia equilibrada que solo necesitaba un gol para ser perfecta: le dejó toda la iniciativa al rival, pero apuntó a recuperar con mucha velocidad y mayor volumen en el mediocampo para luego jugarle mano a mano a los centrales con sus jugadores más veloces. Y mientras tanto, la posesión se fue equilibrando al punto de quedar en porcentajes muy similares. La pesadilla estuvo a punto de consumarse cuando Minagawa jugó por la derecha profundo con Yashima y el volante enganchó y sacó un tremendo remate a colocar que Barovero con un manotazo espectacular mandó al tiro de esquina.

Gallardo tenía una mueca amarga en la cara, viendo como su equipo no tenía cambio de ritmo en el centro del campo y sufría mucho atrás debido al desastre que era la defensa. Había demasiados huecos y los de Moriyasu los estaban aprovechando al máximo. Todas las situaciones netas de gol habían sido del Sanfrecce, que se disponía a dar otro batacazo y a seguir escribiendo historia a pura intensidad y sacrificio.

El millonario movía la pelota de lado a lado, pero no lograba triangular ni llenar las bandas. Menos acercarse con la pelota parada, que en los pies de Pisculichi no había sido lo que el entrenador esperaba. En realidad, el rendimiento del enlace no había estado en absoluto ni cercano a lo que había mostrado en las prácticas para convencer al Muñeco de romper el 4-4-2 que tenía en su cabeza al llegar a Japón. En 37', el partido estaba muy parejo, con el local buscando el mano a mano constantemente y con River muy frustrado y sin entender muy bien que era lo que estaba sucediendo.

Los pelotazos que partieron desde los centrales no llegaron tampoco a buen puerto, con Mora y Alario demasiado aislados y sin poder inquietar siquiera a la rocosa defensa japonesa. Un gran pase en cortada de Aoyama para Minagawa volvió a detener los corazones de todos los hinchas y jugadores de River, pero Barovero respondió con una fenomenal estirada a mano cambiada al bombazo de media vuelta que el delantero sacó desde la medialuna del área.

El Sanfrecce merecía con mucha claridad al menos un gol ante un rival que estaba mostrando exactamente lo mismo que en todo este pasado semestre: poco y nada. Todo lo que hacía River era demasiado apurado y con todos los sectores del campo inconexos entre sí. El local cambió un poco el dibujo inicial y en vez de atacar con un 3-5-2 pasó a hacerlo con un 4-4-2 para cubrir más espacios en caso de que los tomasen de contragolpe mal parados. Las transiciones eran óptimas y no había nada que hiciese pensar que el tinte del partido podía cambiar en los minutos finales de la primera mitad.

La única buena jugada de River fue una triangulación en velocidad, sin los traslados largos y previsibles de siempre, que culminó con un centro de Mercado llegando hasta el fondo y un cabezazo de Sánchez en fuera de juego que el portero tapó muy bien yendo abajo. La acción quedó invalidada, pero River avisaba que no estaba muerto y que iba a luchar para conseguir el objetivo que había venido a buscar. Ponzio estuvo a punto de cometerle penal a Douglas en la última de los primeros 45' tras varios rebotes dentro del área, luego de que por enésima vez los volantes ofensivos y delanteros recibiesen con total libertad cerca de portería. Barovero y la liga que todavía se mantiene - aunque en menor cantidad que a inicios de la Era Gallardo- se constituyeron como las razones por las que River no se fue con uno o dos goles en contra al entretiempo.




Sorpresivamente, Gallardo decidió mantener a su once inicial para la segunda mitad. Todo comenzó igual que antes, como un deja vu: los de la banda salieron a presionar alto, con el balón en los pies, pero todavía sin la precisión necesaria como para crear peligro. Hasta que Mercado volvió a desbordar tras un mal despeje de la defensa, lanzó un centro que nadie pudo empujar y el rebote le quedó a Mora que bajo el arco le entró pésimo a la pelota y la mandó a las nubes.

Mercado era sin dudas lo mejor de un River gris, y el equipo se dio cuenta de esto. Se empezaron a ver muchas más trepadas del lateral y las líneas del Sanfrecce empezaron a mostrar ciertas grietas aunque no significaron mucho en ese tramo del encuentro. Yashima volvió a llevar peligro al arco de Barovero con un pique largo y un centro atrás que Balanta cortó muy bien para evitar un disparo de Douglas en posición de gol.

Los de Nuñez avanzaban ya con bastante más decisión, pero la línea de fondo del Sanfrecce resistía impoluta tras ese lejano primer susto de la mano de Mora. Douglas le ganó a Maidana por la derecha, nadie retrocedió para cubrirlo y su centro terminó siendo malo para tranquilidad de todos en el banco millonario. El que no se quedó para nada conforme fue Barovero, cuyos insultos se escucharon aún por encima del ruido que generaba la numerosa hinchada del equipo argentino en el estadio.

Los nervios crecían ante la imposibilidad de abrir el marcador y Gallardo empezó a mover el banco: Lucho González ingresó por un inerte Ponzio para tener más la pelota y al mismo tiempo cubrir mayor cantidad de terreno. La idea también era que se juntase con Pisculichi para generar juego y levantar la mala imagen del enganche. Mora encontró con el primer pase filtrado de la noche para los suyos a Sánchez dentro del área pero su ensayo se fue muy por encima del travesaño.

Moriyasu respondió a la variante de su colega con la entrada de Mikic en lugar de Kashiwa. Una variante de corte ofensiva, en busca de mayor consistencia en ataque y un poco de aire en el mediocampo de la mano de este volante mixto croata de gran talento. Moarisaki quedó en las puertas de la gloria, pero su anticipo en el primer palo tras un tiro libre se fue cerca del larguero y Barovero respiró aliviado una vez más en una noche muy activa para él.

Viudez tomó el lugar de Pisculichi, una variante más que cantada debido al flojo partido de la otrora figura de este equipo. Con el uruguayo, el entrenador sabía que podía ganar cambio de ritmo y quiebre de líneas en tres cuartos, quedando el equipo parado con un 4-4-2 bien clarito con Sánchez y Viudez bien abiertos para romper por los costados. Pero salvo la vocación ofensiva de siempre y algo más de presencia e ímpetu, esta segunda mitad no había sido buena para un River que a pesar de tener un 19% más de posesión no la había podido hacer valer salvo en algún que otro acercamiento.



Mercado volvió a ser el factor de desequilibrio en River, pero su buen centro para Lucho fue anticipado sin problemas por el portero japonés que hacía largo rato no tocaba la pelota. Asano tomó el puesto de Minagawa para iniciar el embate final y sellar un partido histórico, pero la suerte le volvió a hacer un guiño a un River que en los peores momentos parece tener más de siete vidas: en medio de un vendaval de centros a la olla, un tiro libre muy bien lanzado por Viudez desde el mediocampo terminó en una mala salida del arquero - un horror inconmensurable, regalo de la providencia- y un cabeazazo de Alario bajo el arco para poner un 1-0 excesivamente injusto.

Lo mal que había jugado River no quedaba borrado por la victoria parcial, pero sin dudas que fue un desahogo para un equipo y cuerpo técnico en exceso angustiados que nunca disfrutaron del partido más allá de lo que declararon en la semana ante los medios al respecto. Las atajadas sensacionales de Barovero cobraron una dimensión que terminó de confirmarlo como la figura del encuentro junto a Chajima, que minutos después del gol le dejó su lugar a Sato. El histórico delantero del Sanfrecce entró para que su equipo terminase de romper el cerrojo, quemando naves y dejando muchos espacios que lo expusieron a una derrota más abultada.

Viudez disparó en un tiro libre desde el vértice del área, pero el arquero despejó el peligro con los puños. En la jugada posterior, Lucho y Mercado hicieron una muy buena pared, el lateral llegó a la línea de fondo, tocó atrás con Mora´- del muy floja y decepcionante tarea- y el uruguayo con una definición entre mordida y sobradora vio como un rival lograba sacar el balón mucho antes de que pudiese entrar al arco. Gallardo agotó variantes para cuidar a un acalambrado Mercado, poniendo a Mayada en su lugar de cara a los eternos minutos de cierre.

River se cerró muy bien sobre el final, con Vangioni y Mayada replegados, armando casi una línea de cinco cautelosa. El Sanfrecce perdió velocidad y ganó en previsibilidad debido a la carencia de espacios y apenas si llegó con un tiro de media distancia que Barovero embolsó sin complicaciones. De las cuestiones positivas de las segunda parte, se puede decir que River logró controlar mejor las subidas de los laterales y volantes por las bandas y que eso le quitó algo de sorpresa a un Sanfrecce Hiroshima que sintió el lógico desgaste y se fue quedando sin nafta más allá. Claro que esto no le quitó mérito a lo realizado, habiéndole plantado cara y dominando a un rival superior en los papeles y en los nombres propios. Tuvo el cabezazo del final Aoyama, pero no logró darle el efecto deseado a la pelota que no pudo ir por encima de Barovero, perdiéndose muy cerca del palo.




River Plate cumplió con su deber, pero no estuvo a la altura de las circunstancias. Sin mostrar nada de juego ni rebeldía, se encontró con una victoria casi por casualidad y recién logró parecerse a un equipo cuando el Sanfrecce se lanzó desesperado a buscar el empate y dejó de pensar en la parte de la contención. Es decir, pudo mostrar algunas ráfagas en los cinco minutos finales hasta que el árbitro, de gran tarea, le puso final al suplicio. El festejo fue medido y se saludó primero a los rivales que más allá de haber caído se ganaron el respeto de todo el mundo del fútbol. Sin la mochila encima, River espera al ganador del choque entre el Barcelona-Guangzhou Evergrande que se jugará en unas horas por la otra Semifinal. Más allá de que todo partido es difícil e incierto, se avizora una Final entre el campeón de la Libertadores y el de la Champions League. Lo que queda como certeza, tal vez la única, es que si River vuelve a repetir una actuación de este calibre tendrá muchas dificultades para no ser apaleado por un Barcelona que no será el de Pep Guardiola pero que con apenas un poco de espacio es capaz de construir goleadas inmensas de la mano de Messi, Suárez y Neymar. Pero de ese partido, si es que llega a vencer el equipo Culé, hablaremos en la próxima entrada. Por lo pronto, River Plate esquivó la bala y este domingo a la madrugada cerrará un ciclo dentro de la Era Gallardo. Con varios que se irán - Sánchez y Kranevitter-, otros que no se sabe bien si continuarán - la línea defensiva, sobre todo Mercado, Vangioni y Maidana todos con ofertas importantes- y varios que deben ir dando un paso al costado - Saviola, Ponzio- será tarea de Marcelo Gallardo el pedir los refuerzos correctos (ya hay varios nombres interesantes en carpeta y con negociaciones avanzadas) y sumarlos a lo que quede del plantel para poder reinventarse. Este modelo, este estilo de juego, tuvo su techo hace largo rato y viene agonizando hace meses, con la suerte de que el tener el Mundial de Clubes como meta hizo que todo fuese un poco menos doloroso. Los hinchas de River tendrán que agradecerle a Gallardo y a estos jugadores lo hecho en estos dos inolvidables años y entender que repetirlo va a ser muy complicados. Pero que se empieza con pasos pequeños y mucho trabajo, dos cosas que el entrenador parece tener bastante en claro.




martes, 15 de diciembre de 2015

River Plate: Apuntes para el Mundial de Clubes



Ya a pocas horas del esperado debut de River Plate en el Mundial de Clubes o Mundialito (según de que latitud provengan), Marcelo Gallardo y sus jugadores han tenido la cantidad suficiente de entrenamientos en la tranquilidad absoluta como para recargar energías tras un semestre que no fue el deseado. Tras no haberle encontrado la vuelta al equipo en lo táctico pos Copa Libertadores ni haber obtenido el mejor rendimiento - salvo algunos tramos de algún que otro partido- de la mayoría de sus individualidades, Gallardo llegaba muy preocupado en las semanas previas a este torneo. Recordemos que en sus conferencias de prensa de cada fin de semana, dejaba en claro que entendía que todo estuviesen con la cabeza en Japón pero que había que poner toda la energía en terminar lo mejor posible tanto el torneo local como la Copa Sudamericana. Ninguna de las dos cosas sucedió y es imposible olvidar la amenaza motivadora del entrenador a sus jugadores cuando en un momento dijo que el que no estaba concentrado y a nivel iba a tener que salir del equipo titular. Salvo Sánchez, Mora y Alario, los rendimientos en general fueron muy malos - sobre todo los de Saviola, Bertolo, Martínez, Balanta y Casco- y si bien antes del viaje Gallardo hizo el cambio de chip necesario para encarar este desafío, nunca estuvo del todo tranquilo de cara al partido de mañana a las 7:30 de la mañana. 

Tras varios ensayos donde la duda pasó por la presencia o no de Luis González en el equipo que enfrentará al Sanfrecce Hiroshima, el entrenador decantó por la presencia de un viejo amuleto suyo: el titular que completará el mediocampo será Leonardo Pisculichi. Las razones son válidas, pues el enganche le da mayor velocidad en tres cuartos de cancha, pegada en la pelota parada y posee una capacidad de lectura de juego y un pie que puede romper cualquier defensa (sin importar lo cerrada que esté) en los momentos más complicados. Más allá de la poca dinámica y generación de juego que el equipo mostró en el semestre, la peor de las preocupaciones pasa sin dudas por la defensa que ha estado muy por debajo de su nivel desde la salida de Ramiro Funes Mori, vendido al Everton semanas después del logro continental. Balanta y Casco no rindieron acorde a lo que se esperaba de ellos y Vangioni recién está volviendo de su larga lesión. Mercado ha sido el más regular de los cuatro y Maidana ha visto decaer su nivel debido a la floja actualidad de tanto Balanta como Mamanna que nunca pudieron estar a la altura de las circunstancias. Sumado esto a un mediocampo que no posee ni contención ni capacidad para darle juego a los delanteros, el escenario no deja de ser oscuro más allá del lógico optimismo que hay en un plantel que parece renovado tras haber padecido este tramo final de la temporada. Están en el lugar donde querían estar hace casi seis meses y más allá de la peligrosidad de los tres rivales - el que se viene, el Sanfrecce y los dos posibles, el Barcelona y el Guangzhou Evergrande- no hay ningún factor que pueda sacarle la ilusión a River de cara a este mini torneo que se le viene encima.   

Con el Barcelona rondando en su cabeza, el equipo que saldrá a disputar la primera Semifinal del Mundial de Clubes 2015 será: Marcelo Barovero; Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Eder Balanta, Leonel Vangioni; Carlos Sánchez, Matías Kranevitter, Leonardo Ponzio; Leonardo Pisculichi; Rodrigo Mora y Lucas Alario. El esquema elegido como puede verse es el 4-3-1-2 que catapultó a este equipo a la gloria en el primer paso del ciclo Gallardo. Repasemos los puntos básicos nuevamente: dos centrales adelantados, laterales que tienen la obligación de pasar al ataque como exteriores, un doble pivote donde Kranevitter y Ponzio alternan la función de salida (mediocentro) y de presión alta, un volante externo que recorre todo el campo de juego, un enganche clásico cerca de la medialuna y dos puntas sueltos arriba, con Alario dentro del área y Mora libre en el frente de ataque como un falso 9. Lo único novedoso es que en defensa se convierte en un 4-4-1-1, con Pisculichi cubriéndole el flanco y la espalda a un Ponzio que ya no posee ritmo para retroceder con velocidad y Mora dejando su función de ataque y acoplándose al mediocampo. Lo segundo es algo que se ve desde el inicio del ciclo Gallardo, pero lo primero fue un cambio sobre la marcha que el entrenador debió hacer debido a que tras ese espejismo que fueron los superclásicos con Boca donde Ponzio tuvo un rol determinante como líder del juego brusco que se ordenó imponer en el mediocampo, quedaron expuestas todas las falencias del volante central que está en sus últimos pasos en el fútbol de primer nivel. 




Respecto de su rival, el Sanfrecce Hiroshima, dirigido por Moriyasu, se puede decir bastante poco. Lo que se vio en los dos partidos que ganó ante el Auckland City y el TP Mazembe, fueron dos estrategias muy diferentes. Contra los neocelandeses, de mejor manejo del balón y mayor orden táctico, el Sanfrecce formó con un 4-5-1 bien replegado que buscó cubrir espacios cediendo el control del balón al rival. Los goles llegaron por un buen trabajo de presión en el mediocampo, la conducción del croata Mihael Mikic y el talento de su delantero punta Douglas que es el jugador a tener en cuenta en los metros finales. Asano, Mikic, Chajima y Managawa también cumplieron una buena tarea y ese primer paso se dio con contundencia y autoridad, en lo que sin dudas fue una sorpresa debido a que en los papeles había una diferencia en favor de los derrotados. Contra el Mazembe el director técnico usó un 4-4-2 bastante más flexible, que de a ratos pasó a ser un 4-4-1-1 con Douglas como mediapunta, Sato en soledad arriba y Mikic y Kashima a los costados. Para el repliegue, el Sanfrecce utiliza el clásico 5-4-1 con Douglas y Kashiwa plegándose a la línea de volantes y Mikic jugando como lateral derecho a metros de los dos centrales y el líbero. La victoria ante el Mazembe fue mucho más simple que la anterior y se vio a un equipo bastante intenso y de buena técnica, pero la explicación reside sobre todo en el hecho de que el Mazembe es más potencia y velocidad que cualquier otra cosa. Sin nada de orden ni de solidez defensiva, la zona de tres cuartos quedó liberada y los delanteros y volantes del equipo japonés de hicieron un festín para ganarse el derecho de jugar con River mañana. Otro factor que fue importante en estos dos partidos: la pelota parada. De la mano de un Chajima imparable, el Sanfrecce es muy peligroso en los envíos al área pues su pegada es precisa y punzante y por arriba hay varios jugadores que no tienen que ser perdidos por la defensa millonaria. Es importante remarcar también que llegan con mucho desgaste, algo que sin dudas es injusto - en líneas generales, el esquema del Mundialito es una payasada pues debería estar también el campeón de la Europa League como mínimo para darle mayor competitividad- pero que puede beneficiar al equipo de Marcelo Gallardo. Igualmente esto es relativo, porque el año pasado un San Lorenzo muy descansado sufrió horrores con el Auckland City que venía de jugar dos partidos muy desgastantes y que estuvo a milímetros de dar el batacazo.




Imaginando que River logra superar este paso, uno que se presenta complicado debido al preocupante bajón de nivel que tuvo River sobre todo después de la obtención de la Copa Libertadores, como ya mencionamos, quedará saber quien va a ser el rival de la hipotética y soñada Final. Todos los cañones apuntan a que sin dudas debería enfrentar al Barcelona de Luis Enrique, más allá de que el entrenador español se mostró cauto y dijo que respetaba y conocía a River pero que su mente estaba en el partido contra el Guangzhou Evergrande de Felipe Scolari. El conjunto chino dio el batacazo con una victoria agónica frente al poderoso América de México por 2-1 y logró llegar a una Semifinal impensada. El esquema de juego que utiliza Felipao es un 4-2-3-1 tal cual se vio en su más reciente Brasil. El doble pivote posee un volante de contención clásico en Zengh Shi y a un viejo conocido suyo como Paulinho (ex Tottenham, tratando de recuperar su mejor versión y quien marcó el gol de la victoria ante los mexicanos) en la zona creativa. La pegada y el fino pie del brasileño deberían ser una preocupación para cualquier equipo, también para el Barcelona por una cuestión en la que ya entraremos. El trío de mediapuntas está compuesto por el interesante Zheng Long (autor del empate ante el América), el muy talentoso Goulart y la eterna promesa - que en realidad es un muy buen jugador que de ser consistente es un activo para cualquier cuadro- Robinho. El ex Santos, Real Madrid y Milan es el eje de un equipo que se ha reforzado muy bien y tiene todo el talento y la potencia para complicar a quien se le ponga enfrente, El delantero punta es también del país carioca y se llama Elkesson. Posee mucha presencia en las dos áreas y sabe dar dos pasos hacia atrás para ayudar en tres cuartos a sus compañeros durante cada ataque. Si bien la victoria contra el América se debió sobre todo a dos horrores consecutivos e inexplicables en un profesional de parte del portero Muñoz - un regalo en un disparo al medio que se le escurrió por debajo del cuerpo y una salida horripilante en un tiro de esquina demasiado centrado a segundos del final-, la imagen que venía dejando hasta los dos goles no era en absoluto mala y había contado con chances para igualar la contienda. Buena circulación de balón, transiciones veloces que permiten llegar al arco rival en pocos pases, un mediocampo sólido y una defensa que es sin dudas el punto más flojo y que tendrá que resistir contra el poderío de Messi, Suarez y Neymar (o el que sea en caso de que no pueda estar presente en este primer partido) en un duelo que será desigual más allá de las virtudes del equipo chino.



Y así llegamos al Barcelona, equipo que ostenta los títulos de Liga BBVA, Copa del Rey y UEFA Champions League 2014/15 y que buscará coronar una temporada inolvidable - sobre todo en la parte de los resultados, donde no hay discusión acerca de su poderío- ganando su tercer Mundial de Clubes (los anteriores fueron con Pep Guardiola como entrenador frente a Estudiantes de La Plata de Verón y Sabella y el Santos de un muy joven Neymar). Desde la salida de quien es el mejor entrenador del mundo y de la última década, el club catalán se ha mantenido ganador - con bastante más altibajos, claro- dependiendo excesivamente de la figura de Lionel Messi y del trío de volantes (que hoy tiene a Rakitic en lugar de Xavi Hernández, pero que mantiene la esencia) hasta para salir de los problemas más complicados. Recuerden lo que fue el período entre Vilanova-Roura-Martino y Luis Enrique para poder tener una imagen de como el juego del Barcelona en lo colectivo y estilístico ha ido en decrecimiento desde 2012 al día de hoy incluido.  Luego de los dos 4-0 consecutivos ante el Real Madrid y la Real Sociedad, se exageró a sobremanera respecto del nivel de juego del Barcelona, algo que llevó a varios cronistas y analistas de renombre a decir que el equipo había vuelto a algo muy similar a la maravilla construida y trabajada por Guardiola. Nada más lejano a la realidad, un disparate más que absoluto del cual ya hemos hablado largo y tendido en este blog.

El Barcelona de Luis Enrique respeta el 4-3-3 y hasta a veces ataca con un 4-2-4. Es ofensivo sin dudas y sus jugadores poseen muy buen pie como para decir que la pelota no circula o que no hay calidad en su juego. El problema es que el mediocampo, salvo excepciones, no está en buen nivel y eso expone a una línea defensiva que desde la salida de Guardiola es un desastre. Ya sea con Mathieu como lateral o con Jordi Alba por ese costado, Piqué se encuentra en un momento más bien discreto y ante la falta de contención de los laterales no logra cubrir todos los espacios. Mascherano suele ser el salvador tanto de su compañero de zaga como del mediocentro -Busquets, que para la marca ya no tiene tantos reflejos más allá de que en lo que refiere al ataque ha vuelto a un buen nivel- pero lo cierto es que el Ex River, Corinthians, West Ham y Liverpool ya no es un joven de 20 años y tampoco es - a menos que le hayan crecido tentáculos- un pulpo capaz de proteger a su equipo en una especie de multitarea. Los dos pokers ante el Madrid y la Real Sociedad fueron sin dudas por virtudes colectivas e individuales - una sin Messi durante más de una hora y la otra con Lionel volviendo al ruedo- propias pero también por las paupérrimas actuaciones de sus derrotados. El Real Madrid viene teniendo un año para el olvido con Rafa Benitez - algo que era predecible- y no ofreció nada en el duelo jugado en el Bernabeu. Apenas algo de resistencia, sin nada de espíritu ni intentos siquiera de jugar a la pelota. Y si los blancos andan mal, ni que hablar de la Real Sociedad que es uno de los peores equipos de la temporada en la Liga BBVA a pesar del talento que posee en el plantel. David Moyes fue despedido poco antes del choque con el Barcelona y no llegó a dirigir a los suyos en la revancha de aquella derrota en Anoeta hace no tanto tiempo cuando Luis Enrique era el entrenador en apuros, sin poder repetir un once ni un esquema táctico por más de 20 jornadas y peleado con Messi y Neymar. Todo se fue acomodando y la famosa MSN rescató a un equipo muy terrenal y contragolpeador - estilo Real Madrid 2013/14- para llevarlo hasta la gloria en base a imponer respeto desde la chapa primero y luego con la excelente complicidad y sincronía que hay entre estos ya tres grandes amigos y profesionales. 



Hasta ese 4-0, el rendimiento del equipo no venía siendo el mejor, pero entre sus tres maravillosos delanteros - que han marcado más del 85% de los goles del Barcelona en todas las competencias- lograron maquillar todas las falencias y seguir con los triunfos y los elogios. Tomemos como ejemplo el choque con el Villarreal, ya sin Messi debido a su lesión en la rodilla, y con unos Neymar y Suárez imparables que le dieron un triunfo por 3-0 en el Camp Nou luego de no haber podido llegar al arco en casi todo el partido y haber sido dominados por el Submarino Amarillo. La presión sobre el mediocampo es algo que molesta al Barcelona, como bien dijo Germán Lux tras el empate que rescató el Deportivo La Coruña esta semana luego de ir 0-2 en el marcador con golazo de Messi incluido. Tras esos dos partidos con ocho goles en total, los Culés empataron 1-1 con un golpeado y voluntarioso Valencia luego de haberlo peloteado durante todo el partido con muy baja eficacia, igualaron en uno también con el Bayern Leverkusen por el cierre de fase de grupos de Champions League luego de ir en ventaja y con más de 8 suplentes en campo y finalmente empató 2-2 con el Depor como ya se explicó. Volviendo a las declaraciones de Lux, el ex portero de River y el Mallorca dijo que se le debe jugar con un 4-3-1-2 donde haya presión sobre Busquets y con delanteros y enganche jugando mano a mano con la defensa. Antes de explicar porqué esto sería sucida para River, propongo un breve punteo de virtudes y falencias de este Barcelona:


1) La mayor de las virtudes es su delantera, con Messi, Neymar y Suárez todos en nivel de Balón de Oro - aunque siempre lo gana Messi, todos sabemos por qué- y con una complicidad y conexión absoluta entre sí. Con la llegada de Suárea había dudas de si estos tres monstruos podrían convivir siquiera, pero a esta altura creo que nadie se pregunta seriamente semejante estupidez.

2) El mediocampo tiene en Rakitic un fantástico jugador, con capacidad tanto de marca como de creación de juego. Un Xavi Hernández con mucha más velocidad, capacidad ofensiva y - sobre todo- muchos menos años. Está en su mejor forma desde su llegada, pero Luis Enrique no termina de confiar en él como titular para todos los encuentros sorpresivamente.

3) Jugadores como Rafinha (hoy lesionado), Adriano y Sergi Roberto han demostrado que con confianza pueden ser dignos productos de La Masia. El problema es que no son recambio de jerarquía por el momento, pero tienen como punto a favor el poder desempeñarse correctamente en cualquiera de las líneas de juego. Arda Turán espera a que se lo habilite, algo que Luis Enrique debe estar lamentando al día de hoy todavía pues las opciones que le va a dar el turco a futuro son impresionantes.

4) Iniesta y Busquets de a ratos vuelven a ser esos que dominaron todos los mediocampos del mundo durante el guardiolato, pero el físico ya no es el de antes y la precisión tanto en el quite como en los pases tampoco. Recordemos que la pasada temporada, Iniesta no entregó ni una asistencia y que Busquets fue un flan en el círculo central, algo que parece haberse corregido y que no tendría que ser un problema ante rivales tal vez más intensos pero con mucha menor calidad que los habituales. 

5) La defensa es el peor de los problemas y se potencia cuando el trío del medio no logra ser sólido en la contención. Dani Alves es demasiado irregular y aporta más en ataque que en cobertura. Piqué ha recuperado algo de su vieja forma, pero sigue siendo mucho más eficaz declarando que en el campo de juego, además de que el físico también empieza a pasarle factura. Mascherano es el salvador inmaculado de todos los errores, pero su temporada viene siendo bastante irregular y de a ratos luce desbordado como líbero ante tanta grieta. Jordi Alba y Mathieu se llevan la responsabilidad compartida por el desastre en el lateral izquierdo, sobre todo el francés que tiene más pasta de central debido a su buen juego aéreo, su gran tamaño corporal y su nula velocidad. La coordinación es inexistente, siendo esta zona una que no ha tenido solución en este ciclo. 

6) La dinámica y la circulación de la pelota no son ideales, pero tampoco es que el famoso club del toque se ha desvanecido. En corto y con salida posterior en velocidad de los tres delanteros más Rakitic, el Barcelona ha demostrado ser letal. Menos elaboración desde el fondo hasta tres cuartos y mucha más llegada al arco rival con pocos pases y hasta con pelotazos cruzados o pelotas bien largas. Una transformación impuesta por las características de los tres delanteros y por la idea de juego de Luis Enrique que está bastante lejos de la de Pep Guardiola en lo estético, teórico y práctico. 

7) El poco recambio es preocupantes, sobre todo de la mitad hasta el arco rival. Pero hasta el momento las lesiones fueron afectando a Messi, Neymar y Suárez por separado y el Barcelona no tuvo que jugar sin dos de ellos. El rato que Messi no estuvo presente, el equipo se hundió en un gran bache del que pudo salir como el Ave Fénix con los dos 4-0 ya descriptos párrafos más arriba.

8) A fin de cuentas, ni un desastre ni una máquina perfecta. Pero sin dudas que la jerarquía, experiencia y talento que posee es muy superior no solo al de River Plate, el Sanfrecce Hiroshima y el Guangzhou Evergrande sino también a la de la mayoría de los equipos de todo el mundo. Los tres delanteros hacen la diferencia siempre y es muy difícil encontrarlos en una mala tarde. La única opción es hacer un partido tan equilibrado como perfecto, pero ni aún así está asegurado el éxito o siquiera la posibilidad de no salir con una goleada estratosférica como la que recibió el Santos hace unos años. 


Con respecto a lo que Germán Lux declaró, hay varias cuestiones para objetar. Primero que River no tiene el mismo plantel - aunque usted no lo crea- que el Depor en lo que refiere a intérpretes para ejecutar esa táctica. Gallardo en una eventual final sin dudas que va a plantar ese híbrido entre 4-3-1-2 y 4-4-2 que suele colocar desde que llegó a River, pero no va a salir a atacarlo como una manada de hienas hambrientas. Recordar lo que pasó cuando hizo eso en un partido de verano con todos los titulares ante Boca Juniors. La experiencia, los hechos, marcan que este River es más sólido cuando logra un balance entre su vocación ofensiva voraz y la contención en la mitad de la cancha con dos líneas de cuatro bien apretadas. Ya lo dijo Messi: "Lo peor que pueden hacer es salirnos a jugar". No es un acto de soberbia sino una advertencia que le cabe a todo conjunto que se le ponga enfrente al Barcelona. Lo segundo para contradecir a Lux es que el empate del Depor llegó en los minutos finales luego de dos variantes (Roberto x Rakitic y Mathieu x Alba) que le quitaron solidez al equpo y lo confundieron. No es que el Deportivo lo tuvo en un arco todo el partido ni pudo evitar los circuitos de juego y las llegadas de peligro. Nunca hay que dejarse engañar por un resultado, hay que tener ante todo perspectiva. 

Tanto Gallardo como Luis Enrique han sido muy cautos y pusieron a sus rivales de Semifinales por delante de todo lo demás. A su manera, cada uno dejó en claro que su preocupación no pasa por una posible Final sino por llevarse un partido que en los papeles no debería ser demasiado complicado. Pero hay una cosa en la que el periodismo que ya vende una final que todavía no es, acierta en pleno: en este tipo de torneos y de partidos, importan las diferencias, pero es un mano a mano en el que todo puede pasar. Gane quien gane en los cuatro partidos que restan, nada va a cambiar en cuanto a quien es mejor o peor equipo. Es tan solo un resultado que sin dudas sería mucho más histórico para River, Sanfrecce o Guangzhou que para el Barcelona. El problema para ellos es que los gigantes de Europa nunca se toman el Mundial de Clubes a la ligera y que los de Luis Enrique ya han puesto los ojos en el premio. Es imposible que River vuelva a ser el vistoso de comienzos de 2014 o el pura solidez y velocidad de la Sudamericana y la Libertadores, pero sin dudas que con humildad y trabajo pueden hacer dos muy buenos partidos y hasta lograr algo que para muchos es imposible. Soñar, mis queridos lectores, no cuesta nada. Y menos cuando en el banco hay un entrenador como Marcelo Gallardo que con falencias y todo, ha demostrado que es un ganador nato.

  




miércoles, 28 de octubre de 2015

Marcelo Gallardo ante su desafío más complejo



Todos recordamos aquel sensacional comienzo del ciclo de Marcelo Gallardo al frente del Club Atlético River Plate. Tras un mal primer paso contra Gimnasia de La Plata, donde el equipo jugó igual de mal que con Ramón Díaz pero sufriendo un empate en el minuto final - y hasta casi perdiéndolo, de no haber sido por la mala puntería del rival-, el entrenador supo que debía cambiar el rumbo velozmente. Antes de seguir adelante, repasemos aquella primera formación: Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Ferreyra: Pisculichi; Driussi y Boyé. La idea en lo referido a lo táctico estaba allí pero las conclusiones que había dejado aquella experiencia inicial no fueron buenas: poco juego asociado, muchos pelotazos, vértigo excesivo, dependencia de lo que hiciesen Mora y Teo (cuando ingresaron) y un mediocampo flojo tanto en la generación de juego como en la contención (algo que desordenó a la defensa y la convirtió en un caos). 

Así fue como Gallardo, sin más espalda que su condición de ídolo del club, tomó su primera decisión fuerte: dejar afuera a un muy lento e impreciso Leonardo Ponzio y darle el centro del mediocampo a Matías Kranevitter. A sus costados mantuvo a Carlos Sánchez y  agregó a Ariel Rojas (que tras ese debut fallido en La Plata, donde fue suplente del nefasto negocio de Ramon Díaz llamado Osmar Ferreyra, nunca más salió del equipo), ambos esenciales tanto para el ataque como para el retroceso. Delante de esta línea de tres volantes mixtos, colocó a Leonardo Pisculichi como enganche para que con sus espaldas bien cubiertas pueda tener libertad para generar juego y conectarse con los delanteros. Sí, se arriesgó a utilizarlo en esa posición tan demonizada en nuestro país y en casi todo el mundo - salvo en pequeños reductos donde aún se aprecia el fútbol-, algo que sorprendió para bien pues tan solo Boca Juniors usaba un enlace en su equipo. El ataque fue el ante-último paso, uno compuesto inicialmente por los juveniles Driussi y Boyé - de los que Gallardo esperaba velocidad y goles para bancar su idea de que las inferiores eran la clave del futuro-, pero que velozmente pasó a ser ocupado por el recuperado Rodrigo Mora, que se acomodó muy bien tras haber sido inexplicablemente ninguneado y destruido psicológicamente por el anterior DT, y el tan talentoso como irregular Teófilo Gutierrez. Su trabajo culminó con la defensa, que era la mayor de las dudas más allá de poseer dos certezas como Mercado y Vangioni en los laterales y una dupla central compuesta por Jonathan Maidana y Ramiro Funes Mori que venía con cierto rodaje - aunque sin actuaciones rutilantes-. Este último ya no era más un resistido por la tribuna del Monumental, merced de una ganancia en el área de la confianza luego de aquel famoso gol contra Boca Juniors en la Bombonera que le dió una victoria agónica y decisiva a un equipo que terminaría siendo campeón por primera vez desde su regreso del Nacional B. 

Pero volvamos un poco hacia atrás y aclaremos una cuestión al respecto de ese equipo de Ramón Díaz: ese campeonato no llegó porque el equipo jugase mejor que sus rivales. Es más, rondando la mitad del campeonato quedaba claro que estaba muy afuera de la pelea tras varias derrotas consecutivas que pusieron en duda la continuidad del riojano. Pero la irregularidad de todos los que peleaban el título - Boca, San Lorenzo y Lanus sobre todo-, que se sumieron en una seguidilla de empates y derrotas, le permitieron a los de Nuñez retomar el buen camino con triunfos tan ajustados como necesarios. El 2-1 contra el eterno rival en su casa marcó un antes y un después para un River que tras dos temporadas de humillaciones - primero en la segunda categoría y luego penando en la primera con Matías Almeyda como entrenador- pudo volver al triunfo en el plano local y empezar a dejar atrás los fantasmas. La performance en Copa Sudamericana no fue buena en ese año, pero se logró la tan añorada clasificación a la Copa Libertadores. Llegó el parate previo a la Copa Mundial de Brasil 2014 y el riojano - siempre en conflicto con la dirigencia- dió el portazo en el peor momento posible. O así lo creyó una gran mayoría de hinchas de River Plate, porque la realidad demostró que Díaz involuntariamente le hizo un enorme favor al club que él dice amar con todo su corazón.


Luego del tropezón contra Gimnasia, todo fue fiesta. O al menos así lo fue hasta el 4-1 contra Independiente en el Monumental donde Matías Kranevitter sufrió una lesión que lo marginó por más de 3 meses de las canchas. Pero hasta ese partido, el River de Gallardo mostró cosas que hace tiempo no se veían - todas juntas y bien combinadas- en el fútbol argentino: salida prolija por abajo desde el arquero; presión alta constante con los centrales adelantados; juego siempre por abajo y sin pelotazos; triangulaciones en todo el campo de juego; toque corto y preciso en velocidad que permitió transiciones rápidas al ataque; uso eficaz de las bandas con tándems entre el lateral y el volante exterior; armado paciente hasta el mediocampo y explosión por los costados de allí en adelante; rotaciones posicionales (más que nada en el medio) que le dieron mayor volumen en todos los sectores del campo de juego; inteligencia para, con el juego de posesión total, hacer salir a los centrales y generar huecos; ocupación eficiente de los espacios a la hora de defender (lo cual maquilló ciertos horrores de la línea de fondo). Detalles muy bien trabajados por Gallardo que hicieron al todo, uno que entusiasmó porque tenía dos principios que parecían inamovibles: la tenencia y buen trato de la pelota y la vocación ofensiva permanente.

El problema comenzó de allí en adelante, pues sin ese eje en el que se había convertido Kranevitter, Gallardo tuvo que recurrir a un Ponzio que además de no poseer ni la marca, ni la velocidad - mental y física-, ni el exquisito pie del jugador que ya es propiedad del Atlético de Madrid, necesita de mucha ayuda para que el mediocampo no se convierta en zona franca para cualquier rival. Hasta el final del torneo, el equipo sufrió una drástica transformación que solo conservó retazos de esa primera excelente y revolucionaria impresión. Buscó jugar siempre por abajo y atacar cada vez que era posible, pero el esquema mutó de uno dinámico a otro más rígido, con Sánchez y Rojas más preocupados por la marca que por el juego. Las bandas dejaron de ser solo un recurso y pasaron a ser el fin, entregándose River a un vértigo insoportable que lo hacía similar a equipos como Lanus que confunden jugar bien con correr con la cabeza agachada por los costados y tirar centros sin parar. Más allá de esto, los dirigidos por Gallardo sostuvieron sus chances en el campeonato por el buen nivel de sus delanteros, de Pisculichi y de sus dos volantes exteriores que en un gran sacrificio lograron que la ausencia de Kranevitter en el aspecto defensivo se sienta menos. Pero la seguidilla interminable de empates fue contundente, el equipo ya no jugaba bien pero conservaba eso que los medios y - sorpresivamente- el propio entrenador comenzaron a poner delante de todo lo demás: el carácter. Se multiplicaron los titulares y líneas de medios deportivos hablando de como River había puesto actitud para poder empatar o ganar tal o cual partido. Se dejó de hablar del juego y el torneo se terminó escapando en un partido en el que paradójicamente, River jugó mucho mejor que su rival - y luego campeón- Racing, pero por haber alineado una formación llena de suplentes y juveniles no pudo lastimarlo y llevarse tres puntos que lo habrían dejado en la punta del torneo a falta de dos fechas para su finalización. Lo demás lo conocemos todos: el equipo de Cocca aprovechó ese favor de su colega y con dos victorias en las fechas siguientes cerró un campeonato que había tenido en la cima al equipo de la banda roja durante casi todas sus fechas.

¿Por qué Marcelo Gallardo tomó semejante decisión? En esa respuesta está el otro eje de esta larga reflexión: tan solo cinco días más tarde, se enfrentaba a Boca Juniors en el Monumental por el partido de vuelta de la serie de Semifinales de la Copa Sudamericana. El primer partido había terminado en una igualdad sin goles, siendo el equipo de Arruabarrena el que contó con mayores chances de gol pero el de Gallardo el más sólido y lleno de presencia. También de jugo brusco, de violencia planificada que superó todo tipo de límite, no sancionada por un árbitro que debió expulsar a Ponzio como mínimo 3 veces pero apenas si lo amonestó. Y ese es solamente un caso de los varios que hubo, pero lo cierto es que a las patadas y con mucha intensidad, River pasó por encima a Boca en el mediocampo - eje de la batalla-. El Muñeco pensó el partido como una guerra, como un desafío que había que sortear para poder terminar con la maldición frente al Xeneize en el plano internacional y conseguir espaldas anchas de cara al futuro. Justamente en esos dos partidos fue donde el entrenador encontró un estilo de juego nuevo, casi inverso al que lo había hecho llevarse todos los elogios a comienzos de temporada, pero que le proveyó la misma - y mayor también- cantidad de éxitos en el plano deportivo. Un 4-4-2 luchador, con Pisculichi haciendo las veces de escudo para Ponzio en el retroceso y con Mora sumándose a la línea de contención siempre. Verticalidad pura, posesión parcial, juego eficaz por los costados, ráfagas de buen juego con triangulaciones en velocidad por los costados y un 1-0 global que los depositó en una Final que ganarían con autoridad - y vaivenes- ante un Nacional de Medellín vistoso, agresivo y dominante de a ratos en los dos partidos, pero demasiado tibio en los momentos decisivos.


La espina internacional estaba comenzando a ser extraída del pie, mérito de un entrenador que con un plantel muy corto y carente de figuras rutilantes logró lo imposible - ese inicio fenomenal- y luego supo dar el volantazo sobre la marcha. Alguien podría decir que traicionó ese discurso que al día de hoy sigue teniendo, pero lo cierto es que de una forma u otra este River modelo Gallardo número dos. compensó varias ausencias y el cansancio por la doble competencia con éxito e inteligencia durante ese primer tramo. Las críticas al director técnico se volvieron palabra prohibida entre los hinchas, así como varios medios acallaron varias voces que hacía tiempo alertaban acerca de lo nocivo que podía ser este inesperado cambio de prioridades en el estilo del equipo.

Lo que siguió fue la conquista de la Recopa Sudamericana ante un tibio y defensivo San Lorenzo, que cuando lo atacó en ambos partidos le generó mucho peligro, pero sin suerte ni puntería. Gallardo sumó así su segundo título internacional en pocos meses y terminó de tallar su nombre en la historia de River Plate. El estilo de juego no varió en absoluto, se mantuvo el doble cinco aún con el regreso de Matías Kranevitter, no tanto por el nivel de Ponzio - que siguió siendo malo, pero maquillado con su habitual "entrega"- sino por una cuestión más relacionada con la mística generada en la Copa Sudamericana. Llegó así un nuevo torneo local y la aventura de la Copa Libertadores, dos caminos que comenzaron muy mal pero que de a poco se fueron corrigiendo a base de buenos rendimientos individuales, la jerarquía obtenida en el ciclo y mucha solidaridad a nivel colectivo que sostuvieron a River en la triple competencia hasta el freno por la Copa América. Los errores siguieron presentes, pero todos tenían en claro- hasta los mismos jugadores y el cuerpo técnico- que el muy buen fútbol de esos tan lejanos comienzos ya no existía. El cuerpo técnico y los jugadores habían cambiado la mentalidad y se habían ajustado a la táctica y el estilo que mejor les quedaba. Pisculichi fue desapareciendo tras varias actuaciones olvidables y el doble comando se consolidó, sobre todo por el muy buen nivel de Ariel Rojas, Carlos Sánchez y Rodrigo Mora, indispensables para evitar que el equipo en cada retroceso se quebrase en mil pedazos y claves a la hora de atacar con velocidad y voracidad.

La primera fase de la Copa Libertadores dibujó una parábola inversa para River Plate y para Boca Juniors, que renovado con la llegada de Daniel Osvaldo a préstamo por 6 meses, hizo una campaña histórica ganando sus seis partidos de forma aplastante quedando como el mejor primero de cara a Octavos de Final. Los dirigidos por Gallardo, en cambio, clasificaron milagrosamente - en un grupo simple pero que vió una de sus peores caras en lo que refiere al juego- luego de que entre Teo Gutierrez, Mora y la defensa del Tigres de México le regalasen un empate a 5 minutos del final en Monterrey luego de ir ganando 2-0 durante casi todo el partido. El choque entre el Juan Aurich y el equipo mexicano definió la suerte del Millonario que vió como un Tigres combinado (por estar clasificado) pudo vencer con dificultades al conjunto peruano en la altura. Más allá de las diferencias en los recorridos, el resultado final fue el mismo que unos meses atrás en el segundo torneo más importante de Sudamérica: mejor primero y peor clasificado, choque directo en Octavos de Final y la historia que se repitió: con un esquema ultra agresivo (en el mejor y el peor de los sentidos), basado en convertir el mediocampo en una zona de guerra, River Plate se dió el gusto de eliminar a su eterno rival del torneo continental más importante. Gallardo volvió a vencer a Arruabarrena en la guerra táctica, pensando en ganar el partido antes que en la filosofía de juego, más allá del juego violento que los dos árbitros permitieron en los 135' que se jugaron en total. El Panadero, el gas pimienta, los intereses de la CONMEBOL, el rol de los barras en los clubes, los dos planteles y entrenadores tratando de sacar ventaja a como de lugar, el show de D'Onófrio, la vergüenza de los plateístas de Boca que no dejaban salir al plantel de River tirándole todo lo que tuviesen a mano, el nefasto saludo del plantel de Boca a La 12 con Orión a la cabeza y demás escenas nefastas de aquel partido trunco en la Bombonera determinaron que el conjunto de Nuñez clasificase directamente a Cuartos de Final quedando Boca descalificado por los incidentes y agresiones a los jugadores. Lo cierto era que en el tiempo que se había jugado, River había superado con claridad - nuevamente, la batalla del mediocampo había sido entendida por Gallardo y no por Arruabarrena- a un Boca tibio que apenas si encontró garra y juego en un Osvaldo muy aislado. Un título que se hubiese amoldado a la perfección a ambos partidos hubiese sido: "River se llevó puesto a Boca a pura actitud y jerarquía".

Repitamos los conceptos clave de este River pos victoria con Independiente antes de continuar: Dos líneas de cuatro bien apretadas en el mediocampo; Transiciones rápidas al ataque, sin perder tiempo a la hora de elaborar, evitando los traslados largos; Presión alta constante de los volantes y delanteros; Volumen total en el círculo central, sumando a los laterales a la marca; Dos volantes centrales: uno de marca y otro mixto para enlazar volantes y delanteros; Dos delanteros: un punta estacionado arriba y otro jugando como mediapunta suelto delante del área; Los volantes exteriores bien abiertos con obligaciones claras en el retroceso; Salida limpia desde abajo cuando era posible, si no jugar en largo; Búsqueda de circulación del balón y dinámica posicional cuando los espacios no surgían.

Claramente, era un nuevo River, uno que no se parecía en nada al de los orígenes de este proyecto ganador y renovador para el club, pero que en base a éxitos y a haber aprendido como jugar los mano a mano en las copas, maquillaba los errores y lograba imponerse a todos los que se le pusiesen adelante como una locomotora a máxima velocidad sin frenos pero con el rumbo definido. La gran victoria por Cuartos de Final como visitante ante el Cruzeiro, luego de una apática actuación en el Monumental en la ida - primer partido luego de los incidentes con Boca y los mil cruces mediáticos posteriores-, fue un bálsamo para Gallardo: un partido jugado como en los primeros pasos del ciclo, con vocación ofensiva, gran manejo de la pelota, mucha dinámica posicional, rendimientos individuales sobresalientes (el mejor partido de Teo Gutierrez en toda su estadía en el club de Nuñez) y la prueba de que se puede salir a atacar y jugar con convencimiento en Brasil. Sánchez, Maidana, Funes Mori y Rojas confirmaron que no podían faltar en el equipo y Gallardo acertó con el planteo táctico, que consistió en ser bien compactos para defender y muy flexibles a la hora de atacar. La solidez del mediocampo y de la defensa y la eficacia en cada uno de sus muchos ataques, hicieron el resto y River volvió a las Semifinales de la Copa Libertadores después de más de una década de vivir a la sombra de Boca Juniors. También era un cuco menos para River, que en los 90' había sufrido mucho contra este equipo que, hay que remarcarlo, hace mucho tiempo no es ese que supo ser. Se disminuyó al máximo a un rival mediocre, emblema del estado actual del fútbol brasileño donde prima lo físico por sobre el juego, no mucho más. Pero sin dudas que era un paso adelante para regresar a lo que había colocado la vara tan alta en lo que refiere a la exigencia.

De inmediato, llegó la Copa América en una secuencia idéntica a la del año anterior. En el medio, River presentó a sus refuerzos: Pablo Aimar - que jugaría un par de partidos y se retiraría por temas físicos-, Javier Saviola - que volvió cuando vió el calendario y la chance de la copa, pero en un nivel muy bajo hacia ya demasiado tiempo-, Tabaré Viudez - el mejor de los refuerzos, velocidad y categoría, una obsesión de Gallardo-, Luis González - otro que regresaba para llenarse de gloria en el corto plazo, con la incógnita de lo físico-, Nicolás Bertolo - otra fija mental para Gallardo, con un rendimiento parejo en Banfield jugando por las bandas- y Lucas Alario - el mejor proyecto de nueve punta del país-. El objetivo estaba claro y Gallardo, con un plantel corto y varias salidas y lesiones, había logrado tapar las carencias en el juego para dejar al club de sus amores a las puertas de una celebración eterna.

Lo que siguió fue positivo en lo que refiere a los resultados pero muy flojo en el aspecto futbolístico. Gallardo vio como su equipo jugaba mal la serie de Semifinales ante Guaraní de Paraguay, pero hizo valer el músculo y la eficacia que presentó en el Monumental y con un global de 3-1 (2-0 y 1-1) pasó a una Final histórica. Tigres de México, con el gran Gignac como refuerzo estrella, jugó mejor los dos duros partidos pero los centrales de River y Barovero se encargaron de tapar los caminos en la ida en tierras aztecas y bajo una lluvia torrencial que cayó sobre Buenos Aires la noche del 5 de Agosto, el Millonario logró alzarse con la Copa Libertadores basándose en sus pilares ya característicos: la garra, el atacar siempre a pesar de hacerlo sin claridad ni ideas y la eficacia absoluta. Tras la salida de Teo Gutierrez, Alario tardó muy poco en ganarse a los hinchas de River con dos partidos jugados con una presencia y jerarquía digna de un soldado de mil batallas, pero teniendo apenas 23 años. El gol que rompió el hielo en el Monumental fue suficiente para que River se terminase de sacar los nervios de encima y completase una goleada ante un Tigres que atacó y jugó más pero que pecó de conservador pues no acompañó bien a Gignac en ninguno de los dos partidos. La gloria había llegado en forma de un entrenador llamado Marcelo Gallardo, que en apenas un año y monedas había sellado a fuego su nombre en el club - y dos veces, porque como jugador también ganó todo- con la obtención de la Copa Sudamericana, la Copa Libertadores y la Recopa Sudamericana.


Las palabras del Muñeco no pudieron ser más acertadas: "Estos jugadores tuvieron la grandeza como para no relajarse y seguir, incluso cuando las cosas no salían. El equipo siguió trabajando y no resignó la idea. Los jugadores se merecen el lugar que alcanzaron porque siempre levantaron la vara con su nivel de competitividad". Este River y este Gallardo, que comenzaron con el sueño de asimilarse a esa bestia intocable y perfecta que fue el Barcelona de Pep Guardiola, logró todo esto en base a la estrategia de Diego Pablo Simeone, que es la de competir en primer lugar, traccionar cada metro de la cancha, cubrir todo y no dejar respirar al rival, usar la pelota poco y con eficacia. Toda una paradoja teniendo en cuenta el discurso del entrenador, que de a poco se fue amoldando a su realidad y bajando las pretensiones de una manera muy saludable. Superávit total en logros deportivos y déficit creciente en lo que respecta al juego.

El problema llegó luego del viaje a Japón para jugar esa copa comercial llamada Suruga Bank, que levantaron sin problemas - aunque no sin sufrimiento, pues Barovero fue clave por el bajo nivel de la defensa- ante el muy limitado campeón del país anfitrión. El 3-0 sirvió para que un irregular Gonzalo Martínez tome confianza con un verdadero golazo que encaminó el partido y para que el resto de los jugadores festeje su cuarto logro internacional. Hasta ese momento, River gozaba de un 64% de eficacia en el año, con solo dos derrotas - ante Boca por el torneo local y ante el Cruzeiro por la Libertadores- que bruscamente se convirtió en un 33% merced de un rendimiento individual muy flojo y de uno colectivo que no llegó a estar siquiera dentro de los niveles más bajos imaginados por Gallardo. Los primeros partidos fueron dejados de lado, se hablaba de una falta de concentración por el largo viaje y porque el Mundial de Clubes estaba en el horizonte, pero lo cierto fue que el entrenador ya no encontró manera de tapar los errores ¿Las malas? Los recién llegados Bertolo y Saviola jamás rindieron de manera razonable, Lucho González de a poco se fue encontrando pero tardó mucho en la parte física, el Pity Martínez nunca terminó de asentarse y jamás fue reemplazo para Ariel Rojas, Bertolo no ha jugado un solo partido de forma razonable siquiera y la banda izquierda sigue sin dueño, la defensa perdió a Funes Mori - salió al Everton- y a Pezzella - primer recambio- quedando un Maidana que bajó su nivel y un Balanta que nunca lo tuvo, las lesiones obligaron a experimentos extraños - sobre todo la de Vangioni-, Casco no logró ser todo eso que prometía cuando llegó unos días antes del Superclásico, jugadores como Viudez y Mayada se sumieron en una irregularidad preocupante, Barovero dejó de exhibir esa seguridad que hace poco tiempo lo ponía como número puesto para la Argentina, el mediocampo perdió todo tipo de solidez con la exposición definitiva y necesaria de que Ponzio no tiene nivel para jugar en primera división - siempre tarde y mal, con actitud pero sin físico ni cabeza- y una enorme cantidad de esquemas tácticos que no hicieron más que confundir al jugador, pues varios pasaron por dos o tres posiciones en un solo partido, siendo este el caso más extremo.

También están las - pocas- buenas: Alario y Mora siguieron mostrando un nivel superlativo y rescatando al equipo de todos los banches que pudieron, Sánchez se consolidó como referente del equipo tanto en la fase ofensiva como en las coberturas, Kranevitter retomó el nivel que lo llevó a ser jugador del Atlético de Madrid y se adaptó al estilo más gasolero de su equipo, Mercado se reecontró con la solidez y el gol de inicios de ciclo - pero sigue demasiado solo atrás-, el regreso a medias de Pisculichi que de a poco se reencuentra con su mejor versión y empieza a ser decisivo en los partidos no solo por su pegada y sus pases, sino también por la ayuda que presta en el mediocampo, y por última, una clara intención de los jugadores y el entrenador de configurar de nuevo un equipo voraz en ataque, con el problema de que para ello se requiere solidez en todas las líneas.

El enojo y la paciencia de Gallardo estallaron cuando dejó en claro que el Mundial de Clubes estaba muy lejos y que el equipo no jugaba nada bien. Su "no todo es Japón, Japón, Japón" dicho ante la prensa fue un mensaje claro para los jugadores. Ni que hablar cuando tiró que no se vive de regalías" y exigió que muchos recuperasen nivel y concentración. Usó los partidos recientes contra Defensa y Justicia, Crucero del Norte y Aldosivi para tratar de darles rodaje a varios titulares pero la respuesta fue nula. Una victoria agónica contra Crucero como visitante, una derrota contra Defensa en Varela y un empate que debió haber sido caída como local ante el limitado Aldosivi. La válvula de escape por ahora la encuentra en la Copa Sudamericana, donde pasó Octavos de Final con claridad y con susto ante la Liga Universitaria de Quito, con varios palos y un penal errado que significaron eludir los penales ante un conjunto que lo respetó demasiado y que cuando se le animó ya era muy tarde. El primer partido de Cuartos de Final fue otra bocanada de aire, aunque no tan fresco: venció como local al muy débil Chapecoense, apenas un grupo de entusiastas, que con desfachatez y aprovechando las mil y una lagunas de River, logró empatar el partido gracias a un horror de Maidana y Barovero para terminar cayendo 3-1 sobre todo por dos arrestos individuales, uno de Sánchez y otro de Driussi. La línea de fondo jamás mostró garantías y fue superada por un rival que en Brasil es de tercera o cuarta categoría, que ingresó por la ventana a esta Sudamericana merced de un sistema de clasificación lamentable. En cuanto River ajustó alguna que otra tuerca y se adelantó en la cancha, definió virtualmente el partido, pero las dudas persisten y la solidez es la nueva obsesión de un Gallardo que necesita a su equipo nuevamente listo para su desafío más grande. Sin rivales de fuste en la Sudamericana salvo Independiente e Independiente del Valle (Colombia) - que se eliminarán entre sí- River parece tener allanado el camino para repetir la conquista del año pasado. Pero ya ha visto que rivales menores lo pueden complicar con poco y nada, quedando como botón de prueba de lo que se viene el esquema táctico que usará Gallardo en la revancha de hoy contra el Chapecoense en Brasil: un 4-4-1-1 con Pisculichi y Driussi alternando la posición de volante por la izquierda. Mora será el delantero en soledad, acoplándose menos a la fase defensiva que lo habitual. Se sabe que Gallardo es un profesional absoluto y que posee sus ideas bien claras. Ha mostrado un saludable pragmatismo cuando las cosas no salieron del todo bien, sacando de a ratos agua de las piedras con su incesante trabajo en el campo de entrenamiento y delante de la pizarra. Tal vez sea hora de elegir nuevamente un rumbo y de que River deje de ser un "a ver que sale hoy y que por favor Mora y Sánchez sigan jugando bien". Solo así logrará dar los primeros pasos en un largo camino que termina en Diciembre con el partido de Semifinales del Mundial de Clubes 2015, porque de ahí en adelante todo es una gran incógnita. El mayor desafío de Marcelo Gallardo ha llegado.